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sábado, 14 de febrero de 2026

Por la enésima Unión de la Izquierda

  

La semana comenzó con el nuevo mínimo y chasco de la izquierda tras las elecciones de Aragón, adelantadas casi dos años por la incompetencia y el tacticismo de las ultra derechas, tan incapacitadas para ponerse de acuerdo como las propias izquierdas. Mientras PP y Vox se reparten los dineros y cientos de miles de aragonesas y aragoneses van a vivir peor, el psoe se lamía sus propias heridas, y la Izquierda clamaba, fundamentalmente a través de algunos medios y de sus bases electorales, por una unión de fuerzas que sume ante tanto descalabro. Como respuesta, aunque evidentemente con muchos meses de trabajo previo, dos iniciativas parecen empezar a poner cimientos en esa unidad de la izquierda.

Por un lado, los partidos que forman parte del conglomerado Sumar se citan para el sábado 21 de febrero para presentar la nueva plataforma electoral que debe conformarse para disputar cada escaño circunscripción por circunscripción. La idea añadir a más partidos y personas, en especial y en primer término las fuerzas de Adelante Andalucía, pero sin olvidar a Compromís o a las izquierdas Canarias. Con Podemos se puede esperar poco o nada, dada la enemistad abierta entre unos y otros, y el cerrojazo que se han impuesto para fastidio de todos los demás.

Por el otro, el anuncio del diputado de Esquerra Republicana, Gabriel Rufián de sentarse en una charla con un miembro de Más Madrid, ha abierto la perspectiva a un acuerdo interestatal de las izquierdas, sobre el que se intuía que Rufián y su equipo estaban trabajando y que aparece ya en el horizonte. Este nuevo Frente Popular recogería el testigo del proclamado hace 90 años durante la II República, y contemplaría la suma de las fuerzas independentistas y de izquierdas de Euskadi (EH Bildú), de Galicia (BNG) y de la propia Catalunya.

No por menos célebre y comentada, la famosa escena de la “Asamblea de lzquierda” en Judea de la película La Vida de Brian viene al pelo para ilustrar la situación actual de la Izquierda a la izquierda del PSOE (es decir, La IZQUIERDA). La genialidad de los Monty Python se ríe entre otras cosas, de la falta de sentido y de perspectiva de los dirigentes y cuadros de la izquierda. Y a la vez denuncian la sinrazón de comportamientos que en lugar de construir alternativas para la gente, se empeñan en destruirlas, y destruirse, para regocijo de las élites y desesperación del lumpen.

Parece mentira, y más con todo lo que está sucediendo en estos años, pero en julio se cumplirán 8 años de la Moción de Censura que sacó el inútil, corrupto y fascista Mariano Rajoy del gobierno. Parece irreal, pero Pedro Sánchez y el PSOE van a cumplir 8 años como Presidente del Gobierno (de hecho, se va a convertir en el segundo presidente más duradero de toda la Historia). En aquel momento, y antes, ante las elecciones Generales de 2015, distintos partidos y personalidades políticas y mediáticas se pusieron de acuerdo para crear una serie de alianzas electorales y confluencias, que pudieran “sumar” y con ello, “multiplicar”, el apoyo electoral.

Sin embargo, este apoyo electoral ha ido sufriendo una continua laminación, tanto interna como externa, que han impedido la construcción de un espacio político de izquierdas. De manera lógica, e inmediata, si hacemos la siempre tan necesaria auto-crítica de la izquierda, el desgaste político y comunicativo por estar en el gobierno podría explicar buena parte de esta pérdida de apoyos. No puede obviarse en esa línea, la dificultad titánica de acercar al PSOE y a Sánchez a “la izquierda”, teniendo que lidiar con todas las contradicciones, incoherencias, cuando no directamente traiciones. Esto es claramente visible en muchos aspectos como la vivienda, el trabajo, la lucha contra el cambio climático, o los derechos de los consumidores.

Desde luego, tampoco ayuda el contexto internacional con una ola de ultraderecha exacerbada que acicala la deriva ultra liberal e individualista que asola el mundo. Mientras las incertidumbres de la existencia se apuntalan ante las diferentes y continuadas crisis, que nos llevan hacia una crisis sistémica, y por ende, hacia un momento de cambio y catarsis, que no tiene porque ser positivo para el común, o para la mayoría, se han fortalecido todos los discursos de odio y afirmación identitaria frente al diferente, sin discutirse en ningún momento, ni la pervivencia del capitalismo depredador, ni la creciente desigualdad económica. Si, tú también, jovencito confuso con chaleco acolchado y sudadera de símbolos fascistas, también eres y vas a a ser “un muerto de hambre” cuando menos, si no antes, “carne de cañón”.

Ya he contado por aquí, que este trabajo ya estaba hecho de antes, que Izquierda Unida ya era un partido que es una confluencia de partidos y asambleas ciudadanas de izquierdas, que buscaba precisamente eso, lograr un partido que representase a las masas trabajadoras, y todas sus inquietudes (obreras, medioambientales, en igualdad, democráticas, territoriales, anti-fascistas, etc.), con la suficiente fuerza como para constituirse como un agente de cambio y revolución.

En algún momento, alguien decidió que lo que venía proponiendo con relativo éxito, y sobretodo, con convencimiento y coherencia, Izquierda Unida, era demasiado rompedor para el Régimen del 78. Y desde entonces, toda iniciativa, venida desde arriba, defendida como de izquierdas, se queda extremadamente corta frente a los planteamientos rompedores de IU. Por eso, parece que habría que construirlo todo de nuevo, y encima hacerlo, con una muchedumbre individualizada de opiniones, sesgos, cuitas, expectativas y experiencias.

