domingo, 15 de noviembre de 2015

Libertad y terror; Igualdad y tristeza; Fraternidad y dolor



Está mañana una treintena de vecinos de Santa Marta de Tormes nos reuníamos bajo las banderas a media asta en la plaza del Ayuntamiento, para honrar con un minuto de silencio y unos aplausos a las víctimas. A todas las víctimas del terrorismo y la barbarie.

Pero la convocatoria era muestra de repulsa y solidaridad con las víctimas del brutal ataque terrorista de la noche del pasado viernes 13 de noviembre en París.

Desde estas líneas expresó el dolor y las tristeza y mi más absoluto rechazo y condena a este acto terrorista y a todos los terrorismos. A esta aberración, a éste sin-sentido rastrero, irracional y absurdo que ha segado la vida de más de 130 personas (de momento), marcado la vida para siempre de decenas de miles y tocada la mentalidad y voluntad de París, Francia y Europa, perpetrada por el Daesh manchando el nombre del Islam.

Sintiendo tan cercanas las víctimas de antes de ayer, como las del atentado del 11-M de 2004 en Madrid, no puedo y no quiero olvidarme de quienes llevan sufriendo y sufren cada día las acciones de los bárbaros, terroristas que ahora traen a Europa parte del dolor que causan y que en buena medida también viene por las políticas que Occidente ha llevado a cabo en Oriente Próximo y Oriente Medio durante los últimos 40 años.

Esas políticas de rearme de grupos de presión, persuasión y oposición a los gobiernos (algunos de ellos dictatoriales) en los territorios en torno a la Península Arábiga. Vergonzosas fotografías en las Azores que con mentiras nos llevaron a una guerra para lucro de las corporaciones y multinacionales, que por petróleo y armas han convertido en Estados fallidos una serie de países que tenían relativa estabilidad social en la zona, progreso e incluso mantenían a raya a los intolerantes frente a los tolerantes (leáse el caso de Afganistán). Masacramos a los Kurdos que luchan por acabar con los fascistas, como Europa hizo en los años 40 del pasado siglo y sin embargo nos mostramos aliados con monarquías absolutistas como la saudí que se ha demostrado como ha financiado a grupos terroristas, propiciado revueltas en los países de su entorno y llevado un modelo de sociedad fascista que bajo el paraguas de la religión impone la supresión de los Derechos Humanos.

Toda esa situación nos ha traído el movimiento migratorio de los refugiados sirios e iraquíes que huyen de una guerra in civil que ha convertido en tierra quemada y estados fallidos dos países que hasta hace bien poco, eso sí, bajo dictaduras mantenían controlado el islamismo radical. Pero ahora armados por Occidente, financiados por Arabia Saudí tratan de imponer su retrogrado y fascista modelo de vida con la guerra allí cada día, y de vez en cuando con el terrorismo aquí en Occidente.

Y ahora nos planteamos qué hacer, cómo combatir. Y en caliente se producen aun más dolientes declaraciones de energúmenos que bajo apellidos como periodistas o políticos no tienen reparos en echar más gasolina al fuego, imponer al fascismo con más fascismo. Y no les preocupa porque en este modelo de guerra, con el capitalismo lucrándose y retroalimentando el dolor es el pueblo, es la clase trabajadora, la que pone las víctimas, mientras ya sea traficando con armas, petróleo, drogas o cadenas de favores una oligarquía aumenta sus beneficios. Son sus guerras, pero son nuestras víctimas. Y es que los atentados de París, como los de Beirut el viernes por la mañana, o los muertos de hoy en Nigeria, son una locura atroz y horrible en respuesta a una guerra que poco tiene que ver con el pueblo francés, el libanés o el nigeriano.

Se plantean escenarios donde se eliminen las libertades y las garantías procesales. Pero en cambio todavía no he oído hablar a nadie de quienes toman las decisiones de combatir a quienes financian tanta atrocidad. A quienes venden las armas. Porque sin dinero y sin armas no se puede atentar. Sin embargo es mejor caer en la tentación de restringir la libertad y los derechos de asociación, expresión, a la información o manifestación, porque los fascismos, sean donde sean y vengan de donde vengan, son todos iguales y buscan eliminar los Derechos Humanos e imponer un modo de vida que es justo y maravilloso para unos pocos y cruel y horrible para los demás.

Por todo ello nos debería preocupar, en cambio, el poco vigor con el que condenamos las víctimas del mismo tipo de terrorismo en otros países geográficamente también muy próximos como Líbano, Irak o Siria... Se diría que hay víctimas de primera y de segunda categoría y esto es moralmente indefendible.

Y también nos debería preocupar el conseguir dosificar adecuadamente las emociones y la razón, conjugándolo con un periodismo que cumpla su función primordial: Informar con honestidad y veracidad. Y es que cuando el terrorismo no es un fenómenos aislado y puntual es que hay causas objetivas de carácter político que favorecen su desarrollo. Hay poderes políticos, económicos y mediáticos  el debate sobre estas causas les incomoda porque son ellos los que han contribuido poderosamente a incrementarlas. Por eso intentan hurtarnos este debate aventando únicamente el miedo y la emoción. Mala fórmula.

