Extremoduro
forma parte de la banda sonora de mi adolescencia y la de millones de
milenials españoles. No se puede entender la música,
el rock y la poesía en este país sin contar con el legado del
placentino.
"Hoy
día 10 de diciembre de 2025, nos toca escribir la nota de prensa más
triste de nuestra vida. Hoy despedimos al último gran filósofo, al
último gran humanista y literato contemporáneo de lengua hispana,
y al cantante cuyas melodías han conseguido estremecer a
generaciones y generaciones", aparece escrito en la nota que
ha anunciado su fallecimiento en su web.
Un
icono, una leyenda, Robe Iniesta ha destilado una vida de
plena libertad tanto personal como artística. Llevado hacia
adelante, o hacia atrás, según quisiera, por su talento para la
escritura y la composición. Una sensibilidad rayana a la naturaleza
de la que ha sido y siempre será su principal altavoz. Con
coherencia imponiéndose a filias y a fobias, a gustos y a
mercadotecnias, porque si, porque es su estilo, su vida y su manera
de hacer las cosas.
Como
vocalista y líder de Extremoduro ha dado calidad a música de
este país desde los 80 hasta ayer mismo. Con más de 30 años de
carrera, con sus necesarias para su salud y bienestar interrupciones,
con colaboraciones esporádicas pero de calidad inabordable dando voz
a la contracultura que se plasmaron en la Poesía básica
(2021) con Extrechinato y tú, y en un puñado más de
recitales y conciertos. Con una carrera en solitario en los últimos
años donde pusiste música a tus inquietudes y las compartiste con
nosotros.
En
general, una obra plena, siempre redonda, abierta a la revisitación
y el inconformismo. A la acidez de letras agrestres que daban
filosofía a la vida tangible y de las pequeñas cosas. Un rock
rompedor, transgresor, personalísimo donde la crítica a
este mundo, que ya preconizabas fuente inacabable de dolor y
des-humanización, era ingrediente ineludible. El pimentón de la
Vera que ha inspirado a muchos que han venido detrás.
En
los 90s ya hablabas de esa España Vaciada y Olvidada, de una
Extrema y dura rota, robada y envilecida. De un mundo rural que se
moría entre dominicales perdigonazos. De las agresiones al medio
natural por el favor del dinero y de la situación de la mujer
pisoteada en su dignidad. Ya adelantabas los monstruos de hoy en día
con poesía, acidez y sabiduría.
Decidí,
De Acero, Papel Secante, Historias Prohibidas, Salir, Standby,
Buscando una luna, Bulerias de la sangre caliente, Estado policial… hasta ese Volando
Solo que nos hablaba ya del día
de hoy.
No
sé dónde estará, si está, mi viejo cassette del Agila que
presté a un fulano y jamás me lo devolvió. Nos
quedamos con las ganas del concierto de Cáceres cancelado en 2014.
Y ahora atesoramos tu obra y tu vida como ejemplo de artista y de
coherencia.
Hasta
siempre Robe!!! Gracias por tanto. Te veo en mis recuerdos y te
recupero en mi memoria.
A
mi chica le encanta Rosalía. Y el heavy Metal. Yo soy heavy,
y si, me gusta Rosalía. Tengo
que admitirlo, pese a que con su carrera me invade un pesar. De
hecho desde el primer momento en que me llegó noticia
de la artista catalana, me
pareció que plegaba su
talento y lo ponía a
disposición de la industria musical más mainstream,
sucia, vergonzosa y de peor calidad que
se hayan podido inventar,
y
que eso le ha valido para ganar mucha pasta y convertirse en un
fenómeno viral, fan o del star-system.
Mi mujer opina que es una muestra más de sus inquietudes musicales y
que tal bajada al fango fue motivada para darse a conocer y llegar a
más gente, y poder enseñar a ese público, su arte y otras músicas
y expresiones. Creo que ambos tenemos razón.
Hace
unas semanas Rosalía lanzó su último trabajo, Lux,
una auténtica maravilla
desde el punto de vista artístico y formal, el evento del año
musical, y un fenómeno de éxito comercial de una artista instalada
por derecho propio en el Olimpo de las estrellas de la música y la
cultura pop cimentada bajo la hegemonía cultural de todo lo que
viene de Estados Unidos. Algo que como españoles, o si sois
catalanes como la propia Rosalía, nos tendría que henchir de
orgullo, por no hablar en cuanto al sentimiento de clase para quienes
nuestros padres y abuelos son trabajadores, precarios y personas
humildes de barriada popular. Rosalía viene de ese entorno, pero no
del lumpen,
sino más bien de la pequeña burguesía, lo que le concedió unos
posibles que otros no han podido ni oler. Tampoco lo olvidemos,
porque a veces nos dejamos cegar por el brillo, y solo basta con leer
su entrada en la Wikipedia para saber dónde se formó y qué
relaciones construyó en primer término.
Pero
lo cierto, lo innegable, y lo justo además, es decir que Rosalía es
una artista tremenda. Qué canta de la hostia. Increíblemente bien.
