martes, 25 de julio de 2017

El día de Noam Chomsky



"Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, entonces aún hay posibilidades de cambiar las cosas".

Esta cita de Noam Chomsky es la declaración de intenciones con la que se plantea Captain Fantastic. Y no sólo con la trascendencia de la frase, sino con la figura del personaje, sin duda, el pensador más influyente de la izquierda contemporánea estadounidense, que aparece constante en una película pretendidamente familiar, con tonos de humor, y que se mueve bajo alguno de los lugares comunes más propios del cine indie americano (trastorno, familias desestructuradas y problemas mentales). Pero que además pretende ser un blockbuster capaz de competir, y con éxito, con las películas de super héroes que parece ser la propuesta única de Hollywood hoy en día.

Esta declaración filosófica sirve para abordar muchos de los problemas de la sociedad norteamericana, imbuida en un capitalismo y un conservadurismo extremos. Así, se hace una presentación de no pocos problemas que esta corriente está provocando en Estados Unidos y en su sociedad: obesidad, adicción a la tecnología, la pereza intelectual y cultural, los problemas del sistema educativo, el desarraigo social y con el entorno... Todo ello dentro de una composición que pasa con éxito por ser una película (producto capitalista cada vez más exento de arte) de entretenimiento abierta a un público de masas, habitualmente ajeno a debates políticos y filosóficos, lo que supone en si misma, un hecho revolucionario, coronado lógicamente por el discurso critico y alternativo que contiene.

La película plantea un viaje, como una road movie, físico pero sobre todo existencial, de la familia. Desde el bosque, como lugar de partida, hasta una inevitable vuelta a la "sociedad", con los conflictos e interacciones que provoca en cada uno de los personajes. Todo ello producto de las respuestas y distintos estados emocionales que los miembros de la familia protagonista tienen ante una dolorosa tragedia.
El conductor del autobús y de la línea argumental de la película es el personaje de Viggo Mortensen que ha de enfrentarse a las interacciones sociales impuestas por la sociedad actual y sobre todo estadounidense y de las que huyo en el pasado, harto y extenuado. Ya sea en una autopista, un supermercado o en un funeral en una iglesia, su personaje, Ben Cash tiene que hacer de tripas corazón para soportar el estado de las cosas donde el extremo individualismo y el consumismo, como pilares de la fase ultra liberal del capitalismo, y la angustiosa hipocresía que el exceso de puritanismo exhibe en el catolicismo, han convertido el mundo y a las personas, sin importar la ética y la naturaleza, en un lugar detestable del que es imprescindible huir.

Y para colmo, el enfrentamiento ante el autoritarismo y el oficialismo, encarnados en el personaje de su suegro, con gran interpretación del veterano Frank Langella. Éste, un ex militar de alta graduación es la antítesis del personaje principal con una respuesta en valores y ética diametralmente opuesta, lo que provocará, como es lógico, el enfrentamiento.

Frente a la autarquía de la familia, sostenible y responsable con su entorno, donde lo más importante es el crecimiento filosófico y el entrenamiento físico de todos los integrantes, ya sean adultos, adolescentes o niños, sin ningún tipo de distinción tampoco en el género, aparece la voz altisonante del abuelo, machista y acaudalado que juega con su posición social para presionar e imponer su razón.


Con este planteamiento es importante observar los debates morales y éticos que Viggo Mortensen tiene para tratar de ser coherente con su forma de vida (decisión lógica ante el asqueo que le produce el "estado de las cosas") y su responsabilidad como padre.
Es un choque generacional, pero ante todo es un choque político entre el anarquismo y las posiciones más ultras del conservadurismo americano (religión, bandera, machismo, supremacía blanca y por encima de todo esto, el capitalismo y el estatus social que genera).


También es importante destacar el tratamiento que la película hace de dos temas que son tabú en nuestro día a día y que aquí funcionan como desencadenantes de la historia: Las enfermedades mentales y el suicidio.
Con el personaje latente, de la madre, y su trastorno bipolar y posterior suicidio se contrasta la naturalidad con la que la familia, desde su retiro y exilio, los abordan, frente a la respuesta plagada de vergüenza y estigmatización con la que su familia que sigue en el mundo convencional lo trata.
Impacta ver como se habla con naturalidad tanto la enfermedad mental que sufre la madre de la familia, como sobre todo, su suicidio, una lacra social absolutamente tapiada por los medios de comunicación de masas y la religión, incapaces quizás por interés, de tratar abiertamente este tema que está mostrándose como una respuesta, a la que se está abocando a cada vez más personas debido al extremo individualismo y soledad en el que nos movemos.
Encontrar en una película supuestamente comercial, un tratamiento tan abierto y natural del suicidio, nos debe servir a todos para hacer nuestra composición mental ante el hecho, y así exigir un cambio en nuestra respuesta como individuos y como sociedad, fundamentalmente para evitar que alguien cercano a nosotros, tome ese camino, pero también si se produce finalmente para analizarlo y tratarlo con respeto, solidaridad y veracidad.


