lunes, 27 de marzo de 2017

Abandono CC.OO.


Hoy es un día duro. Seguro que te dirás cómo he aguantado tanto. Cómo se han soportando tantas tropelías, tantas sinvergoncerías, tantas fotos, reuniones y declaraciones bochornosas para la lucha obrera y la dignidad colectiva trabajadora. De qué manera se convive con tantos intereses creados, estómagos agradecidos y calaña de miserables. Pues con mucho estoicismo. Y con más convencimiento aún si cabe, de que sólo unidos, sólo informados y sólo comprometidos podemos defendernos como clase trabajadora de las continuas agresiones que el sistema, su sistema, nos infringe.
Es difícil decir adiós cuando has formado parte de algo 18 años. En el sindicato al que tu padre te llevó; donde desde su otrora bien suministrada biblioteca conseguí las primeras lecturas disidentes y alternativas, y donde me dieron el primer Estatuto de los Trabajadores que tuve. Desde que cumplí los 16 y comencé con aquel recuerdo malogrado de la Sección juvenil. Ya con 18 afiliado de pleno derecho, compatibilizando con el Sindicato de Estudiantes, y trabajando. Con 19 siendo delegado de personal. Luego con 28 otra vez en otra empresa en otro sector. Siempre, todos estos años, atento a las informaciones y convocatorias, siempre tratando de estar en vanguardia, informar a mis compañeros, amigos, familiares. Hacer militancia sindical, crear conciencia de clase. Siempre en Comisiones Obreras.
Hasta hoy, que he solicitado formalmente mi baja de Comisiones Obreras.
Desde hace años CCOO perdió la identidad de lo que fueron aquellas Comisiones Obreras de base de los años 70, comprometidas en la lucha, enfrentado los planes del Gobierno de turno y comprometidas en la unidad de toda la clase obrera y los sectores mas oprimidos de la sociedad.
Desde hace años, los dirigentes de CCOO se olvidaron de aquel compromiso de lucha por crear una Central Única de Trabajadores, basada en la democracia obrera, por definición abierta y pura, de funcionamiento asambleario.
Y desde entonces el esfuerzo de miles de luchadoras y luchadores por intentar reconducir el curso del sindicato ha chocado una y otra vez con un aparato entregado a los gobiernos de turno, a los pactos permanentes con la patronal, a hacer de la Paz Social, un principio sacrosanto, para al final depender, y cada vez más, económicamente del Estado y sus subvenciones, que no han sido más que correas, cadenas y bozales, útiles para perpetrar todas la ristra de agresiones con la que el neoliberalismo, la oligarquía y la España rancia y cutre nos han obsequiado todos estos años.
La actual dispersión de las organizaciones sindicales, centrados en ser únicamente “sindicatos de servicios”, la división de la clase obrera huérfana de conciencia de clase, las tremendas diferencias materiales entre distintos sectores de trabajadores, tiene a los dirigentes de CCOO (y también de UGT) como principales responsables, por haber apuntado a toda la clase trabajadora a una cacería en el papel de presas.
La “paz” presupone que ambos contendientes dejan de atacarse, pero mientras la patronal y los gobiernos (tanto del PSOE, como sobretodo del PP) nos declaran la guerra, hablar de paz social es un eufemismo más que esconde una vergonzosa capitulación por vete a saber tú que intereses personales en el juego de las puertas giratorias.
El 25 de enero de 2010, día infame, CCOO y UGT firmaron con la CEOE el Acuerdo para el Empleo y la negociación colectiva, un pacto para bajar los salarios y no aplicar en las empresas las condiciones recogidas en los convenios colectivos de ámbito superior, dejando al 70% de los asalariados que trabajan en PYMES solos ante la negociación con sus patrones (tampoco se lo deja fácil a los contratados en empresas grandes y multinacionales). Con semejante acuerdo, que por supuesto, de nuevo se hizo sin consulta alguna a los afiliados/as, se daba carta blanca a los empresarios para poder hacer a su antojo cambios de horarios, de jornada y de funciones de trabajo, descuelgues de convenios, etc.
Muchos lo denunciamos en su momento, tanto en las redes, como a través de los cauces internos asamblearios y asistimos al silencio y la desconsideración para con la militancia desde la cúpula directiva federal a cada federación y sector. Defendíamos que tal acuerdo no hacía más que facilitar el gobierno al PP que ya poseía la más grande mayoría parlamentaria (unida a casi todas las regiones e infinidad de ay-untamientos) de la democracia española. Que así iban a poder aplicar una lesiva reforma laboral, en la que “nuestro” secretario general Toxo justificaba “que se necesitaba el acuerdo y lo demandan las personas que están en el paro”. El mismo argumento de Rajoy para la Reforma Laboral. Pues bien, ¿cuántos puestos de trabajo se iban a crear? ¿Cuántos se han creado? ¿Cuáles eran y cuáles son las tasas de actividad, empleo y paro? Aquel acuerdo supuso media reforma laboral y al escenificarlo con las direcciones sindicales mayoritarias se garantizaron, intuyo que pronto sabremos a qué precio, el silencio en los centros de trabajo.
Desde entonces, cientos de miles de trabajadores y trabajadoras de este país han salido a las calles para solicitar en varias ocasiones la petición de la Huelga General, instrumento máximo del conflicto obrero, para constatar la negativa a la Reforma Laboral, así como para lograr su derogación y así abrir desde la empresa más pequeña hasta la administración las vías de la negociación, restitución de las condiciones laborales, el diálogo para su mejora, que pasan inexorablemente por la disminución de la jornada laboral manteniendo (por lo menos) los salarios.
En frente, no nos hemos encontrado al gobierno y la patronal, sino a Toxo y Méndez (y a unos cuantos secretarios provinciales o regionales) haciendo declaraciones de “no querer confrontar”, sino que el gobierno “rectificará” que querían “negociar”. ¿Pero cómo negociar con corruptos y miserables que perpetran un atraco y una estafa a la clase trabajadora y a su país?
No quisieron ni quieren escuchar otra cosa que no sea garantizar con el Gobierno la "paz social" a costa de la cada vez mayor miseria de los trabajadores y el pueblo.
No hay otra salida para derrotar esa Reforma, para crear conciencia de clase y lograr la defensa y progreso de la clase trabajadora que no sea, la huelga general y no testimonial de un día como pasó el 29 de Septiembre, sino como parte de un plan de lucha hasta echarla a abajo.

