Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de abril de 2026

La Alta Cocina: Comida basura neoliberal

 



Ha vuelto MasterChef a TVE. En su versión de concurso de habilidades y reallity de anónimos. En su ¡¡¡décimo cuarta!!! edición, más unas cuantas de la abominable versión junior de niños repelentes y la insultante de Celebrity con famosos de medio pelo y de capa caída. Es la principal apuesta de RTVE para brillar y competir en las audiencias del prime time semanal (esa aberración que en España empieza a las 11 de la noche … ). Y no. No he visto este programa, ni ninguna de sus versiones, ni ediciones más allá que una ocasión que lo sintonice dos lamentables minutos. Pero aún así, como éste es mi blog y hago o escribo sobre lo que me da la gana, me voy a permitir escribir sobre este formato, porque me parece un contenido que debería estar fuera de una televisión pública por caro, por inmoral y por alienante. Y porque me preocupa y mucho lo que están haciendo con la televisión en este país, y especialmente por la que pagamos todas y todos.

MasterChef es un programa de televisión que abiertamente se presenta como inocuo y de entretenimiento familiar. Una expresión de cocina y bonhomía sazonada con humor naif y suave. Sin embargo, funciona trufado de competitividad y hervido en valor económico tanto la pericia gastronómica como la presentación al por mayor de las miserias humanas. Y todo esto lo hace, además de costeado con los impuestos de todos, a favor de una ideología neoliberal y un conservadurismo sociológico de capilla y copete. Eso sí, no se puede silenciar el éxito que obtiene refrendado con unas audiencias notables en cada versión más chusca que la anterior.

Desde luego, MasterChef no es un programa de cocina y entretenimiento familiar. Su humor y chascarrillos son de una casposidad aberrante, que entran fácil como cuchillo en mantequilla sobre situaciones ya cliché de la televisión de los reallities. Y es que todo está atado y bien atado, y los guiones funcionan con la precisión de un horno de última generación para destacar lo que interesa destacar: las localizaciones son cuidadosamente escogidas, ambientadas y cobradas por publicidad encubierta en la televisión pública; los concursantes, ya sean anónimos o famosos, cubren los estereotipos patrios (el andaluz chistoso, el manchego con retranca, el aragonés borrico, el castellano seco, el catalán agarrao, el gallego depremido o el vasco impulsivo, etc.) y los nuevos modelos del universo woke (el o la trans, el abiertamente gay, una o dos personas racializadas, los tatuajones, o los que se presentan como honestos y no dejan de ser unos mal educados de mierda, etc.). Las situaciones que se fabrican entre ellos y con los jueces (ahora voy con ellos) buscan el clímax, pero no en la técnica y ejecución culinaria que dan como resultado la propuesta gastronómica de alta cocina que se pretende. No. Lo que interesa es la carnaza. La casquería de la podredumbre moral de humillaciones, vejaciones, derrotas y la victoria de un único sólo -porque sólo gana uno-, los romances, las miraditas y las bromas de dudoso gusto y nulo sabor humorístico.

Y es que los presentadores o jueces ahí están desde hace 13 años mostrando una ideología concreta y reaccionaria. Lo capitanea el campechano Pepe el de Illescas que no tiene ninguna gracia y que parece que juega el papel de respeto por lo tradicional y lo auténticamente español. Luego está Jordi Cruz, el malo no el de Disney, célebre por sus salidas de tono y por tener becarios a los que explota y ni siquiera paga. Y por último la nietísima de Vallejo-Nágera. Estos dos parecen adalides de la cocina de vanguardia en el país y sus ataques a lo concursantes y respuestas suelen mostrar lo peor de la competitividad exacerbada en la que el mundo contemporáneo parece sumido. Veo que a la descendiente del criminal que buscaba el gen rojo destripando mujeres y trabajadores después de la Guerra Civil, la ha sustituido en esta edición, una influencer culinaria, que habría que saber cómo y por cuánto posicionó sus contenidos. Ahí lo dejo.

En cualquier caso, los jueces imparten una suerte de justicia castrense entre los fogones. Replican la jerarquía militar,haciendo aullar a los concursantes un marcial "Si, chef" tras cada orden, que deje constancia de la sumisión de los miembros más bajos del escalafón. Comportamiento este que contraviene cualquier estatuto profesional de cualquier sector, incluido el de la restauración y la hostelería, porque no se trata de cuarteles del ejército, sino de entornos laborales donde le respeto entre personas prevalece. Sin embargo, en este caso la idea está clara: meter en las cabecitas del populacho un férreo control militar que module sus conductas y expectativas. Así que de programa inocuo, nada de nada.

Por si este elenco de lo zafio y lo ruin no fuera suficiente de vez en cuando hay que pagar a una suerte de famosos de medio pelo sin oficio ni beneficio para que facturen en la versión Celebrity. Tal dispendio ha llegado a salir, según se cuenta, por hasta 725.000 euros el programa (el capítulo) y aquí no se ha oído a nadie poner el grito en el cielo como cuando ocurre con otras propuestas televisivas.

Y aún así, y pese al desgaste, también lógico por falta de ideas o agotamiento del producto, el programa ha encontrado un filón sobre el que asentarse gracias a la predominancia que desde hace unos años la Alta Cocina ha adquirido en el mundo cultural actual. Elevada a la categoría de octavo arte la gastronomía de chefs estrella tiene su espacio en las publicaciones de cultura. Las apariciones públicas y las noticias de éxito son celebradas como hitos de la pujanza cultural patria. Cuando las noticias son los abusos y condenas judiciales y de la administración por prácticas laborales abusivas o vejatorias son convenientemente silenciadas.

Abro capítulo a parte porque en toda esta moda de la alta cocina los nombres de los grandes cocineros, son eso, de cocineros, de hombres. Salvo un par de mujeres la lista de advenedizos y visionarios de lo culinario está formada prácticamente por hombres. Los mismos hombres que en las casas, toda la vida, han huido de la cocina dejado a las mujeres, sobretodo a las madres y las abuelas, en los fogones, trabajando para alimentar a la familia. Pareciera, bueno no, está claro, que cuando a una tarea concreta no se le puede extraer una ganancia económica, no puede ser valorada por el mercado, queda bajo responsabilidad de las mujeres. Sin embargo, ahora que la cocina es un arte y comer o cenar un menú degustación por 200€ el tenedor es lo más cool y refinado, los autores y protagonistas son hombres. Curioso.

