Mostrando entradas con la etiqueta Guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2026

La etapa de Irán ante la Tercera Guerra Mundial


Imagen de satélite del 28 de febrero de 2026, supuestamente de la residencia del Ayatolá Jameneí tras el bombardeo masivo de Israel y Estados Unidos sobre Irán.

 

El sábado 28 de febrero amaneció con el nuevo ataque de Israel y Estados Unidos sobre Irán. Un bombardeo indiscriminado, que aunque esperado, se efectuó sin aviso y dentro de una ronda de negociaciones que claramente era una tapadera de cara a ganar tiempo y organizar la acción militar. De todos los implicados. El resultado del ataque ha sido el descabezado de la cúpula militar y política de la teocracia iraní con la destrucción de infraestructuras críticas del aparato bélico y policial de Irán, así como de algunos de los centros de poder del país. Se cuentan las muertes de numerosos altos cargos del ejército, así como de miembros de los consejos religiosos y políticos destacando el ex-presidente Ahmadineyad (aquel que pusó en jaque Occidente con el programa nuclear) y fundamentalmente, el ayatolá Alí Jameneí. Por supuesto, las víctimas civiles se cuentan por millares.

Ni que decir tiene que sacar del mundo a semejantes impresentables hace del planeta y de Irán un lugar mejor. Desmontar y erradicar un sistema dictatorial, propio de una época medieval, en el que la visión extrema de una religión, incompatible con la vida, la dignidad y los derechos humanos es la doctrina moral y legal que condiciona e impide el desarrollo de sus propios conciudadanos, es siempre una buena noticia. Pero hacerlo, una vez más, al margen de la legalidad internacional, llevándose vidas inocentes por delante y violando la soberanía de otro país es una muestra más de un mundo desquiciado que se va al abismo por momentos.

Las implicaciones de la acción militar conjunta entre Israel y Estados Unidos son de muy amplio calado. El contexto, nacional y propio de Irán, de la región de Oriente Medio, de Asia y el Índico, y para todo el planeta no deben obviarse y por lo tanto, es fundamental conocer bien de lo que estamos hablando, para construirse y transmitir un juicio acertado sobre lo que está pasando. A estas horas los misiles de uno y otro lado se han cruzado sobre Oriente Próximo incluyendo ataques a bases e intereses occidentales en los emiratos de la península Arábiga, como respuesta del ejército de Irán, así como la apertura de nuevos frentes en Líbano. Incluso el suelo soberano de la UE ha sido objetivo al caer algunas bombas sobre la base británica en Chipre

Mientras el ataque bélico unilateral ha eliminado la posibilidad de que el pueblo iraní, empezando por sus mujeres y jóvenes, tomasen el poder y construyesen una democracia o un sistema político y social nuevo, lo que si ha hecho es abrir la brecha a la seguridad y la incertidumbre en todo el mundo. Si la población civil de Irán no va a poder enjuiciar e investigar su pasado y su presente, poner ante un tribunal y ante la Historia a cientos de dirigentes con una visión radical del islamismo que les ha permitido masacrar a la población, al tiempo que se hacían muy ricos, mucho menos se les va a permitir construirse un futuro propio, puesto que el sistema “ofrecido” ya viene teledirigido desde Washington y Tel Aviv con la oscura figura del heredero del Sha en el horizonte.

La excusa de esta guerra está en que Irán volvía a ejecutar un programa de armamento nuclear y de que antes de conseguirlo era preciso acabar con él. Las protestas y la represión contra su propio pueblo, son otra de las excusas que se han aducido en estas últimas 48 horas (y en las semanas previas), pero el motivo del ataque es la reconfiguración total de Oriente Medio, con Israel convertida en la potencia regional tras la ruptura de todas las alternativas que el Islamismo chií tenía en la zona (el Irán de los ayatolás, Hizbula en Líbano, Hamás en Gaza o Cisjordania, Siria, etc.).

Tampoco se deben obviar los balbuceos y debilidades de la presidencia de Trump que más allá de todo el histrionismo y los llamamientos fastizoides del programa MAGA (con sus propias "SS" en los ICE), atesora un desgaste colosal para un primer año de mandato, donde la anulación por parte del Tribunal Supremo, de sus recurrentes aranceles, implicaban el alzamiento de una nueva cortina de humo, una nueva distracción para sus bases. Sin embargo, esta acción, al contrario de lo ocurrido con Venezuela, no parece ser del agrado de buena parte de su propio aparato en el partido Republicano, así como de sus votantes, puesto que hasta a ellos, les parece que embarcar al país en una guerra, tan lejana y ante una nación tan grande y armada, puede provocar sonoros costes y muy reducidos beneficios para el norteamericano de a pie y gorra de beisbol.

Y es que la única conclusión a la que van a llegar los, supuestos, “enemigos de Occidente” es que la única garantía de seguridad es de disponer de armas de destrucción masiva, especialmente nucleares, para poder mantener una posición fuerte que impida el ataque preventivo y unilateral de los auto-proclamados defensores de la libertad y de la seguridad. Tanto la CIA como la agencia Internacional de la Energía Atómica, adscrita a la ONU, informaban de la inexistencia de indicios sólidos que sustentasen el relato de la tenencia por parte de Teherán de armamento nuclear. Si Irán hubiera dispuesto ya del arma nuclear y probada su eficacia, no hubiera sido atacada. Si tienes armas nucleares es para exhibirlas (por lo menos) primero con el afán de disuadir a potenciales enemigos, y en segundo, para henchir de orgullo a la propia nación, por lo que parece evidente que la excusa del armamento nuclear es por lo menos, falsa e infundada.

En conjunto, y como resultado, de estos años de alzamiento fascista internacional, y de escalada de las amenazas de guerra, tenemos el fin del orden internacional salido, no sólo tras la Segunda Guerra Mundial, sino mucho más recurrente, tras la caída de la URSS. Estados Unidos se empeña en mantener una posición de potencia única, como eje central en un mundo unipolar, que ya no existe. Aunque consolidan la vía de la fuerza militar, sin negociación diplomática, ni declaración de guerra, como elemento de resolución de los conflictos, lo que realmente está haciendo Estados Unidos y sus aliados -sobretodo Israel, y algo menos la Unión Europea donde crecen las voces disonantes (no dejamos de hablar de una organización supranacional a la que han cedido soberanía un conjunto de naciones, pero no en materia de representación internacional o militar)-, es alimentar un complejo militar-industrial gigantesco que necesita de guerras y conflictos para ganar dinero

Como añadidura, Trump no sólo ha incumplido con el Derecho Internacional, cosa con la que no se distingue de los presidentes estadounidenses, ya fueran demócratas o republicanos. Además, ha vuelto, por tercera vez, a ignorar los procedimientos políticos de su propia democracia, al emprender acciones militares sin contar con los preceptivos mandatos del Congreso y el Senado. Con lo cual ha quedado ya demostrado, empíricamente, como la democracia es pisoteada e ignorada, si se puede interponer en eso de ganar dinero. Las consecuencias a nivel interno y a la salud del régimen democrático-liberal están por venir.

