lunes, 27 de abril de 2009

Vampiria


Muchas millas sobre el campo y el mar
Hasta que mi amor pudo retornar,
De sus palabras no tengo recuerdos,
Sólo el de los árboles y el gemido del viento.

Y arribó listo para tomar sin daño
La cruz que he cargado por años,
Pero las palabras llegaron lentas
De aquellos fríos y mudos labios.

¿Cómo sonaban mis palabras lentas y plenas,
En aquel gran corazón que me amó en la pena,
Venido a salvarme del odio y el dolor
Y a confortarme con su delicado amor?

Sentí al viento golpeando frío, gélido,
Y a la bruma roja acariciar la puerta;
Sentí que el hechizo que sostenía mi aliento
Se quebraba, viviendo siempre muerta.

Mis dias sin ti son largos,
oscuros,
vacios...

Eres la flecha que amenaza mi corazón,
alma que perturba mi razón...

Pero aun asi
te quiero,
te adoro,
te venero...

Te añoro si no estas,
te echo de menos en cuanto te vas.

Eres la única persona en la que pienso,
la que me quita el sueño

Pero aun si te quiero te adoro te venero...


viernes, 24 de abril de 2009

Amigos y Amigas

Qué si dinero, qué si salud ¿y los amigos? Cuán afortunada es una persona por poder decir que no se siente sóla en este mundo. Poder llegar una noche a casa y decir que ha sido imprevisto, maravilloso y genial lo vivido es una de esas cosas que nunca le das el valor que se merece. Ayer como otras muchas y recientes veces, fue un día más en esa dirección.

Sentirme tan halagado por que me dejarás compartir tu alegría con los tuyos es una sensación nueva para mi... Hacía memoria y llegaba a la conclusión que nadie jamás ha reconstituido mi personalidad con tan pocas palabras, pero cargadas de ese simbolismo propio de las cosas importantes. Añadir días y situaciones a la memoria de forma que nunca perezcan por inolvidables y hacerlos con el recuerdo de tu amor hacen sentirme querido y amado, algo de lo que siempre es necesario, pero en mi caso nunca fue real.

Compartir cafés, copas, sonrisas, días de campo, noches de paseo, madrugadas de fiesta... Rodar con el kart de dani por su pueblo, jugar al trivial, al fútbol con mis colegas, ver una pelí, sentir el la calidez de tus manos... son inumerables las cosas buenas. Las malas existen, pero son pocas casi únicas. Tenemos nuestros roces, nuestras discusiones; en relaciones tan íntimas y sinceras es inevitable, e incluso necesario, que nos "ahostiemos", que nos digamos las cosas claras; existen los malentendidos y las ofensas, al mismo nivel que el cariño y el respeto, y en nuestra mano está con que nos queremos quedar. Yo siempre lucho y lucharé por guardar esto último y confío en que todos sigaís ese camino.

A veces piensó. Cómo podría haber cambiado nuestras vidas, o cómo sería si nos hubiéramos conocido desde siempre. Compartir patio de juegos y plastilinas es una opción; Otra los primeros porros y copas; aunque también se podía haber dado al revés y habernos conocido más tarde, en un trabajo, o como un loco en vuestra consulta... o en el hogar del jubilado, jaja; o la peor opción, no haberlo hecho nunca.

Hace 10 minutos Shei, mi compañera diseñadora gráfica me preguntaba, ¿qué tal fue el día de ayer? No tardé ni 2 segundos en reaccionar y decirle que fue maravilloso. El miércoles en el gimnasio riendo y entrenando (y según Raúl firtreando), por la noche de fiesta, con ese Dani que me lleva por la "mala" vida buscando compañías y risas, al borde del colapso etílico... la mañana del jueves pegada a la aspirina y el malestar general, pero que guardo con un puntito de gustazo por lo vivido en la noche anterior. Y la tarde en Galisancho, con los abuelos de Dani, el "Queco", Sofi y el artista. Dando vueltas en el kart, viendo lo bello del paraje, respirando vida... y después con las niñas, el Alberto, tomando copas, chupitos, cafés... riendo otra vez, hablando, conociéndonos, cenando una mariscada, ganando en el Trivial, jeje

Me quede con más ganas de martxa, pero como dijo Dani: "Tranquilo, que quedan muchas..."

