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viernes, 25 de septiembre de 2026

Sobre INXS


INXS ocupa un lugar singular en la Historia de la música y del rock. Formada en Perth, Australia, a finales de la década de 1970, la banda logró transformar una propuesta inicialmente vinculada al new wave y al rock alternativo en un sonido de alcance internacional, pero que además los identifica plenamente. Su trayectoria estuvo marcada por la combinación de guitarras, ritmos bailables, elementos de funk y soul, una producción cada vez más sofisticada y elegante. Y donde la presencia escénica de Michael Hutchence, uno de los vocalistas más carismáticos de su generación, marcaba tanto la trascendencia como la calidad de sus propuestas. Sin embargo, reducir INXS a la figura de Hutchence sería insuficiente: su éxito fue el resultado de una identidad colectiva en la que participaron compositores, instrumentistas, productores y colaboradores capaces de adaptar la música del grupo a las transformaciones de la industria y del público. La banda estuvo activa entre 1977 y 2012, pero vivió un giro irreversible y trascendental con la muerte en 1997 del líder y cantante Michael Hutchence. El legado de INXS se sostiene tanto en sus grandes éxitos como en la influencia que ejerció sobre el rock de estadios, el pop alternativo y la integración de estilos afroamericanos en la música popular de los años ochenta y noventa.


La banda se formó alrededor de los hermanos Andrew, Jon y Tim Farriss, junto con Kirk Pengilly, Garry Gary Beers y Michael Hutchence. En sus primeros años adoptó el nombre INXS, una denominación que sugería dinamismo, internacionalización y una vocación comercial poco habitual, no sólo para una banda procedente de Australia, sino de la música popular con marchamo anglosajón. Desde el comienzo, el grupo mostró interés por las posibilidades rítmicas del new wave, género que se caracterizaba por incorporar sintetizadores, estructuras más concisas y una actitud menos tradicional que la del rock clásico. Pero INXS nunca quedó completamente limitado a esa etiqueta. Su música también absorbió elementos del punk, el funk, el soul, el dance, y el rock. Esta mezcla permitió que la banda desarrollara una identidad reconocible sin depender de una fórmula única. Y consiguió hacerlos imprescindibles para públicos de lo más diverso que disfrutaban de su música que aparecía plenamente original y sin fronteras. 


El estilo de INXS se basa en el equilibrio entre energía rock y sensualidad rítmica. Las guitarras de los hermanos Farriss aportaban fuerza y textura, mientras que el saxofón de Kirk Pengilly añadía un rasgo distintivo, especialmente visible en las primeras etapas del grupo. El bajo de Garry Gary Beers y la batería proporcionaban una base sólida, a menudo orientada al baile. A diferencia de muchas bandas de rock que concedían prioridad absoluta a la guitarra, INXS construía canciones donde el ritmo tenía un papel central. El resultado era una música capaz de funcionar tanto en un club como en un gran estadio.


La voz de Michael Hutchence fue decisiva para esa identidad. Su interpretación no dependía únicamente de la potencia vocal, sino de la actitud, la insinuación y el control del fraseo. Hutchence cantaba con una combinación de seguridad, vulnerabilidad y magnetismo físico que reforzaba el componente sensual de las canciones. Investigando y buscando subyace de manera notable una vocación escénica de toda la banda sobresaliente. En el escenario, su movimiento corporal y su interacción con el público se convirtieron en parte esencial del espectáculo. En este sentido, podía conectar con la tradición de los grandes frontman del rock, pero también con la expresividad de intérpretes vinculados al funk y al soul. Su imagen contribuyó enormemente a la popularidad del grupo, aunque estaba respaldada por una banda musicalmente competente y por composiciones capaces de sostenerse más allá de la presencia del cantante.