Cuanto más nos hace falta un sindicato para unirnos y luchar más convierten los dirigentes de CCOO y UGT a sus sindicatos en un factor de división y de entrega.

¿Cómo vamos a defender desde la sección sindical de CCOO los salarios, los derechos conquistados, si nuestros dirigentes firman sus recortes primero y ahora se niegan a responder con contundencia a la reforma? ¿Cómo vamos a decirles a nuestras compañeras y compañeros que las cosas las decidimos entre todas, democráticamente, en asambleas, si nuestro sindicato hace lo opuesto, funciona por "el ordeno y mando" de los jefes del sindicato sin consulta a la base? ¿Cómo vamos a decirles a nuestras compañeras que el pan y el trabajo se defienden luchando si nuestros dirigentes se entregan una y otra vez al gobierno de turno y a la patronal? ¿Cómo hacer pedagogía de la lucha obrera si el sindicato es en sí una organización kafkiana en la que quien menos talento tiene y menos hace mayor progreso obtiene? ¿Cómo lograrlo todo esto desde una estructura dedicada a la prestación de servicios (cursos, seguros, vacaciones,…) que ni siquiera respeta lo que dice defender cuando trata sus propias relaciones laborales con sus propios empleados y empleadas?

Quizás haya tardado mucho pero no se puede seguir ni un día más en un Sindicato así. Quedarse, desgraciadamente, es acabar haciéndose cómplices de cuanto éste hace.

