miércoles, 16 de enero de 2019

Tiempo después, mil años arriba, mil años abajo



Ayer acudí al cine -que pereza me da tener que hacerlo acudiendo a un siempre detestable centro comercial- para ver Tiempo después, la última película del genio del absurdo José Luis Cuerda.
Vista la cinta a uno no le extraña los tremendos problemas que Cuerda ha tenido para hacerla. Desde finales de los 90 el veterano director ha querido filmar tal obra, encontrando la oposición frontal de las productoras del estado español. Resignado publicó a finales de 2005, como novela el guión de la película, gracias a la editorial independiente Pepitas de Calabaza. Años más tarde, un grupo de cómicos y humoristas como los chanantes, el Terrat de Buenafuente y sobretodo Arturo Valls trabajaron codo con codo para llevar adelante el proyecto, formando parte de él, no sólo como interpretes, sino también como productores y consiguiendo con gran esfuerzo sumar a un gran reparto de actores y actrices de la primera plana. Al final con todos estos ingredientes los grandes agentes de la industria o arte del cine español se sumaron a la película, imagino que deseando las ganancias económicas que tal plantel pueden reunir.
Decía hace unas líneas lo de los problemas visto el tono y el tema que Cuerda trata. La película es una crítica feroz y absoluta la modelo de sociedad actual, y lejos de seguir el juego metafórico de sus anteriores obras como Amanece que no es poco o Así en el cielo como en la tierra, se presenta de forma áspera y directa. No deja ningún estamento libre de juicio y usando el ingenio, el costumbrismo y el humor muestra las verdades y contradicciones del sistema y sus actores.
Funcionando como una distopía, Tiempo después, pasa por el filtro a la monarquía, a la autoridad en forma tanto política como policial, a la juventud a la que después dedicaré un párrafo más amplio, a las clases empobrecidas, y a toda la izquierda a la que desnuda en su falta de criterio y en su pérdida de foco con respecto a las necesidades de la clase trabajadora.
Pero sobretodo este sistema ultra liberal es puesto en solfa, con la misma presentación de la película, con unos pocos, elegidos, viviendo con todas las comodidades en un edificio-castillo frente a las hordas antes precarias, ahora paradas, malviviendo en poblados y luciendo sus andrajos que le son propios. Las propias contradicciones del capitalismo, del consumismo y la hiper-competitividad que nos impone como sociedad discurren de forma natural en las interacciones de personajes costumbristas estereotipados como pueda ser la Jefa de gabinete, un cura fascista -qué grande eres Antonio de la Torre-, la relación entre los dos barberos, el pastor y las pijas que toman el sol, o la relación jerárquica y homosexual de la pareja de guardias civiles con un Miguel Rellán, como siempre en su salsa como fetiche de Cuerda.
Todo ello a través de frases demoledoras y diálogos que se convertirán en iconos y símbolos de la insoportable necedad del hombre y la mujer del siglo XXI. El sarcasmo y la mala leche resbalan por todo el metraje atacando con acierto a todos los poderes, haciéndolo sin una posición ideológica previa, sino con la razón de la experimentación probada por el estado de las cosas. El tipo de humor, personajes y situaciones que le gustan a Cuerda y que componen su ideario de cine y de película que quería hacer.
En cuanto a la juventud probablemente sea el estamento al que más se tira al suelo -con razón- por su desidia, por su nihilismo impostado y por su actitud siempre contestataria. De las discusiones filosóficas entre el existencialismo hegeliano y el raciovitalismo ortegano se pasa a una continúa huida del conflicto y de un posicionamiento por postureo sin convicción ni análisis. En Tiempo después los jóvenes se muestran como dolorosamente estamos viendo en muchas de las luchas que empezamos para tratar de cambiar la situación, y se entiende con razón, que se llega a donde se llega por la falta de fuerza y empaque político de unas juventudes acomodadas, y lo que es peor, sin perspectivas. Afortunadamente hay personas que no cumplen este patrón, que todo hay que decirlo para evitar ofendiditos. A todo esto, gran actor en ciernes, Miguel Herrán.
Dentro de 25 años, al igual que ha pasado con Amanece que no es poco (y próximamente con Así en el cielo como en la tierra), Tiempo después se convertirá en una película de culto. Le crecerán los fans de debajo de las encinas, se harán quedadas, excursiones, grupos en facebook y quien no se declaré “Amanecista” o como diablos quieran llamarlo será bloqueado en twitter y considerado cuasi un paria social. Sin embargo, hoy tenemos criticas más o menos interesantes a considerar, lamentando la pérdida de frescura del autor con respecto a sus anteriores obras, que no tiene ni (puta) gracia, que no se entiende o que se queda a medio camino, como si supieran a dónde quería llegar José Luis Cuerda.
Pues oiga la película, ya ahora, es una película de culto. Una obra de contracultura pura, que viene a decirnos lo que no oímos en ningún otro sitio, porque no nos lo cuentan y por eso ha costado tanto sacarla adelante. Y nos pone a todos en nuestro sitio. Ambientada en 9177, mil años arriba, mil años abajo, que tampoco queremos pillarnos los dedos, Tiempo después es una película tan actual como imprescindible. Tiene humor e ironía en un mensaje que no podemos obviar.
Acostumbrados como estamos a un cine español basado en clichés y frases y chascarrillos manoseados hasta lo indigno, que nos presenten una película como Tiempo después, basada en el humor del absurdo y tan ajustada en su tiempo como crítica de la sociedad actual es una buenísima noticia que no debemos dejar de escapar.
No vayan a verla pensando en ver un remake de su idealizada Amanece, sino acuda con ganas de pasar un buen rato mientras le hacen pensar que la situación es más grave de lo que parece. La película que José Luis Cuerda quería hacer. Lo que no es poco.