Las influencias de INXS fueron variadas. Sin duda el rock británico de los años setenta y la energía del punk proporcionaron una base importante, pero el grupo también recibió la influencia de artistas como David Bowie, Roxy Music, Talking Heads, Prince y diversos intérpretes de soul y funk. De Bowie tomó, en parte, la capacidad de reinventar la imagen y combinar música popular con una estética sofisticada. De Talking Heads y otros grupos de la new wave incorporó una concepción más rítmica y experimental del rock. La influencia de Prince se percibe en la sensualidad, la importancia del groove y la disposición a cruzar las fronteras entre rock, pop y música negra. Estas referencias no fueron imitadas de manera mecánica; se reorganizaban sin jerarquías ni imposiciones hasta producir un sonido propio, accesible y a la vez estilísticamente amplio.

 


La temática de las letras de INXS gira con frecuencia alrededor del deseo, la atracción, la incertidumbre emocional, la vida nocturna y las relaciones humanas. Muchas canciones presentan a sus protagonistas en situaciones de tensión afectiva: desean acercarse a otra persona, pero al mismo tiempo enfrentan dudas, distancia o miedo al rechazo. Este interés por la seducción y la ambigüedad se encuentra en temas como “The One Thing”, “Original Sin”, “Need You Tonight” y “Devil Inside”. Las letras no suelen desarrollar narraciones complejas en el sentido literario tradicional; su fuerza reside más bien en la creación de atmósferas y estados emocionales. Frases breves, imágenes sugerentes y estribillos memorables permiten que la canción comunique una sensación inmediata.


Aun así, el repertorio de INXS no se limita a la temática amorosa. Algunas composiciones exploran la soledad, la presión social, la identidad y la pérdida. “Never Tear Us Apart”, por ejemplo, utiliza un lenguaje solemne y romántico para expresar una unión intensa, casi destinada a resistir cualquier obstáculo. “By My Side” presenta una vulnerabilidad más serena, mientras que “Beautiful Girl” aborda el dolor y la fragilidad desde una perspectiva íntima. En otras canciones aparece una mirada más crítica hacia la fama, el poder, la violencia o la superficialidad de la cultura contemporánea. La variedad temática permitió que la banda combinara la inmediatez del pop con momentos de mayor introspección.


El éxito de INXS se produjo de manera gradual. Sus primeros trabajos consolidaron una base de seguidores en Australia y demostraron que el grupo tenía una personalidad definida. Sin embargo, el reconocimiento internacional llegó con mayor fuerza durante la segunda mitad de los años ochenta, especialmente a partir de los álbumes “Listen Like Thieves” y “Kick”. Este último, publicado en 1987, representó el punto culminante de su carrera comercial. El disco contenía canciones como “Need You Tonight”, “Devil Inside”, “New Sensation” y “Never Tear Us Apart”, piezas que alcanzaron una amplia difusión en radio y televisión. La estrategia de promoción mediante videoclips fue fundamental. En la era de MTV, la imagen de Hutchence y la estética visual de la banda reforzaron el impacto de la música. Pero la fuerza musical de la propuesta de "Kick" era su principal valor y es considerado hoy en día una obra maestra y el mejor disco de música popular de 1987, y uno de los mejores de la Historia de la música.

 


“Kick” demostró que un grupo podía combinar credibilidad rockera con una producción orientada al gran público. Las canciones eran suficientemente directas para funcionar como éxitos pop, pero conservaban arreglos, texturas y una actitud que las diferenciaban de la música prefabricada. “Need You Tonight”, en particular, se apoyaba en un riff sencillo y memorable, un ritmo contenido y bailable, y una interpretación vocal cargada de insinuación. Su éxito evidenció que la intensidad no siempre depende de la velocidad o de la saturación sonora; también puede surgir del espacio, la repetición y el control.


Después de “Kick”, INXS mantuvo una presencia destacada con álbumes como “X”, “Welcome to Wherever You Are” y “Full Moon, Dirty Hearts”. La banda intentó evitar la repetición de su fórmula más exitosa y exploró nuevas sonoridades. Esta búsqueda implicó riesgos, ya que el público y la industria esperaban otro disco semejante a “Kick”. Aunque los lanzamientos posteriores no alcanzaron el mismo impacto comercial, confirmaron el interés del grupo por evolucionar. En lugar de permanecer completamente inmóvil, INXS incorporó elementos más atmosféricos, arreglos diferentes y una producción menos dependiente de los códigos del pop de estadios. 