En los últimos 15 años, desde el ataque a las Torres Gemelas y la respuesta absurda comandada por el infame Trío (Cuarteto) de las Azores, los países de la OTAN  han (hemos) incrementado notablemente nuestra vieja costumbre de "poner orden" en Oriente Medio por via militar y hemos contribuido muy activamente a la explosión política de tres estados vecinos (Afganistán, Irak y Libia), hemos apoyado sin  fisuras al estado israelí y a la represión inhumana contra el pueblo palestino, hemos alentado una guerra civil en Siria que ya dura 5 años y que está provocando una inmensa tragedia humanitaria... y el resultado de estas políticas no puede ser más nefasto: estamos mucho peor que antes de empezar.

Toda mi solidaridad, apoyo y dolor con las víctimas del terrorismo fascista, de naturaleza islamista, que murieron en París el viernes. Y también con sus familias y toda la sociedad francesa.

Toda mi solidaridad, apoyo y dolor con todas las víctimas, sus familias y quien están huyendo de esa misma barbarie desde Siria, Irak, el Magreb, Nigeria...

Y a quienes sufren el mismo terror aunque venga impuesto por aliados en Palestina y el Sahara Occidental.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Marcha Feminista: Acabemos con el fascismo de sala de estar



Ayer sábado 7 de noviembre, #7N, tuvo lugar la primera marcha estatal contra las violencias machistas en España. Un evento que se ha venido gestando como respuesta de la sociedad civil y de las asociaciones de mujeres, y también de hombres, que luchan por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, y por supuesto, por la erradicación absoluta tanto del machismo, como de la constatación física, la violencia (todo tipo de violencias) en el entorno doméstico y de las relaciones de pareja.

Hacia ya mucho que no se organizaba una de estas a nivel nacional. Se han montado gordas en Barcelona en torno a la cuestión catalana (por cierto, opino que todos los pueblos deben de tener el derecho de autodeterminación y que la respuesta a un problema político a de darse con el diálogo y el resto de herramientas del meta lenguaje político) pero ya llevábamos más de un año sin una marcha a nivel estatal hacia Madrid. Y ni las mareas (salvo Marea Blanca en el caso de Salamanca) ni otros colectivos han venido imponiendo grandes protestas, sino más bien una estrategia mucho más atomizada, que además ha facilitado la labor de los medios del capital de ocultarla, así como el descontento con el estado de las cosas.

Mientras la gente ha afilado su voto en casa y ha asistido, en algunos casos como el particular mío, estupefacta a la defragación de las posibilidades de articular un gobierno de izquierdas que acabe con el neoliberalismo y el austercidio en España, y por ende en Europa, la conflictividad ha cesado su actividad. Nos hemos quedado en casa y mientras el sistema se recambia y regenera, es la izquierda quien cae en las encuestas y quien parece vamos a pagar otra factura, está la política y electoral, de los años de orgasmos financieros y las épocas de ajustes en la vida diaria y los derechos de la clase trabajadora.

Pero estos dos últimos párrafos no son el tema de hoy. Únicamente me ha parecido conveniente contextualizar un tanto la convocatoria de ayer, sobretodo en cuanto a la parte de emotividad y lucha de la gente, teniendo en cuenta que en mi opinión, habiendo mantenido la conflictividad social, la agitación en las calles y la rebeldía en las instituciones ahora tendríamos (probablemente y es una opinión personal, repito) una mejor posición para a partir de 2016 cambiar este país.

Pero lo de ayer era el día de la lucha por la igualdad. Una lucha capitaneada por todas las mujeres, y muchos hombres, para arrinconar el machismo y está sociedad patriarcal que ve en la mujer un cuerpo, un recurso, en definitiva un objeto, sin derechos, ni sentimientos y del que extraer un lucro, un abuso. La mujer, como institución, sufre la presión mediatizada de una historia escrita por los hombres; de un papel secundario injusto, insolidario y a la vez falso, puesto que no pocos los avances de la humanidad han venido de la mano de mujeres que han aportado en no pocas ocasiones más que los hombres.

Y a titulo individual, personal, cada mujer sufre infinitas formas de discriminación. Desde el mundo laboral, donde la precariedad es aún más dolorosa para con la mujer, que ya de entrada por ciertos déficits de la educación en las generaciones anteriores se ve empujada a las tareas de más baja cualificación y peores salarios y condiciones. Donde esos salarios sobre mismas tareas son terriblemente desiguales, y en donde apenas existe la promoción laboral para el sexo femenino. Y en los hogares, ancladas las mujeres soportando mayoritariamente en soledad las cargas de las casas, como familia (hijos, mayores, dependientes) y tareas del hogar (limpieza, preparación de comidas, etc.).

Y cuando no siendo injusta y terriblemente castigadas por un fascismo de hogar, el machismo que convierte el amor en posesión, la convivencia en pesadillas y donde el respeto nunca aparece. Allí, en los domicilios, es donde se producen infinidad de agresiones. Desde las verbales y sentimentales, y que no deben tomarse jamás a la ligera, hasta ya físicas, con golpes y palizas, violaciones e incluso muertes.

En #Españistan van tantas mujeres asesinadas durante esta (supuesta) democracia, como el doble de personas que asesinó la banda terrorista ETA en 50 años de lucha armada. Es por eso de recibo hablar de un terrorismo machista. Un terror tan ilegítimo, encarnado e injustificado como el anterior, o como cualquier otro, por donde se trata de imponer por medio de la violencia y su control, muchas veces fruto de la sustentación económica, la supremacía del hombre por encima de los deseos y la felicidad de la mujer. Es un terrorismo que no conoce de treguas, ni negociaciones. Cuando se produce con la primera vejación, insulto se inicia un camino que normalmente va in crescendo llegando antes o después las agresiones físicas. A la violencia inusitada que como he contado, no pocas veces acaba en la máxima tragedia.