Cuando se conceden las estrellas Michelín se trata de un acontecimiento a la par de los Oscars y los Premios Nobel. Crecen como setas los establecimientos que ganan estas distinciones y los que suben la categoría convirtiendo España un paraíso groumet para grandes fortunas por el que, parecer ser, todos debemos sentirnos orgullosos. La realidad, es que los premios en el ámbito de la cultura son más bien una patraña porque no se miden por criterios objetivos, sino por variables subjetivas. Las más de las veces no son premios, sino publicidad encubierta y pagada a la institución que factura el galardón. Si quieren jugar la carta del “arte” que lo hagan con todos sus matices.

Lo cierto es que a la mayoría de los españoles y españolas, la alta cocina nos importa una mierda. No voy a hacer cola, ni física, ni virtual, por reservar en un restaurante de moda, para satisfacer unas redes sociales ajenas. Ni me lo puedo permitir, ni me interesa en absoluto.

Lo que me indigna con todo esto son dos cosas: la primera es que estos restaurantes de alta cocina y sus chefs estrella son una minúscula y microscópica minoría, incluso una excepción, de los miles de restaurantes y tabernas que hay en este país. Me cabrea que los presenten como máximos exponentes, o incluso nuestros mejores embajadores en la “dieta mediterránea”, cuando lo que hacen en sus cocinas es elaboraciones pretenciosas, artificios y transformaciones que alejan a los comensales del producto, convirtiendo en singular no el plato, la materia, sino eso tan etéreo de la experiencia. Concretamente la de pagar el narcisismo de la estrellita de turno.

Lo segundo que me mosquea es que todo este maremágnum de programas de televisión de alta cocina, chefs estrella, restaurantes de élite, experiencias culinarias y demás soflamas consumistas y elitistas huele a neoconservadurismo y a ideología neoliberal que tira de espaldas.

El neoliberalismo como doctrina política y cultural y dogma económico hegemónico lleva desde los años 80 transformando las dinámicas internas de las actividades humanas. La cocina, la gastronomía y todo lo que tiene que ver con la alimentación no está exento de ello, como ya he escrito en otras ocasiones. Ahora bien, eso es una cosa y otra es presentar un escenario concreto, la Alta cocina, como un ejemplo paradigmático de lo que es la ideología neoliberal.

Si bien esta alta cocina desde siempre ha estado ligada a un contexto elitista, es preciso en este momento histórico dar la vuelta a la secuenciación del proceso. A que no son los mercados desregulados, el liberalismo económico, el consumismo desaforado y la mercantilización de las actividades humanas los que han generado lo que hoy conocemos como “Alta Cocina”. Es más bien, en mi opinión, en cómo se ha presentado este contexto concreto, por lo demás occidentalista y heteropatriarcal, como el paradigma de la perfección de la teoría y práctica neoliberal.

Solo hay que ver cómo la Alta Cocina hace unos años prácticamente era invisible en los medios de comunicación de masas. Solo publicaciones que rodaban entre las élites trataban este fenómeno y quedaba completamente fuera del ojo de la gente común. Seguro que no lo recordáis pero hace 20 años no había programas de cocina y reallities con cocineros de renombre convertidos en celebridades mediáticas, ni se publicitaban las estrellas michelín, ni tampoco aparecían recetas, técnicas y procesos que estaban fuera de los hogares.

Las redes sociales tienen mucha culpa de ello, pero también la televisión donde no es que cambiasen unos programas por otros. Es que los mismos que trataban recetas tradicionales y comida casera, ahora invitan y enseñan recetas para esferificar guisantes. En todos ellos se lanzan mensajes con intención clara de adoctrinamiento neoliberal: la meritocracia, el éxito empresarial, la visión audaz, la ensoñación del emprendimiento y una competitividad enfermiza.

En todos estos mensajes teledirigidos a un público más o menos cautivo tienen que ocultarse los vicios de la doctrina neoliberal y eso sí, exponenciar sus virtudes: La alta capacitación técnica, la especificación profesional, la excelencia premiada y sostenida por la cúspide mediática y la originalidad de inspiración artística y elevada se celebran y promocionan. Por contra, la precarización laboral extrema de los trabajadores (de la hostelería señores, recuerden) son ocultadas y quedan fuera de este relato de éxito y autorrealización. Las condiciones laborales abusivas, con dedicaciones extremas y absolutas, horarios intensivísimos, jerarquías feudales a las que son expuestos la fuerza laboral por salarios ínfimos de subsistencia. Y en ocasiones, ni eso, puesto que a través de un capital cultural en forma de becas y premios se quiere pagar el esfuerzo y tesón de las y los trabajadores. Por no hablar de las vejaciones y los abusos, incluidos los de carácter sexual, ante masas trabajadoras que se encuentran desprotegidas cuando se cae la ensoñación de “trabajar junto” a "trabajar para" la estrella culinaria del momento.

Esta contradicción evidencia cómo el discurso del mérito y la búsqueda de la excelencia que promueve el neoliberalismo, tiene profundas grietas a la moral como estas desigualdades extremas que se generan en los restaurantes de alta cocina.

Esto del lado de los trabajadores, pero qué decir del lado de quienes consumen alta cocina con un afán más allá de la alimentación como necesidad animal. Incluso por encima del deleite ante una actividad convertida o pretendida como expresión artística y cultural. Sin duda, la gastronomía de élite es un marcador identitario que sirve para distinguir entre los diversos grupos sociales. Un capital cultural, en palabras de Pierre Bourdieu, al que solo tiene acceso una parte mínima de la sociedad y que le sirve para distanciarse de los que están debajo. No sólo se trata de ingerir alimentos, sino sobretodo de la exhibición de que lo estás haciendo. La propaganda de tus posibilidades y tu estatus social.