La muerte de Michael Hutchence en 1997 alteró profundamente la historia de la banda. Su fallecimiento puso fin a una etapa decisiva y convirtió su figura en un símbolo de la cultura musical de los años ochenta y noventa. INXS continuó realizando actividades y presentaciones con otros vocalistas, pero la ausencia de Hutchence modificó inevitablemente la percepción pública del grupo. La voz, la personalidad y la presencia escénica del cantante estaban demasiado vinculadas a la identidad de la banda como para ser sustituidas sin consecuencias. Más que una simple reorganización profesional, se trataba de la pérdida de uno de los elementos centrales de su lenguaje artístico.

La influencia de INXS puede observarse en numerosos artistas y tendencias posteriores. Su mezcla de rock, pop, funk y música bailable anticipó una forma de crossover que se volvería habitual en décadas posteriores. Bandas y solistas interesados en el rock alternativo accesible, en el pop de guitarras o en la integración de ritmos bailables encontraron en INXS un modelo de equilibrio entre credibilidad y éxito masivo. También influyó su manera de presentar al vocalista masculino como una figura sensual y vulnerable, alejada del estereotipo exclusivamente agresivo del rock. Hutchence mostró que el carisma podía construirse mediante el movimiento, la insinuación y la expresividad emocional.



Además, INXS contribuyó a modificar la percepción internacional de la música australiana. Junto con otras bandas de su país, demostró que Australia podía producir artistas con alcance global y una identidad competitiva dentro del mercado anglosajón. La banda no fue un fenómeno aislado: formó parte de una generación que ayudó a situar a Australia en el mapa internacional del rock y del pop. Su éxito abrió posibilidades para grupos posteriores y fortaleció la presencia de músicos australianos en las listas y festivales internacionales.


En la actualidad, las canciones de INXS continúan presentes en plataformas digitales, emisoras de radio, películas, series y en campañas publicitarias. También aparecen en reediciones de clásicos y compilaciones de éxitos de los 80. Así son redescubiertas por nuevas generaciones, atraídas por la energía de sus ritmos y la intensidad de sus letras. Sin duda, todo el trabajo y la obra de INXS compone un valor que va más allá del recuerdo y de la monetización de la nostalgia. La calidad musical, compositiva e interpretativa de INXS es tal que la han convertido en una de las bandas más trascendentales de la Historia de la música.


 

 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Un mes y medio en un mundo oval

El capitán All Black, Ritchie McCaw levantando la Copa Web Ellis como Campeón de la Copa del Mundo de Rugby 2015


Ayer sábado termino la octava edición de la Copa del Mundo de Rugby que se ha venido celebrando en Inglaterra (y Gales) desde mediados de septiembre. Y acabo a lo grande, con un auténtico partidazo, por final en la que Nueva Zelanda no sólo revalidó su titulo obtenido en 2011, convirtiéndose así y de una tacada en el primer equipo en mantener el cetro mundial y en ganar tres ediciones, sino que además al levantar su capitán Ritchie McCaw la Copa Webb Ellis rompían la maldición que perseguía a los All Blacks incapaces de ganar el título mundial lejos de su país.

Y ayer disfrutamos de un partido histórico. De una final dignísima y colofón a un mes y medio de absoluto espectáculo y pasión en el mejor mundial celebrado hasta la fecha.
Wallabies vs All Blacks. Australia vs Nueva Zelanda disputaron una final (arbitrada por el siempre genial Nigel Owens) que pese al dominio constante de los All Blacks mantuvo buena parte la incertidumbre en el resultado, ya que Australia, gracias al trabajo de su tercera, con especial mención a Pocock y Michael Hooper (espectacular el 7, que con tan sólo 24 años se ha destapado como el mejor flanker del mundo) mantenían a raya los avances rivales.