Qué expresa una sensibilidad que a la vez acongoja, despierta e
interpela. Y qué muestra y demuestra cada vez un talento innato y
potenciado para la composición en donde no rehuye el combate con su
bagaje, sus gustos, influencias e intereses.
El
nuevo álbum, Lux,
es la mejor prueba de ello. Rosalía canta aquí hasta en 13 idiomas.
Mezcla neologismos con
referencias culturales del misticismo de diferentes credos como Juana
de Arco, Santa Teresa, Hildegarda de Bingen, Rabia Al-Adawiya o
Anandamayi Ma, con filósofas feministas como Simone Weil. Incluye un
pasaje de Patti Smith donde la poetisa del rock de los 70 clama por
la emancipación personal y colectiva de las mujeres. Volviendo a
Rosalía pasa por varios palos del flamenco, se disfraza de
cantautora, incorporando la jerga urbana de su generación y
probablemente también de la posterior. Desliza referencias
culturales contemporáneas al tiempo que llena los temas de versos
inspirados en espiritualidad para tratar los temas
actuales que condicionan el día a día de la sociedad, proponiendo
una solución, una salida en la religión y en las creencias.
Lo
que más destaca y choca de esta propuesta de Rosalía es el nuevo
giro estilístico en el que, sin renegar abiertamente del reaguetton
y la música urbana de sus
anteriores trabajos, se
atreve y asalta con éxito pasajes operísticos. Berghain
ha sido el primer lanzamiento del nuevo disco en colaboración con
Björk, y ahí, Rosalía sorprende lanzándose al mundo del canto
lírico, con una cuidadísima hasta el más mínimo detalle
escenografía en el video, donde destaca la intervención de una
orquesta sinfónica en estado de gracia. La propuesta sin duda
sorprende y atrapa, y nos habla en definitiva, de una artista y del
reverso de la persona. De su crecimiento íntimo.
En cuanto a los temas que trata llama poderosamente la atención el mensaje de espiritualidad y religión que se destila del álbum Lux. Que una cantante de éxito colosal e internacional en 2025 haga un alegato, más o menos velado, a la fe, y más o menos abierto a interpretaciones y divergencias, es sobresaliente. No cabe duda de que estamos viviendo una época de reconexión con las creencias, seguramente fruto de una época tumultuosa, llena de incertidumbres y donde se han derribado muchos de los axiomas y entramados sociales y culturales que sostenían la vida tal y como la hemos conocido. El neoliberalismo, el ultra-liberalismo, liberticida, egoísta e irresponsable ha llenado el día a día de individualismo. De un consumismo rápido e inherente, de gratificación inmediata. Donde la tecnología cambia vertiginosamente los patrones de comunicación, acortando cada vez más la atención de la persona converitida en espectador -¿o es al revés?-, (muestra de esto es que con todo Rosalía aquí lancé temas que dificilmente pasan de los 4 minutos, quizás sabedora ella y los de arriba que el público no está capacitado para mantenerse más tiempo a la escucha).
Parece como si Rosalía, convertida en profeta del nuevo catolicismo, sea la encargada de apuntalar una vieja religiosidad, disfrazada de novedosa, donde los jóvenes y no tan jóvenes, se vienen refugiando ante un mundo cambiante, inhóspito donde los patrones de vida y muerte, de presente, pasado y futuro, mudan a un terreno de dolor y carestías. Ese refugio viene a enclaustrarse en más individualismo y en cerrarse a las expresiones colectivas donde se ponen en común problemas y soluciones. Empezando por los que avanzan a regañadientes en mayor igualdad, en especial las mujeres y los colectivos marginados, dentro de esta ola reaccionaria que amenaza con asolar el mundo una vez mas, quizás ya la definitiva.
Volviendo a la música en si, la lista de colaboraciones del disco es abrumadora donde
no faltan ni meteoros femeninos del flamenco como Estrella Morente o
Silvia Pérez Cruz, mucho oficio en la ejecución y los arreglos, así
como voces de la industria musical más expansiva hoy en día en la
producción. En conjunto, no hablo de un disco de música pop al uso.
Se trataría de algo experimental, profundamente simbólico, donde la
fusión y la pureza se deslizan. Más cercano a una obra de música
clásica (de hecho los cortes no se presentan como canciones
aisladas, sino como movimientos dentro de un conjunto, tal y como
desde siempre se han presentado las obras clásicas). Quizás aquí
radica el éxito y acierto de Rosalía, en lo que comentaba al
principio sobre lo que piensa mi chica sobre la carrera de la artista
catalana. Presenta ahora una obra compleja y elevada a un público
multitudinario captado en sus anteriores propuestas más bajas, de
peor calidad así de claro-, y donde la sexualización de su cuerpo e
imagen eran un reclamo por encima de su música.
Yo
ya voy por la tercera escucha íntegra de Lux.
Evidentemente no puedo más que recomendar su escucha y el
acercamiento a este trabajo. Con honestidad y con atención. Luego
gustará más o menos. Caerá mejor o peor la intérprete.