Abandono CC.OO. pero no la lucha obrera, de la que cada día, me encuentro y pese a las dificultades que siempre versan en los egoísmos personales de mediocres, más convencido.

viernes, 24 de marzo de 2017

El mundo amarillo de Albert Espinosa


 
Hace unos años, seis o siete incluso, era un asiduo al late night de Buenafuente (ahora de vez en cuando, lo sigo visualizando, pero a la carta) y en uno de sus programas apareció Albert Espinosa, autor de El mundo amarillo, libro que presentaba y del que fue a hablar, haciendo una declaración de positivismo y ganas, pese a las circunstancias, que caló en mi, fijo su obra como pendiente en mis lecturas, hasta que en el pasado mes de noviembre, conseguí el libro, hasta atacarlo y devorarlo en apenas un par de tardes esta semana.
El mundo amarillo, está considerado como un libro de auto-ayuda por mucha gente, aunque el propio autor desde el prólogo ya defiende que no se trata de ese tipo de libros porque no pretende dar soluciones, sino que se constituye como un relato episódico de las enseñanzas que ha ido adquiriendo durante su vida, no precisamente fácil, no catalogable como común. Al contrario, se trata de un libro trascendente cargado de vitalidad y valor para afrontar la vida y sus etapas, sus problemas y momentos duros y también los buenos.
Albert Espinosa, el autor, durante su adolescencia y juventud padeció cáncer, hasta cuatro diferentes, que se han saldado por interminables temporadas residiendo en el hospital, innumerables pruebas y diagnósticos y sin una pierna, un pulmón y con un trozo de hígado. Pero hoy ya está curado, y decidió sentarse a plasmar lo que aquella experiencia también le ha legado en materia de aprendizaje y crecimiento, justo en esa época en la que cada uno de nosotros nos configuramos como personas.
Aunque me diréis que tal preámbulo, o incluso habiendo leído partes totalmente el libro hace referencia a un libro de auto-ayuda al uso, no se puede, ni debe, encasillar esta obra en ese epígrafe, porque al final lo que compone el relato de Espinosa es una forma de enfrentarse a la vida, con vitalidad, con honestidad, amor propio y solidaridad y cooperativismo con los demás.
El libro, lógicamente tiene mucho de autobiográfico. Es capaz de sacarnos más de una sonrisa y también llevar nuestras lágrimas al filo. Está escrito de manera cercana, como quien enseña a vivir. Y también de una forma amena y clara, facilitando más aún lo que de por si misma es una lectura divertida y estimulante.
A modo de capítulos nos muestra una serie de descubrimientos que el autor tuvo durante su vida en los hospitales mientras luchaba contra la enfermedad, tanto la propia como la de sus compañeros de planta. Todos esos descubrimientos y experiencias llevan al mundo amarillo y a quienes son los amarillos y por qué son importantes, imprescindibles, en nuestra vida. Un resumen que no quiere en absoluto laminar vuestro interés para leer El mundo amarillo, es que los amarillos son esas personas especiales en tu vida, que no tienen porque ser parejas, familia, o amigos, sino que en un momento concreto han cumplido una función fundamental en nuestro devenir, aportando conocimiento, calma, estímulo o lo que sea necesario en ese instante.
La lectura es tan amena e interesante que te lleva casi sin querer a que tú, lector, inconscientemente te plantes con el libro entre cerrado a pensar quienes son tus amarillos, si tu has sido o eres amarillo de alguien, y a darte las herramientas necesarias para poder reconocerlos y valorarlos en el presente y el futuro, así como para ofrecerte tu mismo como tal.
Por todo esto, no puedo más que animaros a leer o releer El mundo amarillo de Albert Espinosa. En definitiva, no se trata más de una lectura vitalista, divertida e interesante para intentar ser mejores personas y construir un mundo mejor para todos y todas.

jueves, 9 de marzo de 2017

El deporte de élite femenino en #Españistan


La selección femenina de baloncesto, celebrando su medalla de Plata en los JJOO Rio 2016

La selección está jugando el europeo”.
Sí, has oído bien. Puede que la selección está jugando y tú no te hayas enterado. Los bares no sacan pantallas gigantes a las terrazas, no hay anuncios televisivos protagonizados por las estrellas del equipo, los supermercados no ofertan merchandising, y ni siquiera vemos los balcones adornados con banderas. Por si fuera poco, seguramente, la selección está compitiendo a un muy buen nivel, está ganando, ha pasado a cuartos de final invicta, pero no se oyen petardos ni la gente se baña en las fuentes. 
¿Qué es lo que pasa?
"Es baloncesto, no es fútbol". “O balonmano”. “Es natación sincronizada o gimnasia rítmica”.
"Sí, pero 'los chicos de oro' llenaron la plaza de Colón cuando ganaron el mundial en Japón".
"Es la selección femenina".
"Haber empezado por ahí".