P.D.: Siento si jugando al trivial os hice sentir mal a alguno /alguna. No fue ni mucho menos mi intención, pero es que me las sabía, joe.

Un besazo a todas, o dos o tres, y un abrazo a todos, o dos o tres también.

lunes, 20 de abril de 2009

La Caja de Zapatos





Escribo sin parar. Hay veces en las que las ideas y los sentimientos se agolpan en mi cabeza con intención de salir. Tengo que darles forma, buscar palabras y expresiones que den cuerpo y vida a todo lo que pasa por mi corazón o mi cabeza. A veces las fuerzas fallan y la inspiración se ha marchado... escribo mierdas que no llegan ni siquiera a cabrearme cuando las recito en alto. Con el ordenador es fácil seleccionar el texto y borrarlo pulsando Supr. Pero cuando lo hago en papel el halo romántico de arrancar una hoja y hacerla una bola para posteriormente lanzarla en suspensión al vacío es un acto que me seduce, pero que casi nunca hago. Si he agarrado un boli y un trozo de papel escribo no para gustarle a nadie, sino para soltar mis miedos y mis gritos en silencio. Con la letra prácticamente ilegible, luego me cuesta horrores saber que dije... Escribo con pasión, con furia, desatado, sin atender a razones estilísticas, prácticamente escritura automática que saca a relucir todas mis pasiones y temores, todos unidos para dibujarme.

No recuerdo muy bien cuando empece a escribir, a contar todo lo que me atacaba o gustaba. Quizás sería con 13 o 14 años. A veces no sabes a quien acudir. Tienes miedo, estas sólo y el vacío es intenso y total. En la soledad de una habitación intentas mil avatares, pero la necesidad de gritar es tan grande como el horror a que te llamen loco por hacerlo. Y con la luz azul del flexo iluminando un pequeño espacio en la mesa, con la persiana bajada, sólo dejando los agujeros para no olvidar que hay algo ahí fuera, cogía un trozo de papel y empezaba a escribir lo que sentía.

Poco a cambiado desde entonces. Ahora tengo un ordenador, montón de redes sociales, un blog, ganas de hacerlo todo y también tiempo. Los mismos miedos e incertidumbres siguen acechando por lo que no se sabe si hemos evolucionado, involucionado o soy un rebeldes porque el mundo me hizo así. Yo creo que estamos como estamos porque somos una segunda generación X. Si los literatos estadounidenses nacidos en los años 70 son una, aquí y ahora, la gente que tenemos esta edad de los "casi 30" seguimos inmersos en la rutina diaria, pero con la certeza de que apenas crecemos, de que desarrollamos nuestras vidas acorde a nuestros sueños, instintos o necesidades. En eso personalmente, a parte de arriesgarse, poco podemos hacer, y de los que corren el riesgo, pues calculo que a 50% se debate el éxito y el fracaso. El caso es que escribir y hacerlo libremente es un lujo gratuito del que pienso que pocos hacemos un uso continuado. A lo mejor por miedo guardamos esa confesión del propio hecho de la escritura y sus resultados, algo que yo hago porque no todo lo que escribo es lícito de ser publicado, porque haría de mi... no lo sé exactamente, quizás sea este temor lo que me haga seguir haciéndolo.