En general, lo que subyace del ataque estadounidense e israelí sobre Irán es el cambio de modelo de gobernanza e internacional. Se rompen los consensos y las garantías democráticas, de soberanía y de justicia, implantando un modelo autoritario donde va a prevalecer la ley del más fuerte, y sobretodo, la de el que menos escrúpulos tenga. Un camino, ciertamente peligroso, al que como sociedad civil debemos oponernos y resistirnos. El primer paso, será ante el llamamiento a ese escenario de sumisión palmaria a Estados Unidos y a su aparato económico-militar como es la OTAN. Permanecer un solo minuto más en esa alianza belicista, que nos roba soberanía, dignidad y dinero, nos convierte en cómplices. El segundo, e inapelable, dar batalla frente al fascismo que se ha beneficiado en algunos casos demostrados de la teocracia iraní, y en otros, dando empaque a la cesión de dignidad frente a los imperios y sus élites.

La sucesión de escenarios de enfrentamiento esa clara: Desde cuestiones internas como Gaza, o incluso Ucrania, hacia consideraciones de mayor calado, como esta guerra contra Irán, que supone un incremento, que puede acabar en un enfrentamiento contra Rusia y China (no necesariamente coaligados más allá de frente a un enemigo común denominado “Occidente”) por la hegemonía mundial.

Aún así, hay quienes consideran que todos estos enfrentamientos no están relacionados y que son independientes. Interesados en hacer creer que lo que está en juego es la democracia, cuando eso es lo que menos les interesa, o incluso, la detestan. Extrapolado al tablero internacional hablamos de una disputa que va de hegemonía única o hegemonía multipolar. De relaciones con marcos y reglas claras basadas en el respeto y la transparencia, a teatros imprevisibles donde las acciones de fuerza se hacen con ninguna o poca antelación y que provocan una escalada de impredecibles consecuencias.

En todo esto tiene que ver la evidente pérdida de impulso y poder que está viviendo Estados Unidos, ya no sólo como potencia única, o como último Imperio, sino más allá, de la propia estructura y dinámica de país. El paso, inexorable como sociedad civil, es "des-americanzar" el mundo, haciéndolo más amable, más natural, más humano e intentando con ello, abolir la guerra y la violencia como método de resolución de conflictos.

Al estilo de la caída del Imperio Romano, la decadencia yankee que comenzó, indudablemente, cuando cayó su natural enemigo, la Unión Soviética, va acelerándose paso a paso, presidente a presidente, y semana a semana. La primera fase fue la exhuberancia de sentirse sólos en la cúspide, sin un enemigo al que batir, y sin ningún tipo de límite a sus intereses y deseos, al no haber alternativa real. En esa ensoñación se limitaron las transformaciones y adaptaciones necesarias a ese nuevo contexto. En vez de proteger a las clases populares estadounidenses, se apretó aún más el acelerador de su desposesión y claudicación para goce de los inversores y capitalistas. El sueño tuvo un abrupto despertar el 11 de septiembre de 2001.

A continuación una sucesión de presidentes, de ambos partidos, incapaces de parar el golpe, ni de dotar de dinamismo a su sociedad y economía. El actual un octogenario sociópata narcisista, misógino, corrupto, amoral y caprichoso. Entre medias de sus dos mandatos un presidente demócrata senil y corrupto desde los años 70, Joe Biden. En conjunto, unas copias malas de los Andropov y Chernenko en la URSS de los 80.

Donald Trump, rodeado de un gabinete de psicópatas y fascistas ejemplo de lo peor que el mundo ha dado. Acusado por la prensa y alguno de sus ex-amigos de ser parte integrante de la red pederastra de Epstein (un turbio personaje con pasado en los servicios secretos de Israel, Reino Unido y Estados Unidos, que fue, convenientemente, “suicidado” en prisión). Una administración sin rumbo fijo, con cambios de hombres y nombres, que demuestran la inexistencia de un plan de gobierno. Que suman ya varias docenas de mandatos del tribunal supremo o del Congreso ante el saltado de normas propias. Con un Trump que un día dice una cosa y al siguiente al contraria. Maltratando a sus aliados a base de aranceles disparatados que no han impedido el aumento constante del desempleo y la pérdida de bienestar de la población local. Ahora ya embarcado en guerras fuera de Estados Unidos, algo de lo que había hecho campaña, y que le había valido amplías capas de apoyo popular de un país harto del papel de policía del mundo.

¿Las siguientes escenas en esta escalada de la Guerra Mundial y el fin de Estados Unidos como potencia hegemónica? Pues en primer lugar vamos a ver qué capacidad le queda al ejército iraní y el régimen de los ayatolás de defenderse, fundamentalmente de Israel. ¿Tiene capacidad de aunar una liga chií contra sus atacantes? En qué estado están las fuerzas de sus posibles aliados en Siria, Líbano, Palestina ¿Cuál será la actitud de las potencias árabes de los petro-dólares como Arabia Saudí, los Emiratos o de Turquía ante el avance del gran Israel como potencia hegemónica en la región, la única con armas nucleares?

¿Qué capacidad le queda a la oposición democrática, laica y de izquierdas para construir un Irán de dignidad y futuro? ¿Le interesa eso a los actores implicados?

¿Qué piensa hacer la Unión Europea? ¿Hasta cuándo durará la OTAN?

¿Qué actitud van a tomar Rusia y China, tradicionales aliados, aunque con reservas, con respecto a Irán y su república Islámica? El petróleo iraní reúne buena parte de las respuestas a esta pregunta, así como el acceso al estrecho de Ormuz para los barcos rusos y chinos, y el cierre o no de los gaseoductos que desde los Urales hacen negocio en Europa.

¿Y la India y el resto de BRICS, contando con Indonesia? ¿Qué papel puede jugar Pakistán en todo esto? Hablamos de países cuya población se cuenta en centenares de millones de personas, tienen ejércitos sobredimensionados por años de intereses estadounidenses en la zona y cuentan con recursos minerales propios.

¿Hasta cuándo durará este ecosistema de frágil paz, dopado por una ola de neoconservadurismo, por no decir, directamente de fascismo, ante una realidad de nuevos países y agentes?

Estamos en la antesala de un conflicto global con implicaciones que pueden acabar en la destrucción mutua y en una extinción masiva. De cómo nos mantengamos informados, alentando el pensamiento crítico y la activación social, dependerá y mucho, nuestro futuro, y también el de la humanidad. 

 

sábado, 3 de enero de 2026

Agresión militar a la soberanía de Venezuela

  

La imagen de cabecera de este artículo ya ha quedado obsoleta. A menos de 10 días del primer año tras la segunda investidura de Donald Trump, y a tres días de cumplir los 5 años de su Asalto al Capitolio, el presidente naranja ha ordenado el bombardeo de Venezuela, así como el asalto de equipos especiales al Palacio de Miraflores, residencia presidencial, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. La acusación, torcitera y manipualda, es la de "líder de una trama de narco-terrorismo", en una suma hacia adelante en la que procuran una tibia carga moral a sus acciones para tratar de disimular lo evidente.