En la misma línea y ya para terminar quiero dejar colgado un video de Bob Pop en el que viene a contar a través de una experiencia personal y con un tono muy amanecista lo que pasa en éste mundo:


domingo, 30 de diciembre de 2018

La igualdad guiando al pueblo


Llegan a España los ecos violentos de las protestas contra la neoliberal subida de los carburantes protagonizadas por los llamados “chalecos amarillos” en Francia. Se posicionan enfrente de Macron y su gobierno tecnócrata y ultraliberal, encontrando la complicidad de multitud de colectivos pertenecientes a la clase obrera francesa cuyas luchas sectoriales y atomizadas no encajaban en el marco reglado por la izquierda del sistema. Así durante el último mes, no sólo en París, sino en todo el estado se han producido huelgas y concentraciones que han paralizado el país.
Evidentemente los medios del capital en España no han podido silenciar tal movimiento pero han tratado de tergiversar todo lo acontecido para calmar un posible contagio revolucionario que no interesa a sus dueños. Así, las acciones de violencia provocadas por grupetos incontrolados, muchos de ellos vinculados a la extrema derecha como se ha podido ver por las imágenes que circulan por internet, han abierto los informativos, con las lamentaciones de los empresarios del transporte español que veían sus vehículos paralizados en las fronteras galas durante horas. Curiosamente los apoyos de transportistas españoles expresados en declaraciones a los medios rápidamente desaparecieron.
Aquí estamos acostumbrados a reconocer en Francia y en sus gentes la masa crítica y revolucionaria compuesta en poder social, en poder del pueblo, capaz de defender por ejemplo, con solidaridad, desde su campo y tradiciones, hasta la igualdad fiscal atacada por los tratados de comercio transnacionales. En muchas conversaciones de militantes de base de partidos de izquierdas y sindicatos, he llegado a la conclusión de que esperamos que en las calles de Francia se paralicen las agresiones que el capital vierte a la clase trabajadora europea, ante nuestra propia inoperancia, alimentada por las altas esferas de nuestras propias organizaciones supuestamente de izquierdas, pero que se encuentran empotradas en los aparatos fácticos del estado, como garantes de una falsa paz social que se sostiene únicamente por las rodillas peladas de todos las trabajadoras y trabajadores del país.
Por eso durante el último mes, hasta estas vacaciones de Navidad en la que se ha fraguado una cierta y tensa tregua he asistido emocionado y divertido a la aparentemente espontánea irrupción de una masa conjunta de individuos y colectivos que ha trastocado el orden establecido de las cosas, empezando por su propio gobierno, pero también por las otras opciones políticas y sindicales del estado francés.
Lo que está en juego ha sobrepasado con creces la causa que encendió la primera chispa de las protestas. La política neoliberal en materia de transportes y energía se veía fallida y como una patada hacia adelante que no servía para atajar los problemas de transición energética y de disposición de materias primas y productos en un mundo globalizado. Como están acostumbrados la gestión de la derecha liberal era una improvisación más para tratar de salvar el escollo, sin que limará la imagen pública de su líder Macron, símbolo de la nueva política en Europa. Hacer pagar a los transportistas con un nuevo impuesto y la subida de otros dos, la falta de discurso y de acción política en estas materias no era un atropello más, y así rápidamente auto-gestionados y organizados los chalecos amarillos (Gilets Jaunes) se lo hicieron saber.
El macronismo como gobierno ultraliberal y tecnócrata, profundamente personalista se antojaba débil en el contexto de una Europa girada hacia el eje Frankfurt-Berlín (económico-político), tras el Brexit, con una política en Francia (y también en toda Europa) polarizada en extremos con el auge de la extrema derecha y con una crisis económica y social de la que no se logra salir porque quienes llevan esa responsabilidad son los mismos y con el mismo guión que nos metieron en ella.
Macron en el escenario de colapso de las tradiciones fuerzas políticas francesas supo colocarse y auparse al poder (por lo que resulta tan idílico para Albert Rivera y los medios del capital). Pero poco tiempo después, apenas un año, ha ido perdiendo los apoyos de la burguesía provincial simbolizada en la renuncia explícita del alcalde de Lyon, o del ministro de Ecología una de las personalidades más cercanas a la izquierda alternativa. Al mismo tiempo los escándalos y las disputas internacionales con Trump usadas como cortinas de humo, aumentaban su desgaste y laminaban su imagen pública.
Preconizado por Gramsci vemos con las clases dirigentes, las clases hegemónicas pierden progresivamente la iniciativa del discurso, y lo que es más importante, la autoridad (muchas veces auto-impuesta a través de los medios de comunicación del capital) sobre las masas. Estas, como clase trabajadora, pero también atomizadas por sectores, no se sienten respaldas en los dirigentes tradicionales, y más grave aún en los que ya reconocen como continuistas de las políticas previas. Los resultados los vimos hace poco menos de un mes en Andalucía.