Denostaremos o felicitaremos su bagaje. O sospecharemos de las manos
que mueven los hilos por detrás. Pero por lo menos, esta obra merece
una escucha.
Al
llegar las inmediaciones del Palacio de Vistalegre eran las de un
concierto propio de un fenómeno de masas adolescente. La
vuelta a la manzana hasta la calle que rodea la Quinta de Vistalegre, para encontrar nuestro sitio en la fila, era un paseo rodeado de
gente joven, alguna muy joven.La
mayoría chicas, algunas acompañadas por mayores, sus padres
supongo, casi todas en grupo. Las indumentarias cercanas al metal
gótico. Mucho negro y encaje, mucha bota y mucha media de rejilla,
falda o pantalón de cuero y ojos sombreados. Si hubierais puesto la
misma atención de vuestro dresscodea dejar la calle sin
tanta basura nos hubiera ido a todos
mejor.
Una
de las primeras satisfacciones dentro del recinto, al que volvía, ni
se sabe cuántos años hace ya de ver partidos del Estu y
algún que otro concierto, fue que la sala está muy renovada en el
interior. Me parece acogedora, diáfana y accesible. La segunda fue
que el pincha del local, desconozco si de forma autónoma o por
prescripción del cabeza de cartel, nos fue colocando algunos
imperecederos de buen hard rock e incluso Heavy. Por
desgracia, no estoy acostumbrado entrar en un ambiente tan masivo y
que te estén poniendo She Sells Sanctuary de los
infravaloradísimos The Cult. Mientras mi chica y yo la
celebrábamos, por desgracia pasaba desapercibida entre la
chavalería.
Entraron
temas enlatados para ir calentando el ambiente de Mötley Crue, los
Rolling, Guns and Roses, Audioslave entre otros para abrir los
teloneros de la velada. Los dos grupos británicos -bueno de estilo seguro ambos, pero uno proviene de Estados Unidos-, que abrían al
cabeza de cartel eran perfectos desconocidos que hicieron acto de
presencia para recordarnos a algunos y descubrir a otros que en el
Reino Unido existe una escena músical de rock espectacular y que
salen bandas cada día con talento, con tablas y con mensaje.
Me
gustaron especialmente los primeros, Weathers, a los que
obviamente desconocía, pero que me sonaron muy frescos pese a
presentar unas notables influencias a bandas de gran recuerdo como
Placebo o Super Grass. Los segundos, originarios de Las Vegas, Palaye Royale, no me
disgustaron en absoluto, pero su sonido me dejo más indiferente,
aunque si bien como digo, la pericia técnica de ambas bandas es
notable y merecen tenerlos en cuenta. Qué tiempos aquellos en los
que cada mes te llegaban propuestas de rock desde el otro lado del
Canal.
Rompía
el silencio el War Pigs de Black Sabbath ante
la demencia de a quienes nos vuelve locos este verdadero himno del
Metal y de la música. El humo inundaba el escenario y el griterío
de la muchachería, no sofocaba ni los acordes de Iommy, ni la
voz de Ozzy, por más que los juveniles nervios se exaltaban según
rompían los segundos previos al espectáculo.
Los
músicos tomaron posiciones en penumbra, y de repente, se hizo la
luz. Dominic Richard Harrison, un chico de 28 años salía con gafas
de sol, sonrisa burlona y pose de estrella para desatar la locura con
Hello Heaven, Hello, su tema estrella de su último disco,
Idols, que nos venía a presentar. Y qué manera de marcar
territorio. La canción suena redonda, muy bien ajustada para ser comienzo del concierto y no merma durante los nueve minutos de
duración. El público encendido y Yungblud con la actitud
necesaria para hacer que todos los presentes disfruten.
Se
saca el chaleco de animalprint para quedarse a pecho
descubierto en el coso carabancheleño. Vuelan las gafas de sol y
entra sin dilación el segundo trallazo The Funeral, temazo
brutal de su anterior disco que a mi me ha enganchado mucho desde que
mi mujer me lo dio a conocer.
El
frontman, absoluto protagonista, corre, salta, se divierte y
hace que el público, ya predispuesto, tome partida. Las llamaradas
restañan en el escenario, estalla el confeti hasta en dos ocasiones,
blanco y rojo, mientras Yungblud interpela al público,
dialoga con él, cantando y la mayoría de las veces hablando
directamente. En el quinto corte, con la platea entregada, sube a un chaval al escenario para que le acompañe
a la guitarra en Fleabag, en una divertida interpretación
celebrada con ahínco por el público.
Así
hasta el momento culminante, su versión del Changes,
de Black Sabbath dedicada con cariño y dolor por la reciente pérdida, que nos lleva a varios a señalar el cielo mientras se
inunda los ojos de lágrimas. Por desgracia, buena parte del público,
por lo menos a mi alrededor, no acabó de entender el sentido del
momento, ni tampoco las propias lágrimas de Yungblud que
acababa el cover mirando también al cielo y susurrando algo a
Ozzy. Sin duda, el instante culmen de todo el concierto.
