viernes, 9 de noviembre de 2018

El Siglo de la Reacción




Como apasionado de la Historia que soy, estas dos últimas semanas las he dedicado en buena parte a leer, devorar, el voluminoso libro de Josep Fontana, titulado El Siglo de la Revolución. Una obra completa y rigurosa sobre la historia del siglo previo marcada inequívocamente por la expansión del capitalismo y las pasiones nacionalistas que lanzaron a Europa a la Guerra Mundial; la Revolución Rusa como respuesta a al imperante desigualdad y a un conflicto lejos de palacios y que enfrentaba a clases trabajadoras; ante el movimiento socialista vinieron la reacción que aupó a los fascismos y la primera época de “feliz” -y desregulado- capitalismo liberal que alentaron la Segunda Guerra Mundial como continuo de la Primera; la nueva política internacional de bloques marcada por la Guerra Fría y el ascenso y comienzo de la decadencia de Estados Unidos, alentado por la reacción de las élites en forma de neoliberalismo económico e hiper financiarización de una economía descontrolada que están volviendo a reescribir la historia.
Así tenemos ya 100 años de reacción de las élites capitalistas, del dinero, frente a la dignidad de la vida y la democracia de las clases populares. Un proceso que está aumentando la desigualdad entre países y regiones y dentro de las mismas sociedades, beneficiando cada vez de forma más abusiva a un 0’01% y degradando la vida, condiciones y expectativas del 99’99 restante.
El historiador barcelonés Josep Fontana (1931) mantiene inalterable su coherencia e identidad para contar la historia tal como la siente, pero con la rigurosidad suficiente para subrayar las tropelías y el dolor causado por cada uno de los protagonistas del orden mundial. Lo hace contando las causas y consecuencias de cada hecho y aportando una extensa y prolífica bibliografía (más de 100 páginas) para quien quiera comprobar datos y ampliar los horizontes de su comprensión sobre la historia del Siglo XX.
El desarrollo de la obra se traza a través de la historia política, con mucha atención a los aspectos económicos y sociales con el propósito de sintetizar lo ocurrido para tomar partido con un carácter transformador: conocer el pasado, explicarlo para contextualizarlo al presente, a lo qué pasa hoy en día, y conquistar el futuro.
Evidentemente, Fontana sigue sus convicciones marxistas demostrando su inequívoca vigencia, como “lucha de clases” y más aún como “lucha por la libertad, la igualdad y la dignidad, de revueltas contra los opresores” deseando construir “sociedades más justas”, pero siendo “aplastados por los defensores del orden establecido”.
La primera parte del libro (seis capítulos) acaparan lo ocurrido entre las dos Guerras Mundiales, para después (once capítulos) desarrollar los últimos 65 años (hasta 2016), con mucha mayor profusión e interés demostrando con certeza el “nuevo orden mundial” marcado por la hegemonía de Estados Unidos, primero en competencia con la URSS en la llamada Guerra Fría (de la que resultan esclarecedores todos los episodios de guerras secretas, privadas y movimientos reaccionarios que desde la CIA se lanzaron por todo el mundo, para salvar, única y exclusivamente, los beneficios e intereses económicos de las empresas americanas, muchas de ellas armamentísticas. Para que luego hablen de “los muertos del comunismo”), y luego ya como potencia única.
Josep Fontana denuncia a Estados Unidos como responsable de muchos de los males del mundo actual en el que el capitalismo deambula sin control ocasionando mayores desastres: crisis, burbujas, desmontaje de los servicios públicos y los derechos ciudadanos, desigualdad, corrupción, nepotismo,cambio climático, degradación del medio ambiente, catástrofes naturales,… terrorismo, violencia,… auge del fascismo.
Por eso, para mí, este fenomenal libro se titula más El Siglo de la Reacción como el Siglo de la Revolución. Porque a las revoluciones libertarias que jalonaron todo el Siglo XIX (desde la Revolución Francesa) y se culminaron con la proclamación de la URSS y la Dictadura del Proletariado, le ha seguido un mundo movido por la simple avaricia que promueve el capitalismo, culminado por su acepción más radical, el neoliberalismo que viene promoviendo una desregulación del capital, de las relaciones humanas, empezando por las laborales, y un individualismo superfluo que ha conseguido usurpar toda herramienta de cambio que tenían las clases trabajadoras con los sindicatos y los partidos políticos de clase.
