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martes, 26 de mayo de 2026

La caída del símbolo y el falso dilema de la izquierda

 

En la siempre desechable y prescindible actualidad política mediática, generada ex profeso por los dueños del capital y de esos emporios comunicativos, solo hay una noticia sobre la que girar: la imputación del ex-presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

La actuación como lobbista de Zapatero en el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra, tiene varias ópticas y ninguna buena para el ciudadano y ciudadana “normal”, que cree en la democracia y no se encuentra idiotizado por la derecha o el frentismo del PSOE. Si finalmente existió el delito de tráfico de influencias y enriquecimiento y el expresidente es culpable, se habrá acabado con una figura trascendente de la historia política del país. Que la acusación de las asociaciones ultras haya ido ya más allá de la mera instrucción policial ya causa un daño tremendo a la imagen pública de Zapatero y al legado e inspiración que tienen en una parte de la sociedad. No hay nada más que conjeturas y suposiciones en los informes de la UDEF que avalen la imputación del ex-presidente, simplemente por el hecho de recibir "cajas de vino" o "facturar trabajos de maquetación en la empresa" de sus hijas. Evidentemente, hay cosas raras, no voy a decir que no. La primera de ellas y quizás más trascendente, el desparrame ético del Zapatero ex-presidente, actuando como mediador o lobbista entre una aerolínea en dificultades extremas y un gobierno. Pero si finalmente, las acusaciones son rechazadas tras las instrucciones judiciales, tendremos un nuevo caso de lawfare, y puesta en marcha de toda la fuerza del aparato del estado para acabar con un gobierno legítimo y más aún con posiciones ideológicas y de compromiso políticas. Como si eso nos sorprendiera, por otro lado.

En cualquier caso hay dos hechos evidentes. El primero que no puede haber democracia si no se atiende a acabar y condenar las presiones que los ricos y poderosos ejercen sobre los representantes políticos, ya sean instituciones, partidos o personas. El lobbismo es una gangrena grave de la democracia que no se debe tolerar, sino combatir, porque pervierte la función política y dinamita la supuesta igualdad entre ciudadanos.

El segundo de los hechos evidentes es la caída del símbolo. La destrucción de Zapatero, un político que aparentemente había pasado por la Moncloa, sin acusar un desgaste personal y a su imagen grande, y donde la corrupción, parecía, no se había instalado bajo su gestión.

Desde luego Rodríguez Zapatero era una pieza de caza mayor para las ultraderechas españolas, toda vez de que lo acusen de ilegítimo, traidor y todos los males de su “españa”, donde entran sin ambages tácticas de deshumanización de la persona, y como se está escribiendo, la puesta en funcionamiento de los resortes del estado en forma de policías, investigadores y jueces, todos ellos empleados a sueldo de los poderosos, y donde su ideología prevalece a unas supuestas lealtades institucionales y a las de los ciudadanos y ciudadanas. Aznar dijoQue quien pueda hacer algo, que lo haga” y bajo esta orden periodistas, jueces, policías y ultras de todo pelaje y condición se han empeñado en derruir la democracia, pervertir sus instituciones y emplear todo lo que tienen a su alcance para acabar con el gobierno de coalición. El poder y el dinero son los objetivos y prevalecen a todo lo demás.

La dicotomía entre la culpabilidad, ya hecha carne y escarnio del acusado, su familia y su partido, y la inocencia, todavía formalmente como presunción, se convierte en secundaria. Si es inocente es un caso más de lawfare, es decir la instrumentalización de la Justicia o la judicialización de la polítca en forma de acoso judicial y mediático, como fueron los cientos de casos que ya ha habido contra miembros de Podemos, IU o Monica Oltra, por decir unos pocos, y que han ido sistemáticamente archivándose por falta de pruebas. Si es culpable, teniéndome a lo especificado en los informes de la UDEF y de fiscalía, sus cuitas parecen poca cosa ante las mentiras de Aznar tras el 11M, el GAL del señor X, o la incógnita de M. Rajoy. Y esto sólo en cuanto a los expresidentes, puesto que ya conocemos los tejemanejes de dinero e intereses en el juego de puertas giratorias entre la empresa privada y los partidos políticos. Sin olvidar la Gurtel y otras tramas, qué decir de la impunidad manifiesta de personajes como Mazón con la tragedia de la Dana, o de Ayuso con los 7291 ancianos muertos durante la pandemia por su homicida y neoliberal gestión. O las labores personales de Montoro y su “gabinete económico”. O de decenas de ex-ministros del PP condenados por mucho menos de lo que se acusa ahora a ZP.

En todo caso, y desde el punto de vista de la izquierda, y de quienes tenemos un sentir patriótico y progresista por el futuro y el bien de este país y sus gentes, el daño ya está hecho. Y no porque Zapatero se hubiera convertido en un emblema o un símbolo, que lo era, sino más bien porque su acusación apuntala la sensación de hastío, de abandono y de derrota general en la que estamos sumidos. Más si cabe, cuando pese a la incompetencia de los líderes regionales que buscaban revalidación y a la nefasta estrategia electoral del botarate de Feijoo que ha provocado el fortalecimiento de la extrema derecha, la izquierda, y fundamentalmente el PSOE, ha ido fracasando elección autonómica por elección autonómica.

No quiero que el lector confunda este sentimiento derrotista ante las previsibles futuras elecciones y al resultado nefasto para la mayoría social que salga de ellas, con una supuesta lealtad o simpatía para con Zapatero.

No. Sin entrar en su inocencia o culpabilidad literalmente Zapatero me importa una mierda. Quienes salimos a las calles el 15 de mayo de 2011, o quienes antes también hicimos la Huelga General de septiembre de 2010, lo hicimos contra su gobierno y su política económica que habría abrazado el neolberalismo, y con él la desposesión de las clases trabajadoras.

Y sí. Yo voté a Zapatero el 14 de marzo de 2004 en unas condiciones muy concretas y dolorosas, pero con una doble esperanza. La primera era recuperar la política para la gente, y evidentemente con lo acontecido aquellos días y el revanchismo de los franquistas del PP, era muy difícil. Pero sobretodo, y aún reconociendo las tremendas dificultades que había, para que se parase en seco la burbuja inmobiliaria, la especulación financiera salvaje sobre la vivienda y el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares. Aquellos gritos de “Zapatero no nos falles” en la noche electoral eran el mensaje de que el apoyo electoral, era concreto y determinado de unas personas muy definidas: Cientos de miles de ciudadanos de izquierdas, los más veteranos, desengañados del tacticismo y el coorporativsmo del PSOE, y todos hastiados tanto de las mayorías absolutas del PP y sus acompañantes (las derechas nacionalistas vasca y catalana), como de la intrínseca corrupción de todos.