Pero el cansancio iba haciendo mella y según pasaban los minutos, los lesionados Aussies (Guitau, Douglas, Moore...) y entraban los suplentes el partido se les fue poniendo cuesta arriba para al final tornarse en misión imposible.

En la primera parte, los 30 primeros minutos, mientras aguantaba el resuello de la tercera aussie, el impetú neozelandes para romper y dar dinamismo a las jugadas era frenado continuamente, metiendo el partido en una lucha sin cuartel por barrer en los agrupamientos y percutir al intervalo para volver a empezar. Pero según se acercaba el momento de descanso el cansancio y la falta de aire en los pulmones australianos dió el hueco suficiente para la primera conquista del partido, firmada por un Milner-Skudder que al igual que ha hecho durante toda la temporada en el Super Rugby se ha dibujado en el jugador revelación del torneo. Siempre impredecible, ganando metros, apareciendo en el momento oportuno y sin perder el balón. Todo un descubrimiento que se ha venido desenvolviendo como ala, mientras en Hurricanes ha ocupado la posición de zaguero.

A todo esto, el Man on the Match ayer, un Dan Carter, simplemente perfecto (salvo por una conversión que se le escapo) fue dando brío al marcador, encontrando respuesta en el pateador aussie, un Bernard Foley que ha hecho también un mundial sobresaliente. Pero ayer era el día de un Carter con ganas de resarcirse (se perdió la final de 2011 por lesión) y de despedirse de la camiseta All Black (se incorpora a Racing de Paris a partir de ahora y como el jugador mejor pagado del mundo) como se merece, quizás como el mejor jugador del mundo. Y es que a su magnífica patada, le sumo un notable acierto en el movimiento de balón a la mano y una especial intensidad en defensa, placando como pocas veces se le ha visto.

Con sensación de que el partido se escapaba se iba al descanso con un 16-3. Y esa sensación se consumaba con un espectacular ensayo de Ma Nonu para Nueva Zelanda, transcurridos un par de minutos de la reanudación. El centro maorí, a su potencia y carrera le ha añadido recursos técnicos tanto en el manejo como en la evasión, y dos tremendos contrapies sentaron a sus oponentes y las aspiraciones aussies de victoria.

Parecía en ese momento el partido ganado y aún quedaban casi 40 minutos. Pero el rugby es el juego del quiero. Es el deporte de la intensidad. Y del respeto. Y Australia no se iba a rendir, nunca lo hizo, y apreto los dientes, para dando cierta dosis de anarquía e improvisación al ritmo de partido, conseguir ganar por tres veces la línea a Nueva Zelanda en el siguiente ataque, hasta conseguir el sin bin para el 15 All Black, Ben Smith, que se marchaba 10 minutos al banquillo por levantar a su oponente.

Eran los mejores minutos de los Wallabies en la final y primero poniéndole ruedas al maul y después aprovechando el único error de bulto de su rival, ensayaba en dos ocasiones consecutivas con sendas conversiones de un Foley tremendo todo el mundial con el pie. Saltaban las alarmas y por momentos parecía que estábamos ante una de las mayores gestas de la historia del deporte. Pero una larga jugada de ataque neozelandesa, traducida con no muchos metros ganados, pero los suficientes para dar el espacio suficiente a Dan Carter quien efectuara un majestuoso drop y pusiera el partido en +7 (ensayo convertido).

Tras la genialidad del medio apertura All Black, 24-17 mostraba el marcador y el siguiente ataque australiano tornaba trascendental. Pero en esta ocasión la precipitación no dió tan buen resultado y nuevas pérdidas decantaron la final para el lado oriental del Estrecho de Tasmania. Primero una infracción supuso el rapido contraataque All Black que Dan Carter contabilizó en tres puntos más, tras un golpe de castigo, sentenciando así el título mundial.

