domingo, 31 de diciembre de 2017

Fin de año

Hoy acaba el año y es el momento de los balances y recuentos.
Tengo una sensación extraña. Reconozco haber vivido mucho, sentirlo todo en cada instante a flor de piel, extremando mis pulsaciones y albergando ya en mi memoria momentos y esencias únicas y vitales. Pero por otro lado, también siento haber perdido un año; haberme enfangado en mi propia inoperancia; haberme recostado cubierto por mi natural vagancia y una sucia auto complacencia.
Afirmo con rotundidad evitar car en la misma sensación dentro de 365 días y quiero sobreponerme a mis ritmos, para hacer mejores y sobretodo más cosas. Mantengo mi hoja de ruta, pero un cosquilleo mordaz sube por mi espina dorsal para tratar de hacerme creer, que no seré capaz, que me mantendré en una estulticia y parada, que hoy, aunque muchos me indican irreal o fingida, yo siento como auténtica y repetida.
Supongo que he madurado mucho éste año. Tanto que por primera vez las depresivas navidades me han hecho más mella que nunca. Los problemas e inquietudes me asaltan tras cada parpadeo; Noto una nostalgía de cuando no había tantas responsabilidades, todo era más fácil, se confiaba en poder con todo y los sueños casi casi se atrapaban con las manos. Ahora apesadumbrado me halló mientras añoró mi cama, mi almohada junto a la tuya; tu respirar a veces brusco y violento y otras sosegado y musical.
En la habitación donde he compuesto mi vida, me siento lejos de donde debo estar, aunque el entorno de mi refugio no me apoque menos que esta humillada y depauperada provincia.
Cada día añoró más a mi hermano víctima del éxodo del talento y del exilio económico. Mi preocupación por él sigue y aumenta, pero confío en que ya no está sólo y es mucho más fuerte y listo de lo que cree.
Aquí en unas horas dejo a mis padres en la maldita soledad de la cotidiano. Dolor del alma que toma físico en las lágrimas apiñándose en los ojos. Deseo que disfruten cada minuto de cada día, viviendo ahora, tranquilos por nosotros el resultado de tantos sacrificios, de tanto amor y educación empeñados, de lucha y sacrificio inhumano como siempre ha sido, es y será el del obrero y la trabajadora.
Pequeña voy a ti para en nuestra compañía hacer grandes nuestras vidas. Vivir, que nos dejen vivir, es nuestro anhelo y el motor de la lucha, y deseo y trabajo para ello para que en el devenir del próximo calendario, estén nuestra siguiente etapa y la certeza en la búsqueda de lo que ansiamos como justo y necesario.
Llega ya el 2018 y deseo que todas y todos tengamos más alegrías que penas; que toda búsqueda, incluso las no iniciadas, las latentes tengan el final deseado. Que lo compartamos con sidra y sonrisas como esta noche. Trabajo, dinero, amor para todos y todas, y sobretodo salud. Tiempo y ganas para disfrutar de todo lo que nos rodea, y también para mejorar el mundo en el que vivimos, el entorno en el que estamos. Nuestro barrio, pueblo o ciudad nos necesitan. Los mares y océanos, los bosques y montes. La sociedad y el sistema tienen que cambiar ya, y es el momento de hacer algo para paliar y erradicar el dolor de nuestro planeta, de ser más justos, sinceros y honrados. Qué sea el año en el que borramos la hipocresía, la corrupción, el robo, el hambre, las guerras... Que sea el año que todos soñamos.


¡¡¡Feliz 2018 y que sea mucho mejor que el 2017!!!





martes, 26 de diciembre de 2017

2017. Otro año que se va dejando un canon digital

Ahora que acaba el año y es tiempo de resúmenes y valoraciones de lo ocurrido estos últimos meses, me veo en la necesidad de retomar un tema que ha sido recurrente todos estos años en mi bitácora. La Propiedad Intelectual, la piratería, las descargas y la neutralidad de la red.
El pasado julio entraba en vigor un Nuevo Canon Digital que venía a enmendar el anterior denunciado y rechazado por las instancias judiciales europeas en 2010. Tres legislaturas (cuatro si contamos la fallida), 3 gabinetes y dos partidos que han venido a trabajar para satisfacer sólo a una parte de todo el conflicto de la piratería: El lobby de las asociaciones de gestión de contenidos como la SGAE.
El Decreto que el Gobierno aprobó hace 6 meses supone un cambio de posición histórico. Hasta la primera legislatura de Rajoy teníamos el canon digital, que permitía que las entidades de gestión repartieran bastante dinero entre autores y editores. Se gravaban los soportes, por ejemplo los CD’s, y trajo no poca polémica. Primero porque no se sabía bien cómo se repartía ese dinero —algunas lo hacían mejor, como DAMA y AISGE, y otras peor, como SGAE— y segundo porque se presuponía intencionalidad al usuario que adquiría un soporte o un cachibache tecnológico, susceptible de compensación en favor de las entidades de gestión. A M.Rajoy, en aquel momento en la oposición, el canon tampoco le gustaba.
En octubre de 2010 el Tribunal Europeo dictó la sentencia conocida como Padawan, que establecía que la aplicación indiscriminada del canon por copia privada no era conforme a la Directiva 2001/29. La Audiencia Provincial de Barcelona falló en contra de SGAE y el PP, que para entonces había ganado las elecciones de 2011, empeñado en llevarle la contraria al PSOE, decidió que lo mejor era hacer la compensación por copia privada aún más indiscriminada, así que la asignó a los Presupuestos Generales del Estado para que la pagáramos todos con nuestros impuestos. Esto no había quien lo entendiera y generó más crispación aún pero se aprobó debido a la mayoría absolutísima salida de las elecciones de 2011.
Aquí hago un alto en el camino para recordar a modo de fustigamiento que aquel resultado electoral vino tras el Movimiento 15M que hay recordar, que empezó a fraguarse en contra de la Ley Sinde que el Gobierno del PSOE trataba de imponer desoyendo a la totalidad de asociaciones de consumidores y usuarios de Internet. Si no querías sopa, toma dos tazas.
Había que solucionar esto como fuera, así que se decidió que había que volver al punto de partida, pero con menos dinero, que los tiempos son duros. Como si no hubiera pasado nada.