Mueren casi un centenar de mujeres al año en #Españistan, y también muchas veces sus hijos, sus familiares o sus nuevas parejas. Y mientras el estado mira hacia otro lado. Desde el inmovilismo de una sociedad patriarcal sustentada por una dolorosa educación (la de cosas que hay cambiar en #Españistan a base de educación), donde la Iglesia católica impone un código moral que deja a la mujer en la insignificancia y en un papel de ama de casa y madre, hasta un gobierno, el actual, del partido de derechas, de este país que dentro de la pléyade de políticas de recortes (y no sólo económicos) con los que ha tenido a bien castigarnos a los trabajadores, se cebó con la mujer. Mientras la Reforma Laboral precarizaba todo el empleo, lo que ya llevaba a la indignidad muchos de las profesiones ocupadas mayoritariamente por mujeres, sus políticas sociales deambulaban entre retirar conquistas y derechos básicos que van en la proximidad entre hombres y mujeres (como el aborto), en parar y eliminar las ayudas sociales a mujeres maltratadas, a dependencia lo que suponía dejar a muchas mujeres a cargo de sus familiares dependientes, y eliminando por último, cualquier virtud de laicismo y modernidad en la escuela pública y en la sanidad.

Pero el machismo no es sólo propio de la cultura española o mediterránea. Aparece en todos los países, con distintos grados, eso sí. Y es también parte de la sociedad capitalista que a través de la asignación de roles, empezando por los mercantiles y organizativos, y llegando a la publicidad se empeña en dejar a la mujer en un apartado secundario, como un objeto más de lujo, de estatus.

Pero ayer en Madrid, nos juntamos miles de personas (hablan de más de 200.000) venidas de todo el estado. Y había de todo. Madres, abuelas, hijas... Estudiantes, Periodistas, asistentas, conductoras, peluqueras, abogadas, médicas, profesores … trabajadoras. Deportistas, lectoras, escritoras, políticas, sindicalistas, luchadoras... Amigas, amantes, novias, esposas....Compañeras... Mujeres. Y hombres, también muchos hombres que aunque también tenemos interiorizadas comportamientos machistas nos avergonzamos de ellos, los aborrecemos. Y tratamos de cambiar. Porque el cambió vendrá primero individual y después poco a poco, social. Desde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras aficiones. Analizando el lenguaje, reflexionando sobre él y utilizándolo correctamente.

Ayer, #7N en Madrid, la Marcha Feminista, sentí orgullo de ver tanta gente comprometida, con ganas de cambiarlo todo. Fue una manifestación increíble, acompañada por un verano sol de noviembre. Recorriendo el centro de Madrid, desde Atocha hasta la Plaza de España, desde la acertadísima y brillante performance frente al Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales hasta la lecturas de manifiestos. Con notorias presencias de numerosos colectivos sociales y políticos. Y con muchísimas personas magníficas con las que pudimos hablar y comentar experiencias e ilusiones. En un ambiente de fiesta y reivindicativo se llevo a cabo toda la marcha. El conato de reventar la marcha por parte de los fascistas de vox, fue magníficamente solucionado. La emoción desbordada y la alegria y la rabia por un cambio necesario que se fraguó recordando los nombres de las fallecidas (también sus hijos) en el último año. Rabia y alegría expresada en multitud de tremendas y brillantes pancartas exhibidos y lemas coreados.


Hay un fascismo en el hogar. Un fascismo que al igual que el que reconocemos, el de los libros de historia que quiere volver y del fascismo económico, trata de eliminar los derechos humanos, las libertades, derechos y deberes de todas las mujeres. Pero ya hemos conseguido poner este drama, compuesto de multitud de dramas y tragedias personales en la palestra, en el discurso político. Y ha llegado el momento de no parar, de no cejar y lograr parar la masacre. No habrá un mundo mejor hasta que consigamos todos juntos que hombres y mujeres, sean iguales, y donde no haya ninguna amenaza y fuerza física, por mucho sustento social e ideológico retrógrado que haya, que se imponga a la voluntad, la libertad y la felicidad de nadie. Nos queremos vivas y libres y para eso necesitamos mucha educación y lucha feminista, y convertir esta lacra social en una cuestión de Estado.

Ni una muerte más. Nos queremos vivas. Por la mujer y su vida, su alegría y felicidad. Acabemos con el machismo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Recuerden, Recuerden.. el 5 de noviembre...



Recuerden, recuerden
el cinco de noviembre 
Conspiración, pólvora y traición.
No veo la dehora y siempre es la hora
para evocarla sin dilación

Con esta frase empieza V de Vendetta. La película del año 2006 y dirigida por James McTeguie bajo un guión y producción de los hermanos Wachowski, responsables y creadores de la saga Matrix, en su momento más espléndido, que vinieron en este caso a adaptar una novela gráfica de Alan Moore (una más) y que funcionaba en principio como un nuevo producto hollywoodiense, una muesca más de producto de consumo y ocio que reniega de la trascendencia y el despertar de conciencias.



