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viernes, 25 de septiembre de 2026

Sobre INXS


INXS ocupa un lugar singular en la Historia de la música y del rock. Formada en Perth, Australia, a finales de la década de 1970, la banda logró transformar una propuesta inicialmente vinculada al new wave y al rock alternativo en un sonido de alcance internacional, pero que además los identifica plenamente. Su trayectoria estuvo marcada por la combinación de guitarras, ritmos bailables, elementos de funk y soul, una producción cada vez más sofisticada y elegante. Y donde la presencia escénica de Michael Hutchence, uno de los vocalistas más carismáticos de su generación, marcaba tanto la trascendencia como la calidad de sus propuestas. Sin embargo, reducir INXS a la figura de Hutchence sería insuficiente: su éxito fue el resultado de una identidad colectiva en la que participaron compositores, instrumentistas, productores y colaboradores capaces de adaptar la música del grupo a las transformaciones de la industria y del público. La banda estuvo activa entre 1977 y 2012, pero vivió un giro irreversible y trascendental con la muerte en 1997 del líder y cantante Michael Hutchence. El legado de INXS se sostiene tanto en sus grandes éxitos como en la influencia que ejerció sobre el rock de estadios, el pop alternativo y la integración de estilos afroamericanos en la música popular de los años ochenta y noventa.


La banda se formó alrededor de los hermanos Andrew, Jon y Tim Farriss, junto con Kirk Pengilly, Garry Gary Beers y Michael Hutchence. En sus primeros años adoptó el nombre INXS, una denominación que sugería dinamismo, internacionalización y una vocación comercial poco habitual, no sólo para una banda procedente de Australia, sino de la música popular con marchamo anglosajón. Desde el comienzo, el grupo mostró interés por las posibilidades rítmicas del new wave, género que se caracterizaba por incorporar sintetizadores, estructuras más concisas y una actitud menos tradicional que la del rock clásico. Pero INXS nunca quedó completamente limitado a esa etiqueta. Su música también absorbió elementos del punk, el funk, el soul, el dance, y el rock. Esta mezcla permitió que la banda desarrollara una identidad reconocible sin depender de una fórmula única. Y consiguió hacerlos imprescindibles para públicos de lo más diverso que disfrutaban de su música que aparecía plenamente original y sin fronteras. 


El estilo de INXS se basa en el equilibrio entre energía rock y sensualidad rítmica. Las guitarras de los hermanos Farriss aportaban fuerza y textura, mientras que el saxofón de Kirk Pengilly añadía un rasgo distintivo, especialmente visible en las primeras etapas del grupo. El bajo de Garry Gary Beers y la batería proporcionaban una base sólida, a menudo orientada al baile. A diferencia de muchas bandas de rock que concedían prioridad absoluta a la guitarra, INXS construía canciones donde el ritmo tenía un papel central. El resultado era una música capaz de funcionar tanto en un club como en un gran estadio.


La voz de Michael Hutchence fue decisiva para esa identidad. Su interpretación no dependía únicamente de la potencia vocal, sino de la actitud, la insinuación y el control del fraseo. Hutchence cantaba con una combinación de seguridad, vulnerabilidad y magnetismo físico que reforzaba el componente sensual de las canciones. Investigando y buscando subyace de manera notable una vocación escénica de toda la banda sobresaliente. En el escenario, su movimiento corporal y su interacción con el público se convirtieron en parte esencial del espectáculo. En este sentido, podía conectar con la tradición de los grandes frontman del rock, pero también con la expresividad de intérpretes vinculados al funk y al soul. Su imagen contribuyó enormemente a la popularidad del grupo, aunque estaba respaldada por una banda musicalmente competente y por composiciones capaces de sostenerse más allá de la presencia del cantante.

Las influencias de INXS fueron variadas. Sin duda el rock británico de los años setenta y la energía del punk proporcionaron una base importante, pero el grupo también recibió la influencia de artistas como David Bowie, Roxy Music, Talking Heads, Prince y diversos intérpretes de soul y funk. De Bowie tomó, en parte, la capacidad de reinventar la imagen y combinar música popular con una estética sofisticada. De Talking Heads y otros grupos de la new wave incorporó una concepción más rítmica y experimental del rock. La influencia de Prince se percibe en la sensualidad, la importancia del groove y la disposición a cruzar las fronteras entre rock, pop y música negra. Estas referencias no fueron imitadas de manera mecánica; se reorganizaban sin jerarquías ni imposiciones hasta producir un sonido propio, accesible y a la vez estilísticamente amplio.

