viernes, 22 de enero de 2016

Izquierda Unida. Una refundación inaplazable

Alberto Garzón, secretario del proceso constituyente y Candidato a presidente del Gobierno por Izquierda Unida - Unidad Popular mediante primarias en las Elecciones Generales de 2015. Foto de eldiario.es.

Decía Lenin que “hacer la revolución es comprender la realidad”. Y para continuar esa revolución hoy por hoy en cualquiera de los ámbitos de los que me ocupo y apasiono, se hace imprescindible, además por mi reciente trayectoria, hacer valoración, crítica, auto crítica e introspección de la situación del partido político que integro con coherencia y honor: Izquierda Unida.
Tras las elecciones generales del pasado 20 de diciembre la situación no es nada cómoda. Y lo es menos aún con el revanchismo que el círculo de la Complutense, ya trasladado al Congreso de los Diputados ha tratado el tema de la configuración de los Grupos Parlamentarios. Podemos no tenía llave exclusiva para que IU tuviera o no grupo propio en el parlamento. Eso es obvio. Pero no lo es menos, el hecho de que ha confabulado para que desde las candidaturas de confluencias (Compromis, Ahora en Comú y Mareas Galegas) no se desligaran los miembros de IU democráticamente elegidos para favorecer la constitución del grupo propio. Las consecuencias están claras: No restitución de los fondos invertidos en la campaña electoral, de los que el reglamento del Congreso permite para los grupos constituidos (con lo que puede traer en materia de sustentación de la organización con las deudas existentes con la banca privada) y anulación del espacio político y mediático de intervención de Izquierda Unida.
Pero todo esto es consecuencia de unas elecciones que no se puede calificar de éxito. El no poder formar grupo político por nuestros propios medios, tras sólo obtener 2 diputados (en la circunscripción de Madrid) es nefasto y pone en peligro la supervivencia del partido, pero sobretodo de una ideología, la de la defensa de la dignidad y la libertad de la clase trabajadora, cuya vigencia quieren poner en entredicho entre discursos demagogos del Fin de la Historia, o del crecimiento perpetuo.
Pero lejos del habitual tremendismo y ombliguismo del que hacemos gala en esta organización es importante reconocer la realidad. No es la primera vez que Izquierda Unida se queda sin grupo propio en el congreso. Ya en 2008, a la llamada del voto útil (eso de votar a quien no nos gusta para que no gobierne quien nos gusta aún menos), la coalición de izquierdas se quedo con 2 diputados. Mejor dicho 1'5. Gaspar Llamazares que era el candidato de IU a la presidencia y Joan Herrera que era el número 1 de la lista de Iniciativa Per Catalunya Les Verds. Y todo ello con “sólo” 990,000 votos, sin la competencia de un partido artificial creado para (des)-movilizar al voto de Izquierda Unida como ha ocurrido en estas elecciones.
Y si de aquella vez no se salió con la defunción de Izquierda Unida, no tiene ahora porque ser así, más si tenemos en cuenta que a nivel municipal la situación no es tan delicada como entonces. Pero sobretodo es muy difícil vislumbrar la desaparición de nuestra organización, toda vez, que se demuestra como clara, más que necesaria, imprescindible una ideología de izquierdas que elabore un discurso en favor de las clases populares y la legitimidad y vigencia de la lucha obrera; donde los discursos medioambientales y sostenibles no sean mera retórica y frases hechas ante las agresiones que el capital y la avaricia de los poderosos someten a nuestro entorno; y todo ello en un país y sociedad en estado de descomposición ante un cuerpo político tradicional podrido, corrupto y fascista.
Para llegar a esas elecciones Izquierda Unida dio su liderazgo electoral a Alberto Garzón quien a golpe de refundación (nada nuevo ya que viene marcado por los acuerdos de la Asamblea de 2007), primero buscó con generosidad y responsabilidad una confluencia de fuerzas rupturistas con el régimen tardo-franquista y neoliberal. En esa confluencia estaban llamados muchos agentes que finalmente decidieron integrarse en el proyecto político de Izquierda Unida, que bajo el nombre de Unidad Popular compitieron en estos últimos comicios. Sin embargo, ha calado en un amplio espectro de nuestros potenciales electores (la clase obrera) el mantra de que la confluencia fracasó, y en buena parte de ello, por Izquierda Unida, porque no quiso despojarse de las siglas, la mochila o el aparato.
Nada más lejos de la realidad. Podemos en su escalada de traición al 15M, sigue funcionando como una herramienta del sistema. Sirvieron primero para acallar las calles y la contestación ciudadana a tanto fascismo y ahora siguen una hoja de ruta, que no por nueva es desconocida: El arrinconamiento de las posiciones de izquierda con la des-legitimación de un programa radical de auténtica libertad, dignidad, economía al servicio de las personas y regeneración democrática de las que Izquierda Unida es su principal valedor.
Ante la imposibilidad de la candidatura unitaria (toda vez que se demostró que a Podemos solo le interesaba fichar a Alberto Garzón y a algunas personas más para las listas electorales), le siguió un trabajo notable de la dirección de la coalición, elaborando una campaña original, no tan cara, y alejada de los estándares habituales, para acercarse a la gente que generó ilusión y se tradujo en el respaldo del casi millón de votos obtenidos, frente a un silencio mediático absoluto que nos privó de los grandes debates (aunque eso supusiera incumplir la Ley Electoral, pero al capital no le importaba) y donde nuestro candidato, Alberto Garzón, el mejor valorado de todos los competidores se vio aislado y relegado. El reto era superar ese silencio y recordar a la población quien les defiende de las injusticias y el modelo social de todo para el 1%. Quien está por políticas radicales en el atajo y solución de los problemas.
El resultado, ya lo sabéis, ya lo he dicho ha sido sólo obtener 2 diputados con más de 920.000 votos con el único programa rupturista que compitió en las pasadas elecciones. Y tras el Consejo Político Federal del pasado 9 de enero ya se han sentado las bases para una nueva Asamblea en torno a mayo (si el calendario político lo permite) donde han de sentarse las nuevas bases de Izquierda Unida.
No se puede ser optimista con el panorama actual tras las elecciones. Aunque destartalada la mayoría absolutista del #PartidoPutrefacto y tocado el bipartidismo hay dos elementos muy negativos, especialmente si tenemos en cuenta “la que ha caído” en los últimos años: El PP sigue siendo el partido más votado en España y el PSOE sigue siendo el partido más votado en el seno de la izquierda. En términos de voto, el balance izquierda/derecha está, como todo el mundo sabe, en empate técnico... con todo lo que ha caído, insisto, tras 5 años de estafa llamada crisis, de orgía neoliberal cuyo restos se limpian con los servicios públicos de todos, en un estado artificial cuyos artesonados herederos del franquismo se derrumban. Pero aún así vemos una supervivencia del sistema, cambiando el tradicional bipartidismo, que en lo económico no tocaba el poder de la clase dominante, por un nuevo modelo que parece va a derivar en un nuevo bipartidismo 2.0.
Aquellos que pretendemos hacer frente al modelo neoliberal capitalista y avanzar hacia otro modelo de sociedad -lo cual va mucho más allá de encontrar un hueco electoral digno- estamos perdiendo la batalla. Por eso, una reflexión seria y global a este respecto parece inaplazable.
