lunes, 15 de mayo de 2017

Recuerdo de la Indignación




Hoy es 15M. Han pasado 6 años de aquel 15 de mayo de 2011. Estábamos a las puertas de unas elecciones municipales y autonómicas. Se barruntaba el descalabro electoral de un PSOE en el gobierno que aplicó inmisericorde políticas económicas de derechas para paliar las consecuencias de la crisis provocada por la desmesurada avaricia de los poderosos, la excesiva desregularización de los mercados y las burbujas financieras que solapaban en relación de 20 a 1, a la economía real.
Era claramente un movimiento urbano y juvenil que iba a ayudar a desmembrar el bipartidismo provocando la “pasokización” del PSOE y que éste, siguiera los designios del resto de partidos socialdemócratas en la Europa occidental.
Sin duda es el PSOE la pata del bipartidismo que más está sufriendo la emergencia del 15M, constituido como movimiento político contra la política establecida. Fue su electorado el que salió a las calles aquella primavera. Muchas personas de izquierdas votantes tradicionales o cuando menos votantes potenciales del PSOE en un escenario de voto útil (tradicional axioma del bipartidismo de votar con la nariz tapada a quien menos nos gusta para que no nos gobierne quien no nos gusta nada) se vieron huérfanos de representación ante las políticas con las que el gobierno Zapatero intentaba paliar los efectos de la crisis, estafa, económica de 2008, socializando las pérdidas y asegurando los privatizados beneficios a base de recortes en las condiciones laborales y los servicios sociales. Ahí estuvo el desencanto y con él, el germen de la movilización del 15M, dentro de las personas jóvenes, de entornos urbanos, con estudios y expectativas de vida de alta calidad, trastocadas por estas políticas.
Recuerdo como se fue caldeando el ambiente. Como a través de Democracia Real Ya, surgía la convocatoria estatal para aquel domingo. Me acuerdo de que contrariamente a lo ocurrido en otras ocasiones los mensajes fluían entre personas de toda condición y como era el comentario la semana previa en toda reunión. Un “pues hay una manifestación el domingo”, que pensando en quienes lo expresaban hacían creer que se estaba preparando algo grande.
De aquel domingo recuerdo como subí a Salamanca, con mi hermano a tomar el café. Como estábamos tranquilos disfrutando de la conversación en nuestra cafetería de cabecera. Tanto que llegamos 10 minutos después de la hora de convocatoria. Y recuerdo llegar a la Plaza de los Bandos y comprobar el gentío que se agolpaba. Como sonaban los primeros lemas. Ahora escribiendo revivo la sensación al leer pancartas reivindicativas, llenas de ácido ingenio y áspera denuncia. “No hay pan para tantos chorizos”, “Si somos el futuro, por qué nos dais por culo", "PP y PSOE la misma mierda son", "Bipartidismo = Dictadura", "Me sobra mes para llegar a fin de sueldo", "Qué pasa, Qué pasa, Qué no tenemos casa", "Queremos un pisito, como el del principito", "Menos bodas reales, más gastos sociales", "Aquí está, este es. El estado de Malestar", "Qué no, Qué no. Qué no nos representan", "Con este sistema vamos de culo", "Si seguís así os hacemos la islandesa", "No nos mirés, ¡Únete!", "Te están robando y te quedas mirando", y tantas otras…
Aquella explosión de dignidad y empoderamiento ciudadano supuso por lo pronto convertir la apatía en impulso, la resignación en activación, el miedo en coraje y la pesadumbre por el presente y el futuro en la alegría segura en la victoria.
El 15M pillaba de sorpresa a los partidos tradicionales (y a los medios) porque no había nadie, aparentemente, detrás de aquellas movilizaciones.
Se enfrentó a esos medios tradicionales, entre ellos, los medios de ultra derecha, que vieron al principio con simpatía el movimiento porque iba contra el gobierno del PSOE, para después al comprobar que se trataba de planteamientos de ruptura con el orden establecido, criminalizarlos, manipular y desinformar sobre lo que realmente estaba pasando en las plazas.
Su gran valor fue colocar en la agenda tanto de los partidos, como de los medios, multitud de problemas que robaban dignidad y que compartían entre sí las mismas causas y los mismos problemas para poder resolverse. Esta puesta en común generó profundas redes de ayuda cooperativa, ampliando así los megáfonos y las protestas, y también enriqueciendo debates.
Hay quienes nos preguntamos para qué sirvió el 15M. Que si mucho ruido y pocas nueces. Que si se le da una importancia desmesurada por una parte de la sociedad y/o se ignora por la contraria. Pero lo único cierto y lo absolutamente innegable es que la deslegitimación tan grande que sufre hoy el Régimen surgido de la transición, o “transacción” como prefiero llamarlo yo, los partidos políticos convencionales y las instituciones (incluidos los medios de comunicación de masas ligados a emporios empresariales) no se debe sólo a sus deméritos (corrupción, oligarquía, represión, caciquismo, violencia, capitalismo de amiguetes, etc.) sino que, y muy especialmente, a esa marea indignada que a partir del 15 de mayo del 2011 ocupó, sin pedir permiso, el espacio público, tanto físico como ideológico. El malestar cristalizó entonces en forma de un desafío sin precedentes a “políticos y banqueros”. Y a partir de ahí, la “democracia”, la Constitución, la Monarquía… han visto su legitimidad erosionada. Atrás quedan los tiempos en los que estas instituciones eran prácticamente incuestionables.