Pero eso es sólo en principio. V de Vendetta no deja indiferente a nadie. No puede hacerlo. Y menos en nuestras sociedades de consumo y vacío del discurso político. De fascismo capitalista demoledor con las libertades. Y de la respuesta, lógica, soberana y legítima a la reacción. A la rebelión. Porque la opresión, la corrupción y el fascismo han de traer de manera indivisible la lucha, el convencimiento, la propagación de las ideas y los aires de cambio, libertad e igualdad.

Inspirada por el personaje histórico de Guy Fawkes, un británico católico que el 5 de noviembre de 1605 en la Conspiración de la Pólvora intentó volar el Parlamento para exigir el fin de las persecuciones religiosas, el libreto original, el de la novela gráfica de Alan Moore presenta la historia de un anti héroe, V, que surge como un fruto del propio sistema con la misión y el deseo de salvar de la represión a los ciudadanos y ciudadanas de una Inglaterra totalitaria fascista de un futuro próximo y reconocible. Con el paradigma de 1984 de Orwell, Moore desarrolla una sociedad controlada por un líder autoritario, Adam Sutler, divinizado bajo el culto a la personalidad y la fuerza del partido único, Fuego Nórdico (North Fire) cuya obsesión es “Recordar a todos porque nos necesitan” para justificar la supremacía del poder fascista, y donde los habitantes son vigilados por cámaras, reprimidos por policías secretas y funcionarios turbios y corruptos, donde no existe la libertad de prensa u opinión y la disidencia se paga con la desaparición, el presidio y la muerte. El cómic de Moore inspirado durante el reinado del terror de Tatcher con la ola de neo-conservadurismo iniciándose y penalizando y desligitimando la lucha obrera, pronto acaparó el interés de los hermanos Wachowski en su adolescencia para años más tarde llevarlo al cine, bajo el escepticismo del autor, un Alan Moore que ya había visto como otras obras suyas, como La liga de los hombres extraordinarios o Desde el Infierno habían resultado desdibujadas y deslavazadas historias poco en común con las obras extraídas de su pluma y pincel. Al final sentiría la misma desazón por los cambios en la historia, fruto para dar mayor empaque político e ideológico a la película, lo que llevaría a un nuevo desazón de Moore con la industria del cine, no satisfecha hasta la llegada de 300.

Y es que de esta historia en papel a la filmada en celuloide existen diferencias argumentales con el único objetivo de dotar mayor empaque político y de un discurso revolucionario para agitar las conciencias. Mientras en la novela gráfica de Moore, la protagonista Evey Hammond es una ingenua muchacha de 16 años que sale a la calle tras el toque de queda para prostituirse y conseguir su manutención, en la película se trata de una periodista que desarrolla tareas de asistencia de producción en la Radio Televisión pública británica. Esta diferencia argumental permite construir todo un desarrollo de acontecimientos que sirven para potenciar y dar altavoz en el filme a las disertaciones de V. Sin embargo, en ambas versiones se mantiene el origen huérfano de Hammond, con sus padres desaparecidos y muertos tras las revueltas que sucedieron durante y tras el ascenso del partido fascista Fuego Nórdico, por su militancia política y libertaria.

Así gracias a los contactos y posibilidades profesionales que se introducen a este personaje, y por supuesto, debido a la implacable y fantástica interpretación de una Natalie Portman sobresaliente se dota a la película de un espíritu por el que los espectadores, al igual que en el alter ego femenino, maduran y activan políticamente, dejando atrás las cadenas del miedo y la cotidianidad para adquirir primero la actitud critica, los ojos y oídos abiertos para desarrollar una consciencia subversiva, desobediente y que comprende que otra sociedad es posible y preferible. Y que será con lucha, sacrificios, dolor y rebeldía con lo que se derrotará el fascismo para que sobresalgan la libertad y la igualdad.

La película esta plagada de poderosas escenas: La secuencia de actos desarrollada en torno al domino de V; la lectura de Hammond de la carta póstuma de Valerie; El juego de Lolita con un jerarca de la iglesia británica; la detención, rapado del pelo de Hammond. Su crecimiento en la celda. Las escenas relativas al campo de Larkhill (con menos sangre y detalle que las dibujadas por Moore). Su lealtad con una revolución que no empezó ella pero a la que doto de sentido en la escena final antes de activar el tren con las cargas explosivas; Mientras miles de personas ataviadas como V rodean el Parlamento... toda la fotografía y ambientación de la película sirve a un único propósito: Dotar de simbolismo a la revolución, al despertar de conciencias.

Este despertar, que ya hemos contado como surge en el personaje interpretado por Natalie Portman y con el que los espectadores se sentirán trasladados, no es el único en el metraje de la película. El inspector Dascob, pasa de ser un alto cargo dentro del ejecutivo y del Partido Único, a ser, según desarrolla la investigación para poner cerco a V, en una especie de poli bueno arrepentido al descubrir que los terribles ataques terroristas que provocaron la caída del régimen anterior y la subida del partido fascista y de Sutler, como líder de la nación no fueron más que parte de la propia estrategia del partido, complementada con los interés de la iglesia, de empresas privadas y medios de comunicación de masas.