 


La temática de las letras de INXS gira con frecuencia alrededor del deseo, la atracción, la incertidumbre emocional, la vida nocturna y las relaciones humanas. Muchas canciones presentan a sus protagonistas en situaciones de tensión afectiva: desean acercarse a otra persona, pero al mismo tiempo enfrentan dudas, distancia o miedo al rechazo. Este interés por la seducción y la ambigüedad se encuentra en temas como “The One Thing”, “Original Sin”, “Need You Tonight” y “Devil Inside”. Las letras no suelen desarrollar narraciones complejas en el sentido literario tradicional; su fuerza reside más bien en la creación de atmósferas y estados emocionales. Frases breves, imágenes sugerentes y estribillos memorables permiten que la canción comunique una sensación inmediata.


Aun así, el repertorio de INXS no se limita a la temática amorosa. Algunas composiciones exploran la soledad, la presión social, la identidad y la pérdida. “Never Tear Us Apart”, por ejemplo, utiliza un lenguaje solemne y romántico para expresar una unión intensa, casi destinada a resistir cualquier obstáculo. “By My Side” presenta una vulnerabilidad más serena, mientras que “Beautiful Girl” aborda el dolor y la fragilidad desde una perspectiva íntima. En otras canciones aparece una mirada más crítica hacia la fama, el poder, la violencia o la superficialidad de la cultura contemporánea. La variedad temática permitió que la banda combinara la inmediatez del pop con momentos de mayor introspección.


El éxito de INXS se produjo de manera gradual. Sus primeros trabajos consolidaron una base de seguidores en Australia y demostraron que el grupo tenía una personalidad definida. Sin embargo, el reconocimiento internacional llegó con mayor fuerza durante la segunda mitad de los años ochenta, especialmente a partir de los álbumes “Listen Like Thieves” y “Kick”. Este último, publicado en 1987, representó el punto culminante de su carrera comercial. El disco contenía canciones como “Need You Tonight”, “Devil Inside”, “New Sensation” y “Never Tear Us Apart”, piezas que alcanzaron una amplia difusión en radio y televisión. La estrategia de promoción mediante videoclips fue fundamental. En la era de MTV, la imagen de Hutchence y la estética visual de la banda reforzaron el impacto de la música. Pero la fuerza musical de la propuesta de "Kick" era su principal valor y es considerado hoy en día una obra maestra y el mejor disco de música popular de 1987, y uno de los mejores de la Historia de la música.

 


“Kick” demostró que un grupo podía combinar credibilidad rockera con una producción orientada al gran público. Las canciones eran suficientemente directas para funcionar como éxitos pop, pero conservaban arreglos, texturas y una actitud que las diferenciaban de la música prefabricada. “Need You Tonight”, en particular, se apoyaba en un riff sencillo y memorable, un ritmo contenido y bailable, y una interpretación vocal cargada de insinuación. Su éxito evidenció que la intensidad no siempre depende de la velocidad o de la saturación sonora; también puede surgir del espacio, la repetición y el control.


Después de “Kick”, INXS mantuvo una presencia destacada con álbumes como “X”, “Welcome to Wherever You Are” y “Full Moon, Dirty Hearts”. La banda intentó evitar la repetición de su fórmula más exitosa y exploró nuevas sonoridades. Esta búsqueda implicó riesgos, ya que el público y la industria esperaban otro disco semejante a “Kick”. Aunque los lanzamientos posteriores no alcanzaron el mismo impacto comercial, confirmaron el interés del grupo por evolucionar. En lugar de permanecer completamente inmóvil, INXS incorporó elementos más atmosféricos, arreglos diferentes y una producción menos dependiente de los códigos del pop de estadios. 


La muerte de Michael Hutchence en 1997 alteró profundamente la historia de la banda. Su fallecimiento puso fin a una etapa decisiva y convirtió su figura en un símbolo de la cultura musical de los años ochenta y noventa. INXS continuó realizando actividades y presentaciones con otros vocalistas, pero la ausencia de Hutchence modificó inevitablemente la percepción pública del grupo. La voz, la personalidad y la presencia escénica del cantante estaban demasiado vinculadas a la identidad de la banda como para ser sustituidas sin consecuencias. Más que una simple reorganización profesional, se trataba de la pérdida de uno de los elementos centrales de su lenguaje artístico.

La influencia de INXS puede observarse en numerosos artistas y tendencias posteriores. Su mezcla de rock, pop, funk y música bailable anticipó una forma de crossover que se volvería habitual en décadas posteriores. Bandas y solistas interesados en el rock alternativo accesible, en el pop de guitarras o en la integración de ritmos bailables encontraron en INXS un modelo de equilibrio entre credibilidad y éxito masivo. También influyó su manera de presentar al vocalista masculino como una figura sensual y vulnerable, alejada del estereotipo exclusivamente agresivo del rock. Hutchence mostró que el carisma podía construirse mediante el movimiento, la insinuación y la expresividad emocional.



