viernes, 29 de abril de 2011

Airbourne - Runnin Wild



Un poco de hard rock gamberro y divertido por parte de la banda australiana Airbourne, con su ya legendario tema de 2007, Runnin Wild. A parte del ritmo vibrante y desenfadado de los aussies, claros herederos de sus incombustibles compatriotas AC/DC, de los que han sabido tomar excelentes influencias para llevarlas a su terreno, acompasar guitarras, bajo y bateriía a una voz que te impide quedarte sentado sin levantarte, saltar, gritar y acompañar unos riffs extensos y de notable calidad. Todo el disco de 2007 (también llamado Runnin Wild) es un ejercicio de buen rollo, disfrute y soltura de adredalina para sacar de nuestras venas y lanzarnos a comernos el mundo, y más si estamos ya de fiesta, imposible irte a la cama. Los Airbourne te ofrecen juerga, al más puro estilo rockero de toda la vida, sex, drugs and rock'n roll, y es díficil resistirse ante su talento.

Y para que no falte nada destaca sobre manera el cameo que se gasta todo un Lemmy Kilminster en el video, conduciendo el camión en el que los componentes del grupo tocan y consiguen escapar de varios coches de policía que les persiguen. Una gran manera de presentarse la banda, con un padrino inmejorable, que consigue traer su carga a nuestros oídos para alimentar nuestras ganas de fiesta y cachondeo, de pasarlo bien con los colegas y de escuchar buen rock y buen metal, regándonos con unas inmejorables cervezas. Buen finde, y a disfrutad!!! Salud, birras, sexo y rock and roll...

La historia más absurda jamás contada


Soy un ateo convencido. No agnóstico, sino ateo. Niego la existencia de dios. Qué barbaridad, ¿cómo puedes negar la existencia de dios? Demuéstramelo. Parafraseando al gran Richard Dawkins en su legendaria charla de TED de 2002, respondo: no me corresponde a mí demostrar la no-existencia de dios. Sois vosotros, los creyentes, los que tenéis que probar que dios efectivamente existe. Personalmente, yo también niego la existencia de los unicornios, de los centauros y de los concejales de urbanismo honrados. Dios es simplemente una cosa más en la que no creo. Por qué no, yo podría defender la existencia de una cafetera orbitando alrededor de Marte, fundar una religión en torno a eso, acusar de hereje a todo aquél que lo niegue, y además pedirle que justifique esa no creencia con algún tipo de prueba so pena de quemarle en la hoguera. Es curioso que lo de la cafetera sideral le resulte un despropósito a cualquiera con dos dedos de frente, y lo de la religión no. Conozco a unos cuantos eminentes científicos e ingenieros que además son profundamente religiosos. Gente que sabe de la eficiencia del método científico y que le confían a ese método la construcción de aviones, barcos y puentes de los que dependen vidas humanas. Y nunca les falla. Lo sorprendente es que esa misma gente luego trague con las inmensas ruedas de molinos de los dogmas religiosos. Si yo le digo a un físico teórico que he construido una máquina que contradice cualquiera de los principios de la termodinámica, me dirá que es imposible, me lo demostrará en un papel, y ni siquiera me dará la oportunidad de enseñarle mi diseño. Sin embargo si ese físico teórico es además católico en algún momento habrá tenido que tragar y asumir como ciertas cosas como que Jesús de Nazaret nació de una virgen, que hizo milagros que contradecían a la vez varios principios de la termodinámica y que resucitó y ascendió a los cielos, entre otras perlas. Me sorprende tanto rigor para unas cosas y tan poco para otras. Tan meticulosos en unas cosas y tan relajados y permisivos en otras. Sobre todo cuando unas cosas y otras son contradictorias, porque la multiplicación de los panes y los peces y la ley de conservación de la masa no parecen, así a primera vista, demasiado compatibles. Al principio pensaba que estos científicos creyentes eran capaces de distinguir entre mito y realidad, pero me temo que estaba profundamente equivocado. Un creyente no piensa que su religión es un mito. Yo sí que pienso que su religión es un mito, pero ellos no, porque creen en ella. Creo que es muy importante poder distinguir entre mito, parábola y realidad. Poder discernir entre hecho histórico contrastado, ley física probada empíricamente y personaje mitológico más o menos inventado con el objetivo de contar una historieta con moraleja. Se pueden extraer buenos hábitos y buenas enseñanzas de las religiones, incluso sin ser creyente. También se pueden extraer buenas enseñanzas de la trilogía de El Señor de los Anillos, y sin embargo saber que lo que se cuenta ahí realmente no sucedió. Si esto se toma demasiado en serio, se corre el peligro de que alguien llegue a creer de verdad que Gandalf fue un personaje histórico, que Sam, el hobbit, derrotó heroicamente a una araña gigante en la legendaria batalla de Torech Ungol durante su peregrinación anual a Módor, y acabar vendiendo estampitas conmemorando los triunfos de Sam, el hobbit, frente al reino de los artrópodos.

Hace no mucho que regresé de un viaje por Siria y Líbano, los dos países que me quedaban por conocer de Oriente Medio. Hay algo de esa zona del mundo que me atrae enormemente. Posiblemente el mar de contradicciones en el que viven todos y cada uno de sus habitantes. Unas contradicciones que resultarían muy divertidas de no ser por las demoledoras consecuencias políticas y sociales que están teniendo en la zona.

Hay 2 tipos de musulmanes en este mundo: los suníes, que representan al 90% del Islam y los chiíes que son el otro 10%. La principal diferencia entre ambos radica en un sobrino de Mahoma llamado Alí. Los chiíes creían que Alí era el sucesor legítimo de Mahoma, y los suníes no. ¿Ah, no? Pues me escindo. Y ya no te adjunto en Facebook. Desde el año 632 en el que sucedió esto hasta la fecha, no sólo no se han puesto de acuerdo, sino que se han ido distanciando cada vez más hasta el punto de haber provocado guerras por un “quítame de aquí a este sobrino”. Muy parecido a la rivalidad entre el Frente Judáico Popular y el Frente Popular de Judea de La Vida de Brian, pero en macabro. En 1948, la ONU metió con calzador al estado de Israel en lo que los británicos conocían como Palestina. En una especie de Principio de Arquímedes religioso, la entrada de los judíos desplazó a los palestinos (musulmanes suníes en su totalidad) fuera de su recipiente, y muchos de ellos fueron a caer a la cacerola del Líbano. Allí se encontraron con unos simpáticos falangistas cristianos y se lió la de dios es cristo (nunca mejor dicho) desencadenando la guerra civil del Líbano (1975-1990). Moros contra cristianos. Sólo hacía falta soltar una vaquilla por el pueblo. Y esa vaquilla se llamó Israel, que aprovechó la confusión para meter unos pocos tanques en su país vecino con la excusa de ayudar a los cristianos. No es que los judíos se hayan llevado históricamente bien con los cristianos (fueron los judíos los que condenaron a Jesucristo a la cruz e hicieron rico a Mel Gibson), pero entre cristianos y palestinos, la verdad, no parecía haber mucho color. ¿Y los chiíes? Pues ahí está lo sorprendente: en lugar de tomar partido por los suníes (musulmanes como ellos, al fin y al cabo), salieron a la calle a jalear la entrada de los tanques Israelíes, simplemente porque iban a apoyar a los cristianos que iban en contra de los suníes. Están locos estos asirios. Estos mismos chiíes son los que en la actualidad forman Hezbolá, una ONG de carácter ecologista que recoge escombros del Líbano, los mete en un cohete y se los lanza al país vecino para que los recicle. Y vive dios que los reciclan. Los reciclan y los devuelven multiplicados por mil.

Hay una mezquita impresionante en la ciudad vieja de Damasco, la mezquita omeya (los omeyas fueron precisamente los que se cargaron a aquel famoso sobrino de Mahoma, Alí, al que siguen los chiíes). Al lado de esa mezquita hay varios carteles en los que sale Bashar Al-Assad (el cacique local Sirio y posiblemente el tipo más fotografiado del planeta) abrazando a Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbolah, chií de pro, y por lo tanto seguidor acérrimo de Alí, al que, repito, se cargaron precisamente los omeyas. Es como si en la plaza de San Pedro hubiese una foto del Papa jugando al parchís con Lutero. Hemos perdido el norte.

Y no se puede decir que al otro lado del río Jordán estén mucho mejor de la cabeza. Es probable que no sea un hecho demasiado conocido, pero cuando David Ben Gurión fundó el estado de Israel en 1948 con el beneplácito de la ONU, encontró sus más rebeldes opositores en…los judíos ortodoxos. ¿Por qué? Siéntense que ésta es de traca. Según la versión de El Señor de los Anillos de los judíos, el estado de Israel se debe refundar sólo después de la llegada del mesías. ¿Y cómo nos enteraremos de la llegada del mesías? Pues muy sencillo: cuando llegue el mesías, se levantarán los muertos que hay enterrados en el Monte de los Olivos (actualmente un cementerio judío), que tras lavarse los dientes entrarán en Jerusalén por la Puerta Dorada, arrasarán la ciudad y, junto con el mesías, reconstruirán el Templo de David donde ahora mismo hay una mezquita refundando así el estado de Israel. Y no ahora, Ben Gurión, que no te enteras. Manda huevos. Con lo sencillo que sería que el mesías se apareciese en Twitter anunciando su buena nueva. Lo cachondo es que los árabes se han tomado en serio esta majadería y, no se lo pierdan, han tapiado la Puerta Dorada de Jerusalén, porque oye, con el jet-lag que van a tener los muertos cuando se levanten, no creo que se pongan a trepar muros. Eso y construir un cementerio árabe al lado del Monte de los Olivos, que muy mal se nos tiene que dar para que llegue el salvador, despierte a los muertos judíos y deje a los árabes durmiendo. Desde luego, cuando llegue el mesías en cuestión, se va a montar la de Puerto Hurraco. En versión zombi. Esto y sólo esto (su oposición a la formación del estado de Israel en el 48) es la razón por la que los ortodoxos son los únicos judíos Israelíes que están exentos de hacer la mili, y que, además, reciben una subvención del estado por pasarse la vida golpeándose la cabeza contra un muro. Hay un estado que paga a sus ciudadanos para que se den cabezazos contra un muro mientras esperan la rebelión de los zombis. Muy fuerte.