De
ahí y hasta el cierre más carreras y saltos. Interacciones con el
público. Algunas físicas caminando sobre y mezclándose con ellos.
Otras pidiendo máxima implicación a los brazos y las manos. Algunos
desajustes técnicos, tomados con risa. Destilando una pose
que parece querer romper el espacio sagrado de los totem del
género. Como si viniera a apropiarse algo que está desierto o
usurpado desde hace mucho tiempo.
Quizás
se deba a que éramos de los más veteranos en el concierto, pero con
todo estuvimos en una demostración más, y no será la última, de
que el rock está muy vivo. De qué hay
cantera. Hay pasión. Y ganas de pasarlo bien con la música
bien hecha como excusa. Si puede haber ese relevo entre aficionados
al género es porque existen artistas y propuestas como las de
Yungblud, capaces de irradiar hacia los más jóvenes. Y en
especial al público femenino.
Desde
luego, Yungblud ejercita sobre el escenario su propio estilo y
personalidad. Pero también las influencias de la música que le
gusta y ha compuesto su balance. Se nota esa afinidad con Ozzy y
también con Steve Tyler. Veo detalles de Iggy Pop, por supuesto, de
Freddy Mercury, y también las más glameras a lo Vince
Neil. Con todo lo malo y bueno que tiene. En conjunto es capaz, y
bien que se le agradece, de hacer de correa de transmisión de la
música rock entre generaciones, y está llamado a convertirse en un
referente.
A
mi juicio tiene mucho mérito, que en la actualidad, un chaval
haciendo rock (ignoro sus poderes y si viene o no desde el arroyo)
sea capaz de hacerse un nombre y arrastrad a una multitud de personas
jóvenes, muchas chicas y mujeres, hasta un concierto de género. Que escriba letras concienciadas con los problemas generacionales, de identidad, muchos de índole psicológica y todos complejos y trascendentes en una vida. Hoy en
día, con la música prefabricada y las letras para idiotas donde la mujer es hiper sexualizada. Donde el algoritmo marca la
música como un producto más de usar y tirar. Cuando todo es
marketing e impacto en las redes sociales lo que marca el ritmo de
qué se escucha y qué pasa ignorado o desapercibido. Cuando más imposible parece. Cuando la homogeneidad culturales más totalizadora, todavía salen nuevas propuestas
que reverdecen los viejos laureles del rock. Que proponen canciones
claramente generacionales, como Hello Heaven, Hello con la también abre este último disco, sin importarle que dure más de nueve minutos en la era del consumismo rápido de usar y tirar. Una valiente declaración de
intenciones.
Entre
lo negativo la corta duración del setlist puesto que este
buen mozalbete atesora una buena retahíla de temas para paladear en
directo. Y sin embargo, tras hora y media cerró la sesión con el
temazo Zombie. Echamos en falta, sobretodo mi mujer, canciones
como Mars, Parents y fundamentalmente Polygraph Eyes
que es de las que me había gustado de los deberes como escuchas
previas a los que me había comprometido. Entiendo que después de la
intensidad exhibida y la exigencia física adquirida Yungblud
se retirara exhausto, pero fue una pequeña desilusión ante la
propuesta de un artista que precisamente ha exhibido talento
interpretativo y compositivo como para abrir discos con temas de casi
10 minutos.
Tampoco
me hizo una ilusión extrema los muchos cortes al desarrollo continuo
de las canciones y la música. Interpelar al público está bien,
pero en mi opinión, estas deben ser breves y cortas, no hacerse
repetitivas y ni romper la dinámica propia de la música y su
interpretación. Hacerse más para emocionar que para una foto o una
pose, pero es innegable que la conexión conseguida con el público
fue colosal, gracias a la espontaneidad y naturalidad con la que se
hacían, y llevo a ambos, cantante y platea, a una catarsis tremenda.
Son
mis cosas, como también el ver que algunos tramos del guitarra
principal (lo tenía enfrente) estaban sampleados. Pero eso ya
para el oído y ojo expertos. O tener que lidiar con mendrugas que
protestan porque se saca una camiseta con mensaje cuando ni ha
empezado el concierto, pero que no protestan cuando todo se inunda de
móviles haciendo videos. Por cierto, de verdad, no hay que grabar
el concierto ni hacer 300 fotos que además van a quedar regu.
De nada, eh
Y
sin embargo, la satisfacción con el concierto de Yungblud fue
plena y se hará poderosa en la memoria con el tiempo. Un concierto
sin fisuras, coherente en su propuesta de caos y emoción.
Quizá
asistimos, sin saberlo, al advenimiento de la nueva rockstar,
el nuevo icono que engarce a las nuevas generaciones, y en especial a
las féminas, al mundo del rock y del Heavy Metal. El Mesías que
abra la puerta del Valhalla a todos aquellos que viven cegados
bajo la tiranía del algoritmo del más adinerado y de la laminación
multicultural. Que rompa los rigores de la uniformidad musical.
¡Larga
vida a Yungblud!¡Larga vida a la música!¡Larga vida al rock!