Pero sí pasa, señores del Gobierno. Han pasado muchas cosas. Lo primero, justo es decirlo, es que le deben mucho dinero a las entidades de gestión y a través de ellas a los autores, editores y tenedores de derechos de autor en este país. Podemos estar o no de acuerdo en la legitimidad de esa “deuda” adquirida por el Estado español con entidades, algunas de ellas, imputadas o en franca disolución por gestiones chapuceras y corruptas.
Lo segundo y me parece lo más reseñable es que el mundo ha cambiado mucho, y proponer en 2017 otro canon digital como si estuviéramos en 2007 es una injusticia pero sobretodo es un error porque los usos y costumbres, las plataformas y soportes, los usos sociales de la cultura, la creación, producción, distribución y la forma en la que disfrutamos de los “productos” culturales han cambiado.
A través del móvil, la tablet o la Smart TV llegamos a Spotify, HBO, Netflix, Amazon Video y cientos de aplicaciones y portales de emisión de contenidos que no requieren en sus licencias compensaciones por copia privada, ya que carecen del totem físico, el disco, el dvd o el BlueRay en el que se soporta el contenido ya que éste se encuentra en Internet disponible a quien tiene un perfil, una cuota y una línea debidamente dada de alta y pagada.
Mira que hay otras formas de poder pagar a los creadores de cultura ya sean músicos, guionistas o productores, por su obra y la difusión que adquiere, pero no puede ser que se aplique una tasa indiscriminada que a parte de injusta, acusa a todo usuario de soportes digitales de pirata. Así a bote pronto se me ocurre aplicar una tasa específica a los proveedores de red (otra cosa es fijar lo que cuesta éste suministro, como el resto, en éste país) o poner una casilla cultural en la Declaración de la Renta.
Uno de los mantras que se lanzan desde la industria de creación y publicación de contenidos y desde el Gobierno -sin importar el color- y tenemos que soportar es eso de que España es uno de los países donde más se piratea. Así, sin más, sin números, sin contexto. Todo ello sin entrar a valorar que hay 30 países con más población que España y que ocupamos el puesto 20 en el ránking de países por implementación y uso de líneas de banda ancha.
Así partiendo de una mentira, o cuando menos una media verdad sin verificar nos llaman a todos piratas y nos exigen con la complacencia del gobierno que acoquinemos un impuesto revolucionario, un canon en cualquier soporte físico y cacharro informático o electrónico que adquiramos, sin contar el posterior uso que se le vaya a dar.
Quienes nos llaman piratas no han tenido ningún problema, ni ningún reparo para gestionar el total del canon digital que en sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de octubre de 2010 fue declarado ilegal y posteriormente protegido por el gobierno del PP vía Boletín Oficial del Estado (Real Decreto 1657/2012, de 7 de diciembre) para que no fuera devuelto. Recuerdo en este punto que a través de las memorias anuales de 2010, 2011 y 2012 de las entidades de gestión de la propiedad intelectual (SGAE, CEDRO y cía.) suman más de 225 millones de euros. Dinero que el gobierno que se supone debe proteger el interés general ha dejado que gestionen entidades privadas que han actuado como lobbies como la SGAE con Teddy Bautista a la cabeza y quien hoy está imputado por toda suerte de delitos. Esas cantidades es evidente que no han acabado en la promoción de la música, el arte y la cultura en nuestro país.


Nadie discute hoy en día en que la gratuidad de los contenidos no puede ser. Sin embargo la certeza de que la cultura es la riqueza de la sociedad y de que tiene que ser accesible para toda la población es ninguneada en éste debate. Generar formulas que permitan a los creadores vivir con dignidad de sus obras debería ser el objetivo de la industria y el gobierno, y sin embargo, los vemos implicados en sangrar a la población para pagar los vicios de sujetos que llevan viviendo de un éxito años y años.
El Gobierno -PP + PSOE + Cs y + sectores de Podemos- pactan y dialogan con las entidades, los lobbies y hacen oídos sordos a los organizaciones de consumidores, internautas o profesionales del sector de la informática o la investigación. Tampoco se escuchan a muchos creadores de contenidos que si están a favor de potenciar la difusión a través de Internet de sus obras y que no sólo no entran en los repartos de la SGAE y similares, sino que además son perseguidos y acosados por no querer formar parte de un entramado que se ha demostrado corrupto y amoral.
Vayamos al fondo del asunto. Es inconcebible y habla muy mal de todos nosotros como sociedad -y un aspecto más para calificar la inoperancia de nuestros políticos- que tras 15 años de debate sobre la piratería en Internet, no hayamos sido capaces de dar con una solución al problema de la sostenibilidad de la cultura. Es decir, que sea posible dedicarse a la cultura con derechos, dignidad y una remuneración justa (no que te aseguren la mansión en Miami, Alejandro Sanz).
Hoy huérfanos de representación los trabajadores de la cultura, en cualquiera de sus escalafones y acepciones, son precarios y carecen de cualquier tipo de seguridad hacia sus proyectos vitales y artísticos. No son distintos al resto de la clase trabajadora, pero además, cuando valoramos la expresión artística y cultural añade que esta sea de baja calidad, alienadora del poderoso y las élites, nada contestataria, zafia, ruin y miserable. Y esto es un problema social.