Además, INXS contribuyó a modificar la percepción internacional de la música australiana. Junto con otras bandas de su país, demostró que Australia podía producir artistas con alcance global y una identidad competitiva dentro del mercado anglosajón. La banda no fue un fenómeno aislado: formó parte de una generación que ayudó a situar a Australia en el mapa internacional del rock y del pop. Su éxito abrió posibilidades para grupos posteriores y fortaleció la presencia de músicos australianos en las listas y festivales internacionales.


En la actualidad, las canciones de INXS continúan presentes en plataformas digitales, emisoras de radio, películas, series y en campañas publicitarias. También aparecen en reediciones de clásicos y compilaciones de éxitos de los 80. Así son redescubiertas por nuevas generaciones, atraídas por la energía de sus ritmos y la intensidad de sus letras. Sin duda, todo el trabajo y la obra de INXS compone un valor que va más allá del recuerdo y de la monetización de la nostalgia. La calidad musical, compositiva e interpretativa de INXS es tal que la han convertido en una de las bandas más trascendentales de la Historia de la música.


 

 

lunes, 19 de septiembre de 2022

Legado de Campeones


Si en 2019 ya sorprendieron a propios y extraños convirtiéndose en Campeones del Mundo, lo conseguido en estas dos semanas de septiembre ha hecho realidad lo inimaginable. La selección masculina absoluta de baloncesto se proclamaba, por cuarta vez, Campeona de Europa, al vencer ayer en la final del Eurobasket 2022, a la víctima propicia, el enemigo íntimo, Francia.

Si lo vivido en China hace tres años ya supuso una gesta en la historia del baloncesto y del deporte, el éxito refrendado ayer es un ejercicio del más difícil todavía, una oda a la rotura de pronósticos. La confirmación de que el baloncesto en España tiene una salud envidiable, fortísima y unas ansías competitivas que trastocan todos los rangos de favoritos y posibles. 

El cambio de ciclo tras los JJOO de Tokio el año pasado aceleraba un cierto pesimismo en torno al equipo que tan sólo unos años antes ganaba brillantemente, y sin Juniors de Oro y una buena retahíla de bajas, el Mundial. Pero aquí estábamos ante el Eurobasket 2022, sin Pau, ni Marc, ni Navarro, ni Chacho,... ni los lesionados Ricky Rubio o Victor Claver. Pero estas ausencias no debían de arrastrar al pesimismo a nadie, y mucho menos, a la federación, su cuerpo técnico, y el núcleo de jugadores que a través de las ventanas FIBA había ido ganando presencia y experiencia a la hora de representar España.

Si algo habíamos aprendido de la experiencia del Mundial de China era que había que confiar en el equipo. Mantener unas expectativas bajas, y una exigencia en torno al crecimiento colectivo e individual y en la ganancia única de competitividad. Eso para los jugadores, mientras que los aficionados debíamos disfrutar y apoyar, y en todo caso, llegada la previsible derrota, asumir la realidad y aprender desde ella.

Pero nada más lejos de la realidad. Sergio Scariolo convocaba la mejor selección posible y se ponía manos a la obra. Lo primero de todo, y ante la baja del único gran generador de juego -Ricky Rubio-, proveer al equipo de una garantía en la creación y anotación desde el puesto de base. Como todo lo que rodea al técnico italiano parece deslizarse en el terreno de la polémica, a modo de urgencia el Consejo de Ministros otorgaba la nacionalización express, a un "desconocido" base americano de 32 años, llamado Lorenzo Brown. Brown, que había coincidido con Scariolo en los Toronto Raptors entró en la dinámica del grupo sin hacer ruido. El barullo ya lo había montado algunas voces autorizadas, como la del capitán Rudy Fernández, que ejemplificaba la desinformación y la frustración con las formas de hacer de la FEB. Una vez más.

El tiempo ha dado, de manera inconmensurable la razón a Scariolo, puesto que Brown se ha erigido en el líder del equipo, dirigiendo casi siempre, y asumiendo la tarea de puntal anotador cuando las circunstancias así lo exigían. Con Brown y en éste Eurobasket, muchos hemos descubierto, a un jugador de otro tiempo: Calmado, paciente, muy interesado en todo momento en incluir a sus compañeros en el juego ofensivo, priorizando el pase a su propio tiro, pero que cuando ha tenido que asumir la responsabilidad, lo ha hecho con pasmosa eficacia. Su lectura es sublime, y esas décimas de segundo que se guarda le hacen encontrar la mejor solución. Parece mentira que un jugador así ya en la treintena haya pasado tan desapercibido hasta ahora. Es como si su juego y dinámica no encajasen en el baloncesto alocado de hoy en día. Y sin embargo, le va como anillo al dedo.

El resto de la selección no tenía demasiadas novedades: Acabada la generación de los Juniors de Oro, eran los hermanos Hernángomez los encargados de liderar el grupo, con el acompañamiento de Rudy Fernández en la figura de capitán y de Sergio Llull como lugarteniente.