Imagina
mezclar la potencia visual y espiritual de una haka maorí,
como las que vemos antes de los partidos de los All Blacks (atentos
ahora a las de las Black Fermns), o de cualquier equipo
polinesio de rugby, con un metal vigoroso, contundente y que suena
original. Añade la presencia física de 5 tiarrones polinesios, que
perfectamente podían pasar por la tercera línea de cualquiera de
las selecciones de rugby del Pacífico Sur. No te olvides de sumar
unas letras muy dinámicas con un contenido más que interesante de
reivindicación de la identidad de los pueblos polinesios y de
ascendencia indígena, y de la necesidad de justicia y reparación de
los agravios cometidos durante la época colonial. Agita la coctelera
tras añadir unas influencias musicales muy concretas del más puro
trash americano, en especial las referencias a Anthrax, Sepultura o Pantera, por
supuesto Metallica, pero también del metal-core de
grupos como Slipknot, Saliva, Drowning Pool o
incluso P.O.D.No olvidarse de la influencia manifiesta de
Gojira y de las propias que atesora la banda francesa. El
resultado no podía ser más intenso y estimulante.
Pero
esto que acabo de relatar no es una imaginación de un fan del metal
y el rugby, ni tampoco la idea comercial de un gurú del marketing musical ávido de exprimir unos talentos para cubrir a muy buen
precio un nicho de mercado. O fabricarlo directamente. Al menos yo no
he encontrado esa posibilidad. No. Esto que presento en el párrafo anterior es
real. Ya existe esa banda de metal procedente del Pacífico. Son
Sherpherds Reign.
Esta
banda proviene de la ciudad de Auckland, en la isla Norte de Nueva
Zelanda. Su ascendencia es maorí, y concretamente samoana. Sus
integrantes son Filiva'a James (cantante y a los teclados), Oliver
Leupolu y Gideon Voon como guitarras, Joseph Oti-George al bajo y en
la batería Shaymen Rameka.
La
banda surgió entre 2010 y 2015 fruto de la amistad entre Filiva'a
James y Oliver Leupolu quienes se conocieron en su aula de piano
clásico, y que compartían una afición al metal desde la más
tierna infancia. Poco a poco fueron añadiendo referencias del género
a sus gustos musicales y a sus experiencias y flirteos con la música
clásica, para en los años referidos, convencerse de la posibilidad
y gusto de hacer una banda de metal para hacer versiones de grupos de
metal americano y tocar sus propias composiciones. Para ello fueron
añadiendo al resto de integrantes y a constituirse como agrupación
hacia 2013.
Pero
no sería hasta 2018 cuando presentaron su primera demo con la
composición Concrete Walls, que les generó el dinero
suficiente a través de tocar en garitos para poder autoeditarse su
debut homónimo. Llamaron rápidamente la atención tanto del
periodismo especializado, como de los medios generalistas, puesto que
el primer single, Le Manú, fue significada por la prensa como
la primera canción de Heavy Metal en lengua samoana.Este
reconocimiento, y fundamentalmente el seguimiento de los fans del
género, les abrió las puertas para firmar con una discográfica y
lanzarse a una gira por Australia, Nueva Zelanda y Japón, y después
poder sacar el álbum Alai Mai, en 2023.
El
estilo de Shepherds
Reign
se basa en canciones muy potentes dentro del sub-género del
groove-metal
y recuerda a bandas como Machine
Head
o Rod
Zombie,
a parte de las citadas al principio de esta entrada. De hecho, las
intros de sus canciones me parecen muy brillantes sustentadas en la
potencia de una base rítmica muy propia del trash,
a la que añaden timbales y sonidos de percusiones propias del folclore índigena, para después acoplar las guitarras, y fundamentalmente la voz de
Filiva´a que se conjuga de maravilla para añadir más dureza e intensidad a las
composiciones. Todo esto cobra especial significación con las
letras, puesto que el grupo está muy comprometido con sus raíces y
con la historia de su pueblo, así como con las problemáticas a las
que se tienen que enfrentar. De hecho el cantar en samoano compone una novedad en el mundo de la música, y más concretamente en el metal, pero demuestra su compromiso con su origen y su conciencia como maorís. Muchas de esas problemáticas tienen que ver con la relación con los descendientes europeos en la propia Nueva Zelanda o
en Samoa y en otras islas del Pacífico, pero también destacan los
problemas medio-ambientales que castigan a estas comunidades o la
pérdida del patrimonio y el folclore autóctonos. En este sentido,
Ala
Mai, como
digo su segundo trabajo y que se traduciría como una voz en samoano
que dice “¡Despierta!”,
es una llamada tanto a los vivos como a los antepasados de los pueblos maoríes para que todos unidos puedan superar esas adversidades y mantener su patrimonio y la identidad de no solo a los samoanos, sino de toda la comunidad
polinesia.
Afortunadamente,
y de las cosas buenas que ya muy raramente te ofrece Youtube,
la banda se va abriendo hueco y ya han empezado a llegar a Europa.