Estos chiflados, que resultarían entrañables encerrados en cualquier manicomio, son los responsables de decenas de miles de muertos que se ha cobrado conflicto de Israel con Palestina y que dura ya más de 60 años. Estos tipos se llevan pegando tanto tiempo básicamente por culpa de una piedra. Una piedra que, según El Señor de los Anillos judío, fue donde Abraham intentó sacrificar a su único hijo Isaac como prueba de fe hacia dios, y donde un arcángel sin identificar (sospecho del Juez Garzón) le paró la mano y le puso un cordero donde antes estaba Isaac, porque oye, el caso era matar algo, y es de muy mala educación dejar a Abraham con el hacha en la mano. Encima de esa piedra Salomón construyó su templo, Nabuconodosor lo destruyó y David lo recalificó para que finalmente fueran los romanos los que pusiesen fin a tanta locura especulatoria. Ya es mala suerte que esa misma piedra figure en El Señor de los Anillos islámico como el sitio en el que Mahoma ascendió a los cielos. La misma piedra, no la de al lado. Así que los árabes aprovecharon su paso por la zona para construir una templo islámico encima de la piedra en cuestión y lo rodearon de la famosa esplanada de las mezquitas, de forma que en la actualidad los musulmanes rezan justo encima de donde los judíos se golpean la cabeza. Y todo eso con el beneplácito de la comunidad internacional. Yo personalmente soy partidario de poner esa piedra en órbita y mandarlos a todos a pegarse por ella a la Estación Espacial Internacional.

La religión es una herramienta inventada por el hombre, y que en su día servía para morir más tranquilos, explicar lo inexplicable y dotarnos de cierta transcendencia. La humanidad ha ido evolucionando y la religión no. Su papel se ha ido reduciendo gracias al avance de la ciencia y aunque sigue siendo una herramienta útil para mucha gente hay que saber acotarla para que no se convierta en un boomerang y te acabe partiendo una ceja. Hay que educar muy bien a la gente en las artes profanas y tener mucho cuidado con lo que se cuenta sobre las religiones, porque es muy fácil mezclar a Jesucristo con los elfos, pensar que Gandalf es tan real como Sócrates o Julio César y estropear una sociedad entera cuya única obsesión será encontrar el anillo de poder y llevarlo a Mórdor para destruirlo.

La religión intocable

Joder con la Iglesia Católica. Y con los curas. Y con sus secuaces… Pero no. En realidad lo que está pasando no es culpa ni de la Iglesia, ni de los curas ni de sus secuaces. Es culpa de una sociedad que consiente un Código penal medieval y un modelo de justicia que permite que cuatro locos y un juez sectario te metan un paquete por vía criminal a la mínima que se pongan a ello mientras tú te quedas con cara de tonto. Y es que ya lo hemos dicho en este blog una y mil veces. Que tanto reírnos de la intransigencia de la morisma con las viñetas de Mahoma, pero aquí tenemos un Código penal donde abundan delitos absurdos para proteger a las religiones (y especialmente a la única y verdadera, claro). No vale la excusa de que estos delitos nunca se emplean. No. Porque no es verdad, en primer lugar, a la vista está. Porque el mero hecho de que estén ahí es impresentable y resulta que provoca un enorme riesgo para la libertad de todos. Porque estando ahí, pues se acaban usando, ya sea para vetar tetas, ya para castigar procesiones ateas, dando armas a la represión más impresentable a poco que alguien tenga ganas.

Recapitulemos. Una asociación de gente a quien no conozco pero que tiene toda mi simpatía, aunque sea sólo porque se llamen a sí mismos Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores y alguien con ese nombre no puede sino ser un grupo de buena gente, decide convocar una manifestación-marcha-procesión para el próximo jueves para hacer profesión pública, colectiva y festiva de ateísmo y de su compromiso con la razón, el empirismo y la convicción de que brujas, príncipes, hadas y Dioses pues para los cuentos, pero no para la vida real y mucho menos para condicionar cómo vivimos la vida todos en sociedad a partir de dogmas revelados de origen místico. Obviamente, se trata de una acción protegida constitucionalmente por el art. 21 CE, que permite a los ciudadanos que nos reunamos en público para lo que nos dé la gana y como mejor nos parezca siempre que los objetivos de la reunión no sean ilícitos. Las reuniones en España y en cualquier país con un Estado de Derecho digno de ese nombre, como es sabido, ni siquiera requieren de autorización para realizarse, aunque si son en la vía pública sí habrán de notificarse a la autoridad competente (militar, por sup…. ah, no perdón, esto no iba aquí). Y una manifestación notificada sólo puede ser no autorizada si se evalúa con un mínimo de rigor que puede constituir un problema de orden público. Pues bien, los convocantes de tan higiénica marcha por Madrid no sólo han visto cómo se les negaba la autorización de la procesión atea sino que han acabado imputados por varios delitos. Como esto no es Arabia Saudí aunque cada vez lo parezca más, vamos a tratar de explicarlo:

1. La delirante negativa de la Delegación del Gobierno a que se realice la marcha

Una primera parte del asunto, absolutamente vergonzosa y contraria a Derecho (como deducirá cualquier lector mínimamente sagaz a partir del régimen vigente expuesto arriba de modo sucinto), ha sido la negativa del Gobierno a autorizar la manifestación alegando que es Jueves Santo y que eso puede “ofender a los católicos”. Tocarles las pelotas, vamos. Por lo visto el Gobierno progresista y comprometido con los derechos civiles y las libertades que tenemos no se ha enterado todavía de que tocar las pelotas al prójimo, siempre y cuando sea moderadamente y sin violencia ni nada, es un derecho de la gente. Por concretar, con lo que me fastidian a mí las procesiones que pasan cada dos por tres por debajo de mi casa, tanto en lo referido a su contenido como a las molestias que ocasionan, ¿acaso piensa alguien que se podría consentir que los pesados de los católicos salieran de marcha por ahí si el límite constitucional a la libertad se fijara en no herir la sensibilidad ideológica o religiosa de los demás? ¿O en no tocarles las pelotas con sus procesiones insoportables?

Si nos vamos a poner exquisitos pues vamos a serlo con todo Dios, ¿o no? Por cierto, empezando por la anomalía de que las procesiones religiosas de Semana Santa o en cualquier otra fecha del año se realicen violando la ley vigente, ya que a pesar de ser en la vía pública no comunican su realización a las autoridades en tiempo y forma. ¡Que las disuelvan por alterar el orden público sin haberlo notificado previamente! ¿O acaso alguien piensa que una manifestación pública de proselitismo de ese grupo social que son los católicos ha de tener, vete tú a saber por qué razones, un trato diferente al de cualquier otro colectivo con sus creencias e ideología?

Por lo demás, el delirio de la Delegación de Gobierno no da para mucho más. Cabrea mucho, pero a la vista de lo que ha venido después hay que reconocer que se queda en una broma ridícula y patética. Aunque no debemos olvidar que muy probablemente es en parte la actitud lamentable, decimonónica y antirracionalista del Gobierno el que ha dado alas a los siguientes desmanes. Lo que no quita para que toda la explicación dada por la Delegación de Madrid para prohibir la manifestación tenga un indudable valor cómico, por lo que transcribimos las 11 razones que han justificado una cercenación tan brutal del derecho fundamental del art. 21 CE y así al menos nos echamos unas risas:

- El lugar de la procesión “curiosamente” presenta nombres relacionados con la simbología católica. Más allá de que no se entienda el problema que pueda generar a nadie que un ateo vaya por calles con nombres religiosos (o que una procesión vaya por la calle Giner de los Ríos, por poner un caso) para cualquier persona que no tenga algún tipo de carencia grave, resulta evidente que no estamos ante una justificación de peso que permita limitar un derecho fundamental. Si se entendiera que la contradicción es insalvable, como parece creer la Delegación del Gobierno, lo que habría que realizar es una acción que primara el derecho fundamental y cambiar el nombre a todas las calles problemáticas.

- El día elegido: Jueves Santo. Por algún motivo la Constitución no contiene referencia alguna a la prohibición de manifestaciones en los 3 Jueves que relucen más que el Sol y otras fiestas de guardar. Sin duda, habrá que reformar cuanto antes la Constitución para meter esta limitación, pero mientras tanto, lamentablemente, no podemos introducir restricciones a un derecho fundamental sin base constitucional sólida.

- La hora coincide con las procesiones católicas. De nuevo, la Constitución no prohíbe manifestarse a determinadas horas. Tampoco se justifica la razón por la que la coincidencia sería tan dramática. ¿No se pueden manifestar los taurinos a las 5 de la tarde? Esta majadería, ¿qué es? ¿Para evitar desmayos entre los concienzados suficientemente asilvestrados como para pensar que las horas del día son suyas o qué?

- La denominación de los pasos de la marcha. Por lo visto el haber puesto unos nombres cachondos a diferentes pasos procesionales ateos es algo que altera el orden público o así, a saber por qué. La Constitución nada dice de que uno no se pueda burlar de ciertas cosas. Es más, la jurisprudencia del TC dice que el animus iocandi amplía el margen de libertad en cualquier manifestación expresiva. Habrá que revisar esa doctrina, sin duda, cuanto antes no vayamos a quedar todos excomulgados por tener un ordenamiento jurídico peligrosamente librepensador. Pero lamentablemente, mientras tanto, habría que permitir la procesión todavía con más motivo si la cosa tiene un contenido humorístico y burlesco, pues se supone que eso ha de ofender menos, no más, que un ataque despiadado y ayuno de sentido del humor.

- Discurre por una zona con múltiples parroquias. Esto es más de lo mismo. Si las parroquias en esa localización generan tales problemas de orden público que impiden que la gente pueda ejercer sus derechos habría que trasladarlas a lugares menos conflictivos, tales como polígonos industriales, por ejemplo, al lado de burdeles de tronío para que puedan despachar confesiones express, ya que estamos. ¡Todo son ventajas! Acercaríamos los santos lugares a las zonas donde son más necesarios y de paso liberaríamos mucho suelo público ilegal o anómalamente cedido a la Iglesia en el pasado.

- La convocatoria, carteles y declaraciones de los organizadores. La Delegación de Gobierno de Madrid aquí lo borda. Ya saben de cara el futuro los organizadores de manifestaciones. No convoquen, no haga carteles, no hagan declaraciones… porque eso va contra el art. 23 CE. O, al menos, es un fuerte indicio de que algo chungo pueda haber. Por si las moscas, en el futuro, absténganse.Y si eso convierte el derecho fundamental en de imposible ejercicio, mala suerte. ¡Haberlo pensado antes!

- Coincide con procesiones católicas de recorridos “conocidos desde hace años”. Tras este argumento uno escucha la voz de Manuel Fraga bramando…. “la calle es mía”. Allí por donde paso procesional haya hollado tierra alguna vez no podrá haber nunca una manifestación atea, ni judía, ni cristiana… En esas calles también se prohibirán las minifaldas, los besos en público y sólo se consentirán juegos como la canasta mientras tomamos chocolate con picatostes.