Willy Hernángomez ha asumido con una facilidad pasmosa el legado anotador de los Gasol y ha sido el referente continuo del juego del equipo. Su facilidad para anotar ha sido la viga sobre la cual sostener el edificio anotador de la selección, y con el paso de los partidos sus lagunas defensivas, incluida la alergia al contacto, han ido disminuyendo. Con justicia se ha erigido en MVP del Eurobasket 2022.

Juancho por su parte llegaba al torneo perdido. Al igual que pasa con muchos jugadores europeos que marchan jóvenes a la NBA, su progresión estaba estancada; cortada de raíz. Carne de banquillo y traspasos, su última gran aparición había sido en una película sobre el mundo del basket. Todas esas dudas se han ido despejando con bastante lentitud, todo hay que decirlo, a lo largo del torneo. Poco a poco, Juancho, ha ido ganando confianza y haciendo más cosas en el campo, hasta ayer en la final, salirse con 29 puntos, un 7/9 en triples (convirtió 7 seguidos fallando sólo el primero y el último, con 6 seguidos) y ser básico en la victoria.

Rudy Fernández ha entendido muy bien su papel de capitán y líder espiritual del grupo, dando ejemplo, en las facetas de brega y lucha, sin olvidar su capacidad triplista. Puede parecer algo menor en este baloncesto moderno que calcula hasta la milésima, las posesiones, los rendimientos, porcentajes y ocupaciones, pero cuando Rudy Fernández se jugó su espalda tirándose a por un balón que se escapaba por la línea de banda, enchufó a todo el equipo. Un ejemplo inmejorable, con el éxito de ayer completa uno de los palmares más impresionantes del baloncesto de selecciones: Dos veces campeón del mundo, Cuatro veces campeón Europeo (más dos bronces y una plata); dos platas y un bronce olímpicos.

Sergio Llull estaba llamado a ser importante, pese a su titubeante campaña provocada entre otras cosas, por las lesiones. Y una lesión lo sacó de la convocatoria final a una semana de empezar el torneo. Una baja más que por contra propició la recuperación del primer descarte del verano, el base Alberto Díaz. Y Díaz ha sido fun-da-men-tal en este éxito. Sólo un dato: entre 8os, 4os, semis y final, su "Más-Menos" es de 76. Con su intensidad en pista, su capacidad defensiva España se convertía en inexpugnable. En ataque ha dirigido sus minutos con seguridad y cuando ha asumido tiros ha mostrado una gran efectividad. Uno de los hombres señalados con la nacionalización de Brown, se ha cumplimentado con él de forma inmejorable. Atrás queda qué es lo que ha pasado realmente, y es algo que sólo los protagonistas sabrán. Pero si a continuación voy a loar la labor de Sergio Scariolo, no debemos olvidar en su debe, el descarte de Alberto Díaz quien ha sido fundamental.

El resto del equipo buenos jugadores ACB, algunos con más experiencia que otros, y a todos, que les ha costado (les sigue costando) hacerse un hueco con importancia en los equipos de la primera liga española. Es ya la hora de que los clubes profesionales miren al talento local y lo potencien, le dejen trabajar. Está demostrado que da éxitos.

Jaime Fernández (excelso ayer en la final), Darío Brizuela (con rol de microondas), López Aróstegui (buen trabajo defensivo pero debe aportar mucho más en ataque), Joel Parra o Sebas Sáiz (brega y buenos minutos), Pradilla (mucho futuro aquí) y Usman Garuba que llegaba en muy baja forma, tras su primer año NBA (donde apenas ha jugado) y que con el paso de los partidos ha mejorado y ganado enteros en confianza e importancia.

Todos bajo la batuta de Sergio Scariolo. El técnico italiano tenía ante sí un reto mayúsculo, hacer que este grupo compitiera y creciera. Y vaya si lo ha hecho. Sabedor de que el talento, aún importante, era inferior al demostrado por jugadores pasados, Scariolo y su equipo técnico, ha apretado aún más en el apartado táctico.

En un Eurobasket espectacular, con muchos partidos brillantes y memorables, el trabajo defensivo de España ha destacado sobremanera. La variedad en defensas, hombres y planteamientos otorgaban al equipo un plus de competitividad, que unido a la confianza mutua entre jugadores y técnicos, nos ha regalado a los aficionados no sólo unos resultados increíbles. Es que además, España ha jugado muy bien al baloncesto.