Por último, no puede obviarse que frente a mensajes como “re-inventar el gazpacho andaluz”, “re-pensar las carrilleras”, “re-visualizar las fabes con almejas” lo que subyace es un proceso unificador que revienta la diversidad cultural y las distintas tradiciones gastronómicas. Los grandes chefs y sus equipos adoptan distintas técnicas, ingredientes y preparaciones provenientes de cualquier lugar del mundo. Añaden y obtienen distintos productos, muchas veces fuera de temporada y alejados de su entorno de producción, para traerlos a Occidente y “fusionarlos” con la cocina tradicional local. Este proceso refleja la tensión entre diversidad cultural y folclore gastronómico con respecto a la uniformidad hegemónica y la globalización totalizadora que propone como síntesis el paradigma neoliberal. No es casualidad que muchas de estas pretendidas fusiones de autor acaben llegando a la masa que necesita alimentarse como productos de la industria alimentaria. Y no precisamente de la más saludable, ética o sostenible medioambientalmente. Ni tampoco es casual que vivamos adoctrinados en una sociedad invidualizada, incapaz de hacer cosas como cocinar y proveerse alimento por uno mismo. Alejando la cocina y todo lo que tiene de experiencia común, de compartir, de trascendencia y de legado cultural e idiosoncrasia de la vida cotidiana de las personas.

En conclusión, el vínculo entre alta cocina y neoliberalismo es íntimo y favorece el planteamiento, sustentación y asimilamiento de estructuras mentales neoliberales como la competitividad, la búsqueda exhaustiva del lucro, el consumismo, el estatus social merced a ese propio consumo y la amalgama entre arte, espectáculo y negocio.

Ya sea a través de programas de televisión rancios, repetitivos e inmorales, y de la profusión de todo lo que acontece alrededor de la alta cocina, lo que se está buscando, y consiguiendo es reflejar dinámicas propias del modelo neoliberal que no deberían perseguirse en los medios de comunicación públicos, por mucha corriente hegemónica que se trate. Además, aparte de alejar el respeto y dignidad que merecen todos los profesionales de la hostelería, también se quita importancia y significación a los saberes tradicionales, muchas veces ideados, defendidos, mantenidos y transmitidos por las mujeres de las familias, homogenizando nuestra alimentación y sus procesos.

 

miércoles, 23 de julio de 2025

No more tears, even though there are no words

 

Ha muerto Ozzy Osbourne.

No tengo palabras para loar la figura, el legado y la trascendencia de Ozzy para millones de personas como yo. Para quienes el Heavy Metal no es solo música. Es alma. Es vida y es identidad.

 

 

Se ha marchado como quería. Con su familia y tras darlo todo sobre el escenario hace un par de semanas en un concierto épico, homenaje a una trayectoria plena, con sus altibajos artísticos y personales, propios de quien ha estado casi 60 años haciendo música desde cero. Creando no sólo un estilo y una forma de hacer las cosas, sino siendo parte imprescindible en la génesis de un género.

El Heavy Metal no sería posible sin Ozzy, como fundador de Black Sabbath y también de su prolífica carrera en solitario, como Ozzy. Promoviendo músicos y bandas, e incluso uno de los mayores festivales como el Ozzyfest. Y ahora hay que continuar sin él, pero con la memoria de su obra, el recuerdo de su imagen, la presencia de su leyenda.

 

No me puedo despedir de él. De quien con su repentina ausencia, hace que las palabras se anuden en la garganta aunque tengan que salir por el teclado. De quien inunda mis ojos de lágrimas por haber estado siempre ahí. No puedo decirle adiós, ni hasta siempre, porque sus canciones forman parte de mi. Porque su voz, tan inconfundible, tan propia y tan esencial es el timbre que me activa, que me da fuerza. Y porque después de hoy, cuando lo escuche, y seguiré haciéndolo, me sacará también una sonrisa. Porque muchas veces, siempre de hecho, Ozzy ha cantando a la vida (si aunque los maniqueísmos y tópicos interesados hoy inunden panegíricos en los medios de desinformación). Porque por encima de leyendas urbanas, imagen siniestra alimentada por él mismo y por su mujer, y apelativos como Príncipe de las tinieblas, Ozzy estaba y está por encima de todo esto, y en muchas de sus canciones y también de sus apariciones públicas ha expresado su optimismo y su espíritu por la lucha y hacer que todos y cada uno vivamos nuestra vida de forma plena.

Sólo queda atesorar sus canciones, su recuerdo de la persona y del personaje. Los grandes momentos que nos ha regalado, en vivo o en la habitación, el coche o tras los auriculares a cada uno. A través de su música. Haciéndose imprescindible. Cantándonos. Moviéndonos. Haciendo música y arte.

RIP Ozzy Osborne. Larga vida al Heavy Metal y al recuerdo de tu obra. Gracias Ozzy por todo!!!

 





 Ozzy disfruta en la gran banda con Dio, con Randy, con Lemmy, con Bonham, con Cliff, con Paul, con Clive, ...


 


jueves, 1 de febrero de 2024

Cine, Historia y Arte: El Tormento y el Éxtasis

 


En 1965 se estrenaba The Agony and the Ecstasy, plasmada en castellano como El Tormento y el Éxtasis, película histórica de género dramático, ambientada en la Roma del Renacimiento italiano, en el siglo XVI (el Cinquecento) dirigida por el director inglés Carol Reed sobre un guión basado en la novela biográfica del mismo título publicada ese mismo año por el escritor norteamericano Irving Stone.


The Agony and the Ecstasy

Director: Carol Reed

Guión: Philip Dunne sobre un texto de Irving Stone

Año de estreno 1965

Origen: Estados Unidos, Italia.

Duración: 126 minutos.

Idioma(s): Inglés (IMDB, 2023).


 

 

La película tuvo una recepción limitada en su tiempo con un respaldo del público en taquilla modesto y de la crítica bastante frío, en un contexto para el cine norteamericano muy mediatizado por el gran éxito de las grandes producciones de época, los conocidos pupuls o películas ambientadas en la Antigua Roma, que mezclaban historia y epopeya en películas de aventuras con apariencia de dramas históricos.

