martes, 20 de junio de 2017

Día Mundial del Refugiado: Acojamos ya




Hoy se conmemora el Día Mundial del Refugiado y un año más, al igual que con otras celebraciones reivindicativas, no hay nada que celebrar. Las cifras globales de desplazamiento han vuelto a aumentar: 65,6 millones de personas refugiadas y desplazadas. Sin embargo, nuestras ganas de seguir ayudando crecen en la misma proporción que esas cifras.
En el mundo hay 65,5 millones de desplazados, es decir, personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares a causa de la violencia, la guerra, la miseria y la persecución. Y también, váyanse acostumbrándose, debido a causas climáticas (sequia, catástrofes, suelos que se convierten en improductivos, etc.). Es una cifra histórica, un nuevo récord que se supera año tras año, según los últimos informes de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y un síntoma evidente de una crisis mundial sin precedentes. Sólo en el Mediterráneo, más de 5.000 personas murieron el año pasado tratando de escapar de esta situación. 126 en el último fin de semana. Este mar, que supone para muchos la frontera entre la vida y la muerte, acumula en sus aguas 40.000 cadáveres en lo que lleva de siglo.
Hoy, en un momento de incertidumbre en el que el proyecto europeo que hasta ahora conocíamos se desploma, en una época en la que la respuesta a la crisis ha sido el fortalecimiento del neoliberalismo y con éste del individualismo, en el que aparecen monstruos con proyectos xenófobos y excluyentes, la Unión Europea del capital ha promovido políticas ridículas y vergonzosas para con los refugiados. Dejándolos de lado en las playas y los campos de Grecia, Italia o terceros países como la infame Turquía de Erdogan. Cada día es más evidente que Europa tiene que elegir entre abrirle la puerta a los refugiados, y ser solidaria y coherente para construir proyectos basados en lo común y en el reconocimiento de los derechos humanos o abrirle la puerta a la extrema derecha. Al racismo de Trump y LePen.
En el caso de nuestro país, el corrupto e inmoral gobierno del PP continúa su burla hacia la legalidad internacional, el sentido común y a los refugiados y refugiadas. Lejos de cumplir con sus propios acuerdos, y se dilatan los plazos de acogida y asilo. La única velocidad que demuestra Rajoy es para capturar las ayudas que la UE compromete a la expulsión de personas del territorio europeo; dinero que empleará para la construcción de nuevos CITES (Madrid, Algeciras, Málaga, etc.), centros de tortura y opresión de los derechos humanos de los refugiados y refugiadas.
Según Amnistía Internacional, hasta el pasado 5 de mayo España sólo ha acogido a 1.304 refugiados. Esto supone menos del diez por ciento de la cifra comprometida en 2015 por el Gobierno español hasta el próximo septiembre, de 17.337 refugiados.
Es absolutamente vergonzoso e indigno el trato vejatorio e inhumano que el gobierno español y la plutocracia europea viene dando a los refugiados que huyen en muchas ocasiones del terrorismo y el fascismo de quienes otrora se ha servido el sistema. Daesh, y sus ramificaciones, al igual que Al Qaeda y de gobiernos dictatoriales han instalado la opresión en medio Oriente y África, y eso poco importa cuando mantiene el combustible del mundo capitalista bajo de precio. Y ahora quienes podemos tender nuestros brazos y articular políticas de asilo e integración, nos dedicamos a instalar vallas y concertinas. Absolutamente execrable.
Imaginad el dolor de tener que abandonar tu hogar, tu familia, tu país... Abandonarte a ti mismo, a ti misma. Peregrinar hacia una quimera. Con lo puesto, las lágrimas secas. Para encontrarse con muros y hostilidad. Con negación e hipocresía.

Hoy quiero reivindicar a esos refugiados y refugiadas, sobre todo refugiadas, que huyen de la guerra y del hambre, dejando atrás su historia, su familia, con un futuro incierto, con miedo y sin esperanza. Familias que se separan. Niños que pierden a sus padres, padres que no volverán a ver crecer a sus hijos. Historias de personas que no son números ni estadísticas, sino seres humanos arrancados de su presente, condenados a un futuro incierto.