Y en ello Izquierda Unida debe abordar de forma inmediata su propia refundación, como herramienta útil y funcional para la nueva fase en el que la lucha obrera está sumergida. Además, no es ninguna propuesta extraordinaria: es un acuerdo de la penúltima Asamblea Federal de IU que nunca se ejecutó.
Si propongo la refundación de IU no es para contar con una nueva fuerza política cuya única diferencia respecto a la actual organización sea una modernización o, mucho menos, un cambio de imagen, nombre o fachada. En sentido contrario, y aún con mayor énfasis, tampoco es para dar a luz a una nueva fuerza que se sitúe en otro espacio político e ideológico o que reniegue de los valores y grandes objetivos estratégicos que han caracterizado desde siempre a Izquierda Unida.
Izquierda Unida nació en 1986 como un espacio de convergencia entre diversas culturas y organizaciones de la izquierda en torno a un programa común, una fuerza que se autodefinia como un movimiento político y social y que aspiraba a un funcionamiento abierto al entorno social a través de la elaboración colectiva. ¿No os suena terriblemente parecido a los objetivos que nos seguimos planteando -¡29 años después!- cuando hablamos de convergencia política y social o de Unidad Popular?
Y fue tras la III Asamblea IU cuando se da un paso de gigante para resolver este problema: convertirse en un partido plural, diverso, que admite corrientes y partidos en su interior, pero que funciona de manera asamblearia sobre el principio de una persona/un voto.
Sin embargo, el impulso de abajo arriba se va diluyendo en escalones intermedios y aparece lo que aparece tendencialmente en cualquier organización si no se dota de herramientas potentes para evitarlo: cúpulas dirigentes, baronías territoriales y negociación por arriba entre grupos organizados.
Pero aún más grave y propio a la naturaleza de la organización se sucede una guerra interna, que recuerda a lo que escribió Orwell sobre su experiencia en el POUM con las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil:
Un gobierno [el Republicano] que envía chicos de quince años al frente con fusiles viejos de hace más de cuarenta años, y mantiene a los hombres más fuertes y las armas más nuevas en la retaguardia, teme sin duda más a la revolución que a los fascistas”.
Herederos de aquella la lucha por la libertad y contra el fascismo, seguimos equivocados, desgastándonos en una guerra fraticida entre las dos facciones más poderosas de la coalición de partidos, PCE (Partido Comunista de España) e Izquierda Abierta. Los primeros detentan el liderazgo del partido y los segundos componen la vieja dirección. Y en medio los militantes que padecen esta confrontación que desgasta y desalienta. Y así olvidamos que el enemigo es la derecha. Es el fascismo. El capitalismo y su versión más egoísta, el neoliberalismo. El enemigo es la España cutre atrasada, racista, machista y orgullosa de un pasado genocida. Y sin embargo, nos toca, a las bases, desmoralizarnos mientras abrimos los correos internos de la organización con interpretaciones y segundas lecturas que varían si quien lo envía es afín o díscolo.
Así se genera un microcosmos interno donde se bloquean ideas, se paralizan debates, se pierden sinergias, se dejan sin hacer labores y responsabilidades. El funcionamiento interno del partido no resuelve las necesidades ni aprovecha las oportunidades por lo que se agotan voluntarismos y participaciones fruto de esta guerra interna que no tiene claro vencedor, pero si un gran derrotado: La ideología de izquierdas, la lucha obrera y la clase trabajadora.
Por todo esto la Refundación ha de reunir las siguiente características:
  1. Tener como objetivo estratégico el mismo que Izquierda Unida ha tenido desde su fundación: la construcción de una sociedad socialista donde la economía esté al servicio del interés y el bienestar general; una sociedad democrática, igualitaria, fraterna, pacífica y en armonía con el medio natural.
  2. Ser un espacio cómodo y plural para las diversas culturas y organizaciones de izquierda que se identifican con el objetivo primero.
  3. Ser una organización abierta a la sociedad especialmente en lo que se refiere a la elaboración colectiva del programa.
  4. Articular la acción política e institucional y fundar la cohesión interna en torno al programa, vínculo máximo y compromiso máximo con la sociedad.
  5. Desarrollar un funcionamiento radical de democracia directa. Referéndums y consultas a todos los niveles no han de ser una excepción: han de ser una herramienta habitual de funcionamiento.
  6. Dar la máxima importancia a la acción política extra institucional, pegada al terreno, a la calle y a las luchas sindicales tanto de conjunto como de sector y a la incidencia en el conflicto y los movimientos sociales.
  7. Constituir una organización fuerte donde cada miembro aporte en la medida de sus posibilidades y, paralelamente, sienta que cuenta, como individuo, en las decisiones colectivas.
  8. Elaborar un programa de trabajo en cada entorno, desde la Asamblea local hasta la Asamblea Federal, donde con debate, participación y autonomía se defienda el programa común (punto j) y que tenga los siguientes ejes:
    1. Participación de todos los miembros por igual.
    2. Valoración de todos los miembros. La experiencia de los que llevan tiempo en la lucha; la fuerza de quienes llegan por primera vez. Dejando espacios de expresión, participación y trabajo bajo un paradigma de colaboración, diálogo y respeto.
    3. Plan de trabajo ligado a la representación en las instituciones, pero de manera mucho más intensa en la labor en la calle. Acercarse a los barrios, las universidades, los hospitales, los institutos, los centros de trabajo, las bibliotecas, los clubes deportivos, las asociaciones medioambientales y las culturales. En definitiva, al ciudadano para dar respuesta a sus necesidades y ofrecerle mecanismos de integración, aprendizaje y colaboración.
    4. En ese plan de trabajo, se hace imprescindible, volver a una de las bases del movimiento obrero: Generar sus propios medios de comunicación y difusión de ideas, tanto en Internet, como en prensa escrita.
    5. Uso efectivo de las nuevas tecnologías, tanto en el funcionamiento interno, como en la publicidad y marketing externo para dar a conocer las actividades e ideario de la organización.
    6. Hacer base: Simpatizantes y afiliados; militantes con voz, voto y participación efectiva, que puedan y deban desarrollar su propia opinión sobre su entorno y el de la Asamblea en la que participan, así como desarrollar un trabajo voluntario sin llevarles hasta la extenuación ni el agotamiento.
  9. Aplicar correctamente el principio federal como articulación de soberanías, definiendo claramente los ámbitos de soberanía compartida y actuando en consecuencia.
  10. Un programa común, innegociable e irrenunciable, que contenga:
    1. Memoria: Jamás olvidar a quienes pelearon antes por estos principios.
    2. Ecología: Respeto al planeta; sus recursos, plantas y animales.
    3. Demografía: Equilibrio que prevenga la superpoblación y las tragedias migratorias.
    4. Sanidad: Cobertura sanitaria pública y gratuita.
    5. Laicismo: Separación real entre estado y religión.
    6. Educación: Cobertura educativa pública y universal.
    7. Socialismo: Reajuste del modo de producción y justicia distributiva real.
    8. Democracia: Separación de poderes y representación proporcional.
    9. Federalismo: Autodeterminación y cesión de soberanía hacia territorios menores.
    10. República: Elección del jefe del estado democráticamente.