Así, en Francia, lo que empezó como una protesta contra el aumento de impuestos a un sector productivo concreto, encontró rápidamente el apoyo del país en su totalidad, primero porque están agotados de ser la carne de cañón del sistema, y después porque gozan de una cultura cívica y política de las más altas del mundo. Una tradición de defensa de sus intereses, verdaderamente admirable y sí, también, para envidiar.
Ni siquiera los actos vandálicos, el pillaje, las barricadas incendiadas en las avenidas turísticas de París, muchas de ellas provocadas por grupos de la extrema derecha, cuando no por infiltrados, no han laminado la fuerza de la protesta social. Lejos de ello, se han incrementado los apoyos, y las manifestaciones antes y después de los altercados han adquirido cuotas colosales en cuanto a participación, civismo y apoyo a los Gilets Jaunes.
Por primera vez en Francia, una decisión de bloqueo surgida desde abajo, que escapó a los controles del gobierno y los sindicatos, así como los partidos de izquierda y de extrema derecha, fue efectiva sin concertación previa con las autoridades municipales o sindicales del territorio. Un ejemplo de la actitud subversiva y contraria a la domesticación tan característica de las acciones rutinarias de los sindicatos o de los partidos de izquierda es el hecho de que se impusiera el 24 de noviembre una marcha en los Campos Elíseos, en un claro desafío a la prohibición explícita de las autoridades del Estado.
Esto por supuesto, no lo has visto en el telediario de Antena 3 pero ha sido la clave para que Macron reculará su propuesta inicial, lo que ya supone una victoria colosal de los promotores y la sociedad francesa; sino que además su liderazgo y el del discurso liberal en la política de la vida de las personas sufre un nuevo golpe está vez duro que hace tambalear todos los artesonados del sistema.
La gran victoria de los chalecos amarillos está en que surgiendo de la clase trabajadora, blanca, en torno a los 45-50 años y que ya sufrió los estertores de la des industrialización de los 80 y 90, ha conseguido reunir a través de un movimiento espontáneo a la total amalgama de ciudadanos franceses y francesas. No sólo París. No sólo las grandes ciudades. No sólo los transportistas. También el mundo rural. Trabajadores de los tres sectores. Profesionales acomodados con titulo universitario. Emprendedores y pequeños autónomos. Pequeño burgueses que no se sienten clase proletaria. Jubilados. Estudiantes. Un gran número de mujeres... En realidad, y como decían en un editorial del conservador diario Le Figaro, “a todos aquellos que tenían el miedo a vivir una desclasización; a perder su estatus social y los beneficios y derechos que conllevan”. Mientras que en Le Monde, indicaban el “hartazgo de las clases populares francesas que sentían no contar en las decisiones de su gobierno”.
Quién no recuerda esta declaración con lo que fue el 15M. Salvo que en aquel movimiento no se consiguió integrar a la España rural y sus reivindicaciones, duele pensar en cómo se podía haber cambiado el país en aquel momento.
Ahora en Francia a través de este movimiento revolucionario se están cuestionando todos los rigores de la V República aupada por el pactismo del partido conservador y el socialista de Miterrand, y que son defendidos con violencia por la extrema derecha del Frente Nacional.
Un bloque anti-burgués, en el que de momento aparecen pocas peticiones netamente anti-capitalistas, pero que si que piden con vehemencia un sistema más lógico, natural y humano, y que están sobrepasando por la izquierda a la Francia insumisa, y por supuesto a los sindicatos tradicionales (cuyas élites temen ser sobrepasados por las bases y se han portado en éste momento como estúpidos y egoístas traidores) y al partido socialista.
Pero lo más importante es que cuestiona la autoridad del Estado, desde el mismo momento en que Macron puso su superviviencia política en manos de la “unión nacional” apelando a los bajos sentimientos de sus conciudadanos (tradicional arma de la burguesía) en nombre de la “República en peligro” para lo que militarizo París. Sin embargo, se encontró con la respuesta de “su” pueblo saliendo a la calle, respaldando a los manifestantes y añadiendo sus reivindicaciones. Los alborotadores no aparecieron, ni en París, ni en el resto de ciudades y pueblos del estado francés, y si una ola de solidaridad obrera y cohesión social en torno a una serie de protestas por la justicia social y la dignidad de las gentes.
Pero también con una serie de reivindicaciones que van más allá de la anulación de las políticas energéticas de Macron y su cohorte neoliberal. Volver a poner el discurso en temas como el restablecimiento del impuesto sobre la fortuna, el aumento del salario mínimo o la indexación de las pensiones y los subsidios a la inflación es volver, a continuar, metidos en la lucha de clases hablando al hombre y a la mujer trabajadores, como adultos y de manera integrada como clase obrera.
Hablando así, de estos temas y en éste tono, se supera la lógica de las élites. Primero de las élites de los sindicatos y los partidos obreros tradicionales. Y después, la de las élites sociales y económicas que dictan que todo, absolutamente todo en el mundo, lo mueva el dinero.