En una caja de zapatos negra con ribetes blancos podría ser mi "arca perdida". Un tiempo lo fue y su recuerdo es la reminiscencia de tiempos analógicos. Ahora conservo algunos de aquellos relatos, cuentos y confesiones, aunque hay muchos que pasaron a mejor vida... La caja dejo paso a un par de cuadernos, a hojas sueltas que en algún momento atacó y también incluso alguna servilleta porque tomando un café se me ocurre algo que merece ser contado y hecho sueño de tinta y grafía. En ocasiones me tiro meses sin escribir nada, otras lo hago hasta 3 veces al día... No sé porque escribó pero si sé que cuando lo hago me siento mucho mejor y esa ya es una simple razón para seguir haciéndolo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Caminando sin andar



Deslice mi mano, pero ya te habías ido. En esa aventura era la presentación a mis palabras, pero el adiós de mi mirada. Hace un segundo había soñado, había violado mi propia creencia con tal de un momento de felicidad. Pero fue un segundo tardío, horrible porque ya me volví a quedar en el camino. Toda la lucha por cerrar caminos entre cumbres afiladas se vino abajo con tan sólo el azar de tu sonrisa. Lejos quedan los días de maldecir, las horas de llorar, los minutos de odio, todos ellos una máscara que escondía el verdadero sentimiento. Sigamos camino entre los asfaltos y el intervalo de las farolas hasta buscar lecho, sin más compañía que mi sombra, único amigo en la batalla ante la muerte.

Convencido de que jamás dejaré de luchar blandé espada en la diestra y cerre el puño de la siniestra para lanzarme al abismo; con tal sorpresa de saltar a la esfera y mirar cara a cara, el desdén del poder eterno y establecido. Luchar es mi último anhelo por lo que no cejo en mi empeño y con la ira disfrazando mi rostro, alce la vista.

Pero mirando hacia arriba, al resplandor de la luna, repentinamente vi al Coloso sentado, elevándose y borrando las estrellas y cubriendo la noche con negrura; y a los pies de ese ídolo vi reyes que rezaban y hacían reverencias y los días que son y todas las veces y todas las ciudades y todas las naciones y todos sus dioses. Ni el humo del incienso ni la combustión de sacrificios alcanzaban sus colosales cabezas, estaban ahí para no ser alcanzados, para no ser derribados, para no ser despojados.

Y yo dije con tristeza: no vine a ver dioses pavorosos, sino que vine a verter mis lágrimas a los pies de ciertos pequeños años que están muertos y que jamás volverán.

Pero entonces, sin despertar del sueño, yo mismo me replique: estos son los años que están muertos, sólo los inmortales; todos los años son Sus hijos. Ellos modelaron tus sonrisas y tus lágrimas; todos los dioses fueron creados por Ellos, y todas las Diosas viajaron buscando tu corazón porque ellos quisieron; todos los hechos y eventos fluyen desde sus pies como un río, los mundos son piedras que Ellos han arrojado al aire, y el Tiempo y todas sus centurias postradas detrás con crestas doblegadas en símbolo de vasallaje a pies.

Así se barajan mis cartas en búsquedas de rojos de pasión, pero hallados en negro de dolor, donde cada día amanece como una tibia esperanza, para conformarse en las horas como una pérdida de tiempo. Alejado de sentimientos, mi propio amor impregna el aire hasta que consigo masticarlo, y entonces, sólo entonces, me alejo de vuestro recuerdo para calmar mi ansiedad a base de golpes, esfuerzo o el sonido embrujador de seis cuerdas atadas al mastil en el que deseo morir crucificado.

Camino entre las flores, buscando vestimenta para mi corona funeraria; el lirio pareció demasiado grande y el laurel muy solemne, y no encontré nada lo bastante delicado ni valioso como para entregar como ofrenda a los años que habían muerto. Y al final hice una delgada corona de rosas negras, enredadas y pobladas de espinas, como primer escollo para vislumbrar mi lápida que a veces deseo se haga piedra eterna cubierta por musgo con mi nombre olvidado e ignorado, y otras sueño, con que el surco de la grafía en la sepultura se bañe en plata y negro para relucir con el sol del día, la luna de las noches y tus ojos cuando la miran.