El individualismo y como consecuencia natural del mismo, el “fracturalismo”, alimentan las tendencias que rompen los acuerdos y espacios comunes de pensamiento y acción, no son monopolios de la izquierda. Ni siquiera de la española. Toda organización, toda jerarquía y todo proyecto son susceptibles de quebrarse y dividirse. De fraccionarse en múltiples cabezas o taifas donde las diferencias, a veces únicas, insignificantes o intrascendentes, se magnifican para justificar la ruptura y emancipación, mientras que aquello que nos une, que suele ser lo más importante y significativo (el programa, el enemigo común, la emergencia de la coyuntura) son relegados y no tenidos en cuenta porque garantizan la unión y la coherencia de los trabajos comunes. La comparación de ser “cabeza de ratón”, en vez de “cola de león”.

Este es el gran drama de la izquierda, pero como digo, no exclusivo. De hecho, si pese a todo, todavía puede haber partido, es porque la derecha ha implosionado, y la emergencia, parece sin techo de la ultraderecha en Vox, ha roto por un lado el voto hegemónico de la derecha española en el PP (salvo, de momento en Madrid), y también impide de facto acuerdos de investidura y trascendencia con las derechas de la periferia del estado en Catalunya o Euskadi. Por lo menos, de momento, porque tampoco sería inteligente fiarse a la voluntad de a quienes sólo les preocupa el dinero.

Porque además tienen memoria y experiencia de haberse unido cuando la amenaza de la revolución aparecía. Las clases dirigentes, las élites, no van a permitir un fraccionamiento interno que les limite y ponga en peligro, este sistema de democracia simulada que no atenta, es más garantiza, sus privilegios. Con una llamada de un poderoso bastará para exigir el orden a toda la caterva de la derecha (extrema, ultra, económica, neoliberal, católica, clerical, mediática o militar). Tiempo al tiempo.

Por eso mismo, es tan necesario, urgente y beneficioso cualquier trabajo que vaya en la dirección de aunar proyectos políticos que en su vertiente electoral y mediática, construyan discursos únicos y reconocibles. Crear candidaturas de izquierdas que den la batalla y el partido. Además y de propina, daría fuerza para tratar de acercar al PSOE algo más a la izquierda, y aunque sea desde el pacto y la concesión, y dentro de las estructuras liberales, hacer políticas que acaben con la desigualdad y garanticen la libertad y la dignidad de todas las personas.

Desde luego, la tarea empezada por Rufián y por quienes estén trabajando para crear esa Unión de las Izquierdas, y esa alternativa al estado de las cosas, es colosal y llena de tremendas dificultades. La primera de ellas las ambiciones personales de quienes llevan ya demasiados años copando los micrófonos, los altavoces, las plumas, los parlamentos y las direcciones de los partidos.

Si bien este trabajo por un nuevo Frente Popular que impida que la ultraderecha nos arrase, ha surgido desde arriba, desde la élite de los partidos, no es menos cierto, que sigue siendo un reclamo y una exigencia de las bases electorales y trabajadoras. Qué llevamos muchos años pidiendo que se pongan de acuerdo. Qué se aparten y se retiren quienes no estén por la labor, o quienes crean que son más importantes que la suma de todos. Mientras para estos empotrados en las gerencias son mucho más importantes la conformación de listas electorales, y desde ahí, ponen palos en las ruedas y zancadillas a los procesos políticos y asamblearios de confluencia, para los militantes y simpatizantes son mucho más trascendentes los acuerdos para el día después. Es decir, acuerdos sólidos y ya firmados, que incluyan los organigramas y distribuciones. Las órganos de rendición de cuentas, y los mandatos cerrados a un único ciclo electoral.

Otro punto fundamental es el compromiso de generar partido más allá del parlamento y mucho más allá de la convocatoria de elecciones. Hacer militancia de base, volver a las calles y a los conflictos, en el trabajo y en los centros de estudios. En los ayuntamientos y en los barrios. Algo que nunca quiso construir Podemos y de lo que Sumar abiertamente ha renegado, pero que se demuestran tan necesarios para la ciudadanía, como imprescindibles para un momento social en el que, aunque no lo veáis, hay muchísimas protestas, muchísimos colectivos que se sienten, todavía hoy, indignados y que tienen la fuerza para luchar por cambiar sus condiciones. Es básico escuchar y acompañarlos, al mismo tiempo, que se abren sinergías y estructuras capaces de aunar las reclamaciones, y esa indignación, para cambiar todas las cosas. En esto entra, por supuesto el programa, porque aunque hay alguna que otra diferencia entre lo que dicen Podemos, IU, ERC, Bildu, o cualquier partido o asociación que se sume, al final se comparten muchos planteamientos, muchos análisis de causas, desarrollos y consecuencias, y casi todas las propuestas que hacen o pretenden conseguir, una vida y un futuro mejor para cuantas más personas, mejor.

Por todo esto, no puede uno estar más ilusionado por los planteamientos que vuelven a buscar la Unidad de la Izquierda, y con ella, las ganas por construir una alternativa a tanto fascismo, a tanto ultra-liberalismo y a un mundo, y un país, que se van desquiciando por momentos.

 

miércoles, 31 de mayo de 2023

Cambio de ciclo


 

Las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo 28 de mayo han supuesto un cambio de la relación de mayorías representativas con el triunfo sin paliativos de la extrema derecha. Siempre me ha dado igual calificar al PP como extrema derecha, y aunque ahora en su escora haya una fuerza notable sus planteamientos no se han alejado lo más mínimo, sino que más aún, se han reforzado.