Hay que decir y es importante no olvidarlo, que aconteció un nuevo y "oportuno" atentado terrorista en Estrasburgo durante la semana de pleno del Parlamento Europeo en plena oleada de protestas y manifestaciones por toda Francia. Saldado con 4 muertos y el asesino, "un lobo solitario", abatido tras tres días de búsqueda, y con la investigación ya cerrada. Oportuno, y sean ciertas o no, valió para alimentar las teorías de la conspiración.


Frente al derrotismo instalado en la izquierda, y llevándolo al terreno nacional, con Izquierda Unida y el PC, empotrándose en Podemos y su verticalidad pragmática y su transversatiliad programática sin trastocar las estructuras tradicionales de poder, es gratificante comprobar que hay algunos que tenemos razón, que ya la teníamos, y veíamos y vemos que a la izquierda de Podemos y todo lo que arrastra hay mucho espacio, y lo más importante muchas personas que saben que ahí es el lugar desde el que construir un mundo mejor.
España, desde luego no es Francia, y ni sus organizaciones políticas, ni sus ciudadanos tampoco. Aspiramos en generar la conciencia crítica y el sentimiento de participación en política de nuestros vecinos más pronto que tarde para conseguir imponer un modelo económico y social más justo y con mayor futuro.



vía, wikicommon.

El famoso cuadro romántico de Eugene Delàcroix, La Libertad guiando al Pueblo, conmemoraba el alzamiento revolucionario de 1830, recordando así la lucha y victorias emprendidas por el pueblo francés desde 1789, para ellos y para todo el mundo.
Hoy tenemos la foto del principio del artículo con la que encuentro semejanzas y alguna diferencia. La bandera francesa ondeada en las calles, llevada por el pueblo unido más allá de estamentos y, en pos de la igualdad y la lucha obrera, anticapitalista y revolucionaria.
Como siempre, Francia marcando el paso.