Y todo esto con el telón de fondo del debate sobre la neutralidad de la red, es decir, la velocidad y difusión de un contenido que dejaría de ser libre para depender de los criterios de las grandes distribuidoras de ancho de banda que conseguirían un poder colosal sobre Internet, cambiándolo para siempre y volviéndolo más elitista.
Y no menos importante, en clave nacional es la persecución a la disidencia y los ataques a la libertad de expresión que en España están sufriendo cientos de miles de internautas y asociaciones de toda índole que bajo Leyes Mordaza y autos judiciales están viéndose acosados y perseguidos por fuerzas de opresión del estado y jueces y fiscales al servicio de las élites que han planteado el saqueo de la sociedad.


Como siempre he defendido gracias a la piratería, servidor se ha gastado mucho más en música. He ido a más conciertos y adquirido más merchandising -y pagado por ellos- porque he tenido acceso a la música de más grupos de los que siempre están en los mass media. Lo mismo con el cine o las series. Y también con el totem del disco, como obra de arte y objeto coleccionable.
Muchos queremos una cultura libre, accesible y de calidad. También que los autores y autoras reciban un pago justo por su trabajo cultural y su talento. Lo que no queremos es un gobierno que da pábulo a las teorías del lobby discográfico para penalizar e insultarnos constantemente y que además sirve de coladero para minar Internet como herramienta de conocimiento y progreso y para aplicar mordazas y represión sobre la disidencia.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Banderas de nuestros enemigos


No puedo negar que en los últimos meses tratando de preservar mi salud mental, me he desconectado de las noticias y la actualidad, tanto si venía de los medios convencionales pro sistema y pro capital, como también de los medios alternativos. No me apetecía, y sigue sin hacerlo, intoxicarme con la continúa “última hora” del procès. Estaba agotado de la sucesión de irresponsabilidad y la esperpéntica bajeza moral y catadura política tanto de la derecha liberal españolista, como de la derecha liberal catalana o “soberanista”. Y tampoco me parecía, ni me parece, agradable observar como la izquierda, acomodada (PSOE-PSC) o nueva (Podemos-En Comú Podem) o alternativa (IU y también la CUP) perdían la perspectiva, el liderazgo del discurso y la exposición de defensa de las clases trabajadoras mientras se inundaban las calles de banderas.
Pero con todo, no puedo pasar la necesidad de dejar plasmada unas pocas ideas generales de lo acontecido los últimos meses y minutos antes del Madrid vs Barça de las 8 de la tarde, hora de China (#OdioEternoAlFútbolModerno).
Después de que el PP por mero electoralismo sacará lo que era un debate político como el Estatut para meterlo en el judicial. Tras el referéndum “ilegal” y sin garantías del 1 de Octubre. Las amenazas y represión policial que coronaban más de 2 años de perpetúo inmovilismo de Moncloa y el PP. Tras más amenazas de la jefatura del Estado. Tras la Declaración Unilateral de Independencia que duró 7 segundos. Tras el encarcelamiento de los líderes de la Sociedad Civil Catalana, la huida del Presidente de la Generalitat y el encarcelamiento de un montón de cargos del Parlamento y Gobern catalán (me preguntó donde queda la inmunidad parlamentaria a la que se agarran tantos cuando se trata de corrupción). Tras la intervención vía 155, único artículo de la Constitución que realmente importa. Y por último, penúltimo episodio de este serial, las elecciones del pasado jueves 21 de diciembre.
Con una participación histórica por encima del 80% y en día laborable, la sociedad catalana no sólo no soluciono el problema político entre Catalunya y España, sino que además entrego una mayoría absolutísima a quienes pactan recortes, privatizaciones de los servicios públicos, ayudas a la banca privada y las grandes constructoras, a quienes deslegitiman la lucha obrera y la dignidad de los servicios y derechos sociales. A quienes se tapan la misma corrupción. A quienes oprimen al pueblo en base a represión y leyes mordaza. En Catalunya, en España y en Europa.
Ciudadanos venció en número de votos y diputados, pero le será imposible formar gobierno, ante la suma de PdeCat (antigua Convergencia) más ERC, más previsiblemente a CUP. El PSC sobrevive mal que bien en su propia deriva a la destrucción, mientras el PP se hunde sin importarle porque aventura grandes resultados en un futuro no muy lejano en las Castillas, y sobretodo en Madrid, que es donde esta la pasta. En Comú Podem (Podemos) se estrella de forma inapelable incapaz de poner en juego un discurso de diálogo y de defensa de la vida de la gente, de sus derechos, de la educación y sanidad públicas, y de una clase trabajadora que no sea pisoteada y humillada.
Se viene otro buen número de meses de portadas y ultimísimas horas sobre el tema catalán que taparan las toneladas de corrupción, ignominia y desastrosa gestión del PP de los derechos de todas y todos. M. Rajoy y la organización corrupta que dirige y se anquilosa en el gobierno saben que pueden mantenerse y seguir oprimiendo al pueblo y deshaciendo lo poco que le queda a la clase trabajadora. Separados en procesos horizontales como el nacionalismo, ahondan mucho más en las brechas sociales de carácter vertical como son los de clase social. Nadie va a hablar de corrupción, de socialización de las perdidas de las grandes empresas, pero tampoco de pobreza energética, de nefasta gestión de los suelos y del agua, del cambio climático, de la criminal y sin vergüenza gestión de refugiados e inmigrantes, de una ciencia ignorada y laminada, de suministros vitales por las nubes y de alimentación por la estratosfera. La derecha catalana y la derecha española las más corruptas de la Europa Occidental siguen su alianza, su huida hacía adelante para escapar de su propia responsabilidad, sortear a la depauperada justicia y timar y estafar a la sociedad civil.
En definitiva, el pueblo catalán, dividido, no ha resuelto nada, y sin embargo nos vamos a encontrar con un Parlament, que pasado el momento de negociación y reacción para establecer un Govern, no tendrá ningún problema para imponer más recortes y privatizaciones, más conciertos en la sanidad y en la educación públicas y desmontar el sistema público de pensiones en favor de planes elitistas privados. Efectivamente y como expreso el maestro Bakunin, con el juego de las banderitas han dividido a la sociedad, mientras ellos, los poderosos y sus representantes podrán imponer el destino de la única bandera y el único color que les interesa y preocupa: el del dinero y sus oligarcas intereses.
Así que aquí, desorientados y divididos nos vemos quienes creemos en otro sistema que no condene al 98% de la población a la indignidad y al sufrimiento. El capitalismo y el fascismo siguen imparables su marcha y no podemos más que recapacitar y plantear estrategias que empoderen a la ciudadanía para luchar contra dos fenómenos que se retroalimentan por interés y porque en definitiva, vienen a mejorar y perpetuar un estado de las cosas que conviene al establishment y a los privilegiados.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Philip K. Dick: Las pesadillas de un visionario