La suma de acontecimientos, culminados con la acción militar unilateral de esta madrugada en Venezuela (mañana en España), contaban con un aumento de la presión violenta e imperialista sobre el país sudamericano. Ataques y muertes a supuestas lanchas de narcotráfico, secuestro e incautación de petroleros, órdenes presidenciales que autorizaban operaciones encubiertas de la CIA sobre el terreno, y no menos importante, escalada del belicismo a través de la diplomacia tanto con sus aliados en el continente como en Europa. A estas horas, nadie esconde que en las últimas negociaciones con Putin al calor de lo que sigue ocurriendo en Ucrania, se ha tratado el tema de Venezuela, para con el mirar para otro lado autorizar los deseos de cada sátrapa en su área de interés. Y como siempre, la Unión Europea pillada con el dedo en la nariz.

A estas horas ya está difundida la imagen de Maduro maniatado con bridas de plástico y cegado con gafas oscuras de limitación sensorial. El anuncio de Trump a través de su red social privada, y después desde su residencia en Florida, donde pasa la mayor parte del tiempo jugando al golf-o, culminará el lunes con un paripé de juicio a Maduro en Nueva York. Y todo este secuestro ha sido el objetivo final de la primera invasión militar en suelo de una nación iberoamericana desde la ocurrida en Granada en 1983.

Evidentemente tal ataque carece, y de hecho ni ha procurado conseguir, del más mínimo aval jurídico o diplomático internacional. La legalidad brilla por su ausencia, si es que se puede hablar de legalidad cuando se trata de amedrentar y someter a naciones soberanas. Una vez más, una administración yankee sanciona la toma de decisiones unilaterales que supone la escalada de violencia, el asalto bélico, la apropiación de recursos estratégicos y materias primas, el ahogo económico de sociedades y naciones extranjeras y la representatividad de los dirigentes de aquellos estados. Ya sabéis: las elecciones, si las ganan “los nuestros” serán justas y de plenas garantías; si no es así, es que están manipuladas y carecen de rigor y verosimilitud. Y por supuesto, se deslegitiman hasta volverlas absurdas, las instituciones multilaterales, en teoría ideadas, para evitar los enfrentamientos bélicos. Se caen muchas caretas.

Toda esta operación militar corresponde en primer lugar a un nuevo lavado de cara de la administración Trump, toda vez que a un año vista desde su segunda investidura, la popularidad del mangante ha ido cayendo. Los bandazos en economía interior, la sangría constante de puestos de trabajo y la pérdida de muchas coberturas sociales siguen lacerando el populismo de un presidente, que al igual que en su primer mandato, es incapaz de dotar de dinamismo a un economía de tinte neoliberal que presenta severas disfunciones a la hora de dotar de bienestar a las poblaciones locales. De cualquier tipo de color de piel. Ni los abusos de matón de colegio con respecto a los aranceles, ni tampoco las amenazas de restaurar el área de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en especial, hacia Venezuela o Groenlandia, hacían reverdecer la popularidad del mangante. Las “nuevas” fotos con el pederasta de Jeffrey Epstein y el goteo de casos de abusos sexuales han acelerado un desgaste que trata de minimizarse a través de la invasión de Venezuela y el cambio de régimen.

En un segundo lugar, y por supuesto no menos importante, Estados Unidos y Donald Trump, así como la élite financiera, tratan de reflotar la economía patria, apoderándose contra natura de los recursos minerales de Venezuela. El petróleo sigue siendo fundamental en la economía, y pese a que se sabe que las reservas del país caribeño son de difícil extracción y penosa rentabilidad, mejor será tenerlas “controladas” que no expuestas al aprovechamiento de otras potencias, en especial China. De hecho, la amenaza que suponía el casi seguro cambio del dólar por el renminbi, la moneda china, como unidad monetaria de referencia para el negocio petrolero suponía una pérdida insoportable para las finanzas de la economía de Estados Unidos. En ese sentido, y fruto de la especial relación entre los opositores a los regímenes de izquierdas de países como Venezuela o Cuba, u otros latinoamericanos, era de esperar una agresión como la ocurrida en el día de hoy. De hecho, los contrarios al régimen bolivariano chavista dan mucha vergüenza ajena, cuando no miedo, alegrándose de que bombardeen su propio país. O incluso, pidiendo una intervención similar aquí.

Pero hasta aquí las razones convencionales. Hasta este punto la teoría geoestratégica clásica que ha tratado de explicar el ecosistema de relaciones internacionales en base a factores de teoría económica y política interna y externa. A partir de ahora hay que hablar de la víscera, de la reacción y de una concepción autoritaria del poder que desprecia, no sólo la legalidad internacional, sino otros aspectos de la democracia que le resultan molestos como la opinión pública, la libertad de prensa, la rendición de cuentas o el control legislativo por parte de las cámaras. Trump, y los fascistas repartidos por todo el mundo, interpretan el poder desde un punto de vista personal. Aúnan en su figura el estado y sus recursos e imponen su voluntad por medio de la amenaza de la fuerza y la violencia.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un peligro sistémico y sistemático para la humanidad y para el planeta. Una ausencia de responsabilidad moral, política e histórica que impide la contención y la comprensión ética de la realidad que queda sometida a los impulsos narcisistas y esquizoides de elementos que acumulan una concentración de riqueza económica, de impacto comunicacional y de poder militar como nunca antes se había visto en la Historia. Ni siquiera en el alzamiento de los fascismos de los años 30 en Europa.

Ante esta amenaza constante, hecha fuego y escombros en Venezuela, a la concordia y la legalidad internacional no cabría esperar otra respuesta que la unión de la comunidad de naciones, con sus respectivas sociedades al frente, para romper con esta inercia. Denunciar, y no sólo quedándose en las palabras, la agresión imperialista y neo-colonial de Estados Unidos. Romper las relaciones, especialmente las de ámbito cultural y económicas (expulsar de una vez las franquicias de comida rápida sería un buen comienzo). Clausurar para siempre el anacrónico y desigual pactismo que interpone la OTAN y organizaciones supranacionales claramente neoliberales, y por lo tanto, afines a los intereses de Estados Unidos, y contrarias a la tradición y necesidades europeas. Todo esto y más, exige una coordinación política y comunicativa, difícil de conseguir en este mundo de alzamiento del nuevo neo-fascismo, pero en algún momento habrá que romper estas cadenas con personajes como Trump, con Milei, Netanhayu, Urban, Meloni, etc. O será demasiado tarde.