lunes, 19 de junio de 2017

Un salvavidas para la televisión de calidad

 "La Patrulla" durante su última misión. Hugo Silva, Aura Garrido y Nacho Fresneda en 'El Ministerio del Tiempo'
Hace dos semanas, tras ver el primer episodio de la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo escribí un artículo que ha tenido mucha visibilidad al retuitearlo Javier Olivares, el creador de la serie. Escribía porque había disfrutado muchísimo con lo que acababa de ver: Una historia bien montada, con un guión ágil; resolviendo tramas y planteando nuevas entre ellas las del capítulo como principio y final, de manera rápida e inequívoca; con un montaje que no pierde frescura; con los habituales crossover entre géneros; con un homenaje al cine de Hitchcook, y con un actor invitado, José Ángel Égido, simplemente primoroso.
Lo hacía porque siempre que escribo lo hago sobre algo que me apasiona, como un buen método para reordenar mis ideas y poder compartir mis pensamientos, sensaciones y experiencias, sin importarme lo más mínimo, si me leen 10 veces o 1800.
Y ahora lo voy a hacer para expresar la pena y cierta desazón que estoy sintiendo con el devenir y el futuro que le espera a El Ministerio del Tiempo.
Desde luego comenzar la emisión de un capítulo de una serie, pretendida y definida como familiar, del género aventuras, a las 11 de la noche (¡por lo menos!) es un handicap que no ayuda a fijar audiencias que permitan la continuidad del producto. Esta es una de las consecuencias más palpables de la actitud con la que el ente público está tratando a la serie de los hermanos Olivares, y que hicieron que el pasado viernes tras la emisión del tercer episodio y con los datos de audiencias que confirman el descenso en las mismas en la mano, Javier Olivares expresará en twitter su sensación de abandono y de crónica de una muerte anunciada.
Para RTVE, El Ministerio del Tiempo, se está convirtiendo en un problema. Lo que debería ser una oportunidad, un respaldo a la producción televisiva nacional y un emblema de marca ha pasado a ser un lastre para la dirección tanto política como artística, ya que no saben, o no quieren, defender la calidad del producto, su promoción y su posibilidad para convertirse en un estandarte de calidad, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, que atenué la imagen casposa, cutre y rancia que el resto de la parrilla de la primera de TVE ofrece (afortunadamente, de momento, y salvo Misas y Tendidos Ceros, La2 es otra cosa).
Pero tampoco convendría atacar el cien por cien de los males de El Ministerio del Tiempo a la saboteadora y arcaica gestión de RTVE. Desde luego, como vengo diciendo parte de la bajada de audiencias es achacable a los que mandan, que parece, como con tantas otras parcelas que han tenido la desgracia para el interés general de gestionar, parecen emplear su proceder habitual: Maltratas lo público, dices con la ayuda de los voceros habituales, que lo público no funciona o no es rentable, se lo vendes tirado de precio a los amiguetes, y cuando sales de la rueda de la política coges la siguiente puerta giratoria para cobrar los servicios prestados de quien se ha enriquecido vilmente con lo que antes era riqueza de todos. Y mientras las condiciones de vida y el patrimonio público lacerados. El neoliberalismo aplicado a la política en estado puro.
Pero sería cortoplacista por mi parte quedarme en eso únicamente. También sería falso e injusto conmigo mismo, porque no puedo negar que existe una bajada en la calidad de la propuesta. Se ha perdido frescura, algo normal porque ya estamos en la tercera entrega, pero quizás resulte demasiado evidente al haber desaparecido el personaje de Julián (Rodolfo Sancho) quien enraizaba el momento actual con los personajes de otras épocas, lo que ha restado eficiencia a las dosis de humor y critica social que la serie ha destilado desde el primer día.
Pero particularmente en mi caso lo que ha provocado que me encuentre algo desilusionado, quizás también preocupado, ha sido el desarrollo narrativo en está tercera temporada, tras el primer capítulo el del homenaje a Alfred Hitchcook.
Tras estas dos semanas la trama general de la serie se ha enrevesado tanto, que lejos de ir ofreciendo caminos que cierren intrahistorias para poder acabar con la serie en esta tercera temporada (es la idea que los creadores han manifestado en varias ocasiones) han aparecido nuevas sub-tramas, y recuperado otras, como el "affaire" Mendieta (que ya aparecía en el libro, producto de merchandising, aparecido el año pasado) que incluso atacan al axioma principal del Ministerio "Preservar la historia", y a la explicación de la emergencia del mismo, "El tiempo es el que es".
Al reclutar a Lola Mendieta durante la Segunda Guerra Mundial, la dirección del Ministero ya ha modificado su futuro hasta el presente, y con él es lógico pensar que se han trastocado aspectos en el que la Lola Mendieta "original" participa en su futuro y ya no lo va a hacer, y también con las que a partir de ahora formada y tutelada en el seno del Ministerio va a participar.
No resulta esto algo indigno de ser considerado, puesto que cuanto se trata de series u otras obras de ficción que se basan en el subgénero de la ciencia-ficción de los viajes en el tiempo, el desarrollar mal un transcurso o interpretar mal una paradoja temporal puede acabar con todo el sentido del producto final, que a parte de los ataques furibundos que los haters o los fans más especializados pudiesen lanzar, provocará la salida del gran público al abrir el abanico de posibilidades, y también la de quienes comprenden la naturaleza de los viajes en el tiempo.
Me temo que la llegada de Netflix pueda provocar que se alargue el chicle hasta la extenuación. A mi por lo menos se me hace evidente que la serie en su contexto está planteada para desenvolverse en un tiempo concreto, tres temporadas, con un total entorno a los 40 capítulos. Sin embargo, estas primeras semanas, lejos de ir planteando vías para la resolución de las existentes, tenemos nuevas sub-tramas, el abandono de alguna de las antiguas y el enrevesado de no pocas relaciones entre personajes. Desde luego pensar en el deterioro y en la sensación de pérdida de calidad de un producto cultural, como es esta serie, no es agradable. Prefiero mil y una veces, poder disfrutar y recordar una serie coherente, con principio y fin, planificado y cuidado al detalle, antes que la desconexión y cansancio que ya me ha pasado con otras series (Los Simpsons, House, Prison Break, Lost, etc.) en su avanzar de temporadas sin más justifiación que la de ganar dinero.
Esta sensación se hace evidente cuando compruebo la bajada de calidad en los guiones que ha hecho que la serie pierda fuerza y acidez en comparación con las temporadas anteriores, especialmente la primera y capítulos concretos de la segunda, como el del "falso" Cid, el capítulo doble sobre el sitio de Baler o el capítulazo final con un Felipe II Rey del Mundo y del Tiempo.
En el capítulo del pasado jueves la mezcla de géneros no salió tan homogénea. El capítulo en su trama propia derivaba en viaje donde no se sabía si el protagonista era Becquer o la bruja. O el pueblo. O el monasterio. Incluso por momentos me fallaba el montaje, puesto que se sucedían escenas in media res, con condicionantes que no se habían incluido en el visionado del espectador y que te dejaban, al menos a mi me sucedió, "tocado" sin saber que había pasado.