P.D.: A todos mis amores; el hasta ahora, único real, el utópico, el imposible, el lejano,... y también a todas ellas de horas compartiendo sabanas y besos, pero que se alejan dejandome sólo devorándome las entrañas.

viernes, 10 de abril de 2009

Un Cementerio que mira al Mar

Decid, oh muertos, ¿quién os puso un día
Así acostados junto al mar sonoro?
¿Comprendía quien fuera que los muertos
Se hastían ya del canto de las aves
Y os han puesto muy cerca de las olas
Porque sintáis del mar azul, el ronco
Bramido que apavora?

Os estáis junto al mar que no se calla
Muy quietecitos, con el muerto oído
Oyendo cómo crece la marea,
Y aquel mar que se mueve a vuestro lado,
Es la promesa no cumplida, de una
Resurrección.

En primavera, el viento, suavemente,
Desde la barca que allá lejos pasa,
Os trae risas de mujeres... Tibio
Un beso viene con la risa, filtra
La piedra fría, y se acurruca, sabio,
En vuestra boca y os consuela un poco...
Pero en noches tremendas, cuando aúlla
El viento sobre el mar y allá a lo lejos
Los hombres vivos que navegan tiemblan
Sobre los cascos débiles, y el cielo
Se vuelca sobre el mar en aluviones,
Vosotros, los eternos contenidos,
No podéis más, y con esfuerzo enorme
Levantáis las cabezas de la tierra.

Y en un lenguaje que ninguno entiende
Gritáis: -Venid, olas del mar, rodando,
Venid de golpe y envolvednos como
Nos envolvieron, de pasión movidos,
Brazos amantes. Estrujadnos, olas,
Movednos de este lecho donde estamos
Horizontales, viendo cómo pasan
Los mundos por el cielo, noche a noche...
Entrad por nuestros ojos consumidos,
Buscad la lengua, la que habló, y movedla,
¡Echadnos fuera del sepulcro a golpes!

Y acaso el mar escuche, innumerable,
Vuestro llamado, monte por la playa,
¡Y os cubra al fin terriblemente hinchado!

Entonces, como obreros que comprenden,
Se detendrán las olas y leyendo
Las lápidas inscriptas, poco a poco
Las moverán a suaves golpes, hasta
Que las desplacen, lentas, -y os liberten.
¡Oh, qué hondo grito el que daréis, qué enorme
Grito de muerto, cuando el mar os coja
Entre sus brazos, y os arroje al seno
Del grande abismo que se mueve siempre!

Brazos cansados de guardar la misma
Horizontal postura; tibias largas,
Calaveras sonrientes: elegantes
Fémures corvos, confundidos todos,
Danzarán bajo el rayo de la luna
La milagrosa danza de las aguas.
Y algunas desprendidas cabelleras.
Rubias acaso, como el sol que baje
Curioso a veros, islas delicadas
Formarán sobre el mar y acaso atraigan
A los pequeños pájaros viajeros.

lunes, 6 de abril de 2009

Los besos no dados


Oscuros ojos del deseo, viajan por raíles quebrados;
las miradas envuelven en su cálido manto momentos que si no serían olvidados;
los cuerpos se levantan sobre los talones y nos acercamos con nuestros brazos,
nos respiramos juntos, saboreándonos y llenando el paladar de nuestro sabor;
las bocas se abren para friccionar labios tibios y cansados de dolor,
pero sólo encontramos el vacío de la distancia.

Distancia alimentada por el miedo y la vergüenza;
palabras pensadas y no dichas; alejan los deseos de vivir los sueños;
sueños tan simples y complejos como ser feliz...

Las noches y el alcohol embriagan instintos y sentidos,
vivimos y buscamos el lecho sin la importancia de no lo compartido;
emprendemos el descanso sin atajar el dolor de no lo dicho,
pero nos levantamos revueltos por el estomago,
con la cabeza atacada por mil males, pero sólo uno,
nos derriba y encierra en la pesadumbre del cobarde
no besarte,

No juntar nuestros labios sin palabras, ocupa el primero de los males;
el vacío de mi corazón se agiganta con los besos no dados;
navego por un mar de sombras sin encontrar donde dar mi amor,
y me ahogó con conciencia de no haber dado todo lo que se pedía.