De hecho, a los que conmemoran y celebran el ataque unilateral e indiscriminado de Estados Unidos en Venezuela, o que piden uno similar para esta España "comunista" según ellos, les invito a que revisen el listado que encabeza este artículo. Que lean las fechas y los países. Y que revisen, simplemente con ir a la Wikipedia basta, el estado actual de esas naciones. Como la mayoría han pasado de tener progreso y un futuro con garantías de igualdad, y la tan proclamada "libertad", a considerarse por todo el mundo como estados fallidos. Países sin unas mínimas condiciones de seguridad, legalidad, reconocimiento o solvencia para garantizar ya no sólo el bienestar de su población, su dignidad e identidad, que eso al fin y al cabo es lo que menos preocupa a Estados Unidos y a los neoliberales, sino de un básico nivel de estabilidad socio-económica que permita los negocios. La lista es interesante: Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Haití, Somalia, Liberia, Irak... Reflexionen.

Y también reflexionen sobre el hecho innegable de que se alegran de esta violación flagrante del derecho internacional para derrocar un regimen publicitado como "comunista" o de izquierdas. Habría que veros si a estos defensores de la democracia y la libertad les hubiera dado en su momento por intervenir para derrocar la dictadura franquista (acuerdo que estuvo sobre la mesa y aceptado tanto en Yalta como Teherán), o en la actualidad en lugares donde están destrozando los derechos humanos como El Salvador o Argentina. Pero claro, si las elecciones las ganan "los nuestros" son ejemplos de "libertad, soberanía popular y garantías democráticas", y sin embargo, si las ganan los otros, la izquierda, entonces esas mismas elecciones "están manipuladas, robadas, es un fraude y sus vencedores ilegítimos".

Por su parte, a la ciudadanía no nos queda otra que organizarnos en defensa de la democracia y la soberanía de los pueblos. Volver, si es que se ha hecho alguna vez, a exigir el respeto a los derechos humanos, especialmente el de la vida en dignidad y la identidad de todos los colectivos. Y que está demanda se convierta un cimiento básico de cualquier gobierno. Volver a salir a las calles es el mínimo que nos queda en este contexto para denunciar esta agresión fascista y neo-colonial, así como la conveniencia de Estados Unidos con el genocidio en Gaza. Y fundamentalmente, con la promoción de un modelo social, económico y político empeñado en robar dignidad a las clases trabajadoras de todo el mundo y en generar estados vasallos que le deban sumisión y funcionen como sucursales de un estado de las cosas que se demuestra fallido y criminal.

En este 2026, cómo no, seguimos ante un momento histórico importantísimo. Toda persona demócrata, que crea en la libertad y la igualdad. Que se considere una buena persona y piense en un futuro mejor en el que vayamos en una mejora constante en las condiciones de vida de todo el mundo tiene que implicarse y sumarse. Generar un proceso de organización y movilización frente a estas agresiones constantes, este estado de malestar y esta inseguridad vital, climática, económica, política y social que quieren imponernos las élites neofascistas. No valen silencios, ni individualismos, ni indiferencias, como tampoco agitar banderas interesadas o prejuicios de todo tipo (raciales, culturales, económicos, etc.). O damos batalla por un mundo digno, o nos arrastran a la barbarie y el fango.

Solidaridad con Venezuela y con todos los pueblos dignos y libres. Lucha frente al fascismo.

 


jueves, 16 de octubre de 2025

Un tibio alto el fuego


 

Ayer 15 de octubre fue el día de la Huelga General por Palestina y en contra del genocidio cometido por Israel en Gaza. Y ayer muchos paramos por solidaridad y convencimiento en la dignidad del pueblo palestino, en el valor de todas las luchas por los derechos humanos que a través del mundo se están llevando a cabo frente a los opresores y fascistas, y por último, por la propia trascendencia de un movimiento social que debe provocar el alzamiento de todas las buenas personas que llevamos años pidiendo salidas más democráticas y justas al caos social e internacional. Y si, también en lo referente al perenne conflicto en Oriente Próximo.

El paripé de Trump ha dado con el fin de los bombardeos y las matanzas de gazatíes pero no ha cerrado en absoluto las ansías colonialistas de la élite sionista israelí. Ni siquiera ha puesto en solfa a la opinión pública hebrea, salvo escasas excepciones, y pese a un desgaste colosal tampoco saca a Netanyahu del poder ni mucho menos lo sienta ante un Tribunal Internacional de Derechos Humanos por delitos de genocidio y lesa humanidad.

Evidentemente muchos respiran aliviados y celebran un tibio alto el fuego, por supuesto empezando por los supervivientes de dos años de invasión militar y ofensiva y un horror de múltiples caras entre las que destacan las torturas, el hambre, los bombardeos sobre hospitales y la matanza indiscriminada de civiles y selectiva de periodistas. Las víctimas de tanta barbarie (67.507 según cifras oficiales, me temo que muchas más) siguen sepultadas en los escombros, marcadas de por vida los heridos y mutilados, y contando por decenas de miles el número de refugiados. No parece que todas estas personas, estos seres humanos, hayan sido tenidos en cuenta en el besamanos a Trump -y a Netanyahu y al sionismo-, del pasado lunes en Egipto, por parte de todos sus aliados en la zona y algunos individuos o países concretos como Noruega, Bélgica, Irlanda o España, cuyos mandatarios fueron expresamente invitados por el anfitrión por su paso al frente en el reconocimiento del estado palestino. El silencio y complicidad de la Unión Europea ultra liberal clama el cielo.

Trump en su auto-proclamación al Nobel de la Paz (tan indigno premiado hubiera sido como el que lo haya sido una fascista reconocida que aboga por una invasión militar a su propio país) ha promovido en conveniencia con Netanyahu este acuerdo de paz firmado con Hamás, por el alto al fuego y la liberación de los rehenes del 7 de octubre -y entrega de cadáveres-. También se incluyen el desalojo de miles de palestinos encarcelados, muchos niños y adolescentes, todos sin juicio en las prisiones y campos de detención israelíes.

En general, se trata de un alto al fuego que quiere presentarse como una victoria de Israel, pero que en realidad constata su más horripilante fracaso. Presentado como un estado expansionista, genocida y militarista, incapaz de acabar no sólo con la loable resistencia del pueblo palestino, sino incluso de liberar por su cuenta, de manera unilateral y por la fuerza a los rehenes, que han sonado más a excusa para seguir manteniendo el carácter judío del estado de Israel, a base de matanzas indiscriminadas, ante el aumento de los ciudadanos árabes dentro de sus fronteras. Sin obviar, por supuesto, los intereses pecunarios de los fabricantes de armas de Occidente.

Desprestigiado y visto como el principal escollo para la paz y el progreso de Oriente Próximo, Israel ha aceptado la presión de Trump por un alto al fuego que tampoco vale para dotar de estabilidad política al país, a su sistema autoritario y a su primer ministro, acuciado por la corrupción. Un Netanyahu enclaustrado en el gobierno y con un parlamento de derechas y extrema derecha que aún así, ya cuestiona su idoneidad.

Desde luego el plan firmado pronto va a quedar en nada. Primero por la propia intención de Israel de seguir perpetrando el genocidio, estableciendo más asentamientos ilegales según el derecho internacional, y negándose a la solución de los dos estados planteada ya en 1947 y de la que Estados Unidos ha sido, y con cada uno de los episodios de violencia de manera palmaria, cómplice en su negativa. El plan expansionista con la erradicación genocida de la presencia árabe de Palestina para convertirla en el Gran Israel, sigue intacta y las intenciones de los líderes sionistas es continuar en la senda de la guerra, el apartheid y el genocidio.