El camino para recorrer es largo en el tiempo pero es inaplazable. Izquierda Unida debe dejar atrás tiempos de disputa interna que rayan lo personal para abrir un tiempo nuevo en el que se configure, nos configuremos, como una herramienta útil para la clase obrera en sus aspiraciones de mayor libertad, igualdad, democracia y dignidad.
Bajo un programa de IZQUIERDAS innegociable, no olvidaremos las luchas inter generacionales, muchas de ellas en la clandestinidad, de nuestros compañeros y compañeras y junto a quienes vayan llegando y sumándose a este maravilloso proyecto seguir con mayor fuerza la lucha para cambiar nuestra realidad y conseguir así el cambio del modelo social y económico que construya un mundo mejor, con mayor democracia, igualdad y libertad.


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jueves, 7 de enero de 2016

Muchas Ciudades en una sóla Ciudad

Barcelona y el Mediterráneo desde el Parque Güell

Si existe una ciudad en nuestro país (o como sea la relación que tenemos entre unos y otros) que es referencia turística internacional. Cuyos emblemas y postales son automáticamente reconocidos. Con el que la mente del extranjero asocia las palabras España y progreso o siglo XXI. Esa ciudad es Barcelona.
Y a Barcelona tuve a bien encaminarme en noviembre en lo que iba a ser una escapada perfecta de fin de semana, en la que conocer tan magnífica ciudad en la previa, con la excusa de disfrutar de buena música en directo y de la compañía de mi pareja.
Pero lamentablemente la barbarie terrorista trajo el daño colateral de la suspensión de la gira de Foo Fighters donde el concierto de Barcelona se encuadraba. Hago aquí un alto para decir que aunque respetable, ¿no deberíamos como sociedades occidentales, avanzadas y sobretodo experimentadas ya en la lucha contra los fascismos, no parar nuestras expresiones culturales, no frenar el ritmo de nuestro modo de vida, más allá del luto debido y la seguridad necesaria? Es una reflexión que dejo ahí, abierta a vuestra participación vía comentario.
Por fortuna Barcelona supo hacerse valer y dejarnos unos días fantásticos en los que poder olvidarse de todo. Y es que es fácil hacerlo al caminar y disfrutar de una urbe poliédrica que por cada zona y barrio que visites se descubre ante ti como un espacio auténtico y propio, inseparable del conjunto de la capital catalana, pero que saben trasladarte más allá de la guía de viaje y el destino del billete de ida.
Estos barrios y distritos por si solos merecen la visita a Barcelona, y la preparación del viaje sabiendo dejar tiempo y espacio para su disfrute y comprensión. Su vislumbre y reflexión te hace empezar a comprender la cultura catalana y propia barcelonesa, además de acabar con la certeza de ver como natural la distinción de Barcelona como punta de lanza del turismo español (destino más visitado) así como de polo turístico mundial.
Con Barcelona no es fácil la tarea de decidir por donde empezar. Pero una vez llegados por el AVE a la Estación de Sants y alojados en el Hotel Sant Angelo (Consell de Cent, 74, Eixample; muy buen hotel por situación, servicios y precio), todo fue uno para deslizarse por el Metro y visitar el corazón de la ciudad, La Plaza Catalunya, lugar de encuentro e inicio de los paseos turísticos de las grandes tour-operadoras. Allí tras degustar unas hamburguesas en la Hamburguesería Bacoa (prometo informarme y escribir en un futuro sobre este negocio) iniciamos camino por el Paseo de Gracià, una avenida que perfectamente se podía confundir con las avenidas de las grandes capitales europeas, construida para el caminante a quien se guarda respeto por encima de la congestión de tráfico que padece. También tiene su espacio entre las innumerables terrazas y puestos el ciclista, todo ello jalonado por una arboleda que no puede competir con la belleza del bulevar salpicado por edificios modernistas de tremenda belleza, entre los que destacan como no podía ser de otra manera, por su imaginativa funcionalidad tanto la Casa Batló y la Casa Mila de Gaudí, Casa Lleó i Morera de Montaner y la Casa Amatller de Cadafalch (esta adosada a la Casa Batló, y particularmente me pareció de gran belleza y originalidad).


Arriba, Casa Milà de Gaudí; Abajo Casa Amatller de -Cdafalch a la izquierda y al a derecha la Casa Batló de Gaudí
 
Pero está serie de paseos reconocibles y nombradísimos no pueden o no deberían cerrar la visita a otras zonas como el distrito de Ciutat Vella donde reside en buena medida el espíritu barcelonés. Quizás tuve la inmensa fortuna de compartir este viaje con una persona que conoce y ama Barcelona, y que por supuesto buena parte de ese amor y cariño viene por conocer los rincones, me atrevo a decir más auténticos de la ciudad y sus establecimientos y calles más singulares.
Y en esa singularidad sobrevive centro histórico de la ciudad, recogido en este distrito de Ciutat Vella. En él conviven los barrios El Raval y el Barrio Gótico, el Born y la Barceloneta todos ellos con personalidad propia. Puedes perderte por las intrincadas calles del gótico, que igual que si estuvieras disfrutando del centro histórico de cualquier ciudad. Allí puedes pararte a vislumbra la gótica fachada de La Catedral de Barcelona, pero que fue construida en 1913, o bien puedes deleitarte con la belleza neoclásica del centro político de Catalunya, la Plaza Sant Jaume, con su maravilloso puente neo-gótico entre el Palacio de la Generalitat y la Casa dels Canonges, y continuar camino hasta llegar a los edificios históricos de la Universidad de Barcelona, pasando por una buena maraña de conventos, casa nobiliares y pequeñas plazuelas y fuentes jalonado siempre con estimulantes comercios.