Pero sin duda es V (personaje interpretado por el actor australiano Hugo Weaving, el Agente Smith de Matrix y el Elrond de El Señor de los Anillos, y que en V de Vendetta SIEMPRE aparece bajo la máscara de Guy Fawkes, y quien cabe decir no fue la primera opción ya que James Purefoy llegó incluso a interpretar el personaje en varias secuencias que se agregaron al metraje final) quien cimenta toda la película, así como el discurso y mensaje final. Un personaje, que al igual que en el cómic, suelta palabras tan afiladas como las dagas con las que aparece, siempre para cuestionar la realidad, el sistema y el poder. Respondiendo como un freak acaparador de la cultura y el arte de todas las épocas pasadas, capaz de volar los símbolos del régimen fascista al ritmo de la Obertura 1812 de Tchaikovsky. Y por supuesto, también evolucionando para al final, preso del amor por Hammond, convertirse en un héroe romántico clásico que da todo lo que tiene, incluso su vida por sus ideales.



En cuanto a la facturación técnica de la película decir que pese a venderse como un producto hollywoodiense, se nota en cada trazo la firma británica de la película. La fotografía es brillante y realza a cada momento los símbolos tanto de opresión como de respuesta a esa opresión, así como no podía ser menos la evolución personal de los personajes principales, paradigma y estereotipos de una revolución. Constantemente rodeada por una banda sonora brillante y apropiada utiliza diversos recursos narrativos para explicar cada proceso personal (redención, rebeldía, descubrimiento, putrefacción, supervivencia, etc.) como puedan ser flashbacks, imaginaciones, fragmentos filmados como parte de espacios informativos o regresiones tanto al pasado como a la introspección de los personajes.

Como conjunto tenemos una película V de Vendetta que es una interesante reflexión sobre el poder y la reacción del pueblo, la subversión y la revolución, el sacrificio, y la respuesta ante el totalitarismo. Promocionada como un blockbuster se aleja de los tópicos del subgénero para lanzar preguntas al espectador, pero también certezas. Bombas de relojería que nos hagan pensar y cuestionarnos nuestra realidad así como dagas que afilen nuestra conciencia y respuesta social. Por todo ello V de Vendetta se ha convertido en un manifiesto cinematográfico de la lucha contra el sistema de toda una generación y en toda una película de culto contestaria y revolucionaria frente al orden pre-establecido de las cosas y el poder.

Para terminar dejo el vídeo y el relato de la llamada a la rebeldía de V a la ciudadanía británica.


    "¡Buenas tardes, Londres! Permitid que, primero, me disculpe por esta interrupción. Yo, como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mí, me gusta tanto como a vosotros. Pero con el espíritu de conmemorar los importantes acontecimientos del pasado, normalmente asociados con la muerte de alguien o el fin de alguna terrible y sangrienta batalla y que se celebran con una fiesta nacional, he pensado que podríamos celebrar este 5 de noviembre, un día que, lamentablemente, ya nadie recuerda, tomándonos 5 minutos de nuestra ajetreada vida para sentarnos y charlar un poco. Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos. Sospecho que, en este momento, estarán dando órdenes por teléfono, y que hombres armados ya vienen de camino. ¿Por qué? Porque mientras pueda utilizarse la fuerza ¿Para qué el diálogo? Sin embargo, las palabras siempre conservarán su poder, las palabras hacen posible que algo tome significado y, si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es, que en este país, algo va muy mal, ¿no? Crueldad e injusticia, intolerancia y opresión. Antes tenías libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensabais. Ahora, tenéis censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el culpable? Bueno, ciertamente, unos son más responsables que otros. Y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros al espejo. Sé por qué lo hicisteis, sé que teníais miedo ¿Y quién no? Guerras, terror, enfermedades. Había una plaga de problemas que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos el sentido común. El temor pudo con vosotros y, presas del pánico, acudisteis al actual líder, Adam Sutler. Os prometió orden, os prometió paz. Y todo cuanto os pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión. Anoche intenté poner fin a ese silencio. Anoche destruí el Old Bailey para recordar a este país lo que ha olvidado. Hace más de cuatrocientos años un gran ciudadano deseó que el cinco de noviembre quedara grabado en nuestra memoria. Su esperanza era hacer recordar al mundo que justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras; son metas alcanzables. Así que si no abrís los ojos, si seguís ajenos a los crímenes de este gobierno, entonces os sugiero que permitáis que el cinco de noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo que yo veo, si sentís lo que yo siento y si perseguís lo que yo persigo, entonces, os pido que os unáis a mí, dentro de un año, ante las puertas del parlamento Y juntos, les haremos vivir un cinco de noviembre que jamás, jamás nadie olvidará."


domingo, 1 de noviembre de 2015

Un mes y medio en un mundo oval

El capitán All Black, Ritchie McCaw levantando la Copa Web Ellis como Campeón de la Copa del Mundo de Rugby 2015


Ayer sábado termino la octava edición de la Copa del Mundo de Rugby que se ha venido celebrando en Inglaterra (y Gales) desde mediados de septiembre. Y acabo a lo grande, con un auténtico partidazo, por final en la que Nueva Zelanda no sólo revalidó su titulo obtenido en 2011, convirtiéndose así y de una tacada en el primer equipo en mantener el cetro mundial y en ganar tres ediciones, sino que además al levantar su capitán Ritchie McCaw la Copa Webb Ellis rompían la maldición que perseguía a los All Blacks incapaces de ganar el título mundial lejos de su país.

Y ayer disfrutamos de un partido histórico. De una final dignísima y colofón a un mes y medio de absoluto espectáculo y pasión en el mejor mundial celebrado hasta la fecha.
Wallabies vs All Blacks. Australia vs Nueva Zelanda disputaron una final (arbitrada por el siempre genial Nigel Owens) que pese al dominio constante de los All Blacks mantuvo buena parte la incertidumbre en el resultado, ya que Australia, gracias al trabajo de su tercera, con especial mención a Pocock y Michael Hooper (espectacular el 7, que con tan sólo 24 años se ha destapado como el mejor flanker del mundo) mantenían a raya los avances rivales.