Pareciera como si en aquel momento ni siquiera el extraordinario cartel con dos de los grandes nombres del cine del momento, Charlton Heston y Rex Harrison, hubiera podido animar a los espectadores a escoger esta película en un año en el que los premios les fueron esquivos bajo el fenómeno de Sonrisas y Lágrimas (junto a Doctor Zhivago, El Tormento y el Éxtasis son las dos grandes “damnificadas” de la película de Robert Wise).

Probablemente fuera el tema y muy especialmente el tono elegido para narrar la historia lo que marcó la primera andadura de la obra de Reed. Sin embargo, y con justicia, ha pervivido como una obra de culto, imprescindible para quienes gustan del buen cine, más si cabe de ese que te cuenta cosas con las que aprendes y con el que puedes filosofar. Una película que sin duda ha envejecido de muy buena forma, a la que no le pesan los años, ni siquiera en las interpretaciones (y tampoco en el doblaje al castellano, ya que para escribir esta entrada he visto la película primero en versión doblada, y luego la versión original).

En cuanto al tema no podría haber uno más trascendente y a la vez singular. Roma, 1508. Los Estados Pontificios se encuentran ante una encrucijada al ser hostigados por varias potencias europeas, y principalmente por la familia Borgia desde dentro de la península itálica. En noviembre de 1503 Giuliano della Rovere asciende al papado con el sobrenombre de Julio II y sustituye al fallecido papa Pío III quién sólo ocupó el papado 25 días tras la muerte de Alejandro VI, el valenciano de Xátiva Rodrigo de Borja (Borgia italianizado) que en conveniencia con sus hijos Juan, Pedro, Lucrecia y sobretodo César había despojado al estado papal de muchas de sus posesiones, en especial las marcas hacia el Norte (“pequeños” territorios asimilados por ciudades-estado y regidos por los ducados que eran empleados como campos de cultivo), para afianzar a la Casa Borgia dentro de la nobleza de la miríada de ciudades-estado y repúblicas italianas de la época.

Julio II se ve en la necesidad de recuperar todo el terreno perdido para los Estados Pontificios y al mismo tiempo de ganar poder para su apellido, por lo que su papado llevará una triple estrategia. Por un lado, ampliará los tentáculos de la política interna en la Iglesia y el estado papal (ambos lo mismo) empleando los tradicionales usos del nepotismo y el clientelismo para afianzar a familiares suyos tanto en la curia como en la nobleza italiana, sin obviar el empleo del matrimonio de conveniencia, la extorsión o las alianzas más insospechadas. Al mismo tiempo empieza una concatenación de guerras de defensa primero, y luego de expansión y dominio de los Estados Pontificios por toda la Península Itálica, pero con ramificaciones a Cerdeña, la Provenza francesa, el Sur de Alemania o incluso Navarra. Fruto de esta intensa actividad guerrera le lleva a fundar la todavía hoy presente Guardia Suiza. Su anhelo principal es unir a todos los estados italianos para lograr una unificación italiana bajo la fuerza aglutinadora de la religión católica, con Roma como capital y él como Rey. Esta actividad le llevó a grandes campañas fuera del Vaticano, liderando sus tropas y mostrándose al mismo tiempo como un gran estratega militar y un no menos diplomático manipulador, que sin embargo, a su muerte no había conseguido la unificación italiana, pero si restituir muchos de los dominios del Papado que sus antecesores habían perdido o usurpado. En cambio, su actividad eclesiástica y concilial se vio reducida a las órdenes para la evangelización del Nuevo Mundo dispensada a la Corona de Castilla, así como varios privilegios jubilares y de peregrinación, que más allá de la trascendencia simbólica, religiosa y cultural (esta última vista con perspectiva temporal) se debían a favores con los que comprar voluntades que se aliasen con sus intereses militares y personales en la causa italiana.

El tercer aspecto de su política como Papa es en el que se centra la película: Su legado potenciado a través del arte y su labor como mecenas.

Julio II fue un gran patrocinador del arte y el Renacimiento italiano. Sin duda, no se puede obviar un íntimo interés personal en el arte en la figura del papa, sobretodo por lo que sabemos de su etapa como Giuliano della Rovere, pero con su ascenso al trono papal la importancia de legar un patrimonio artístico y arquitectónico que pudiera competir con la pujanza de las ciudades-estado del Norte resultaba fundamental. Julio II envidiaba la belleza y dinamismo cultural de las Milán, Pisa, Bolonia, Parma, y por encima de todas ellas la Florencia de los Borgia.

Para ello Julio II adoptó bajo su protección a diversos artistas entre los que destacaron Rafael Sanzio y el florentino Miguel Ángel Buonarroti, y con ello lo que consiguió fue trasladar de Florencia a Roma lo mejor de la creación pictórica. Y este es el aspecto que recoge la película de Carol Reed a través de la biografía de Miguel Ángel escrita por Irving Stone. Y lo hace, primero sin obviar las otras caras del poliédrico personaje de Julio II y el contexto en el que se vio inmerso. Pero centrándose en Miguel Ángel da a la temática del arte, a su filosofía y trascendencia el peso necesario que hace a la película un ejercicio de arte por el arte, aleccionador y estimulante. En ese sentido, no deben dejarse atrás algunas características de este período histórico y artístico que son tratadas por la película. Fundamentalmente el humanismo como agente dinamizador de la cultura y el arte, y el interés por el estudio y comprensión del propio hombre, con su carácter individual y único y su pensamiento como ejercicio de libertad y porvenir.

Es preciso entender el Renacimiento italiano como el fenómeno cultural cuya emergencia entre el siglo XIV y XV supuso el cierre de la Edad Media (y de los valores que englobaba) y el advenimiento de la Edad Moderna con una nueva forma de pensar y expresarse. En un contexto de profundo cambio en el sistema de valores tradicional y en la propia estructura de poder, en las ciudades-estado italianas se avanzó en un movimiento nuevo, que venía a recuperar la Antigüedad gracias al gran impacto que causó el re descubrimiento de las obras de la Antigua Grecia y Roma. Junto a ello, la influencia decisiva del Humanismo como movimiento filosófico y de gran calado político y cultural, que propugnaba la posición central del hombre como medida de todas las cosas y la razón como valor supremo.