La memoria, la hemeroteca y este blog atestiguan que Zapatero y el PSOE nos fallaron, y que con el futuro, el esfuerzo y los sueños de varias generaciones se pagaron los destrozos de la orgía ultra liberal.

Por lo tanto, y sin querer caer en la venganza, y mucho menos en la deshumanización del personaje, vaya por delante que se investiga lo que se tenga que investigar, que se judicialice y se condene si es necesario. En todo caso, lo fundamental, es de una vez por todas, que la democracia y sus sujetos, es decir “nosotros” el pueblo, exijamos una prohibición total de los lobbys y los grupos de poder que presionan a los representantes para que legislen a su favor. Que se persigan y también enjuicien y condenen (evidentemente para ello se hace necesario una real y probada separación de poderes, y una judicatura democrática).

Por último, y no menos importante, hacer lectura política del momento. Mientras el PSOE va cayendo en barrena en las elecciones autonómicas, deberíamos trabajar en una configuración de izquierdas estatal, con unas medidas claras, tanto en defensa de los trabajadores como de los derechos humanos. El último escrutinio, el de Andalucía, vislumbra la posibilidad: La suma de las dos candidaturas de izquierdas (Adelante Andalucía, es decir, anti-capitalistas ex de podemos entre otros, y Por Andalucía, confluencia con IU y Sumar) ha sumado más de 100.000 votos que Vox, pero 2 diputados menos por esa fragmentación. Aún teniendo en cuenta la especial configuración de la región del sur español, se sigue mostrando como evidente que hay un espacio a la izquierda del PSOE enorme. Que ese espacio es ideológico basado en una política de izquierdas clara, ecologista, igualitaria, anti machista, anti fascista y anti imperialista. Democrática y socialista que garantiza los derechos sociales (sanidad y educación), así como mejores condiciones de vida y de trabajo y una clara voluntad por acabar con el problema de la vivienda. Un espacio que además está abierto a quien quiera un mejor país y a quien esté desencantado de la corrupción y el bipartidismo.

Sólo hace falta ponerse de acuerdo. El programa no es un problema. Y lo que lo impide, que son los intereses particulares de quienes son o se han auto proclamado portavoces de los demás, debe ser erradicado por esos mismos colectivos que reclamamos la unidad electoral, política y de acción.

Porque mientras esto escribo los conflictos sociales y sectoriales continúan y se agudizan (por la vivienda, trabajadores de la educación y sanitarios, agricultores, mundo rural, mujeres, etc., etc.) y antes que después nos daremos cuenta de que juntos es posible articular una fuerza que los trata y empuja a solucionar.

Y mientras tanto lo que ocurra con Zapatero y con Sánchez o el PSOE es lo de menos. Porque lo importante es que las buenas personas que creen en la democracia y en este país luchen por mejorarlo.

sábado, 2 de mayo de 2026

La coyuntura del nuevo ciclo electoral


El año 2025 acabó con denuncias por acoso sexual en varias de las federaciones regionales del PSOE. Se sumaban a las investigaciones por corrupción abiertas desde el verano que por un lado, tensionaban las relaciones en el seno del gobierno de coalición, y por el otro, catapultaban aún más, a la extrema derecha que desgraciadamente no van a tener problema en ganar una mayoría absoluta para formar gobierno con un acuerdo PP+Vox. El drama de una izquierda en perpetua desunión y disputa, sumado a un PSOE agotado, del que ya parece ni siquiera la pujanza internacional de Pedro Sánchez como enemigo nº1 de Trump y Netanyahu pueda revertir la situación, provocan mayor desazón al trabajador y trabajadora que ven como sus derechos y condiciones de vida, ya difíciles per se, y también, por qué no decirlo, por la tibieza en materia económica de un PSOE entregado sin remisión al neoliberalismo, se pueden poner en peligro de forma irremediable.

Por si esto no fuera poco, que no lo es, se añade la crisis social vigente desde 2002, y que ha ido a más cada año y cada crisis económica capitalista, de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad. Son varias generaciones ya las que tenemos tremendas dificultades, cuando no imposibilidades, para adquirir un lugar donde vivir. Y ante esta reclamación social e intergeneracional, que ni siquiera sirve para poner en orden a todos los partidos para encontrar una solución, la legislatura amenaza con cerrarse de forma abrupta y abrir un espacio que no va a ser mejor para España, ni para su ciudadanía, su patrimonio y sus derechos.

En cualquier caso si en este contexto de bloqueo político, le añadimos la ofensiva trumpista de las élites expresada a través de los medios de comunicación, tanto de masas, como por las redes sociales, y la absoluta laminación de la conciencia de clase y la activación política y social en el conflicto de las clases bajas y sus teóricos representantes, nos encontramos en una situación lamentable y donde la ilusión no aparece por ninguna parte.

Y todo esto con un nuevo ciclo electoral en marcha que tiene que acabar en las elecciones generales, en teoría si no hay un adelanto o más remedio, en junio del año que viene. Extremadura, Aragón y Castilla y León han abierto la veda al dinamitarse los tibios pactos entre ultraderechas donde se repartían los recursos de todos. Al no llegar a acuerdos, o directamente, bajo cálculos partidistas tremendamente errados, se llamó al voto en estas Comunidades Autónomas con el mismo resultado: Mayoría absoluta de la extrema derecha, con auge de Vox incluido, lo que ha debilitado a los líderes del PP que aunque revalidan mandato lo hacen atados con más fuerzas por los ultras y descalabro general de la izquierda. Sólo en Extremadura la confluencia electoral entre Podemos, IU y Sumar consiguió parar el golpe, pero teniendo en cuenta el batacazo histórico del PSOE. La cosa no pinta bien para los siguientes comicios, en Andalucía a mediados de mes de mayo, y ni siquiera candidaturas con ministros del gobierno garantizan, ya no la victoria, sino simplemente no perder más diputados autonómicos. Un desastre sin paliativos.