El lugar de avituallamiento obligado debe ser la tetería Salterio (Carrer de Sant Domènec del Call, 4), un pequeño rincón de paz y misticismo donde se mezclan en el ambiente y en los sentidos la extrema amabilidad y delicadeza de su regente, con los mil y un sabores que las especias y productos naturales dotan a las riquísimas pócimas que en forma de infusiones y pastas y salados árabes ofrecen al cliente. Si vas una vez, casi seguro gestionarás tu agenda por Barcelona para volver una y otra vez.
Para empezar bien un día en el que quieres conocer hasta cuatro particularidades de este totum que es Barcelona, lo mejor que puedes hacer es acercarte a una de “Las Granjas”. Este tipo de establecimientos funcionan como el auténtico bar de desayunos, tradicional y castizo donde las principales armas son la sencillez en el trato y el arte de preparar los productos, la naturaleza y frescura de los mismos, así como el raigambre del espíritu histórico y popular del emplazamiento en el que se encuentra. Destaca La Granja Palleresa (Calle Petritxol, 11, en pleno Barrio Gótico), donde a un cuidado y servicio tradicional, le suman unos productos fantásticos, como un impresionante chocolate a la taza, así como artesanales ejemplos de repostería que van desde los churros y porras (con un mínimo toque grasiento) a magdalenas, ensaimadas y croissantes de producción propia. Y ni que decir tiene que los no menos artesanales flanes, arroz con leche o cremas catalanas son una invitación a pecar con la gula de aliada.
Bajando por La Rambla hasta caer al Born, donde en una suerte de “La Latina” barcelonesa se construye un barrio vivo y luminoso aspectos que se disfrutan al dialogar con los vecinos y los comerciantes y restauradores. Antes de llegar allí se puede disfrutar de la impresionante e imaginativa fachada del Palau de la Música, así del conjunto arquitectónico donde se engloba el Museo de Picasso en Barcelona. Y justo en la entrada de este barrio la Iglesia de Santa María del Mar, realmente bella e imponente, para posteriormente en otra plaza encontrarte con el moderno edificio del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).
Un lugar de avituallamiento de obligado cumplimiento es El Xampanyet (Carrer de Montcada, 22) para degustar un vermut casero envidiable, así como la especialidad que da nombre al local (una suerte de vino blanco espumoso). Sus tapas son copiosas, destacando las anchoas. El precio me resulto algo caro, para ser el típico bar de toda la vida (lleva abierto más de 80 años), pero supongo que es lo que sucede cuando un local tradicional se lanza hacia el cliente extranjero y se convierte en referencia en las guías y recomendaciones.
Ya que se está por la zona no se puede dejar de visitar el parque de La Ciutadella, un lugar verde excepcional, fresco y acogedor, sobre el que descansar y huir del ruido de una urbe del tamaño de Barcelona. A la hora de comer más que recomendable resultó ser La Llavor dels Origens, cocina catalana en un ambiente juvenil y desenfadado. Un gran lugar para disfrutar de productos ecológicos con una gran presentación. Y todo para terminar la jornada por el entorno de La Barceloneta, que representa otra singularidad de Barcelona, que se presenta ahora como una ciudad marítima, abiertamente mediterránea, con bien diferenciados una peculiar y encantadora zona pesquera, con otra más turística y delimitada por el puerto deportivo. Tan destacable era disfrutar de la arena y el agua junto al sol de noviembre, como elevar la vista hacia las cumbres que dejan la ciudad entre la montaña y el mar.
Para descubrir otra personalidad de Barcelona se puede emplear una mañana para acudir al mercado Els Encants, en el barrio del Eixample. Lo que hoy podía pasar por un rastro de una ciudad cualquiera, es en realidad lo que queda de uno de los mercados de artesanía más antiguos de Europa (data del Siglo XIV) y en el conviven en su parte baja los puestos de venta ambulante, con la parte de arriba ya en el nuevo edificio diseñado para tal fin, con los puestos estables. En estos, para mi lo más interesante, puedes encontrar de todo entre los artículos de segunda mano y antigüedades. Desde música, tanto vinilos, cds, como tocadiscos y demás aparatos de reproducción. Productos artesanales, libros, decoración para el hogar, ropa, accesorios, juguetes, armas de colección... Especialmente estimulante encontré una tienda dedicada al mundo del coleccionismo en general y el frikismo en particular, donde encontrar desde muñecos de acción de cualquier cómic, peli o serie de tv, a posters de cine e incluso réplicas de los coches trabajados en Fast n'Loud. El establecimiento se llama Dacasa, y si hubiera estado currando unos 500€ no dudo que me habría dejado en ella. En definitiva, un lugar donde perderse, aprender y disfrutar comprando.