- Presencia de grupos antagónicos y radicales. Vayamos prohibiendo la final de la Copa del Rey, con esos grupos antagónicos de seguidores del Madrid y del Barça. Respecto de los radicales, ahí sí, coincidimos con la Delegación del Gobierno. No por la gente de AMAL, que parecen unos corderitos de nuestro Señor, sino por esos tíos que salen en las procesiones de Semana Santa autolesionándose y en comitivas de estética rara, sin duda agresiva, quizás con concomitancias racistas, todos ellos preñados de un poderoso imaginario violento, rancio y machista. Es verdad. Son radicales. Suponemos que los prohibirán.

- Gran afluencia de público y necesidad de proteger la imagen turística de Madrid. La Delegación del Gobierno piensa que, sin duda, la representación en vivo de Autos de Fe con la Inquisición personificada en el Delegado del Gobierno son un excelente reclamo turístico para Madrid y desea potenciarlo. Nos parece una buena idea. Para este año no da tiempo, y además las víctimas se las ha pedido antes una juez, pero para el año que viene a ver si montamos una buena quema de herejes y ya nos salimos, con todos los tour operadores del planeta fletando vuelos charter. Spain is different!!! Allí todavía”ser mucho católicos”. Pueblo español “orgulloso y noble, cristiano, decente”.

- Enclave de alto valor histórico-artístico. Pues nada, ya se sabe. Oído cocina, no más manifestaciones por ahí. Suponemos que las procesiones religiosas recibirán igual trato y las harán desfilar, con cabra de la legión incluida, por la Castellana.

- Policía, Ayuntamiento, Abogacía del Estado y Delegación coinciden en que no debe llevarse a cabo. Pido a mis amables lectores que vayan enlazando los informes de Policía, Ayuntamiento y Abogacía del Estado, a ser posible con los nombres de los pollos que los han realizado, y así nos echamos unas risas. Prometen ser tan psicodélicos como las razones apuntadas hasta aquí.

2. Los convocantes de la manifestación, imputados por varios delitos por una juez de esta peculiares que tenemos en España

Sin duda enardecidos por los éxitos logrados en la represión administrativa de una manifestación tan peligrosa como la que pretendían hacer los ateos porqueriosos estos, varios colectivos habituales en todo sarao de hostigamiento a la razón y a la libertad de pensamiento que se precie se pusieron las pilas y dejaron la impresentable actuación de la Delegación del Gobierno en anécdota grotesca. Aprovechando el triste Código penal español que nos legaron los que prepararon en 1995 el llamado “Código penal de la democracia”, completado desde entonces con varias reformas a cual más represiva, del mismo modo que han hecho en el caso de la capilla de la Complutense o con Leo Bassi y varias autoridades académicas de la Universidad de Valladolid (estos pollos que festejan el éxito son los mismos, y las mismas personas, que también están persiguiendo a esta buena gente), pues han hecho una querella contra los organizadores. Con un tino de estos que sólo se les supone a la policía (que suele saber, por ejemplo, a qué juez de la Audiencia Nacional hay que esperar a que le toque guardia para presentar las cosas) va y resulta que han acertado de pleno y han logrado, por pericia o por suerte, que la cosa caiga en manos de una juez, de nombre María Coro, que se ha cubierto de gloria. Nunca mejor dicho, claro.

La imputación por los distintos delitos daría mucha risa si no diera miedo ver hacia dónde va el país. Porque la acumulación de tipos que se gastan en su querella es un despropósito (aquí tienen el enlace a la querella por si quieren meterse drogra dura en vena y ver la calidad de los pseudo-argumentos jurídicos que se gasta esta gente). Lo más grave, sin embargo, no es que una serie de radicales liberticidas peligrosísimos en medio de sus delirios jurídicos pretendan ir metiendo a la gente en la cárcel. Lo que da mucho miedo es que la juez… ¡se lo admite a trámite! Y todo por cosas que sólo de leerlas darían risa si viviéramos en un país normal. Que si un delito de manifestación ilegal (¡señora juez, a ver si se entera, que la manifestación no se ha hecho porque se ha prohibido y ese delito no contempla el castigo de los actos preparatorios!), que si otro para aliñar el tema y que quede más bonito y con un lazo el proceso penal iniciado por escarnio a los sentimientos religiosos (de nuevo, lo mismo, ¡si el hipotético escarnio ni siquiera ha llegado a darse!… si en esta país ya ni te dejan cagarte a gusto en Dios y preventivamente te tapan la boca, ¿cómo va a ser posible blasfemar? … como no sea que la juez interpreta que, al igual que pecar, también se puede delinquir de pensamiento….), que si un tercero de incitación al odio (así, a lo bruto, total, para qué vamos a ponernos tontos y a especificar conductas concretas… ¡que son ateos!, ¡¡que son el demonio!) para completar la función con un delito de genocidio, a fin de que quede claro que aquí estamos ante una reacción ponderada y prudente de los querellantes, ante un uso del Derecho impecable (los de la asociación ultra están sobre todo muy orgullosos de los del genocidio como se puede ver en este titular) y, sobre todo, ante una juez de esas que uno tendría miedo de encontrarse incluso en un entorno tan pacífico como una sacristía, no vaya a ser que te obligue a comulgar, hacer donativos a la Iglesia, convertirte en un ser pío, bueno y benéfico y, lo que es peor, a amenzarte con llamar al Abogado del Estado, a la Policía, al Ayuntamiento e incluso a la mismísima Esperanza Aguirre para obligarte a santiguarte con agua bendita, con lo que escuece y arde en la piel pecadora de los rojazos ateos.

Un país serio no consiente que pasen estas cosas y pediría la inmediata dimisión del Delegado del Gobierno, clamaría por la autorización de la manifestación y protestaría por el encausamiento de los promotores de la marcha. En un Estado liberal de Derecho, civilizado y democrático, donde las libertades estuvieran debidamente valoradas, además de todo eso pediríamos responsabilidades a la juez que permite estos episodios de matonismo jurídico. Pero esto es un país de pandereta. O lo que es peor, de homilía y sacristía.

Así que todo mi apoyo a los convocantes de la manifestación. Es obvio que la única salida a este esperpento debiera ser el inmediato archivo de la causa. Cada hora que pasa agrava más el perfil carpetovetónico de todo este asunto. Y si a partir de ahora cualquier tontería dicha o escrita contra la religión católica en este país va a ser motivo de que te metan en la cárcel o te empuren penalmente pediría a los inquisidores de turno que revisen este blog porque se van a divertir. Porque volvemos a los tiempos en que ser perseguido por según qué cosas y según quienes comienza a ser timbre de honor antes que motivo de preocupación o descrédito.

lunes, 25 de abril de 2011

40 años de Stairway to Heaven


“‘Stairway to Heaven’ cristaliza la esencia de la banda. Tiene todo lo que somos y muestra lo mejor de nosotros como banda, como una unidad. No hablo de solos ni nada de eso, está todo ahí”.
Jimmy Page

Así se refería el eterno guitarrista de los Led Zeppelin, Jimmy Page, a su obra cumbre, Stairway to Heaven, escalera hasta el cielo, que hace pocos días cumplió 40 años como uno de los hitos del rock, cima de la música de los 70, y todo un himno de la historia de la música, de nuestra historia.

Un ejercicio de talento y compenetración es Starway to Heaven, desde la delicada cadencia de John Paul Jones con los teclados, con su contrapunto en la bateria aporreada con pasión y clase por un John Boham, para servidor el mejor bateria de la historia, hasta un Robert Plant, inmenso que ocupa todos los registros y por supuesto con un Jimmy Page, que pasa del sublime al escandoloso, acariciando y tocando todos los trastes de su guitarra, de su guitarra doble.

La canción funciona exactamente como una escalera, de menos a más, empezando desde abajo hasta llegar arriba, al cielo de la historia de la música. Comienzao con una memorable y delicada introducción de guitarra que supera los dos minutos, pasando luego a una zona media más eléctrica con una base rítmica majestuosamente marcada y en el que el cuerpo de la canción se desarrolla y que desemboca en su impresionante solo de guitarra de varios minutos de duración y donde teclados y bateria no quedan oscurecidas ante el talento de Page y armonizan en un duelo a acordes, y cerrando con la parte de éxtasis total, donde Plant sencillamente se sale de todos los registros. Esta es la estructura básica de entre 8 y 12 minutos, la que todos tenemos grabada a fuego en nuestra mente y nuestro corazón.

Por qué, ¿quién no ha llorado un amor con Starway to heaven? ¿quién no ha hecho el amor con ella de b.s.o? ¿A quién no se le han airao las revoluciones escuchándola? ¿Alguién ha podido quedarse sentado? Stairway to Heaven, o lo que es lo mismo la canción más escuchada en la historia de la radio; la partitura de rock más vendida y el himno con el que pasará a la historia los zeppelin y con ellos los 60 y 70, casi todo el siglo XX.

Y es que hace unos días, más concretamente el 5 de marzo, la mítica canción ‘Stairway to Heaven’ cumplió cuarenta años. Aunque su lanzamiento físico no tendría lugar hasta la llegada del cuarto álbum de Led Zeppelin (Led Zeppelin IV), en noviembre del 71, la primera presentación en público del tema tuvo lugar unos meses antes en el Ulster Hall de Belfast. El propio Jones ha confirmado que la primera recepción del tema fue apática y decepcionante, puesto que los fans allí reunidos esperaban ansiosos los ya clásicos de la banda como Communication Breakdown, (Blag) Black Dog (gracias, Juanerito), Inmigrant Song o Dazed and confused.Desde luego, no eran conscientes de que estaban asistiendo a un pedazo de historia del rock. Con la presentación del tema en radio unas semanas después empezó a hacerse más popular, tanto que a partir de ahí se convirtió en un imprescindible en todas las actuaciones del grupo británico. Hasta el punto llegó la cosa que Robert Plant terminó por mostrarse cansado de tanto cantarla cuando el grupo se disolvió a principios de los 80. También en radio hemos tenido ‘Stairway to Heaven’ hasta hartar, pues se estima que es la canción más veces emitida por las ondas hertzianas en la historia, siendo además la partitura de rock más vendida de todos los tiempos. Ni el guitarrista Jimmy Page se esperaba algo así: “Sabía que era buena, pero no podía esperar que se convirtiera casi en un himno… Lo que sí tenía claro es que se trataba de la joya del disco.”

En esos conciertos Led Zeppelin acostumbraban a tocar una versión extendida, que podía llegar hasta los diez minutos a base de estirar el solo. Para evitar el cambio de instrumento que era necesario en un determinado momento de la canción, Jimmy Page empleaba la icónica guitarra de dos mástiles Gibson EDS-1275, que hoy en día todos relacionamos con este músico.