Explicar las causas es complicado cuando las tendencias que se apuntan se están marcando en regiones concretas. Estas de momento son las más extensas, con fuerte presencia del sector primario y del ámbito rural. Poblaciones envejecidas y una fortísima emigración de las personas jóvenes y más preparadas. En todas ellas, como digo y hasta el momento la derecha extrema ha arrasado. Sin duda, su presencia en el mundo rural de caciques (sin olvidar a los periódicos regionales) y su disputa contra todo lo que suena a woke, Agenda2030 o Unión Europea que limita a los agricultores y añade burocracia, explica buena parte del resultado, pero no en su totalidad. Como tampoco lo hace el desgaste en la labor de gobierno central. Tiene que haber algo más.

Hablamos del desgaste de gobierno como parte importante, y aquí entra la construcción del actual PSOE dominado sin discrepancia (desde 2017) por Pedro Sánchez. Quizás esta estructura se encuentra ya lo suficientemente debilitada como para no responder a las necesidades de cada territorio. Otra buena parte del actual estado de descalabro es la desmovilización colosal de la sociedad, absolutamente atomizada, individualizada, e incapaz primero de reconocer sus propios problemas, y después, de plantear reclamaciones y soluciones a los mismos. De hecho, si se moviliza, lo hace hacia la derecha escorada por la opinión de un supuesto ataque a todo lo español, lo identitario o lo que nos define. El problema resulta ser los inmigrantes, los musulmanes, las mujeres, los maricas, y no la cada vez más ancha desigualdad social, la pérdida de dignidad y derechos de los trabajadores, el machismo, la xenofobia, la corrupción y la tendencia más acusada a malvender el patrimonio de todos a los buitres de aquí o allí.

Sin embargo, con los escrutinios ya hechos, los parlamentos autonómicos reconfigurándose y nombrando presidentas y presidentes regionales más atados por los ultras lo que tenemos es una vuelta de tuerca más a la ofensiva reaccionaria. Celebran acuerdos donde quieren poner en valor una prioridad nacional, que haga frente a las teorías de reemplazo y de según ellos, desmontaje de lo tradicional, lo católico y lo español.

A mi me gustaría saber qué prioridad nacional es la que quieren:

Habrá prioridad nacional cuando norte europeos se quieran comprar una casa “a tocateja” en el Mediterráneo español o en las islas, tensionando el mercado inmobiliario, subiendo los precios una barbaridad para las personas que trabajan, cotizan y habitan esos lugares. Y qué decir, de los fondos buitres especuladores, algunos también son patrios claro pero la mayoría son o se radican en el extranjero, que adquieren viviendas al por mayor, echando a los vecinos de los pisos, de los bloques y de los barrios, pero eso sí, inflamando la ganancias especulativas.

También estaría bien si esa prioridad nacional se tendrá en cuenta cuando los jubilados blancos norte-europeos aparezcan por las consultas y urgencias de la sanidad pública a operarse de sus achaques, en un sistema en el que no han cotizado y del que se aprovechan. A veces aprovechando para traerse a sus familiares, y casi siempre, sin hablar “ni un poquito de españolo”.

Qué va a pasar por esas plataforma de tecnócratas basadas en el neo-feudalismo cibernético. Que trampean la legislación nacional en materia laboral, de derechos de los consumidores o en sostenibilidad ambiental. Que cotizan fuera de este país extrayendo capital y dejando consecuencias que tarde o temprano se tendrán que subsanar y pagar con los recursos de todos.

Que una pareja que el año pasado tenía intención de comprar una casa, para arraigarse en un territorio, y al final, veían como sus ilusiones se desvanecían ante los problemas legales de la vivienda, incluida su manifiesta ilegalidad comprobada a posteriori, y que ahora, un año después, ven como la misma propiedad sigue siendo manifiestamente ilegal y vuelve a salir “al mercado” con un precio de un 15% superior. ¿Qué prioridad nacional nos queda a nosotros?



Sin embargo, y volviendo a la conyuntura actual, mal haríamos en lamentarnos continuamente y dar el partido por perdido. Hay partido. Aunque los resultados en estas regiones, y el que se aventura para Andalucía, es horrendo y un ataque a la dignidad y el futuro de las personas y de los territorios, ni Extremadura es España, ni tampoco lo son Aragón o Andalucía. Tampoco Madrid, eh, y ni mucho menos, Galicia, Euskadi o Catalunya. Cada región de este país tiene un pasado, una realidad y unas expectativas propias y separadas, y por eso mismo, pensar que porque los aragoneses hayan dado una mayoría absoluta a la extrema derecha para seguir teniendo un presidente autonómico impresentable y faltón, vaya a suceder lo mismo en Asturias, Canarias o en Madrid. Incluso ante unas elecciones generales, con sus propias condiciones, el escrutinio en una misma región puede ser muy distinto. Los factores de la propia consulta y de la reflexión y decisión del electorado darán resultados distintos. Sobretodo si se reacciona y desde la izquierda se decide cerrar ese proceso de candidaturas comunes o de frente popular que nos defienda, a toda la clase trabajador en su conjunto, y a las mujeres, los inmigrantes y otros colectivos en sus propias especificidades.

Primero porque esa estructura de Pedro Sánchez en el PSOE se basa en la premisa de haber demolido las tradicionales baronías territoriales, precisamente en estas regiones “pobres” agrarias y de carne de migración que hace no tanto condicionaban el discurso del partido socialista. Hace ya mucho que el PSOE perdió Andalucía, “nunca” ha tenido acceso a Castilla y León y en 2023 volvió a ceder Extremadura y Aragón, llevando con ello a la irrelevancia a personajes como Ibarra o Lamban y dejando solo a Page como una anomalía interna casi del tipo de una mascota.

Sin embargo, al mismo tiempo que perdía poder territorial en el sur, el PSOE se ha fortalecido en Euskadi donde es imprescindible. Y ha ganado Catalunya. Regiones o naciones donde la derecha españolista es residual ante la fuerza de las derechas nacionalistas.

Y por encima de todo, muy mal haríamos si extrapolásemos los resultados de estos comicios parciales y autonómicos a lo que vaya a suceder en Madrid, donde, nos guste o no, está la batalla. Y el dinero.

Si nos ceñimos a los resultados España camina de la mano de la ola reaccionaria global hacia un fascismo y un ultraliberalismo radical y anti-humano. Además, se afianza el bipartidismo tras la crisis que vivió entre 2014 y 2018, pero un bipartidismo nuevo. Con un PSOE que ido ha capturado progresivamente a los votantes de las formaciones a su izquierda (que no sus planteamientos o programa), pero que ha perdido los votantes “bisagra” de centro que pueden votar a derecha o izquierda. Y el PP ha perdido su poder, fundamentalmente por su lado más extremo, donde se hace cada vez más fuerte una formación ultra y fascista que radicaliza los mensajes y las prácticas de los populares. Enhorabuena a los premiados.