El guionista y director, Mark Ross compone una fábula moral que critica el mundo occidental actual y que expone una alternativa, quizás la más subversiva posible: Abandonar la sociedad, refugiarse en el bosque como vuelta física y espiritual a la naturaleza y crear una familia, criar a tus hijos al margen de la ciudadanía, fuera de espacios y comodidades urbanas así como de relaciones con semejantes, aislándolos; enseñarles por ti mismo, cultura, filosofía e historia, ciencias y matemáticas; supervivencia física e intelectual y recuperando el libro como elemento físico de empoderamiento. Una renuncia al capitalismo y una llamada al otro gran pensador de izquierdas americano, siempre presente con su Desobediencia civil y su Walden, Henry David Thoreau.

Así con recursos estéticos como el autobús en el que inician el viaje a la ciudad, o la estética hippie con la que entran en el funeral; con una maravillosa fotografía que sobresale, especialmente en las escenas en el vivo y salvaje bosque de Oregón; y también narrativos, como los entrenos físicos y el aprendizaje, el rito iniciático del hijo mayor, o el relato de la aventura sexual de éste (que sobraba a mi juicio del metraje) Ross plantea en tu cabeza la reflexión y el análisis sobre la sociedad actual (occidental), su sistema de valores y prioridades, y sobre todo nos invita a imaginar y por qué no, a abordar nuestra propia emancipación.
Mención especial a las interpretaciones con un solvente Viggo Mortensen que dota de dureza y fragilidad a todos sus personajes, pero que aquí es capaz de trasladar el conflicto moral entre su coherencia y su responsabilidad. También, como decía más arriba, Frank Langella. Y por supuesto los niños, la prole de Ben Cash, donde a mi juicio destacan George Mackay interpretando al mayor y las dos hijas adolescentes, Annalise Basso en un papel con mucha exigencia física, y Samantha Isler, que expone una prodigiosa voz en el climax narrativo de la cinta: la versión "a capella" del Sweet Child O'Mine con el que despiden a la madre.

Y es que la música, es otro personaje más con una banda sonora primorosa que funciona como un sutil repaso a alguno de los himnos del rock americano de los 60, 70 y 80 y también a temas de la música barroca de Bach y que dejó aquí para vuestro disfrute.



Todo este retrato genera una joya que inexorablemente se va a convertir en una película de culto; una obra de referencia del cine social, reivindicativo y alternativo: Captain Fantastic. Una película dura por el impacto emocional que propone que termina inevitablemente por la reflexión del espectador ante su propio mundo, su concepción de la libertad y el libre albedrío, así como el abandono de la naturaleza más intrínseca del hombre que la sociedad capitalista nos ha impuesto.

