miércoles, 23 de marzo de 2016

Coincidencias ante la barbarie

Tenía planes para estas horas estar ya en Bruselas. Haber cogido mi vuelo, junto a mis padres, para poder visitar a mi hermano. Reencontrarnos en Bélgica y poder disfrutar de sus ciudades, su gente, su ambiente, su gastronomía, su chocolate y su cerveza. Esas eran las pretendidas voluntades para estos días. Y todo ha quedado aparcado. Desmoronado. Abatido. Preocupado e indignado. Ayer 30 horas antes de que nuestro avión saliera de Madrid-Barajas, una célula terrorista yihadista atacaba el aeropuerto bruselense de Zaventem, y una hora después estallaba una bomba en el interior de un vagón en las proximidades de la estación de metro más próxima a la instalaciones y símbolos políticos europeos.
Las ametralladoras y las bombas suicidas volvían a resonar en Europa, trayéndonos una dosis pequeña, pero doliente y demoledora, del día a día de Siria. O de Yemen. O de Afganistán o Irak. Tenemos que volver a lamentar, condenar, un ataque indiscriminado y terrorífico sobre la población civil, la inocente clase trabajadora. Y algunos estas condenas y repulsas, nuestro dolor fruto de la empatía como ser humano y de la rabia contra el fascismo, tenemos que hacerlas con cuidado, evitando caer en los mismos mensajes de los “islamofóbicos”, de “nuestros” fascistas neo-nazis y de los mediocres que aprovechan cualquier excusa para hacer demagogia y electoralismo del más bajo nivel, mezclando churras con merinas. Es preciso recordar, en este momento, que los refugiados a los que la Unión Europea del Capital está dando la espalda y poniendo alambradas y mil impedimentos, son también víctimas que huyen de la barbarie terrorista y de guerras por intereses creados de las potencias occidentales. Somos todos víctimas del terrorismo, pero dejamos a los refugiados estigmatizados por su color de piel, por su procedencia, pero sobretodo por sus propiedades y su cuenta bancaria.
Bruselas vivió ayer la misma barbarie que otras ciudades europeas como Madrid, Londres, París o Moscú ya han vivido. Tuvo una premiere del dolor cotidiano de Oriente Medio. Un terrorismo que allí y aquí está financiado por Arabia Saudí, armado por la industria armamentística occidental y que aprovecha la dependencia económica mundial del petróleo, sobretodo de los emiratos del Golfo Pérsico y la península Arábiga, cuyo coste es más barato a razón de hacer negocios con una suerte de dictaduras y sátrapas medievales que tienen a bien pasarse los derechos humanos por el forro. Y de remate la Unión Europea para no desentonar hace lo mismo con los refugiados y el lamentable acuerdo con Turquía.
El ataque terrorista ya ha sido reivindicado por el Daesh. Ya hemos tenido las concentraciones de rechazo y condena ante las instituciones de cuando los atentados son en territorio “amigo”. Ya están los xenófobos y oportunistas haciendo su agosto sin importarles las víctimas o la verdad. Y algunos imbéciles, como el Primer ministro francés, Manuel Valls, no dudan en afirmar que “estamos en guerra” dando a terroristas el status de combatientes, con todo lo que eso significa, en un momento en el que la justicia en Europa persigue a quienes acuden a combatir el islamismo radical y el fascismo del Daesh en Siria y Turquía junto a los kurdos, como también en Ucrania. Ya hemos tenido una primera dosis de golpes en pecho y bombardeos como respuesta de Occidente a cada ataque. Y por último, sufrimos por si no fuera poco ya, la inoperancia de unos medios de comunicación que buscan el impacto lacrimógeno antes que la información, y que no dudan en ocultar los errores y la realidad, si eso afea o demuestra la responsabilidad de sus amos.
Y aquí llevo varías líneas y más de un día reflexionando por lo eventual de la existencia. La supremacía de la coincidencia por encima de certezas, planes y pronósticos. Luchando por convencerme de que los terroristas no mediatizan mi vida, cuando si lo han hecho. Comprendiendo la injusticia constante en la que vivimos; Asimilando que por azares no me he visto mucho más afectado que las víctimas y sus familiares y amigos. No puedo dejar de sentirme afortunado y a la vez dolorido, triste y enrabietado. No puedo soportar la idea de perder a mis seres queridos de manera tan dramática, injusta y arbitraria.
Toda mi solidaridad, apoyo y dolor con las víctimas del terrorismo fascista, de naturaleza islamista, que murieron ayer en Bruseals. Y también con sus familias y toda la sociedad belga y europea.