El trabajo colectivo, el juego de los cinco jugadores, en defensa y en ataque es lo que ha hecho Campeón a España. Y es una muy buena noticia para todos los que pensamos que el baloncesto es mucho más que un concurso de mates o triples, o la mega estrella jugando al yo-yo durante 20 segundos. Este es un juego rico y completo en el que todas las facetas, la psicológica, la física, la técnica, la táctica, lo individual y lo colectivo se entremezclan haciéndolo, por lo general, imprevisible y apasionante. Por desgracia, estamos acostumbrados a planteamientos que olvidan uno o varios de esos conceptos. Por ello victorias como la de ayer, o la de hace tres años son tan buenas noticias. Incluso para la FIBA.

España ganaba ayer a Francia. El viernes a Alemania. Los dos, buenos grupos de jugadores NBA (y con minutos) y Euroliga. En el caso de Francia, jugando francamente mal y cegados en su superioridad física. Buscando aplicar el relato de los USA team con mucha defensa física pero ningún trabajo colectivo. Alemania, que había jugado muy bien y variado todo el torneo, sucumbió en las trampas de Scariolo que dejo anotar a su base estrella Schroeder a cambio de que no se sumarán más compañeros. Al final, agotado y desquiciado no sumó cuando más falta hacía. España se deshizo de Finlandia en 4os en auténtico partidazo, ante un conjunto, el finés, sin tanta tradición pero con mucho futuro por delante.

Cayó Lituania en 8os, el día clave, por la dureza ya conocida de ese cruce que ya nos íbamos a ver con los equipos del grupo apriori más fuerte. Pero los lituanos, pese a su tradición, presentaban un grupo sin trabajo del colectivo, empeñados en su tremenda calidad individual, pero desperdiciando situaciones con dos pivots que no pueden jugar juntos pese a ser titularísimos NBA (Domantas Sabonis y Valanciunas). Antes en la primera fase en Tiblisi, España dejó buenas sensaciones y margen de crecimiento con victorias ante Bulgaria, Georgia, derrota con Bélgica, y victorias frente a Montenegro y Turquía para ser primera de grupo.

Y cayeron las grandes favoritas: Eslovenia, Serbia y Grecia. Las tres mediatizadas por tener a megaestrellas NBA como Doncic, Jokic o Antetokoumpo, colosales jugadores, pero que no entienden, o han olvidado, que en Europa hay que contar con el colectivo. En el baloncesto FIBA no puedes pretender anotar 30 puntos todos los partidos. Aquí se defiende. Desde el primer partido y desde el primer minuto. Cuando llegaron los cruces varios de estos jugadores presentaban cansancio y dolencias. No habían incluido a más jugadores en el juego ofensivo, entrenados por sospechosos como Pesic o Itoudis (también Ataman que cayó en 8os sin explotar a una selección turca de sobre el papel, notable talento). Fallaron y se vieron superados por muy buenos equipos que están creciendo por la periferia del continente, como Finlandia (impresionante Markanen), la sorpresa en semifinales de Polonia, parece que recuperamos a la mejor Italia o la República Checa.

Frente al individualismo, el colectivo. Frente a la exhibición, la constancia. Ante el marketing y todo lo externo, el trabajo. Hemos vivido un Eurobasket espectacular, coronado por la victoria de la selección española, pero sobretodo hemos visto y vivido que todavía sigue siendo importante tener claro que esto es un juego de cinco jugadores contra cinco jugadores.


Por otro lado, dos apuntes:

1. Con la medalla de ayer, la Federación española termina un verano de ensueño: 10 medallas, 10 finales, en 10 campeonatos, incluidos mundiales y europeos. Hay equipo, hay presente y hay futuro (también en femenino). Sintámonos orgullosos y exijamos a los responsables de los equipos profesionales que apuesten por el producto patrio que hará que haya más público, más expectación, más compromiso y más ingresos.

2. Para desgracia de los aficionados, Mediaset ha retransmitido el Eurobasket una vez más. Parece ser ya la última, ojalá, porque ha sido una tortura aguantar unas retransmisiones que más allá de la señal del propio organizador ha faltado continuamente al respeto al público, al juego y a sus protagonistas. Deseamos que la TV pública recoja el guante y apueste por los torneos internacionales, y los cuide, porque de ser así funcionará.


martes, 17 de agosto de 2021

JJOO Tokyo 2020. Unos juegos de la pandemia

 


 La tenista Naomi Osaka, que curiosamente antes ya había hablado de sus problemas con la presión, enciende el pebetero en el estadio olímpico de Tokyo 2020 durante la Ceremonia de Inauguración

 

Los JJOO Tokyo 2020 terminaron el pasado domingo 8 de agosto de 2021. Lo hicieron un año después de su fecha original prevista motivado por la pandemia de la COVID19 que tan en solfa a puesto nuestras vidas. Se inauguraron dos semanas antes en forma de alivio de las empresas COI “S.A.” y JJOO Tokyo 2020 “S.A.”, toda vez que la rumolorogía estuvo disparada ante una nueva suspensión, cuasi seguro definitiva.