Selección femenina, hay que decirlo todo, que si no puede dar lugar a confusión. La selección de baloncesto, de fútbol, o de balonmano; el deporte sin "apellido" siempre es el practicado por hombres. Consideramos necesario colocar un adjetivo detrás si las que juegan son mujeres. El deporte masculino es el universal, el bueno, el de verdad, no necesita presentaciones. El femenino es una excepción y por eso hay que especificar.
Sabemos que quien destaca en un deporte se convierte en referente, en un ejemplo a seguir para niños y jóvenes que buscan alguien a quien parecerse. Seguro que eres capaz de nombrar tres o cuatro grandes deportistas de diferentes disciplinas, aunque no sean tu preferida. Y seguro que los primeros que se te vienen a la mente, sin pensarlo mucho, son hombres. Encontrar un referente femenino cuesta más, una niña que empieza a jugar y a ver baloncesto conocerá a Juan Carlos Navarro, Pau Gasol o Sergio Llull de manera casi inmediata, porque todas las semanas podemos ver algún partido de ellos. Para conocer a Alba Torrens, Marta Xargay, Silvia Domínguez, estas tienen que llegar a clasificarse para algún campeonato internacional y que alguna televisión haga un hueco en su parrilla.


Y es que no es noticia. A pesar de los logros alcanzados en europeos, mundiales y olimpiadas, el deporte femenino ocupa una columna en un periódico, treinta segundos en la radio, una imagen al final del telediario o una franja horaria nocturna en algún canal secundario. Los medios de comunicación siguen ejerciendo un papel muy importante en la opinión de la sociedad, y las decisiones que toman sobre los contenidos que incluyen y la relevancia que les adjudican son determinantes a la hora de hacer que un tema esté de actualidad, que hablemos de ello con los vecinos en el ascensor o al llegar al trabajo. Sin repercusión mediática, el deporte femenino es invisible. Y si es invisible es muy difícil que una niña vea que se puede llegar alto, que con esfuerzo y constancia nosotras también podemos lograr grandes hazañas.
Siempre hay excepciones. Carolina Marín y Mireia Belmonte han saltado a las portadas llegando al máximo nivel de sus respectivos deportes, han conseguido escalar el muro, desplazando noticias muchísimo menos relevantes pero que están protagonizadas por hombres. Pero ningún medio informa sobre cómo ha sido el entrenamiento previo a la competición de Mireia, o si Carolina ha tenido problemas físicos, algo a lo que estamos acostumbrados cuando se trata de deporte masculino. Por eso, aun en casos excepcionales como los de estas dos portentos, el deporte femenino sigue relegado a un segundo plano.
Es más, en multitud de ocasiones, “la noticia del día” referente a estas deportistas, u otras, del brillante panorama polideportivo femenino en España, son sus relaciones, sus parejas, o sus fotos en bikini en un descanso o en su tiempo de ocio. Y estamos hablando de medios, periódicos, supuestamente deportivos, que no pasan de ser gacetillas forofas de Madrid o Barça, según sea la localización de la redacción, o tertulias “salvamizadas” de fútbol protagonizadas por hinchas garrulos acompañados de alguna mujer florero.
Frente a esta realidad que atormenta al deporte patrio, esta el día a día de todos y todas los deportistas que trabajan en silencio durante toda su vida para un momento, una calificación, una final que a lo mejor distrae la atención colectiva durante unos pocos minutos al año.
Si está realidad colectiva del deporte español es dolorosa para nuestros atletas masculinos, lo es mucho más para nuestras mujeres deportistas. Ellas además de esta discriminación, sufren la del adjetivo del principio de este artículo: la femenina.
Al igual que el resto de mujeres en sus ámbitos laborales o personales, las mujeres deportistas sufren discriminaciones y desigualdades que van desde el acceso a menores en número y cuantía becas deportivas; la dificultad extrema para compatibilizar la vida diaria, los entrenos, la competición y la posibilidad de ser madre, una situación común a la vida de la mujer, en cualquier profesión. Y además, tienen que luchar para que su mínima exposición a los medios no se convierta en una caricatura o en una llamada de atención al onanismo.
Ayer fue 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Como cada año, miles de mujeres (y hombres) salimos a las calles a reclamar igualdad de derechos entre hombres y mujeres, justicia social y acabar ya con una política firme de Estado con el machismo, el heteropatriarcado y la violencia doméstica.
Y mientras caminábamos, pensaba en la oportunidad que estamos perdiendo como sociedad, para a través del deporte, y el talento, descaro, trabajo y fenomenal ejemplo de nuestras deportistas, educar en valores de emancipación femenina, e igualdad, respeto y tolerancia hacia la mujer, tanto en el mundo laboral, como en el social y el afectivo.
Debemos de exigir que el deporte femenino tenga su espacio, amplio, consecuente y trabajado en los espacios de información y retransmisión deportiva. Ampliando las disciplinas y los eventos, como por supuesto en el deporte masculino que no es fútbol de Madrid y Barça.
Sólo así, de esta manera, el deporte, ayudará a la concienciación y la educación en valores y respeto e igualdad, tanto por exponer la práctica deportiva como una forma de enriquecimiento personal tanto a hombres, como mujeres, así como para mostrar la inmensa capacidad de las mujeres para lograr el éxito en todo lo que se propongan y provocar, como han hecho en cada momento de la historia, el avance como sociedad.