Las semanas en las que se han lanzado bulos y desinformación sobre la legitimidad de los procesos electorales se han borrado de un plumazo con el resultado. Querían funcionar como profecía autocumplida. Como una suerte de relato que sustentará las excusas de la derrota en las generales de final de año, y sobretodo, de la ofensiva extrademocrática. De la reacción de la extrema derecha para acallar a la mayoría e imponer su agenda de miedo, negacionismo y dolor. Pero ahora ya parece que no hacen falta.

La derecha ha ganado clara y rotundamente las elecciones municipales y autonómicas. Esta derecha antisocial y antipatriótica. La ola reaccionaria continúa su impulso y no son buenas noticias. Lo ha hecho en base a tres cuestiones:

  • Por un lado, su acierto en plantear (una vez más) la elección en clave nacional, y más aún como un plebiscito por la continuidad de Sánchez y el gobierno de coalición. Sus corregiolinarios han votado en masa, como siempre, y respaldado la deriva trumpista, personificada en Ayuso que ha arrasado en Madrid ante la inoperancia de una izquierda dividida y de un PSOE que directamente no se ha presentado.

La propuesta de gobierno del PP y Vox en los ay-untamientos y comunidades ha sido acabar con el “sanchismo”, un invento de los medios de manipulación de masas ligados obviamente a las élites financieras y fascistas de este país, para responder a una tibia política socialdemócrata a la que se ha visto obligado a virar el PSOE de Pedro Sánchez por la presión de una izquierda que exhibía músculo.

Una campaña electoral sin propuestas en los ayuntamientos y regiones. Y sin medidas, ni promesas por parte de quienes han ganado las elecciones. Y sí, han ganado las elecciones.

Dentro de este eje programático entraba discutir a los aliados del gobierno de coalición, en especial Bildú, al que con la manipulación más torcitera posible, se sigue haciendo pagar los crímenes de ETA, como si la banda terrorista siguiera matando y extorsionando y como si Bildú no haya sido decisiva en el proceso de paz y perdón por todo el daño causado. A la derecha no le ha importado jamás perder Euskadi (donde por otro lado, Bildú sigue obteniendo los mejores resultados elección a elección, lo que nos debería a la izquierda replantearnos “nuestra” estrategia), porque lo importante es ganar en el resto de autonomías, en especial Madrid.

Habrá que ver qué pasa cuando acabé el “sanchismo”. ¿Qué idea de país tiene esta derecha? No se engañen, muchos ya la conocemos, pero, ¿Cómo va a reaccionar la gente, si es que lo hace, cuando el país se vaya al sumidero por estos inmorales e incapaces?

  • La segunda cuestión, donde hay que hablar de la clara victoria de la derecha, es en el convencimiento de la mayoría social del país. Por lo menos de la más activa a la hora de votar. Es profundamente necesaria la reflexión de la izquierda para entender porque más allá de la clara herencia franquista en el electorado, y de la presión de los medios de comunicación de masas, un ancho marco ideológico y promovido desde la reacción, por qué en España una mayoría acepta estos propuestos (este formidable artículo lo explica), sin atender a la conveniencia o no de votar a aquellos que luchan contra los legítimos intereses de clase de la extensa mayoría de la población.

¿Que habría sido de los trabajadores de este país, si durante la pandemía y el confinamiento, el gobierno nacional no hubiera nacionalizado sus salarios? ¿Queremos en toda España el modelo de salud como negocio de Madrid? ¿La verdadera Valencia que hoy proclama una derecha eufórica es la de la corrupción y el chanchullo como se han demostrado en los tribunales? El modelo de gestión de un año ya de PP-Vox en Castilla y León, ¿es lo que queréis para toda España?

El PSOE y la izquierda tenemos que reflexionar por qué no podemos convencer a la población de que aquí está su trinchera y de que aquí les van a defender de los agravios y las desigualdades que propone una derecha elitista, prepotente e inepta que sólo causa dolor, al tiempo que desmonta el sistema de igualdad del estado por sus corruptos intereses.

El PSOE aceptó el órdago y ha elaborado toda una campaña en esa dicotomía presentando a su principal factor, Sánchez y el BOE, dejando en segundo plano a muchos candidatos locales que tenían fuerza suficiente para defender un modelo de gestión local distinto, y más racional, que el de la derecha. Es difícil jugar todos los partidos fuera de casa, y en este caso, el PSOE ha optado por atrincherarse en el área y achicar balones aunque en el medio hubiera talento y gestión que podía atacar la nada propuesta por el PP y Vox. Así, alcaldes como Óscar Puente en Valladolid o líderes autonómicos como Ximo Puig en Valencia, han perdido. Salen de gobiernos que han mejorado su ciudad o región, pierde la población y gana la derecha que va a volver a hacer su corrupción desde cero, beneficiándose con latrocinio del trabajo honesto de estas instituciones estos últimos años. Un fiasco estratégico en toda regla.

  • El tercer factor es la izquierda a la izquierda del PSOE. Ese músculo, del que hablaba antes, poderoso entre 2011 y 2015, se ha ido perdiendo por el desuso y por tener que lidiar en toda suerte de guerras que no tienen nada que ver con la causa de las clases trabajadoras. En estos 8 años, con la irrupción de Podemos se paró la contestación social a la democracia de inspiración franquista españistaní. Sólo el movimiento feminista ha mantenido la presión en las calles, y aún así, insuficiente para insuflar fuerza a muchas mujeres que siguen votando y opinando en contra de sus principios identitarios.