Los Juegos se desarrollaron sin público y gracias a la ingente labor de los voluntarios que entre otras cosas permiten las ingentes ganancias de los organizadores. A ese nutrido volumen de personas que acompañaron y asistieron a los deportistas del mundo durante estas dos semanas hay que añadir a una tropa también inmensa que garantizo los controles sanitarios en la villa olímpica y antes y después de las competiciones. Una vez más, y está vez, más que nunca, sin ellos, sin el voluntariado, los Juegos habrían sido imposibles.

Y es que estos Juegos tan especiales, tan de asterisco, se han desarrollado con la pandemia y sus consecuencias a flor de piel. Más que nunca, y por lo que deberían ser también recordados, la cita olímpica en la capital japonesa ha traído a la palestra la importancia de la salud mental y la gestión de la presión que sufrimos en el día a día. Han sido deportistas de todas las disciplinas las que han relatado su íntima relación con la presión este último año extra de Olimpiada y cómo les ha afectado en su vida deportiva, profesional y también, personal.

Simon Biles fue la primera, que no única, en hablar ante los medios de presión y de miedo. De no tener la certeza de encontrarse en sus mejores condiciones para competir y para gestionar la brutal exposición mediática -que como ya he hablado por aquí es gigantesca para los deportistas olímpicos durante esos quince días- y en cómo esas circunstancias ponían en riesgo ya no tanto su desempeño deportivo como su salud.

Biles fue renunciando a diversas competiciones por no encontrares en sus mejores momentos, agobiada y acuciada, por los medios, los patrocinadores, también la historia, pero sobretodo por una pandemia que nos está dejando al borde o traspasado ya, de la depresión y la locura.

La gimnasta estadounidense recibía a la vez la comprensión y solidaridad de cientos de millones empezando por compañeras y rivales, pero también las criticas y el odio de periodistas y aficionados capaces de opinar de todo sin tener ni puta idea de nada.

Hablamos de salud y de vida. De competir con garantías y también con una alegría consolidada. De poder divertirse ejerciendo su actividad, para la que tanto se han preparado, que tanto han esperado. Y sin embargo, Biles nos puso a todos en el horizonte de las dificultades y problemas mentales, de una presión atroz que llega a bloquear y paralizar y cuyas consecuencias no siempre reciben la misma atención mediática.

Fue la primera pero no la única. Desde el suicidio de una ciclista en pista neozelandesa al no ser seleccionada por su país (Oliva Podmore), a la rajada de Marta Xargay publicada tras la eliminación de la selección femenina de baloncesto, numerosos deportistas, hombres y mujeres, han disertado ante los micrófonos y las redes sociales sobre lo que es su día a día y de la necesidad vital de ser escuchados y comprendidos que tienen.

Pero sobretodo han sido las mujeres las que en el avance de su día a día por la igualdad efectiva de derechos y oportunidades han empleado el escaparate de los Juegos para mostrar su día a día, con sus miedos, ansiedades e incertidumbres.

No todo son victorias, de hecho lo más común es perder, pero si que todas y todos, deportistas y personas en el mundo real, tenemos que lidiar con estas sensaciones que nos atrapan y nos paralizan. A veces, muchas de ellas, conseguimos doblegar los miedos, las pesadillas y los giros desconocidos. Otras, algunas pocas de ellas, nos vencen nos dejan lastrados y nos arrastran en una espiral de dolor, sufrimiento y desesperación.

Si los JJOO Tokyo 2020 han valido para poner la salud mental en el podio de nuestras preocupaciones bien habrán servido. Si por contrario, si dejamos que todo lo relativo a la salud mental vuelva al lado oscuro, a la zona de los tabús y los silencios daremos pasos atrás con dramáticas consecuencias.

Y en ello hubo muchos momentos primorosos, pero sobretodos ellos destacan la competición de salto de altura masculino, donde el italiano Tamberi y el quatarí Barshim, realizaron el mismo concurso, y ante la disyuntiva del desempate, decidieron compartir el oro. Un gesto que los engrandece más que cualquier victoria de sus carreras deportivas. Porque ejecutan un ejemplo olímpico de cooperación y de alegría. Porque sabedores que su participación se iba a emborronar con el desempate decidieron subir juntos a lo más alto del podio.

Su gesto ha recibido comentarios de todo el mundo. Muchísimos a favor pero también enconados en contra. Vivimos en un mundo ultraliberal, individualizado hasta la nausea, en el que nos dicen que tenemos que competir unos contra otros porque ese es el secreto del avance social. Esa mentira se tambalea cuando dos atletas deciden compartir un oro. Frente a esos ejemplos deportivos en los que se emplea hasta lo pornográfico vocabulario militar (vencer, humillar, verdugos, masacre, dominar) se trata de pasar por “normal” y “común” lo que es una lógica neoliberal de menos de 50 años de historia, absurda y que nos está condenando a la indignidad y viendo el cambio climático a la extinción, contraria al devenir colectivo que se ha convertido en una utopía. Y esa utopía está más cerca de cumplirse y recuperarse con el gesto de Tamberi y Barshim en el podio de Tokyo.