Pero el alto el fuego, como no, es celebrado por la resistencia palestina, tanto en Gaza y Cisjordania, en el mundo árabe, como en el resto del planeta, primero, porque pone fin a las matanzas, y después porque demuestra lo fallido de los objetivos israelíes y del sionismo.

Sólo la resistencia del pueblo palestino y su ejemplo como expresión máxima de la dignidad humana ha dado alas a que en el resto de sociedades del mundo se alzasen las protestas e indignación de millones de ciudadanos, escandalizados ante este genocidio y por la impunidad y aliento que se ha dado a Israel para cometerlo, por parte de los representantes políticos occidentales. También, y por fin, se ha puesto en solfa los apoyos económicos y comerciales a Israel, en especial, el sustento tecnológico y militar. Quiero en este punto recordar que fueron los estibadores y el personal de los puertos españoles, los primeros en negarse en colaborar con el estado genocida israelí.

Y por supuesto, también se está discutiendo y plasmando el rechazo a las políticas de blanqueamiento del estado israelí, tanto en el plano cultural, con Eurovisión como símbolo, y también en el deportivo con la presencia de participantes israelíes en las competiciones internacionales. Las protestas en la Vuelta ciclista a España han sido la catarsis de un impulso ciudadano, que en muchos países puede imbricar con un malestar generalizado con el estado de las cosas y articular de ese modo, los cambios y revoluciones pendientes.

Pero esta paz que muchos celebramos no nos puede hacer olvidar. La paz nunca puede ser una renuncia a la dignidad ni a la memoria. No puede significar legitimar las tropelías del imperialismo sionista de los últimos dos años, pero tampoco la tierra quemada por guerras de piedras contra misiles de desde hace 70 años. La paz exige justicia, dignidad y reparación. Que Israel reconstruya con sus propios recursos lo destrozado en Palestina. Las infraestructuras y recursos materiales. Que los refugiados puedan volver a sus casas, a sus campos y recuperar su vida para progresar. Aún con todo, no podrá reparar el dolor causado a la población. Ni siquiera con el necesario y justo enjuiciamiento de los responsables del genocidio, tanto a nivel político como militar, así como de los propios soldados que apretaron gatillos y lo celebraron en sus redes sociales.

La paz tiene que ser respetar la dignidad y los derechos de autodeterminación del pueblo palestino. Hacer valer la legalidad internacional y los acuerdos entre iguales. Y romper en definitiva, la sumisión de millones de personas ante unas élites genocidas y supremacistas que desde demasiado tiempo ya han sido defendidas y sostenidas por las élites políticas de Occidente.

 

 

martes, 16 de septiembre de 2025

Una Protesta cíclica por España

 


 

Imagen tomada del artículo de Opinión Público del día 15 de septiembre de 2015, firmado por Noelia Adánez: ¡Qué viva la lucha del pueblo palestino!.

 

El final de la Vuelta a España 2025 fue interrumpido y finalmente cancelado debido a una masiva manifestación en favor de la paz en Palestina, y en contra del genocidio perpetrado por Israel en Gaza y Cisjordania, sin obviar, que buena parte de la protesta y la rabia contenida estaba en las tácticas de lavado y blanqueamiento de la política y los actos de Israel y el sionismo en contra de los Derechos Humanos.

Cada etapa desde que la carrera llegó a España ha sido un acto de protesta contra la presencia del equipo israelí Premier Techeen Israel cycling, y una forma de denuncia contra el genocidio que el estado de Israel perpetra contra la población gazatí, en Palestina y frente a la legalidad internacional y el clamor de millones de personas en todo el mundo. De manera constante y paralela a la flotilla que partiendo desde Barcelona ha cruzado el Mediterráneo para llevar ayuda solidaria a Gaza la presión de la sociedad civil se ha manifestado en cada recorrido y puesto en alerta a las autoridades y organizadores frente a esta táctica de blanqueamiento del régimen sionista y sus criminales políticas.

Palestina es el escenario de un genocidio atroz, donde la hambruna y el bloqueo de medicamentos y ayuda internacional y de emergencia son herramientas de guerra empleadas por Israel y su ejército. También lo es el asesinato de periodistas y personal de ONGs, incluida la Agencia para Palestina de Naciones Unidas (UNRWA), lo cual ya confiere al ataque sobre Gaza todo el horror y toda la deslegitimación que pudiera haber tenido en algún momento la intervención militar israelí.

Una de las partes más importantes de estas protestas es la denuncia de que las élites, los organizadores de eventos y los políticos pueden decir que "no hay que mezclar" el deporte o la cultura con la política, o los acontecimientos que jalonan nuestra vida con la situación y lo qué está pasando en Palestina. Felizmente fracasan y así se está haciendo ver porque es absolutamente falso, y en mundo que se pretende globalizado e interconectado, todos nuestros actos y decisiones tienen múltiples consecuencias y aristas que interpelan a otras personas o entes en todo el planeta. El deporte, la cultura, el cine, la literatura o el turismo sirven, y son ejecutados como armas publicitarias, para legitimar y blanquear las políticas y actos de las élites, y no se puede separar o disociar ambos como si fueran esferas que no tienen nada que ver.

En segundo lugar, es que esta concienciación social en contra del genocidio en Gaza y las actividades de Israel (patrocinadas por Estados Unidos y vistas con buen ojo por parte de la élite europea) es consciente y consecuente. En este mundo actual las acciones son evidentes y están siendo publicitadas, y por lo tanto, deben de ser contestadas y combatidas.

Por último lugar, y una vez más, las protestas, demuestran que son útiles y sobretodo necesarias. Que frente a quienes piensan que “no se debe protestar así”, demuestran que al poner el foco en la participación del equipo israelí y su actuación como elemento propagandístico y blanqueador del régimen sionista, se están combatiendo estas prácticas, diciendo que no son tolerables y que lo que en realidad demuestran es la doble moral y la hipocresía de quienes lo amparan. En una época en la que muchos ya estamos cansados de manifestaciones cuquis y batucadas, que más parecen atracciones turísticas y fiestas sociales, que elementos de expresión del conflicto, es más necesario que nunca recuperar la protesta como interrupción de la vida ordenada y reglada. Sólo así se puede hacer valer la opinión pública frente a quienes quieren ignorarla, e incluso vanagloriarse de una supuesta bondad por permitir la manifestación.

Y en este escenario internacional hay que sentirse orgulloso de España, su sociedad civil y de la gente buena de izquierdas, que nos hemos erigido en portavoces y en agentes de la presión política sobre nuestros gobernantes, sobre la gobernanza global y sobre las decisiones de toda índole (económica, cultural, diplomática) necesarias para acabar con el genocidio en Gaza y conseguir una paz duradera, que pasa inexorablemente por la solución de los dos estados.