Toda mi solidaridad, apoyo y dolor con todas las víctimas, sus familias y quien están huyendo de esa misma barbarie desde Siria, Irak, el Magreb, Nigeria...

Y a quienes sufren el mismo terror aunque venga impuesto por aliados en Palestina y el Sahara Occidental.

________________________________________________________________________

lunes, 21 de marzo de 2016

La vergüenza de Europa (y II)


Artículo del 11 de mayo de 2011 ante una más de las tragedias migratorias en las costas Europeas.
Ayer entro en vigor el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía por el que se cierran las puertas de Europa para los miles de refugiados sirios (también iraquíes, afganos o kurdos) que huyen de la guerra y la miseria, mandando por el retrete los derechos humanos, entre ellos el derecho de asilo, en caso de refugiados, que lo son porque ven su vida peligrar por razones políticas, de identidad o simplemente porque proceden de un lugar devastado por una guerra civil compleja y enquistada que ha destruido todo el país, ante la más absoluta indiferencia de las potencias occidentales provocando con ello un cataclismo social para varias generaciones de sirios que quedan en el mundo, sin lugar en él; apátridas, sin derechos, ni identidad, con unas pocas pertenencias y un chaleco salvavidas naranja.
De paso al estercolero también van las buenas palabras de una Europa social, unida y con un proyecto común. Una Europa que se vendió en su momento como abierta, acogedora y modelo de sociedad. Un hito del antifascismo tras la Segunda Guerra Mundial y ante el final de la Guerra Fría y el Telón de Acero. Se ha demostrado, finalmente y una vez más, el verdadero carácter de esta Europa del capital, oligarca e intrínsecamente fascista y xenófoba, que a la par que entendió que para salvar los mercados de materias primas (acero, energía, etc.) frente a Estados Unidos o Rusia, era conveniente unirse, lo que no implicaba precisamente la unión de las clases trabajadoras europeas, divididas por distintas banderas, competitivas entre ellas, en vez de cooperativas. Con ese paradigma, poco había que esperar de esta burocracia de facinerosos para que tuviera piedad, sentido común y respetase la legalidad en materia de Derechos Humanos para con los solicitantes de asilo de Siria, Irak o Afganistán, o de cualquier guerra permitida o estimulada para orgasmo múltiple del capital.
El acuerdo consta de tres elementos: 1, Por cada refugiado sirio devuelto de las islas griegas a Turquía, la UE aceptará a un solicitante de asilo sirio de Turquía; 2, El acuerdo no se aplicará a otras nacionalidades (es decir, a ciudadanos de Afganistán, Pakistán o incluso Irak); 3, Ayuda financiera extra de 3.000 millones a Turquía, que dobla la ayuda hasta 6.000 millones.
Y ayer en su primer día, ya hubo muertes. Más de 50 personas fallecieron en los distintos naufragios mientras trataban de llegar a Grecia, huyendo de la guerra y la intolerancia religiosa, para encontrarse con la intolerancia económica y racista de la Europa del capital, y sus gobernantes, dolorosamente de derechas.