Así, hoy, sucesos como Trump, Bolsonaro en Brasil, el Brexit, los populismos de extrema derecha en Europa ganan terreno aprovechando los problemas de representación de las democracias liberales, incapaces por sí solas de oponer el interés general y el progreso humano, por encima de los intereses de las élites y el capital. Una gestión de la economía injusta, perniciosa, corrupta y mafiosa que ha aumentado la desigualdad entre capas sociales de un mismo país o región a estándares que no se veían en la época entre guerras.
Como siempre, la derecha actual ha amplificado, exagerado y ya en este momento mentido sobre los problemas sociales, prometiendo resolverlos en cuanto llegarán al poder, para luego hacer lo que ya sabemos que hace. Su acierto y habilidad está en focalizar el colectivo más interesante (hombres blancos de mediana edad del medio este, en Estados Unidos, por ejemplo) y enfrentarlo a otra clase trabajadora, los inmigrantes, evitando por supuesto cualquier planteamiento de redistribución de la riqueza, lucha contra la corrupción, el dinero negro, los paraísos fiscales, etc.
Fenómenos como “los trabajadores pobres”, los desahucios, el paro, la precariedad, el hambre no lo crean las revoluciones de las clases populares. Son consecuencias de la guerra de clases liderada por la oligarquía que en esta fase trabaja con ahínco y convicción en hacer que los derechos y libertades de todas y todos, se conviertan en beneficios de muy pocos.
En esta guerra capitalista, esta lucha de clases, el nuevo campo de batalla es la democracia, sobretodo la liberal, en la que el imperio busca sobrevivir a la emergencia de China, asegurando su estatus como máxima potencia tecnológica y sobretodo como motor financiero del mundo. Frente a estos planteamientos en los que todo, absolutamente todo, está supeditado al dinero, sobran los parlamentos, las votaciones y las organizaciones supranacionales, tipo UE, a la que ya han empezado a desnudar con los tratados comerciales.
El escenario está claro. Ante el matrimonio de conveniencia entre fascismo y ultra liberalismo (y antes de que éste explote) para deshacerse de la democracia, se hace necesario volver a plantear políticas multilaterales que devuelvan y otorguen futuro y privilegios de clase para la mayoría de la población. Parece poca cosa, pero esto sólo se puede revertir si se da techo, suministros, comida, trabajo, educación y sanidad a la gente. Y esta agresión al sistema imperante sólo se podrá hacer con unas ciudadanías unidas por su clase social, no separadas por banderas u otros ornamentos, que defiendan en la calle, con lucha, empeño e inteligencia la batalla que ofrecerán las élites.
Así por todo esto, no puedo hacer más que recomendar de manera entusiasta la lectura de El Siglo de la Revolución, de Josep Fontana, así como su extensa e interesante obra. En El Siglo de la Revolución y como el propio autor expresa, y yo os puedo garantizar que experimentareis, la intención ha sido recuperar la política como factor histórico para explicar el mundo en el que vivimos, con la convicción de que otros sistema es posible y es necesario pero que sólo se llegará a él sabiendo de donde venimos y con activación social. Es evidente, que si no conocemos la historia, estamos condenados a repetirla. Y desgraciadamente, no tenemos una historia que celebrar.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Un día cualquiera



Otras ocasiones ya he escrito sobre el insoportable hedor de la cotidianidad, la rutina mugrienta, de este país, llamado España. Estos son sólo algunos comentarios sobre las noticias de hoy, un día cualquiera (o no), en #Españistan:
Anoche el Tribunal Supremo completaba su traición a los valores democráticos más elementales, y fallaba, de forma reñida, a favor de la banca en el tema de las hipotecas y ver quien pagaba los tributos de su constitución, si los ciudadanos como avaló la instancia superior, o las entidades bancarias que son las que hacen el negocio. Así se desdecía del auto expresado por la sala creada técnicamente para dirimir este asunto. La bolsa bajaba y empezaron los movimientos en la sombra para frenar tal tropelía a los que mandan. No está de más recordar que la banca ha hecho negocio especulativo con las hipotecas firmadas por sus clientes, por lo cual recibieron un beneficio económico no sólo por el funcionamiento normal de un contrato hipotecario, sino también en los mercados de especulación financieros. De ahí partía la necesidad de pasarles a ellos el pago de este impuesto. Pero la injerencia de los poderes económicos es real y evidente sin importar el desprestigio a la máxima institución de la Justicia en Españistán, justo ahora, que va a tener que juzgar lo ocurrido en octubre del año pasado en Catalunya, lo que puede marcar el rumbo del país en el corto y medio plazo.