Particularmente, su propuesta me resulta muy estimulante, tanto a
nivel visual, como musical, así como la originalidad de sumar el
samoano y la estética polinesia (no faltan las hachas, mazas y otros
elementos tribales en su presentación) al Heavy
Metal.
En
este sentido, radica un profundo orgullo por cómo el Heavy
es capaz, de en el contexto de la globalización cultural reinante,
sumar a otras experiencias culturales e identitarias, dándoles su
espacio, haciendo que se hagan propias y que no copien sin más lo
que ya se ha hecho, o lo que ya se ha impuesto, sino que ofrezcan su propia visión, plena de compromiso y autenticidad. Contrasta con la
homogenización hegemónica actual que ha expulsado cualquier otra
expresión musical de los medios de comunicación de masas, y por lo
tanto, del grueso de la población.
Por
ello, por esa suma de un estilo propio y original y por la propia
trascendencia de su música y trabajo os recomiendo que os sumerjáis
en el trabajo de Sherpherds
Reign
(en la actualidad están preparando su tercer disco con la intención
de empezar a sonar con regularidad en Europa y Estados Unidos).
Seguro que os pasará como a mi y les añadiremos a nuestra lista de
intereses, para ver si llegan por aquí y se les puede disfrutar en
directo. Ganas ya hay, eh.
Una
de las cosas más chulas e interesantes de los festivales de
música, y particularmente satisfactoria en los de Heavy
Metal, es la posibilidad de descubrir a grupos y artistas nuevos,
o poco conocidos por estos lares, que te los encuentras en un cartel
o directamente sobre el escenario y se convierten de repente en parte
de tus gustos musicales. Desde entonces los tienes en cuenta y de
esta manera te involucras con esa banda nueva o recién descubierta.
Te compras en el stand del festival la camiseta del grupo y/o
un cd. Les sigues, buscas sus videos en youtube y su
agenda de próximos conciertos. Y ahí estarás con tu acervo musical
incrementado y probablemente, a menos a mi no me ha pasado todavía
con este tipo de descubrimientos, para siempre. Será muy difícil
que te defrauden.
Esta
vez no he acudido al Leyendas del Rock en Villena por
diferentes motivos como trabajo, un calor que se esperaba, y ha
resultado desgraciadamente, abrasador e insufrible hasta lo
peligroso, y fundamentalmente, por unos precios muy altos. Más de
100€ (con los gastos de gestión) por la entrada de un día son una
absoluta pasada, por más que el abono de los 4 días de festival
(para el que pueda aguantar ya 4 días seguidos) quede en unos
abultados también 167€. No hablemos del despropósito de los precios de la bebida en este festival con el añadido del calor excesivo que se padece. Lo siento, me ha parecido mucho dinero,
pese a que había buena materia en el cartel el miércoles como
volver a ver a Fear Factory, a Dunedain o a la nueva banda simultánea de
mi amado Mikael Stanne, Cementery Skyline (al día siguiente
repitió con The Halo Effect).
Pero
el caso es que revisando las crónicas me asaltó una imagen que
automáticamente me motivo y me hizo ir a la red social de videos, -y
cada vez más anuncios-, a ver de qué se trataba.
Y
sí. Así es. Lo que me llamó la atención fue la imagen y
atuendo de las componentes del grupo “Dogma”, ataviadas con
atrevidos hábitos de monja, abiertos y sugerentes, calzando botas
altas hasta la rodillas y maquilladas. No puedo negarlo. Me atrajo
esta estética absolutamente sexualizada de las artistas e
interpretes, por lo que debo incluirme, en cierto grado a mi pesar,
en el club de MetalPacos y cuñaos que se pusieron
cachondos.
Afortunadamente
en el Heavy Metal, después de los años nefastos del Glam,
hay que saber tocar y ofrecer buena música y mejor desempeño en
vivo para perdurar, y en ese sentido hay que decir que Dogma es un
grupazo. Que tocan de maravilla y por lo que he podido rastrear,
en directo funcionan e impresionan.
Dogma
son una banda compuesta por 5 mujeres ataviadas como monjas de
clausura, pero cuyos ropajes abiertos muestran sus carnes, muslos y
escotes, así como su maquillaje facial, a parte de ocultar su
identidad, las presentan como “malditas”, cercanas al diablo o al
averno. Su actitud y su disposición es la de discutir
y derribar todos los dogmas con los que convivimos día a día
en las sociedades donde la religión, y particularmente la
católica-cristiana, tiene tanta fuerza. Esto subyace de su origen,
América Latina, probablemente Brasil o México, aunque no he encontrado
noticia o anuncio que lo certifique. En cualquier caso provienen de
una zona donde la presencia cultural y social, y también la influencia política, del catolicismo y de la iglesia es muy poderosa
y ha servido tradicionalmente para
imponer una moral retrógrada
y castigadora con respecto a la sexualidad, y en especial, a la vida
y la presencia de la
mujer. En este sentido,
radica la esencia del grupo que persigue la liberación de todos los
dogmas, especialmente religiosos que nos limitan, y concretamente a las
mujeres y en América Latina, derribándolos para así liberar y
acabar con la represión.