La Alta Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), Amnistía Internacional y otros organismos han indicado ya que el acuerdo es moralmente un error y puede ser ilegal. Esencialmente, se reduce a una deportación forzosa, dado que los refugiados, sirios o no, que sean devueltos a Turquía se verán privados de su derecho a ser escuchados en un tribunal. En segundo lugar, el acuerdo implica enviar refugiados a Turquía, país considerado inseguro por las organizaciones de derechos humanos. Estas últimas llevan mucho tiempo criticando a Turquía por detener refugiados de manera arbitraria, remitiéndolos de vuelta a países peligrosos y bloqueando su acceso al mercado de trabajo.
Aparte de sus defectos legales, el acuerdo es moralmente vergonzoso por dos razones: en primer lugar, no detendrá el flujo de refugiados que huyen de zonas de guerra. En el mejor de los casos, el flujo puede verse reducido si Turquía colabora. Considerando la falta de seguridad y estabilidad de muchas partes de Oriente Medio y otros países como Afganistán, algunos refugiados seguirán jugándose la vida para buscar asilo en Europa, ya sea vía Turquía o atravesando el mar Egeo hasta Grecia. En segundo lugar, la exclusión de los refugiados de nacionalidad no siria representa una regresión clara respecto al espíritu de la Convención de Ginebra para los Refugiados de 1951, que garantiza un trato igual para todos los refugiados que huyen de zonas bélicas, con independencia de su nacionalidad.
El gobierno turco se ha resuelto utilizar a los refugiados sirios como moneda de cambio con la UE. Y esta con su habitual ceguera, o mejor dicho, con su tradicional rentabilización de los acuerdos, cortoplacismo y tolerancia para con la intolerancia ha cedido, pactando con un gobierno autoritario como el turco, que se salta a la torera su constitución (laicismo en la República de Atatürk), que no condena el pasado (genocidio armenio), no reconoce a las distintas etnias y culturas que componen el país (conflicto kurdo, entre otros) y que ha hecho clara y probadamente negocios con el Daesh, los terroristas fundamentalistas islámicos (que en otros son responsables del ataque terrorista en París en noviembre), beneficiándose de un petroleo barato proveniente de los pozos que los terroristas controlan en la zona, pero moralmente de un coste carísimo.
Desde que en agosto del año pasado estalló "la crisis de los refugiados" ha habido hasta 11 cumbres de alto nivel en Bruselas de ministros de la UE. En ninguna de ellas se hablo de proyectar un plan que mejorase las condiciones de vida de los refugiados. No se ha hablado nunca de vigilar las rutas de paso de los refugiados en su huida desde Oriente Próximo. No existe un plan de lucha contra las mafias que se han lucrado con esta tragedia agravada por la dejadez de los poderosos. Tampoco ha existido, ni siquiera se plantearon, un plan de emergencia para dotar de infraestructuras mínimas a los campamentos (campamentos temporales, de tránsito, obviamente). Allí los niños no van a la escuela. No pueden. No existe una mínima atención médica, una dotación suficiente de medicamentos y bienes de primera necesidad. En ningún momento se ha hablado en aquellas reuniones de crear tribunales especiales para refugiados que dirimieran cada caso individualmente con garantías y en tiempo y forma, como estipula la Declaración de los Derechos Humanos o la Convención de Ginebra. Ni siquiera se han molestado en amonestar y sancionar a los gobiernos fascistas de Hungría o Polonia que han dispuesto políticas de inmigración salvajes y anti-humanas (tuvieron buenos maestros en los fascistas que nos gobiernan en #Españistan).