Evidentemente, todavía hoy no ha parado el genocidio en Gaza. Pero sin duda, estamos mucho más cerca de pararlo que ayer, que el sábado o que hace 21 días cuando la Vuelta a España empezaba. Como ciudadanía, libre y empoderada, se ha decidido no tolerar el blanqueamiento de las masacres en Palestina, no aguantar el terrorismo de estado ejercido frente a la población gazatí, ni las amenazas y elmatonismo de Estados Unidos. Se ha decidido presionar a nuestro gobierno, y a través de él a la Unión Europea y a toda la comunidad internacional, para acabar con esta escalada bélica y criminal.

Y si, se ha hecho con violencia y colapsando el centro de Madrid, así como impidiendo la celebración de una prueba deportiva. Pero es quela situación es muy violenta, como cientos de miles de vidas colapsando y en peligro en Gaza, así como impidiéndose una resolución pacífica, dialogada y de futuro al conflicto entre Israel y Palestina.

 


jueves, 20 de marzo de 2025

El poder del perro y la trilogía El cártel: Una saga contemporánea


 

Hay una saga de novelas que retrata con milimétrica perfección el mundo del narcotráfico a ambas fronteras del río Grande. Sus volúmenes sobrepasan las 700 páginas por título, llegando incluso a más de 1200, y sin embargo, ni se hacen pesadas, ni se vuelven densas. Al contrario, nos hacen viajar rápidos a través de vidas y muertes de quienes se ven involucrados en el tráfico de drogas con destino Estados Unidos. La violencia, la intriga, el terror, las mafias, la geopolítica, los intereses económicos y los recovecos culturales se entremezclan tras ser despedazados con acrítica eficacia. Las múltiples aristas del conflicto del narcotráfico y sus diversas y enrevesadas causas y consecuencias son expuestas con precisión histórica, y la narración se transforma en un informe detallado del estado de la cuestión. El lector es el encargado de extraer conclusiones y convertir, si así lo desea, investigando e informándose por su cuenta, la ficción en realidad. Esa trilogía tiene la firma de Don Winslow y se denomina El Cártel. La propia novela homónima es la segunda entrega (2015) y ha cerrado el conjunto, por el momento, La Frontera (2019). El poder del perro (2005) inició el camino tortuoso al infierno para una serie de personajes, mientras que los lectores nos montábamos a lomos de una narración vibrante, y al tiempo descriptiva y periodística, para llegar a un paraíso de la trascendencia y la calidad literaria.


Don Winslow nació en Nueva York en 1953. Su formación estuvo ligada al periodismo y la Historia de África, lo que le llevó a pasar parte de su vida en Sudáfrica. Allí comenzó una carrera como guionista y escritor, a la que sumaba sus propias experiencias como investigador, incluso llegando a trabajar como detective privado. Experiencias que le han permitido un extenso conocimiento sobre el crimen organizado y las motivaciones personales de los individuos y los grupos delictivos. Esto le llevo a ir desarrollando varios guiones televisivos y cinematográficos, que con más pena que gloria fueron apareciendo y desapareciendo, hasta que en 2005 conseguía publicar una auténtica Obra Maestra, El poder del perro.

En ella, Winslow pone el paisaje del narcotráfico que afecta a millones de personas tanto en América del Norte como América Latina. Da inicio a la acción en la década de los años 70, llegando en esta primera obra a los años 2000, en los albores de la Guerra contra el terror de la administración Bush Jr. tras los ataques del 11S. De hecho, como hilo conductor de las siguientes entregas, los pormenores de la política exterior estadounidense, contextualizados al nuevo escenario internacional, marcarán el devenir de los personajes y de la realidad del narcotráfico.

La dinámica del tráfico de drogas y la guerra contra el consumo y su comercialización se exponen siguiendo la línea de los acontecimientos reales e históricos, incluyendo las políticas y los personajes políticos, algunas veces de manera real y directa, y otras a través de inspiraciones más o menos veladas. De esta manera, el autor dopa de realismo, verosimilitud y urgencia el relato. La investigación exhaustiva de Winslow para construir su universo de drogadicción y violencia, es tan completa gracias a su inclusión tanto de las ambiciones y corrupciones de la alta política y las élites económicas, y en sus intereses concretos, como en la vida de dolor y penurias de las clases bajas. Y lo logra y lo traslada a ambos lados de la frontera.

La novela El poder del perro, escrita por Don Winslow, se sitúa en el cruce de caminos entre el narcotráfico, la violencia y la corrupción que asedia a México y Estados Unidos. A través de una narrativa intensa y compleja, Winslow nos ofrece un retrato desgarrador del fenómeno de las drogas y su inexorable conexión con las instituciones, la policía o el sistema judicial.

La trama de El poder del perro se desarrolla a lo largo de varias décadas, abarcando desde de 1970 hasta principios del siglo XXI. La historia es contada a través de diferentes personajes, entre los que destacan Art Keller, un agente de la DEA, y Adán Barerra, un poderoso narcotraficante mexicano. A medida que se desarrolla la narrativa, se exploran las vidas de estos hombres y el impacto que el narcotráfico tiene en la sociedad y en sus propias existencias.

La novela comienza con la entrada de Art Keller en el mundo de la lucha contra el tráfico de drogas. Desde el principio, queda claro que su misión no va a ser sencilla. Winslow presenta la DEA como un organismo plagado de conflictos internos, donde las decisiones son tomadas a menudo bajo presiones externas, debido a la complejidad del problema del narcotráfico. Keller, de este modo se convierte en un personaje trágico, imbuido en un desgaste físico y moral profundos, comprometido con su deber, pero constantemente enfrentado a una burocracia ineficaz y a la omnipresencia del dinero y el poder que proviene del negocio de las drogas.

Por otro lado, Adán Barerra representa la ambición desenfrenada y la brutalidad del mundo del narcotráfico. Su ascenso al poder es paralelo al debilitamiento de las instituciones que deberían detenerlo. A través de la figura de Barerra, Winslow pone de manifiesto cómo el narcotráfico se infiltra en todos los aspectos de la vida, desde las decisiones políticas hasta la vida cotidiana de los ciudadanos.

Uno de los elementos más destacados de la novela es el uso de la violencia y el miedo que genera como herramientas de control. La narrativa no escatima en detalles sobre la brutalidad que acompaña al narcotráfico, mostrando cómo las muertes, las traiciones y la manipulación son moneda corriente en este oscuro universo. A lo largo de las páginas, se observa una espiral descendente que afecta tanto a los traficantes como a aquellos que intentan detenerlos, creando un ciclo interminable de sufrimiento y destrucción.

Winslow también usa personajes secundarios para enriquecer la trama, dándole voz a los efectos colaterales del narcotráfico en la sociedad. Estos personajes reflejan la desesperanza, la adicción y la tragedia personal que resulta del consumo de drogas, así como sus repercusiones en el entorno familiar y social. Estas historias individuales se entrelazan con la narrativa principal, dando forma a una imagen nítida del complejo impacto del narcotráfico en la vida de muchas personas.