El juego se pierde porque no conocemos las reglas.
La seducción arriesga nuestra alma, porque no la conoce y
nosotros perdemos porque apenas vislumbramos las reglas...

Regalos sin abrir, caricias al viento, rezos y plegarias en el templo,
los besos sin destinatario se acumulan en el baúl de los objetos perdidos...
enfrente quedan los cofres de corazones ajados, y más allá,
un estante con cordeles de almas solitarias.

Oscuros espectros de un mal desconocido
Flotan sobre mi mente cansada;
Las informes visiones de mi vida
Pasan como un tren fantasmal;
Algunas corren por mis mejillas,
Penosas lágrimas que caen como rocío.

Besos que perdieron el billete de salida,
labios huérfanos de tu calor y tu humedad,
la sedienta boca perece en la vivencia de un sueño;
Las lágrimas surcan ya un rostro virgen de caricias.
Mis besos duermen inertes, olvidados de su destino,
no les queda más existencia que yacer dentro del bosque.
Lejos, en la sombría del sauce y el álamo
allí perecen sueños de una noche, rostros casi olvidados,
cuerpos que mis manos jamás tocaron...

Mi vida se acaba con el amargo regusto
de cientos de noches inolvidables,
cuerpos y alcohol estimularon el espíritu,
que se encontro huérfano al dar respuesta...

Pasados los días centrado apuesto,
qué jamás encontre lugares,
donde olvidar yermo tu gracejo,
porque fue sumiso en la derrota

Y ahora viajo sin tener en cuenta,
los besos no recibidos, porque sólo uno,
no viaja viciado y corrompido,
y más lamento en mi alma
dejar de acariciar tus labios,
por miedo y vergüenza.
Escondí mis sentimientos y
mis besos quedarán olvidados,
como yacen los barcos naufragados.

Sueño cada noche en mi habitación.
Siempre abunda la oscuridad
y espero ansiosamente su llegada hasta el amanecer,
brilla la luna que se torna oscura entre nubes y veo el sol saliendo, con su azul cielo detras de ella con sus colores celestes y naranjas,
va dejando mis penas y desdichas atras,
cuando se oculta la luna con su noche oscura y nitida.
pero aparecen mis sentimientos,
y forman la armadura
para quien regrese otra vez a mi corazón no vuelva a romper.
Río y lloro sin ansias por saber lo que me espera al amanecer
ni me duele ni me alegra;
mis emociones desaparecen,
como el amor que abundaba en mi corazón.
Pero lloró por herirme y río por haberme dejado ir...
y ahora soy libre,
como un alma divagando en un cielo negro azulado de la noche,
que se posa en la ventana, noche con noche las angustias que me has dejado
y aun espero con ansias el dia que la mujer soñada llegue
para que mi armadura desaparezca y mis emociones regresen...


sábado, 4 de abril de 2009

Espíritus de los muertos


En este bello y lúgubre poema, Edgar Allan Poe nos advierte sobre la realidad ineludible de nuestra muerte. Curiosamente, su belleza no radica en el pesimismo, tampoco en la resignación; sino en esa sublime contemplación de un futuro en el que no tendremos parte: donde los dorados amaneceres seguirán desgarrando las nubes del este, mientras nosotros, en impasible soledad, reposaremos sobre un duro y helado lecho de mármol.

Espíritus de Los Muertos.
Edgar Allan Poe.