martes, 11 de diciembre de 2018

Tengo ya mi certificado de Apostasía



Esta semana pasada recibí mi certificado de Apostasía de la fe de la Iglesia Católica.
Tengo que decir lo primero de todo que fue más mi pereza (grave pecado capital) lo que ha hecho que me haya demorado tanto en llevar a cabo el acto de la apostasía y por lo tanto añadir coherencia a mi pensamiento y forma de ser. Me declaro ateo en materia espiritual. Y más allá de ello, me declaro beligerante con la Iglesia católica española. Con esta institución empeñada por los siglos de los siglos en anclar a la sociedad española en la más rancia, vulgar, clasista y opresora de las tradiciones.
Entrando en materia de cómo apostatar hay que decir que es un proceso claro y sencillo. Lo primero a hacer es entrar en apostatar.org donde te indican los pasos a seguir y que yo mismo voy a dejar puestos a continuación. Como buena “empresa” instalada en el capitalismo a la Iglesia católica no le interesa que te borres como “cliente. Necesitan que los captados por la tradición o la presión social mantengan su inscripción aunque no hayan decidido sobre ella, en sus bases de datos aunque sea en el régimen de “católicos no practicantes” para poder así sacar sus infladas estadísticas que le dan primacía en las cuestiones religiosas en el estado tardo franquista español.
Por lo tanto, la obligación moral de apostatar y hacer publicidad de ello y de lo fácil que es, prevalece a cualquier otra consideración como puedan ser las presiones de familia y conocidos o tradiciones y actos sociales que ya tienen consolidadas como no puede ser de otra manera, su aspecto civil, laico y garantista.
Estos son los pasos para apostatar:
  1. Pide una copia de tu partida de bautismo. En mi caso acudí a la parroquia en la que me bautizaron a los 4 meses de mi nacimiento. Oliéndome los posibles impedimentos mentí para obtener tal documento (dije que me iba a casar ¡y por la iglesia!), y después de pagar 6€ de gastos por expedición de documento -del que exigí y recibí factura-, conseguí mi partida bautismal.
  2. Haz una fotocopia del DNI y compúlsala. Puedes conseguir que te la compulsen en cualquier comisaría y no es necesario pedir cita previa.
  3. Descarga y rellena el formulario de apostatar.org. Es un documento tipo que explica los motivos con las últimas consideraciones legales derivadas de las sentencias en favor del derecho de apostasía.
  4. Presenta o envía la documentación. Por lo que he visto es mejor hacerlo en persona, así que intenta hacerlo de este modo. Busca la diócesis a la que pertenece la parroquia donde fuiste bautizado y acude a lo que normalmente llaman “Casa de la Iglesia”. Allí pregunta por el responsable de apostasías. La persona encargada, normalmente sacerdote, recogerá tus documentos y te dará escrito de entrada con la fecha de los documentos que has acreditado. Si no lo hace, es conveniente pedírselo. También es posible que te dé el sermón sobre que no debes abandonar la iglesia católica, como si fuera el departamento de retenciones de un operador telefónico.
  5. A los pocos días (en mi caso apenas una semana y eso que era otra provincia) te llegará por correo ordinario tu certificado de apostasía. Si no fuera así, los compañeros de apostatar.org te pueden asesorar para acelerar y lograr el propósito final, que no es más que ejercer tu derecho a vivir una religión de la manera que quieras, y también a pertenecer o no a los organismos e instituciones que te den la gana.
La religión, sea cual sea, es y debe ser reconocida como tal, una situación íntima y propia de la persona. Es en tu hogar donde en caso de ser creyente puedes vivir tu espiritualidad sin necesidad de sustentar a una institución arcaica e instalada en contra de todo progreso de la sociedad, en especial de los oprimidos y más aún de las mujeres.
Somos muchos, millones, los que estamos hartos de como se inmiscuye en la política y la sociedad la iglesia católica española. Como castiga desde sus púlpitos todo lo que huele a progresismo, igualdad y justicia social. Como calla y tapa sus vergüenzas con millones conseguidos de la beneficencia o de dios sabe qué, sus casos de pedrastía y abusos sexuales. Estamos hartos de una educación pública violada por la sacrosanta asignatura de religión que desmorona la filosofía y la ética. Hartos de procesiones y desfiles en los que se ensalza la muerte, la violencia y de paso la dictadura franquista, ensuciando las calles y espacios que debían de ser de todas y todos.
Por todo esto y mucho más, no se puede permanecer un minuto más en esta institución y presumir de ser de izquierdas, y más aún de ser buena persona. Apostatar es fácil, necesario y satisfactorio a nivel personal, ético y de coherencia.