 Sagrada Familia de Gaudí
Desde allí es un agradable paseo por El Ensanche Barcelonés acercarse hasta la Sagrada Familia. Para que os hagáis a la idea es recorrer entre las imágenes del skyline barcelonés de la Torre Agbar (al lado del mercado Els Encants) hasta las torres de la póstuma composición de Gaudí. Por supuesto inacabada, abarrotada de gente y con una entrada a su interior insultantemente cara y abusiva es la foto más elemental de la capital catalana, pero no por ello, al menos en mi opinión la más bella. Ni siquiera como obra de Gaudí, puesto que considero sus casas nobles del paseo de Gracia así como los edificios que legó en León o Astorga de mucha mayor belleza y más aún indudable funcionalidad. Supongo que como se suele decir habrá que esperar a verla a acabada, valorando como se comporta con el entorno (encuadrada en un parque pero a la vez encerrada entre calles de tráfico rodado) así como la monstruosidad en cuanto a tamaños y exigencias técnicas.
No se puede decir que has visitado Barcelona si no se lleva a cabo un paseo para paladear el Barrio de Gracià. Sin duda alguna elemento del ensanche barcelonés donde se asentaron las clases trabajadoras y hoy sus vástagos, se empeñan en considerarse clase media. Pese a todo cabe indicar que hablamos de calles de inusitada belleza, compuesta por la racionalidad con la que se buscó maximizar la funcionalidad en el espacio, con plazas y parques que invitan a la vida en la calle, así como viviendas con amplias ventanas y coquetos balcones, donde colgar la estelada.
Mi incursión en Gracià fue pequeña, pero bastó para descubrir un magnífico lugar para vivir dentro de Barcelona, toda vez, que los precios de la vivienda sean razonables, ya que aunque con problemas de movilidad y tráfico si que ofrece al vecino y vecina todo lo necesario en cuanto a servicios para vivir.
El recorrido terminaba en otra muestra del genio de Gaudí, el Parc Güell, platea perfecta donde vislumbrar el Mar Mediterráneo con toda Barcelona expuesta a él. Un lugar mágico, como bosque de piedra, en el que perderse y encontrarse en la ruleta de un tiempo que detiene y arranca Gaudí expresión máxima del modernismo donde la búsqueda de belleza y utilidad se conjugan para crear espacios ideales. Si con la Sagrada Familia, en mi opinión pecó de opulento, aquí clavo un diseño que regala a Barcelona observar su propia imagen.
Para terminar esta primera experiencia por las calles de Barcelona, dejamos Montjuic y la Plaza de Espanya, en el distrito de Sants-Montjuic. Desde la Plaza Espanya y el Parc Joan Miró, dejando de la lado la antigua Plaza de Toros hoy convertida en multicentro comercial ascendemos por la montaña de Montjuic hasta el impresionante Edificio del Museo de Arte Nacional de Catalunya que va salvando la ascensión a través de terrazas coronadas con fuentes ornamentales. Ya en él se hace imprescindible rodearlo a través de los Jardines de Joan Maragall, donde además si uno se gira puede comtemplar la réplica a la panorámica desde el Parc Güell, volviendo a ver Barcelona en este caso, recorrer la línea de playa y extenderse hacía las montañas. Ya allí el paseo por la zona olímpica, con el Estadio, el Palau Sant Jordi, las piscinas Picornell y demás equipamientos deportivos legados por los Juegos Olímpicos del 92 enriquecen aún más el cóctel que Barcelona puede ofrecer.