También tuvo Stairway to heaven, su parte de mito y polémica. A una acusación, nunca ejecutada públicamente, de plagio del tema Taurus de los Spirit de un par de años antes (1969) y del que Page era fan reconocido, hasta la ya cansina leyenda urbana del mensaje satánico si escuchas el vinilo al revés. Como yo no tengo tanto tiempo para perderlo y ni estoy tan aburrido como la gente que se invento tal bulo, no hay que darle más vueltas y menos ahora en el mundo digital, y de la acusación de plagio únicamente, se podría asociar algún pequeño fragmento de pocos segundos del sólo de Page.

Y la canción sigue vigente y viva. Con un legado impresionante, de literatura y sentido para la cultura del siglo XX, y del rock y el metal. Ha tenido numerosisimas versiones de distintos grupos, en diversas épocas y a través de estilos diferentes. Sigue sonando en las radios, y ha de ser un imprescindible en cualquier fiesta, reunión o asociación de amigos, con ganas de pasarlo bien, y soñar con alcanzar el cielo, a tráves por qué no de esta increíble canción.


La privatización del planeta: ¿un mundo demasiado grande para caer?


El levantamiento democrático en el mundo árabe ha sido un espectacular ejercicio de coraje, dedicación y compromiso de las fuerzas populares que ha venido fortuitamente a coincidir con una notable rebelión de decenas de millares de personas a favor del pueblo trabajador y de la democracia en Madison, Wisconsin, y otras ciudades norteamericanas. Hay que decir, empero, que si las trayectorias de las revueltas en El Cairo y en Madison llegaron a intersectar, estaban aproadas en sentido opuesto: mientras en El Cairo se encaminaban a la conquista de derechos elementales negados por la dictadura, en Madison apuntaban a la defensa de derechos que habían sido conquistados con largas y duras luchas y que ahora están sometidos a un desapoderado asalto.

Uno y otro caso son un microcosmos de tendencias presentes en la sociedad global que siguen una variedad de cursos. La cosa no ofrece duda: tendrán consecuencias de largo alcance. Tanto lo que ahora mismo está aconteciendo en el decadente corazón industrial del país más rico y poderoso de la historia humana, como lo que está pasando en lo que el presidente Dwight Eisenhower llamó "el área estratégicamente más importante del mundo" ("una estupenda fuente de poder estratégico" y "probablemente el mayor premio económico del mundo en el campo de la inversión extranjera", en palabras del Departamento de Estado de los años 40, un premio que los EEUU trataron de reservarse en exclusiva, para sí propios y para sus aliados, en el incipiente Nuevo Orden Mundial de la época).

A despecho de todos los cambios habidos desde entonces, se puede razonabilísimamente suponer que los actuales decisores políticos mantienen básicamente su adhesión al juicio del influyente asesor del presidente Franklin Delano Roosevelt, A.A. Berle, según el cual ese control de las incomparables reservas energéticas del Oriente Próximo traería consigo "un control substancial del mundo". Y análogamente y por contraste, que la pérdida de ese control amenazaría el proyecto de dominación global claramente articulado durante la II Guerra Mundial y persistentemente mantenido aun frente a los decisivos cambios experimentados por el mundo desde entonces.

Desde que rompió la Guerra en 1939, Washington anticipó que ésta terminaría con los EEUU en una posición de supremacía. Funcionarios de alto nivel del Departamento de Estado y especialistas en política exterior se reunieron repetidamente durante la Guerra a fin de diseñar planes para el mundo de postguerra. Perfilaron una "Gran Área" que los EEUU tenían que dominar, y que incluía el Hemisferio Occidental, el Extremo Oriente y el antiguo Imperio Británico, con sus recursos energéticos del Oriente Próximo. Cuando Rusia comenzó a demoler los ejércitos nazis luego de la batalla de Stalingrado, los objetivos de la Gran Área comenzaron a extenderse hasta abarcar la mayor zona posible de Eurasia, y al menos su núcleo económico en Europa Occidental. Dentro de la Gran Área, los EEUU mantendrían un "poder indiscutible", con "supremacía militar y económica", al tiempo que se asegurarían de "limitar el ejercicio de la soberanía" de los estados capaces de interferir en los propósitos globales estadounidenses. Los circunstanciados planes del tiempo de guerra no tardaron en ponerse por obra.

Siempre se reconoció que Europa podría optar por un curso independiente. La OTAN se concibió en parte para contrarrestar la amenaza de esa independencia. No bien se disolvió en 1989 el pretexto oficial que había dado lugar a la OTAN, la OTAN se expandió hacia el este, en flagrante violación de las promesas verbales hechas al dirigente soviético Mijail Gorbachov. Desde entonces, se ha convertido en una fuerza de intervención manejada por los EEUU. El amplísimo radio de acción que se arroga lo expresó bien el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, al informar en una conferencia de la organización que "las tropas de la OTAN tienen que vigilar los oleoductos que transportan petróleo y gas en dirección a Occidente", y más en general, proteger las rutas navales utilizadas por los cargueros y otras "infraestructuras cruciales" del sistema energético.

Las doctrinas de la Gran Área dan manifiesta licencia para la intervención militar arbitraria. Eso quedó patentemente sentado bajo la administración Clinton, que proclamó el derecho de los EEUU a servirse de la fuerza militar para garantizar el "acceso irrestricto a mercados clave, suministros energéticos y recursos estratégicos", y urgió a mantener "desplegadas hacia Europa y Asia enormes fuerzas militares, "a fin de modelar las opiniones de la gente sobre nosotros" y de "modelar los acontecimientos que afecten a las probabilidades de nuestra seguridad".

Idénticos principios rigieron la invasión de Irak. A medida que se ha ido haciendo evidente la incapacidad de los EEUU para imponer su voluntad en Irak, los objetivos reales de la invasión no pueden seguir camuflándose tras una retórica encandilante. En noviembre de 2007, la Casa Blanca emitió una Declaración de Principios exigiendo que las fuerzas estadounidenses se mantuvieran indefinidamente en Irak y ligando la suerte de ese país al privilegio de inversores norteamericanos. Dos meses después, el presidente Bush informaba al Congreso de que vetaría la legislación que pudiera poner límites al permanente estacionamiento de las Fuerzas Armadas estadounidenses en Irak o "al control, por parte de los EEUU, de los recursos petrolíferos de Irak": unas exigencias que los EEUU tuvieron que abandonar, a la vista de la resistencia iraquí.

En Túnez y Egipto, los recientes levantamientos populares han ganado imponentes batallas, pero, como informaba el Carnegie Endowment, aunque los nombres han cambiado, los regímenes permanecen: "Un cambio en las elites dominantes y en el sistema de dominación es todavía una meta lejana". El informe analiza los obstáculos internos atravesados en el camino de la democracia, pero ignora los exteriores, que, como siempre, son significativos.

Los EEUU y sus aliados occidentales están resueltos a hacer todo lo que puedan para prevenir una auténtica democracia en el mundo árabe. Para entender por qué, basta echar una ojeada a las encuestas de opinión realizadas en el mundo árabe por las agencias norteamericanas de sondeos. Aunque se ha hecho poca publicad de sus resultados, no por eso dejan de ser conocidos por los planificadores estadounidenses. Revelan que mayorías abrumadoras de árabes ven a los EEUU y a Israel como las mayores amenazas a que se enfrentan: así ven a los EEUU el 90% de los egipcios, y en el conjunto de la región, un 75% de los encuestados. Algunos árabes ven como amenaza a Irán: un 10%. La oposición a la política de los EEUU es tan fuerte, que una mayoría cree que la seguridad mejoraría si Irán dispusiera de armamento nuclear (eso cree, por ejemplo, el 80& de los egipcios). Otros cuadros de opinión arrojan resultados semejantes. Si la opinión pública pudiera influir en las decisiones, los EEUU no sólo no podrían controlar la región, sino que serían expulsados de ella junto con todos sus aliados, lo que socavaría los principios fundamentales de la dominación global.

La mano invisible del poder

El apoyo a la democracia es la provincia de los ideólogos y los propagandistas del sistema. En el mundo real, el asco que por la democracia siente la elite es la norma. Son abrumadoras las pruebas de que la democracia sólo es apoyada mientras pueda contribuir a objetivos sociales y económicos, una conclusión a la que reluctantemente llegan los académicos más serios.

El desprecio de la elite por la democracia se reveló espectacularmente en la reacción a las filtraciones de WikiLeaks. Las que mayor atención recibieron, con comentarios rayanos en la euforia, fueron los cables en los que se informaba del apoyo de los árabes a la posición de los EEUU frente a Irán. La referencia, claro, era a los dictadores árabes. Las actitudes de la opinión pública ni siquiera recibían mención. El principio rector fue claramente sentado por el especialista del Carnegie Endowment para Oriente Próximo, Marwan Muasher, un ex alto funcionario del estado jordano: "Nada va mal, todo está bajo control". En suma: si los dictadores nos apoyan, ¿qué tendría que preocuparnos?.

La doctrina Muasher es racional y venerable. Para reducirnos a un solo caso hoy particularmente pertinente, en un debate interno habido en 1958 el presidente Eisenhower manifestó su preocupación por la "campaña de odio" contra nosotros librada en el mundo árabe, no por los gobiernos, sino por las poblaciones. El Consejo Nacional de Seguridad (NSC, por sus siglas en inglés) explicó que en el mundo árabe se tenía la percepción de que los EEUU apoyaban a los dictadores árabes y bloqueaban la democracia y el desarrollo para asegurarse el control de los recursos de la región. Por lo demás, esa percepción es básicamente correcta, concluía el NSC, y eso es lo que tenemos que hacer, secundar la doctrina Muasher. Estudios realizados por el Pentágono luego del 11 de septiembre confirmaron que lo mismo vale para hoy.

Es normal que los vencedores arrojen la historia al basurero, mientras las víctimas se la toman muy en serio. Unas breves observaciones sobre este importante asunto acaso resulten aquí de utilidad. No es la primera vez que Egipto y los EEUU se enfrentan a problemas similares y se mueven en direcciones opuestas. Ya ocurrió también a comienzos del siglo XIX.

Los historiadores económicos suelen sostener que Egipto estaba bien situado para emprender un rápido crecimiento económico al mismo tiempo que los EEUU. Ambos países disponían de una rica agricultura, incluido el algodón, combustible de la primera revolución industrial: pero, a diferencia de Egipto, los EEUU tenían que desarrollar la producción de algodón y una fuerza de trabajo mediante la conquista, el exterminio y la esclavitud, con consecuencias que resultan evidentes todavía hoy en las reservas para supervivientes y en las cárceles que han proliferado rápidamente desde los tiempos de Reagan para albergar a la población que la desindustrialización neoliberal hizo sobrera.