Philip K. Dick (1928-1982) es uno de los escritores de ciencia ficción más importantes del Siglo XX. Pero es mucho más que eso. Con una de las literaturas más imaginativas y anticipadas de siempre. Pero también con una de las mentes más atormentadas de la centuria.
Dick profetizó las tendencias dictatoriales y fascistas que asolan su país, Estados Unidos. Puso rostro al individualismo que lamina la sociedad occidental de hoy en día. Describió el estado de las cosas entre decadente y subversivo al modo de la des humanización de las relaciones tal y como está ocurriendo en nuestros tiempos. Todo lo hizo 40 y 50 años antes, en una época de decidida controversia pero de alto optimismo en la tecnología y los avances sociales.
Philip K. Dick fue un autor prolífico de obra tan inabarcable como el anhelo de saber lo que podría haber sido si no hubiera fallecido con tan sólo 53 años. Publicó más de 40 novelas y más de 120 cuentos. Además, dejó una obra secreta: sus diarios personales autodenominados Exégesis, que abarcan más de 8.000 páginas, (una selección en un volumen, de casi mil páginas fue publicada en 2011 con prólogo de Jonathan Lethem.) Al principio de su carrera Dick pretendía ser en un escritor de literatura convencional y sus primeras novelas de aprendizaje fueron realistas. Aunque terminó siendo un escritor muy exitoso, ganando premios, lectores fanáticos, el respeto de sus compañeros de profesión y también dinero, siempre luchó a favor la ciencia ficción como género.
Desde que empezó a escribir y hasta la fecha de su muerte, la ciencia ficción era un gueto de Serie B despreciado por académicos, críticos y lectores convencionales. Más si cabe cuando Dick, se sumergía en el terreno de la Distopía y los futuros alternativos, no siempre beneficiosos y plácidos para el conjunto de la humanidad.
El mundo de Dick es de cyborgs, de corporaciones omnipotentes y monopólicas que manejan tecnologías como el control de la memoria y la percepción de la realidad; es el mundo de la adicción, de la alucinación, de gobiernos autoritarios; de paisajes pos-apocalípticos y mundos distópicos; es el mundo de la paranoia, y también del misticismo. Mundos paralelos. Pero dentro de todos estos escenarios y situaciones clásicas de la ciencia ficción la literatura de Dick se basa en las preguntas que son las mismas que están en el centro de la filosofía y la religión: ¿Qué es el ser humano? ¿Qué es la realidad? ¿Cuál es la naturaleza del Universo? ¿Qué futuro nos espera? ¿Podremos construirlo nosotros o en cambio llegará impasible e irremediable?


La ciencia ficción de Philip K. Dick está un nivel por encima de sus contemporáneos. Mientras otros escritores presentan fábulas con revelaciones y moralejas moralizantes, Dick de una manera distintiva y directa se ocupa de describir con desgarradora critica la resaca de terror y lo irracional en la sociedad contemperaría tecnológica. Y ahí fue donde la ciencia ficción empezó a ser importante porque se enfrentaba con el hecho de que estamos viviendo en una era tecnocrática en la cual las artes tradicionales, literarias y demás, no tenían mucho que decir sobre esto, no encontraban un vocabulario para reconocer la velocidad de cambio en la vida cotidiana.
Tanto es así, que aunque no hayan leído ni una sola línea de la obra de Philip K. Dick es probable que conozcan su mundo y su mente, lo primero de todo porque paso a paso y de forma irremediable nos acercamos al escenario habitual de sus libros. Sociedades degradadas y des estructuradas donde viven bajo relaciones sociales artificiales y cada vez más frías, seres -humanos o no- con graves carencias físicas y/o mentales que languidecen su dignidad bajo el prisma de un progreso tecnológico y económico ficticio e irreal para la extensa mayoría de la población.
Estos mundos también le son próximos porque la cultura pop y su instrumento más comercial en el cine ha empleado su literatura para maximizar sus beneficios sin entrar en demasía en la diversidad moral y en los planteamientos filosóficos con los que el autor americano impregnaba sus obras.
Es que, póstumamente, Dick se ha convertido en uno de los autores predilectos de Hollywood. Blade Runner, Minority Report, A Scanner Darkly, Total Recall, Screamers, Paycheck, Eternal Sunshine of the Spotless Mind y The Adjustment Bureau son algunas de las películas adaptadas de obras de Dick, quien solo pudo ver la Blade Runner de Ridley Scott, mientras que ya se ha estrenado una serie inspirada en la historia, que no en la trama literaria, en el The Man in the High Castle, la obra que profundizaba en la distopía de que el Eje, la Alemania Nazi y el Imperio del Japón, hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial.