Unas horas antes el Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea con sede en Estrasburgo desautorizaba al estado español al fallar que el juicio contra Arnaldo Otegui había carecido de las más mínimas garantías legales y democráticas, lo que había llevado a una sentencia condenatoria, marcada de antemano. Un prejuicio lanzado por los poderes fácticos del estado y la derecha franquista que lleva al post juicio en toda Europa de que seguimos siendo un estado autoritario y con poca o ninguna, decencia.
A los cínicos dirigentes de la derecha española (Casado, Rivera o Abascal) no les veo indignados porque no se respeten los Derechos Humanos en España, o porque el Tribunal Supremo juzgue en favor de la banca y en contra del beneficio ciudadano. Estarán inaugurando el ático de lujo que se ha comprado en pleno centro de Madrid, la familia del opositor venezolano y condenado por homicidio, Capriles. Este es el nivel de la derecha tan “nuestra”.
Españistan es ese país en el que un personaje que responde al alias de “Comisario Villarejo” guarda en cajas de zapatos horas y horas grabadas de conversaciones privadas con altos estandartes del estado, desde la corona, a la judicatura pasando por los partidos políticos. A todos ellos los tiene cogidos por los huevos en un chantaje, parte de lo que llamamos las cloacas del Estado, que es impropio de un estado moderno de derecho, pero que aquí tenemos como una eventualidad propia de un pasado no resuelto, en el que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, siguen considerándose en un espacio de la realidad superior, con plenos poderes para amedrentar y castigar a todos.
Somos un país escandalizado porque un humorista se suena los mocos con una bandera. Le pedimos tanta responsabilidad a los artistas que hacen humor o canciones y pasamos por alto todo el rastro de fechorías y corrupciones que han laminado por siempre el futuro de las y los trabajadores.
El presupuesto en Defensa se dispará mientras no se le sube la pensión al IPC a los jubilados, no se aplican subidas de convenio y aumenta la precariedad laboral a niveles insoportables. Todo ello mientras nos inundan los falsos autónomos de las multinacionales “colaborativas” que se llevan sus beneficios a paraísos fiscales.
Pagamos por la luz, el gas y las telecomunicaciones muy por encima de su valor real y de los estándares europeos, porque lo que en realidad ponemos es la plusvalía otorgada al sistema de las puertas giratorias que retro alimenta la conveniencia entre la alta política y la alta empresa a costa del sudor y las necesidades de los trabajadores.
Mientras tenemos que pagarle sin saber por qué un viaje a Bangkok (destino turístico predilecto para el sexo y la pedrastía) a un senador del PP y a un diputado de Ciudadanos. También hay que acoquinar la dieta a Pablo Casado por ser diputado, pese a tener casa en Madrid. Y seguir aguantando a gentuza como Celia Villalobos, Jesús Posadas y otro montón de caraduras que no sólo viven de nuestros impuestos sin haber aportado nada a nuestra sociedad, sino que además, pervierten y convierten la democracia en algo manoseado, turbio y en un lucrativo y provechoso método de vida.
Crecen cada día las víctimas en la carretera, por el deplorable estado de abandono que tienen (y también porque conducimos peor). Crecen cada día las víctimas en el tajo por las políticas de des regulación de las relaciones laborales, sobretodo en lo que afecta a la salud y seguridad del trabajador, mientras se lucha contra la disidencia sindical. Crecen las víctimas de violencia machista. Crecen las víctimas por haber perdido una Sanidad y unos Servicios Sociales (y también una educación) de calidad y garante de igualdad, cuando socializaron las perdidas y tuvimos que pagarlas con los derechos de todas y todos.