Además, los ultras han tenido el acierto o la suerte de no verse afectados por los descalabros en gobierno que ha afectado a sus teóricos aliados del PP. En Valencia, en Extremadura o incluso en Madrid, mientras que por su parte, la izquierda, también se ve afectada por formar parte del gobierno de coalición.

Al final, el desgaste y el achicarramiento de líderes y propuestas de izquerda se lo han llevado estos partidos, y Sánchez y el PSOE han mantenido mal que bien su situación, recolectando las cenizas de estos en un renovado llamamiento al voto útil. Y en la derecha extrema, Vox parasita al PP, le acorrala, le lleva a discursos reaccionarios y abiertamente fascistas como todo lo que tenga que ver con cuestiones identitarias, y estos tienen que blanquearlos para poder gobernar, con lo que consiguen es afianzar las posturas más radicales. Y eso que Vox lleva ya casi un año de escándalo interno en escándalo interno, saltando las disputas y miserias cuando no se ponen de acuerdo en repartirse las arcas públicas, debilitando ese mismo estado país que dicen defender y a las clases trabajadoras, que deberían haber llevado a un deterioro fuerte de su poder electoral. Solo basta con recordar lo que ha sucedido con partidos como Podemos, por ejemplo, con lo cual habría que también valorar el factor social y el sentir por lo menos tradicional o conservador de buena parte de la población, por no decir, abiertamente fascista. Desde luego, los lamentos y denuncias de “falta de democracia interna” suenan a choteo si no fuera, porque al final lo que están haciendo es usurpar la política, llevarla a un terreno insidioso y alejado de los problemas de la gente, y dar un espectáculo lamentable.

Todo ello porque arrastrado por los bulos y las mentiras propias de la ofensiva ultraderechista, así como, los marcos neoliberales impuestos por el sistema, la izquierda se siente atada y sin capacidad de respuesta, para hacer ver a la sociedad la realidad de los problemas. Quién y por qué se beneficia. Quién sale perjudicado y cuáles son las políticas efectivas que hagan un país mejor, una sociedad más justa y con mayor futuro.

Seguimos teniendo semanas de crónicas judiciales por casos de corrupción del bipartidismo y sus agentes de renovación. Volvemos a estar presos de una cotidianidad falsa y manipulada que ya ni siquiera permite una transformación reformista del estado y sus diversas disfunciones. Contra más para plantear y aspirar a cambios revolucionarios de amplio calado que hablen de las condiciones de vida y de trabajo de al gente. Una vez más es necesario que como sociedad nos activemos, desde lo individual hasta lo colectivo y sectorial. Y esto se tiene que hacer tanto autónomamente, como de la mano de partidos y movimientos a la izquierda del PSOE, que recojan todas las demandas, que fortalezcan las comunidades, las protejan y aporten espacios de discusión, socialización y movilización colectiva que puedan plantear alternativas a esta ola reaccionaria e identitaria, que lo que hace, es que no cambien las políticas económicas que esclavizan al pueblo.

Se trata por lo tanto de propuestas radicales que desde el conflicto, en la calle, en los trabajos y en las instituciones, pueda ser resistente ante este auge fascista. Ser más radicales con ellos, porque ellos defienden este mal-estado de las cosas distrayendo la atención. Porque no debemos permitir que mientras se convierte en “normal” o en “tolerable” la laminación del diferente o políticas económicas ultraliberales, y que al mismo tiempo se presenten como “radicales” o “utópicas” medidas exitosas más que desmotradas por la justicia social o el estado de bienestar. Y porque no podemos renunciar a transformaciones radicales del sistema económico, para hacerlo más humano, más justo, más garantista, más sostenible y con más futuro y dignidad.

 

viernes, 13 de marzo de 2026

El Estado de las Autonomías y el freno a la España plurinacional


Las banderas de las Autonomías en el edificio del Senado en Madrid. En primer término y al centro, más grandes, la bandera de la UE y la bandera de España

 

La ola reaccionaria y fascista que asola el mundo tiene su propia idiosincrasia en España. En parte debido a una endeble herencia y construcción democráticas, fruto de la supervivencia de los poderes salidos de la dictadura franquista y de la ardua negociación-sumisión que se llevó a cabo con las fuerzas de izquierdas. Pero es sobretodo la cuestión nacional, la construcción del estado-nación y la esencia plurinacional de la península Ibérica, la que añade más capas de confrontación, así como una realidad propia que no debe tomarse a la ligera.

Si en otras latitudes es la cuestión de la inmigración, con la “teoría del gran reemplazo” de la identidad racial y cultural del cristianismo, como tensión suprema vinculada a las migraciones, lo que moviliza y cohesiona a la ultra derecha en España, sin perder su cuota de protagonismo esta cuestión, son las dificultades que acarrea un proceso territorial inacabado e ineficiente en eso de dar respuesta a las distintas sensibilidades del estado lo que enerva a las huestes ultras. Recuperando una idea falsaria y absolutamente fantasiosa de la “Gran España”, católica e imperial (la Reconquista, el Imperio, la cristianización, el orden, la Gran Cruzada de la Guerra Civil, etc.) sacralizan la Constitución del 78, de la que se han apropiado (cuando votaron en contra o llamaron al alzamiento militar en su contra), como un ente inamovible. Una biblia dogmática y en piedra imposible de cambiar, de reformar, y a la que deben ajustarse las realidades. Otra aberración política más, puesto que si algo deben de garantizar las constituciones y las reglamentaciones que supervisan y permiten la convivencia entre personas, es su perpetua revisión, su abierta actualización y perenne discusión.

Sin embargo, la Constitución es inamovible, presentada como un programa de máximos que en realidad y a duras penas concede unos mínimos de convivencia y representación, y donde en vez de ajustarse a las demandas de la sociedad, esta tiene que claudicar constantemente y enclaustrarse en los dogmas de la constitución, sus padres (no hubo madres en el parto) y sus hacedores, todos ellos sacralizados a cuenta del esfuerzo y el progreso de las clases trabajadoras y sus diversas identidades.