Pero el cansancio iba haciendo mella y según pasaban los minutos, los lesionados Aussies (Guitau, Douglas, Moore...) y entraban los suplentes el partido se les fue poniendo cuesta arriba para al final tornarse en misión imposible.

En la primera parte, los 30 primeros minutos, mientras aguantaba el resuello de la tercera aussie, el impetú neozelandes para romper y dar dinamismo a las jugadas era frenado continuamente, metiendo el partido en una lucha sin cuartel por barrer en los agrupamientos y percutir al intervalo para volver a empezar. Pero según se acercaba el momento de descanso el cansancio y la falta de aire en los pulmones australianos dió el hueco suficiente para la primera conquista del partido, firmada por un Milner-Skudder que al igual que ha hecho durante toda la temporada en el Super Rugby se ha dibujado en el jugador revelación del torneo. Siempre impredecible, ganando metros, apareciendo en el momento oportuno y sin perder el balón. Todo un descubrimiento que se ha venido desenvolviendo como ala, mientras en Hurricanes ha ocupado la posición de zaguero.

A todo esto, el Man on the Match ayer, un Dan Carter, simplemente perfecto (salvo por una conversión que se le escapo) fue dando brío al marcador, encontrando respuesta en el pateador aussie, un Bernard Foley que ha hecho también un mundial sobresaliente. Pero ayer era el día de un Carter con ganas de resarcirse (se perdió la final de 2011 por lesión) y de despedirse de la camiseta All Black (se incorpora a Racing de Paris a partir de ahora y como el jugador mejor pagado del mundo) como se merece, quizás como el mejor jugador del mundo. Y es que a su magnífica patada, le sumo un notable acierto en el movimiento de balón a la mano y una especial intensidad en defensa, placando como pocas veces se le ha visto.

Con sensación de que el partido se escapaba se iba al descanso con un 16-3. Y esa sensación se consumaba con un espectacular ensayo de Ma Nonu para Nueva Zelanda, transcurridos un par de minutos de la reanudación. El centro maorí, a su potencia y carrera le ha añadido recursos técnicos tanto en el manejo como en la evasión, y dos tremendos contrapies sentaron a sus oponentes y las aspiraciones aussies de victoria.

Parecía en ese momento el partido ganado y aún quedaban casi 40 minutos. Pero el rugby es el juego del quiero. Es el deporte de la intensidad. Y del respeto. Y Australia no se iba a rendir, nunca lo hizo, y apreto los dientes, para dando cierta dosis de anarquía e improvisación al ritmo de partido, conseguir ganar por tres veces la línea a Nueva Zelanda en el siguiente ataque, hasta conseguir el sin bin para el 15 All Black, Ben Smith, que se marchaba 10 minutos al banquillo por levantar a su oponente.

Eran los mejores minutos de los Wallabies en la final y primero poniéndole ruedas al maul y después aprovechando el único error de bulto de su rival, ensayaba en dos ocasiones consecutivas con sendas conversiones de un Foley tremendo todo el mundial con el pie. Saltaban las alarmas y por momentos parecía que estábamos ante una de las mayores gestas de la historia del deporte. Pero una larga jugada de ataque neozelandesa, traducida con no muchos metros ganados, pero los suficientes para dar el espacio suficiente a Dan Carter quien efectuara un majestuoso drop y pusiera el partido en +7 (ensayo convertido).

Tras la genialidad del medio apertura All Black, 24-17 mostraba el marcador y el siguiente ataque australiano tornaba trascendental. Pero en esta ocasión la precipitación no dió tan buen resultado y nuevas pérdidas decantaron la final para el lado oriental del Estrecho de Tasmania. Primero una infracción supuso el rapido contraataque All Black que Dan Carter contabilizó en tres puntos más, tras un golpe de castigo, sentenciando así el título mundial.

Y al final, pese a otro intento funesto, aguerrido y encorajinado de Australia por marcharse con dignidad de un Mundial en el que han rayado a un muy buen nivel (mérito de su entrenador Mike Cheika, que tras ganar el Super Rugby y la Heineken Cup (con Leinster) ha convertido a un equipo sin alma, plagado de egos, en eso, en un E-QUI-PO con mayúsculas), volvió a castigar Nueva Zelanda para con una carrera descomunal de Beauden Barrett volver a ensayar y dejar el marcador final en 34-17. Mención especial al joven Barret, un nombre a apuntar y no olvidar. El heredero natural de Dan Carter, máximo prospect y para mi próxima figura del rugby mundial, sino su mejor jugador.

Nueva Zelanda Campeona de Mundo de Rugby. Por tercera vez. Por segunda vez consecutiva. Por primera vez fuera de tierras maoríes. Los All Blacks, el mejor equipo del mundo, contando todas las disciplinas deportivas. Y ahora en todas las épocas. Y es que esta Rugby World Cup 2015 ha supuesto la manifiesta excelencia competitiva y de juego de unos All Blacks que llevan dos ciclos mundialistas excelsos, con grandes resultados (en torno al 90% de victorias desde 2008) pero en los que quedaba alguna duda con respecto al nivel de juego. Pero este mes y medio en tierras británicas ha supuesto la absoluta supremacía All Black en el mundo del oval. Y no sólo en cuanto a los resultados se refiere sino también en cuanto a un juego el desarrollado por los pupilos de Steve Hansen donde el dinamismo, la velocidad y la precisión han sido los tres ejes que han vertebrado su actuación.