Pero dentro de esta conciencia humanista del Renacimiento y el Arte acabará ganando una consideración mayor. Lo que a principios del siglo XV era una idea de productores de obras como artesanos, no como artistas, se transformará con los nuevos movimientos culturales, filosóficos y estilísticos a obtener una mayor importancia y trascendencia, premiándose como artistas, donde el aspecto intelectual y psicológico de una obra tengan incluso más valor que la simple pericia técnica en su desarrollo. En esta nueva concepción que irá tomándose durante el siglo XVI cobra especial importancia el redescubrimiento de las obras clásicas, de la Antigua Grecia y Roma, que son tomadas como modelos y culmen de la perfección en la imitación de la naturaleza. Esta perfección será apropiada por la religión que verá en el Arte la forma más elevada de imitar la obra de Dios.

El estudio de la anatomía del cuerpo humano se vuelve fundamental y Miguel Ángel se demuestra como un esforzado y meticuloso observador, intrigado por trasladar los volúmenes, formas y gestos de cada músculo, cada torsión, cada hueso y cada nervio al mármol, y en menor medida, al lienzo o al muro preparado para la pintura. Se busca el naturalismo como verdad no sólo del propio cuerpo y naturaleza, sino también, y mucho más importante, de la grandeza de Dios y de la Iglesia que lo consagra. Lo que apenas un siglo antes sería tachado de impúdico, perverso y zafio, en el Renacimiento y bajo el talento de Miguel Ángel se sacraliza y celebra como expresión máxima de un Arte promovido bajo el amparo y el dinero del papado de Julio II. Un siglo después, en el contexto de la Contrareforma y su movimiento artístico propio, el Barroco, volverá a ser considerado inapropiado y de mal gusto.

La película comienza como un documental puro. Las primeras escenas son planos centrados sobre el Arte del Renacimiento italiano, con imágenes de obras arquitectónicas, escultóricas y pictóricas de algunos de los más grandes artistas de la Historia, tanto en Florencia, como en la propia Roma. Son comentadas por una voz en off que narra las características de las obras en tono didáctico, su trascendencia e influencias, por lo que las primeras imágenes en Roma sirven para recoger el legado clásico Romano y griego. Casi 10 minutos de metraje dispuestos como un documental parece que alertan al espectador de que no va a encontrar una película de ficción al uso. El tono es la otra gran característica de la película y es que una vez entrada en materia dramática no deja de lado un marco pedagógico y formativo en el que se complementan tanto los diálogos, como las imágenes donde gana un protagonismo inesperado, pero para mi absoluto, la ambientación de las escenas.

Hoy en día ya estamos acostumbrados a recreaciones digitales que plasman la ambientación de los escenarios en pos producción sobre las actuaciones de los intérpretes filmadas con un fondo en croma verde. Los artesanos son por lo tanto, los diseñadores gráficos y animadores que con ordenador y lápiz magnético adelgazan el peso presupuestario y de las producciones al mismo tiempo que diseñan planos de imaginaciones imposibles coreografiadas por las nuevas tecnologías.

Evidentemente en 1965 no se disponían de estos medios, y siempre quedará la duda de si ante el advenimiento de su uso, las formas de hacer las películas y esta en particular, no hubieran sido distintas. En aquella época, y en realidad de forma generalizada hasta hace unos 15 años, las filmaciones se llevaban a cabo tras laboriosas y cuantiosas horas de trabajo de artesanos carpinteros, pintores, albañiles, iluminadores y constructores que creaban en estudio aquello que se quería recrear para que ejercieran como decorados propios y auténticos a las interpretaciones actorales, por lo que se dice y con acierto, que el camino entre el dramatismo del teatro y del cine era mucho más reducido que hoy en día.

En El Tormento y el Éxtasis no es una excepción y todos los planos interiores, y algunos de los fondos en exteriores fueron recreados por artistas que quizás impulsados por el recuerdo del gran Miguel Ángel, compusieron su arte para poder representar la vida y obra del genio florentino.

La Capilla Sixtina fue recreada a escala 1x1, es decir, tal cual es en la realidad, en los estudios Cinnecittá de la capital italiana. Lo mismo para el resto de interiores, entre los que destacan las estancias palaciegas del Vaticano, el claustro de un palacio nobiliar, el alojamiento y patio de Miguel Ángel, o la taberna que dio cobijo a una de las escenas más potentes de la película.

En cuanto a los exteriores, se recreó la Roma del Cinquecento a base de cartón-piedra y pintura basándose en las fuentes que bien podían ser las obras pictóricas de paisajistas de la época como Venanti o Panianni o de los textos de Bramante, Vasari, Condivi, el De pictura de Alberti o del propio Miguel Ángel. Muy celebrada e inolvidable son las escenas en las canteras de Carrara donde el Buonarroti se refugiaba, y donde tras su primera huida sobre el encargo de la Capilla Sixtina recibe la inspiración para acometer su obra maestra.

Y es que la espectacular y acertada ambientación no sólo se conseguía en base al trabajo artesano de carpinteros y pintores, sino que el papel de los asesores, como historiadores, tanto del período renacentista, de la política de los Estados Pontificios o del Arte resultaba fundamental. Volviendo a la actualidad, vivimos un tanto asqueados ante tanta propuesta fílmica en todos su formatos que desprecia el trabajo de los historiadores y desecha las verdades conseguidas a base de estudio de las fuentes y rigor científico multidisciplinar. Pareciera hoy en día, que es más importante la espectacularidad, los efectos digitales y de sonido o cumplir con la agenda oculta o no sobre revisionismos queer y multiculturales, que contar la Historia (y la historia) como es y fue. Se trata de presentar el cine y la televisión como volubles pastiches que entretengan y apenas formen a los espectadores. Que los idioticen a base de repeticiones y clones donde una teta, un beso lésbico o un personaje de color sean la nota anecdótica con la que quedarse por encima de la historia que nos quieren contar. Cuando es evidente que mostrando la verdad de los hechos es la mejor forma de plasmar las contradicciones e hipocresías del sistema que tanta desigualdad ha acabado desparramando y tanto odio provocando.