Si nos centramos en materia deportiva hay que destacar sobretodo al atletismo donde el nivel está más alto que nunca como demuestran unas marcas de “meeting” en practicamente todas las pruebas y con tres records del mundo (triple salto femenino con Yulimar Rojas con Ana Peleteiro bronce, 400 metros vallas masculino, con el noruego Warhol y también en femenino con la americana McLaughlin).

Pero no podemos olvidar la primera medalla de un atleta hindú, Chopra, oro en jabalina masculina; la primera vez que una mujer logra tres oros olímpicos, la polaca Wlodarcyzk en martillo; una pértiga rendida al fenómeno Duplantis; una velocidad donde sigue el dominio jamaicano; la holandesa de ascendencia somalí Hassan ganando el oro en 10.000 y 5.000 (y un bronce en 1.500); el tremendo nivel del atletismo italiano (y en muchos otros deportes más) con un oro en 100 metros y otro en 20km marcha femenino…

Djokovic no podía emular a Steffi Graff y se quedaba sin su “Golden Grand Slam” al perder en semifinales (luego perdió el bronce con Carreño) tras ningunear la situación de Biles el día anterior. Francia se mostraba preparada los JJOO Paris 2024 al sumar muchas medallas, especialmente plata y bronce en baloncesto masculino y femenino y dos oros en balonmano. Una nueva generación americana se veía superada en la piscina por Australia con Emma Mckeown a la cabeza. En gimnasia Rusia recuperaba el cetro por equipos tanto en masculino como femenino. La USA Basketball mantenía el oro olímpico y el ecuatoriano Carapaz ganaba el oro en ciclismo en ruta, mientras el esloveno Roglic ganaba el de Contrarreloj. Y muchos más resultados que podéis consultar aquí.

¿La participación española? Pues lo de siempre, lejos de lo que por potencial debería de ser pero aún así, meritorio y digno de mención por las dificultades que en este país se tienen. Se mantuvieron las 17 medallas de Rio 2016, pero en esta ocasión sólo 3 oros (dos de ellos en deportes “nuevos” como escalada deportiva y kárate). La veterana selección de balonmano masculino consiguió un bronce y la de baloncesto cayó en cuartos. El fútbol arrancó una plata con más pena que gloria. En la natación el oasis de Mireia Belmonte no ha podido brillar esta vez acuciada con muchas lesiones este último año. En natación sincronizada presentamos un equipo nuevo con la necesidad de aprender. Muchas decepciones, alguna sorpresa y el remo y la vela consolidados como los deportes que más éxito olímpico han traído al deporte español.

Ya lo he dicho antes. Falta, como el comer, una política poli-deportiva en este país que nos ponga en camino del éxito y poder competir (o por lo menos quedarnos cerca) con países de nuestro entorno. Invertir en educación y deporte. Y otorgar las mismas posibilidades de practica para toda la población, sin que dependan de su lugar de procedencia, su sexo o la cuenta bancaria de su familia. Sólo así se conseguiría cantidad para extraer calidad, y lo seguro sería acercar a muchas mas personas a estilos de vida saludables que traerían nuevas oportunidades y bajarían los gastos sanitarios.

Quedan ya menos de tres años para los JJOO de Paris 2024 y allí habrá que ver con qué competimos. También cuantos grandes deportistas internacionales llegan. Y quiénes van a ser las nuevas y nuevos campeones emergentes. Empieza una olimpiada extremadamente corta que sigue a una dolorosamente larga. Y mientras tanto cada día nos toca intentar disfrutar con el deporte, para seguir adelante, sobrepasar esta pandemia y este mundo caótico, deshumanizado y en claro peligro que estamos dejando.