Reciclando cualquier jugador en cualquier situación. Imprimiendo velocidad a cada acción. Desarrollando una intensidad a ambos lados del ruck. Con una clara mejora en la disputa de delantera en las fases estáticas y siempre brillantes y excelsos con el balón al juego a la mano Nueva Zelanda ha ido dando exhibiciones y muestras de empeño colectivo, confiando en la batería inagotable de recursos con la que contaban ya desde el primer momento y no tanto en las superiores prestaciones que encontraban avanzado el partido cuando los banquillos entraban a jugar.

Los All Blacks son el mejor equipo de la historia. No sólo del rugby y no sólo en este momento. Además lo son con la tiranía suficiente para no ver comprometido su dominio ahora ante la desbandada de jugadores al calor, metafórico, de las libras y los euros. McCaw, Nonu, Carter entre otros dejan los All Blacks al firmar contratos en Europa (recordamos la norma que impide vestir la elástica negra a quien no tenga firmado un contrato en el Super Rugby) y los relevos parecen más que asegurados.

 

 

Un mes inolvidable


271 ensayos y 2,439 puntos conseguidos en 48 partidos durante 44 días. Momentos especiales los vividos ante la televisión del pub o de casa con unas cervezas mediante y en compañía de mi hermano y también con amigos y amigas.

Para empezar a destacar algo se tiene que empezar con la mayor sorpresa en la historia de los mundiales de rugby. Ya venía barruntando que Japón (anfitrión en 2019) era un equipo a vigilar y degustar. También temía que Sudáfrica (pese a su tercer puesto final) está en una situación comprometida, más de crisis que de oportunidad, con la cuesta abajo y salida de numerosos totem y la llegada de no tantos jugadores jóvenes capaces de ocupar su lugar. Pero el partido que nos dejaron el segundo día de competición más que para el recuerdo se queda en la memoria de las gestas deportivas en las que la ambición, las ganas de ganar se sobreponen a todo. Japón, The Cherry Blossoms, recogió más allá del minuto 80, con un postrero ensayo, lo que había venido sembrando todo el partido, yendo a buscar cada vez el ensayo, desechando cobrarse golpes de castigo, alimentando un juego a la mano de lo mejor de toda la competición, pleno de intensidad y afán de victoria. El ensayo de Hesketh en el 84 lo celebro todo el pub en el que me encontraba como si estuviéramos en el mismo centro de Tokyo, porque suponía la gesta y el premio al coraje de un equipo humilde, pero tremendo que transmitía pasión y ambición. Y como tremendo es su zaguero, uno de los 3 mejores del mundo, Goromaru que además posee un record al pie temible. Ojo al equipo nipón, que va a empezar a desarrollar su profesionalización con la inclusión de una franquicia en el Super Rugby (también Argentina incluye un equipo allí).

El otro gran momento de la primera fase ha sido el mayor descalabro de la historia de los Mundiales. Inglaterra partía como organizadora y favorita, para muchos, a llevarse el título. Particularmente quien les escribe lleva varios años diciendo que los del 15 de la Rosa son el equipo más sobrevalorado del mundo del oval, pero si bien es cierto les daba cierto aire (hasta 4os) puesto que Gales, venía muy mediatizado por sus lesiones. Pero nada más lejos de la realidad. En el mejor partido en el que no han participado una de las 4 grandes del Sur, los galeses derrotaron a una Inglaterra sin carisma, ni juego, muy mediatizado a ese rugby control que se han auto impuesto, pero en el que carecen de una delantera óptima para su desarrollo. Si además añades que estratégicamente deciden ir a efectuar el golpe de castigo en vez de buscar el ensayo, pues no deja de ser de justicia poética que hayan salido tan trasquilados de la primera fase y de su mundial. Y es que una semana después Australia, los dejaba fuera, pasándolos por encima y sin darles una opción de meterse en el partido.

Y esto era la tendencia que se marcaba antes y durante la primera fase, pero que se fraguó con un fin de semana nefasto para el rugby del norte, en el que las selecciones del sur, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina, barrieron a sus oponentes del norte.

Eso sí, casi todas. Y es que Escocia (Cuchara de Madera del último VI Naciones) puso contra las cuerdas al Campeón del Rugby Championship, Australia, jugando muy vivo, mutando el tradicional juego embarrado escoces por una sucesión de alegres combinaciones en las que intervienen todos los jugadores. Escocia es un equipo de futuro y si sigue está línea a medio y largo plazo pueden venir éxitos.

Un Gales muy mediatizada por sus lesiones antes y durante el Mundial poco pudo hacer frente a una Sudáfrica que dió su mejor nivel del torneo en el partido de cuartos. Mientras que Irlanda quizás haya perdido la opción perfecta de una magnífica generación. Nunca habían pasado de cuartos y siguen sin hacerlo, tras sucumbir frente a una Argentina que también llegó a su tope de juego el día de cuartos. Los del Trébol compitieron y llevaron el partido al empate a 20 minutos del final pero también eran pasto de las bajas por lesión (O'Connell, O'Mahoney, Sexton,...) y sanción (O'Brien) y poco pudieron hacer para paliar el mayor poderío que se saco del banquillo una Argentina que ha crecido notablemente tanto en sus prestaciones como en su juego, poniendo ese rugby moderno, ofensivo y rápido que han venido demostrando las potencias del sur.