Mientras que todo el peso del poder de Europa tardó 9 dias en caer con toda su furia sobre el pueblo griego que legítimamente se mostró contrario a los recortes en servicios públicos impuestos por el capital, en casi 8 meses, Europa ha sido incapaz de garantizar una mínima seguridad a los refugiados y un respeto a los Derechos Humanos. Esta es la Europa a la que "pertenecemos".
Y la opinión pública, ¿qué?. Estamos quienes hemos colaborado con la sociedad civil aportando medicamentos y material para enviar a la isla de Lesbos y a los campamentos en Turquía y hemos acudido a las manifestaciones y concentraciones primero llamando a la solidaridad y legalidad internacional y después para denunciar este acuerdo injusto, arbitrario y avergonzante. Y quienes, con un espíritu ególatra, miserable, contaminados por la demagogia y una intolerancia latente y una sumisión al racismo y la xenofobia, cuando no una pertenencia orgullosa, no comprenden la trascendencia de lo que está ocurriendo. De como la "nueva" Europa, ultraliberal, competitiva e individualista abandona su génesis de horrorizada ante los crímenes del nazismo. Europa ha pasado en 30 años de un compromiso anti fascista al miedo y los cálculos electorales del poder económico que han vuelto a poner de moda el fascismo con unas políticas irresponsables.
Un dato escalofriante nos lo ha dado la última encuesta del CIS, de hace días, con más de 8 meses, repito, de esta escalofriante crisis humanitaria: El 0,0% de españoles sitúa la crisis de los refugiados entre los 39 problemas que más les preocupa. La crisis de los refugiados es también nuestra crisis moral como ciudadanos. Muchas personas están ayudando desinteresadamente y haciendo la labor que corresponde a sus gobiernos, pero la sociedad en su conjunto ha dado la espalda al problema y no ha habido una movilización masiva para denunciar el trato inhumano a los refugiados. Con el silencio de la sociedad, nuestro silencio cómplice, estamos legitimando estas políticas fascistas, irresponsables y cortoplacistas. La historia no sólo juzgará a nuestros "gobernantes". También lo hará con nosotros, por permitir esta injusticia (como tantas otras, por cierto).
Esta es la situación de la sociedad civil en Europa que ya se había pasado de tranquila y sumisa ante el ataque a la soberanía y el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas, hermanos y hermanas, griegos y griegas, y que ahora muestra una despreciable aquiescencia y conformismo con la política migratoria de una Europa que ya no sólo ha perdido la guerra de la competitividad financiera e industrial, sino que ha sepultado con intransigencia, racismo, deslealtad y fascismo su compromiso por la legalidad internacional, los derechos humanos y la dignidad de todos y todas cualquiera que fuera su condición y naturaleza.
Y mientras, nuevos ahogados en el Egeo. Alambradas de cuchillas cortan la piel de quienes huyen del terrorismo y la guerra civil Siria, la indiferencia de las potencias occidentales, o a quienes llegan desde Irak o Afganistán, víctimas, por contra, de los intereses creados de esas mismas potencias. Los niños lloran ante los ladridos de perros sujetos por policías para militarizados. La xenofobia avanza por Europa y se queman albergues o campamentos improvisados. El frío, la lluvia, el hambre y la enfermedad laminan a quien huye de la barbarie del ser humano, y sólo encuentran la indiferencia de la población y la ilegalidad manifiesta y consciente de mandatarios amorales, mediocres y corruptos.