Y al final, pese a otro intento funesto, aguerrido y encorajinado de Australia por marcharse con dignidad de un Mundial en el que han rayado a un muy buen nivel (mérito de su entrenador Mike Cheika, que tras ganar el Super Rugby y la Heineken Cup (con Leinster) ha convertido a un equipo sin alma, plagado de egos, en eso, en un E-QUI-PO con mayúsculas), volvió a castigar Nueva Zelanda para con una carrera descomunal de Beauden Barrett volver a ensayar y dejar el marcador final en 34-17. Mención especial al joven Barret, un nombre a apuntar y no olvidar. El heredero natural de Dan Carter, máximo prospect y para mi próxima figura del rugby mundial, sino su mejor jugador.

Nueva Zelanda Campeona de Mundo de Rugby. Por tercera vez. Por segunda vez consecutiva. Por primera vez fuera de tierras maoríes. Los All Blacks, el mejor equipo del mundo, contando todas las disciplinas deportivas. Y ahora en todas las épocas. Y es que esta Rugby World Cup 2015 ha supuesto la manifiesta excelencia competitiva y de juego de unos All Blacks que llevan dos ciclos mundialistas excelsos, con grandes resultados (en torno al 90% de victorias desde 2008) pero en los que quedaba alguna duda con respecto al nivel de juego. Pero este mes y medio en tierras británicas ha supuesto la absoluta supremacía All Black en el mundo del oval. Y no sólo en cuanto a los resultados se refiere sino también en cuanto a un juego el desarrollado por los pupilos de Steve Hansen donde el dinamismo, la velocidad y la precisión han sido los tres ejes que han vertebrado su actuación.

Reciclando cualquier jugador en cualquier situación. Imprimiendo velocidad a cada acción. Desarrollando una intensidad a ambos lados del ruck. Con una clara mejora en la disputa de delantera en las fases estáticas y siempre brillantes y excelsos con el balón al juego a la mano Nueva Zelanda ha ido dando exhibiciones y muestras de empeño colectivo, confiando en la batería inagotable de recursos con la que contaban ya desde el primer momento y no tanto en las superiores prestaciones que encontraban avanzado el partido cuando los banquillos entraban a jugar.

Los All Blacks son el mejor equipo de la historia. No sólo del rugby y no sólo en este momento. Además lo son con la tiranía suficiente para no ver comprometido su dominio ahora ante la desbandada de jugadores al calor, metafórico, de las libras y los euros. McCaw, Nonu, Carter entre otros dejan los All Blacks al firmar contratos en Europa (recordamos la norma que impide vestir la elástica negra a quien no tenga firmado un contrato en el Super Rugby) y los relevos parecen más que asegurados.

 

 

Un mes inolvidable


271 ensayos y 2,439 puntos conseguidos en 48 partidos durante 44 días. Momentos especiales los vividos ante la televisión del pub o de casa con unas cervezas mediante y en compañía de mi hermano y también con amigos y amigas.

Para empezar a destacar algo se tiene que empezar con la mayor sorpresa en la historia de los mundiales de rugby. Ya venía barruntando que Japón (anfitrión en 2019) era un equipo a vigilar y degustar. También temía que Sudáfrica (pese a su tercer puesto final) está en una situación comprometida, más de crisis que de oportunidad, con la cuesta abajo y salida de numerosos totem y la llegada de no tantos jugadores jóvenes capaces de ocupar su lugar. Pero el partido que nos dejaron el segundo día de competición más que para el recuerdo se queda en la memoria de las gestas deportivas en las que la ambición, las ganas de ganar se sobreponen a todo. Japón, The Cherry Blossoms, recogió más allá del minuto 80, con un postrero ensayo, lo que había venido sembrando todo el partido, yendo a buscar cada vez el ensayo, desechando cobrarse golpes de castigo, alimentando un juego a la mano de lo mejor de toda la competición, pleno de intensidad y afán de victoria. El ensayo de Hesketh en el 84 lo celebro todo el pub en el que me encontraba como si estuviéramos en el mismo centro de Tokyo, porque suponía la gesta y el premio al coraje de un equipo humilde, pero tremendo que transmitía pasión y ambición. Y como tremendo es su zaguero, uno de los 3 mejores del mundo, Goromaru que además posee un record al pie temible. Ojo al equipo nipón, que va a empezar a desarrollar su profesionalización con la inclusión de una franquicia en el Super Rugby (también Argentina incluye un equipo allí).