Era la Indignación de Stephane Hassel, hecha carne, ocupando espacios, abriendo debates, removiendo conciencias y promoviendo análisis de causas y planteando en ocasiones, alternativas racionales. Y era la desobediencia de Thoreau tomando conciencia y encontrando espacios de diálogo y comunión entre distintas reivindicaciones y activaciones sociales.
La corrupción, la impunidad, las puertas giratorias entre lo público y lo privado, y el expolio colectivo que estamos sufriendo se daba ya antes del inicio de la gran estafa llamada crisis, pero ésta puso blanco sobre negro la cruda realidad y la desposesión masiva a la que nos somete la oligarquía financiera. Éramos y somos Mercancía en las manos de políticos y banqueros, y todavía hoy lo seguimos siendo aunque buena parte de la sociedad se haya activado y suplicado la pastilla roja para despertar de Matrix.
Esa realidad no ha cambiado y se sigue manifestando con la misma virulencia, pese a las buenas intenciones con las que apareció el Movimiento 15M y miles de personas bien intencionadas participamos.
Con el tiempo muchos y muchas de los que estábamos ahí, colaborando y ayudando observamos como se fue instrumentalizando el Movimiento. Aquella herramienta según pasaban los meses y bajo el paradigma de la mayoría absoluta más grande en democracia, la de un corrupto y retrógrado PP, fue convirtiéndose en una plataforma de lanzamiento, siendo capitaneada, tanto a nivel nacional como por ciudades por ciertos personajes que de una supuesta “nada” venían a resolver todos nuestros problemas.
Así aparecieron Podemos y sus candidaturas de confluencias o marcas blancas periféricas, y con ello se vaciaron las calles. La gente se fue a su casa a afilar un voto, numeroso si, pero insuficiente y que no ha servido de nada, salvo para guerrear pequeñas batallas.
No ha servido de nada en el Parlamento donde la mayoría bipartidista y la de su agente naranja de renovación siguen imponiendo sus políticas ultraliberales, conservadoras y fachas. Y sobretodo, y mucho más doloroso, no ha servido de nada en los llamados "Ayuntamientos del cambio" donde a punto de cumplir los dos años de mandato, no se han podido hacer efectivas políticas reales de cambio, tanto en lo tangible como en lo simbólico.
Por supuesto que estas corporaciones municipales que Podemos y sus Mareas ostentan, sufren la contra-ofensiva neoliberal, la estela conservadora y el yugo presupuestario de Montoro, pero desde luego existen temas y campos, con las competencias suficientes para con atrevimiento devolver la toma de decisiones a la gente, y resolver problemas, como los de vivienda y habitacionales en nuestras ciudades.
Lejos de acercar la democracia a las calles en los "Ayuntamientos del cambio" se han seguido mostrando claramente corporativistas con los bancos y el IBEX35, temerosos de los medios de opinión tradicionales (que lógicamente los tienen en su punto de mira) y presos de un electoralismo que ha atenazado políticas atrevidas y revolucionarias que vinieran a solventar muchos de los problemas e indignidades que salieron a la palestra en el 15M.
Al tiempo, salvo con eventos muy especiales y significativos, las calles están vacías. No hay conflictividad física pese a las agresiones que los poderosos y el capital nos infringen cada día. Tanta corrupción, tanto olor nauseábundo de conveniencia entre gobernantes y magnates no provoca el estallido de las gentes. La falsa "Paz Social" mantiene en un cajón la convocatoria de huelga general y toda esta inactividad hace imposible ganar adhesiones y simpatías a la causa, vierte por el deshague el ánimo y el trabajo de los más activos.
Tan necesario como estar en las instituciones es plantear una estrategia de contestación social en las calles, los centros de trabajo, los servicios públicos en su defensa y en cada tropelía y ofensa que se hace contra la clase trabajadora (deshaucios, gentrificación del centro de las ciudades, preferentes, lucha contra las minas ilegales e irracionales, las agresiones al medio ambiente, etc.).
Por todo esto la desilusión y la apatía es un ingrediente a tener en cuenta a la hora de valorar la trascendencia y legado del 15M en éste 2017. Pero sin duda, afirmo que hay hueco para la ilusión por cambiar un sistema político, económico y sobretodo de valores que favorezca la vida y nos devuelva dignidad. Que exprima la justicia como garante de igualdad y libertad y generé una economía al servicio de las personas, garantizando la supervivencia y la recuperación de los espacios naturales de todas y todos.
La situación no es buena; pero es indudable que sin el 15M, sin su aparición, legado y consecuencias estaríamos mucho peor, porque no habría habido esa activación y sin ella tampoco existiría todo el trabajo ya hecho en favor de devolver bienestar y futuro a nuestro planeta y sociedad.