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo: Día de la Mujer Trabajadora. Reivindicativo y festivo para acabar con la desigualdad, la violencia y la precaridad



Desigualdad, precariedad, discriminación y violencia son las palabras que definan la situación de la mujer en este 8 de marzo, un año más, Día Internacional de la Mujer, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Desigualdad con respecto a los hombres, precariedad en el trabajo -el desempleo, el empleo temporal y a tiempo parcial y la precariedad laboral le afecta más que a los hombres- discriminación para acceder a puestos de responsabilidad y la violencia de genero que en este comienzo de año esta alcanzando cotas inimaginables.
Algunos datos ejemplificares de la brecha y la desigualdad laboral de las mujeres:
  • 11 puntos en la tasa de actividad, el 53,41% para las mujeres frente al 64,50% de los hombres.
  • 3 puntos en la tasa de paro, 20,36% mujeres 17,34% hombres.
  • 11 puntos en la tasa de empleo femenina, el 42,59% frente 53,63% de los hombres.
  • El 72,60% de las personas con contrato a tiempo parcial; es decir, 7 de cada 10 son mujeres.
  • 30% de brecha salarial: el salario medio anual de las mujeres tendría que aumentar un 30% para equipararse al masculino. (Encuesta Estructura Salarial 2014).
  • Se incumple el porcentaje de paridad 40/60 establecido en la Ley de Igualdad de 2007 en el acceso de las mujeres a la toma de decisiones; en las empresas del IBEX las consejeras tienen una escasa presencia del 19%.
  • Del total de personas desempleadas, 2.218.273 son mujeres, lo que cons tuye el 53,44% del paro registrado.
  • 10,6% en la tasa de cobertura de la prestación por desempleo (49,5% mujeres frente al 60,1% hombres), con menor cuantía de la prestación (un 19% menos para las mujeres al depender del tiempo y salario cotizado).
  • La pensión media de las mujeres está en 767 euros, frente a los 1.219 euros de los hombres.
  • Además, con la crisis, perdón estafa, que desde 2008 venimos sufriendo las clases trabajadoras, la mujer ha tenido que ampliar su papel de cuidadora y ama de casa, algunas veces expulsada de los “mercados” laborales y otras tomando esa decisión para cuidar y sostener a sus progenitores y/o los de su pareja, o a parientes con enfermedades y discapacidades. Cifras estimadas, porque no hay una estadística oficial, indican que sólo en España y desde 2010, 450.000 mujeres han dejado su trabajo a tiempo completo fuera del hogar, para desempeñar labores de cuidadoras, teniendo a consecuencia una disminución de los ingresos en las economías familiares del hasta 35% en algunos casos, sin contar con la disminución en las cotizaciones y en los seguros públicos de jubilación de estas mujeres.
Es decir, la contrarreforma laboral del Partido Popular y los recortes en Sanidad y servicios sociales (también en Educación que junto a un modelo aupado en la LOMCE, olvida la educación inclusiva en igualdad y respeto) se ha cebado más con las mujeres, lo que une en una sola norma la más absurda ideología neoliberal, con la no menos lacerante y abusiva ideología heteropatriarcal, machista y conservadora de la que los “populares” hacen gala día si y día también.