El politólogo e historiador Benedict Anderson teorizó a comienzos de los años 80, en los albores del neoliberalismo y el neoconservadurismo, sobre el nacionalismo y los procesos de construcción de los estados modernos. Planteaba el autor británico la existencia de “comunidades imaginadas”, esto es, colectivos que se identifican con una serie de valores compartidos (una lengua, una cultura, unas tradiciones, unas instituciones) que acaban constituyendo comunidades políticas propias, soberanas y limitadas por la existencia de otras comunidades imaginadas limítrofes. En este sentido, aparecerían las naciones, como resultado de un proceso de construcción histórica y social, donde los sentimientos de pertenencia a la comunidad imaginada serían más aglutinadores que los factores de clase o desigualdad material que podían desligar la comunidad. De este espíritu compartido de nación podría articularse la estructura material del estado que organiza y jerarquiza el sentimiento nacional. No siempre se daría la creación de un estado, con la existencia de una nación, pero la emergencia del primero, solo puede darse si existe el segundo.

Extrapolada al caso de la España de la transición, y de la actualidad, vemos como la cuestión territorial sigue vigente. En parte como pegamento y cohesión de las ideas conservadoras, ultras y reaccionarias. Pero fundamentalmente, como una cuestión abierta, una tarea inacabada, puesto que la administración territorial del estado no responde a la lógica de las diversas sensibilidades que comparten península. Aunque la Constitución en su artículo 2 del título preliminar avala la esencia plurinacional del estado, lo hace “de aquella manera”, sin recorrer todo el camino a la protección de las naciones o identidades nacionales o regionales (ni de sus lenguas, costumbres propias o culturas), y por supuesto, se queda a medio camino del planteamiento de un estado federal, que es la solución más perfecta a la realidad. El modelo de las Comunidades Autónomas, una peculiaridad propia de la alta política española es el resultado, y como otras soluciones recogidas en la Constitución, es otro formato indefinido a caballo entre la reacción franquista y la revolución progresista de su oposición.

Pareciera que en el caso de España actual, la intención sería seguir la doctrina expresada por el filósofo francés del siglo XIX Ernest Renan, para quien primero vendría el “Estado” como armazón del sentimiento de nación. Si bien en las naciones que se construyeron o coaligaron en la segunda mitad del siglo XIX y hasta hoy en día, parece que han sido las mitologías nacionales las que se han incluido en las celebraciones y fiestas populares (pensemos en Francia, Italia, Alemania, el Reino Unido, Irlanda, pero también en los países salidos tras la caída de la URSS y el desmembramiento de la Antigua Yugoslavia), en el caso de España, esta lógica renaniana no ha acabado de cuajar, pese a que pensadores de notables garantías como Jovellanos, Pi Margall, Baroja, Unamuno, Echegaray u Ortega hicieran reclamo por la construcción de la nación española.

Sin embargo, ni una dictadura fascista, ultra conservadora, clerical, militarista, atroz y extremadamente duradera han podido terminar de construir ese nacionalismo español que aglutinase bajo el estado al grueso de la población. Al acabar el franquismo, la mayoría de la ciudadanía, veía España como una nación sólida, si, pero las minorías en Catalunya o Euskadi solo lo reconocían como un estado cuya autoridad no podía silenciar su sentimiento nacional. Además, la oposición democrática, primero en la clandestinidad de la dictadura, después tomando parte en el proceso de transición a la democracia, trabajó junto a los nacionalismos periféricos catalán, vasco o gallego (incluso regionalismos en Andalucía, Valencia, Canarias o hasta Asturias) para construir un sistema democrático, lo que añadió confusión a la idea de la España sólida y garante de las identidades, puesto que eran una oposición a esa idea cercenadora expresada e impuesta desde Madrid.

Fruto de este choque de fuerzas es la Constitución del 78 y el Estado de las Autonomías consagrado a través de ella. De esta manera se consiguió vincular la democracia, como sistema político opuesto a la dictadura fascista, a la idea de una España plural, de una nación de naciones, que a través de los marcos políticos podía discutir y decidir su destino coaligado, prácticamente de tú a tú.

Esto funcionó relativamente bien durante los primeros 25 años. Sin olvidar, por supuesto, el atroz terrorismo etarra. A comienzos de los dosmiles, la primera mayoría absoluta de un partido de derecha en la España democrática, supuso la voladura paulatina de todos estos puentes entre identidades nacionales, hasta la demolición total que supuso la condena del Estatut catalán de 2007 suspendido por el Constitucional conservador por una denuncia del PP. Si bien las derechas nacionalistas de Catalunya y Euskadi aprovecharon su sintonía con el PP para ganar mayor autonomía y desarrollar sus propios sentimientos nacionales, tuvieron que soportar el verse relegados por esa misma fuerza nacionalista españolista que ya no necesitaba su colaboración para sacar las rentas a los trabajadores. Aquellos que hicieron campaña y votaron en contra de un proceso democrático allá por los 70, volvían a impedir concesiones y adaptaciones dentro del marco democrático, toda vez que calculaban ya no necesitar a las burguesías catalanas y vascas (en todo caso hablamos de pactos entre “élites”) porque habían conseguido dinamizar Madrid, como epítome de lo que es la nación española.

Rotos esos equilibrios territoriales y también ideológicos entre las distintas Españas (“nacionales” o “periféricas”, “derechas” o “de centro”) lo que tenemos hoy es un país invertebrado. Muy extenso, sobre una topografía complicada, que no ha impedido la construcción de un sistema radial muy fuerte, que convierte al centro, la capital del Estado, a Madrid, en un agujero negro que fagocita riqueza, talento y futuro de las regiones adyacentes, capturando ya incluso las más alejadas (Galicia, Asturias, Andalucía Occidental, fundamentalmente).

Por su parte, mientras Euskadi resiste con una idea de estado-nación consolidado, con eso si, severas fracturas sociales entre una visión conservadora-liberal y una proletaria-social, en Catalunya la voladura del pujolismo como partido político, y de diálogo entre derechas corruptas, catalana y española, ha generado un ecosistema de partidos muy fracturado en el que conviven fuerzas de derechas e izquierdas, incluidas extremistas, tanto nacionalistas, como españolistas. En Galicia, la construcción nacional está lejos de hacerse por su propio pasado atado al caciquismo franquista, mientras que otras regiones como Valencia, Andalucía o los archipiélagos tienen cada vez mayores dificultades para expresar su propia idiosincrasia, aunque se haga desde los rigores del regionalismo, y sus problemas particulares o compartidos se enquistan, no se resuelven y ni siquiera se tratan porque están apagados por lo que acontece en Madrid. Y eso en cuanto a identidades amparadas por su propia región o comunidad autónoma. Pensemos en las que no, sobretodo en el caso del leonesismo, y de los problemas derivados por la España Vaciada. En todos estos casos, el auge del “españolismo”, del sentimiento nacional español, hace que toda expresión identitaria, ya fuera nacionalista, regional, local o particular se quiera cerrar en la bandera del rojo y gualda, y en la política de Madrid.