martes, 4 de diciembre de 2018

Elecciones Andaluzas: La hecatombe de la izquierda




Veía las elecciones al Parlamento Andaluz del pasado domingo, 2 de diciembre, como una apuesta personalista de Susana Díaz en sus ansías en convertirse en Presidenta del Gobierno de España. Preveía la lideresa una victoria rutinaria en Andalucía con la que obtener la pole position ante el escenario que se va a abrir en 2019, haya elecciones generales o no.
Buscaba además aprovechar el supuesto momento de incertidumbre del Partido Popular, y renovando su mandato en Andalucía Díaz, podría volver a reclamar en un año o dos, el liderazgo del PSOE, si las balas del afortunado Pedro Sánchez seguían menguando.
En un escenario nacional abierto, pendiente de una negociación presupuestaria, que impida el adelanto electoral (al que se le haya ocurrido lanzar el mensaje de un “súper domingo electoral” con generales, autonómicas, municipales y europeas, es un mentecato), transitamos en una etapa rara. Cambiante y mutante en el que los apoyos y liderazgos se vuelven líquidos ante la batería de las primicias y las últimas horas. Mientras, lo más importante -en realidad lo único que importa- la vida de las personas se deteriora tras los orgasmos del capital.
Por todo ello, entono el mea culpa, matizado en que nadie, absolutamente nadie, preveía lo que pasó, y que ha supuesto un giro hacia la derecha, concretamente, hacia la extrema, justo en un momento en el que tras la moción de censura de junio se abría una ventana para empezar a reparar la dignidad de las buenas gentes de este país.
En estos meses Pedro Sánchez ha ido haciendo promesas y más promesas que contentan a las mayorías sociales, pero sin hechos concretos que las favorecieran. La cuestión catalana sigue en su enquiste. El PP se ha renovado con un peligroso fascista “viejoven” y ha aparecido como un partido a contar, Vox y su extrema derecha, recibiendo la atención mediática, que nunca recibieron UpyD o Izquierda Unida.
Pero aquí pasada la resaca y las lamentaciones unas pocas valoraciones desde la distancia y el cariño a Andalucía y sus gentes.
1. Bajísima participación. En torno a un 53% de personas con derecho a voto se quedaron en casa y no lo ejercieron.
Partiendo de experiencias previas parece evidente que tal abstención o desidia favoreció el ascenso de la derecha en su conjunto, y cuyo electorado, ya sabemos que vota en bloque -aunque en esta ocasión en tres opciones-.
Explicar las razones de tan baja actividad en los colegios electorales y que fuera protagonizada por tradicionales votantes de la izquierda (sobretodo del PSOE) es pensar, una vez más, en el hartazgo con las políticas liberales con las que se está gobernando desde la supuesta izquierda, y en la falta de proyecto y alternativa al sistema económica capitalista neoliberal que estamos sufriendo y nos está arruinando.
No podemos tampoco obviar que buena parte de esa abstención la tuvo la confluencia de Podemos e IU que tampoco consiguió, pese a las buenas expectativas, generar la movilización y activación de la clase trabajadora que se siente cada vez más huérfana de representación, y que al final, y dependiendo de connotaciones culturales, opta por quedarse en casa o apostar -estos fueron los menos- por quienes les dicen lo que quieren o necesitan oír: la ultra derecha.


2. Una vez más los centros de estadísticas políticas fallaron, y de manera estrepitosa, en todas sus predicciones y proyecciones de voto. O bien da mucha vergüenza contar a un desconocido por teléfono o en la calle, que votamos a semejantes personajes, o bien fallan los métodos de acceso, muestreo, recopilación y análisis de datos. Ya no es que no sean capaces de acertar, es que tampoco sirven como herramientas de manipulación para generar tendencias. La gente los ha sobrepasado.


3. La gran derrotada es Susana Díaz que pierde la presidencia de la Junta de Andalucía y sus opciones de alternativa a Pedro Sánchez en el PSOE. Deja un cadáver político, heredado del hedor corrupto de Chaves y Griñán y que tiene como gran "mérito" entre otros darle el gobierno a Rajoy en 2016. No supo ver, ni atajar, el deterioro que casi 40 años de gobierno socialista habían dejado en la imagen de su partido. Y pecó de optimismo y tacticismo al convocar unas elecciones y optar por un perfil bajo de campaña que no consiguió movilizar a los suyos, ni a sus votantes, ya cansados del estado de las cosas en Andalucía. Una región trabajadora y preciosa, que muere debido a una estratificación social basada más en castas que en clases, y aupadas no pocas veces por la delincuencia. Incapacitada y soberbia ha degradado la imagen de su región y la fuerza de su partido a nivel nacional.
Su salida de la vida política debería de ser inminente, para que el socialismo andaluz se reconstruyera y pudiera hacer una oposición efectiva que volviera a ponerla como favorita en unas futuras elecciones autonómicas.
Aprovecho su caída, para comentar una vez más, la terrible endogamia que se ven en los partidos, especialmente en los tradicionales, donde se aúpan a puestos de responsabilidad en las administraciones a personas, hombres y mujeres, que jamás han salido de las faldas de la estructura oligárquica de poder. La ristra de nombres es colosal, y es propia de éste país, comparado con los de su entorno, donde salvo casos excepcionales (Macron, Salvini, Putin) todo el mundo llega con un trabajo fuera de la política.