Esta mañana el Presidente de la Generalitat de Catalunya ha expresado en el Parlament la ruptura de negociación presupuestaria con el Gobierno de Pedro Sánchez. Los escritos desquiciados de fiscalía y abogacía del estado hacia las personas que lideraron desde arriba el Procès determinan la agenda política de los próximos meses que si no media rectificación acabarán en un adelanto electoral. Algunos deberían de recordar quienes han llevado la situación a dónde está, que no somos los ciudadanos que nos beneficiaríamos de unas pequeñas medidas sociales por primera vez en casi una década. Conviene no olvidar que la vieja guardia de la burguesía catalana es quien lleva la voz cantante en la situación y que más allá de banderitas y lacitos buscan perpetuar sus beneficios de clase.
Día si y día también siguen saliendo los escándalos con Hacienda de los ricos y poderosos, tan ocupados ellos de decirnos a todos los demás, a la clase trabajadora, cómo vivir y cómo votar, que les hace “no estar al corriente con Hacienda”. Ahora es Vargas Llosa el que tiene que regularizar su situación. Lo hará sin miedo a actuaciones de la fiscalía, tan ocupada en juzgar a quien roba un bocadillo “porque tenía hambre”, como para perseguir los miles de millones que roban los defraudadores y corruptos.
Para uno de esos canales de la TDT ayer fue un día perfecto para dedicarle su prime time a un narcotraficante que lejos de arrepentimientos y postureo por interés de no ser condenado, sigue viviendo como si tal cosa, dando una patina de normalidad y moralidad a su legado, que no es otro que el de arruinar a las familias obreras gallegas, envenenar a sus jóvenes y lastrar el futuro y la esencia de toda la región.
El cambio climático avanza sin que a nadie le importe. Perdemos biodiversidad a cada minuto y se degradan espacios naturales todo porque pusimos el Medio Ambiente como un bien más sobre el que el mercado pudiera maximizar su beneficio.
Y tenemos a un Gobierno legítimo, con mayoría en el Parlamento (recordemos, en un sistema parlamentario) manteniendo un pulso con la familia Franco y la iglesia católica española, para recuperar algo de dignidad y Memoria Histórica, y no acabar con un mausoleo celebrando el fascismo y el franquismo en pleno centro de Madrid.
Y podía seguir comentando noticias de un día cualquiera porque el estado de descomposición es tal que aún no muerto el régimen, nos sentimos sucios y desesperados, entre sollozos y gritos de rabia, por la desvergüenza continua de un poder oligárquico, cleptocrático, plutocrático, nauseabundo y descorazonador, que nos avergüenza a quienes pensamos, sabemos y deseamos un país mejor.
Con sus estertores previos a la muerte -y por lo tanto a su condena y construcción de algo mejor- envilece la situación general, provocando miedos y violencia a partes iguales. La radicalización de la derecha más rancia, cutre, homicida y caínita es un ejemplo de ello. Los que antes se ofendían si les llamabas fachas o franquistas, hoy se sienten legitimados a resaltar una herencia de odio, destrucción, muerte y atraso, porque enfrente no han tenido las respuestas institucionales, pero también colectivas, para contar la historia y restaurar la memoria de quienes lucharon por la libertad y la democracia.
La estafa llamada crisis y su respuesta desmontando el estado del bienestar de las socialdemocracias liberales ha causado tanto dolor que ha envalentonado y sacado los peores comportamientos. Se socializaron las pérdidas, se empeoró la vida y expectativas de varias generaciones y así muchos incautos no encuentran otra respuesta que les de consuelo y cierta ilusión de futura mejora que en el populismo de extrema derecha.
Y mientras todo esto pasaba, ayer fallecían 18 inmigrantes en Cádiz tratando de llegar a las costas españolas (y europeas).