Musicalmente
aDogmalos clasificó dentro del
Hard rock con
reminiscencias melódicas y duras al estilo del que practican bandas
como Hellacopters,
Architects o Spiritual Beggars.
Pero también se incluyen referencias heavies
a los temas de la primera época de Iron
Maiden, y de los últimos
trabajos de Arch Enemy en las melodías y transiciones con voz clara
de Alissa White-Guz. Para ello se valen de la pericia de las tres
intérpretes de
guitarra, bajo y batería. Lamia, Nixe y Abrahel aparecen sobradas de talento
y si bien las composiciones y solos a veces pecan de sencillez, no
carecen de ritmo, presencia y continuidad. Todo ello coronado con la
voz de Lilith (todos
estos seudónimos tienen reminiscencias a personajes religiosos que
presentaban la feminidad como algo “malo”, “peligroso” o
“pernicioso”), que navega
sobre las olas generadas por sus compañeras con una sugerente mezcla
entre sensualidad y dureza. Su timbre me recuerda
al de Simone Simons, pero también al trabajo de Sirenia con la voz
de Ailyn, no puedo
dejar de lado una presencia muy de música pop,
muy fabricada para gustar y ser fácilmente recordada y coreada.
Y no digo que esto sea malo,
pero es lo que hay.
Los
temas de las letras de las canciones, como decía anteriormente,
abogan por la liberación sexual, pero también moral y
mental, de las personas, y en especial de la mujer, que tiene que
volar libre y explorar su cuerpo, su sensualidad y su espíritu. Conjugan en general con una presentación muy estudiada, con una gran teatralidad, lo que no le resta ningún mérito sino más bien al contrario, por lo que he podido conversar con algún conocido que estuvo en Villena y por lo que he visto en unos videos de youtube.
En
el Heavy Metal ya tenemos costumbre, y cada vez parece que
más, de tener bandas cuyos integrantes se presentan con máscaras y
nombres alegóricos que ocultan su identidad. Lo que empezó con
Kiss, continuó con Gwar o King Diamond y siguió
con las bandas del Black Metal, Turisas, Wes Borland en
Limp Bizkit, Slipknot, Lordi, Ghost, El
Altar del Holocausto, Heilung, etc., etc., casi una lista
interminable. Por eso anudar esta estética tan concreta, pero
a la vez tan sexualizada, generada para llamar la atención y
convertir a las integrantes en carne de medios sociales virales,
junto a una música, que aún enraizando con el rock duro, es
“fácil”, digamos consumible, levantan las sospechas sobre el
origen del grupo.
Si
a esto le añadimos una presencia mediática potente y el
acompañamiento desde el primer momento de una de las grandes
compañías discográficas, que no ha escatimado esfuerzos en
realizar producciones y videos llenos de imágenes sexuales y
potentes composiciones visuales (y que estos aparecierán sin filtro en las plataformas), nos lleva inexorablemente a estar
ante un producto de marketing.
Ojo,
que esto tampoco es malo porque si. Es lo que hay. Y aunque le pueda
restar originalidad, o si se quiere hasta trascendencia, seria
injusto no mencionar la calidad de la propuesta sobretodo si funciona
bien a nivel estudio, y fundamentalmente en el directo. Porque Dogma
es un muy buen grupo musical del que ya vamos a estar pendientes. Si a esto le sumamos la virialidad de las plataformas y del streaming (quizás motivada su magnanimidad para con Dogma por los intereses de quien ha generado este producto) ante imágenes de sexo, pues el éxito ya está fraguado.
El
Heavy Metal es un género en el que la presencia masculina es
predominante, pese a la significativa aparición de mujeres al frente
de bandas, y también, cada vez más, tocando instrumentos y
aportando en todas las facetas. Es bienvenido y necesario. Y con el
caso de “Dogma” ganamos una banda más a este movimiento, que en
esencia, busca incorporar plenamente a la mujer en las actividades de
toda índole (económicas, sociales, culturales) de la vida común.
Así que en ese sentido, logro conseguido y meta en la que seguir
trabajando por parte del grupo, y todos los que tienen presencia
femenina (ya sea completa o parcial).
No
tengo palabras para loar la figura, el legado y la trascendencia
de Ozzy para millones de personas como yo. Para quienes el Heavy
Metal no es solo música. Es alma. Es vida y es
identidad.
Se
ha marchado como quería. Con su familia y tras darlo todo sobre el
escenario hace un par de semanas en un concierto épico,
homenaje a una trayectoria plena, con sus altibajos artísticos y
personales, propios de quien ha estado casi 60 años haciendo música
desde cero. Creando no sólo un estilo y una forma de hacer las
cosas, sino siendo parte imprescindible en la génesis de un género.
El
Heavy Metal no sería posible sin Ozzy,
como fundador de Black Sabbath y también de su prolífica
carrera en solitario, como Ozzy. Promoviendo músicos y
bandas, e incluso uno de los mayores festivales como el Ozzyfest.