Una vida que inspiró sus sueños
La vida de Dick fue caótica, intensa y triste. Su padre abandonó a la familia cuando era chico. Vivió toda su vida en diferentes ciudades de California. Fue adicto a las anfetaminas; lo ayudaban en su frenético ritmo de escritura pero le dejaron secuelas que, al fin, resultaron mortales. Tuvo cinco esposas y tres hijos, a ninguno de los cuales trató bien. No participó en su crianza ni los ayudó econonómicamente. Hasta llegó a golpear a una de sus esposas. Era profundamente paranoico y con motivos. En un evento nunca explicado su casa fue robada, y destruida, pero solamente fueron extraídos sus papeles personales. Vivía de escribir pero siempre le faltaba dinero. Sentía que como escritor nunca había sido valorado como se merecía.
La biografía de Philip K. Dick se describe en la rutina del escritor hecho así mismo y configurado y reconfigurado a través de dos episodios personales que el marcaron profundamente.
En el primero de ellos, su hermana melliza, Jane Charlotte Dick, murió por negligencia a los pocos meses de su vida. La madre primeriza era inmadura, y aparte de la escasa compañía de su marido, estaba completamente sola. Pero no era cruel o indiferente. Abrumada por la incipiente crianza de sus hijos, llamó a su madre por ayuda, pero ya era muy tarde. En un accidente, quemó a su hija Jane con una botella de agua caliente con cual intentaba calentar la cuna. Los médicos llevaron a los mellizos al hospital. La niña murió en camino y el niño se salvó después de estar varios días cerca de la muerte. Ambos estaban desnutridos.
Años después, en el Exégesis, Dick escribió: “Es el Jane dentro de mi —el ánima o el principio femenino— que es el lado lacrimoso de mi ser, que está enfermo y que ahora busca ser hospitalizado. Es Jane dentro de mí que se está intentando morir. O, en realidad, es la Jane que realmente murió, que repite sus pasos en mi anima una y otra vez, ese viaje mortal que se dio por la negligencia. Es la Jane-dentro-de-mi que ahora esta asustada y deprimida. Pero si la Jane dentro de mi se muere ahora me llevará a mí (el mellizo masculino) con ella, con lo cual no tengo que sucumbir. Jane tendrá que seguir viviendo en su existencia vestigal a mi lado aunque esté al otro lado…
Para el biógrafo Lawrence Suten la muerte de Jane es el evento central en la vida psíquica de Dick: “El tormento se extendió a través de su vida entera, manifestándose en las relaciones difíciles que tuvo con las mujeres y con su fascinación por resolver los dilemas dualistas” como el de humano/androide, por ejemplo, que es central a su obra.


El otro evento central en la vida de Dick fue una serie de visiones que duró dos meses enteros, en 1974. En ese momento vivía en Orange County en California. Volvía del dentista donde había sido tratado por un dolor de muela. De vuelta en su casa le abrió la puerta a alguien que le vino a traer su medicación de una farmacia. Era una mujer joven con un colgante de un pez dibujado. Dick le preguntó qué significaba. La chica le dijo que era el símbolo de las primeras sectas cristianas, las perseguidas por el Imperio Romano. En ese momento Dick tuvo una revelación. Tuvo un momento de conocimiento total en la cual vio la historia humana entera. Se dio cuenta que la historia no es lineal, sino circular. Que el Imperio Romano aun existía, que esta realidad en la cual vivimos era de hecho una especie de prisión. La visión persistió por dos meses mutándose, multiplicándose, profundizándose.


Desde entonces hasta su muerte Dick se ocupó de interrogarse a si mismo sobre el significado de este evento, tratando de discernir si era una visión mística, un sueño, un flashback de droga, un brote psicótico o esquizofrénico, o una combinación de todas estas cosas. El episodio, que el denominaba “2-3-74” no solo le brindó una visión de la “realidad” sino también una mirada sobre el significado de su obra y el sentido de su vida.

Cuenta Lethem en la introducción de la selección publicada del Exégesis: “Dick comenzó a ver todos sus escritos anteriores —especialmente sus novelas de ciencia ficción de los 60— como un intricado e inconciente precursor a sus percepciones visionarias… [En el Exégisis] Dick escribió sobre la ternura, sufrimiento y naturaleza del universo; sobre la esencia de la tragedia; sobre alienígenas de tres ojos; robots hechos de ADN; cultos cristianos antiguos y reprimidos cuyas creencias esenciales predecían la teoría Marxista; viajes en el tiempo; radios que siguen tocando después de ser desenchufadas; y la naturaleza verdadera del universo como le fue revelado en el Libro tibetano de la muerte, El origen de la conciencia y la mente bicameral de Julian Jaynes, y la película Tres mujeres de Robert Altman” entre muchas, muchas otras cosas.


Para algunos críticos la obra más importante de Kafka son sus diarios. Tal vez el Exegesis de Philip K. Dick tenga el mismo destino. Si hay una critica que se le puede hacer a las obras de Dick es que sus ideas y sus mundos son mucho más fascinantes que su prosa en si. Tal vez no sea incorrecto decir que Dick no es muy buen escritor. Así lo comentaba el mismo:
Soy un filósofo que ficcionaliza, no un novelista; mi habilidad de escribir cuentos y novelas es utilizada con el fin de dar forma a mis percepciones. El centro de mi escritura no es el arte sino la verdad. Por lo tanto lo que yo cuento es la verdad, y sin embargo no hay nada que pueda hacer para aliviarla ni por hechos o explicaciones. De todas maneras esto suele darle ayuda a un tipo de persona sensible y atormentada por el cual hablo. Creo que entiendo el ingrediente en común en ellos a quienes mi escritura les ayuda: ellos no pueden atenuar sus propias sospechas sobre la irracional y misteriosa naturaleza de la realidad. Y para ellos el corpus de mi escritura es un largo argumento acerca de esta inexplicable realidad. Es una integración y presentación y análisis y respuesta y historia personal.