miércoles, 19 de julio de 2017

Una gira oval




El mundo del oval llevaba expectante varios meses ante la gira de los Lions (British and Irish Lions) que en junio de 2017 iban a hacer por Nueva Zelanda, y por lo tanto, para enfrentarse y testar a los All Blacks y a las franquicias kiwis del Super Rugby.
Pero también suponía la comparación entre el rugby del norte y el del sur; entre la concepción del juego más ortodoxa y ligada al choque, la del norte, y la del sur, basada más en la velocidad y la combinación. Dos formas que no deberían ser contrapuestas, sino más bien complementarias, explotando las virtudes y minimizando los defectos de cada una de las propuestas, pero que en realidad se muestran como antagonistas.
Mientras en Nueva Zelanda se trabaja con ahínco en la creación de jugadores dotados para la evasión y el juego a la mano, el Norte sigue apostando por un desarrollo más lento y basado en la supremacía de las fases estáticas por encima del movimiento a la mano.
Pero lo que hemos vivido durante el último mes y medio no sólo ha sido la confrontación entre dos de las formas, quizás las más contrapuestas, de entender el rugby dentro del profesionalismo, sino que además y de propina ha servido para comprobar en que situación está Nueva Zelanda a dos años del próximo Mundial de Japón 2019 y al que llegará después de ganar el Mundial de 2015 donde revalidó el título conseguido en 2011. Tras 2015 con la salida de grandes figuras (Dan Carter, Ma'a Nonu, y el capitán Richie McCaw entre los más destacados) existe la duda de ver como se integran los jóvenes. Nombres como Laumape, Naholo, Ardie Savea o Jodie Barrett (el pequeño de la saga que va para ser el zaguero del futuro) entre otros han ido formando parte de las probaturas que Hansen ha ido metiendo de cara al The Rugby Championship de dentro de un mes y sobre todo ante la Copa del Mundo de Japón 2019.
Aún con todo los All Blacks, no sólo son y siempre, los máximos favoritos para proclamarse y revalidar el título de campeón, sino que además al equipo del helecho plateado le rodea un aura de leyenda, como el Mejor equipo del mundo, no sólo del rugby y de este momento, sino de siempre y en cualquier disciplina deportiva.
Enfrente ha tenido a la selección de selecciones británica e irlandesa dirigida por un neozelandés, Warren Gatland, quien como suele hacer, ha sabido hacerse protagonista en lo anecdótico para salvaguardar la integridad del colectivo que ha creado y poder así competir con los All Blacks siendo coherente en su estilo y con una garantía de equilibrio entre ambos contendientes.
Como sucede habitualmente con las selecciones, para la convocatoria de los Lions todos, periodistas y aficionados, en las islas o en el resto del planeta oval, hemos tenido nuestra selección. En mi caso particular he echado de menos la presencia de los hermanos Gray. Los escoceses podían y debían haber estado primero por su rendimiento, y después sin atender ya tanto a la meritocracia, por su lectura del juego ofensivo a la mano donde tienen más recursos que la apuesta “inglesa” de los Itoje, Kruis y sobretodo Lawes.
Más presencia escocesa, quien sin duda ha sido la noticia más positiva del último VI Nations por su apuesta por un rugby más ofensivo y dinámico en detrimento de su tradicional y embarrado estilo, ha sido en general la mayor queja de los entendidos. A muchos nos parecía de recibo premiar al equipo y la apuesta que mejores sensaciones y momentos nos dejaron en el invierno pasado y que gracias al trabajo de otro neozelandés, Vern Cotter, al mando se postula como serio aspirante en los próximos 2 y 3 años.
Además de los Gray, tampoco aparecía en la primera lista su capitán y alma en la bisagra del 15 del Cardo Laidlaw quien finalmente acudió tras la renuncia del inglés Ben Youngs por motivos personales. Y sobre todo fue la ausencia de Finn Russell la que más críticas levantó toda vez que la apuesta para los centros de Gatland entraba lógica en el gales Jonathan Davis (elegido al final Mejor Jugador de la gira) y en el irlandés Heinshaw, pero que con la entrada de Te’o había muchísimas más dudas. Gatland quería músculo y presencia en los centros, quedándose con un jugador mejor defensor pero más robótico frente a uno con mucho más rugby como el escocés.
Y es que era la sobre presencia galesa lo que más críticas generaba, sobre todo tras el rendimiento en colectivo y en individual de no pocos de los del 15 del Dragón. Pero Gatland los conocía y apuró su apuesta sobre ellos en caso como Biggar, Webb, North, Halfpenny o Tipuric. No tuvo problemas para dejar en casa al capitán de la selección inglesa, ganadora de los dos últimos VI Nations, Hartley y a su zaguero titular Brown, no sólo por cuestiones deportivas, sino también porque en el rugby las formas y el respeto son parte tan importante como el juego, o más.
Gatland, anticipará o no la posible polémica por la convocatoria funcionó ante ella como viene haciendo habitualmente: tiró de socarronería para justificar sus decisiones, buscando por un lado poner el foco sobre él y no sobre los jugadores y por otro, demostró compromiso inequívoco y como no podía ser de otra manera con los jugadores que se llevaba de gira, y estos lógicamente, le devolvieron la confianza con el mejor rendimiento que podían dar.
Aquí quiero hacer notar un hecho curioso. Finalizada la polémica de la convocatoria con la propia rueda de prensa de Gatland, los medios británicos se olvidaron de los que no estaban y lanzaron un apoyo sin fisuras a sus chicos. Por supuesto han existido críticas, también de los aficionados, tras los partidos algunas veces con el resultado justificado y otras con el juego expuesto, pero no ha fallado en ningún momento el apoyo, así como un ánimo en disfrutar con el evento, con cada cita semanal bien en sábado o entre semana. En vivir y paladear algo que sucede cada 4 años y como este año, sólo cada 12: La gira de los Lions por Nueva Zelanda.
Por el contrario, desde los medios rugbísticos en español he encontrado una actitud para ir minusvalorando cuando no desprestigiando la gira usando el argumento de “que no van los mejores” o “no tienen ninguna posibilidad” o “proponen un rugby anticuado”. Por supuesto, cuando la atención mediática se ha ido disparando (siempre en los círculos del rugby en España) por las retransmisiones de Movistar Plus o porque ya empezaban los test matches con los All Blacks éste argumento se ha disipado. Pero como digo, me ha resultado muy curioso la actitud de unos, tratando de disfrutar pese a que hubiera disidencia con las decisiones de Gatland, y de otros que se han mantenido hasta que no han podido más en el enfado.