Y ahora hay que continuar sin él, pero con la memoria de su
obra, el recuerdo de su imagen, la presencia de su leyenda.
No
me puedo despedir de él. De quien con su repentina ausencia, hace
que las palabras se anuden en la garganta aunque tengan que salir por
el teclado. De quien inunda mis ojos de lágrimas por haber estado
siempre ahí. No puedo decirle adiós, ni hasta siempre, porque sus
canciones forman parte de mi. Porque su voz, tan inconfundible,
tan propia y tan esencial es el timbre que me activa, que me da
fuerza. Y porque después de hoy, cuando lo escuche, y seguiré
haciéndolo, me sacará también una sonrisa. Porque muchas veces,
siempre de hecho, Ozzy ha cantando a la vida (si aunque los
maniqueísmos y tópicos interesados hoy inunden panegíricos en los medios de desinformación). Porque por encima de leyendas urbanas,
imagen siniestra alimentada por él mismo y por su mujer, y
apelativos como Príncipe de
las tinieblas, Ozzy estaba y está por encima de todo
esto, y en muchas de sus canciones y también de sus apariciones
públicas ha expresado su optimismo y su espíritu por la lucha y
hacer que todos y cada uno vivamos nuestra vida de forma plena.
Sólo
queda atesorar sus canciones, su recuerdo de la persona y del
personaje. Los grandes momentos que nos ha regalado, en vivo o en la
habitación, el coche o tras los auriculares a cada uno. A través de su música. Haciéndose imprescindible. Cantándonos.
Moviéndonos. Haciendo música y arte.
RIP
Ozzy Osborne. Larga vida al Heavy Metal y al recuerdo de tu obra.
Gracias Ozzy por todo!!!
Ozzy disfruta en la gran banda con Dio, con Randy, con Lemmy, con Bonham, con Cliff, con Paul, con Clive, ...
Wasted
Years es la segunda canción del álbum Somewhere in Time,
el sexto disco de Iron Maiden, publicado en 1986. escrita por
el guitarrista Adrian Smith, no solo destaca por su potente melodía
y su característico sonido de metal progresivo, sino también por las
profundas reflexiones que plantea acerca del paso del tiempo, el
arrepentimiento y la búsqueda de un propósito en la vida.
La
letra de Wasted Years se centra en el sentimiento de pérdida
asociado al tiempo malgastado. A través de ella, el narrador expresa
un anhelo por el pasado y una crítica hacia la manera en que a
menudo dejamos escapar momentos importantes, dedicándonos a
actividades que no nos llenan. Este tema resuena a muchas personas
que, al mirar atrás en sus vidas, pueden sentir que no han
aprovechado al máximo las oportunidades que se les presentaron. La
frase recurrente en la canción, "Don’t waste your time
always searching for those wasted years", encapsula este
mensaje central: el tiempo es precioso y no debe ser desperdiciado en
la inercia o en decisiones que no nos conducen a la realización
personal.
A
nivel musical, Wasted Years combina elementos característicos
de Iron Maiden, como la fusión de guitarras melódicas y
ritmos alternativos, creando un ambiente sonoro que complementa el
peso emocional de la letra. La sección instrumental del tema,
especialmente el solo de guitarra de Smith, transmite una sensación
de nostalgia y reflexión, sumergiendo al oyente en la atmósfera que
la canción busca evocar. Esta dualidad entre la letra y la música
es fundamental para entender el impacto que Wasted Years tiene
sobre quienes la escuchan, permitiendo una conexión inmediata con
sus sentimientos.
Además,
es interesante destacar el contexto en el que fue creada esta
canción. Durante la década de los ochenta, el mundo
experimentaba cambios significativos, tanto a nivel político como
social. La ansiedad y el desencanto eran comunes, especialmente
entre las generaciones más jóvenes que buscaban un sentido de propósito
en medio de las presiones externas. Wasted Years puede
interpretarse como una respuesta a esos sentimientos de
desorientación y pérdida, un llamado a la auto-reflexión y a la
acción proactiva en busca de una vida significativa. La canción
invita al oyente a detenerse y evaluar dónde está en su vida, y si
realmente está siguiendo su propio camino o simplemente dejándose
llevar por las circunstancias.
En
conclusión, Wasted Years de Iron Maiden trasciende su
categoría como mera canción de heavy metal, convirtiéndose
en un poderoso himno que evoca la lucha intrínseca del ser humano
con el tiempo y el significado de sus elecciones y de sus emociones. A través de su
letra introspectiva y una composición musical que resulta a la par conmovedora y electrizante, la banda
logra transmitir un mensaje atemporal que sigue resonando hoy en día. Así, invita a todos a no dejar pasar la vida
sin un propósito claro, recordándonos que cada año, cada día, y
cada momento cuentan. La reflexión propuesta por esta canción no
solo es relevante para los fanáticos del metal, sino para cualquier
persona que busca darle sentido a su existencia.
En
definitiva, con Iron Maiden nunca habrá años malgastados.