Una diferencia fundamental fue que los EEUU lograron su independencia, lo que les dio libertad para ignorar las prescripciones de la teoría económica, impartidas en la época por Adam Smith en unos términos parecidos a los que ahora se predican para las sociedades en vías de desarrollo. Smith urgió a las colonias emancipadas a producir materias primas para la exportación e importar, en cambio, superiores manufacturas británicas, y desde luego, a no tratar de monopolizar bienes cruciales, singularmente el algodón. Cualquier otra senda, advirtió Smith, "lejos de acelerar, retrasaría el ulterior incremento del valor de su producción anual, y lejos de promover, obstruiría el progreso de su país hacia una riqueza y una grandeza reales".

Lograda su independencia, las colonias fueron libres para ignorar este consejo y emprender, en cambio, el curso seguido por Inglaterra, el curso, esto es, de un estado independiente capaz de promover públicamente su propio desarrollo con elevadas tarifas arancelarias pensadas para proteger a su industria de las exportaciones británicas –por lo pronto, los textiles; luego, el acero y otros productos— y para poner por obra muchos otros mecanismos aceleradores del desarrollo industrial. La República independiente buscó hacerse también con el monopolio del algodón, a fin de "poner a todas las demás naciones a nuestros pies", señaladamente al enemigo británico, como no se privaron de declarar los presidentes jacksonianos al conquistar Texas y la mitad de México.

En el posible camino análogo de Egipto se atravesó, empero, la potencia británica. Lord Palmerston declaró que "ninguna idea de equidad puede ser obstáculo en el discurrir de intereses tan grandes y supremos" como los británicos en su afán de preservar su hegemonía económica y política. Lo declaró expresando, de pasada, su "odio" hacia el "bárbaro ignorante" de Muhammed Ali, que se había avilantado a proponer un curso independiente, y desplegando la flota y el poder financiero británicos para poner fin a la lucha de Egipto por la independencia y el desarrollo económico.

Luego de la II Guerra Mundial, cuando los EEUU desplazaron a Gran Bretaña de la hegemonía global, Washington adoptó la misma posición, dejando claro que los EEUU no proporcionarían la menor ayuda a Egipto, a menos que acatara las normas usaderas para los débiles, normas, dicho sea de paso, que los EEUU siguieron violando, imponiendo elevados aranceles al algodón egipcio y causando una debilitadora escasez de dólares. La interpretación habitual de los principios del mercado.

Difícilmente sorprenderá, pues, que la "campaña de odio" contra los EEUU que preocupaba a Eisenhower se base en la percepción de que los EEUU apoyan a dictadores y bloquean la democracia y el desarrollo, como hacen también sus aliados.

Ha de añadirse en defensa de Adam Smith que sí se percató claramente de lo que ocurriría si Gran Bretaña seguí las reglas de la teoría económica al uso, que ahora llamamos "neoliberalismo". Alertó de que si las industriales, los comerciantes y los inversores británicos se abrían al mundo, podrían sacar beneficios, pero Inglaterra sufriría. Pero sintió que se dejarían guiar por un sesgo nacional, como si por una mano invisible a Inglaterra no le estuvieran reservados los desquites de la racionalidad económica.

El paso es difícil de olvidar. Es la única vez en que aparece la célebre frase de la "mano invisible" en toda la Riqueza de las naciones. El otro fundador de la economía clásica, David Ricardo, sacó parecidas conclusiones, en la esperanza de que el sesgo nacional llevaría a los hombres de propiedad a "contentarse con las baja tasas de beneficio en su propio país, antes que a buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en las naciones extranjeras"; sentimientos., éstos, que, añadía, "lamentaría ver debilitados". Predicciones aparte, los instintos de los economistas clásicos rebosaban de buen sentido.

Las "amenazas" iraní y china

El levantamiento por la democracia en el mundo árabe se compara a veces con el registrado en la Europa del este en 1989, pero con razones harto dudosas. En 1989, el levantamiento democrático fue tolerado por los rusos, y apoyado por las potencias occidentales conforme la doctrina asadera: se acomodaba patentemente a los objetivos económicos y estratégicos, lo que hizo de él un logro nobilísimo, honrado por doquiera, a diferencia de las luchas que paralelamente se desarrollaban en América Central por la "defensa de los derechos fundamentales del pueblo", en palabras del Arzobispo de El Salvador, uno de los centenares de miles de víctimas de las fuerzas militares armadas y entrenadas en Washington. No había Nunkun Gorbachov en Occidente durante esos horrendos años, y sigue sin haberlo. Y las potencias occidentales siguen siendo hostiles a la democracia en el mundo árabe por muy buenas razones.

Las doctrinas de la Gran Área siguen aplicándose a las crisis y a las confrontaciones de nuestros días. En los círculos occidentales de toma de decisiones políticas, lo mismo que entre los comentaristas políticos, se considera que, por lo mismo que la amenaza iraní representaría el mayor peligro para el orden mundial, la política exterior de los EEUU debería centrarse primordialmente allí, dejando a la política exterior europea el papel de las educadas negociaciones diplomáticas.

Ahora bien; ¿en qué consiste exactamente la amenaza iraní? El Pentágono y los servicios de inteligencia estadounidenses nos proporcionan una autorizada respuesta. En sus informes del año pasado sobre la seguridad global, dejaron claro que la amenaza no es de naturaleza militar. El gasto militar iraní es "relativamente bajo en comparación con el resto de la región", concluían. Su doctrina militar es estrictamente "defensiva, concebida para frenar una posible invasión y forzar a una solución diplomática de las hostilidades". Irán sólo tiene "una capacidad limitada de proyectar su fuerza más allá de sus fronteras". Respecto de la opción nuclear, "el programa nuclear de Irán, y su disposición a mantener abierta la posibilidad de desarrollar armamento nuclear, es una parte central de su estrategia de disuasión". Hasta aquí las citas.

El brutal régimen clerical iraní, la cosa no ofrece duda, representa una amenaza para su propio pueblo, pero difícilmente puede decirse que sobrepasa en esta materia a los aliados de los EEUU. Mas la amenaza radica en otra parte, y es, en efecto, ominosa. Un elemento de ella es la capacidad potencial iraní para la disuasión, un ilegítimo ejercicio de soberanía que podría interferir en la libertad de acción de los EEUU en la región. Resulta manifiestamente obvio porqué Irán busca construir una capacidad disuasoria: para explicarlo, basta echar un vistazo a la distribución de bases militares y fuerzas nucleares en la región.

Hace siete años, el historiador militar israelí Martin van Creveld escribió que "el mundo ha sido testigo de cómo los EEUU han atacado a Irak, según ha terminado por verse, sin la menor razón para ello. Si los iraníes no trataran de construir armamento nuclear, estarían locos de remate", sobre todo hallándose, como se hallan, bajo constante amenaza de ataque en violación de la Carta de NNUU. Que terminen construyéndolo o no, es una cuestión sin responder, pero quizá sí.

Ello es que la amenaza iraní va más allá de la capacidad disuasoria. También busca expandir su influencia en los países vecinos, subrayan el Pentágono y los servicios estadounidenses de inteligencia, y así, "desestabilizar" la región, como se dice en la jerga técnica del discurso de la política exterior: la invasión y ocupación militar norteamericanas de los vecinos de Irán es "estabilización"; los esfuerzos de Irán por extender hacia ellos su influencia, algo de todo punto ilegítimo.

Esos usos lingüísticos se han hecho rutinarios. Así, el prominente experto en política exterior James Chace usaba propiamente el término "estabilidad" en su sentido técnico, cuando explicaba que, para lograr "estabilidad" en Chile, era necesario "desestabilizar" el país derrocando al gobierno electo de Salvador Allende e instalando la dictadura del general Augusto Pinochet. Hay otras preocupaciones suscitadas por Irán dignas de ser exploradas, pero tal vez baste lo dicho para ilustrar los principios rectores y el estatus de que gozan en la cultura imperial. Como subrayaron en su día los planificadores de Franklin Delano Roosevelt en el alba del sistema mundial contemporáneo, los EEUU no pueden tolerar "ningún ejercicio de la soberanía" que interfiera en sus propósitos globales.

Los EEUU y Europa van a la una en punto a castigar a Irán por su amenaza a la estabilidad, pero resulta útil recordar lo aislados que están. Los países no alineados han apoyado vigorosamente el derecho de Irán a enriquecer el uranio. En la región, la opinión pública árabe es todavía más favorable al desarrollo de armas nucleares por Irán. La mayor potencia regional, Turquía, votó contra las últimas sanciones propiciadas por EEUU en el Consejo de Seguridad, y lo hizo junto a Brasil, el país más admirado en el Sur. Su desobediencia fue drásticamente censurada, y no por vez primera: Turquía fue ya agriamente condena en 2003, cuando su gobierno secundó la voluntad del 95% de su población y se negó a participar en la invasión de Irak, demostrando así su débil noción de "democracia" el estilo occidental.

Luego de su fechoría en el Consejo de Seguridad el año pasado, Turquía fue amonestada por el jefe de la diplomacia de Obama en los asuntos europeos, Philip Gordon: tenía que "demostrar su compromiso como socio de Occidente". Un académico que trabaja para el Consejo de Relaciones Exteriores se preguntaba: "¿Cómo mantener a los turcos en el sendero que les toca?". Pues obedeciendo órdenes, como buenos demócratas. El Brasil de Lula fue amonestado en un editorial del New York Times: sus esfuerzos conjuntos con Turquía para abrir una solución el problema del uranio enriquecido fuera del marco establecido por la potencia estadounidense era una "tacha en el legado del dirigente brasileño". En una palabra: haced lo que os decimos, a ver si no.

Una interesante luz lateral, finalmente apagada, la ofrece el hecho de que la negociación Irán-Turquía-Brasil gozó de la previa aprobación de Obama, presumiblemente en la idea de que fracasaría, suministrando, así, una nueva arma contra Irán. Cuando culminó con éxito, la aprobación trocó en censura, y Washington se aprestó a imponer a trancas y barrancas una resolución del Consejo de Seguridad que al final resultó tan débil, que hasta China la suscribió: ahora se la castiga por atenerse a la letra de esa resolución, en vez de secundar las directrices unilaterales de Washington.

Aunque los EEUU pueden tolerar la desobediencia turca, aun si con desaliento, China resulta harto más difícil de ignorar. La prensa alerta de que "los inversores y los comerciantes chinos están llenando ahora un vacío en Irán, en la medida en que las empresas de muchas otras naciones, señaladamente europeas, se van: preocupa especialmente la expansión de su papel dominante en las industrias energéticas iraníes. Washington está reaccionando con un punto de desesperación. El Departamento de Estado advirtió a China de que si desea ser aceptada en la comunidad internacional –un término técnico para referirse a los EEUU a quienquiera que esté de acuerdo con ellos—, no puede "mantenerse al margen y evadirse de las responsabilidades internacionales, [que] están bien claras", y es a saber: secunda las órdenes de los EEUU. Es muy poco probable que eso causara la menor impresión en China.