jueves, 11 de mayo de 2017

Reducción de la jornada laboral: Una quimera necesaria


Desde la implantación de la Revolución Industrial y con los primeros avances tecnológicos siempre el trabajador, la clase obrera, ha mirado con recelo, cuando no con miedo los avances en robotización y la inteligencia artificial a los que considera agentes de intervención con los que es imposible competir a la hora de optar a un puesto de trabajo.
Tal sentimiento aunque quizás soterrado en los ingenios de la neo-lengua, ha permanecido indeleble en el alma del obrero y perturbando en no pocas ocasiones sus previsiones y ansías de futuro.
Por supuesto, no fue una excepción la crisis (estafa) económica de 2008 y en la actual fase de desarrollo, de fingida recuperación económica cuando no un nuevo engaño, los números avalan la realidad de un problema social que empieza a cuestionar seriamente el estado de la producción económica y la ocupación social de los seres humanos. Baste como ejemplo, el caso de Estados Unidos, donde desde el crack de 2008, los trabajos creados son mayoritariamente en el sector servicios y el comercio, siendo puestos mal remunerados, precarios y con extrema inestabilidad temporal.
En este contexto, se hace necesario con más ahínco aún si cabe, retomar el discusión la reducción de la jornada de trabajo a 6 horas diarias (30 semanales). Si es cierto que disminuye el volumen de trabajo a realizar, tanto por factores estructurales de largo plazo –porque la automatización creciente de los procesos productivos hace que se pueda producir lo mismo con menos tiempo de trabajo humano– como por razones más coyunturales pero igual de poderosas –el crecimiento débil que parecería haber llegado para quedarse en las economías más ricas– ¿por qué no repartir el trabajo social entre todas las manos disponibles?
Por mucho empeño que la economía mainstream, los medios de comunicación de masas y los “expertos”, haya puesto en los últimos 150 años en tratar de refutar a Karl Marx y a economistas clásicos como David Ricardo y Adam Smith que reconocían en el trabajo la fuente única del valor –y por lo tanto de la ganancia– a la hora de la verdad los dueños de los medios de producción y sus gerentes saben que cada segundo cuenta. Obtener más trabajo por el salario que se paga es una de las claves para incrementar la tasa de rentabilidad.
No sorprende entonces que a pesar de las posibilidades técnicas planteadas por el incremento de la productividad, en el siglo XXI se trabaje tanto –o más– que en el siglo XX. Por tomar un ejemplo, en los EE. UU. la productividad se duplicó entre 1979 y 2016 según el U.S. Bureau of Labor Statistics (y se triplicó desde 1957). Sin embargo, si al comienzo de este período las horas trabajadas a la semana en la ocupación principal en los EE. UU. eran de 37,8, en 2016 fueron de 38,6. Se trabaja más, y no menos, que hace 40 años.
La situación no es muy distinta en otros países del llamado primer mundo. En Francia, que en el 2000 introdujo la semana corta de 35 horas laborales, estas ya casi no se aplican, entre horas extras y días de vacaciones. El ataque comenzó tempranamente, en 2003 con la ley Fillon (por el entonces ministro François Fillon, hoy derrotado de la derecha bipartidista en las elecciones presidenciales), que cambió las horas extraordinarias aceptadas desde 130 a 200 al año, y mantuvo la posibilidad de que las empresas impongan horas extras. En 2015-2016 la ley Macron (ahora Presidente electo de la República tras estas elecciones) estableció la obligación de trabajar el domingo en el comercio, igualó el trabajo nocturno con el trabajo por la tarde (es decir eliminó complementos salariales de nocturnidad y jornada intensiva) y extendió el tiempo de la jornada laboral hasta 12 horas diarias y 60 semanales. La decisión posterior del Senado para re-introducir las 39 horas en lugar de 35, fue un paso más en el camino de avalar la eliminación de todas las barreras legales a la libertad de los empresarios para explotar el trabajo. Según Eurostat en Francia trabajan 40,5 horas a la semana. Fillon planteaba antes de las elecciones pasar a 39 horas semanales, pero pagar solo 37, “para ganar competitividad”.
En Alemania, apelando al chantaje de la deslocalización del trabajo hacia el Este, Siemens impuso en abril de 2004 a los trabajadores de la fábrica en Bocholt un acuerdo que se consideró “una ruptura de época en la historia económica de la República Federal”: el regreso de 35 a 40 horas sin ningún tipo de aumento de los salarios. En el mismo año Opel obligó a los trabajadores y al sindicato a acordar una semana de trabajo de 47 horas a cambio de una promesa –incumplida– de no despedir. Las estadísticas hablan por sí solas: en Alemania la proporción de trabajadores de sexo masculino que trabajan entre 35 y 39 horas ha caído de 55 % en 1995 al 24,5 % en 2015; la proporción de los que trabajan 40 horas o más aumentó en el mismo período del 41 % a 64 %. Tomando el total de trabajadores, hombres y mujeres, el primer rango cayó de 45 % a 20,8 %, mientras el segundo ascendió de 32,7 % a 46 %.