Tu alma, sobre la tumba de piedra gris
a solas yacerá con sombríos pensamientos;
Nadie, en toda esa intimidad, penetrará
en la delgada hora de tu Secreto,

Sé silencioso en esa quietud,
la cual no es Soledad, ya que
Los Espíritus de los Muertos,
quienes te precedieron en la Vida,
en la Muerte te rodearán,
y con Sombras, tu quietud enlazarán;

La Noche, tan clara, se oscurecerá,
y las estrellas nos arrebatarán su brillo
desde sus altos tronos en el Cielo,
con su luz de esperanza para los mortales,
pero sus esferas rojas, apagadas,
en tu hastío tendrán la forma de Fiebre y Llamas,
y te reclamarán para siempre.

Ahora son pensamientos que no desterrarás,
Ahora son visiones casi desvaneciéndose;
De tu Espíritu no pasarán jamás,
como la gota de rocío muere sobre la hierba

La brisa, aliento de Dios, es inmóvil,
y la niebla sobre la colina
Sombría, sombría, y a la vez intocable,
Es una Señal y un Símbolo.
¡Cómo se extiende sobre los árboles,
Misterio de Misterios!


Thy soul shall find itself alone
'Mid dark thoughts of the grey tomb-stone;
Not one, of all the crowd, to pry
Into thine hour of secrecy.

Be silent in that solitude,
Which is not loneliness- for then
The spirits of the dead, who stood
In life before thee, are again
In death around thee, and their will
Shall overshadow thee; be still.

The night, though clear, shall frown,
And the stars shall not look down
From their high thrones in the Heaven
With light like hope to mortals given,
But their red orbs, without beam,
To thy weariness shall seem
As a burning and a fever
Which would cling to thee for ever.

Now are thoughts thou shalt not banish,
Now are visions ne'er to vanish;
From thy spirit shall they pass
No more, like dew-drop from the grass.

The breeze, the breath of God, is still,
And the mist upon the hill
Shadowy, shadowy, yet unbroken,
Is a symbol and a token.
How it hangs upon the trees,
A mystery of mysteries!

Edgar Allan Poe.


jueves, 2 de abril de 2009

Cuento de los tres Deseos


Exordio insufrible pero necesario:

Como todos sabemos, las hadas son famosas por otorgar tres deseos. Es cierto que muchos de los afortunados que las han visto padecen de alucinaciones, acompañadas de grandes ingestas de opio y demás sustancias nocivas. Pero no dejaremos que esto nos atemorice. Somos espíritus sensibles, y queremos estar preparados para un posible y alucinatorio encuentro con las hadas.
Antes de entrar en el relato lanzo algunas advertencias para el lector desprevenido:

1) No conviene desear una transformación física (estatura, color de ojos, etc), ya que los beneficios pueden disolverse en desesperación cuando nuestros seres queridos, o nuestras mascotas, no nos reconozcan. Mayores dificultades presenta tener el rostro de Brad Pitt con una foto en el documento que no se corresponde con la de la estrella de Hollywood.
En mi caso, el tema de las mascotas no presenta mayor dificultad, ya que poseo una tortuga; animal prudente y poco demostrativo, cuyo único estímulo consiste en comer carne los sábados sin hacer mayores distinciones de género, es decir; le importa poco y nada si la comida se la doy yo o Brad Pitt. Para ser menos radicales, esperaremos estudios más profundos sobre la psiquis de las tortugas antes arriesgar seriamente nuestra hipótesis.

2) No es aconsejable pedirle a un hada que modifique sensiblemente nuestra dotación viril, ya que podríamos caer en desproporciones poco estéticas. En el caso de que no resistan la tentación de transformarse en sementales, les aconsejo que también le soliciten al hada que agrande las dimensiones de sus corazones, ya que existe la posibilidad de desvanecerse con tanta sangre alojada en la erectio.

3) Mediten bien antes de pedir los tres deseos, no se precipiten ni caigan en absurdos excesos.
Para ilustrar con mayor arte nuestras advertencias, daremos cuenta de un bello relato escrito por Jeanne Marie Le Prince de Beaumont, llamado: El Cuento de los tres deseos.


El Cuento de los tres deseos.

Había una vez un hombre, que no era muy rico, que se casó con una bella mujer. Una noche de invierno, sentados junto al fuego, comentaban la felicidad de sus vecinos que eran más ricos que ellos.