El otro gran momento de la primera fase ha sido el mayor descalabro de la historia de los Mundiales. Inglaterra partía como organizadora y favorita, para muchos, a llevarse el título. Particularmente quien les escribe lleva varios años diciendo que los del 15 de la Rosa son el equipo más sobrevalorado del mundo del oval, pero si bien es cierto les daba cierto aire (hasta 4os) puesto que Gales, venía muy mediatizado por sus lesiones. Pero nada más lejos de la realidad. En el mejor partido en el que no han participado una de las 4 grandes del Sur, los galeses derrotaron a una Inglaterra sin carisma, ni juego, muy mediatizado a ese rugby control que se han auto impuesto, pero en el que carecen de una delantera óptima para su desarrollo. Si además añades que estratégicamente deciden ir a efectuar el golpe de castigo en vez de buscar el ensayo, pues no deja de ser de justicia poética que hayan salido tan trasquilados de la primera fase y de su mundial. Y es que una semana después Australia, los dejaba fuera, pasándolos por encima y sin darles una opción de meterse en el partido.

Y esto era la tendencia que se marcaba antes y durante la primera fase, pero que se fraguó con un fin de semana nefasto para el rugby del norte, en el que las selecciones del sur, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina, barrieron a sus oponentes del norte.

Eso sí, casi todas. Y es que Escocia (Cuchara de Madera del último VI Naciones) puso contra las cuerdas al Campeón del Rugby Championship, Australia, jugando muy vivo, mutando el tradicional juego embarrado escoces por una sucesión de alegres combinaciones en las que intervienen todos los jugadores. Escocia es un equipo de futuro y si sigue está línea a medio y largo plazo pueden venir éxitos.

Un Gales muy mediatizada por sus lesiones antes y durante el Mundial poco pudo hacer frente a una Sudáfrica que dió su mejor nivel del torneo en el partido de cuartos. Mientras que Irlanda quizás haya perdido la opción perfecta de una magnífica generación. Nunca habían pasado de cuartos y siguen sin hacerlo, tras sucumbir frente a una Argentina que también llegó a su tope de juego el día de cuartos. Los del Trébol compitieron y llevaron el partido al empate a 20 minutos del final pero también eran pasto de las bajas por lesión (O'Connell, O'Mahoney, Sexton,...) y sanción (O'Brien) y poco pudieron hacer para paliar el mayor poderío que se saco del banquillo una Argentina que ha crecido notablemente tanto en sus prestaciones como en su juego, poniendo ese rugby moderno, ofensivo y rápido que han venido demostrando las potencias del sur.

Y si el cuarto del Rugby Championship ganaba sin excesivos problemas al doble Campeón del VI Naciones, pues ¿que iba a hacer Nueva Zelanda? En la mayor exhibición ofensiva y de rugby total, los All Blacks humillaron a Francia. Hasta 9 ensayos culminaron los de Nueva Zelanda, arrollando y sobrepasando cada vez a un 15 del Gallo que paga el haber pasado de un rugby de champán, característico en el que el cuidado del oval era seña de identidad al cemento y la fuerza bruta.

Curiosamente mientras Escocia, Gales e Irlanda, todas ellas entrenadas por técnicos neozelandeses que han implementado modelos de formación, entrenamiento y juego más moderno en los que el Rugby a 7 es un recurso y no un lunar, pueden ser moderadamente optimistas en el desarrollo de su rugby para poder competir en 4 años con los equipos del sur, Francia e Inglaterra, los dos países con las dos ligas económicamente más potentes tienen por delante una época tortuosa.