Sin embargo y con todo, las relaciones laborales actuales se ajustan a las necesidades de las empresas que apuntan hacia una mayor flexibilidad, entendida esta siempre como menos derechos para los trabajadores y menos obligaciones para los empleadores. Hoy, una de las principales impugnaciones a la tradicional jornada de 8 horas viene por parte de las propias empresas. Y no precisamente porque busquen liberar a los asalariados de la pesada carga del trabajo.
Más aún, es la propia relación salarial lo que se reformula: empresas como Uber construyen grandes emporios contando con una plantilla laboral mínima, mientras el servicio que define a la empresa es llevado a cabo por trabajadores “independientes”. Esto, que ha dado en llamarse la “economía gig”, viene acompañado de nuevas técnicas de persuasión o coacción para arrancar más trabajo de estos trabajadores independientes. “Les mostramos a los conductores áreas de alta demanda o los incentivamos para que conduzcan más”, admite un portavoz de Uber. En el caso de Amazon, una investigación de la BBC mostró que los conductores encargados de su reparto, en Gran Bretaña, estaban forzados a trabajar 11 horas o más, e incluso hacer sus necesidades dentro de sus vehículos para poder cumplir con las exigentes metas de entregas de la compañía, que podían llegar hasta 200 paquetes diarios. Incluso así, a pesar de lograrlo, en muchos casos apenas cubrían el equivalente a un salario mínimo, ya que debían hacerse cargo de los costos de alquiler del vehículo (o mantenimiento si era propio) y seguro. Sí, es la misma Amazon que inauguró un local sin personal en Seattle, mostrando el rostro real de la virtualización de la economía y de las relaciones humanas: el de la economía “gig” como un salto más en la extensión del “precariado”. ¿Qué tienen en común un caso y el otro, y los de muchísimas empresas similares en todo el mundo? Que sus “colaboradores” son contratistas independientes, que carecen por tanto de la mayoría de las protecciones asociadas con el empleo.
Para ello se ha hecho necesaria además del desmantelamiento del asociacionismo sindical, entendido éste de forma horizontal, revolucionaria, vigilante y defensor de las condiciones laborales desde lo local hasta lo global, la conveniencia de los gobiernos y de las entidades económicas supranacionales. La ola de conservadurismo y neoliberalismo económico motivo a base de des-regularizaciones de la economía, una hiper financiarización de la misma, que ayudó a hinchar las burbujas de entre cambio de siglo que explotaron en 2008. Después lejos de depurar responsabilidades, las instituciones internacionales como el FMI o la UE presionaron para que las deudas bancarias se rescataran con dinero público que se ha ido retrotrayendo del gasto social de los presupuestos nacionales, abriendo de propina la puerta de nuestros hospitales, colegios, universidades o asistencias sociales a las empresas privadas que así encuentran un nicho donde hacer negocio.
Pero no todo han sido malas noticias en el debate sobre la reducción de la jornada laboral. Existen varios casos de empresas que han comenzado a acortar la jornada, a pesar de que cada minuto de trabajo que sacrifican es un “costo de oportunidad” para los empresarios. Lo hacen, obviamente, no por ninguna vocación caritativa sino apuntando a lograr a cambio mayor productividad durante el tiempo que sus empleados están en el trabajo. Suecia puso a prueba una iniciativa en el sector público de la asistencia a los ancianos donde se redujo la jornada a 30 horas semanales (6 horas diarias). Según la evaluación realizada las enfermeras se declaraban más felices, mejor remuneradas (es como si la hora de trabajo se pagara un 33% más) y su productividad aumentó. Aunque su trabajo le costó más caro a la administración de las empresas, y esto terminó determinando a comienzos de este año el abandono de esta experiencia, el cuidado de los pacientes mejoró ya que las enfermeras se cansaban menos.
En 1930, a un año de iniciada la Gran Depresión, el Lord John Maynard Keynes publicó “Las perspectivas económicas para nuestros nietos”, un texto en el que a pesar del penoso presente, se mostraba confiado sobre las perspectivas futuras que ofrecería en el futuro el desarrollo de la productividad. “Podría predecir que el nivel de vida en los países avanzados dentro de cien años será entre cuatro y ocho veces más alto de lo que es hoy”. Considerando esta perspectiva, confiaba en que “turnos de tres horas o semanas laborales de quince horas” serían más que suficientes para satisfacer las necesidades económicas. Como ya hemos visto, el aumento de la productividad le dio la razón a la previsión de Keynes en la mayor parte de los países ricos, pero no ocurrió lo mismo con las horas trabajadas.