-¡Oh! -decía la mujer- si pudiera disponer de todo lo que yo quisiera, sería muy pronto mucho más feliz que todas estas personas.

-Y yo -dijo el marido-. Me gustaría vivir en el tiempo de las hadas y que hubiera una lo suficientemente buena como para concederme todo lo que yo quisiera.

En ese preciso instante, vieron en su cocina a una dama muy hermosa, que les dijo:

-Soy un hada; prometo concederles las tres primeras cosas que deseen; pero tengan cuidado: después de haber deseado tres cosas, no les concederé nada más.

Cuando el hada desapareció, aquel hombre y aquella mujer se hallaron muy confusos:

-Para mí, que soy el ama de casa -dijo la mujer- sé muy bien cuál sería mi deseo: no lo deseo aún formalmente, pero creo que no hay nada mejor que ser bella, rica y fina.

-Pero, -contestó el marido- aún teniendo todas esas cosas, uno puede estar enfermo, triste o incluso puede morir joven: sería más prudente desear salud, alegría y una larga vida.

-¿De qué serviría una larga vida, si se es pobre? -dijo la mujer-. Eso sólo serviría para ser desgraciado durante más tiempo. En realidad, el hada habría debido prometer concedernos una docena de deseos, pues hay por lo menos una docena de cosas que yo necesitaría.

-Eso es cierto -dijo el marido- pero démonos tiempo, pensemos de aquí a mañana por la mañana, las tres cosas que nos son más necesarias, y luego las pediremos.

-Puedo pensar en ello toda la noche -dijo la mujer- mientras tanto, calentémonos pues hace frío.

Mientras hablaba, la mujer cogió unas tenazas y atizó el fuego; y cuando vio que había bastantes carbones encendidos, dijo sin reflexionar:

-He aquí un buen fuego, me gustaría tener una de morcilla para cenar, podríamos asarla fácilmente.

Tan pronto como terminó de pronunciar esas palabras, cayó una morcilla por la chimenea.

-¡Maldita sea la tragona con su morcilla! -dijo el marido-; no es un hermoso deseo, y sólo nos quedan dos que formular; por lo que a mí respecta, me gustaría que llevaras la morcilla en la punta de la nariz.

Y, al instante, el hombre se percató de que era más tonto aún que su mujer, pues, por ese segundo deseo, la morcilla saltó a la punta de la nariz de aquella pobre mujer que no podía arrancársela.

-¡Qué desgraciada soy! -exclamó- ¡eres un malvado por haber deseado que la morcilla se situara en la punta de mi nariz!

-Te juro, esposa querida, que no he pensado en que pudiera ocurrir -dijo el marido-. ¿Qué podemos hacer? Voy a desear grandes riquezas y te haré un estuche de oro para tapar la morcilla.

-¡Cuídate mucho de hacerlo! -prosiguió la mujer- pues me suicidaría si tuviera que vivir con esta morcilla en mi nariz, te lo aseguro. Sólo nos queda un deseo, cédemelo o me arrojaré por la ventana.

Mientras pronunciaba estas frases corrió a abrir la ventana y su marido, que la amaba, gritó:

-Detente mi querida esposa, te doy permiso para que pidas lo que quieras.

-Muy bien, -dijo la mujer- deseo que esta morcilla caiga al suelo.

Y al instante, la morcilla cayó. La mujer, que era inteligente, dijo a su marido:

-El hada se ha burlado de nosotros, y ha tenido razón. Tal vez hubiéramos sido más desgraciados siendo más ricos de lo que somos en este momento. Créeme, amigo mío, no deseemos nada y tomemos las cosas como Dios tenga a bien mandárnoslas; mientras tanto, comamos la morcilla, puesto que es lo único que nos queda de los tres deseos.

El marido pensó que su mujer tenía razón, y cenaron alegremente, sin volver a preocuparse por las cosas que habrían podido desear.