Hay mucha preocupación también con la creciente amenaza militar china. Un estudio reciente del Pentágono alertaba de que el presupuesto militar chino se acerca a "un quinto del gasto del Pentágono en operaciones bélicas en Irak y Afganistán", a su vez una fracción del presupuesto militar estadounidense, huelga decirlo. La expansión de las fuerzas militares chinas podría "cegar la capacidad de los barcos de guerra norteamericanos para operar en aguas internacionales fuera de sus costas", añadía el New York Times.

Fuera de las costas de China, claro está; nadie ha propuesto todavía que los EEUU eliminen las fuerzas militares que cierran el Caribe a los barcos de guerra chinos. La incapacidad china para entender las reglas de la civilidad internacional queda ulteriormente ilustrada con sus objeciones a los planes para que el portaviones nuclear George Washington se sume a los ejercicios navales desarrollados a unas pocas millas de la costa china, supuestamente con capacidad para bombardear Beijing.

En cambio, Occidente comprende cabalmente que esas operaciones estadounidenses se emprende, todas, para defender la estabilidad y su propia seguridad. El periódico liberal de izquierda New Republic expresa su preocupación por que "China envía diez barcos de guerra a aguas internacionales, justo ante la isla japonesa de Okinawa". Es una provocación, a diferencia del hecho, que ni se molesta en mencionar, de que Washington haya convertido la isla en una gran base militar, desafiando las vehementes protestas de la población de Okinawa: eso no es una provocación, conforme al usadero principio de que nosotros somos los propietarios del mundo.

Dejando de lado la arraigadísima doctrina imperial, hay buenas razones para que los vecinos de China se preocupen por el creciente poder militar y comercial de ésta. Y aunque la opinión pública árabe apoya un posible programa iraní de armas nucleares, nosotros, desde luego, no deberíamos hacerlo. La bibliografía especializada en política internacional está llena de propuestas para evitar esa amenaza. Una muy obvia rara vez merece discusión: trabajar a favor del establecimiento de una Zona Libre de Armas Nucleares (ZLAN) ne la región. La propuesta, una vez más, nació en la conferencia del Tratado de No Proliferación (TNP) celebrada en el cuartel general de las Naciones Unidas el pasado mes de mayo. Egipto, en su calidad de presidente de las 118 naciones que componen el Movimiento de No Alineados, hizo un llamamiento para comenzar negociaciones para una ZLAN en Oriente Próximo, como había sido acordado, también por Occidente –incluidos los EEUU—, en la conferencia del TNP de 1995.

El apoyo internacional a esta propuesta es tan abrumador, que Obama no tuvo otro remedio que sumarse formalmente a ella. Buena idea, dijo Washingtn en la conferencia; pero no ahora. Los EEUU dejaron claro, además, que Israel debería quedar al margen de eso: no son admisibles propuestas que pretendan poner el programa nuclear israelí bajo los auspicios de la Agencia Internacional de Energía Atómica o que exijan información sobre "las instalaciones y las actividades nucleares de Israel".

Baste eso para hacerse una idea del método con que se aborda el problema de la amenaza nuclear iraní.

La privatización del planeta

Aunque la doctrina de la Gran Área sigue vigente, la capacidad para ponerla por obra ha disminuido visiblemente. La cima del poder estadounidense se dio luego de la II Guerra Mundial, cuando disponía literalmente de la mitad de la riqueza del mundo. Pero es, como es natural, fue declinando, a medida que otras economías industriales fueron recuperándose de la devastación bélica y la descolonización echó tortuosamente andar. A comienzos de los 70, la participación de los EEUU en la riqueza mundial había disminuido hasta el 25%, y el mundo industrial se había hecho tripolar: Norteamérica, Europa y el Este asiático (entonces con base en Japón).

Hubo también en los 70 un cambio drástico en la economía estadounidense, que derivó hacia la financiarización y la exportación de la producción. Varios factores convergieron para crear un círculo vicioso de radical concentración de la riqueza, primordialmente en la fracción del 1% de la población en la cúspide: básicamente, altos ejecutivos, gestores de fondos e inversión libre y gentes por el estilo. Eso trajo consigo la concentración del poder político, lo que a su vez trajo consigo políticas públicas favorables al incremento de la concentración económica; políticas fiscales, normas de gobernanza empresarial, desregulación, etc., etc. Entretanto, los costes de las campañas electorales se dispararon, empujando a los partidos políticos hacia los bolsillos del capital concentrado, crecientemente financiero: los Republicanos, a conciencia; los Demócratas –que ahora son lo que antes solíamos llamar Republicanos moderados—, a la zaga.

Las elecciones se han convertido en una farsa grotesca manejada por la industria de las relaciones públicas. Tras su victoria de 2008, Obama ganó un premio concedido por esta industria a la mejor campaña de marketing del año. Los ejecutivos del sector estaban eufóricos. Explicaban en la prensa del mundo de los negocios que desde la época de Regan habían venido haciendo publicidad de los candidatos como si de una mercancía cualquiera se tratara, pero que la campaña de 2008 fue su gran logro y que esa campaña cambiaría el estilo publicitario de las direcciones de las grandes empresas. Se espera que las elecciones de 2012 costarán 2 mil millones de dólares, básicamente aportados por la gran empresa privada. No puede, pues, sorprender a nadie que Obama esté eligiendo a dirigentes del mundo de los negocios para ocupar altos cargos. La opinión pública está enojada y frustrada, pero en tanto rijan los principios de Muasher, eso carece de importancia.

Mientras la riqueza y el poder han ido concentrándose en una estrecha franja, los ingresos reales del grueso de la población se han estancado y la gente está cada vez más cargada de horas de trabajo, de deudas y de inflación de activos regularmente destruidos por la crisis financiera que empezó a amagar desde que el aparato regulatorio comenzó a ser desmantelado a partir de los años 80.

Nada de eso resulta problemático para los muy ricos, que se benefician de una póliza pública de seguros llamada "demasiado grande para caer". Los bancos y las empresas de inversión pueden hacer transacciones arriesgadas, con grandes rendimientos, que cuando el sistema inevitablemente se desploma siempre pueden acudir al papá estado para que el contribuyente los rescate, eso sí, bien asiditos a sus ejemplares de los libros de Friedrich Hayek y Milton Friedman.

Tal ha sido el proceso más común desde los años de Reagan, siendo cada nueva crisis más extrema que la anterior (para el grueso de la población, claro está). Ahora mismo, el desempleo real se halla a niveles de la Gran Depresión para buena parte de la población, mientras que Gdman Sachs, uno de los principales arquitectos de la presente crisis, es más rico que nunca. Acaba de anunciar, impertérrito, la cifra de 17,5 mil millones de dólares en concepto de remuneraciones para sus ejecutivos en el pasado año, y el presidente de su consejo de administración, Lloyd Blankfein, sólo en concepto de bonos, recibirá 12,6 millones de dólares, mientras su salario base se triplicará.

No se adelanta nada centrándose en este tipo de hechos. Consiguientemente, la propaganda tiene que buscar otros culpables: estos últimos meses, a los trabajadores del sector público, a sus salariazos, a sus exorbitantes pensiones de jubilación, y así por el estilo. Todo en la mejor tradición del imaginario reaganitas, con mamás negras llevadas en limousinas por sus chóferes a cobrar los cheques en las dependencias públicas de bienestar social, y otros modelos por el estilo que no merece la pena siquiera mencionar. Todos tenemos que apretarnos el cinturón; bueno, casi todos.

Los maestros y profesores constituyen un blanco particularmente adecuado, como parte del deliberado empeño en destruir el sistema público de educación, desde las guarderías de infancia hasta las universidades, por la vía de la privatización: una vez más, una política buena para los ricos, pero desastrosa para la población, así como para la salud a largo plazo de la economía. Pero eso es otra de las externalidades que hay que dejar de lado, mientras prevalezcan los principios del mercado.

Otro blanco estupendo: los inmigrantes. Eso ha sido así a lo largo de la historia de los EEUU, más aún en tiempos de crisis económica, pero ahora exacerbado por un sentido de que nuestro país nos está siendo arrebatado: la población blanca pronto será una minoría. Se puede entender el miedo de individuos que se sienten agraviados, pero la crueldad de las políticas migratorias resulta estupefaciente.

¿Qué inmigrantes se convierten en blanco de esos ataques? En el este de Massachusetts, que es donde yo vivo, muchos son mayas que lograron escapar al genocidio perpetrado en los altos guatemaltecos por los asesinos preferidos de Reagan. Otros son mexicanos, víctimas del acuerdo NAFTA de libre comercio propiciado por Clinton, uno de esos raros acuerdos entre gobiernos que consiguen perjudicar a los pueblos de todos los países participantes (tres, en este caso: EEUU, México y Canadá). Cuando el NAFTA fue aprobado en el Congreso contra las objeciones populares en 1994 fue cuando Clinton inició también la militarización de la fontera entre México y los EEUU, antes razonablemente abierta. Sabiendo que los campesinos mexicanos no podrían competir con el agronegocio públicamente subsidiado en los EEUU y que las empresas mexicanas no sobrevivirían a la competencia de las trasnacionales estadounidenses. Transnacionales a las que debe considerarse como "nacionales", conforme al falso remoquete de los acuerdos de libre comercio: un privilegio, dicho sea de paso, sólo acordado a las personas jurídicas que son las empresas, no a las personas de carne y hueso. Como cabía esperar, esas medidas trajeron consigo una correntada de refugiados caídos en la desesperación, y a la consiguiente histeria anti-inmigratoria entre las víctimas internas de esas mismas políticas del estado y de las grandes empresas privadas.

Algo muy parecido está ocurriendo en Europa, en donde el racismo es probablemente más virulento que en los EEUU. Uno no puede menos de observar con estupor cuando Italia se queja del flujo de inmigrantes procedentes de Libia, aquel escenario del primer genocidio posterior a la I Guerra Mundial –acontecido en el ahora liberado este del país— a manos del gobierno fascista de Italia. O cuando Francia, todavía hoy la principal protectora de las brutales dictaduras que gobiernan sus antiguas colonias, se las arregla para pasar por alto las odiosas atrocidades sometidas por ella en África, mientras el presidente francés Nicolas Sarkozy alerta, sombrío, sobre la "ola de inmigrantes" y Marine Le Pen le objeta que no hace nada por prevenirla. No necesitaré mencionar a Bélgica, que se llevaría la palma en lo que Adam Smith llamó "la salvaje injusticia de los europeos".

El ascenso de los partidos neofascistas en buena parte de Europa resultaría ya un fenómeno suficientemente aterrador, aun sin necesidad de recordar lo que ocurrió en el continente en un pasado reciente. Imaginad la reacción, si los judíos fueran expulsados de Francia, condenados a la miseria y la opresión, y comparad con la falta de reacción cuando eso mismo ocurre con los gitanos, la población más brutalizada de Europa, asimismo víctima del Holocausto .