lunes, 26 de junio de 2017

Eurobasket 2017: El deporte femenino que no para de ganar




Afortunadamente se está convirtiendo en una sana y agradable costumbre dedicar unas líneas cada verano a la selección femenina de baloncesto.
Desde hace varios años, podíamos decir 15, los éxitos se suceden gracias a un proyecto que ha ido aunando, con sus altibajos, varias generaciones ganadoras de mujeres deportistas. Su última victoria, ayer, el Eurobasket 2017, que se ha venido celebrando en Praga durante la última semana.
En primer lugar, es necesario acordarse y felicitar a quienes han hecho y hacen posibles estos éxitos. A las jugadoras que ponen pasión por el baloncesto. A las familias, padres y madres que muchas veces gestionan una agenda complicada para hacer que las niñas y jóvenes puedan continuar haciendo deporte. A los monitores deportivos y entrenadores de formación, que comparten esa misma pasión y transmiten los hábitos y conocimientos para que las chicas se desarrollen, como jugadoras, y también como personas. Y lo hacen muchas veces con problemas de impagos y problemas laborales. A los directivos, de clubes importantes o humildes y escuelas municipales que muchas veces con escasez de recursos tratan de que todo funcione y las niñas puedan seguir jugando los sábados y entrenando durante la semana. A los árbitros, imprescindibles, también formadores y educadores, que merecen reconocimiento y respeto. A los funcionarios y las administraciones y federaciones que ponen todo lo necesario: instalaciones, equipamientos, seguros... A los medios que trabajan en el baloncesto femenino tratando de ayudar en su rentabilidad como altavoz de su día a día que ayuden a mejorar las condiciones de todas y todos. Y a los aficionados que vibramos con cada partido, cada éxito, ya sea en un pabellón internacional, o en una modesta cancha de colegio.
Ayer, en Praga, España pasaba por encima de Francia y se proclamaba Campeona de Europa. Un Oro al que han precedido una plata olímpica el año pasado en Rio, un bronce europeo en 2015, una plata mundialista en 2014 y otro Campeonato de Europa en 2013 en Francia y ante las anfitrionas de quienes, al igual que con los chicos, nos hemos convertido en su némesis.
Para lograrlo España desplegó una vez más su baloncesto rápido en transiciones, aguerrido e intenso, y a la vez pleno de virtuosismo. Atacando con intención de hacer daño en todo momento. Incisivo y acertado, creció de la mano de una Alba Torrens (MVP del Torneo) que como siempre demostró un brillante arsenal de recursos para anotar. Poco a poco fueron entrando más jugadoras a aportar, siempre llevando la iniciativa por delante de la defensa gala, dejando sin efecto ni la potencia física ni el recurso a la extrema dureza. España anotaba con fluidez, tanto por dentro como fuera, e incluso cuando Torrens se atascaba o descansaba aparecía Anna Cruz, secundaría de lujo, que ayer desesperó al banquillo rival. Y para rematar, para apuntalar la victoria, llegaron los puntos de Sancho Lyttle. La nacionalizada, una vez más puso toda la implicación posible, y junto a su clase, y a ese físico tan privilegiado apareció en ataque para cerrar el partido y culminar así de redonda, una actuación que sólo por su trabajo defensivo merecía el calificativo de brillante.
Y es que, parafraseando a Lucas Mondelo, "es en la defensa donde nacen las victorias". España volvió a ahogar a su rival en base a un libreto defensivo variado en lo táctico y de trabajo grupal en lo efectista, con Nicholls y Sancho -también Gil- de cierre del aro y apoyo en las ayudas, pero donde también brillan las exteriores muy agresivas a balón, lo que permitió muchos robos, apartado en el que destacó, también Sancho Lyttle, que anuló la incidencia de la "gigante" Ciak, al birlarle varios balones.
De este modo, España, con un juego alegre y de fundamentos en ataque, y tenaz y brillante en defensa, apuntaló la victoria final con ventajas en torno a los 10 puntos al descanso que llegaron al final a la veintena entre la alegría hispana y la absoluta impotencia y resignación de las galas.
Un nuevo éxito a añadir al increíble palmarés de Lucas Mondelo, quien tras el fiasco de no clasificarse para los juegos de Londres 2012, cogió las riendas de la selección con la clara misión de reforzar la idea de equipo en lo deportivo y de hermanamiento en lo personal. Con un baloncesto rico y brillante, y con un cuidado exquisito en las relaciones, España ha completado un ciclo olímpico majestuoso coronado con la plata en Río y ha comenzado de la mejor manera el que terminará en 3 veranos en Tokio. El Eurobasket conseguido ayer es una viga más para reforzar el edificio del baloncesto femenino español, donde Mondelo, como arquitecto principal, tiene la misión de ir engranando distintas generaciones brillantes de jugadoras, "hartas" ya de ganar competiciones internacionales en categorías inferiores y que llegan al profesionalismo en una liga nacional, depauperada y fuera de los circuitos mediáticos habituales, por lo que se hace necesario y justo recuperar su retransmisión en Tv y su redundancia en los medios deportivos.
Anoche fue, en principio, el último partido de Laia Palau, capitana y jugadora con más internacionalidades de nuestro baloncesto, y si algo está claro, es que el relevo está asegurado. Por ejemplo, para el año que viene, con Mundial a celebrar en España (increíblemente, no se conocen aún las sedes; otra de esas cacicadas que José Luis Sáez y sus acólitos de la FIBA también han sabido perpetrar) y donde no cabe ninguna duda de que este equipo nos hará disfrutar y casi con toda seguridad llegará a las rondas finales en lucha por las medallas (mínimo exigible).

La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...