Estadio Olímpico de Montjuic
Como me viene pasando de un tiempo a esta parte, no disfrute en demasía de la noche barcelonesa en su componente de fiesta. Aún así unos pequeños apuntes: El bar del museo de cera es un lugar fantástico para quedar y tomar una cerveza echando una gran conversación; en cuanto a baretos y pubs heavys, quizás fruto de mi desidia con el mundo nocturno, no había hecho una selección previa, pero aconsejado por mi cicerone particular acabamos (toda la noche) en El Tequila, con el detalle de tener auriculares colgados sobre la barra para poder escuchar la música a todo trapo, que le pedías al pincha, mientras el resto de la gente la escucha a un volumen que permite conversar. Quizás sabiendo que mi cultura musical es vasta, sólo nos concedieron un tema de Arch Enemy y otro de Foo Fighters, pero mientras sonaba Airbourne, Sober, Sepultura, Iron Maiden, Muse o Metallica no tuvimos a mal desgallitarnos, luchando por las mierdeces que colaba el resto de la peña y luchando por mantener nuestro espacio en la barra ante las avalanchas de guiris con invitaciones a chupitos que parece que es a lo que se dedica más el bar. Decir que estuvimos hasta el cierre del local y echando un parlao con unos finlandeses y con algunos que flipaban con tal ímpetu de demostración heavy. Después tras el cierre, continuar la fiesta exigía grandes desplazamientos, por lo que desistimos. Prometo volver, y si vuelvo, prometo llevar una agenda nocturna más aseadita.
Pero antes de todo esto, como parte del contrato con mi compinche en este viaje era visitar un tugurio muy especial. Otra peculiaridad de Barcelona, quizás la más singular y petarda. De travestido castizo envuelve un local donde lo decadente y lo sublime se tocan hasta lo pornográfico. Hablo de El Cangrejo (Carrer Montserrat, 9 bajos, en El Rabal).

Momento de la Actuación en El Cangrejo

Para entrar hay que echarle valor. La calle en la que está no te otorga esa seguridad que buscas habitualmente. Ya dentro, la decoración te lleva a través de una colección caledoiscópica que mezcla un museo de los horrores con el escenario low cost de Cuéntame. Pero lo mejor es aprovisionarte al escenario y disfrutar de lo que en él va a acontecer.
Y es que de un momento a otro se van a subir las diferentes drags, algunas incluso septuagenarias, residentes del local que cantan, bailan y se mofan sanamente de la actualidad, de su trasnochada y ajada vida con sus anécdotas más picantes y cachondas, así como de los espectadores con los que interactuán, lucrándose con la vida sexual de cada uno. Antes te habrán soplado 10€ por un tercio, pero con las carcajadas y el buen ambiente te habrás olvidado del precio hasta escribir tu reseña del local en Internet.
Para terminar con mi aproximación a Barcelona, un hecho a destacar es la comparativa. Quizás porque vengo de una ciudad que languidece apasos agigantados, donde su cultura y saber desfallecen ante lo zafio, cutre y rancio. Esa Salamanca abominable en la inmovilidad comparada frente a Barcelona que por el contrario se muestra abierta, orgullosa de su legado cultural y guardián de su intrínseco costumbrismo, pero sabedora de ser un potencial que forma parte de ese mismo carácter mediterráneo acogedor y atento a todo lo que puede ser beneficioso para si mismo y el conjunto de la sociedad.
Si ya de por si pierde la ciudad y perdemos todos los que deseamos un modelo social, de turismo y de ocio y cultura con unos mínimos estándares de calidad, con por ejemplo, Toledo, la cual ya bien conozco, que decir con una Barcelona que no tiene ningún problema es saber recibir oleadas de turistas de perfil bajo y a la vez saber cuidar y ganarse a esos turistas que no les importa gastarse “algo más de 10€”.
No es, por tanto, anecdótica la ya clásica disputa castellana versus catalana, que de un punto grotesco deriva a una disputa entre una Salamanca, cerrada, donde vencieron y convencieron, frente a una Barcelona, que lejos de clamar lo que es suyo (y de todos, personas e instituciones indistintamente), se toma con cierta guasa el affaire de los “Papeles de Salamanca”; es un ejemplo diáfano de dos caracteres enfrentados, que mal conviven en un estado y sociedad que de parte castellana, lejos de reconocer sus limitaciones y anquilosamientos se niega a abrirse a lo que Catalunya (y Euskadi) pueden ofrecerle, y donde por el otro lado, Catalunya lucha por desligarse incluso culturalmente de la influencia y riqueza de un pasado y presente común con Castilla y la vieja España.
Y lo mejor de todo es compartir estos momentos y estos espacios con alguien especial. Una persona que además ejerce de Cicerone asombrosa, descubriéndote esas otras ciudades escondidas. Barrios ajenos a los bullicios de tour-operadores y los agobios de las guías de viajes. Locales y rincones donde poder huir de todo, hasta de los problemas de la vida. Y sobretodo capaz de hacerme vivir en perenne sonrisa, reflejo de la suya propia.
Me quedan muchas “Barcelonas” por descubrir dentro de Barcelona, y no tengo ninguna duda de que volveré a hacerlo y a revivir y recordar en la piel y los sentidos lo experimentado por estos pocos días de noviembre en los que disfrute, aprendí y visite la capital condal.