Las posibilidades creadas por el desarrollo de la técnica, en manos del capital, se convierten en una pesadilla para los trabajadores. El auge de las comunicaciones y el abaratamiento de los costos de transporte de las últimas décadas no redujeron las horas de trabajo en los países industrializados, sino que disminuyeron la cantidad de trabajadores ocupados; en parte por la automatización de tareas en las actividades productivas que se siguen haciendo en las economías ricas, y en parte porque los empleos se relocalizaron en los países donde la fuerza de trabajo es más barata y donde se la puede hacer trabajar también más horas. El siguiente paso en la degradación de las condiciones laborales operó aún más en favor del capital, que ha podido imponer en todo el mundo un “arbitraje laboral”, haciendo que los trabajadores de los distintos países compitan cediendo en condiciones de trabajo y remuneración para asegurar el empleo. Las fuerzas productivas hoy disponibles permitirían ampliamente ofrecer a toda la humanidad el acceso a los bienes y servicios fundamentales, al mismo tiempo que reducir para miles de millones de hombres y mujeres la carga del trabajo. Pero esto choca con las relaciones de producción capitalistas que dependen de la explotación de la fuerza de trabajo, arrancándole plusvalías cada vez más y más abusivas al trabajo, para asegurar la ganancia que es el motor, que ellos interpretan, de esta sociedad.
Plantear la reducción de la jornada de trabajo mediante el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, sin afectar el salario (garantizando para todos los ocupados un ingreso acorde al coste de la vida y a la dignidad personal y colectiva), choca frontalmente con lo hecho hasta ahora a la hora de afrontar crisis económicas.
Mientras que la única respuesta puesta en práctica hasta ahora y esgrimida por los “expertos” al servicio del empresauriado y la cohorte neoliberal es la flexibilización de las condiciones del trabajo y la bajada de salarios aparecen otras propuestas como la reducción de la jornada laboral sin tocar los salarios que permite repartir con mayor equidad y justicia social el trabajo disponible, permitiendo con ello la vida digna.
No entró a proponer, de momento, la puesta en práctica de una Renta Básica, un pago periódico y universal para toda la población que vendría costeándose a través del IRPF (con la necesaria reforma estructural para aplicar justicia impositiva en este mundo capitalista). No. Estoy diciendo que en todos los trabajos, de cualquier graduación, fueran en la empresa privada o en el funcionariado del Estado y el resto de administraciones. Sin olvidar a los autónomos, y sin recortar los salarios, se reduzcan a 30 horas semanales laborales, reforzando los mecanismos de vigilancia y sanción para quien incumpla esta premisa.
Conseguiríamos en primer lugar que donde trabajan 3 personas a 8 horas diarias, tuviéramos a 4 trabajando 6. Lo que reduciría el paro. Esta reducción también favorecería la productividad, como han demostrado todas las experiencias previas en reducción de jornada laboral y los estudios publicados sobre la materia. Y como yo puedo atestiguar: Rindo y mis compañeros también, mucho más, el viernes trabajando 6 horas, que las tardes de lunes a jueves que trabajo 8 horas.
Con ello se recaudaría mucho más por cotizaciones. Se favorecería de forma notable la conciliación de la vida familiar. Y manteniendo los sueldos, la gente disponiendo de dinero y de tiempo los emplearía en su ocio y realización personal, lo que fomentaría más el consumo, creando a su vez más puestos de trabajo.
Además, y volviendo a los planteamientos filosóficos, llevar adelante esta exigencia, significaría además, poner en cuestión la naturalidad del “ejército industrial de reserva”, término con el que Marx caracteriza el rol que juega la fuerza de trabajo desempleada o semiempleada; su existencia es la que permite que los mecanismos de mercado operen en lo que respecta a los salarios de forma favorable al capital, limitando el crecimiento de los salarios en los momentos de auge y facilitando el descenso de los mismos en tiempos de crisis.
Si están creadas las condiciones para que todos trabajemos menos horas, pero en manos del capital y para asegurar una ganancia, esto significa que algunos deben seguir trabajando tantas horas como hace décadas –o incluso más– mientras una parte creciente de la población es transformada en “población obrera sobrante”, entonces lo que debe ser cuestionado es ese monopolio privado sobre los medios de producción, que choca cada vez más duramente con las necesidades de una mayoría.
La propuesta de trabajar menos horas para trabajar todos, sin afectar negativamente los salarios, pone en cuestión la naturalidad del “derecho” del empresario a disponer de la fuerza de trabajo como le plazca en función de acrecentar sus ganancias, en tanto esta atribución –pilar fundamental para asentar las relaciones de producción capitalistas– requiere para perpetuarse un progresivo deterioro para una franja de asalariados. Se trata de un planteamiento que solo podría realizarse íntegramente por un gobierno de trabajadores que se proponga hacer saltar –a nivel internacional– a este sistema basado en la explotación social. Si el capitalismo ha creado posibilidades –gracias a la tecnología de reducir el tiempo necesario para asegurar la reproducción de los bienes socialmente necesarios– que solo pueden llevarse a cabo cuestionando los mecanismos de explotación que sostienen a este modo de producción, “no le queda otra que morir”, para abrir paso a una organización de la producción articulada no en función de la ganancia privada sino de las necesidades del conjunto social.