Pero ya voy a centrarme en el juego. En el rugby visto y vivido.

Los British and Irish Lions han jugado 10 partidos en Nueva Zelanda desde el 3 de junio hasta el pasado sábado 8 de julio con un bagaje de 5 victorias dos empates y tres derrotas, con 214 puntos a favor y 168 en contra con un total de 16 ensayos.
Comenzaron con una victoria 7-13 ante la Provincial Union XV, selección provincial neozelandesa; después vino la primera derrota ante los Blues 22-16 que arrasaron a unos Lions erráticos en ataque (algo normal) y sobrepasados en defensa ante la velocidad de los back de la franquicia kiwi peor clasificada en el Super Rugby. Las dudas se fueron manteniendo pese a ganar a Crusaders sin ningún ensayo (3-12) y con la derrota ante Highlanders (23-22) en uno de los mejores partidos por juego, de toda la gira.
Recuperaron sensaciones los turistas (tal y como en el argot se conoce al equipo de los Lions cuando lleva a cabo sus visitas al hemisferio Sur) ganando bien a los Maori All Blacks (10-32) y con un gran despliegue a Chiefs (6-34) para terminar su serie de partidos contra las franquicias con un empate a 31 frente a Hurricanes, ya habiendo iniciado sus test matches frente a los All Blacks, por lo que les faltaban no pocas piezas de importancia a los actuales campeones del Super Rugby.
Y es que 3 días antes se iniciaban los partidos grandes de la gira con el primero de los tres enfrentamientos entre los All Blacks y los Lions, donde los locales llevaron la mayor parte del tiempo la iniciativa del juego (sólo unos minutos al terminar la primera parte se vio más cómodo a los turistas, que culminaron un gran ensayo, el mejor de todo el mes, por medio de O’Brien tras una ruptura excepcional de Liam Williams). Durante casi todo el partido el oval volaba de lado a lado de las cortinas de los All Blacks con precisión y velocidad, reciclando jugadores y situaciones, y donde los Lions a duras penas sólo podían contener el vendaval. Al final 30-15 y la sensación previa de superioridad kiwi confirmada lo que hacía temer por una derrota estrepitosa en la serie de los del hemisferio Norte.
Pero nada más lejos de la realidad. Como decía más arriba Gatland acaparó las críticas en su persona, aisló al equipo de las mismas y lo amoldó a su estilo el juego y la respuesta táctica ante lo propuesto y ejecutado por Nueva Zelanda. Así, con un compromiso inquebrantable del plantel y con una intención clara de embarrar los rucks con pocos hombres para mantener retaguardia ante la conectividad All Black, lo que exigía mayor empaque físico y muscular frente a virtuosismo, fue como los Lions ganaron el duelo táctico.
La iniciativa en el juego siguió siendo kiwi, pero incluso sumando puntos, estos fueron haciendo lo que Gatland quería: Que no se descosieran los partidos y se mantuvieran en marcadores cortos. Para ello necesitaba que su guardia pretoriana galesa, los Warburton (capitán de la gira), Faletau y Alwin Jones se complementará con la cacería inglesa liderada por Itoje, y con el complemento de un inconmensurable Sean O’Brien para las abiertas y quizás el jugador más decisivo en el resultado final. Si además le sumamos la lluvia que torno épico el segundo partido de la serie, encontramos el escenario para la catástrofe perfecta de Gatland: Victoria 21-24 en Wellington.