lunes, 22 de octubre de 2018

La foto de los presupuestos



Mientras la derecha, PP+Cs+Vox, pugnaban por ver quien la tenía más grande, la bandera, ese animal político que se está descubriendo en Pedro Sánchez y un Pablo Iglesias, a quien ya no se le discute su liderazgo en Unidos Podemos, aparecían con un acuerdo presupuestario que venía a mejorar, a grandes rasgos, las condiciones de vida de la clase trabajadora.
La medida estrella es el anuncio de la subida del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) de 300 euros, hasta los 950. Ni siquiera 1000€ que deberían de ser el estándar mínimo de supervivencia de un ciudadano en la España de Viva el Rey, teniendo en cuenta que tirando precios por lo bajo unos 500€ se van en vivienda, unos 300€ en alimentación, unos 100€ en transporte y otros escandalosos 200€ en suministros eléctrico, agua, gas o telecomunicaciones. Repito, tirando por lo bajo. Muy por lo bajo.
Aún así está limosna, que apenas sube unos 50€ lo pactado por Rajoy, patronal y sindicatos vende obreros, el pasado diciembre, está recibiendo las algaradas de quienes lamentan que tal subida vaya a obligar a cerrar empresas y el subsiguiente incremento del paro.
Sinceramente, si por pagar 1000€ de SMI a sus trabajadoras una empresa cierra, merece cerrar y seguramente algunas cosas más. Con esclavos cualquier negocio funciona y no merecen más que por mi parte y la de toda la clase trabajadora que asco y beligerancia.
Ese mismo asco y beligerancia es para una derecha resentida y desnortada que ha clamado al cielo y a Bruselas ante el anuncio de presupuestos, augurando primero la ruina para el Estado y después el chantaje que los nacionalistas hacen al gobierno.
Olvidan, interesadamente por supuesto, en éste momento tres apartados esenciales:
  1. Las familias de trabajadores y trabajadoras de este país han soportado la totalidad de los ajustes que el Estado tuvo que hacer por la avaricia e inoperancia de los bancos. Fueron la Sanidad, la Educación, la dependencia y los servicios sociales las partidas más retraídas en los últimos 8 años. Y fueron los salarios tanto en cantidad, como en condiciones laborales (esas reformas laborales que todavía nadie del gobierno discute en eliminar) los que han minado la vida de las personas. Todo para salvaguardar a los bancos alemanes y a las indemnizaciones de los golfos y corruptos que nos han llevado a donde estamos.
  2. El legítimo (porque así lo ha decidido el Parlamento de una democracia parlamentaria) gobierno ha presentado un legítimo acuerdo presupuestario con una de las fuerzas con las que convive en el hemiciclo. Hace dos años salió la composición actual y es con negociación y política con lo que a de tirar hacia adelante el país.
  3. Estos mismos partidos de ultra derecha, PP y Cs, hace no tanto defendían subidas similares, incluso mayores para acercarnos a la media europea en SMI. Eran los momentos en los que se acercan las elecciones y había que hacer campaña.
Tal presupuesto expansivo se sustenta en una política impositiva expansiva que prevé recaudar más gracias a un gravamen mayor sobre el IRPF de las rentas más altas (130.000€) y sobre el Patrimonio. Subidas, que en total no afectarían a más de 150.000 españoles, si es que no han sacado ya la pasta a paraísos fiscales. También se agilizaría la creación del impuesto sobre las transacciones financieras (Tasa Tobin) y el impuesto “Google” para las tecnológicas. Además, se consolidaría una cuota para autónomos fija, más barata que la actual y en dependencia de la facturación por tramos.
Por lo tanto queda claro que lo de pagar ni clases medias, ni a la mayoría de la población como Rivera y Casado y sus acólitos claman en cuanto tienen un micrófono delante. De hecho, me parece insultante que el líder de la oposición vaya a Alemania a quejarse de que nos quieren subir el sueldo a todos los curritos, y no a quejarse por ejemplo de que empresas como Vestas en León o Alcoa el Asturias y Galicia se marchen dejando miles de desempleados y después de haber cobrado cientos de miles de euros en subvenciones públicas. Pero claro, el radical soy yo.