Por eso, tan potente y trascendente es El Tormento y el Éxtasis porque a base de ambientación, trama e Historia es con lo que consigue construir un relato que se antoja muy fidedigno a la realidad histórica para darnos a conocer, a todos, la verdad sobre la época, los tiempos, las instituciones, las personas y los personajes tratados. Eso sí, como aviso a futuros historiadores aficionados o no, no sobra decir que no debe tomarse una película de ficción, incluida por muy cercana que esté esta misma a los acontecimientos, porque habrá claro-oscuros, cuando no errores flagrantes que impidan ser tomadas como una fuente fidedigna del hecho histórico que quieren representar.

Volviendo a la película, son de destacar en esta línea las interpretaciones de todos los personajes, pero en especial la de los dos protagonistas que se lanzan a un duelo interpretativo de máximo nivel. Si el siempre limitado Charlton Heston destaca en su papel de Miguel Ángel, empleando los clichés con los que el Presidente Vitalicio de la Asociación Nacional del Rifle, construyó su Judea Ben-Hur o su posterior coronel Taylor de El Planeta de los Simios, lo que hace Rex Harrison dando vida a Julio II es un auténtico ejercicio de veracidad y humanidad para dar vida a un personaje que ha pasado por la Historia con un legado de absolutismo todopoderoso. Los diálogos entre ambos adquieren una trascendencia y vigor muy notables y una complicidad ante la cámara máxima, más si cabe cuando te enteras y lees que la relación personal y profesional entre ambos era nula debido a sus diferencias políticas y de la tendencia al divismo de los dos. Lo cierto y lo bello es que acabas de ver la película y te quedas maravillado ante el despliegue de estos dos actores y con la sensación de conocer como era aquella relación entre mecenas y artista en la Italia del Renacimiento, sin duda el período artístico y el lugar más importante en la Historia del Arte.

Hay que destacar que cómplices de los dos actores y de todo el equipo artístico de la película fueron los asesores históricos que complementaron el trabajo de Irving Stone en la redacción de la obra original, en el guión adaptado de Phillip Dunne y en la escenografía montada por el italiano Dario Simoni.

Como se decía un par de párrafos arriba la película se rodó en Italia y la propia implicación de Irving Stone como productor garantizó que en la pantalla se transmitiera lo que se sabía sobre la vida y obra de Miguel Ángel y el contexto histórico de aquellos turbulentos años con máximo rigor y veracidad.

Fruto de estos compromisos colectivos son escenas en las que se enseña como eran las técnicas y tecnologías con las que se surtía y construía el Arte en la época. Realmente son admirables por la fidelidad histórica muchos aspectos de la película y las licencias que los autores toman son casi nulas a tenor de lo que cuentan algunas de las fuentes consultadas. Y es que entienden que el dinamismo narrativo no tiene porque verse comprometido porque se aplique más o menos verosimilitud a lo que se quiere mostrar al espectador. De este modo, algunas escenas como todas las que muestran el proceso de elaboración de las pinturas de la Capilla Sixtina son un manual en vivo de cómo se ejercía el Arte en la época. No sólo en la más visual como pueda ser la elaboración de los andamios, siguiendo las instrucciones que el propio Miguel Ángel dejó escrito en sus tratados. Es que además se toma su palabra para crear en taller las mezclas de colores y pinturas con elementos naturales originales, por lo que los artistas que iban recreando el trabajo del florentino en la réplica en la ciudad del cine italiana, lo hacían siguiendo los mismos patrones y técnicas que en el auténtico.

Más impresionantes son las escenas en la cantera de Carrara donde Charlton Heston trabaja como un cantero más. Se enseña el trabajo colaborativo y sincronizado de cientos de personas para extraer de la roca las voluminosas placas de mármol, fragmentando la roca viva y valiéndose de la física para separarla y luego poder ser acarreada ladera abajo hasta que entra en la siguiente fase productiva para generar las planchas más pequeñas y transportables, muchas de ellas con sus características relativas a tamaño, color y vetas a petición de los artistas, como le recuerda un trabajador a Miguel Ángel sobre el mármol colosal del que deberá sacar su Moisés.


El Moisés, obra central del conjunto escultórico de la tumba de Julio II en la iglesia de San Pietro in Vincoli, de Roma. Foto tomada por Ángel Luis Domínguez, diciembre 2023.

 

Y es que la película se va a centrar, y a diferencia en la obra biográfica de Irving Stone que lo hace sobre la vida de Miguel Ángel, en el proyecto de los techos de la Capilla Sixtina que Julio II le encargó en 1508. La magnitud de la empresa provocó severas discusiones entre ambos dado que para Miguel Ángel la pintura era un arte menor en comparación con la escultura, y apenas le motivaba la propuesta que le hacía abandonar el para él mucho más estimulante encargo de la tumba del propio papa. Las dificultades técnicas de tener que trabajar a más de 20 metros de altura en un espacio que consideraba “poco más que un establo, indigno para la casa de Dios” que había sido ordenada construir por el Papa Sixto IV treinta años antes, sobre una superficie abovedada y salpicada por hasta 12 pechinas que requerían trabajos singulares en cuanto a la perspectiva y profundidad de la obra, se complementaban con los requisitos temáticos e iconográficos que el propio Julio II le encomendó. A regañadientes Miguel Ángel comienza la obra, pero pronto huye y desaparece de Roma abandonando la magna tarea y refugiándose, como se ha dicho en las canteras de mármol. Julio II entra en cólera y ordena su búsqueda al tiempo que batalla por toda la península Itálica y más allá en sus campañas militares.