Aquella lluviosa noche (calurosa y temprana mañana para mi) todo hacía indicar que habría un dominio abrumador de los All Blacks, pero la realidad es que los condicionantes como arbitraje, climatología y por encima de todo el saber hacer de Warren Gatland, concedieron la iniciativa del juego a los turistas. Y es que los Lions impusieron su modo y modelo de juego, con mucho tacticismo para parar el juego ofensivo rival e infligir mucha presión durante toda la serie por parte de unos Lions que supieron leer el partido mucho mejor en general. El juego al pie se convirtió en decisivo apareciendo nombres como Owen Farrell (tremendo al pie toda la gira) y sobretodo la bisagra irlandesa de Murray y Sexton que con patadas a la espalda de al cortina neozelandesa y Garryowens causaron estragos en la seguridad del rival. En vez de imbuir a más delanteros en los rucks, dejaron la iniciativa a los All Blacks, para concentrar fuerzas en defensa de la línea y poder apretar a los backs kiwis cuando estos reciben y tratan de hacer los despliegues. Así pese a que se sucedieron los golpes de castigo, minimizaron el número de ensayos encajados (8 en 3 partidos, son “pocos” para los All Blacks) y además encontraron el inusual bajo nivel al pie de Beauden Barrett, quizás con mucha exigencia física.

Los ensayos de Faletau, reciclándose al modo sureño como un ala, tras un genial despliegue Lion y de Connor Murray reviviendo el particular castigo que infringe a la bisagra All Black por el intervalo hicieron justicia con el planteamiento táctico y la lectura de juego de Warren Gatland.
La polémica final alimentada por un Hansen preocupado de justificar los resultados y el juego All Black, siempre en la serie por detrás de la lectura táctica de los Lions (gran victoria de Gatland) ha estado en el arbitraje. En el segundo test match, con el arbitraje de Jerome Garcés y la expulsión justificada de Sonny Bill Williams (tercera roja que ve un All Black en sus casi 114 años de historia) y el "perdón" a un Vunipola que además de sufrir en melé, por donde ha venido la notable ventaja All black en las estáticas, culminó un horrendo partido con hasta 5 infracciones sólo saldadas con un sin bin, sino también, con la permisividad para con los Lions en la normativa del fuera de juego, treta para ensuciar con el ánimo de dificultar la continuidad de juego de los All Blacks.

Lo más sorprendente quizá analizando el resultado con algo de tiempo y perspectiva es ver cómo han conseguido los Lions mantenerse en los partidos, ante un equipo como los All Blacks, absolutamente eficaz en aprovechar sus oportunidades y castigar inmisericorde los errores del rival. Y eso que hubo un buen número de fallos, tanto con el balón a la mano, como en forma de infracciones que se cometieron por ambos equipos.

Lo indudable y lo mejor es que al final hemos tenido un mes y medio de rugby muy interesante y entretenido. Con más emoción que calidad, la serie ha resultado empatada, y los grandes vencedores hemos sido los espectadores que hemos disfrutado de un mes de rugby de nivel, muy emocionante que en estas sobre cálidas mañanas de junio y julio nos han entregado a la pasión del deporte.

martes, 18 de julio de 2017

Catalunya: Derechos, Oportunismo politico y conciencia



Viñeta El Roto,

Voy a hacer un ejercicio de contrición máxima. Soy de los que piensan convencidos de que "Catalunya" y la "cuestión nacional" no son más que sombras chinescas, o señuelos, o fuegos de artificio para despistarnos. Para hacer que el pueblo pierda el foco de lo realmente importante y centre su atención en debates espurios, llevados al paroxismo y lo grotesco. Al igual que pasa con el tema "Venezuela" (donde lo que realmente pasa es que se quiere que Repsol y con él, toda la oligarquía españistaní ponga sus sucias garras sobre las reservas de petróleo del país caribeño, las mayores del mundo, en vez de que queden en las manos y el destino del pueblo venezolano. Que haya muertos y se premie a la mafia criminal local es lo de menos), "Catalunya" funciona como maniobra de despiste para seguir usurpando dignidad y libertad a la clase trabajadora.

Cegados por Catalunya continúan y crecen las políticas ultraliberales con las que nos roban, nos mienten y nos matan. Con las que hacen negocio con nuestros derechos, nuestra vida y nuestro entorno medioambiental.