Y aún con todo, debo recordar que Podemos ha sacado las migajas al PSOE. No se cuestiona de momento, la fiscalidad de las grandes empresas, las del IBEX35 que con un tipo nominal del 25% sólo cotizan al 6%. Tampoco se ha plasmado la renuncia al “austercidio” expresado en la violada Constitución con su artículo 135. Las Reformas laborales siguen vigentes y parece que para mucho tiempo. A la electricidad se le seguirá aplicando un IVA al 21% y los productos de higiene femenina seguirán manteniendo ese mismo tipo.
Es lo que tenemos ahora mismo. La supervivencia del Régimen del 78 más violentada que nunca. Con el “turnismo” entre liberalismo-franquismo y socialdemocracia. Con el PSOE ahora en el poder y con Unidos Podemos contento de ser la pata “progre” y de haber canalizado en las instituciones herederas del franquismo lo que era tanta indignación y acción hace 7 años.
Es tal la mascarada que Unidos Podemos ha asumido el papel de Ministerio sin cartera, y Pablo Iglesias el de ministro representante con sus negociaciones públicas con personas vinculadas al independentismo catalán como Junqueras o Puigdemont. No sabemos si Pedro Sánchez se lo solicitó como parte del pacto (si es así, es otro golazo del Kent de Ferraz) o si Iglesias ha pedido por pura iniciativa ser la diana de la caverna mediática, pero desde luego se están asumiendo funciones y comportamientos que eran precisamente los que se denunciaban al grito de “No nos representan”.
Todo en un escenario en el que el descalabro del país es tal que hoy mismo y cada día, asistimos atónitos y a la vez hastiados a la descomposición del Régimen del 78. Este fin de semana hemos visto una de las mayores injerencias de la política y la economía en la Justicia que yo recuerde, no sólo en España, sino en el mundo entero. El Tribunal Supremo contradecía al Constitucional el día después de que éste avalara que fueran los bancos quien pagasen los impuestos en la formación de hipotecas, lo que produjo la caída de estos en bolsa, y seguramente una suerte de llamadas, órdenes y contra órdenes para parar in extremis una sentencia que devolvía dignidad al ciudadano. No tengáis duda de que si esto hubiera sido en Venezuela hubiera abierto telediarios.
No siendo desgraciados en esto, los españoles y españolas tenemos que sufrir el chantaje de las energéticas, empresas antes nacionales, riqueza nacional, usurpada por Aznar el miserable, y que ahora hoy, imponen tarifas y facturas completamente abusivas y medidas desproporcionadas.
Al mismo tiempo, siguen saliendo más y más detalles de los casos de corrupción y nepotismo de políticos, empresarios y banqueros, de abusos de poder y chantajes de una élite policial orgullosamente mafiosa y fascista, que trabaja con ahínco para castigar a la disidencia, aunque fuera con pruebas falsas y que es incompetente junto a esa Justicia, para encerrar a violadores, corruptos, reincidentes y malhechores.
La Iglesia Católica sigue conchabando como un poder fáctico más, como nacional catolicismo, validado por los anti constitucionales Acuerdos de la Santa Sede, y al tiempo se desmorona la monarquía como institución. Durante 40 años las revistas del corazón nos habían “informado” de lo preparado, moderno y resolutivo que era el príncipe y resulta que coronado, hemos cambiado a un borrachín pendenciero por un nuevo Fernando VII, clasista y reaccionario.
Al tiempo tenemos un arco parlamentario más polarizado que nunca: Una derecha fraccionándose y con una deriva hacia la ultra derecha, critica. Una izquierda encantada de haberse conocido y entusiasmada con su papel de garantista del régimen que conseguirá tibias medidas sociales en la ensalada del capitalismo, pero sin cuestionarlo. Y en el centro, no podemos olvidarnos, de millones de ciudadanos que legítimamente se definen en ese espacio y que están siendo absorbidos, probablemente hasta que se reconduzca el cisma en la derecha, por un PSOE que en menos de 6 meses ha pasado de la cuarta posición y descolgándose a liderar y ampliar ventajas en intenciones de voto. Todo ello gracias a la maniobra de Pedro Sánchez con la moción de censura de junio.