En Carrara el intimista Miguel Ángel recibe la inspiración para pintar el techo de la Capilla Sixtina, por lo que vuelve para pedir el perdón del Papa. Un perdón visto desde el punto de vista personal entre mecenas y artista, sin connotaciones religiosas, y emprende la obra, re-haciéndola a su gusto completamente. Así durante 5 años y hasta 1512, con alguna que otra crisis personal, Miguel Ángel ejecuta la obra ante la presión de su promotor, Julio II quien le va preguntado “¿Cuándo acabarás?” y recibiendo por respuesta el célebre “¡Cuándo acabe!”.

Absolutamente trascendental es la escena en la que varios cardenales ojean el trabajo del Buonarroti y se muestran encolerizados por la falta de clasicismo, naturalismo y pudor de las pinturas de Miguel Ángel que ya exhibe toda una fuerza de cuerpos expresivos, abigarrados, de musculaturas exacerbadas y en movimiento que plasman la acción para mostrar los textos del Génesis, La Creación, La Relación de Dios con la Humanidad y La Caída del Hombre. El diálogo entre Miguel Ángel y los cardenales con las miradas impasibles de un Julio II atento y que dejó hablar componen un absoluto testamento artístico y vital de obligado aprendizaje para quien le interese la esencia del proceso creativo y su trascendencia.


Forma parte del retrato psicológico del personaje de Miguel Ángel, en el que el misticismo, la religiosidad, el sentido del arte y un compromiso irrompible con su propia coherencia y sentir del hecho artístico construyen la prosopopeya que lleva a cabo con acierto Charlton Heston. El agotamiento físico, emocional y psíquico del trabajo artístico, con su componente filosófico, se muestra en toda su crudeza. El talante polifacético, auto exigente y entregado del artista aparece reflejado por la multitud de proyectos e ideas que atesora, que le dejan agotado, que abandona y retoma, y que quedaron incompletos. Un amor al arte y a la vida, pero también a la religión y a una fuerte convicción cristiana que traslada a su observación y recreación del cuerpo humano, fruto más perfecto del amor y la generosidad de Dios. Todo ello bajo un carácter impetuoso, arrebatador y torturado de máxima implicación en cada uno de los proyectos que le apasionaron y pasaron por ante sus ojos, incluida su propia vida.

Al final, y no hay espoilers que valgan porque la película transcurre fiel a la historia, Miguel Ángel cumple el encargo y maravilla a Julio II quien no le exonera de sus responsabilidades para que volviese a Florencia, sino que le encarga la decoración de la pared Oeste donde va a ir El Juicio Final, desechando la primera idea de encargárselo a Rafael Sanzio.

Miguel Ángel sobrevivirá a su patrocinador y antes de marchar de Roma podrá completar su relación personal con su mecenas, esculpiendo el maravilloso conjunto de la tumba de Julio II, en cuya parte baja está el colosal Moisés que hoy se exhibe en la iglesia de San Pietro in Vincoli.

En definitiva y como cierre no dejéis de ver esta película y atesorarla como merece: Una obra de arte sobre el Arte, hecha con compromiso de rigor y veracidad, con intención pedagógica y en esencia como un tratado sobre el Renacimiento, los Estados Pontificios y sus dos personajes principales, el papa Julio II y el gran artista Michelangelo Buonarroti.




Las imágenes del colosal trabajo de Miguel Ángel son del propio Vaticano como poseedora de los Derechos de Imagen.



BIBLIOGRAFÍA

ARGELICH, María Antonia (2021). El humanismo como fundamento del arte en la época moderna. Barcelona: Fundació Universitat Oberta de Catalunya.

ARGELICH, María Antonia (2023). La época moderna y su periodización. Barcelona: Fundació Universitat Oberta de Catalunya.

ARGELICH, María Antonia (2019). El desnudo y la anatomía en el arte de la época moderna. Barcelona: Fundació Universitat Oberta de Catalunya.

BURKE, Peter (2015) “Las artes en la Italia del Renacimiento” (pp.23-34) En: BURKE, Peter. El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en Italia. Madrid: Alianza.

CARMONA, J. (2000). Iconografía clásica: guía básica para estudiantes (pp. 22-35). Ed. Akal.

CRUZ OLIVA, Óscar Rene (2020). Miguel Ángel Buonarroti. Madrid: Idbcom LLC.

GARCÍA MAHÍQUES, Rafael (2008). Iconogarfía e Iconología. Madrid: Ediciones Encuentro, S.A.

GAYFORD, Martín (2013). Miguel Ángel. Una vida épica. Trad. Federico Corriente. Barcelona: ed. Taurus.

GERVAIS DE LAFOND, Delphine (2017). Miguel Ángel. Trad. Laura Bernal Martín. Madrid: Ed. Arpa Arte y Literatura.

HAUSER, Arnold (1965) “1. Concepto de Manierismo”. En: HAUSER, Arnold. El manierismo: la crisis del Renacimiento y los orígenes del Arte Moderno. Madrid: Ed. Guadarrama.

KÖNIG, Eberhard (2007). Los grandes pintores italianos del Renacimiento : el triunfo del dibujo. Bonn: Ed. H.F. Ullmann.

MIGUÉLEZ CAVERO, Alicia; REGA CASTRO, Iván (2019). Iconografía cristiana. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya.

PANOFSKY, Erwin (2006). "Renacimiento: ¿Autodefinición o Autoengaño? (Cap.1)" (pp. 31-35). En: PANOFSKY, Erwin. Renacimiento y renacimientos en el arte occidental. Alianza Editorial.

RIDEAL, Liz (2014). Cómo leer pinturas : una guía sobre sus significados y métodos. [traducción, Jesús Espino Nuño]. Madrid: Ed. Blume.

STOICHITA, Víctor (2018). "Pennello / Scalpello". En: Bolaños, María. La invención del cuerpo: desnudos, anatomía, pasiones. Donostia: Museo Nacional de Escultura. p. 35-55.



WEBGRAFÍA

BABELIO (2024) “La Agonía y el Éxtasis”. Recurso en línea: Babelio español – Descubre libros, críticas, extractos, resúmenes. Consultado el 29/01/24. URL: https://cutt.ly/1wZ6QvN8.