Philip K. Dick hizo algo aparentemente imposible. Escribió sobre el espíritu de nuestros tiempos treinta años antes de que se empezará a construir esta realidad. Se murió antes de Internet, antes de la Guerra contra el Terrorismo y la Guerra Contra las Drogas. No llegó a ver la realidad virtual o la farmapsicologia. Pero escribió sobre todas estas cosas y más. Julian Assange es un personaje de Philip K. Dick. También lo son Dick Cheney y Donald Trump. La CNN, la Fox, y la televisión reality. Amazon, Google, Facebook, el comercio electrónico. Y podría seguir. Y seguir. Y seguir… Todos son parte del mundo Dick.
Toda nuestra era fue profetizada por Philip K. Dick. Antes que nadie, él ya describió como distopías y visiones futuristas, nuestro consumismo, nuestro individualismo. La pérdida de humanidad plasmada en relaciones sociales que son meras transacciones de interés. El liberalismo sin medida que termina en la opresión del más fuerte y el más rico sobre todos los débiles y pobres. El fascismo reapareciendo siempre.


El pasado sábado, 16 de diciembre, Philip K. Dick hubiera cumplido 89 años.

martes, 12 de diciembre de 2017

Hipócrita y precaria Navidad



Un año más ya está aquí la Navidad. No en las fechas, digamos más tradicionales, sino en el previo que marca los encendidos de alumbrado en sus -antes nuestras- ciudades y en la retahíla de perfumes y juguetes que inundan los prime time televisivos.
De la noche a la mañana “volvemos” a correr como pollos sin cabeza en busca de los langostinos, el cochinillo, los turrones, las loterías, los cotillones, la hiper elegante colonia de moda, el juguete del año y el dron o cualquier soplapollez que se les haya ocurrido y que ya no podemos vivir sin ella. Una vez más el consumismo esta aquí.
No es que el resto del año hubiera desaparecido, ni que existiera en nuestra conciencia a modo social, la presencia de la pobreza, la injusticia social o el escarnio de los desfavorecidos. Pero ahora es en mi caso, doble y triplemente lacerante. Porque mientras aplaudimos y capturamos con el móvil de última generación las luces navideñas, hay millones de personas que no pueden calentar su casa. Incluso que no tienen energía para poder calentarse una lata que es a lo que el capitalismo ultra liberal les concede.
Millones de euros que nuestros ay-untamientos, endeudados o no, van a tirar a la basura para “ilusionar con la Navidad”, si, pero también para dar gusto a los lobbies del comercio y la hostelería ávidos por seguir sacándonos las cuatro precarias perras que conseguimos la mayoría de la población. Y por supuesto para pagar esos adornos usando la electricidad más cara y menos sostenible de Europa, lucrando a los estafadores de las eléctricas -hace no tanto tiempo empresas públicas- y asegurando el movimiento en las puertas giratorias por lo que pudiera pasar.
Este año las luces navideñas van a combinarse en los paisajes urbanos con la retahíla de banderas que inundan los balcones. El procès va a ser el tema estrella de las comilonas de empresa, amigos y familia durante estas fiestas y no estará de más, que junto a los fármacos digestivos, nos aprovisionáramos de buenas dosis de drogas duras para contrarrestar los efectos de la demagogia barata, la desinformación plausible y las patrañas cotidianas de los cuñaos indignadísimos de uno y otro lado por todo lo que ha acontecido estos últimos meses.
Tendremos el discurso del Rey y su retahíla de frases hechas, lugares comunes y eslóganes carcas que nos hablarán del Espíritu de la Transición y una Constitución que nos dimos en nuestras horas más oscuras y que si no es para dar gusto al capital extranjero no se puede ni reformar, y en la que no se cumplen ni uno sólo de sus principios básicos en justicia social. No recordará a las mujeres maltratadas y humilladas constantemente. Tampoco a los colectivos despreciados. Pasará olímpicamente de los dependientes. Ni la sarta de injusticias que la doble moral católico reaccionaria del PP ha ido imponiendo estos años. No tendrá ni palabras para quienes no pueden calentar su casa o sufren los rigores de la pobreza y la precariedad.
En definitiva, la rueda consumista y el individualismo extremo aceleran a finales de año para con una sarta de tradiciones absurdas vaciar de contenido simbólico y humanizante las fiestas y todas nuestras relaciones sociales, para convertirlas en ganancias.
Particularmente, desde hace varios años limito mis regalos a mis seres queridos en un detalle que trato de buscar sea de su agrado y utilidad y redoblo mis aportaciones mensuales a varias ONG’s. También, en las últimas navidades hemos instalado una tradición familiar de donar ropa (entre ellas 3 ó 4 mantas que compramos con ese objetivo) a entidades sociales que las reparten cuidándose de evitar el escarnio y la estigmatización social.
Lo que quiero expresar con estas líneas que incluyen esta revelación personal es que reflexionemos. Que paremos la rueda de la cotidianidad individualista y depredadora para reconocer lo que esta pasando en el mundo y lo que nos está pasando a nosotros. Que empaticemos. Que recobremos la solidaridad y recuperemos la cordura. Que seamos más felices compartiendo que compitiendo. Que tengamos siempre en mente que a nuestro alrededor, a veces pared con pared, tenemos el sufrimiento y el dolor. La pobreza y la indignidad.
Si no lo veis así y por adelantado: Feliz e hipócrita Navidad. Feliz consumismo y próspero Año precario.
Si por el contrario os hecho espabilar, indignaros e incluso despertad de éste Matrix, disfrutad de unas grandes fiestas con vuestros seres queridos y que tengamos todas y todos un nuevo año intenso en la lucha, solidario y convencido y pleno en la victoria por la justicia social y los derechos humanos como cimientos incuestionables para un país, y un mundo mejor.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Día Internacional de Solidaridad con el pueblo Palestino




Como cada 29 de noviembre, desde 1977, hoy se celebra el Día Internacional de Solidaridad con el pueblo Palestino.
Nos podemos preguntar cómo empezó todo. Esto, lo de cada día en Gaza, se inició hace mucho tiempo. Comenzó con los pogromos, las persecuciones racistas de judíos primero en Rusia (tanto zarista, como comunista) y después en Europa. Comenzó con el antisemitismo europeo, con el nazismo, con el genocidio contra los judíos y con la posterior decisión de Europa, motivada por la culpa de lo ocurrido, de apoyar y fomentar el sionismo -surgido en el siglo XIX- y la masiva emigración judía a Palestina.
Comenzó cuando el protectorado británico de Palestina miraba hacia otro lado mientras los judíos se organizaban en bandas armadas que cometieron atentados terroristas, matando a gente, contra objetivos británicos y árabes.