jueves, 27 de abril de 2017

Una moción de censura por la dignidad

Manzanas podridas

Esta mañana saltaba la noticia. Unidos Podemos anunciaba su intención de promover una moción de censura a Mariano Rajoy y al gobierno del PP, tras unas últimas semanas, en la que los casos de corrupción del Partido Popular han ido estallando, dejando ver el estado podrido de las cosas y el funcionamiento de la mafia para seguir delinquiendo y protegiéndose.
A los pocos minutos ya había reacciones de PSOE, bueno su gestora, y de Ciudadanos, diciendo que no la iban a apoyar, por lo que la viabilidad de tal moción ya resulta quimérica.
Sin embargo, no voy a quedarme con el corto recorrido de la propuesta y si con su necesidad.
El estallido de la Operación Lezo que ha acabado (de momento) con el encarcelamiento del ex-presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González ha vuelto a poner el foco en como funciona #Españistan.
La corrupción es la forma natural y no episódica del capitalismo español, en parte por su desarrollo capitalista tardío y fuertemente ligado al Estado y al sector público que configuró una suerte de relaciones tóxicas para el bien común, en el que el caciquismo, la avaricia y los tratos de favores son el motor de toda actividad económica.
No hay institución que esté libre de éste entramado, no hay empresarios (sobre todo los que se benefician del BOE) que no hayan participado del mismo. Esta trama se llama “Régimen del 78”. No es una mafia que se enquistó, no son unas manzanas podridas que se aprovechan de los recovecos. Es todo el tinglado que montaron con la transición democrática. Durante aquel período había una discusión entre Ruptura y Pacto. Lo que prevaleció fue el acuerdo, el pacto entre el búnker franquista y los dirigentes del PSOE y el PCE. Ese pacto garantizó que el Jefe de Estado (el Rey), las fuerzas represivas, el poder judicial y, sobre todo, las familias que dominan el país (y el BOE), pasen intactas al nuevo sistema “democrático”. Ese menjunje de búnker e izquierda formó un nuevo ente completamente deforme que se llamó “democracia”. Abrió la mano para que participen las burguesías vasca y catalana. Y es así que la charca del franquismo se transformó en la charca del 78. Cambió el nombre, pero no los apellidos de estirpe.
El Estado español se salda así con más de 1.900 imputados hasta la última legislatura en causas por corrupción, de las cuales solo 170 fueron condenados. Y muchos menos han pisado una prisión por lo indulgente de las penas para con estos ladrones de guante blanco, quedando muchas veces en una inhabilitación temporal. De hecho, ha habido 227 indultos que se han llevado a cabo bajo los gobiernos del PP y del PSOE desde 1996 hasta la fecha. La mayoría de estos por delitos de corrupción.
Toda una muestra de la impunidad y el beneplácito del que goza esta actividad. Aunque vale la pena mencionar que también hay unos cuantos indultos a elementos de las fuerzas de seguridad del Estado por abusos y torturas.
El PP de conjunto ya tiene más de 800 dirigentes imputados por corrupción en más de 31 causas. Pero si bien este es el partido de la corrupción por excelencia, no se quedan atrás el resto de partidos del Régimen del 78. Solo tenemos que recordar el caso de los ERE’s en Andalucía, que salpica al PSOE, o el caso de las tarjetas black, que contaba en su lista desde banqueros de Bankia, Rodrigo Rato -su presidente- incluido, hasta políticos de IU Madrid.
La corrupción es inherente a este sistema. Las instituciones están preparadas para ello. Los “dirigentes políticos” obran como conseguidores de obras públicas. Y, por supuesto cobran por ello. Los dirigentes del PP y el PSOE durante cuatro décadas se han encargado de ello. Al igual que Convergència y el PNV. Han conquistado puestos en el aparato del estado en base a demagogia y los han vendido en base a la connivencia con los grandes empresarios.
Y siempre asegurándose la parcial justicia del estado español, donde jueces y fiscales "amigos" llaman y toman cañas con los corruptos, los corruptores y los corrompidos. Se avisan de las investigaciones y confabulan para quitar y poner personajes afines a la causa del expolio nacional y de la estafa a la clase trabajadora. Un escenario que directamente se mofa de la separación de poderes y que necesita, exige y urge un cambio, una revolución.
Y todo ello, mientras se completa otra fase más de la estafa llamada crisis. La gran mentira de la recuperación económica, que con datos e informes se avala como una falacia que sirve para intoxicar las expectativas e ilusiones de la clase trabajadora provocando un afán consumista desmesurado, mientras la verdadera riqueza, se la quedan unos pocos. Durante ya 8 años, los gobiernos, primero del PSOE y luego del PP, aplicaron inmisericordes recortes en los servicios públicos, con una congelación total de los salarios y las pensiones, para ir rescatando cajas, bancos, autopistas y pagando la factura de tanta privatización y tanto armamento del capitalismo de amigotes. Y ahora continúan esas nefastas políticas que aumentan la desigualdad social, que lastran el futuro, que nos obligan a emigrar, que acortan nuestra vida en su cantidad y calidad, mientras unos pocos, los de siempre, se han lucrado salvajamente. Provocaron “la crisis”; les pagamos entre todos las perdidas; y ahora vuelven a quedarse los beneficios habiendo causado estragos en la sociedad..
Por todo ello, desde luego me parece una iniciativa necesaria. Cualquier partido mínimamente democrático no puede seguir mirando hacia otro lado, escurriendo el bulto y resignarse bien por comodidad o por interés particular ante la catarata de situaciones que se están produciendo. Hay que posicionarse, señalar a la cabeza y exigir su cese, así como la disolución completa del PP y la fiscalización de todas las cuentas, las suyas propias, y las de las administraciones y empresas públicas, que desgraciadamente para el interés general, han gestionado todos estos años.
Como decía más arriba este planteamiento quedará como gesto simbólico. Tanto Ciudadanos, como PSOE, o repito, su gestora, son necesarios para convertirlo en efectivo y quitar del gobierno a esta banda de criminales, aunque fuera para convocar elecciones al día siguiente y que el pueblo decida. Pero no lo van a hacer. Van a permitir que siga Rajoy porque es lo que sus amos, el IBEX35 y la oligarquía rancia y facha les exigen. Pero al menos, se habrán quitado las caretas.
Es cierto que hay riesgo para la coalición de izquierdas, Unidos Podemos, al buscar la colaboración con PSOE para destituir a Mariano Rajoy y su recua de corruptos del gobierno. En caso de apoyo, lógicamente, el PSOE debería ofrecer al nuevo, o nueva, jefe de gobierno, lo que les daría protagonismo y alas justo en su momento más bajo y cuando la caída parece no tener más fin que el colapso de la formación como pasó en Grecia (PSOK) y esta misma semana en Francia (el PSF de Hollande).
La ciudadanía se ha de dar cuenta de quienes son los responsables de la corrupción, tanto quien la ejecuta el PP, y quienes les sostienen, y votar y obrar en consecuencia. Hay comportamientos que la democracia y la ética no pueden permitir, y para ello, dolorosamente en este país es tiempo de educación y de activación ciudadana.
Pero no debemos quedarnos en plantear una moción de censura, sea cual sea su resultado. Tan necesaria e imprescindible como la moción es volver a llenar las calles y las plazas contra la mafia corrupta que nos des-gobierna y nos empobrece. Hay que dignificar el país y más allá de las administraciones y mensajes y efectos institucionales se hace necesario hacerlo profundizando en el discurso de clase y volviendo a reactivar las mareas desde una posición de igual a igual para que sean las calles las que tomen un debate político constructivo y en caso, de no prosperar, en estos tres años hasta las siguientes elecciones generales generar un clima de revolución que permita transformar este país y está sociedad, en un lugar con futuro y dignidad.
Para hacer volar los candados del 78, hay que acabar con la casta de los conseguidores, la Constitución, la Monarquía y todas las reaccionarias instituciones que durante la Transición impusieron.
Hay que imponer unas Asambleas Constituyentes en las cuales se permita la autodeterminación de los pueblos, se re-ordene la representación con una sola cámara que sea legislativa y ejecutiva, mediante el voto en jurisdicción única, se acabe con los jueces franquistas y puedan ser elegidos por el voto directo, que los cargos electos cobren como un obrero cualificado, y que comience a resolver los graves problemas sociales comenzando con el reparto de horas de trabajo entre todos y con un salario digno, el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca y empresas estratégicas bajo control de los trabajadores, entre otras.
Unas Asambleas de este tipo, de ninguna manera serán convocadas por el PP y el PSOE (o Ciudadanos), ni por este mismo régimen del 78. Solo mediante la organización y lucha de los trabajadores y el pueblo podremos conseguirlas para acabar con el Régimen del 78 y decidir realmente cómo resolver todos los problemas sociales, en la lucha por un gobierno de los trabajadores.