CINTILATIO (2024) “ El tormento y el éxtasis El arte como remedio imposible o catarsis”. Publicado por González Irala, Daniel, 31/10/23. Recurso en línea: Revista Cintilatio – Espacio de ensayo fílmico. Consultado el 29/01/24. URL: https://cutt.ly/TwZ6nBiW.

IMDB (2024) “El tormento y el éxtasis”. Recurso en línea: Internet Movie Data Base. Consultado el 29/01/24. URL: https://cutt.ly/SwZ6ncTb.

martes, 3 de marzo de 2020

This Is Art: Pasión por el arte y la cultura



Ramon Gener es un cantante de ópera de tipo de voz barítono y a la vez es humanista, escritor y divulgador cultural. Natural de Barcelona en 2011 comenzó un camino para acercar y dar a conocer su arte, la ópera y la música clásica, al total de la población. Lo hizo a través de la Televisión pública catalana (TV3) con el programa en catalán Òpera en texans que se convirtió en un éxito por su forma de presentar la música culta al público generalista dentro de un medio como la televisión, tantas veces abrigo de lo zafio, cutre y miserable de la especie humana.
Pronto se hizo necesaria una versión en castellano para la2 que abrió su parrila a This is Opera. Allí, al igual que en su hermano catalán, Gener fue descubriendo a los televidentes la grandeza de la ópera. Sus temas, historia, fuentes y referencias, haciéndolo a través de la presentación de las más grandes Óperas de la historia de la humanidad. Así ligando obra con autor, contextos social, histórico y cultural a muchos neófitos en la materia nos hizo picar el gusanillo para acercarnos a los compositores y a un mundo ajeno a los estratos medios y bajos de la población, planteados desde el nivel económico y educativo.
No tardó mucho en aparecer un nuevo proyecto televisivo y divulgativo en este caso sobre el Arte y así nos llega This Is Art, cuya primera aparición vino de ese hito de la televisión moderna que es Movistar + aunque sea, lamentablemente, dentro de la televisión de pago.
Ahora ya está pudiendo verse a través de la2 y This Is Art es un evento dentro de la programación de máxima calidad. Imprescindible de ver y paladear. De compartir en las redes y en el boca a boca con familiares, amigos y conocidos.
Ramón Gener pone toda la pasión al uso de un guión que trata de acercar nuestro acervo cultural, como expresión artística de raíces greco-latinas, presentando obras, artistas, periodos y conceptos (tanto técnicos, como temáticos) usando un leiv motiv, una idea y su expresión a través de la historia del arte.
Es esa pasión en la transmisión del mensaje, en la trascendencia de lo explicado y detallado en pantalla el principal valor añadido del programa, más allá de la necesaria formación en arte que se ofrece a la audiencia con cada toma, con cada minuto de emisión. Pasión, que no es propiedad exclusiva de Gener, sino que es el denominador común del equipo que crea This Is Art. Tanto en los guiones como en la factura técnica del programa se aprecia ante todo una ilusión por hacer algo trascendente y que enganche, que sea comprensible sin caer en lo trillado, y divulgador sin tropezar con lo elitista.
La fotografía es otro gran protagonista, no podía ser de otra manera al tratar de acercar pinturas, esculturas, obras arquitectónicas y paisajes a través de la pequeña pantalla, destacando matices y colocando la obra y el mensaje, y por supuesto el autor, como centro de la divulgación cultural.
Los recorridos por museos e iglesias, calles y parques, plazas y zonas monumentales; espacios naturales y urbanos muestran en primer lugar la inmensa suerte de Ramon Gener y su equipo que han viajado hasta convertirse en clientes vip de las aerolíneas y ponernos los dientes largos por la tremenda suerte de disfrutar en tales localizaciones, la mayoría de las veces, solos, con obras y conjuntos arquitectónicos y paisajísticos, para su disfrute íntimo, sin interferencias. De esa intención se denota la creencia en el producto por parte de sus creadores. Pero también demuestra la importante labor de guión para divulgar, contando una historia -en la que Gener es el protagonista- acercándonos casi hasta poderlo tocar en nuestro salón, el Moisés de Miguel Ángel o la Capilla Sixtina en Roma.
De esta manera además del presentador, el tema, su equipo de guionistas y realización técnica, el artista y su obra, cobran especial importancia las localizaciones, minimizando las de estudio y llevando la ejecución del programa al mismo entorno en el que se enmarca el cuadro o la escultura que se explican y dan a conocer.
El viaje que hacemos desde nuestro sofá a los rincones de la cultura occidental, desde lo clásico hasta lo contemporáneo es otra de las grandes virtudes del formato que mantienen una vez más la trascendencia y vitalidad en la propuesta, gracias en buena parte a la disposición optimista y pedagógica de un presentador, Ramón Gener, se transforma a la par en guía turístico y profesor de arte (y de su historia), pero siempre armado con pasión y convencimiento en lo que hace. Acercándonos el arte, al público mayorista, del que todavía sigue siendo el más mayoritario de los medios de comunicación de la historia de la humanidad: la Televisión.
Es de agradecer un espacio así y que la televisión pública -aunque primeramente haya sido puesto en marcha por un canal de pago, eso si, distinto al resto de canales privados del país-, se encargue de su difusión y retransmisión. La2 es el canal cultural y de divulgación de la corporación RTVE y por encima de audiencias tiene la misión de presentar conocimiento y cultura como parte de su función social. Dentro de esta línea no está de más recordar que Ramon Gener y la productora Brutal Media, fueron los encargados por RTVE de crear una serie documental sobre el 200 Aniversario de la creación del Museo del Prado. El resultado, no puede tildarse de otra forma que no sea impecable, ya que nos da más y más ganas de visitar y re-visitar nuestra pinacoteca por excelencia.
This Is Art está ahora en la2, los domingos por la tarde (también en la web y en la aplicación de SmartTv), y aunque pueda parecer que tienes mejores cosas que hacer, no lo dudes a la hora de prestar atención a un programa que acerca el arte y la pasión por su comprensión y transmisión a todos nosotros. Un hito imprescindible en nuestro día a día.



Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...