Se legó todo el caudal revolucionario a una fuerza representativa de carácter institucional, confiando en que desde dentro del sistema se podía cambiar el sistema caciquil, extractivo, represivo, antisocial, injusto y antidemocrático. Un país de una minoría, impuesto por la fuerza bruta. Lógicamente, ante la presión de un sistema, entendido como un todo, que se ha defendido de esta agresión interna con todo su arsenal, se ha fracasado en ese propósito. Y además, se ha perdido todo aquel impulso y potencia, dejando una masa de izquierdas hastiada y desilusionada.

Buena parte de ese hastío y desilusión viene por la gestión que los partidos de izquierda y sus líderes han ido haciendo estos años de su fuerza. Mientras se ha llamado insistentemente a una “unidad” desde arriba, distintas secciones se han ido desligando y componiéndose en nuevas taifas de carácter regional o local, que sólo han ido sirviendo para colocar a los mandámases a cuenta de un salario en la política.

La descomposición es un espectáculo lamentable pero no ha sido la única causa que ha provocado la marcha de un electorado que en las generales de 2015 (con Podemos e IU compitiendo por separado) llegó a sumar más casi 4 millones de votos.

La otra causa en su devenir tiene que ver con la acción política ejercida desde las instituciones, donde las medidas sociales y de protección de los derechos como el de vivienda, el del trabajo, la sanidad o la educación públicas, han quedado totalmente fuera del foco, ante la batería de propuestas dedicadas a colectivos minoritarios que iban en su defensa, pero que al mismo tiempo suponían una disolución de la clase trabajadora.

Esto que voy a decir, es muy doloroso, pero es la verdad: Unidad Podemos ha acabado deslegitimando a la clase trabajadora con sus propuestas de defensa de los colectivos LGTBI, que sin duda, necesitan de protección y sobretodo de normalización. Pero estas políticas han sido una grieta por la que la derecha ha hecho palanca para atraer hacia sí a la mayoría de la clase trabajadora aunque esto implicará votar en contra de sus derechos de clase.

Porque a través de la identidad, primero nacionalista, pero después sexual o de género, se han presentado con éxito estas políticas gubernamentales como una agresión a todo lo que es “español” o “normal”. Es un fiasco político, pero sobretodo comunicativo, porque en ningún modo hay que hacer ver o que hagan ver, que dotar de derechos a unos suponga la pérdida de derechos para otros. Es duro esto que he dicho, y no me gusta, pero la realidad es la que es y hay que entenderla para cambiarla.

Volver al programa de máximos donde el antifascismo sea su base y la lucha contra la desigualdad, el machismo, en defensa de los derechos de los colectivos, en especial del mayoritario, la clase trabajadora. En lucha contra el cambio climático y sus negacionistas. Y no renunciando a la movilización y a la creación de una militancia activa en las calles.

Quizás -bueno quizás no seguro-, debemos también pensar en cómo se transmiten esos mensajes y qué supone para la convivencia (especialmente cuando consideramos que en la franja electoral de menores de 30 años, la derecha gana por aplastamiento), pero sobretodo, es el momento de tener claro que apostar por una política activa de defensa de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera sea el primer paso e irrenunciable para la defensa de la vida y la identidad de las personas.

En este punto se entronca con el gran déficit de la coalición Unidas Podemos, que ya no sólo incapaz de mantenerse unida y de añadir a cuantas más opciones políticas de la izquierda mejor, ha procedido a la demolición de buena parte de los movimientos sociales y de la organización interna que Izquierda Unida posee.

Desde Podemos, como un auténtico Caballo de Troya, se ha procedido al desmontaje de la fuerza programática, asamblearia y militante de Izquierda Unida. Y desde los asientos de ministros, los podcasts y las cuentas de twitter se ha buscado ganar influencia olvidando, cuando no insultando y desprestigiando, el trabajo militante, de calle y de organización.

Y no sólo contentos con eso la deriva del señor Pablo Iglesias ha sido insultar a todo el que no piensa como él. En vez de dedicarse a defender las políticas y la ideología, el programa, ante los ataques de la derecha que ha convertido en populismos toda idea que busca un poco más de justicia social, lo que tenemos es a los "nuestros" atizando las calderas de odio y venganza en nuestras filas. Bochornoso.

Pero no sólo hay que poner el acento en una persona o en un sólo partido. Hay muchos padres en esta derrota en su incapacidad y en su actitud rencorosa que son un error histórico que va a causar mucho dolor a la clase trabajadora de este país.

El gran fiasco de esta izquierda a la izquierda del PSOE es que aupada a los gobiernos y a la presencia mediática ha abandonado la calle. Ha dejado de producir sus propios medios de comunicación. Si, es así.  Por qué cómo coño queréis influir en el electorado y dar a conocer las propuestas y la denuncia de la corrupción de la derecha si no es creando y difundiendo vuestros contenidos. No hay otra forma. Y eso se ha hecho siempre con lo que nunca ha tenido y jamás ha querido Podemos hacer: Una militancia. Cosa, que por cierto, aprovecho a decir, parece que “Sumar” tampoco tiene en perspectiva. Lamentable.



El hecho en sí es que la mayoría elige, y lo hace de manera sistemática, por un país y una sociedad corruptos e inmorales; privatizados, elitista; de una meritocracia basada en la desigualdad; de unos pocos viviendo por encima de muchos; de un latrocinio brutal sobre el patrimonio y el interés común; un modelo que atenta contra la dignidad de la vida de las personas que han votado contra su clase y contra la ideología que los defiende. Un mundo al borde del abismo y sin futuro.