__________________________________________________________________________
 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Capitalismo: El mal en el mundo


 “Sistema” es el conjunto de normas, reglas, preceptos o leyes que, en nombre del capitalismo, intenta universalizar la organización de la vida económica, social, política y cultural de los pueblos a través del control político-empresarial de bancos y multinacionales. Tecnócratas y “magnates” de las finanzas y la especulación imponen el ritmo indefinido e imparable de la productividad por la competitividad. Globalización y consumismo son su objetivo. Neoliberalismo, mono-culturalidad, unicidad y homogeneidad, su ideal. La naturaleza como objeto de explotación y de negocio, su credo. Su orden, criminal por inhumano, pues sus abyectas leyes salen de los templos del dinero en nombre de la democracia.
El sistema, establecido “unilateralmente” por países occidentales, quiere homogeneizar su “modelo de usos” urbi et orbi: he aquí un foco de conflicto con centenares de culturas que no tienen la misma manera de ver y entender el mundo, pueblos que no entienden la vida como un medio para lograr sus ambiciones y que no consideran la naturaleza como objeto de explotación a su disposición (¿Quién provoca guerras por el control de los recursos naturales? ¿Qué países son líderes en la fabricación de armamento? ¿Quién habla de terrorismo y de guerras preventivas donde mueren miles de personas inocentes?).
La idea de “progreso” surge de esta ideología del desarrollo basada en el crecimiento perpétuo que genera la explotación, producción, competitividad, expansión y consumo (palabras clave de la democracia), un concepto de progreso definido desde la perspectiva de aplicación tecnológica deshumanizada, donde los PIB, el beneficio, es preponderante, preeminente, en tanto la persona queda en segundo plano, chupando el caramelo envenenado del sistema, creyéndose feliz… ¡Lo dice la TV! Bajo estas premisas son engañados nuestros sentidos.
Alejadas ya las “humanidades” de la Universidad para evitar el pensamiento y la reflexión (plan Bolonia, entrada de las empresas en los claustros) en una sociedad configurada mediáticamente; desestimado el trabajo tradicional (economías históricas) y artesano en favor de la especialización donde cada individuo está obligado a pensar como gestor, o sea, que las consecuencias de ese pensar han de reportar beneficios económicos, se ha creado una sociedad prácticamente mecanizada, y esta condición ha procurado tanto la postración de los valores humanos y la relación entre las personas como la despolitización general de las masas (el político pierde su dimensión humana, la “política” se convierte en una lucha por la conquista del poder y la democracia cree que la cantidad manda. Ya todo es espectáculo. Estas son las condiciones bajo las cuales el ciudadano emite su voto). Estas circunstancias hacen plantear los problemas políticos desde una visión exclusivamente económica, interesada y “privada”, de la cual se encargan los llamados “tecnócratas” al servicio del capitalismo. Como resultado, las naciones pierden su soberanía en favor de grandes bancos y corporaciones (FMI, Club Biderberg, Foro de Davos).
La tecnocracia, hija del capitalismo, es una amenaza para la democracia porque deshumaniza la política violentando el ritmo de la naturaleza, priorizando el negocio, utilizando la persona. Grandes superficies, grandes supermercados, internet, grandes empresas con privilegios fiscales… cada vez más, el ciudadano no tiene derecho a tener su pequeño comercio, sólo servir a las empresas del capital, eso sí, con título universitario, sin derechos y esclavizados. Por otra parte, la máquina tecnológica substituye a pasos agigantados la mano de obra. Así reparte la democracia moderna la riqueza.
El presente (del cual nos olvidamos) y la realidad de sus consecuencias presenta la destrucción sistemática del hábitat, la contaminación general, el exterminio de pueblos indígenas en nombre de los recursos naturales, el exterminio general de especies animales y vegetales, desaparición de culturas, desertización, agotamiento de acuíferos, acumulación de residuos tóxicos y radiactivos, invasión de objetos en desuso por todas partes, desaparición de la capa de ozono, deshumanización… ¿Cómo permitimos que perezcan ahogadas centenares de familias que huyen de guerras provocadas por el capitalismo? ¿Dónde están las Instituciones? ¡Levantando muros en Europa! Es una vergüenza.
Debemos reaccionar contundentemente ante esta oligarquía financiera y su colonización tecnológica, ante este capitalismo devastador y su globalización. Así, no necesitamos de estos líderes políticos que nos hablan desde la ambigüedad y mediocridad demagógicas de proyectos de integración, de lucha contra el cambio climático, de lucha contra la hambre, de prosperidades, de paz y de toda esta arquitectura semántica tan dichosa y ornamentada: “la actual política ya ha agotado toda credibilidad”, sobre todo para miles de millones de personas que viven sin esperanza en la miseria más absoluta. Además, empíricamente, como podemos comprobar, este “sistema” es susceptible y propicia la corrupción.
Necesitamos transformar urgentemente nuestra sociedad democrática y su sistema de usos si queremos sobrevivir; necesitamos personas íntegras, “integradas, conectadas con la totalidad del planeta” que tengan clara una “política des-monetizadora” capaz de poner sobre la mesa los problemas “reales” para poder luchar frente a frente contra este maldito sistema capitalista… Hace falta, pues, hacer una elección: deconstrucción del sistema, sobriedad individual, cambio radical… o subordinación, velocidad y estallido final.
La Revolución no obedece a ningún líder o grupo, la Revolución es la Conciencia del Pueblo ante la injusticia social. Nuestra Conciencia está por encima de cualquier Ley… Hoy más que nunca ¡Practiquémosla!”
_________________________________________________________________________

