jueves, 9 de marzo de 2017

El deporte de élite femenino en #Españistan


La selección femenina de baloncesto, celebrando su medalla de Plata en los JJOO Rio 2016

La selección está jugando el europeo”.
Sí, has oído bien. Puede que la selección está jugando y tú no te hayas enterado. Los bares no sacan pantallas gigantes a las terrazas, no hay anuncios televisivos protagonizados por las estrellas del equipo, los supermercados no ofertan merchandising, y ni siquiera vemos los balcones adornados con banderas. Por si fuera poco, seguramente, la selección está compitiendo a un muy buen nivel, está ganando, ha pasado a cuartos de final invicta, pero no se oyen petardos ni la gente se baña en las fuentes. 
¿Qué es lo que pasa?
"Es baloncesto, no es fútbol". “O balonmano”. “Es natación sincronizada o gimnasia rítmica”.
"Sí, pero 'los chicos de oro' llenaron la plaza de Colón cuando ganaron el mundial en Japón".
"Es la selección femenina".
"Haber empezado por ahí".


Selección femenina, hay que decirlo todo, que si no puede dar lugar a confusión. La selección de baloncesto, de fútbol, o de balonmano; el deporte sin "apellido" siempre es el practicado por hombres. Consideramos necesario colocar un adjetivo detrás si las que juegan son mujeres. El deporte masculino es el universal, el bueno, el de verdad, no necesita presentaciones. El femenino es una excepción y por eso hay que especificar.
Sabemos que quien destaca en un deporte se convierte en referente, en un ejemplo a seguir para niños y jóvenes que buscan alguien a quien parecerse. Seguro que eres capaz de nombrar tres o cuatro grandes deportistas de diferentes disciplinas, aunque no sean tu preferida. Y seguro que los primeros que se te vienen a la mente, sin pensarlo mucho, son hombres. Encontrar un referente femenino cuesta más, una niña que empieza a jugar y a ver baloncesto conocerá a Juan Carlos Navarro, Pau Gasol o Sergio Llull de manera casi inmediata, porque todas las semanas podemos ver algún partido de ellos. Para conocer a Alba Torrens, Marta Xargay, Silvia Domínguez, estas tienen que llegar a clasificarse para algún campeonato internacional y que alguna televisión haga un hueco en su parrilla.


Y es que no es noticia. A pesar de los logros alcanzados en europeos, mundiales y olimpiadas, el deporte femenino ocupa una columna en un periódico, treinta segundos en la radio, una imagen al final del telediario o una franja horaria nocturna en algún canal secundario. Los medios de comunicación siguen ejerciendo un papel muy importante en la opinión de la sociedad, y las decisiones que toman sobre los contenidos que incluyen y la relevancia que les adjudican son determinantes a la hora de hacer que un tema esté de actualidad, que hablemos de ello con los vecinos en el ascensor o al llegar al trabajo. Sin repercusión mediática, el deporte femenino es invisible. Y si es invisible es muy difícil que una niña vea que se puede llegar alto, que con esfuerzo y constancia nosotras también podemos lograr grandes hazañas.
Siempre hay excepciones. Carolina Marín y Mireia Belmonte han saltado a las portadas llegando al máximo nivel de sus respectivos deportes, han conseguido escalar el muro, desplazando noticias muchísimo menos relevantes pero que están protagonizadas por hombres. Pero ningún medio informa sobre cómo ha sido el entrenamiento previo a la competición de Mireia, o si Carolina ha tenido problemas físicos, algo a lo que estamos acostumbrados cuando se trata de deporte masculino. Por eso, aun en casos excepcionales como los de estas dos portentos, el deporte femenino sigue relegado a un segundo plano.
Es más, en multitud de ocasiones, “la noticia del día” referente a estas deportistas, u otras, del brillante panorama polideportivo femenino en España, son sus relaciones, sus parejas, o sus fotos en bikini en un descanso o en su tiempo de ocio. Y estamos hablando de medios, periódicos, supuestamente deportivos, que no pasan de ser gacetillas forofas de Madrid o Barça, según sea la localización de la redacción, o tertulias “salvamizadas” de fútbol protagonizadas por hinchas garrulos acompañados de alguna mujer florero.
Frente a esta realidad que atormenta al deporte patrio, esta el día a día de todos y todas los deportistas que trabajan en silencio durante toda su vida para un momento, una calificación, una final que a lo mejor distrae la atención colectiva durante unos pocos minutos al año.
Si está realidad colectiva del deporte español es dolorosa para nuestros atletas masculinos, lo es mucho más para nuestras mujeres deportistas. Ellas además de esta discriminación, sufren la del adjetivo del principio de este artículo: la femenina.
Al igual que el resto de mujeres en sus ámbitos laborales o personales, las mujeres deportistas sufren discriminaciones y desigualdades que van desde el acceso a menores en número y cuantía becas deportivas; la dificultad extrema para compatibilizar la vida diaria, los entrenos, la competición y la posibilidad de ser madre, una situación común a la vida de la mujer, en cualquier profesión. Y además, tienen que luchar para que su mínima exposición a los medios no se convierta en una caricatura o en una llamada de atención al onanismo.
Ayer fue 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Como cada año, miles de mujeres (y hombres) salimos a las calles a reclamar igualdad de derechos entre hombres y mujeres, justicia social y acabar ya con una política firme de Estado con el machismo, el heteropatriarcado y la violencia doméstica.
Y mientras caminábamos, pensaba en la oportunidad que estamos perdiendo como sociedad, para a través del deporte, y el talento, descaro, trabajo y fenomenal ejemplo de nuestras deportistas, educar en valores de emancipación femenina, e igualdad, respeto y tolerancia hacia la mujer, tanto en el mundo laboral, como en el social y el afectivo.
Debemos de exigir que el deporte femenino tenga su espacio, amplio, consecuente y trabajado en los espacios de información y retransmisión deportiva. Ampliando las disciplinas y los eventos, como por supuesto en el deporte masculino que no es fútbol de Madrid y Barça.
Sólo así, de esta manera, el deporte, ayudará a la concienciación y la educación en valores y respeto e igualdad, tanto por exponer la práctica deportiva como una forma de enriquecimiento personal tanto a hombres, como mujeres, así como para mostrar la inmensa capacidad de las mujeres para lograr el éxito en todo lo que se propongan y provocar, como han hecho en cada momento de la historia, el avance como sociedad.