Y si el cuarto del Rugby Championship ganaba sin excesivos problemas al doble Campeón del VI Naciones, pues ¿que iba a hacer Nueva Zelanda? En la mayor exhibición ofensiva y de rugby total, los All Blacks humillaron a Francia. Hasta 9 ensayos culminaron los de Nueva Zelanda, arrollando y sobrepasando cada vez a un 15 del Gallo que paga el haber pasado de un rugby de champán, característico en el que el cuidado del oval era seña de identidad al cemento y la fuerza bruta.

Curiosamente mientras Escocia, Gales e Irlanda, todas ellas entrenadas por técnicos neozelandeses que han implementado modelos de formación, entrenamiento y juego más moderno en los que el Rugby a 7 es un recurso y no un lunar, pueden ser moderadamente optimistas en el desarrollo de su rugby para poder competir en 4 años con los equipos del sur, Francia e Inglaterra, los dos países con las dos ligas económicamente más potentes tienen por delante una época tortuosa.

Mas si cabe, los franceses, cuyo modelo de formación ha naufragado al no poder entrar con las garantías suficientes en el rugby profesionalizado (algo que puede pasarle al basket español, por cierto) y donde su máximo exponente, la selección nacional también hace aguas desde hace mucho tiempo. La crisis del rugby francés es tremenda y coincide en el momento cuando más amplio es su dominio en el rugby europeo de clubes con el archimillonario Toulon tricampeando.

Con Phillip Sant André como seleccionador nacional la antiguamente exquisita Francia ha mutado el modelo donde destacaban jugadores como Parra, Michalak o Machenaud y donde el dominio del oval y la rapidez eran señas de identidad al cemento, y el musculo, dopando de fuerza bruta desde la tercera línea hacia atrás con los Basteraud, Pape, Dusatoir y compañía.

Pero sea como fuera, lo cierto es que está Rugby World Cup 2015 ha supuesto la constatación empírica de la supremacia del Rugby del Sur. Quizás haya primado el momento de competición, donde los equipos del The Rugby Championship llegaron tras terminar el torneo y apenas un mes finalizado el Super Rugby, mientras que los equipos del Rugby tras acabar a finales de mayo la competición, hicieron una ronda de tests matches de preparación que se ha antojado insuficiente.

Pero aún así, sería atrevido descartar el resultado obtenido si el mundial se hubiera celebrado en otro momento del año. No deja de haber un salto en la calidad y la velocidad del rugby ejecutado por unos equipos o por otros y eso ya se venía notando cuando las potencias del Sur vienen de gira por Europa a principios de Noviembre (en plena competición en el Norte) mientras ellos están en un momento más de preparación que otra cosa.

Pero todo ello puede cambiar. No para el próximo año, ni tampoco para el Mundial de 2019. Hay un progreso y universalización del rugby, pero van a seguir mandando las potencias del Sur, y por encima de todas ellas Nueva Zelanda.

La extensión del rugby en el mundo


Esta Rugby World Cup ha supuesto la consolidación del crecimiento del rugby en todo el mundo. Un deporte que se ha desarrollado notablemente en los últimos años, conjugando el romanticismo del amateurismo histórico con la profesionalización excesiva del mundo capitalista actual y en el que el cambio de normas de hace 10 años ha sido el detonante para dar al rugby del suficiente dinamismo para hacerlo atractivo a las retransmisiones televisivas, sin casi distinción de públicos y con ello a la entrada de muchas marcas y patrocinadores.

El Mundial de Rugby ya no es ese evento que sólo interesa exclusivamente a los países anglosajones y a algunos freaks escogidos. Muchos hemos entrado en este mundo en los últimos años y cada vez, nos sentimos más enamorados de un deporte que es más una actitud hacia la vida que un juego. Pasión y respeto deben seguir dominando la liturgia de la confrontación deportiva y alimentando los grandes momentos que nos deja a todos los que participamos de él, ya sean jugadores, técnicos, árbitros, periodistas o aficionados.

Y es que ante el espectáculo desbordado este último mes y medio es imposible pensar en que el rugby no se haga más popular. Pero aquí es donde ha de guardarse la esencia del juego, que ya nos había atrapado a muchos antes. Las acciones antideportivas, tanto durante el desarrollo de la competencia, como en la celebración de la victoria deben cuidarse. No se puede olvidar y obviar que es el respeto lo que emana de un balón oval. Un respeto reverencial al rugby y a todos sus participantes. La Federación internacional debe ser beligerante con esas actitudes, así como también han de serlo las federaciones y organismos más locales, con especial atención al deporte formativo.

Sólo así se guardarán los valores del rugby en un cofre seguro y a salvo de todas las intoxicaciones comerciales que pueden acabar por desvirtuar la cara más expuesta, la de un profesionalismo que tiene que guardar reverencia al rugby amateur, el de los aficionados, el de los que lo jugamos cuando tenemos un rato libre y que empieza con ir al campo y calzarse las botas, disfrutar de su práctica sobre el césped y después con las cervezas en el tercer tiempo. O directamente con los compañeros, amigos y familia disfrutando de un buen partido de rugby profesional.