lunes, 7 de marzo de 2016

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora: Mucho que luchar

Mañana es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y no es asunto baladí éste, pese a que como algunos tratan de contaminar y convencer, vivamos en la era del progreso y del fin de la historia gracias al capitalismo. No, todo lo contrario, y precisamente desde las economías de escala hasta la economía mundial, el capitalismo se ha apoyado en la discriminación, la violencia y la desigualdad para maximizar las rentas.
Ante la amenaza a la regresión continua y permanente, producto de políticas intolerantes y fascistas, de corte clerical y católico anquilosadas en el pasado, de agresiones a la libertad en materias sobre maternidad, sexualidad o convivencia, la ausencia absoluta de políticas efectivas contra la Violencia de Género, ese Terrorismo silencioso, cotidiano, de sala de estar, o ante la discriminación y explotación laboral y salarial de las mujeres, se hace necesario un compromiso para atajar esta lacra y poder así constituir una sociedad plenamente igualitaria y sin discriminación por razón de sexo.

Este año, el 8 de Marzo viene marcado por el resultado de las elecciones legislativas, celebradas el 20 de diciembre, de las que aún no ha salido un Gobierno, que deberá enfrentar cambios de raíz, que acaben con cuatro años de austeridad y retrocesos en derechos con fuerte impacto de género; y promover políticas económicas igualitarias, empleo de calidad, lucha contra la pobreza, la desigualdad y la violencia de género, para avanzar hacia un modelo social más justo y democrático.
El balance de 2015 muestra que la situación socio-laboral de las mujeres sigue siendo extraordinariamente precaria, con mayor segregación ocupacional, desempleo, creciente brecha salarial, persistencia del techo de cristal, violencia de género, déficits en conciliación y corresponsabilidad, menor protección social, brecha en pensiones... Factores que evidencian la insuficiencia e ineficacia de las políticas para combatir el grave problema de la discriminación laboral y de la violencia estructural contra las mujeres.
  • La falta de voluntad política y los fuertes recortes presupuestarios (desde 2011 se reducen un 43% y un 17% los Programas de Igualdad y los Programas contra la violencia de género, respectivamente) impiden la aplicación efectiva tanto de la Ley de Igualdad como de la Ley contra la violencia de género; y paralizan los organismos institucionales específicos. Y esto da unos datos terroríficos:
    • Los contratos temporales alcanzaron el 91'2% mientras los contratos registrados indefinidos a tiempo completo, apenas llegaron al 4'66%.
    • Permanente aumento de personas desempleadas, de las que 2.218.274 son mujeres, lo que constituye el 53'44% del paro registrado.
    • La tasa de actividad de las mujeres es del 53'7% con una brecha de género de 12 puntos.
    • La tasa de empleo de las mujeres es del 41'95% con una brecha de 11 puntos.
    • La participación de mujeres con jornada parcial en el empleo total femenino es del 25'6%.
    • Creciente brecha salarial: el salario medio anual de las mujeres tendría que aumentar un 32% para equipararse al masculino.
    • La brecha de las prestaciones por desempleo de las mujeres es del 24%.
    • En 2015 murieron asesinadas por su pareja o su ex, 59 mujeres. 11 en lo que va de 2016.
  • No se aplica la transversalidad de género en las políticas del gobierno; la co educación no llega a las aulas; hay déficits en conciliación y corresponsabilidad.
Esta serie de retrocesos y retos, muchos de ellos alimentados por una sociedad dolorosamente conservadora, machista y absurdamente puritana, hacen necesarias propuestas y medidas que conviertan en efectiva la igualdad entre hombres y mujeres en aspectos como:
  • Ante la discriminación laboral y la explotación para con las mujeres: Se hace fundamental desarrollar el modelo del Estado del Bienestar. Primeramente, asegurándolo, fortaleciéndolo como el elemento más importante de cohesión social dotándole de instrumentos tanto para su defensa como extensión. Hablamos de políticas públicas en educación, sanidad y servicios sociales, como compromiso irrenunciable de la agenda política.
    Con esta provisión en el estado del bienestar se puede desarrollar la justicia social, para crear políticas activas de empleo de calidad y con seguridad y garantías para así lograr la autonomía personal y profesional, y con ello la económica, de las mujeres.
    El desarrollo de estas líneas de actuación deben contemplar el mismo sueldo por el mismo trabajo realizado indistintamente de si el empleado es hombre o mujer, así como las mismas condiciones. Y además, deben de fomentar la promoción profesional del trabajador, indistintamente de su género.
    En esta línea se hacen necesarias políticas de remunicipalización y des-privatización de servicios públicos, para desde la gestión pública directa ofrecer también, empleos de calidad a los que puedan en igualdad de condiciones aspirar ambos sexos en garantía como parte de la política de estado por la igualdad entre hombres y mujeres.
    Y también son claves en este sentido las políticas activas de conciliación de la vida familiar y laboral, que pasan, inexorablemente, en primer término por la reducción de la jornada laboral, y el pago justo y regulado por las horas de trabajo en jornadas nocturnas o festivos. Es evidente que esto ataca las excesivas plusvalías del trabajo que recibe el empresario, pero la experiencia ya vista en el norte del continente, han demostrado y demuestran que tales medidas, no sólo son beneficiosas en la equidad entre hombres y mujeres, sino que también colaboran en el desarrollo económico de la sociedad, y mejora el bienestar y salud de los integrantes de la misma.
  • Ante la Violencia Machista: Ya es hora de parar el silencio continuado ante este terrorismo. Son necesarias políticas de prevención, donde desde la Escuela se deben desarrollar políticas educativas desde un plano afectivo-sexual que ayuden a generar comportamientos y relaciones basadas en el respeto y la igualdad entre niños y niñas, adolescentes y por último, hombres y mujeres.
    La Violencia de Género es la expresión extrema de la desigualdad y se puede manifestar de múltiples formas y para combatirla es necesario un cambio en el modo de reacción de la sociedad ante el abuso machista. Hay que despertar conciencias y a la vez articular protocolos, profesionales y recursos para que desde la seguridad, la educación y la sanidad se de una respuesta inmediata. También es clave que los medios de comunicación entiendan la trascendencia del asunto y cambien sus códigos de lenguaje pasando inexorablemente por la penalización y censura de los opresores. Sólo así con una actuación integradora, se conseguirá desterrar progresivamente el machismo de nuestra sociedad, hasta hacer a esta, plenamente consciente de la igualdad entre hombres y mujeres.
  • El Derecho al Aborto: Se hace necesaria una ley sobre interrupción voluntaria del embarazo que elimine el aborto voluntario del Código Penal, tanto para mujeres como para lXs profesionales sanitarios que lo practican. Ha de incluirse en el sistema de la Sanidad Pública, con las garantías en seguridad, confidencialidad, apoyo y respeto que se le presuponen. Además, no se puede entrar en este tema con un discurso que no contemple una educación sexual que recorra todos los estadios educativos, si no se quiere acabar en la demagogia.
Es necesario, vital, seguir luchando para que avance la igualdad real entre hombres y mujeres se consiga, y todo ello pasa por convertir esta lucha en una política de estado, en un objetivo más, de los Objetivos del Milenio de la ONU.


 _________________________________________________________________________