Por último, hay una cuestión que no quiero olvidar. Aún reconociendo posibles y serias dificultades para su realización, como sería el uso del latín, el árabe o el sefardí en la proliferación de tramas, empieza a agotar la predilección por las historias ambientadas en el XIX y el XX. Puede pasar, que los intereses económicos que motivan la intervención del Ministerio en una época sean más proclives en nuestros últimos 200 años de historia, de decadencia, donde ni éramos, ni somos tan dominantes y donde nuestros enemigos, muchas veces internos, aparecieron con frecuencia. Pero es un error olvidar que tenemos mucha historia por detrás. Quizás no bajo éste emblema informe y roído llamado España, pero si con cultura e historia propia que llegan desde los antiguos imperios que colonizaron la Península Ibérica, los reinos y pueblos que se fueron sublevando, o incluso antes con las autóctonas tribus que habitaban estas tierras.
Pensando en todo ello considero que una forma brillante y atrevida de ganar agilidad, improvisación y espolear las condiciones que nos atrajeron a muchos al Ministerio es el abarcar otras etapas de nuestra Historia.
Pero mientras estos posibles capítulos con estos planteamientos llegan seguiré atento al Ministerio del Tiempo, y a la plataforma web de rtve para poder ver los capítulos cuando y como quiera. Empezando por la entrega de esta semana que hoy empieza en la que la historia girará en torno a Goya.
Al final, nunca sabemos si la audiencia ve en televisión lo que quiere, atendiendo a sus inquietudes y nivel cultural, o si asume sin rechistar lo que le ofrecen, con la oscura y latente intención de idiotizar a la gente y dejarla sin inquietudes ni espíritu crítico.