4. El fracaso de Adelante Andalucía. Nueva derrota electoral de la estrategia de la izquierda, de Podemos e Izquierda Unida. Pasan los meses y los años y ni la confluencia, ni el dedo mesiánico de Iglesias, ni la autonomía ganada por las federaciones (en Andalucía liderada por Anticapitalistas) se consigue no sólo entrar a gobernar, sino mejorar los resultados y mucho menos “sorpassar” al PSOE. El liderazgo de Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo no ha sido capaz de movilizar al que fue su electorado (han perdido un tercio de sus apoyos), ni tampoco al electorado descontento con el PSOE andaluz. Y enfangados en cuestiones semánticas y atomizando los discursos en parcelas temáticas han obviado a la clase trabajadora que ha acabado o no votando o votando a la derecha.
Desde el techo que supuso las elecciones de diciembre de 2015, después del gran hito que fueron las municipales de ese mismo año- Podemos ha ido cosechando derrotas y viendo como sus apoyos y sus votos menguan. Tampoco Izquierda Unida suma el total de su base, muy descontenta ante como se ha empotrado la organización en Podemos. Y así, ni se logran sumar más partidos a una confluencia (en estas elecciones Equo ha ido por libre, al igual que PACMA o el Partido Comunista Andaluz) ni mostrar un discurso sólido que empodere a los desfavorecidos (especialmente las mujeres) y que haga entender a la clase trabajadora, que es la izquierda quien los representa defendiendo su trabajo, su sanidad, su educación, sus servicios sociales, su medio ambiente, su patrimonio, sus derechos y deberes, y en definitiva su vida para mejorar y prosperar.
Quizás haya hecho daño la disputa abierta entre las direcciones de Podemos Andalucia y Podemos “federal”, que durante el verano se disputaron el liderazgo y autonomía. Luchas soterradas por mantener la independencia y el apego a la supuesta transversalidad y horizontalidad esgrimida, frente a la táctica y verticalidad impuesta por el “círculo de la Complutense”.
Pero el verdadero problema es que tras el 15M y lo que se movió hasta febrero de 2014 (nacimiento de Podemos) la conflictividad social, la lucha en las calles con la exposición abierta y pública de los problemas que la crisis como estafa económica han dejado, se paró. No hay presencia en los conflictos, y lógicamente las gentes se sienten desemparadas, solas y sin representación efectiva. Para colmo se siguen menospreciando e ignorando de donde debían de salir los votantes: las bases socialistas. Sin ellas es imposible aunar mayorías progresistas en éste país, y hasta que no se entienda, se repare y se trabaje para acercarlas al proyecto poco se puede hacer en materia electoral.
Vamos a ver como se resuelve internamente esta situación porque puede devenir en grandes cambios en la confluencia para el año que viene. Iglesias puede usar estos resultados para volver a tratar de llevar atada a Podemos Andalucía; puede imponer su criterio al resto de federaciones. O bien abrir la puerta a que estas decidan en virtud de sus propios estatutos.
La situación para Izquierda Unida es similar, y cada vez suenan más los descontentos y los posibles proyectos de alternativa.
Si el domingo hubo ausencia de votantes para la izquierda, de momento, tenemos la ausencia, una vez más de autocrítica en las organizaciones para reconocer qué está fallando y ponerle solución.


5. Ganó la derecha. Especialmente Ciudadanos que puede jugar sus cartas en clave nacional, como ha hecho siempre, proponiendo a su candidato “corre partidos” para presidir la Junta a cambio de presionar o no a Pedro Sánchez en Madrid. Los naranjas, duplican su presencia en el Parlamento Andaluz, y aunque tampoco han logrado superar al PP como “primera fuerza del centro-derecha” adquieren la llave de gobierno y la legitimidad para decidir.
Con una ideología y unas posiciones tan cambiantes por el propio interés como nos tiene acostumbrados Rivera, todo puede precipitarse a una convocatoria de elecciones generales, extremo éste que Pedro Sánchez quiere evitar, pero que puede ser bien aprovechado por Ciudadanos.
A cambio debe de cuidarse muy bien con quién pacta y qué pacta, porque se juega un grueso importante de sus votantes, convencidos de momento por la presencia naranja “moderada” y “centrista”. Un supuesto pacto con Vox o con un PP que sigue igual de corrupto y caínita de siempre, pero con más desvergüenza puede mosquear a quienes han venido depositando su confianza en Ciudadanos, y cuando queda medio año para las elecciones municipales y autonómicas (Madrid, que es donde está la pasta, principalmente) puede ser contraproducente.
Todo hace indicar que gobernará la derecha en Andalucía, y no habrá repetición electoral, pero hay que contar con el tacticismo de Albert Rivera y sus secuaces. Un apoyo a los presupuestos de Sánchez e Iglesias por parte de los nacionalistas catalanes, como respuesta al auge de Vox y al pacto de gobierno en Andalucía, demorarían las elecciones generales y volverían a colocar con el pie cambiado a Ciudadanos.
Para la izquierda perder Andalucía es una trágica hecatombe que agudiza una crisis de representatividad, de discurso y de posicionamiento que adquiere ya tintes dramáticos. Andalucía ha sido un bastión al que aferrarse y un campo probado y exitoso de propuestas y prácticas que llevar a otros territorios. Sin embargo, ahora se abre un período de oposición en el que por encima de todo se ha de trabajar para defender a la mujer y el hombre, a los y las trabajadores, al campo y a la ciudad, devolviendo a Andalucía a su ser progresista y justo.