 La Playa de la Barceloneta

Un verano por Galicia

 Playa de las Catedrales, Ribadeo, Lugo

Esta siendo este un verano ardiente, extremadamente caluroso, sofocante, agobiante, en definitiva, para alguien como yo, quien repudia el calor, y más si es excesivo, un infierno. Por eso recoger la idea, hacer la maleta y salir hacia Galicia, fue todo en uno.

Y fue con la meta de disfrutar de la anhelada compañía, de la benévola y saludable climatología gallega, la gastronomía variada y exuberante y el disfrute de paisajes que ya cogían polvo en mi agenda de pendientes de la geografía hispana y mundial.

Así salimos de madrugada camino del Norte, por la A-66 cuyo tramo recién inaugurado entre Zamora y Benavente además de bienvenido era necesario en aras de la seguridad y la calidad del viaje en las comunicaciones por la antigua Ruta de la Plata.

De esta forma llegamos a Ribadeo, y más concretamente al parking de la Playa de las Catedrales (nombre turístico de la Playa de Aguas Santas). Un paraje espectacular y fantástico el que ha dejado la acción de las olas y el mar sobre los acantilados de pizarra y esquisto durante miles de años. Localizada sobre el término de Ribadeo en Lugo (más concretamente en la parroquia de A Devesa) sobre la misma raya limítrofe de Galicia con Asturias, siempre me había atraído el paraje y ahora vivido y recordado al ordenador no puedo más que emplazar mi deseo de volver y animaros a todos y todas a acercaros allí y disfrutarlo como lo hice yo.

Los arcos naturales que recuerdan a los arbotantes de las Catedrales góticas; las inmensas moles de piedra de hasta 30 metros que se abren en grutas y pasadizos, como si fueran deambulatorios. El lago interior y las pequeñas lagunas que se quedan al retirarse el mar. Los escarpados acantilados y bloques de roca serpenteados por fina arena, todo ello construido por el viento, las olas y el impacto del agua marina.

Deciros que el disfrute del paraje no es libre como tal, puesto que es necesario inscribirse en la lista diaria para controlar el acceso y no deteriorar en la medida de lo posible este Monumento Natural, decretado por la Consejería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia y Patrimonio paisajístico de todos y todas. Éste acceso es gratuito y no supone más que una pequeña cola para confirmar la entrada. Aún así y con todo, nos pareció excesivo el número de personas que deambulábamos por aquella, eso sí en agosto.

Para disfrutar de todas las vertientes del paraje humildemente recomiendo cerciorarse de las horas y períodos de bajamar y pleamar, para así en caso de la primera poder disfrutar bajando a la arena del paseo entre las formaciones rocosas que la Naturaleza ha creado y que en ese momento el mar deja ver, para luego ya en el momento de marea alta, realizar el paseo (delimitado por la pasarela de madera habilitada) por la parte de arriba de la cornisa y poder también desde ahí ver el empuje de las olas, así como oler la mezcla de aromas entre el agua marina, y la vegetación de esta parte superior compuesta por jazmines y otras aromáticas.

Además indicar que hay bastante zonas de aparcamiento habilitados, y que también se pueden vislumbrar restos de un asentamiento romano e incluso una mina romana (existe la teoría de que el paraje no es obra de la naturaleza indómita, sino fruto de la prospección de una antigua mina romana).

Panorámica de la Playa de las Catedrales

Y para comer, ¿qué? Pues os recomiendo el Mario, un bar-restaurante pegado a la estrecha carretera que te lleva a la Playa de las Catedrales dirección a un par de kilómetros. Tiene una carpa como comedor y espacio para aparcar. Y sobretodo una especialidad: El pulpo a la gallega que les queda espectacular. Y eso que no desmerecen las carnes y pescados, así como la afabilidad de los camareros que por lo menos en nuestro caso nos sugirieron bien y quedamos más que satisfechos.

El siguiente destino ya fue ir en busca de nuestro alojamiento. La finca O Bizarro, a la que llegamos gracias sin duda al GPS, puesto que conducir y buscar algo concreto dentro del caos de pedanías, caminos, parroquias y carreteras de Galicia es imposible a menos que seas oriundo habituado o dispongas de la asistencia satelital. Pero aún así, pese a las dificultades en llegar, no puedo más que recomendar esta casa rural, antigua y típica casa de labor galega, reformada para ser un orgulloso y coqueto hotel, así como todo su paraje con ermita y pozo en medio del monte lucense.

Si a la espectacularidad del entorno, la calidad de las habitaciones (espectacular baño y más que confortable cama) y espacios comunes, le sumas la afabilidad y campechanía de José, el dueño y promotor de la idea se saca un lugar donde el descanso es parte activa de la experiencia del viaje haciendo todo ello, sobra decir, parte indispensable para próximas visitas.