En todo esto, la izquierda ha salido mal parada, incapaz de argumentar de manera sólida y cohesionada, por un escenario federal que garantice todas las identidades y su diálogo en igualdad de condiciones. Mientras la España Interior, se convierte en Vaciada, e incluso en Olvidada, y las nacionalidades y sentimientos propios de las distintas regiones son atacados por el “madrileñismo de extremo centro”, esto es, el nacionalismo franquista español. En este sentido, la voluntad de aunar proyectos políticos de izquierdas, ya sean nacionalistas, regionalistas o nacionales, hacia un Frente Popular es siempre una buena idea, y además, una oportunidad para construir desde el posicionamiento político un país mejor, más garantista y más responsable. En definitiva, más real, donde las instituciones políticas sean efectivamente reflejos puros de las identidades y necesidades de la población.

En un mundo en crisis económica perenne, con severas amenazas a la seguridad y la paz, y con una crisis medio ambiental que trasciende hasta la propia supervivencia de la especie, las tensiones en la convivencia entre culturas, fruto tanto de la globalización como de las migraciones, y los ajustes económicos y sociales, están provocando repliegues identitarios en la nación, con las subsiguientes rupturas sociales, en la convivencia y en la democracia, lo que explica en buena parte, el auge actual del fascismo y todo lo que está pasando.

Sin duda, tienen que habilitarse las reformas necesarias para mejorar la convivencia y la dignidad de las distintas naciones y sus entidades dentro del estado español. Una Constitución no es una biblia en piedra. No es palabra santa y sacralizada que no se puede modificar y que tenga que coaccionar las formas de vida de nadie. Somos más nación, más país, y fundamentalmente, más fuertes y felices, si todos nos sentimos respetados y partícipes en procesos de decisión. Reconocerse como una nación de naciones y hacer que así se recoja en los mandatos políticos es la garantía de construir nación y hacer futuro. Por desgracia, el cortoplacismo, y el auge de la extrema derecha, van en dirección contraria, y como resultado tenemos bloqueos institucionales que impiden el avance en las normas y convivencias.

El proyecto plurinacional va de un estado que practique una gobernanza compartida, y a su vez, en contra de las lógicas capitalistas y mercantilistas que profundizan en la desigualdad entre territorios y entre autonomías que vemos cada día (empezando por los dumpings fiscales y las rebajas de impuestos) y hacia ese estado disfuncional donde son incapaces hasta de ponerse de acuerdo en como gestionar los recursos compartidos como puedan ser, por ejemplo, los ríos que transcurren por varias comunidades. Además, ayudaría a garantizar los estados de bienestar, haciéndolos más eficientes, más cercanos al ciudadano que los usa, defiende y trabaja en ellos (Sanidad, educación, servicios sociales, servicios de emergencia).

 



domingo, 8 de marzo de 2026

8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La tarea irreplazable

 


Aunque en este mismo blog no todos los años he dedicado un rato a escribir sobre el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, todos los años y todos los días, es necesario recordar que la igualdad es el objetivo. Que es un derecho humano y que no debe discriminarse a nadie por el hecho de ser mujer. O por ser pobre. O de otra raza u otro color de piel distinto al nuestra.

Pudiera parecer que no hay que recordarlo día a día, no sólo esta efeméride, que aún así aprovechamos para reflexionar, para intentar ser mejores en esto tan necesario y tan vital de acompañar a las mujeres en su lucha por la igualdad, y en no ponerles más barreras, techos de cristal. En acabar ya con las actitudes machistas, sexistas, con los abusos y con la tolerancia hacia convenciones sociales que impiden de facto la igualdad, suponen un lastre a la dignidad de las mujeres, y encima, les causan dolor y aflicción.

¿Hace falta celebrar y reivindicar este día? Si, sin duda. Sólo basta con ver los titulares de las últimas semanas:

Y podría continuar eh.... 


Y esto sin poder hablar, porque queda fuera de la inmediatez diaria y de la atención mediática, el terrorismo de sala de estar, la misoginía del sistema heteropatriarcal, los abusos en el entorno laboral, así como la desposesión del trabajo de las mujeres sumido en la dinámica de la desigualdad alentada por el capitalismo.

Todo esto indica que seguimos sin ser capaces de revertir este sistema perverso e indigno que oprime a las mujeres por el hecho de serlo y lastra sus vidas y su futuro. Ya no es que la ley se convierta en ineficaz o insuficiente. En que no estén dotadas las policías para ayudar y proteger a las mujeres (que ya es grave). O que los servicios sociales aparezcan atados de pie y de manos para apoyar a las maltratadas. Es que no podemos tolerar o permitir que se menosprecie la vida de las mujeres. Que se afirme que la igualdad ya se ha conseguido, cuando los ejemplos de la desigualdad y la opresión están tan presentes y son tan continuos. Cuando logros y derechos aparentemente conseguidos, como el aborto, la libertad sexual o el acceso a los medios de comunicación, son de nuevo atacados dentro de esta oleada fascista. Cuando se sigue atacando y minusvalorando el valor y dignidad de las mujeres por su aspecto físico, convertidas en objeto de posesión sexual del hombre. O cuando en el trabajo se reproducen los casos de acoso y abuso. No podemos quedarnos callados, ni quietos. Ni ellas. Ni los hombres solidarios.

Frente a la legítima y necesaria activación de las mujeres en el feminismo está la reacción visceral y depredadora de los machistas y sus voceros que quieren hacer creer que “el feminismo ha ido demasiado lejos”, “que ya no se puede decir nada, ni un piropo”, o que “el feminismo es una amenaza a los hombres”. Pues no, no lo es y no lo ha sido nunca, y si se es tan poco hombre para sentirse amenazado por las ansías de libertad y dignidad de las mujeres, revisa tu bragueta y sobretodo tu cerebro.

La lacra de la violencia de genero, lejos de frenarse o atenuarse, parece que este año pretende batir un siniestro récord. Si durante 2025, 48 mujeres murieron a mano desus parejas o ex parejas (los datos no oficiales disparan las cifras), durante los meses de enero y febrero de este año fueron asesinadas 10 mujeres y 2 menores, dejando además un terrible reguero de decenas de niños/as huérfanos y huérfanas.