miércoles, 14 de junio de 2017

Una huelga de todos




Mientras se celebra la segunda jornada y con votación de la Moción de Censura de Unidos Podemos al gobierno del fascista y corrupto PP de Mariano Rajoy, otro de los múltiples conflictos en los que está sumiendo al país por su gestión vive un momento decisivo en la jornada de hoy.
Arranca hoy miércoles 14 de junio un paro de 48 horas en todos los puertos españoles promovido por los estibadores. Frente a la horrenda y corporativa con los suyos gestión de Rajoy y la agresiva acción de la ideología dominante, el ultra liberalismo, los y las trabajadores portuarias del estado español han enseñado los dientes para defender sus derechos.
Está jornada de huelga es una más dentro del ciclo de movilizaciones promovidas por las asociaciones profesionales y sindicatos de estibadores frente a las reglamentaciones primero europea y luego nacional para favorecer la regularización y liberalización del sector, entendidas ambas como máxima flexibilización de las condiciones de trabajo y contratación de los trabajadores portuarios, lo que abre la puerta a las subcontratas y otras formas de degradación de las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Quizás hoy, con toda la derecha mediática volcada en descalificar e insultar a quien hoy propone algo digno y distinto en las Cortes, no asistamos al despliegue de manipulación que la caverna ultra dedica con la única intención de que todos y todas nosotros, como clase trabajadora, nos posicionemos en contra de los estibadores.
Desde hace un par de meses cuando estalló el conflicto de la estiba en los medios (a raíz de la multa diaria de 134.107€ que la ultra liberal UE impone a España por mantener su propia legislación en los puertos nacionales. De la multa de 128 millones de € que la UE nos impone por recortar en energías renovables, nadie habla) hemos escuchado que los y las estibadores son un monopolio. Que son unos privilegiados. Que son una mafia. Que son machistas y misóginos. Y un largo etcétera de juicios simples de valor que no analizan la situación laboral y profesional del colectivo, y que desprestigian al sector sin otorgarles la naturaleza clave la para la economía del estado, como así lo son.
Pero realmente, si contextualizamos las condiciones de los trabajadores de la estiba en nuestro país, con las situaciones del resto del precariado españistaní, por supuesto que salen bien y podemos decir que si, son unos privilegiados. Pero, ¿por qué?
Pues muy sencillo; porque mientras la clase trabajadora, huérfana de liderazgos sindicales y sumidas en una competitividad e individualismo taciturno es pisoteada y precarizada, existe un colectivo que, gracias a su unión, su lucha sin tregua y su cooperativismo conserva los derechos conseguidos durante decenas de años, lo cual es inadmisible para la élite. Que los estibadores dejen de ser unos privilegiados no debería suponer para el resto de la clase trabajadora que ellos perdieran derechos, sino que nosotros recuperáramos los nuestros.
La liberalización de la estiba traerá precariedad, caídas de salarios, aumento de la inseguridad laboral y abrirá nuestros puertos que deben de ser un valor y un puntal estratégico de la riqueza nacional a los especuladores extranjeros. Y sin embargo, lejos de abrazar la solidaridad obrera y plantear discursos de compañerismo, los estibadores no sólo se encuentran solos sino que además, tienen la beligerancia de una clase trabajadora engañada que culpa de su precariedad e incertidumbre a otros trabajadores, dejando libres sin mácula a quienes con legislaciones y discursos nos han puesto la etiqueta de prescindibles, de mercado, de recursos con los que especular sin importar nuestras vidas.
Por todo esto, la huelga de los y las estibadores, es también una huelga de todos y todas nosotros. Tenemos que recuperar el sentimiento de clase obrera, que nos han arrebatado o que, mejor dicho, hemos perdido de forma paulatina, inconsciente. Porque si hoy apoyamos a la estiba, mañana será el profesorado, el personal sanitario, los teleoperadores, los camareros, los científicos, los funcionarios… todos y todas unidos y convencidos en la lucha para anteponer nuestra vida, futuro y dignidad por delante del dinero, de la avaricia y la inmoralidad de unos pocos.
Seguramente mi planteamiento resulte romántico. Idealista. Pero si algo tengo muy claro pese a las extremas dificultades para movilizar a esta ciudadanía que parasita frente al televisor o la pantalla del móvil, la nula colaboración de los sindicatos mayoritarios muletas de este sistema, es que tenemos que estar juntos y luchar con solidaridad obrera. No os dejéis engañar y manipular. Recordar lo que decía el pastor luterano Niemöller en su célebre poema Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas:

Original
Traducción
Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.