El 19 de noviembre de 1947 la ONU, motivada por la responsabilidad, la culpa europea del horror contra los judíos y las presiones de los grupos adinerados y oligarcas de Estados Unidos y Gran Bretaña de ascendencia judía, aprobó un plan de partición que asignó el 54% de la Palestina del mandato británico a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional, lugar seguro y neutral.
En los primeros meses de 1948 las fuerzas armadas judías clandestinas -escribo judías porque así se autodenominaban, y aún no se había declarado la independencia de Israel- elaboraron el Plan Dalet, cuyo fin era, entre otras cosas, hacerse con el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv, una zona que no figuraba como futuro territorio israelí en el plan de partición de la ONU. De ese modo expulsaron a miles de personas y asesinaron a cientos. Es decir, ya hubo entonces un plan de limpieza étnica.
Después, cuando los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel tras su nacimiento en mayo de 1948, las fuerzas armadas israelíes aprovecharon para ocupar más tierras y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó a tener un 78% del territorio (posteriormente, en 1967 Israel ocuparía el 22% restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este).
Tras la guerra del 48, muchos palestinos intentaron regresar a sus casas, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la resolución 194, incumplida hasta hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.
Solo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15% de la población, que en 1952 accedieron a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.
Así tenemos hoy y tras 70 años de ocupación y atropellos sionistas e hipocresía y permisividad con ellos, de la comunidad occidental -dependiente en gran medida de los depósitos financieros y grandes capitales movidos por la élite judía desde el advenimiento de la Revolución Industrial en el siglo XIX- a Gaza, una zona decidida en el 48 como lugar de residencia estable y reconocida de los palestinos, como un inmenso campo de refugiados, donde los palestinos son presos en su propio país completando la ignominia. Así, se constituyó, según historiadores israelíes como Ilan Pappé, una limpieza étnica, con el objetivo de levantar un Estado de mayoría judía. Incluso el historiador israelí sionista Benny Morris, ha escrito que “con la suficiente perspectiva resulta evidente que lo que se produjo en Palestina en 1948 fue una suerte de limpieza étnica perpetrada por los judíos en las zonas árabes”.
Los palestinos de Gaza viven hacinados, castigados, limitados. Israel controla qué productos y personas acceden a la Franja y prohíbe la entrada de materiales fundamentales (medicinas, cereal, combustible, equipamientos médicos y educativos, etc.). Practica un castigo colectivo.
Esto, lo que está pasando en Gaza, se inició hace 66 años, cuando se optó por una concepción de Israel como un Estado judío con mayoría judía. Para mantener esa mayoría Israel practica la ocupación, aparta y discrimina a los palestinos y, de vez en cuando, lleva a cabo operaciones militares que matan a cientos o miles y provocan el desplazamiento de miles más.
El Estado israelí, para ser fiel a su autodefinición -Estado judío- excluye el concepto de ciudadanía universal. Si aceptara como ciudadanos a los palestinos de Gaza y Cisjordania -territorios que controla u ocupa- su concepción como Estado judío estaría en peligro, ya que la población judía dejaría de ser la mayoritaria.
La elevada natalidad entre los palestinos es una de las preocupaciones principales de Israel. Lo llaman la cuestión demográfica. Ya hoy los judíos dentro de la llamada Línea Verde -las fronteras de antes del 67- conforman el 70% de la población, y se calcula que dentro de veinte años podrían ser el 50%.
Israel se opone a la creación de un Estado palestino pero también se niega a conceder derechos plenos y ciudadanía a los palestinos de Gaza y Cisjordania, porque si lo hiciera, estaría renunciando a su carácter judío como Estado. Es decir, a lo que algunos historiadores y politólogos llaman etnocracia.
Como subrayaba el israelí Sergio Yahni, integrante del Alternative Information Center:
Israel solo puede ser un Estado judío si mantiene la supremacía demográfica o legal de la población judía, pero para ello tiene o que llevar a cabo una nueva limpieza étnica, como la de 1948, o practicar la segregación étnica legalizada, es decir, el apartheid. Mientras Israel no asuma una verdadera transformación democrática, no viviremos en paz y seguirá la represión”. ( "El hombre mojado no teme la lluvia", Ed.Debate, 2009).

Legalización con un propósito
Para que Israel pudiera ser un Estado judío, el gobierno del primer ministro David Ben Gurion organizó la recolonización de las tierras y distribuyó los bienes inmuebles que llamaron “abandonados”. Para ello se aprobó en 1950 la Ley de los Bienes Ausentes, que gestionó el traspaso a manos judías de las casas de los palestinos, no solo de los que se habían ido fuera de las fronteras israelíes, sino también de aquellos que habían sido reubicados dentro del Estado israelí.
También se aprobaron otras leyes que prohibieron la venta o transferencia de tierras para garantizar que no cayeran en manos palestinas, y que permitían decretar la expropiación de bienes por interés público o declarar una superficie como “zona militar cerrada”, lo que impedía a los propietarios de la misma reclamarla como suya. De ese modo, 64.000 viviendas de palestinos ya habían pasado a manos judías en 1958.
Otra de las leyes fundamentales y una de las más controvertidas es la Ley del Retorno, que confirma esa insistencia en el carácter judío del Estado a través de la concesión de privilegios a los judíos. Esta ley concede el derecho a la ciudadanía de todos los judíos del mundo, de los hijos, nietos y cónyuges de los judíos, así como de quienes se conviertan al judaísmo. Sin embargo, no incluye a los judíos de nacimiento convertidos a otra religión y de hecho se ha denegado la ciudadanía a varios judíos convertidos al cristianismo.
La polémica en torno a esta ley reside en que Israel no permite regresar a su hogar a los palestinos expulsados ni a sus descendientes. Pero, por poner un ejemplo, un sueco que se convierta al judaísmo sí tiene derecho a residir en Israel y a obtener la ciudadanía. Además, es probable que pudiera acceder a ayudas económicas del Estado para financiar estudios o adaptación a su nuevo hogar.
En 2003 se construyó un escalón más en esta política exclusivista con la aprobación de la Ley de Ciudadanía y Entrada en Israel, que indica que los palestinos de Cisjordania o Gaza menores de 35 años y las palestinas de Cisjordania o Gaza menores de 25 años no podrán residir en territorio israelí aunque se casen con un/a israelí. Sin embargo, si cualquier europeo contrae matrimonio con un ciudadano israelí tendrá derecho tanto a la residencia como a la ciudadanía.