6. En el primer envite electoral con Pablo Casado a la cabeza, el PP sobrevive y celebra una victoria pírrica que sin embargo les va a dar la posibilidad de gobernar Andalucía por primera vez en la historia. Parece que el PP, al igual que el PSOE, como polos del bipartidismo ya comienza a ver su retroceso, hasta la formación de ese nuevo bipartidismo 2.0, que tarda en llegar. Al igual que en los socialistas dependerá de la permeabilidad y capacidad política de su líder, en este caso, Pablo Casado para ir sobreviviendo.
Mal hacemos en tomar a pitorreo las ocurrencias del niño pijo de Ávila que está exagerando los discursos como única tabla de salvación.
No nos engañemos, no es nuevo. Al PP nunca le ha importado mentir, pasarse por el forro el sentido de estado e incumplir promesas electorales para seguir mandando y delinquiendo, pero hay un matiz importante: Hasta ahora había guardado las formas, pero ahora está llevando la situación al extremo, con el asunto de Catalunya por bandera, para exacerbar pasiones que nada tienen que ver con el día a día y el futuro de la población. Pero que en cambio, les da grandes beneficios electorales.


7. Vox entra en las instituciones. Cuidado. No nos engañemos tampoco. La ultra derecha lleva en las instituciones desde siempre. Ha estado camuflada en las hordas del PP, y es reconocible en personajes como Fraga, Posada, Celia Villalobos, Esperanza Aguirre, Jorge Fernández y muchos más, porque nunca hubo una transición a la democracia y si un acomodamiento de los fascistas en un teatro que simulaba democracia.
Lo que ha pasado es inevitable cuando principalmente los medios de comunicación del capital han empezado a blanquear discursos fascistas, dándole una pátina de normalidad, que tampoco los políticos han sabido contrarrestar. Cuando Susana Díaz sacó a Vox a colación en el debate televisado buscando fraccionar a la derecha, le dio su primer escaño y además un altavoz para lanzar sus soflamas contra el feminismo o la inmigración.
Cuando las calles se inundan de banderas y se permite que se ponga el foco de la situación general en los ya marginados y degradados, como son los inmigrantes se está haciendo flaco favor a la democracia y la justicia social. Es justo lo que el capitalismo quiere: Que pasemos de las cuestiones de clase para hablar de otras cosas que no enturbien las cuentas de ganancias. No es la primera vez que las élites oligarcas utilizan el fascismo para mantener el estado de las cosas.
Vox un partido turbio, lleno de vividores de la cosa pública, ha entendido su juego de extrema derecha, y ha vendido que la culpa es de todos menos de ellos y que hay que ir contra todos.
Un fenómeno muy importante a destacar es que fue en uno de los municipios con mayor renta pér capita y mayor nivel cultural, El Ejido, donde Vox ganó claramente. Resulta curioso que un pueblo que es rico gracias al trabajo, en condiciones durísimas, de los inmigrantes vote a un partido racista y anti inmigración. Pero sería un error considerar que es esta clase social quienes han acabado depositando su voto en la formación de extrema derecha.
Dolorosamente, han sido personas en graves situaciones de desamparo y carentes de un discurso de clase por parte de quienes tradicionalmente debían proporcionárselo -la izquierda- quienes se han creído las promesas de la extrema derecha.
Ahora, llegan las lamentaciones, se echa la culpa a la abstención, hay manifestaciones y grandes declaraciones de lucha antifascista y cordones sanitarios. Pero es en la calle, pegados al conflicto y haciendo pedagogía en los barrios y centros de trabajo donde se tiene que recuperar y convencer a la ciudadanía que es la izquierda la que promulga un modelo social más justo y mejor, donde la gestión económica de la administración es efectiva, garantista, transparente y firme en defensa de los derechos de todas y todos. Es con política, pero de la de verdad, no de la de redes sociales, con lo que se tiene que recuperar la dignidad de la gente.
Lo ha sido así siempre, aunque algunos lo hayan olvidado, y es con lucha y contestación en las calles ante las agresiones del capital y la presencia del fascismo con lo que vamos a trabajar por un futuro mejor. Para todas y todos. Para Andalucía. Para España y para Europa.


8. Qué va a pasar. Salvo un nuevo imprevisto, la derecha gobernará, previsiblemente en la persona de Juanma Moreno, el candidato del PP, con apoyo de Vox y Ciudadanos, que han de medir que imagen muestra a menos de seis meses para la nueva convocatoria electoral.
El PSO Andaluz ya trabaja (o debería) en construir una nueva dirección, con un nuevo o nueva líder y un programa de oposición frontal a la derecha.
Para Podemos e Izquierda Unida vienen meses de zozobra que pueden llevar a una hecatombe en mayo, seguida de unos meses de batalla abierta externa e interna en la confluencia y en ambos partidos. En el caso de Adelante Andalucía, no parece que los liderazgos de Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo se discutan, pero desde luego, el replanteamiento de la acción política, más allá de las instituciones, para convencer y unirse a la clase trabajadora es inevitable y urgente.