Cabría pensar que la ideología no es tan importante (no engañarse que si que lo es), como lo es el método, en especial el método comunicativo. Y en ese marco la izquierda sale mal parada, porque no tiene acceso a los recursos que tiene la derecha con los medios de masas (sólo hay que ver las televisiones generalistas y la bandeja de periódicos en el kiosko cada mañana). Más si cabe cuando es la primera vez que yo sepa que un gobierno renuncia al control mediático. Y porque el electorado de izquierdas, mucho más crítico y racional, ha optado en buena parte por huir de este escenario y no participar subiendo la abstención por encima del 40%.

En la izquierda nos jactamos de ser mucho más demócratas que la derecha, pero en estas elecciones, y en realidad en muchas, la derecha nos acaba dando lecciones de democracia porque, al igual que antes con las calles, hemos dejado de dar batalla, y han podido ocupar las urnas sin oposición.



Como punto y a parte de este proceso electoral saldado con una victoria de la derecha, Pedro Sánchez, a la mañana siguiente adelantaba a julio la convocatoria de elecciones generales. Varios apuntes:

De alabar el sentido de estado del presidente que ha entendido la respuesta ciudadana del pasado domingo y convoca elecciones, incluso en medio de la presidencia de turno de la UE. No estamos acostumbrados a este sentido democrático y de estado.

Por supuesto, lo hace por su interés en lo que a bote pronto parecería una estrategia suicida de sálvese quien pueda. Yo no lo veo tan claro.

Evidentemente adelantando las elecciones, Sánchez compra el relato de la derecha de unas “elecciones municipales o autonómicas como plebiscito a su gestión” o “como primera vuelta de las generales”. Es a mi modo de ver, una derrota calculada por parte de Sánchez que en plena campaña de estas nuevas elecciones va a mostrar in situ las desavenencias entre las derechas a la hora de crear nuevos ayuntamientos, parlamentos y gobiernos autonómicos.

Cuidado porque la euforia en la que viven ahora la extrema derecha puede verse frenada cuando intenten llegar a acuerdos e imponer sus visiones cutres, rancias y atrasadas a la realidad que no es otra que el plurinacionalismo y Europa.

En segundo lugar, no da tiempo a que su propio partido se instale en la pesadumbre, y mucho más importante, en el juego subterráneo de intrigas palaciegas y búsqueda de candidatos. Llama a arrebato a la movilización y el trabajo electoral del PSOE, y puede, siempre que se acierte en los mensajes, discutir la mayoría de la derecha recién estrenada. Fundamentalmente, por un factor: 9 de cada 10 votos que ha sacado de más el PP al PSOE se dan en Madrid. Lejos de la capital la distancia es nimia y los diputados en juego pueden ir cayendo en un sentido o en otro por un puñado de votos.

Tercero, llama a todo el electorado no reaccionario a la movilización y aglutinamiento en torno a su persona. Sí, el voto útil. El axioma de votar con la nariz tapada a quien nos gusta menos, a cambio de que no gane quien no nos gusta nada. Estamos como en 2011, pero con toda la izquierda desmovilizada y desmontada.

Y cuarto: En esa izquierda a la izquierda del PSOE también los llama al orden. A que se pongan de acuerdo ya (de hecho tienen menos de diez días para hacerlo) y que constituyan una fuerza capaz de movilizar un electorado entre el 5% y el 10% capaz de restar la representación que pueda sacar Vox, circunscripción a circunscripción.

Por todo esto, el movimiento de Sánchez, aunque pueda parecer precipitado, está vestido de audacia y preparación. El reto es presentar, ahora si, un modelo de país, de derechos y dignidad, frente a la nada que siempre ha presentado la extrema derecha, y que ahora particularmente, sumida en unos liderazgos lamentables, es mucho más lacerante e indigna.

 



jueves, 6 de mayo de 2021

El bienio negro de Madrid

Con una participación histórica y de récord (y en pandemia y en día laborable) Isabel Díaz Ayuso revalida mandato y gana las elecciones madrileñas de ayer 4 de mayo, may-the-4rce. Lo hace mejorando sus resultados y manteniendo el auge de la extrema derecha de Vox, toda vez que buena parte del espectro de esa extrema derecha se ha sentido identificada y respaldada en la figura de la IDA.

Para poner en contexto a continuación unos cuantos hechos que las madrileñas y madrileños ayer certificaron con sus votos:

  • Las corrupciones, nepotismos y caciquismos de 25 años de gestión del PP en la Comunidad de Madrid y los de la propia Ayuso (sobrecostes del Zendal y los favores a un especulador inmobiliario que le ha regalado su alojamiento durante la pandemia, por poner unos ejemplos).

  • Una gestión de la pandemia caótica y criminal en el tema de las residencias de mayores, QUE SI SON RESPONSABILIDAD DIRECTA DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS.

  • En esta línea posteriormente, no tuvo problemas en cerrar y COARTAR LA LIBERTAD de los madrileños que viven en barrios y pueblos humildes, mientras mantenía abiertos los distritos adinerados aunque estos últimos tuvieran tasas de contagio de la COVID mayores (incluso hasta llegar a triplicar).

  • Sucesión de mentiras en los mandatos de la administración central para la desescalada: No ha contratado más médicos ni personal sanitario, no contrato ni un sólo rastreador.

  • Ha encabezado una oposición al gobierno central -que tiene lo suyo- con el único propósito de conseguir el poder. Ya sabéis son tan patriotas que quieren el país para ellos solos, aunque sean sólo los escombros.

  • Adoptando un discurso y unas formas claramente trumpistas ha enfangado la ya depauperada convivencia en el estado, lo que ha dado alas aun más a la extrema derecha de Vox como se ha visto con el episodio de los debates electorales.