miércoles, 26 de abril de 2017

¡¡¡Metal en Burgos!!!


Voy a hacer una pequeña crónica de la fantástica noche de conciertos que vivimos en Burgos el pasado martes 11 de abril, en plena Semana Santa 2017.
No suele ser lo habitual, por desgracia, que en ciudades de provincias se monte un cartel como el que tuvimos en la ciudad castellana aquella soleada tarde y que se replicó también en Málaga el día anterior y en Zaragoza el posterior. Que Amon Amarth cubra otra etapa de su gira Jomsviking y tan sólo un par de días después de sus espectaculares conciertos de noviembre anunciaran está ronda fue sorprendente. Que además sumarán al elenco a unos prometedores Omnium Gatherum y a unos consagrados, padres del death metal melódico como Dark Tranquillity me llenó de alegría y convencimiento de que por esas fechas iba a andar en Burgos visitando está bella ciudad y disfrutando de las morcillas y otras lindezas gastronómicas.
Y es que si al gran sabor que me acaban de dejar las huestes de Johan Hegg en La Riviera se le sumaba el disfrutar y paladear una vez más a mi grupo favorito, Dark Tranquillity, estaba claro que allí iba a estar y aquí y ahora, recordando y escribiendo no puedo más que sonreír y agradecer a mi chica, por regalarme las entradas por mi cumpleaños, ya que el espectáculo fue soberbio, a la altura de las expectativas creadas. Una noche mágica de música, de Melodic Death Metal, fiesta, cerveza y vikingos.
Así nos pusimos en ruta hacia la capital burgalesa y después de comer y descansar, nos encaminamos bajo el sol hacia la Sala Hangar, espacio de conciertos habilitado en 2009, en los antiguos talleres e intercambiador de la estación de tren de Burgos.
Tenía cierto temor al entrar en la sala. Las críticas en internet a la acústica eran considerables, así como también la disposición de la platea ya que existían una serie de columnas de hierro forjado, propias de la construcción original y que vienen a cumplir función estructural por lo que podían estropear el disfrute de los conciertos.
Pero ahí están una de las certezas de la vida. Tan cierto como la corrupción sistémica del PP o que la inteligencia simplifica lo difícil y la estupidez complica lo sencillo, es reconocer y aplaudir la calidad y maestría de los técnicos de sonido suecos.
Ahí estaban una vez más el equipo de sonido que acompaña a una banda nórdica, ajustando a la perfección el sonido de los conciertos, dando a todas las bandas la misma calidad y claridad sin distinciones. Unos pequeños ajustes al empezar y a disfrutar. Es verdad, que con respecto a la exposición en La Riviera, se ajusto más bajo el micro de Hegg, pero también lo es el hecho de que salimos de la sala encantadísimos con todo y el sonido que disfrutamos fue pieza importante. Así, con la experiencia y maestría en la escenografía se pusieron todos los requerimientos necesarios para que los músicos pudieran expresarse y darnos una noche más espectacular de metal.