 

Si me centro en la forma de escribir de Don Winslow en El poder del perro, y en toda la saga, una de sus principales éxitos es la construcción del relato bajo una perspectiva múltiple. Siguiendo la línea del tiempo, salvo algunos pocos flashbacks, Winslow nos va presentando las vivencias y sensaciones de los distintos personajes, lo que consigue mostrar una visión completa de todo el ecosistema que rodea al narcotráfico en América. Desde agentes de la DEA, a narcotraficantes. De cultivadores a sicarios. De víctimas inocentes a drogodependientes.

Su prosa es directa, muy emotiva, y que no se corta en mostrarse honesta, hasta incluso la brutalidad o lo dantesco. Esto lleva al lector a hundirse de lleno en un mundo donde la moralidad es inexistente y todo se mide en base a la ambición, el dolor, la violencia y el miedo. Para ello ayuda el que Winslow no se frena en mostrar a los personajes tales y como son en diferentes situaciones, incluso llevándolos al terreno de la vulnerabilidad, para enseñar al lector las motivaciones más personales que impulsan las acciones. Describe la venganza, el deseo, la avaricia o el amor paterno-filial si sirve para discutir entre buenos, malos y muy malos.

Todo se completa con un estilo muy cinematográfico, ágil y generoso en la descripción tanto de ambientes como de estados mentales. Esto facilita de manera increíble la lectura voraz de los distintos libros. Lo siento amigos, pero cuando empieces con esta saga, no podrás parar hasta la última letra.

Y es que el tema, tan actual, apasionante y trascendente empuja la lectura hacia adelante. Este tema es, no puede ser de otra manera, el narcotráfico, así como las múltiples aristas de un problema social de amplísimo calado, con profundas raíces en la sociedad actual, tanto desde el punto de vista económico y moral, pero también político y cultural. Y a través del narcotráfico, Don Winslow aborda otro tema de amplio espectro: el desmoronamiento y ruptura del Sueño Americano.

La quiebra social y cultural que se está viviendo en Estados Unidos y en todo Occidente es ampliamente tratada, al ponerse en cuestión los distintos problemas interrelacionados que se generan en torno al tráfico y consumo de drogas, así como las profundas brechas sociales que se van abriendo debido a la corrupción, la violencia y el fracaso de respuestas políticas. Las incoherencias y contradicciones del modo de vida americano, así como las graves injerencias en la vida y política de millones de personas en el continente se muestran con toda la crudeza, invitando al lector a la reflexión, al tiempo, que le otorga la posibilidad de ampliar su conocimiento sobre los temas tratados en la saga El Cártel.

En esta línea se enmarca el contexto histórico sobre el que desarrolla toda la trilogía que empieza con El poder del perro. Don Winslow pone en cuestión el estado geopolítico en América, mostrando la fallida hegemonía estadounidense sobre el continente. Incapaz de frenar el flujo de drogas hacia sus ciudades, incluso planteando cómo se abren y cierran vías a conciencia, Estados Unidos fracasa al plantear soluciones drásticas (fumigación de cultivos, militarización, persecución e investigación policial o fiscal, presión diplomática, etc.) que además provocan severas disfunciones en los países afectados, en especial, y en primer lugar, en México donde los cárteles de la droga se convierten en entes cada vez más poderosos capaces de sustituir al débil estado mejicano allí donde éste no puede llegar.

Por si esto no fuera poco, las soluciones económicas y los tratados comerciales han abierto nuevas vías para que el tráfico de drogas se convierta en un sector económico de pleno derecho, con productores, comerciantes y distribuidores, altamente especializados, incluidos los grupos violentos en Guatemala o Nicaragua, o las columnas de abogados y financieros encargados de limpiar el dinero de la droga. En todo ello, el autor recoge el testigo de la monumental obra de Howard Zinn, La otra Historia de los Estados Unidos, para desentrañar los oscuros, ocultaciones y más profundas perversiones de la política estadounidense tanto dentro como fuera del país.

Las ramificaciones llegan a la selva colombiana, y las implicaciones políticas muestran lo errado del intervencionismo norteamericano en América Central y del Sur. Winslow muestra como bajo la lucha anti-comunista se favorecieron estructuras paramilitares y mafiosas que hoy dominan el comercio de droga en el hemisferio occidental, creando flujos de droga hacia el Norte y de dinero y armas hacia el Sur.

La globalización y la hegemonía neoliberal son abiertas y diseccionadas a lo largo de toda la trilogía, mostrando sus contradicciones, sus profundas taras y las brechas en las sociedades que parasita, tanto la propia estadounidense como otras. De hecho, personalmente llegué a El poder del perro gracias a la recomendación directa de Jaque a la Globalización, de la periodista Pepa Roma que ya en la reedición de 2008 de esta obra, la incluía una cita del trabajo de Winslow como muestra del negocio mil millonario de la droga y sus profundas insercciones en la vida y la sociedad de millones de personas.

Por lo tanto, este contexto histórico desarrollado por Don Winslow en toda la trilogía es fundamental para entender la crítica social que presenta su obra. Tanto a nivel de las implicaciones de los distintos estados, sus élites y las políticas, conscientes u ocultas que han llevado a cabo. Siguiendo el marcado de la geografía tal y como nos ha enseñado Robert D. Kaplan en La Venganza de la Geografía, Winslow muestra las causas y diversos efectos que el conflicto provoca en toda Latinoamérica. Además, señala los efectos devastadores de una guerra contra las drogas que deja víctimas por millones a ambos lados de la frontera sur. Y por último, traslada al lector la responsabilidad en la reflexión sobre la verdadera naturaleza de la lucha contra la droga, la obligación y necesidad de buscar soluciones más humanas y efectivas (el propio autor ha señalado en varias entrevistas la única vía útil para luchar contra este problema en la legalización de sustancias).


Sin duda, El poder del perro y toda la trilogía firmada por Don Winslow es una pieza clave sobre el narcotráfico. La relevancia del contexto presentado, el dinamismo de las situaciones narradas y la evolución de los personajes construidos componen un ejemplo válido y atrevido para afrontar el estudio de este problema tan grave. Además, componen unas novelas atractivas, que te revuelven al tiempo que consiguen que no pares de leer. La mezcla entre acción, violencia y sentimiento, y de entretenimiento con crítica social no solo supusieron una novedad, ya asentada, por no decir imitada, desde entonces, sino que consigue la implicación del publico en la reflexión y el dialogo sobre como la sociedad puede enfrentarse y superar problemas tan complejos.

El poder del perro y la saga El Cártel son un testimonio poderoso de la complejidad del narcotráfico. Una obra que merece ser leída y reflexionada por su profundidad, rigor y relevancia actual. Don Winslow logra crear una narrativa que invita a la empatía y la comprensión en un mundo donde la moralidad se desdibuja y la humanidad se enfrenta a sus peores instintos. Sin duda, es una lectura esencial para quienes buscan entender una de las problemáticas más acuciantes de nuestro tiempo, sin blanqueamientos, ni lugares comunes.