  • De hecho, la ciudadanía madrileña, ha validado una política oscura, violenta, barrio-bajera, sin propuestas. Sólo ataques personales, bulos, mentiras y opresión.

  • Menús escolares concedidos a multinacionales del sector de la comida rápida y comida basura.

  • Privatización de la sanidad pública. Con dos huelgas del personal médico en menos de un año.

  • Privatización de la enseñanza pública.

  • Bajadas de impuestos a las clases altas lo que supone un atentado inmisericorde a esa Constitución, que tanto les gusta citar, y que proclama la progresividad fiscal de las y los españoles.

  • Más gestión caótica, en este caso, con la famosa nevada de Filomena en enero, donde los escasísimos recursos que tienen privatizados y arrinconados en concesionarias se pusieron a disposición de los barrios ricos, mientras en las zonas de clase trabajadora las gentes tenían que quitar la nieve con palas y con las bandejas del horno.

  • Alquileres (y precio de vivienda nueva) por las nubes con 3 y hasta 4 veces por encima del valor de mercado.

  • Venta, ilegal ya en los juzgados, de inmuebles de protección oficial a fondos buitres que buscan especular con la riqueza nacional y con un derecho básico.

  • Una sarta de declaraciones incoherentes, abochornantes e infames que denotan un problema mental o por lo menos una tara considerable.

  • Una campaña de acoso mediático y físico contra Pablo Iglesias y su familia basada en coacciones del sistema dentro del sistema, de bulos y mentiras de medios de comunicación oligarcas.

Pero todo esto y más, ha quedado validado ayer con un voto numerosísimo que le permite no sólo seguir gobernando Madrid durante dos años más con el apoyo de Vox; sino que Ayuso puede presentarse abiertamente a despachar a Casado en la dirección nacional del PP y como candidata a la Moncloa. Mientras Feijoo, tiene que guardar armas en casa.

La extraordinaria movilización si ha sido en pro de la libertad de tomar cañas, disfrutar de los atascos, pagar pocos impuestos y vivir a la madrileña. Y también en oposición a Pablo Iglesias que ante el resultado, no ha tenido más que dimitir y abandonar la primera línea de la política. Otra victoria infame para esta desquiciada, estos energúmenos y una pérdida irreparable para la política.

Ayuso ha despachado a Iglesias no sólo fagocitando a Ciudadanos que está a semanas de ser disuelto, demostrando aquello que más que una fuerza bisagra se ha tratado de una marca patrimonial de la derecha en la que cobijarse cuando han venido mal dadas. Es que además ha reorganizado buena parte del voto ultra y lo que es peor: Ha pescado y en cantidades ingentes en los caladeros obreros tradicionales de la izquierda.

Probablemente las elecciones de ayer se perdieron el día de la famosa rueda de prensa en Sol de Pedro Sánchez y Ayuso con la retahíla de banderas. Ahí podría el presidente haber desactivado el peligro simplemente apretándole las tuercas y exigiendo lo que había salido publicado en el BOE semanas atrás. Sin embargo, le mostró el cuello a un perro rabioso. Y eso no se puede hacer, porque te arranca la cabeza. Ante la debilidad amparada en el respeto entre administraciones, Ayuso no respondió con cordialidad o comunicación como prometió ante los medios; sino con víscera, con odio y con mayores llamamientos al desacato y el libertinaje.

Ante una izquierda desaparecida, ajena al conflicto y que no ha hablado hasta la llegada de Iglesias, de los problemas de las clases trabajadoras, estas han sido seducidas por los cantos al onanismo liberal, del sentimiento de identidad sabiamente utilizado por el fascismo. Por unas cañas que no van a poder ni siquiera pagar, han preferido encadenarse a las levas, en vez de romper los grilletes.

El fiasco de la izquierda es importante por el volumen de voto obrero perdido en favor de la derecha. Es cierto que Madrid aún con la influencia que ejerce sobre la que pasa en el resto de territorios del estado español, es un experimento neoliberal de primera magnitud, con más de 25 años de funcionamiento y que ha ido arrinconando el asociacionismo vecinal y los sentimientos colectivos de pertenencia, lucha y rebeldía. No se puede extrapolar lo que pasa en Madrid al resto de España, pero es innegable que el peso mediático que genera condiciona. En Madrid la derecha ha creado sus propios votantes plantando una ilusión de clase media al dejarlos desprovistos de buena parte de los servicios públicos, tanto en calidad, como en cantidad. El transporte y el urbanismo de la región muestran el individualismo exacerbado de la sociedad totalmente ausente de conciencia de clase.

Por otro lado, no se debe de obviar tras esta derrota, el hecho de que tras año y medio de gobierno “de izquierdas y pese a la pandemia y todas las dificultades emergidas, las reformas laborales y la Ley Mordaza siguen vigentes. Una lección que deberíamos de aprender ya es que la izquierda tiene que ser igual de agresiva con el BOE en la mano que como lo es la derecha cuando tiene el poder. Ser prudentes y tratar de evitar la confrontación es en realidad ser permisivo con un estado de las cosas que han lacerado buena parte de las bases ideológicas e identitarias de los que somos izquierdas. Si quieres pedir el voto a las clases trabajadoras, legisla y ejecuta cuestiones que ahonden en su beneficio.

La otra gran reflexión que no puede pasar ya, cierta y reclamada muchas veces, no deja lugar a dudas: Si queremos dar dignidad a las gentes y mejorar el nivel general del país, para que no haya tanta desigualdad y para que tengamos un futuro y un lugar mejor donde vivir, todas y todos, hay que movilizarse. Y llamar a la movilización. Estar activos a la hora de acompañar a los movimientos sociales y sus reclamaciones.