Hay que denunciar el nulo compromiso político de muchos Gobiernos, de la derecha y del sistema capitalista neoliberal para erradicar la violencia contra las mujeres, así como la desigualdad y discriminación que padecen en el ámbito laboral.

Y no puedo dejar de recordar la situación de mujeres que no tendrán su 8 de marzo y por las que es necesario movilizarse aún mucho más, por sufrir una mayor discriminación por el hecho de ser mujer. Mujeres, de todas las edades y estratos, en sociedades fundamentalistas, retrógradas y de corte fascista, que proliferan en todo el mundo, uniendo a la desigualdad por ser pobre, desheredada, víctima de una guerra o un exilio, de la prostitución y la trata, del hambre y la enfermedad, y también, desgraciadamente cómo no, por ser mujer.

El 8 de marzo hay que levantar la voz por los derechos laborales, la eliminación de las desigualdades de las mujeres y contra la lacra de la violencia de genero. Por la falta de respeto a los derechos humanos y civiles de todas las mujeres en el mundo.



Hay motivos de sobra, para hoy 8 de marzo de 2026, salir a las calles y seguid acompañando a las mujeres. A nuestras esposas, novias, parejas, amantes, amigas, madres, hermanas, compañeras.


 

Unos enlaces para dar contexto:

El trabajo doméstico: Dignidad, derechos y necesidad, marzo de 2025

La Reacción de la Reacción, marzo de 2019

8 de marzo: Huelga Feminista, marzo de 2018

8 de marzo: Día de la Mujer Trabajadora. Reivindicativo y festivo para acabar con la desigualdad, la violencia y la precaridad, marzo de 2017

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora: Mucho que luchar, marzo de 2016

 

domingo, 18 de enero de 2026

El problema de la vivienda en España: Un apropiado resumen



Decíamos antes de ayer El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de alquilar una vivienda 

 

Decíamos el jueves El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de comprar una vivienda.

Decíamos el miércoles El problema de la vivienda en España: Una perspectiva geográfica a sus ramificaciones en el Urbanismo.


Decíamos el martes El problema de la vivienda en España. Una aproximación histórica al fenómeno de la especulación inmobilaria.


y decíamos el lunes El problema de la vivienda en España.

 

 

Había dedicado varios días a preparar las entradas al blog de esta semana (enlazadas ahí arriba) con la intención de escribir y discurrir sobre la vivienda y su crisis, con algunas de sus ramificaciones a nivel socio-económico, político, geográfico y ambiental. También con un par de artículos con consejos y aspectos a tener en cuenta antes de buscar vivienda, en propiedad o en alquiler, basados en mi experiencia. Además, de juntar unas letras en torno a este último año de nuestra vida bajo una situación dantesca, así como, recapitular algunas experiencias propias y de conocidas y conocidos en torno a la vida en alquiler. Pues bien, como si pareciera que me re-programasen -no aspiro a tanto y no soy tan iluso-, la propia deriva e inmediatez cíclica de la agenda política y mediática ha proporcionado más contexto aún a la crisis de la vivienda en España, que es una parte de la crisis de la vivienda mundial que tenemos entre manos. 

En las tertulias políticas de los medios y por supuesto, en los propios partidos saben que la situación de la vivienda va a ser el factor de la vida real que va a erosionar la mayoría social por el gobierno de coalición y entregárselo a la ultra-derecha. Por eso, de vez en cuando, se lanzan medidas en política de vivienda, como hemos visto estos días con respecto a los alquileres. Pero estas propuestas lanzadas por el PSOE pecan de lo mismo de siempre: de un afán por no incordiar a los amos del cotarro, es decir, de no restar ni un ápice de rentabilidad y seguridad a la especulación financiera frente a las necesidades habitacionales y de vivienda de la gente. Sólo así se entiende que una vez más se anuncien medidas que protejan a los rentistas y sus ganancias frente a la dignidad de los alquileres. Que vuelven a ejercitar la extracción de capitales por los privilegiados castigando por segunda vez los más desfavorecidos. La tercera es cuando además se premia a los inquilinos con bonificaciones fiscales, cuando no dejan de tener dos viviendas, por lo menos. Otros muchos millones no tenemos ninguna.

Solo basta con echar un vistazo a lo que he escrito y publicado esta semana para ver que el actual gobierno “de izquierdas”, así como el propio estado liberal no atajan el problema. Ni siquiera discuten la necesidad de garantizar el escudo social que puede promover una política que tenga a la vivienda como un derecho humano y económico que permita una vida con dignidad. Por lo tanto, las medidas anunciadas profundizan en un modelo claramente fallido, ineficaz, que no cumple con el derecho constitucional de la vivienda digna, ni tampoco con la progresividad fiscal.

Se garantiza el negocio de la vivienda. El de alquileres abusivos fuera de mercado. Un mercado que no se regula ni vigila y que tiene como resultado a una minoría fagocitando los recursos y la capacidad de ahorro de las clases trabajadoras. Para ser de “izquierdas”, “socialista”, “progresista” o “comunista” como dicen desde los medios, todos de derechas, resulta que este gobierno legisla a favor de los ricos. Una nueva traición a las bases y a las clases obreras para no molestar a las élites y para seguir apostando por los marcos de discusión liberales. En vez de hablar de clases, de su intrínseca lucha, de propietarios y excluidos, es decir, de la realidad material de las cosas, nos centramos en la cuestión aspiracional, en que la gente compre una casa, y después otra, alquile o revenda la primera, y así sucesivamente. Se “vende” la idea de clases medias a las que se pertenece o aspira a, desechando la verdad del día a día de cada hogar, cada familia e incluso cada individuo. Nadie quiere ser un trabajador. Quiere ser clase media. Y la vivienda es el medio, no para vivir, sino para especular. Todos entonces creen que pueden hacer lo mismo, pero con la cada vez mayor especulación se lastran las rentas del trabajo y se lamina el ahorro de las familias. Por lo tanto, se parte de una idea falsaria y manipulada que no beneficia a la mayoría, sino que cimenta la hegemonía de los de arriba.