Era Omnium Gatherum los que abrían la tarde noche de conciertos y cumplieron maravillosamente bien en su papel de teloneros y animadores de la fiesta. No habían pasado 10 segundos de la hora fijada de inicio y ya estaban descerrajando The Pit, tema introductorio de su último álbum Grey Heavens. Fue un brillante inicio para una actuación corta, pero de tremenda calidad, en la que a base de simpatía de su frontman Juka Pelkonen y del resto de miembros, se metieron a todo el público en el bolsillo a cambio de imbuir en el ambiente y en el sentir general que íbamos a vivir una noche épica, imborrable.
Sin duda, estos finlandeses se han ganado un hueco en mis gramolas y el estar atento a sus futuras visitas (vendrán en noviembre) ya que ofrecen un Death Metal vigoroso, virtuoso y vibrante, a parte de demostrar mucha profesionalidad y simpatía cuando acabaron su actuación.


No tardaron nada en aparecer Dark Tranquillity y ofrecer otra dosis de tremenda calidad y ese Melodic Death Metal tan auténtico. Venían como invitados presentando su último disco, Atoma, y se hace necesaria su futura visita ya como cabezas de cartel. Además, esta visita trajo la sorpresa de presentar una formación prácticamente nueva ya que Niklas Sudin es baja temporal y está siendo sustituido ni más ni menos por Christopher Amott, el hermano de Michael Amott padre y fundador de los también imprescindibles Arch Enemy. También eran nuevos el para mi desconocido Johan Reinholdz que sustituía a Martin Henrikson y el ex-bajista de In Flames Anders Iwers que venia a ocupar esa bacante huérfana desde 2013 cuando salió Daniel Antosson.
Sin embargo ese status y esta nueva formación no fue óbice para que Mikael Stanne y los suyos dieran todo lo que tienen en un setlist, por exigencias, corto pero en el que nos presentaron alguno de sus últimos temas y varios de los clásicos imperecederos como un Therein que siempre que escucho evoca mis más profundos sentimientos, o un The Wonders at your feet que sonó espectacular y Misery Crown con la que cerraron la actuación.
Y por supuesto tampoco fueron menos, y acabada, tras una ovación de varios minutos su actuación, derrocharon simpatía y cordialidad con todo el público recibiendo con sonrisas toda petición de fotografía, como la de este servidor, y sonriendo a los agradecimientos y felicitaciones por el tremendo show que una vez más, nos habían dado.


Como siempre, Dark Tranquillity, máxima eficiencia y calidad sobre el escenario, y tanto a mi, como a muchos de los asistentes nos dejaron con ganas de más y con la sensación de haber ofrecido el mejor concierto de la noche.
Una media hora fue lo que se tardó en dejar ese mismo escenario listo para Amon Amarth. Las huestes de Johan Hegg salían con ganas y utilizando la misma escenografía y el mismo setlist que en noviembre en La Riviera hicieron a todos los presentes divertirse y disfrutar de un concierto vikingo que a la vez fue único.
El nivel de la banda está por las nubes y no hubo apenas diferencias entre lo que ofrecieron en Burgos y el tremendo concierto que se cascaron en La Riviera en noviembre. De hecho, exceptuando el ajuste de sonido que bajando algo el micrófono del frontman dio mayor brío a la puesta musical, lo cual nos regaló una “versión” más atenuada con la admirar y disfrutar de la clase que tienen estos músicos y que quizás Hegg no estuvo tan locuaz como en aquella ocasión, no hubo ninguna diferencia, ni añadido, con aquella actuación.
Es decir, máxima profesionalidad. Un día más “en la oficina”, pero en la que no cabe la comparativa, porque el nivel fue tan alto en ambos conciertos ofreciendo lo mismo que volver a comentarlo sería absurdo.
Lo único que puedo decir es lo de aquella vez: Siempre que tengan la oportunidad vean y disfruten a Amon Amarth. O generen esa oportunidad.


En definitiva, una gran jornada la vivida en Burgos. Las ciudades pequeñas, las ciudades de provincias también merecen aspirar y organizar estos eventos con bandas internacionales. Burgos y la Sala Hangar demostraron su capacidad, llenando el recinto, y haciendo una llamada para que metaleros de los alrededores (había gente de Valladolid, de Segovia, de Tudela, de Vitoria, de Logroño, de Madrid, de Salamanca, nostros mismos que íbamos desde Toledo,...) se acercarán a la villa castellana.
Ahora lo único que podemos desear es que el buen nivel (al menos aparente; habrá que ver si esa impresión se han llevado los músicos y también desde el punto de vista de la profesionalidad de los promotores y la posible rentabilidad que les haya dejado) y buenas sensaciones hagan ver que hay más vida, y más metal en España a parte de Madrid o Barcelona, y que cunda el ejemplo y más y más bandas de nivel se acerquen a ciudades pequeñas para demostrar su tremenda calidad.