Los derechos y libertades, las de verdad como cuando vas a comprar una casa, a trabajar o a pedir un crédito, se consiguen a sangre y palos. Es duro decirlo pero es asi. Las clases dominantes no van a “ceder” sus privilegios en base a batucadas, votos y hagstags. Hay que tomar la calle y demostrar la fuerza colectiva del movimiento obrero, parte indispensable (la única que lo es) de los engranajes del sistema. Con estopa y estoicismo. Con resiliencia y con capacidad de aprendizaje y divulgación. Con honestidad y atrevimiento. Hay que ir a los centros de trabajo, a los barrios y sus asociaciones. A las universidades e institutos. Y hay que trabajar. Hay que elaborar programa y estrategias de difusión que vuelvan a poner al trabajador y por primera vez, a la trabajadora, en el centro de la toma de decisiones. Si no, pasará esto más veces: El fascismo traerá la barbarie. La está trayendo ya.

Porque al final el valioso ejemplo de Pablo Iglesias ha llegado tarde. Porque frente a él (y su familia, y su partido) se ha levantado una maquinaria infame, opresora y fascista, para callarlo y eliminarlo del terreno político. Porque le han tenido (y nos tendrán) miedo a él y a quienes decimos la verdad; la necesidad de cambiar las estructuras de poder para construir una sociedad donde la libertad sea absoluta, gracias a la igualdad y a la utopía de la fraternidad.

La llegada a campaña de Pablo Iglesias ha dado batalla tal y como muestra la campaña mediática de mentiras y bulos que ha aparecido (el periodismo y sus trabajadores de base también tiene que reflexionar. Y mucho). Pero primero la negativa de Más Madrid a la búsqueda de candidaturas conjuntas, y después el perfil bajo del candidato del PSOE madrileño pusieron obstáculos, que ni siquiera las algaradas, provocaciones y el matonismo de una extrema derecha crecida han podido sobreponerse.

Iglesias ha movilizado y mejorado el voto a Unidas Podemos y ha arrastrado a Mas Madrid, a costa de un PSOE, en el que también cohabitaba mucho reaccionario que ve a Unidas Podemos como un peligro con el que se es más intransigente que con el mismo PP. Cuando la campaña, absolutamente brusca, desleal, mezquina y rastrera que se recuerdan (y mira que el nivel ya era alto) ha tornado a un clima de violencia y amenazas pre golpistas, los llamamientos a la unidad y la movilidad han llegado demasiado tarde por algunas de las cosas que hemos hablado unos párrafos arriba.

Hace 10 años por estas fechas existían sondeos que daban a Izquierda Unida el sorpasoo al PSOE y la victoria en las elecciones autonómicas y municipales en Madrid que se celebraban en unos días. Surgió el 15M. Y una movilización colosal de los jóvenes de izquierdas que amenazaba con poner patas arriba el estado degradado que nos dejó la transacción. No se podía y no se puede aguantar tanta corrupción, tanta indignidad y tanto fascismo y parecía que asaltar los cielos era cuestión de meses. Después vino Podemos y la institucionalización de aquel movimiento en un fuerte personalismo marcado por Pablo Iglesias y su círculo desde Madrid. También surgió Ciudadanos para que las gentes de la derecha pudieran votar derecha sin tener la nariz tapada. Y luego vino Vox porque ese franquismo sociológico no podía votar a un catalán.

Ayer fue un mal día y hoy es un día duro. El fascismo sigue campando a sus anchas y seguimos sin encontrar las estrategias para luchar contra él. Y las consecuencias son del todo incontrolables. Es evidente que después de ayer la viabilidad de la legislatura corre peligro y con ella, que se deshaga lo poco progresista y de reparto de riqueza que se ha hecho en este año y medio.

Me niego a hablar de fin de ciclo de lo iniciado con el 15M, porque aunque se han conseguido muy pocas cosas, la emergencia social sigue ahí y se agrava cada día. Es innegable que el deterioro de la democracia en este país y la situación agonizante del capitalismo antes incluso de la COVID exigen respuestas de la ciudadanía para proponer desde abajo modelos políticos, sociales y económicos que no dejen a nadie atrás. Porque hay riqueza, ingenio y dignidad a raudales para que esto así sea y no que nos aprisionen con mordazas, hipotecas, grilletes, amenazas y violencias toleradas, mediáticas, institucionalizadas y opresiones oligarcas.

Se vienen dos años, hasta las próximas elecciones autonómicas, en las que la escalada de provocación, infamia, corrupción, inmoralidad, agresividad y pérdida de derechos y libertades de todas y todos va a crecer hasta la estratosfera. Ayer se pudo y debió parar esta vorágine. Cuando acabe este bienio, puede que sea demasiado tarde.

Toca pensar. Toca replanteárselo todo. Todo menos el antifascismo.


martes, 16 de marzo de 2021

Compromiso y valentía

Captura del video en el que Pablo Iglesias anuncia su candidatura a las Elecciones en Madrid del 4 de mayo. 

 

El maremoto desatado en Murcia la semana pasada sigue dando vaivenes a la trituradora que resulta ser la política española. Pablo Iglesias ayer dimitía como vicepresidente del Gobierno y se postulaba para ser el candidato de Unidas Podemos en las próximas elecciones madrileñas del 4 de mayo. Un movimiento atrevido, valiente, rompedor y que ha pillado en fuera de juego a todo el mundo, incluida la extrema derecha representada en la pazguata de Ayuso.