La ocupación
La ocupación es la esencia del Estado israelí tal y como se concibe a sí mismo a día de hoy. Los colonos conforman una especie de ejército israelí paralelo al oficial, ya que ejercen una función paramilitar, la de invadir y ocupar, motivados por razones políticas, religiosas y también económicas, ya que el Estado concede préstamos y subvenciones a aquellos judíos que se instalan en la tierra de los palestinos.
En el territorio palestino de Cisjordania viven 450.000 colonos judíos, con una población total de más de dos millones de habitantes. Las colonias judías consumen un promedio de 620 metros cúbicos de agua por persona al año frente a los menos de 100 metros cúbicos de los palestinos. Esto sucede porque los asentamientos se apropian de parte de los acuíferos y de las áreas con más reservas.
Los colonos pueden llevar armas. Además, sus asentamientos están protegidos por el Ejército israelí, que de este modo legitima la ocupación. Es el propio Estado el que administra los terrenos de Cisjordania.
A través de las colonias, Cisjordania se ha convertido en una zona acantonada, sin continuidad territorial, donde los pueblos y ciudades palestinos están desconectados entre sí, convertidos en islotes rodeados por controles militares israelíes y por asentamientos judíos. Un Estado palestino con esta Cisjordania actual no contaría con conexión territorial y tendría tantas fronteras como colonias hay.

Exclusión y discriminación
Para controlar a la población palestina, Israel limita sus movimientos, lleva a cabo arrestos arbitrarios, aplica la llamada ley de detención administrativa, que permite mantener encarcelado a un palestino sin cargos ni juicio hasta al menos dos años, impide a los palestinos salir de su localidad o les obliga a esperar horas para hacerlo, les niega servicios públicos fundamentales, les prohíbe construir viviendas y de hecho destruye algunas de sus casas, con la excusa de que no cuentan con permisos de construcción que se les deniegan de forma sistemática.
En la práctica aplica un apartheid y se guía por la Ley del Talión. Si alguien mata a un israelí, es el propio Estado el que se encarga de la venganza, derribando la casa de la familia del presunto culpable, torturándole a él, a sus amigos o familiares, o impulsando una ofensiva militar en su barrio o en otro, como la actual contra Gaza. Al contrario de lo que debería ser la actuación de un Estado democrático, Israel opta por la venganza en vez de por la vía judicial.

Otro Israel, otra Palestina son posibles
Ante toda esta "legalidad" de hechos consumados, Estados Unidos o la Unión Europea, se limitan a murmurar tibias condenas que son sólo simple tinta sobre papel, porque mientras las emiten, por otro lado mantienen a Israel como socio comercial preferente, vendiéndole armas y le brindan apoyo diplomático y estratégico. Nuestros gobiernos son así, co-responsables -desde hace décadas- del destino de palestinos e israelíes.
Y mientras esto sucede, Hamás y Al Fatah anuncian una reconciliación y un acuerdo para un gobierno de unidad nacional, algo que Israel y el sionismo no puede permitirse, por lo que desde 2014 inicio otra escalada de la mano dura para azuzar las disputas entre las facciones de la representación política palestina, buscando así una radicalización que acompaña con la permisividad con sus propios radicales: ultraortodoxos y extremistas israelíes que ya no sólo capturan, apalizan, violan y matan a palestinos sino que ya agreden a israelíes que se manifiestan en favor de la convivencia y la paz entre árabes y judíos.

Cada día que pasa los palestinos son reducidos a números. Al olvido. Son recubiertos bajo una perversa sospecha por el mero hecho de ser palestinos y de vivir en un asentamiento que es un campo de refugiados en su propio país. "Algo habrán hecho" o "algo harán" son los juicios que toleran esta represión, esta indignidad con un pueblo sin distinción de hombres y mujeres, ancianos y niños, agricultores o médicos.
Esta horrible clasificación de los seres humanos compone un retrato del racismo más típico, y a la vez, terriblemente exitoso. Y quien impone las etiquetas y quien decide sobre los robos y violaciones para con los Palestinos y la legalidad internacional es el mismo quien se erigió como árbitro. La parte interesada en soliviantar un estado de las cosas que niega la libertad, oprime la paz y alimenta una industria de la guerra de la que no pocos se lucran aquí, en "nuestras democracias".


Solidaridad con el Pueblo Palestino. Con los millones de refugiados. Y condena y repulsa contra la ocupación militar, el genocidio continuado y la presión que el estado sionista infringe a Palestina, y de la hipocresía y equidistancia de la comunidad internacional que lo permite, mirando para otro lado.
Exigencia de cumplimiento de la legalidad internacional, de los Derechos Humanos, así como para terminar con el apoyo disimulado y efectivo de "nuestros" gobiernos con la opresión del gobierno sionista y sus intereses económicos en la Guerra.