En Hungría, el partido neofascista Jobbik logró un 17% de los votos en las elecciones nacionales, algo que acaso no resulte tan sorprendente, si se recuerda que tres cuartas partes de la población cree estar peor ahora que bajo la dominación comunista. Podríamos sntirse tal vez aliviados por el hecho de que en Austria el ultraderechista Jörg Haider lograra sólo el 10% del sufragio en 2008, si no fuera porque el nuevo Partido de la Libertad, que está todavía más a su derecha, logró rebasar el 17%. Resulta escalofriante recordar que en 1928 los nazis consiguierion menos del 3% del sufragio en Alemania.

En Inglaterra, el Partido Nacional Británico y la Liga de Defensa Inglesa, en la derecha ultrarracista, son fuerza importantes. (Lo que está pasando en Holanda lo sabréis mejor vosotros que yo.) En Alemania, [ex socialdemócrata] Thilo Sarrazin se lamenta de que los inmigrantes estén destruyendo el país y consigue un superventas con su lamento, mientras que la Cancillera Angela Merkel, aun condenando el libro, declara que el multicultutralismo ha "fracasado estrepitosamente": los turcos importados para hacer los trabajos sucios en Alemania han fracasado en punto a volverse rubios de ojos azules, auténticos arios.

Quienes conserven un sentido para la ironía recordarán que benjamin Franklin, una las principales figuras de la Ilustración, alertó de que las recientemente emancipadas colonias norteamericanas deberían andarse con cuidado a la hora admitir la inmigración de alemanes, porque eran demasiado morenos; y lo mismo los suecos. Hasta bien entrado el siglo XX, los mitos ridículos sobre la pureza anglosajona eran comunes en los EEUU, incluso entre presidentes y otras figuras de viso. El racismo en la cultura literaria ha sido una obscenidad insalubre; pero peor ha sido en la práctica, huelga decirlo. Esmucho más fácil erradicar la poliomielitis que esta horrible plaga que una y otra vez reaparece, y con mayor virulencia, en tiempos de malestar económico.

No quiero terminar sin mencionar otra externalidad que se pasa por alto en los sistemas de mercado: el destino de la especie. Al riesgo sistémico en el sistema financiero puede ponerle remedio el sufrido contribuyente, pero nadie vendrá a rescatar el medio ambiente que está siendo devastado. Que deba se devastado, es poco menos que un imperativo institucional. Los dirigentes empresariales que están desarrollando campañas publicitarias para convencer a la población de que el calentamiento global antropogénico es un bulo izquierdista entienden perfectamente la gravedad de la amenaza, pero tienen que maximizar sus beneficios y sus cuotas de mercado a corto plazo. Si no lo hacen ellos, lo harán otros.

Ese círculo vicioso podría terminar siendo letal. Para percatarse de lo perentorio del peligro, basta con echar un vistazo al nuevo Congreso de los EEUU, entronizado por la financiación y la publicidad empresariales. Casi todos son negacionistas climáticos. Ya han empezado a cortar fondos destinados a medidas capaces de mitigar la catástrofe medioambiental. Y lo que es peor: alguno de ellos se lo creen de verdad; por ejemplo, el nuevo jefe del subcomité de medioambiente, que va por ahí explicando que el calentamiento global no puede ser un problema porque Dios prometió a Noé que no habría otro diluvio universal.

Si tales cosas estuvieran pasando en algún paisito remoto, hasta podríamos sonreírnos. Pero están pasando en el país más rico y poderoso del mundo. Y antes de que nos entre la risa boba, tenemos que recordar que la presente crisis económica se remonta en no pequeña medida a la fe fanática en dogmas como el de la hipótesis de la eficiencia de los mercados, y en general, en lo que el premio Nóbel Joseph Stiglitz llamó hace ya 15 años la "religión" de la omnisciencia de los mercados: una religión que impidió que los bancos centrales y los economistas profesionales se percataran de la existencia de una enorme burbuja inmobiliaria sin la menor base en los fundamentos de la vida económica y que, al estallar, resultó devastadora para el conjunto de la economía.

Todo eso, y mucho más, puede seguir su curso mientras rija la doctrina Muashar. Mientras el grueso de la población se mantenga pasiva, apática, entregada al consumismo o al odio contra los vulnerables, los poderosos del mundo podrán seguir haciendo lo que les plazca, y a los que sobrevivan a eso no les quedará sino contemplar el catastrófico resultado.
Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial. El texto aquí traducido procede de una conferencia dictada en Amsterdam el pasado mes de marzo.

Nauseabundo


Son nauseabundos. Es inútil, son recalcitrantes de la basura mental. Por mucho esfuerzo que se haga para justificarlos, y decir, bueno, pero son demócratas y si el pueblo quiere que vengan, pues que vengan.

Pero no bajo la bandera de la indignidad. Porque todo les vale y, como del cerdo, lo aprovechan todo. No les basta con la involuntaria baza económica, todo lo empozoñan, todo lo envilecen. Ahora están en la casquería del etarra Troitiño:

Trillo intentando solemne revivir perejiles y glorias jurídico-políticas, bajo la sombra del yak y del 11-M.

Cospedal erigida en robótica Agustina de Aragón de cartón piedra, hablando cómicamente de lógica, normalidad y profesionalidad.

El querellable por calumniador Mayor Oreja refugiado en su inmunidad y en su iluminismo insano que le llevan a decir que la fuga del etarra no es casual y que el precio que el Gobierno tiene que pagar a ETA es una presencia suficiente en los ayuntamientos vascos porque el proceso de negociación continúa. Todo ello por deducciones y ninguna prueba.

ExAznar arrojando bombas de racimo sobre España y sus instituciones.

González-Pons, tragafuegos, tragasables, tragasapos, el tranquilo ejecutor de la propaganda, el hombre que expectora insidias permanentes.

Y el silencioso capo Rajoy bendiciéndolo todo.

¿Pero a qué le llaman estos señores respetar el Pacto antiterrorista, para qué lo firmaron?, solo el vascoespañol Basagoiti lo respeta, y aún.

Primero lanzan sus putrefacciones y luego van al Parlamento. Cuando ya los ciudadanos están intoxicados.

Interpretan las leyes a su imagen, semejanza y conveniencia. Defienden que a un ciudadano libre se le puede vigilar, basta que el fiscal solicite revisión de su libertad, ¡cómo si los fiscales fuesen quienes dictasen la legalidad!, aducen ejemplos inexactos de admitidas vigilancias a ciudadanos condenados en libertad condicional, como era el caso de Mario Conde en 1995. Da igual que el jefe Rajoy en su etapa de Interior mantuviera con el fugado etarra Ternera lo que ahora mantiene el Gobierno con el fugado etarra Troitiño. Todo, menos la cordura.

Todos tiene grado de excelencia: excelencia en su ruindad moral y política. No se cansan de engañar al pueblo español con astucias inicuas.

¡Qué asco que estos señores nos vayan a gobernar y no poder impedirlo!

sábado, 23 de abril de 2011

Tres caídos y uno en discordía


Comparto esta columna de el diario Público del pasado miércoles 20 abril y firmada por el ex-ministro de economía Josep Borrell sobre la situación actual de la UE y ese negocio redondo que son los rescates a los países (pequeños y casi todos mediterráneos) únicos representantes del "socialismo" (no lo que práctica Zapatero) en la Unión Europea de los 25, auténtico adalid del liberalismo económico.

Con Portugal ya son tres los países del euro bajo respiración financiera asistida, excluidos del mercado de capitales y bajo la ayuda/vigilancia de la UE y el FMI. Pero sólo suman el 6 % del PIB de la eurozona. Si se detiene el contagio, la cosa no es tan grave y Europa tiene los medios para hacerle frente. Con el permiso de Finlandia, donde un partido populista que se ha convertido en la tercera fuerza del Parlamento tras las elecciones del domingo se opone a la concesión de ayudas como la que Portugal no ha tenido mas remedio que solicitar.

Portugal no había falsificado sus cuentas públicas, como Grecia. Ni había tenido una burbuja inmobiliaria como España. Ni una crisis bancaria como Irlanda. Su problema ha sido un débil crecimiento económico durante años, pérdida de competitividad, desindustrialización y precariedad. Entre 2002 y 2008, Portugal había crecido al 0,8%, la mitad de la media europea. Y durante diez años ha tenido un déficit exterior del 10% del PIB, reflejo de su pérdida de competitividad agravada por la desaparición de industrias tradicionales como la textil frente a la competencia china. En este escenario de bajo crecimiento, las medidas de austeridad han reducido drásticamente la demanda interna y precipitado la recesión. Más austeridad ya sólo servirá para depauperar más a la población y para hacer más difícil el crecimiento, sin el cual no es posible reducir el déficit.

Esto es lo que le ha ocurrido a Portugal, como antes a Irlanda, que fue la primera en aplicar planes de austeridad que no han servido de nada porque han matado el crecimiento. Todos los ojos están puestos ahora en España. A todos les interesa que aumente la confianza en nuestro país porque España es too big to fail (demasiado grande para caer). Por eso todos se expresan de forma positiva sobre la situación económica y política de España, a la que hay que aislar a toda costa de la dinámica que empezó en Atenas y ha llegado hasta Lisboa.

Nuestra situación es bien diferente, sobre todo si se mide por la cifra clave que es el coste de la financiación, todavía por debajo del 6%. Pero de España preocupan las expectativas de crecimiento, que siguen siendo muy débiles, y el verdadero coste de la reestructuración bancaria, que sigue siendo desconocido y que los mercados estiman muy superior al que reconoce el Gobierno. Nuestro caso es diferente, pero en Lisboa se repitió muchas veces que Portugal no era Grecia y que no necesitaba la ayuda europea. Irlanda decía lo mismo antes de tener que claudicar
Portugal se ha resistido hasta el final. No quería hacer caso a las presiones discretas de los que pensaban que las medidas que tenía que tomar para reducir el déficit creaban más tensiones que las que resolvían. La situación se volvió insostenible cuando la oposición de centro derecha se negó a aceptar un nuevo plan drástico de reducción del déficit, las agencias de calificación siguieron rebajando la nota de la deuda portuguesa y de sus bancos, y los tipos de interés que los mercados reclamaban llegaron al 10%. Es decir, la asfixia financiera. Pero la puntilla se la dieron los propios bancos portugueses cuando se negaron a seguir comprando deuda pública porque su baja calificación arrastraba la suya. Dicen que el BCE les indicó que no les seguiría suministrando liquidez si la seguían utilizando para financiar el déficit publico. Naturalmente, el BCE niega haber ejercido esas presiones.