Mas si cabe, los franceses, cuyo modelo de formación ha naufragado al no poder entrar con las garantías suficientes en el rugby profesionalizado (algo que puede pasarle al basket español, por cierto) y donde su máximo exponente, la selección nacional también hace aguas desde hace mucho tiempo. La crisis del rugby francés es tremenda y coincide en el momento cuando más amplio es su dominio en el rugby europeo de clubes con el archimillonario Toulon tricampeando.

Con Phillip Sant André como seleccionador nacional la antiguamente exquisita Francia ha mutado el modelo donde destacaban jugadores como Parra, Michalak o Machenaud y donde el dominio del oval y la rapidez eran señas de identidad al cemento, y el musculo, dopando de fuerza bruta desde la tercera línea hacia atrás con los Basteraud, Pape, Dusatoir y compañía.

Pero sea como fuera, lo cierto es que está Rugby World Cup 2015 ha supuesto la constatación empírica de la supremacia del Rugby del Sur. Quizás haya primado el momento de competición, donde los equipos del The Rugby Championship llegaron tras terminar el torneo y apenas un mes finalizado el Super Rugby, mientras que los equipos del Rugby tras acabar a finales de mayo la competición, hicieron una ronda de tests matches de preparación que se ha antojado insuficiente.

Pero aún así, sería atrevido descartar el resultado obtenido si el mundial se hubiera celebrado en otro momento del año. No deja de haber un salto en la calidad y la velocidad del rugby ejecutado por unos equipos o por otros y eso ya se venía notando cuando las potencias del Sur vienen de gira por Europa a principios de Noviembre (en plena competición en el Norte) mientras ellos están en un momento más de preparación que otra cosa.

Pero todo ello puede cambiar. No para el próximo año, ni tampoco para el Mundial de 2019. Hay un progreso y universalización del rugby, pero van a seguir mandando las potencias del Sur, y por encima de todas ellas Nueva Zelanda.

La extensión del rugby en el mundo


Esta Rugby World Cup ha supuesto la consolidación del crecimiento del rugby en todo el mundo. Un deporte que se ha desarrollado notablemente en los últimos años, conjugando el romanticismo del amateurismo histórico con la profesionalización excesiva del mundo capitalista actual y en el que el cambio de normas de hace 10 años ha sido el detonante para dar al rugby del suficiente dinamismo para hacerlo atractivo a las retransmisiones televisivas, sin casi distinción de públicos y con ello a la entrada de muchas marcas y patrocinadores.

El Mundial de Rugby ya no es ese evento que sólo interesa exclusivamente a los países anglosajones y a algunos freaks escogidos. Muchos hemos entrado en este mundo en los últimos años y cada vez, nos sentimos más enamorados de un deporte que es más una actitud hacia la vida que un juego. Pasión y respeto deben seguir dominando la liturgia de la confrontación deportiva y alimentando los grandes momentos que nos deja a todos los que participamos de él, ya sean jugadores, técnicos, árbitros, periodistas o aficionados.

Y es que ante el espectáculo desbordado este último mes y medio es imposible pensar en que el rugby no se haga más popular. Pero aquí es donde ha de guardarse la esencia del juego, que ya nos había atrapado a muchos antes. Las acciones antideportivas, tanto durante el desarrollo de la competencia, como en la celebración de la victoria deben cuidarse. No se puede olvidar y obviar que es el respeto lo que emana de un balón oval. Un respeto reverencial al rugby y a todos sus participantes. La Federación internacional debe ser beligerante con esas actitudes, así como también han de serlo las federaciones y organismos más locales, con especial atención al deporte formativo.

Sólo así se guardarán los valores del rugby en un cofre seguro y a salvo de todas las intoxicaciones comerciales que pueden acabar por desvirtuar la cara más expuesta, la de un profesionalismo que tiene que guardar reverencia al rugby amateur, el de los aficionados, el de los que lo jugamos cuando tenemos un rato libre y que empieza con ir al campo y calzarse las botas, disfrutar de su práctica sobre el césped y después con las cervezas en el tercer tiempo. O directamente con los compañeros, amigos y familia disfrutando de un buen partido de rugby profesional.

La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...