Y por ahí quedamos la clase trabajadora, huérfana y ausente de liderazgos eficaces y legítimos. Frente al juego que Podemos, Izquierda Unida y la élite sindical hacen al PSOE, no queda más remedio que armarse, organizarse, seguramente de manera autónoma y levantar una política alternativa, independiente y de clase. Hay espacio a la izquierda para liderar un discurso de conciencia obrera y comprometido en mejorar de verdad la vida de millones de personas en éste país y en el mundo. Hay que volver a la calle, a la asamblea y a reivindicar políticas que mejoren el estado de las cosas, que garanticen la igualdad (en todos sus escenarios) y la supervivencia del medio ambiente. Pero antes, hay que encontrar ganas para hacerlo.

lunes, 8 de octubre de 2018

Asoman la patita


Imagen de eldiario.es del mitín de ayer de Vox

Lo de ayer en Vistalegre no era la primera vez que en -supuesta- democracia se reunía una amplia multitud en torno a un partido de extrema derecha. En innumerables ocasiones, sobretodo cuando no estaba en el poder, el PP atizaba los odios y manoseaba a las víctimas del terrorismo para exponenciar las pasiones más bajas de la rancia y cruel patraña de las españas, apropiándose de la bandera y legitimando discursos reaccionarios que luego llegados al poder, unas veces perdían por cálculos de poder (estado de las autonomías) y otras extremaban (véase Ley Mordaza, aborto, matrimonio homosexual,...).
La diferencia con lo de ayer es que esas 9.500 personas que fueron al mitín de Vox (más las 2.000 que se quedaron fuera) fueron a ver a un partido sin representación parlamentaria, y que se declara abiertamente fascista, más aún franquista, se apropia nuevamente de la bandera (luego se sorprenden) y atiza contra inmigrantes, maricones, catalanes, vascos, rojos y todos y todas que no pensamos como ellos.
Noventa años después en Occidente cometemos el mismo error una vez más y la falta de respuestas consecuentes a la estafa llamada crisis que estallaba hace 10 años trae consigo la efervescencia de movimientos anti democráticos, anti derechos humanos y de extrema derecha.
Y es que la democracia como sistema político que gestione el sistema económico y social globalizado no ha tenido, por ninguna de las vertientes las respuestas necesarias para dar dignidad a la vida de las personas.
Con la estafa llamada crisis ni el liberalismo, pervertido en neoliberalismo y más aún ultra-liberalismo, ni la socialdemocracia eran capaces de paliar sus efectos mientras la vida y las expectativas de futuro de millones de personas se iban al sumidero. Al tiempo que los financieros y capitalistas ponían a salvo en paraísos fiscales sus insultantes beneficios e indemnizaciones, las pérdidas quedaban en los Estados en las cuentas públicas, que recortaban en sanidad y educación a la sufrida clase trabajadora que se quedaba en paro, veía como suben los precios de la vivienda y la energía y se convertía en “precariado.
Y mientras la izquierda que debería de ocuparse íntegramente de la situación de la clase trabajadora divaga hacia colectivos más atomizados, huérfana de respuestas económicas y sociales ante el desafío provocado por la extrema avaricia de los poderosos. Desde la caída del régimen soviético somos incapaces de explicar una alternativa que existe y es más deseable, para recuperar la dignidad del ser humano y cerrar progresivamente todas las desigualdades sociales, bien sean provocadas por la acumulación de capital o por dejes machistas, xenófobos, homófobos e intolerantes.
Este proceso no es sólo propio de España. Es global. Trump se convertía en presidente de Estados Unidos usando la demagogia más barata para convencer a los millones de votantes blancos pobres. Y en la Unión Europea, lo que primero parecían algaradas en los países periféricos de la Europa del Este (Polonia, Hungría o incluso Turquía) hoy son movimientos que vuelven a acaparar a las masas en Alemania, Francia, Holanda, Suecia, gobernar incluso en Austria, o ser parte definitoria en el referéndum que sacó al Reino Unido de la UE. Hasta en América del Sur comienzan a aparecer movimientos reaccionarios de ultra derecha pescando en la disputa entre la izquierda más social y pro-indígena y la derecha neoliberal y neo colonizadora, como hemos visto desgraciadamente éste fin de semana en Brasil.