Por otro lado, la lacra de la violencia de genero, lejos de frenarse o atenuarse, parece que este año pretende batir un siniestro récord. Si durante 2016, 53 mujeres murieron a mano desus parejas o ex parejas, durante los meses de enero y febrero de 2017 fueron asesinadas 15 mujeres, dejando además un terrible reguero de decenas de niños/as huérfanos y huérfanas.
Ante esta situación el gobierno del PP se muestra ineficaz en las políticas públicas para combatir la violencia estructural contra las mujeres. Yendo de la palabrería vana a la más completa desidia. Por eso es comprensible y necesario el Paro Internacional de Mujeres para denunciar el nulo compromiso político de los Gobiernos para erradicar la violencia contra las mujeres, así como la desigualdad y discriminación que padecen en el ámbito laboral.
Y no puedo dejar de recordar la situación de mujeres que no tendrán su 8 de marzo y por las que es necesario movilizarse aún mucho más, por sufrir una mayor discriminación por el hecho de ser mujer. Mujeres, de todas las edades y estratos, en sociedades fundamentalistas, retrógradas y de corte fascista, que proliferan en todo el mundo, uniendo a la desigualdad por ser pobre, desheredada, víctima de una guerra o un exilio, de la prostitución y la trata, del hambre y la enfermedad, y también, desgraciadamente cómo no, por ser mujer.
El 8 de marzo hay que levantar la voz por los derechos laborales, la eliminación de las desigualdades de las mujeres y contra la lacra de la violencia de genero. Por la falta de respeto a los derechos humanos y civiles de todas las mujeres en el mundo.

martes, 7 de marzo de 2017

Historia del mayor crimen perfecto: Inside Job


 
A estas alturas la mayoría de vosotros ya lo habréis visto. A aquellos que no, os lo recomiendo. A los que sí, nunca viene mal volver a pensar un poco en lo sucedido, como hice yo la otra noche, siendo este documental un buen resumen y recuerdo de lo sucedido.
Documental americano estrenado en cines en a finales de 2010 gracias al Oscar al Mejor Documental que recibió en 2010, y sobre todo por el tema que trata: la crisis financiera de 2008 y que ha continuado hasta nuestros días.

Narrado por Matt Damon, curiosamente uno de los actores que apoyó a Barack Obama en su llegada a la Casa Blanca y que ha reconocido su desencanto por las decisiones que tomó el ya ex-presidente de los Estados Unidos en cuanto a sus decisiones en materia de política económica y regulación de las practicas financieras.
Damon, como un narrador omnisciente, va desgranando con detalle las razones que han llevado a la crisis mundial, con foco en EE.UU., donde la alianza entre los organismos políticos y las grandes corporaciones económicas fueron el día a día bastante antes de que todo estallara en 2008 (se remonta a los tiempos de Ronald Reagan). Entonces ya era más que evidente la alianza perversa y corrupta que empezó manipulando el mercado inmobiliario y generando letales burbujas y que ha llegado incluso a controlar las jerarquías universitarias y las decisiones legales. 
Nos cuenta la crisis financiera actual desde sus comienzos, vista por sus ejecutores, bien por acción o por inacción. No hay apenas hueco para las víctimas, aunque el autor logra concienzudamente que siempre estén presentes. Pretende aclarar las causas de las crisis financiera mundial provocada por las hipotecas “subprime” y señalar a sus responsables a través de los testimonios de inversores, economistas y hasta el antiguo director del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn o el filántropo George Soros, que ha acostumbrado a usar productos mass media, como pueda ser esta película, para quedar como el "rico bueno".
Construido de forma sencilla directa y ordenada cronológicamente se estructura en varias partes, dedicando la introducción a la crisis financiera en Islandia de 2008 y 2009 (y su revolución silenciada), continua exponiendo las causas de la crisis mundial y finaliza con un diagnóstico de la situación actual, concluyendo lo poco que se ha hecho durante la administración Obama y lanzando lo erróneas de sus planteamientos como los tratados comerciales como el TTIP o el Transpacifico. Se centra en los cambios en la industria financiera, los grandes riesgos que se permitieron tomar eludiendo las regulaciones que pretendían controlar el sistema, y sobre todo, el conflicto de intereses que existe en el sector financiero y que en la mayoría de los casos se oculta al público y la presión que ejerce dicho sector en los políticos.
Estructurada en cinco bloques y recurriendo a una combinación clásica de materiales, van sucediéndose en Inside Job multitud de entrevistas con los "responsables directos" de la crisis (muchos quedan en evidencia y otros declinaron participar), así como especialistas del ámbito económico, político, académico y empresarial, que se suman a materiales de archivo, imágenes urbanas, comparecencias públicas, gráficos ilustrativos de cifras y porcentajes... Uno lo aprecia sobre todo por su función periodístico-informativa, por su meticuloso rastreo y exposición y por el hecho de dejar constancia de algunos de los barros de los que proceden estos lodos.
 