En este sentido, el fracaso de la socialdemocracia como opción política, y de los partidos e ideas más a la izquierda, dentro del modelo liberal se debe a que se embaucaron en este marco impuesto por la propia derecha. Sin discutir los derechos económicos como parte de los derechos humanos donde no debería caber ni una sola cesión, se han “comprado” las exigencias ultra-liberales, y lo que ayer era radical, en contra del estado o del propio sentido común en materia económica o política, hoy es lo aceptado y normalizado. La publicidad y el marketing electoral pueden presentarte como muy de izquierdas, pero si en gobierno o en oposición aceptas los marcos neoliberales y los dogmas capitalistas, no sólo estas avalando esas políticas agresivas, anti-sociales y hasta anti-patrióticas (porque van en contra de la abrumadora mayoría de la población y además despojan del sentido al estado como estructura material de la nación). Es que además favoreces que se desplace el umbral de lo tolerable hasta el punto de que un estado-mínimo (ejércitos y fuerzas del orden, judicatura y sistema de partidos) sea concebido como lo normal, mientras que la defensa de unos derechos públicos de calidad se convierta en lo radical. Sin duda, una aberración.

Evidentemente todavía hoy hay diferencias entre que te gobierne una derecha elitista, ultra, amoral y corrupta a que lo haga una pseudo-izquierda que propone reforzar derechos o que en cuestiones identitarias de igualdad o en cultura dan batalla (a parte de que sean corruptas o no), pero cuando se someten a los dictados de una ideología conservadora en aspectos de defensa o interior y neoliberales en lo económico lo que hacen es afianzar el régimen. Que las cosas no cambien independientemente de quien gobierne. Y lo que es peor, que en el tiempo medio se den por sentadas esas tropelías y ya no se cambien, ni se acepte ni la más mínima discusión. Por ejemplo, pensad en la Ley Mordaza. O en las constantes cesiones que desde el PSOE se ha hecho en materia de igualdad de género con la ley del “Sí es sólo Sí.

Ni siquiera el hecho de haber encabezado por así decirlo la oposición al estado de las cosas internacional en cuanto al tema del Genocidio en Gaza o las presiones intolerables de la administración Trump (con el silencio y comodidad evidente de la élite europea), sirven para que a la mayoría de la ciudadanía le queden simpatías por un gobierno que se dice de izquierdas y garantista del bienestar de la gente, pero que en realidad funciona respaldando las peores políticas económicas de la derecha.

Y eso, como digo, se ha refrendado en la política de vivienda que ha perdido su valor como derecho y que es aceptado como un medio de negocio donde prima la rentabilidad y la especulación.

Frente a la lucha contra la especulación inmobiliaria que ya muchos países, no precisamente comunistas, han empezado a ejercer (Singapur, Países Bajos, Austria, Nueva Zelanda, Dinamarca, etc.), “nuestro” gobierno continua con las cesiones y favores a los propietarios que quieren hacer negocio con la vivienda. Deducciones fiscales, bonos, incentivos o llamamientos a la construcción desaforada que no van a cerrar los agujeros en los bolsillos de las clases trabajadoras, sino que sustentan el régimen de propiedad, profundizando en un mercado dual y muy diferenciado entre propietarios y no-propietarios, y que además, cumplen con el ideario neoliberal. Cualquier cosa antes que discutir el marco narrativo, llamar a las cosas por su nombre y centrarse en donde está el problema: las viviendas son para vivir con dignidad, y no activos financieros dopados por los gobiernos en seguridad y rentabilidad.

Es este modelo económico neoliberal, ultra y radical, el que ha provocado esta situación de crisis mundial con respecto al tema de la vivienda. No hay sociedad, país, región o ciudad que no tenga severos problemas a la hora de dotar de vivienda a sus poblaciones, y esto genera una serie de problemas de toda índole. Se ha ganado mucho dinero con la vivienda que ha ido a parar a determinados bolsillos, al tiempo que se ha despojado de función social a la política inmobiliaria.

Y esta situación, este contexto, no es un fallo de mercado o un problema de teoría económica. No. Se trata de un mercado capitalista funcionando de manera perfecta para sus propios intereses. Esto es, con las viviendas capturadas en mercados financieros y especulativos, como valores seguros y de alta rentabilidad, sin ningún tipo de protección social o gubernamental, desprovistas de su garantía, lo que se ha generado es un mercado donde los beneficios se privatizan y las pérdidas, cuando las hay, se pasan al conjunto de la sociedad que las paga con sus servicios sociales y derechos básicos. Y ahí, las clases trabajadoras son atracadas por segunda vez.

El anuncio de esta semana de bonificar con el 100% a los rentistas que no suban el alquiler a sus inquilinos es un insulto a los millones de personas que no tenemos una casa en propiedad y tenemos que vivir bajo esos alquileres.

¿Qué clase de sistema moral e ideológico se tiene para que haya que premiar a los que no van a especular con un bien básico? ¿Por qué entre todos tenemos que pagar (porque al fin y al cabo si se decide que unos cuantos no paguen lo que les corresponde, directa o indirectamente los pagamos el resto) los impuestos y excepciones de los demás? ¿Por qué no se lucha contra la compra-venta de viviendas y propiedades que no se utilizan para habitarlas de forma permanente? ¿Por qué no se prohíbe la especulación inmobiliaria?

Han pasado 17 años de la crisis de 2008 provocada por la avaricia descontrolada de unos pocos sobre el derecho a la vivienda. Más de 3 lustros en los que se validó un mercado loco, desregulado, que no se dejo colapsar porque “era demasiado grande para caer”. Sin embargo, los derechos básicos y sociales, la educación, la sanidad públicas de los países occidentales si se están dejando caer lastrados por los presupuestos públicos que tuvieron que “salvar” la economía, los bancos, etc., que en realidad, garantizaron con los recursos de todos, los beneficios privados y guardados de unos pocos. Por eso, después de la crisis y la recesión, los precios de la vivienda no bajaron tanto, se contuvieron, y cuando se ha ido recuperando la economía, particularmente con la intervención directa de los estados con la crisis de la covid en 2020, ha vuelto a crecer exponencialmente el precio de la vivienda, provocando de nuevo una crisis sistémica que es el mar de fondo de muchas de las crisis de toda índole que vivimos (generacionales, internacionales, mentales e individuales, económicas, sanitarias, ambientales, etc.)

Y hoy como entonces en aquel momento, vuelve a ser más que evidente que el mercado inmobiliario, la vivienda, no puede estar libre de controles y garantías. Es el momento de consolidar el derecho a la vivienda, cuando no recuperarlo y ejercerlo de manera sólida y garantista para el grueso de la población. No cometamos los mismos errores una y otra vez.

 

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...