De la costa lucense tuvimos tiempo para acercarnos a Foz, Viveiro y Burela. Todos municipios pesqueros que han virado en mayor o menor grado hacia el turismo, destacando por encima de ellos el centro histórico de Viveiro con más de 300 años de antigüedad y que crea un lugar fantástico para perderse de lo exterior y encontrarse en el interior. Y no haría bien si no os dejo otra recomendación culinaria. Ya de vuelta a Ribadeo para cenar paramos en el Mesón O Pepe, y fue más que genial la idea, todo dicho sea de paso, sugerida por una conocida app de viajes que no me paga para publicitarla. Pero lo cierto es que cenamos fantásticamente bien, destacando un plato de cecina de León maravilloso que sirvió de entrante para un bacalao y un solomillo de ternera respectivamente de impresionante sabor y contundencia necesaria. Si a eso le sumas unos postres deliciosos, un buen café y un surtido de licores por cortesía de la casa. Vamos para volver y no salir del O Pepe en Ribadeo.

Estos fueron los primeros días de nuestra experiencia Galicia agosto 2015, y ya ahí marchamos hacia la segunda parte de esta aproximación a aquellas tierras a las que sin duda volveremos. Volveremos por lo fantástico de lo comprobado, por la parte sur que dejamos para otra ocasión, pero también por la imposibilidad material de llegar a otros puntos que planeábamos visitar como Lugo, la zona de Estaca de Bares, A Coruña, Muxia o Finisterra. Y es que he de decir que para poder visitar y paladear todos estos parajes urbanos y marítimos y sin olvidarnos de la montaña y el interior gallego hay que dejar tiempo para la causa. Atravesar Galicia en coche es tortuoso. Las distancias se hacen más largas de lo que parece porque todo fluye a través de montañas y el camino está salpicado de concelos y pequeños núcleos urbanos y las autovías lógicamente (y en función de preservar la naturaleza de la zona) no llega a todas partes.

 Plaza del Obradoiro, Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela

Pero con todo llegamos a Santiago de Compostela, segunda parte, como digo de nuestra incursión, para poder vislumbrar la meta del camino. Y así, con multitud de peregrinos (agosto es el mes más numeroso en cuanto a la llegada de los mismos) disfrutamos del centro histórico y cultural de una ciudad, Santiago, típicamente universitaria al modelo español. Las calles de este centro destilan el ambiente juvenil propio, dentro de un marcado entorno medieval, pero al uso gallego, cuya arquitectura típica se cuida en materiales y técnicas de la humedad incesante de la zona.

Desde que se entra en este centro histórico (nuestro hotel se encontraba en las afueras) vivimos las calles estrechas de paredes graníticas, edificios palaciegos altos y la confluencia multitud de ocasiones en pequeñas plazas, para ir, según nos acercamos al lugar céntrico del municipio, de plazas de mayor tamaño, toda vez que alguno o varios de sus laterales lo componen iglesias y conventos. Destaca en mi opinión por su singular belleza resaltada por las alturas salvadas por escalinatas la Plaza de las Platerías.

El primer paseo como era inevitable y siguiendo los últimos metros de la última etapa del Camino de Santiago acabo en la Plaza del Obradoiro. Decir en primer lugar, que esta plaza rectangular, me sorprendió sobre todo por su tamaño ya que la esperaba de mayor tamaño, al igual que la famosa fachada del Obradoiro, que lastimosamente estaba parcialmente cubierta por andamios y telas ya que está en proceso (y parece que va para largo) de restauración y limpieza.

Pero no se deja de estar en un lugar especial por su simbolismo cultural y por su historia relatada en la belleza de las 4 fachadas de los edificios que la circundan, cada uno de un estilo arquitectónico diferente pero que guardan la armonía suficiente para dotar al espacio de una atmósfera única, atemporal y que como pudimos comprobar en la última de nuestras visitas recurrentes durante estos dos días y ya de noche, te lleva a la reflexión, todo ello en un marco declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al este, la fachada barroca de la Catedral flanqueada por el Museo a su derecha y el Palacio de Gelmírez a su izquierda. Al oeste de la plaza, se encuentra el Palacio de Rajoy, levantado por el arzobispo Bartolomé de Rajoy para dar cabida al ayuntamiento. Al norte, el Hostal de los Reyes Católicos, obra cumbre del estilo plateresco que servía antiguamente de cobijo a los peregrinos. Al sur, el colegio de San Jerónimo, que pasó de ser un hospital de peregrinos a una residencia de jóvenes estudiantes sin recursos. Actualmente alberga el Rectorado de la Universidad de Santiago de Compostela.

Punto de unión y llegada, de marcha y espera, de partida y despedida la Plaza del Obradoiro es el centro de la vida de Santiago. Y en torno a ella de noche y de día se desarrolla una ciudad, y una región, que se muestran acogedoras y estimulantes. No en vano, durante los dos días que estuvimos allí, fueron constantes las actuaciones musicales en las plazas adyacentes, tanto de jazz, rock o música folk celta, y los establecimientos de venta al por menor, se muestran afables y agradecidos de acogerte y aconsejarte cual puede ser tu próxima parada.

Santiago de Compostela, Ribadeo y Galicia, toda Galicia componen un paisaje entre lo real y lo imaginario, lo tangible y lo místico, donde la naturaleza es parte importante. La supremacía de los bosques y montes gallegos frente a la bravura del mar disputan por mostrarse a través del carácter de los oriundos.

Como aviso final, diré que volveré; Y como consejo a seguir por yo mismo en primer lugar, es preparar exhaustivamente el recorrido por Galicia, porque lo merece y es necesario.