Es cierto, que durante su transcurso en ocasiones se hace difícil seguir el hilo de la narración ante la avalancha de personajes, discursos, datos y teoría y práctica de la macro economía que se expone ante el cerebro del espectador que puede acabar atosigado, bombardeado e incluso desconectado.
Supongo que es difícil juzgar la objetividad del documental dependiendo en gran parte del posicionamiento ideológico del espectador y su conocimiento del tema. Aún así, me atrevo a decir que es bastante imparcial y no deja indiferente, aunque se llega a la triste conclusión que poco puede hacerse salvo indignarse.
Solamente añadir que aunque es un documental ameno y didáctico, a veces trata temas demasiado técnicos y de difícil comprensión.
El final del documental no es nada optimista pues afirma que a pesar de las regulaciones financieras que se han producido a raíz de la crisis, el sistema que la provoca no ha cambiado. Podemos acabar con las palabras del propio director Charles Ferguson al recoger el Oscar “… discúlpenme, pero debo arrancar señalando que tres años después de que estallara nuestra horrible crisis causada por el fraude financiero masivo, ni un solo ejecutivo ha sido encarcelado, y eso esta mal...” (de hecho, el único encarcelado en los Estados Unidos ha sido Madoff, precisamente por aprovechar la avaricia instalada en el sistema y robar y estafar a los ricos).
Conclusión: Inside Job es la historia de un crimen perfecto
Primero desde los años 80 se genero una corriente de opinión académica y universitaria que lanzaba el axioma de que el mercado era el regulador perfecto y que no era necesaria la intervención del Estado como supervisor.
Después, cuando esa ideología la inmoralidad del neoliberalismo cuajo, para lo que no hubo problemas para explotar dictaduras fascistas en el tercer mundo, sus seguidores se aupaban a los consejos de administración de Wall Street, los claustros de las principales facultades de economía de las universidades americanas y el mismo funcionaria-do de élite de los dos partidos americanos.
Desde allí, y usando las puertas giratorias de manera continuada, comenzaron a hacer negocios explotando la avaricia innata del ser humano. Se valieron de su control de las políticas económicas de los gobernantes de turno, como asesores. Invadieron los cuerpos de los organismos de regulación y control financiero y de las Agencias de calificación que fueron avalando las prácticas de esta mafia para al final  generan burbujas a cuyo estallido le ha seguido un mundo más injusto, inseguro y decadente.
El Estado que no hizo sus deberes para controlar y supervisar a los mercados, finalmente rescató con dinero público a las empresas corruptas. Los responsables del fraude no han acabado en la cárcel, regresaron a casa con los bolsillos llenos y hasta se re colocaron en el Gobierno u otras instituciones económicas mundiales desde las cuales incluso dictaron las recetas para salir del despropósito económico y social que ellos mismos habían provocado.
Y mientras, las calles, salvo esporádicos en el espacio o en el tiempo conatos de rebeldía, silenciadas.
Al final Inside Job viene a hacer un poco de justicia poética, porque de la otra, nada de nada.