Por todo esto, amigas y amigos no puedo más que recomendaros El poder del perro, y toda la saga El Cártel de Don Winslow. Lo siento, os vais a enganchar y no vais a poder parar de devorar páginas hasta conocer qué ocurre con cada uno de los personajes Art Keller, Adam Barrera, su hermano Raúl, Nora Hayden, Sean Callan, … y tampoco vais a dejar de satisfacer ese ansía por conocer más y más sobre el mundo actual, y la tremenda problemática del narcotráfico y las graves implicaciones que tiene a nivel filosófico, económico, social, político y geopolítico, cultural y moral.

 

lunes, 25 de marzo de 2024

Solidaridad contra la barbarie

 

Cuando el terrorismo y la barbarie atacan a la población civil es el momento que las buenas personas, independientemente de sus filias y fobias, de sus manías, de sus intereses y de sus aspiraciones, se posicionen con las víctimas, condenen los atentados y muestren solidaridad y compromiso.

No es el momento, por lo tanto, de aprovechar la coyuntura, arrimar el ascua a su sardina, y tratar de menospreciar el dolor y sufrimiento de quienes no son como nosotros para aplicar brocha gorda y poner el saco con ánimo de llenarlo.

El pasado viernes Moscú sufría un atentado terrorista por parte de unos atacantes pertrechados para el combate, con fusiles de asalto y cargados de explosivos durante un concierto en un recinto cerrado. Más de 130 víctimas y 400 heridos que han sumido a Rusia en un estado de duelo y alerta, poniendo con las orejas tiesas a toda la comunidad internacional.

La autoría no está clara pese a la atribución que se ha hecho Daesh. El Estado Islámico, esa basura humana financiada y auspiciada por Estados Unidos durante las guerras de Siria e Irak.

Puede que Rusia sea el enemigo o más bien sea la cortina de humo con la que asustar al personal para seguir facturándole equipamientos militares, cuyos costos bien podrían dejarse para financiar los servicios sociales, la educación y la sanidad de la ciudadanía. Sin embargo, tenemos a las élites europeas agarradas al clavo ardiendo de la posible invasión rusa y azuzando un odio que caldeé el fuego de la opinión pública para hacerla partícipe (en realidad las clases populares serán las que pongan las víctimas) de un estado de alarma perenne que satisfaga los deseos de los jerarcas de la OTAN.

El servilismo de Europa y sus gobiernos, tanto nacionales como en la Unión, para con Estados Unidos y su decadente imperio es del todo inconcebible. Primero porque nos guste o no, la realidad es que Rusia es Europa, o al menos buena parte de ella, y aunque su situación actual está lejos de considerarse una democracia (estamos nosotros en estos temas como para dar ejemplo) probablemente identitaria y culturalmente tenemos más en común que diferencias que nos separen.

Y después, porque la deriva belicista y agresiva de Estados Unidos es la de un país en descomposición social y política, víctima de un sistema depredador que ellos mismos han construido y alimentado y que ahora son incapaces de revertir. En su disputa por la supremacía mundial, el dominio único y hegemónico de Estados Unidos apenas ha durado 25 años (quizás solamente y no sin altibajos hasta la Segunda Guerra de Irak), y ahora viendo la decadencia ya inminente, y la presencia de otras potencias que discuten ese dominio imperial (China, fundamentalmente, pero también Japón, la India y algunos países emergentes), tratan de provocar un estado de pánico mundial que favorezca sus intereses.

Una suerte de “salto al vacío” o de “patada adelante” de un sistema político y económico corrupto e inmoral, incapaz ya de permitir el desarrollo y bienestar de su propia población, contra más el del resto del globo, y cuya máxima expresión es la disputa electoral entre dos políticos corruptos e inmorales de casi 80 años como Biden y Trump.

Y sin embargo, ahí está Europa, la Vieja Europa, arrodillada ante los desmanes y el aparato militar y mediático de Estados Unidos, viendo enemigos en el Este, saltándose sus propios acuerdos y convenciones y siendo incapaz de plantear alternativas.

Advierten de la inminente guerra. De la necesidad de más gasto militar. De mayores arsenales y ejércitos. El mensaje es como si siguiendo a Napoleón o a la Lutwaffe nos lanzáramos a través de los bosques polacos y los valles ucranianos hacia Rusia, armados con bayonetas y confiando en dominar Moscú antes de que llegué el invierno. Como si la guerra no hubiera cambiado hace 90 años. Como si no supiéramos (quizás no lo sabeís) los combates entre ejércitos regulares y en campos de batalla establecidos son cosas del pasado.

Hoy la guerra es la guerra de guerrillas, de escaramuzas en cuanto al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Y de bombardeos de ciudades siempre con la excusa de acabar con las factorías de munición, combustibles o equipamientos. En cualquier caso se trata de masacrar a las poblaciones civiles, como vemos en Ucrania y en Palestina. Pero también en Congo, en Haití o en Yemén.

La guerra es una descomposición total del día a día de la población. De su salud, de su vida cotidiana, de su psique. Es la degradación total del ser humano, enviado casi siempre a masacrar a sus iguales (cuando no a ser pasto de la matanza) por los intereses y ambiciones de otros. La guerra es el estado de deshumanización máximo, de desmoralización extrema. Las víctimas pueden ser cualquiera, porque nadie está seguro de sufrir las violencias que tolera y fomenta la guerra.

Y sí, puede que estemos en una situación prebélica, con una campaña armamentística, o cuando menos, animando al gasto en armamento por parte de los líderes de la UE y sus políticos liberales. Todos coinciden en la necesidad de armarse. Incluso los que antes querían reducir el cuerpo del estado, porque sobraban médicos o profesores, ahora quieren militares, y sobretodo misiles, aviones y balas.

Curioso es el caso español con un ejército engordado con los que somos llamados “reserva” que no somos más que una población envejecida, sin preparación de ningún tipo, ni física, ni en armamento o supervivencia, y que no hemos disparado un arma (casi) nunca. Incapaz de orientarse en una montaña sin un gps y con un alcoholismo social bien instaurado que deja nuestras condiciones físicas y mentales para el arratre. Estamos como para completar las tropas, cuyo grueso lo forman, y esto lo digo sin ningún tipo de que ya están llenas de latinoamericanos con la promesa de la nacionalidad y un chaleco reflectante para salir a correr por las mañanas en las inmediaciones de los cuarteles.

Pero sin embargo, la sociedad civil, la ciudadanía si se empodera no sólo evitará esta próxima guerra. Sino todas.

Por ello, más allá de lo que digan unos medios de comunicación fieles servidores de sus dueños y una clase política diezmada mentalmente y sin ningún tipo de ética seamos solidarios con el pueblo ruso ahora que están sufriendo. También con palestinos, ucranianos, yemeníes. Y con todas las víctimas de la violencia que el capitalismo y la ambición sin límites ni humanidad de los corruptos y amorales que nos dominan. Y seamos valientes para retirar la palabra y el poder a estos falsarios que dicen representarnos y solamente quieren preservar los privilegios y la decadente mentalidad de los inmorales.


Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...