Dicho esto, es necesario dejar claro varios aspectos:
1. Este país necesita una profunda revisión de su modelo territorial para ir hacia un modelo entre iguales, federal, garante para cada región-estado y cada ciudadano y ciudadana que resida en ellos. Es inevitable ese análisis y su constatación y práctica en un nuevo modelo constitucional. Y si la cuestión catalana o el conflicto vasco ayudan a abrir ese debate y desde posiciones sosegadas y reflexiones de nivel se alcanza un mejor empaque territorial, bienvenido sea.

2. El derecho de autodeterminación es un derecho colectivo inalienable de la condición humana y recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, por lo que quien se oponga a ello, automáticamente no puede considerarse, ni ser considerado, demócrata.

3. Desde mi punto de vista personal, no puedo más que empatizar y comprender el deseo y aspiración de cualquier pueblo, ciudadano y ciudadana que quiere dejar atrás la rancia, cutre y atrasada España.

4. El PP en su estrategia nacional para perpetuarse en el poder y legislar a favor de los de siempre, ha utilizado y utiliza, los sentimientos nacionalistas periféricos como arma arrojadiza. Presentándose como firme defensor de la Unidad de España, ha destilado todas las ofensas posibles, desde el Gobierno y los medios, para intervenir en la desestabilización del clima político entre Catalunya y España. Su tesis es muy sencilla: No importa el independentismo catalán y quien o quienes se sumen a él. Lo trascendente es el redito electoral en Castilla manteniendo bajo capa y espada el ultra centralismo de Madrid, lo que no deja de repartir buenos sobres y mordidas. Especialmente, rentables y curiosas han sido las ventajas electorales que han conseguido en los territorios limítrofes de Catalunya con indeseables y corruptas consecuencias para las asoladas Valencia, Baleares y Aragón.

Como bien decía Bakunin, el nacionalismo es un invento de los privilegiados para igualar las clases, para que tuvieran algo en común y por lo que supuestamente integrarse, y así desviar el debate de lo realmente importante.

5. Aliarse o ir con la derecha burguesa catalana es un error que no por repetirse con cierta periodicidad deje de ser grave para la izquierda, y para todo aquel o aquella ciudadana bien intencionada y demócrata. Defender la bandera y la soberanía nacional es la excusa que el PDCat, la antigua CIU de los Pujol, emplea para delinquir y lastrar las vidas de las clases populares en Catalunya. Son ellos quienes recortaron las becas en 2011 y quienes han cerrado plantas enteras de hospitales públicos, mientras permitían que especuladores privados tanto españoles como extranjeros, se instalasen en la Sanidad pública catalana. Son las mismas políticas y la misma corrupción y enriquecimiento personal con las que el PP asola España, con la única diferencia de que vienen envueltas en la Senyera.

6. La izquierda radical debe ser inteligente y diferenciar claramente lo que supone el Derecho de autodeterminación, un referéndum con garantías y trascendencia y tutelaje internacional, frente a una encuesta que únicamente viene a dirimir si quieres que te robe el PP, o la antigua CIU; que te oprima la burguesía española o la catalana.

No debemos olvidar que cuando se ha tratado de dinero, derecha catalana y derecha española han defendido y votado lo mismo. Y no sólo eso, sino que si su propósito común es reducir las condiciones de vida y trabajo de la clase trabajadora y hacer negocio con sus derechos, han mostrado un corporativismo de estrato social que ha disipado cualquier división nacionalista y de bandera. Recordar reformas laborales, leyes mordaza, o defensa de tratados comerciales perniciosos para las condiciones de vida de personas y planeta. Lamentablemente, en la izquierda parece ser, no sabemos operar del mismo modo en defensa de nuestra dignidad, progreso y libertad.

7. La ciudadanía catalana, como la de cualquier pueblo, tiene derecho a solventar este conflicto a través de las urnas, con garantías institucionales y un respaldo serio. No valen chantajes como los de la UE, ni las amenazas veladas de intervención. Frente a un problema se esperan propuestas y ánimo en resolverlo, no órdagos, enroques, ni fantasmadas.

Y por último; En una hipotética consulta con los requisitos de legalidad y seguridad jurídica garantizados, y agotado el debate de la reforma constitucional, o la (mejor aún) nueva constitución con un enfoque federal, si pudiera participar, votaría SI, por la Independencia. Ahora bien, ese SÍ, estaría sujeto a un modelo de estado catalán, en el que los derechos sociales, la justicia, la igualdad, la libertad y el medio ambiente estuvieran garantizados.