Ahora, la UE y el FMI le prestarán unos 80.000 millones de euros en unas condiciones difíciles que tendrán que negociarse con un Gobierno en funciones. Ironía de la historia, el plan que fue rechazado en el Parlamento servirá de base para las contrapartidas que la UE/FMI pedirán a Portugal para concederle su ayuda. La píldora será mas amarga que la que rechazó la oposición. Políticamente, la derecha ha hecho un negocio redondo. Primero la presión de los mercados obliga a un Gobierno de izquierdas a tomar medidas de ajuste impopulares y regresivas que aumentan la desigualdad social. Después, le retira el apoyo parlamentario y obliga a celebrar elecciones anticipadas, que seguramente ganará, para seguir aplicando las mismas políticas, o más duras aún, y dejando a la izquierda sin un discurso alternativo porque les será fácil decirle: “¿Y ustedes qué hacían?”.

Ante los tres caídos aparece un tercero en discordia. El mismo día que Portugal tiraba la toalla, el BCE subía el tipo de interés del 1 al 1,25%, antes de que lo hiciese la Reserva Federal estadounidense o el Banco de Inglaterra, y no digamos el del Japón. Claro que el BCE es el único banco central que sólo tiene como objetivo la lucha contra la inflación, sin tener que tomar en cuenta los efectos que sus medidas tienen sobre el crecimiento.

Es posible que este sea un nuevo paso en falso del BCE. El anterior fue en junio del 2008, cuando el barril estaba a 127 euros, como ahora, y decidió subir los tipos de interés porque veía venir tensiones inflacionistas. Que Dios les conserve la vista a los de Frankfurt, porque poco después el precio del petróleo se desplomaba y la crisis económica, que había empezado medio año antes en EEUU, le obligaba a bajar a toda velocidad los tipos del 4,25 al 1%.

Subir el rendimiento del capital favorece a quien lo tiene. Pero se reduce la renta disponible de los que tienen deudas a tipos de interés variable y, con ello, el consumo. Es una medida tomada para el conjunto de la eurozona que les viene bien a las economías centrales, especialmente la alemana, pero que tendrá efectos negativos en las economías periféricas débiles, a las que resultará más difícil salir de la recesión .

lunes, 18 de abril de 2011

¿Por qué Libia y no Costa de Marfil?


En el mundo hay abiertos una treintena de conflictos armados y en todos ellos hay víctimas inocentes. Algunos, como Birmania, llevan sangrando más de medio siglo. Otros, como Darfur, hace tiempo que dejaron de salir en los periódicos; hace unos días murieron 17 personas en una escaramuza entre los rebeldes y el ejército de Sudán, y la noticia ni siquiera fue un breve. Por eso es inexacto decir que la comunidad internacional no se ha dado prisa en acordar su intervención en Libia. Al contrario: cuesta encontrar precedentes de una guerra amparada por la ONU con un consenso más rápido. Cuánta hipocresía a la sombra de intere$e$: el mundo puede vivir sin cacao pero no sin petróleo

Obviamente, el aceite que engrasa el engranaje de nuestra exquisita diplomacia se llama petróleo. Hoy no habría bombardeos en Libia si este país, como tantos otros en África, sólo exportase desdichados inmigrantes. Sin embargo, este argumento es reversible. ¿Acaso los civiles que están siendo masacrados por las tropas de Gadafi se merecen el olvido internacional porque el país sea clave en el mapa energético? ¿Es justo que las potencias igualen a todas las víctimas a la baja, y que por ello apliquen a Libia el mismo desprecio que a otros lugares del planeta?

Lo que me indigna es que Costa de Marfil cuyo mayor rédito económico a occidente es la exportación de cacao, un bien impresicindible para la salud y alimentación mundial pero de escaso valor económico, no tenga también su operación que acerque a aquellas gentes a la democracia. Qué tras unas elecciones aparentemente democráticas el perdedor presidente se enroque en su palacio de gobierno, se atrinchere y movilice su parte del ejército afín y su etnia a la voz de su persona, bajo vete tu a saber por qué y para quién, y en occidente no se remueva una conciencia, ningún presidente plantée ir más allá. Supongo que nuestra sociedad puede permitirse el lujo de pagar el cacao algo más caro, pero no con el petróleo y con sus maravillosas ventajas y facilidades no podemos jugar. Nos toca elegir donde intervenir y quien es más malo, más atroz y quien merece más rápida salida. Es una vergüenza. No hay catadura moral que aguante esto, y aún así, nos mantenemos convencidos de nuestra superioridad moral.

Hasta hace poco se hacían grandes negocios con Gadafi, se le vendían las armas con las que ahora mata rebeldes y se le recibía como invitado de honor. También por el doble rasero: ¿por qué Libia, y no Costa de Marfil, Bahrein, Siria, Yemen y, tal vez mañana, Arabia Saudí o Marruecos? ¿Y por qué no se remedia la injusticia histórica con el pueblo palestino, la madre de todos los conflictos?. El imperialismo sigue vigente y lo hace y de manera mucho más sangrante cuando se ejecuta de forma clandestina y financia a base de intereses económicos el poder de uno y otro presidente, tribu o etnia. Pero aún así, hay que dejar cosas claras.

Una guerra no es ni mucho menos una gran noticia. Es un fracaso, y en este caso lo es total del diálogo, la diplomacia y la capacidad de influencia que se supone que Estados Unidos y sobretodo en este caso, Europa tienen. A Gadaffi se le han rebelado como antes le han hecho al resto de dictaduras del magreb y quien sabe por qué, si por el apoyo de personajes como Aznar, o porque su mente enferma y endiosada se ha puesto el mundo por montera y lo ha añadido a su extravagante vestimenta. La lástima es que de gracioso no tiene nada, puesto que Gadaffi, sigue en sus trece de mantener el poder dictatorial y unánime, y mientras las multinacionales del petróleo y los grupos financieros sigan mandando y controlando en la sombra los gobernantes que supuestamente elegimos en democracia, no habría ninguna legitimización a la presión diplomática exterior para que en Libia se produzcan los cambios que la población espera y ansía. Como dijo ese cabrón que tenemos por ex-presidente, Gadaffi es un amigo extravagante, pero es un amigo, y mientras mantenga Libia como un hipermercado del crudo, a salvo de cualquier nacionalización y con una mano de obra autóctona barata y con poco poder adquisitivo y menores posibilidades de servicios sociales, mejor. Nuestro consumismo y bienestar lo necesita. Esta búrbuja de aislamiento y falsa seguridad no puede estallar por el lado que pensaban más seguro.

Los insurgentes libios merecen todo nuestro respeto, apoyo, trabajo y presión para obtener la libertad. Gadaffi es indefendible por muy necesario que sean nuestros coches o mucho miedo que quieran vender con el terrorrismo internacional. Pero pese a la coalición internacional, numerosa y con escasas voces en contra, no se construye el camino a la democracia con la imposición de la fuerza. Esa es la principal enseñanza moral que debe de dejar la(s) guerra(s) de Irak. Aquellos conflictos, más allá (cómo no) de los intereses económicos particulares, han dejado bien claro que el camino de la libertad es un ejercicio de tesón, esfuerzo, diálogo y presión y apoyo a las voces del pueblo, para que se puedan expresar libremente.

Yo no sé si he visto muchas películas, que puede ser. Pero en estos casos uno cree que más fácil que bombardear un país, y más barato y seguro por supuesto, puede ser que esos cuerpos especiales de los ejércitos del primer mundo sacaran del poder a estos mequetrefes oligarcas y sus familias, en suerte de operaciones cuasi quirúrjicas que nos ahorrarían muchos costes, y sobretodo los mal nacidos daños colaterales. Pero en esto como en otras cosas, hay intereses, económicos ocultos y es más rentable una guerra con sus destacamentos, bombardeos y asedios sobre el malo, pero inevitablemente también la población civil, que no sacar al Gadaffi, el presidente sirio o el de Costa de Márfil de la circulación.

Y las bombas de racimo


Según varios medios de comunicación se ha comprobado que Gadaffi está borbardeando las posiciones rebeldes, que no olvidemos que es su propio país, con bombas de racimo, expresamente prohibidas por las Naciones Unidas y que tienen sello de fabrica, el típico Made In, español.
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Países (en rojo los más importantes) a los que España exporta armas

Debe de haber muchas armas 'made in Spain', y municiones, y bombas, repartidas por el mundo. España es una gran potencia, uno de los principales exportadores de armas. Vende por valor de cuatro millones de euros al día. Están por delante Alemania y cuatro de los cinco países que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto. El Consejo de Seguridad es, en teoría, el organismo que vigila la aplicación del llamado derecho internacional, es decir, la ética y la justicia en las relaciones internacionales.

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La industria de las armas es un sector que no conoce la crisis. Las exportaciones aumentaron un 77% en el primer semestre de 2010. Entre los clientes, Irán, país modélico en el respeto de la vida y las libertades de sus ciudadanos. Como lo era el régimen de Muamar el Gadafi en 2007, año en el que el Gobierno español vendió al antiguo financiador de terroristas (Abu Nidal) y promotor de atentados aéreos (Lockerbie y Níger), bombas de racimo.

Fue un año antes de la prohibición de este tipo de armas. Un negocio redondo. Como vender mercancía al por mayor a punto de caducar.









Ha querido la desgraciada realidad que esas bombas de racimo cayeran, o las lanzaran, sobre la asediada ciudad libia de Misrata, para que C.J. Chivers, periodista del diario 'The New York Times', ex marine y con experiencia en armas, informara de este hecho, de esta solemne hipocresía.

Seguro que no es el único caso. Francia, Reino Unido...

España ha vendido y vende armas a países en conflicto: Marruecos (Sahara), Argelia (su propia pobliación). Lo mismo que a Túnez y a Arabia Saudí.

España ha vendido bombas de racimo con una mano y con la otra retira las que arroja Israel en el sur de Líbano. España acompaña con sus aviones los bombardeos de otros más decididos sobre Gadafi mientras que las tropas de Gadafi bombardean a sus civiles con armas prohibidas made in Spain. Esto debe llamarse eficacia militar, comercial y política. Y de marketing.

Sitios útiles para entender mejor:

-¿Qué es un bomba de racimo? Una dirección y un vídeo.

Cómo se retiran; sus colores y formas atraen a los niños.









-Por qué son peligrosas las bombas de racimo.

-La campaña para su erradicación.

-Asesinos eficientes, negocio y derechos humanos.

-Qué es el comercio de armas.

-La prohibición de las bombas de racimo.

-España es el sexto exportador mundial en 2008.

-Análisis de las exportaciones españolas en 2009.

-EEUU, el mejor.

-Y Rusia no se queda atrás.

-El gran negocio global.

Y la gran pregunta que José Luis Rodríguez Zapatero no respondió.