España, por supuesto, no podía escapar de tales movimientos, más aún si tenemos en cuenta que en ningún momento de nuestra historia reciente se ha hecho labor de condena y desmontaje institucional (ejército, policía, justicia) de lo que supuso la genocida dictadura fascista. Así durante 40 años quienes un día eran franquistas se levantaron demócratas al siguiente y han participado gustosamente en el estado de las cosas atado y bien atado.
Hoy no puede sorprender todo éste voto de ultra derecha que antes ha colaborado en las golosas mayorías absolutas que el PP ha tenido en el Estado, en buena parte parte de autonomías y en multitud de ayuntamientos. Aglutinado y mezclado con sectores más moderados, democristianos, centristas y liberales han sido parte importante de las políticas de éste país durante la mal llamada Transición a la democracia y son colaboradores necesarios en la catástrofe a todos los niveles que tenemos por país.
Que ahora se desliguen en más apuestas electorales no tendría que ser una mala noticia, más bien al contrario, y que se empezará a fraccionar un voto liberal y nacionalista español que ha permanecido cohesionado bajo el PP, hasta que la corrupción y la inoperancia han hecho estallar la convivencia entre españoles y la conveniencia entre élites políticas ahijadas de oligarcas intereses.
La maniobra de Pedro Sánchez con la Moción de Censura del pasado junio, pillo descolocada a toda la derecha española (incluidos los nacionalismos catalán y vasco) y ha provocado notables tensiones que han extremado en los sentimientos en las filas del PP y de Ciudadanos que había dañado la pegada electoral de los primeros. Mientras en el PP se orquestaba una suerte de primarias que han sacado lo peor de los intestinos del partido para entregarle el mando al delfín del más desquiciado e irresponsable Aznar, en Cs, absolutamente perdidos se han lanzado en una carrera atropellada por los símbolos, cuyo episodio más grotesco es la quita y puesta de lazos amarillos.
Y mientras tanto miles de votantes de ultra derecha (nótese el Doppelganger) que han permanecido años bajo el paraguas del PP se han lanzado a buscar discursos más puros y agresivos, a parte de castigar las corruptelas y mafias de los de la calle Genova.
Lo realmente grave, como digo no es la dispersión del voto de la derecha. Lo grave es la exaltación de pulsiones y sentimientos que hace mucho ya deberían de haberse combatido, arrinconado y eliminado con el peso de la historia y de la conveniencia de una civilización responsable, solidaria y cooperativa en un sistema económico justo, igualitario y globalizado.
Rompiéndose España por Catalunya, con millones de españoles sin trabajo, pasándolo realmente mal para pagar alquiler, desahuciados, con los servicios básicos con precios por las nubes, con la sanidad y la educación de todos depauperados, con toda la gestión ultra liberal de la estafa llamada crisis, no cabía esperar otra cosa que la polarización de la sociedad, y si la izquierda no encuentra el modo de concretar respuestas y hacerlas llegar es fácil que la derecha, a través de demagogia y una simpatía en los medios de comunicación de masas -cuando no un control- arrastre a los desclasados a sus posiciones basadas en el odio.
Y es que el odio y el uso de los símbolos bajo ese mismo odio son el aglutinador que tiene la ultra derecha para crecer y hacerse fuerte. El odio a los que son distintos. Por su color de piel, por su sexo, por su orientación, por su ideología. Por ser pobres.
Llegamos y llegaremos tarde a dar batalla a estos indeseables si no utilizamos todas las herramientas que tienen los sistemas democráticos y antifascistas salidos tras la victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial para evitar que la historia se repita.
Lejos de intereses económicos o de dominación mundial debe primar la lucha antifascista como garantía de progreso y de camino hacia los objetivos del Milenio, que pasan en esencia por dos: Conseguir una mayor igualdad entre los seres humanos indistintamente de su condición, y lograr unas mayores cuotas de dignidad y futuro en sus vidas.