Ante una izquierda desaparecida la dicotomia planteada por Ayuso en las elecciones era un win-win. Socialismo o libertad, decía la IDA reduciendo a la mentira el binomio: Hace 25 años que no hay un atisbo de un mínimo socialismo en la comunidad de Madrid y millones de sus habitantes han perdido libertad al buscar trabajo o una vivienda. La libertad sin igualdad es un bosque arrasado por un incendio forestal.

Con Iglesias la izquierda presentará batalla. Primero espanta la posibilidad de que Unidas Podemos quedase fuera de la Asamblea. Después en el páramo de la izquierda madrileña representado por Gabilondo y Errejón. Estos a su vez ya lamentan los 28 días que han pasado sin hacerle una moción de censura a la impresentable de Ayuso. Y es que el hasta ahora vicepresidente aterriza mejorando una previsión electoral que tendía a 0.

Al igual que hizo Sánchez con Illa en Catalunya con el independentismo catalán, ahora Iglesias roba el eje de protagonismo a Ayuso con un golpe de efecto. Sobre la figura de Iglesias va a pivotar más de la mitad de la campaña y como buena trumpista, quitarle el foco a Ayuso no es sólo una medida de salud pública: es dejarla sin protagonismo, sin altavoz para hacer ruido frente a un candidato que va a proponer sobre los problemas que tienen madrileños y madrileñas.

La secuencia del movimiento inesperado iniciado ayer por Iglesias lleva a la mejor ministra (en masculino o femenino) que hemos tenido en éste país a la vicepresidencia. Yolanda Díaz sube en el escalafón del gobierno de coalición en un impulso por dotar al trabajo como centro de decisión política. Una victoria para un partido que representa “a los de abajo” que no somos otros que la clase trabajadora. Además, en el paso hacia Madrid de Iglesias, éste propone a Díaz como candidata a Presidenta del Gobierno por parte de Unidas Podemos, paso previo a una confirmación de las bases. En este segundo movimiento, Iglesias, no sólo deja sin argumentos a aquellos imbéciles que decían “que quería vivir de la política; que sólo quería los cargos, etc. etc”. Es que además, primero se adelanta a una posible ruptura de la coalición de gobierno decidida por Sánchez por intereses electorales. Y lo hace posicionando a una mujer que tiene una valoración muy por encima de cualquier otro miembro del gobierno. Incluido el propio presidente y contando entre los votantes socialistas.

Veremos la salud del gobierno de coalición sin Iglesias en su seno. A priori podríamos hablar de mayor estabilidad pero el cambio de patrón suscitado por el líder de Podemos es de tan amplio espectro que puede hacer cambiar las relaciones de fuerza entre el PSOE y todo lo que está a su izquierda. No estará Iglesias en el gobierno pero seguirá habiendo fisuras porque hay claras diferencias entre la acción política y a quienes representan, unos y otros. No se descarta la ruptura, ni siquiera el adelanto electoral.

Por otro lado, Pablo Iglesias inicia lo que era evidente e inaplazable. La renovación de Podemos a un par de meses del décimo aniversario del 15M y del séptimo de la formación del partido. Una nueva dirección sin injerencias del círculo de la Complutense es tan necesaria para Podemos como la construcción de una estructura de partido más allá de Madrid. Aunque sea en Madrid donde se ha ejecutado a la pieza que tira el dominó.

En cuanto a las consecuencias en el marco de las elecciones de Madrid y a nivel nacional es evidente que la entrada de Iglesias moviliza. Moviliza a una izquierda huérfana de presencia y liderazgo y si ejecuta ese liderazgo con generosidad para avanzar hacia candidaturas unitarias, puede que cambié la balanza. Moviliza al PSOE que ve en Iglesias a un enemigo. Y moviliza a la derecha sobre la persona a quien han declarado una guerra total para eliminarla del tablero político. Lo que parece claro en estas movilizaciones, es que la de la derecha está ya muy cerca de su tope. No puede ir mucho más allá de sus resultados actuales tras fagocitar a Cs entre PP y Vox. Sin embargo, PSOE y el resto de la izquierda debería recibir un chute de activación y participación de sus bases electorales.

Iglesias ha declarado abiertamente que se siente en "la obligación de luchar con fuerza para evitar la llegada de la extrema derecha al gobierno de Madrid". Le honra y nos da un ejemplo a seguir. Un compromiso imperecedero y vital del que tenemos que extraer principalmente, la lectura de que la acción política y social tiene que ser ejecutada con generosidad por el beneficio y progreso colectivo. Va a luchar en el terreno de juego más difícil. El de una región donde la derecha ha creado sus propios votantes. Aislando los barrios. Abandonando la educación pública y la sanidad pública. Mintiendo una y otra vez para tapar corrupciones, nepotismos y pérdida de dignidad del territorio y la población. Una región que funciona como un vórtice del estado que todo lo absorve y que representa un centralismo rancio, caduco y trasnochado. Y sin embargo, ante estas tremendas dificultades el gesto de Pablo Iglesias es audaz y temerario, calculado y necesario.

El 5 de mayo el escenario parece completamente distinto al que teníamos ayer. Hasta esas elecciones del día antes todavía puede haber más movimientos que son propios de un sistema político sobrepasado, como el español, gravemente herido en su legitimidad y funcionalidad. Que trata de no morir defendiéndose a garrotazos y arañazos para preservar un sistema de élites, una casta, mientras tarda en aparecer algo nuevo y las clases trabajadoras van caldeándose poco a poco ante un estado de las cosas insostenible. Todo puede pasar.

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...