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martes, 13 de enero de 2026

El problema de la vivienda en España. Una aproximación histórica al fenómeno de la especulación inmobilaria

 

Decíamos ayer El problema de la vivienda en España


La entrada de España en el euro, la drástica reducción de los tipos de interés, una regulación fiscal favorable a la adquisición de la vivienda, la generalización del acceso a un crédito barato, una legislación urbanística más permisiva y la deriva empresarial adoptada por las corporaciones locales en sus políticas urbanas, conformaron una suerte de tormenta perfecta, de la que resultó el periodo de efervescencia inmobiliaria más intenso y duradero de la historia de España.(Górgolas 2019: 136).

La cita anterior de Pedro Górgolas ilustra la secuencia de causas de la burbuja inmobiliaria que asola España desde finales del siglo XX, y que hoy ya en 2023, lejos de haber sido revertida, vuelve a inflarse en el contexto de las políticas expansivas de gasto tras el estancamiento provocado por la pandemia de COVID-19 en 2020 (La Moncloa 2023). Pero no sólo de medidas económicas y sociales se alimenta la burbuja actual, sino que un factor primordial ha sido la nula crítica y depuración de responsabilidades sobre los ejecutores y sobre el propio modelo económico español adoptado con el cambio de siglo (Dioni 2021: 25).

Pero es necesario volver la vista atrás, a la especulación inmobiliaria que creció a partir de 1996 y estalló en forma de crisis en 2008. La depresión causada (económica y social), el deterioro del territorio y el medio ambiente, la extrema precarización social, el colosal desgaste político y democrático y la retracción económica sin precedentes (Górgolas 2019: 84), implican el análisis de las causas y de los distintos ciclos económicos que se fueron sucediendo y en como las políticas, medidas y actitudes ocasionaron el perjuicio causado.

Siguiendo las tesis de Kindleberger (Kindleberger, Aliber 2012: 186) se puede analizar la burbuja inmobiliaria que azota la economía española. Se identifican las fases que se viven en un ciclo alcista, hasta la crisis financiera al explotar la burbuja de precios de los activos en un proceso íntimamente relacionado con las depreciaciones de moneda. A las consecuentes quiebras bancarias le sucede la desaceleración, el estancamiento del PIB y los aumentos en el desempleo. De este modo, Kindleberger amplía el trabajo de Schumpeter de principios del siglo XX sobre los ciclos económicos para poder explicar las crisis de alcance mundial como la Gran Depresión de 1929 o la Gran Recesión de 2007.

La primera causa que explica la creación de burbujas de especulación inmobiliaria está en la avaricia de los especuladores que buscan beneficios en los continuos aumentos de precios de un bien concreto, en este caso, la vivienda (Maluquer de Motes 2014: 26). Tal especulación provoca a su vez una burbuja de crédito, puesto que siempre habrá dinero que pueda re-invertirse y nuevos inversores que quieren participar de la extracción de beneficios. Sin duda, para favorecer esta burbuja es también necesaria una ausencia de regulación alentada por las políticas neoliberales que se desarrollaron en los años 80 (Kindleberger, Aliber 2012: 159). Este proceso se dio en España en el período entre 1996 y 2007, pero fue común a otros muchos países en aquel período (Estados Unidos, Gran Bretaña, Irlanda, Islandia, Sudáfrica, etc.) y también en otros momentos (países nórdicos a principios de los 80, Alemania y Francia en los 90, etc.).

Esta fase es identificada como fase de manía o euforia: el crecimiento sólido y las buenas expectativas de futuro, se transforman en un aumento acelerado de los precios de los inmuebles como valor físico de referencia y de seguridad. Aquí aparece la burbuja, como aumento de los precios de un bien que no se pueden explicar bajo los parámetros clásicos de las leyes de mercado (Toussaint 2009: 116). La rentabilidad se busca en previsión de futura y rápida venta a un precio más alto. Es lo que corresponde a la parte de ascenso vertiginoso de la gráfica de ciclos económicos de Schumpeter. Pero esta fase no está separada del resto de la gráfica, ya que cada burbuja precede a una crisis, que pondrá los cimientos de la siguiente burbuja. Y tampoco es ajena a los ciclos más largos en el tiempo o de otros países y sectores, ya que al estar inmersos en una economía global e interrelacionada, las expectativas o los cambios afectan las dinámicas propias de una economía particular (Kindleberger, Aliber 2012: 160).

La euforia cambia por depresión cuando los precios reales de mercado de los bienes inmuebles caen por debajo del precio del dinero empleado en las futuras compras. La falta de liquidez y la inmediatez en la asunción de los pagos, obliga a los inversores a vender a la baja lo que provoca el pánico en los mercados (Kindleberger, Aliber 2012: 193).

La necesidad de vender hace que los precios de los productos bajen, y como una profecía auto-cumplida, el precio de los bienes ya no satisfacen las necesidades de liquidez. Los propios bancos tienen problemas para recuperar el capital invertido o prestado y cierran el grifo del crédito en la economía real, con lo cual la actividad económica se frena, baja el consumo, llegan las quiebras y aumenta el desempleo. Se forma así una bola de nieve que va aumentando según se suceden y repiten los acontecimientos (Stiglitz 2010: 32).

La particularidad de la crisis de 2008 fue que aunó en un mismo evento el estallido de dos fenómenos de especulación, uno inmobiliario, pero también otro financiero. Al estallar la burbuja de precios de bienes inmuebles, los productos financieros asociados a ellos, como hipotecas y otros más complejos de carácter especulativo, también implosionaron. Esto llevo a la pérdida de confianza entre los actores del mercado financiero que irremediablemente se tradujo en falta de crédito y liquidez para la economía real (Kindleberger, Aliber 2012: 213).

La especulación inmobiliaria tiene en la ideología neoliberal y en la desregulación de los mercados, un campo abonado para su proliferación y crecimiento. Particularmente en el caso de España, donde se suman una serie de factores que añaden nuevas implicaciones al desaguisado económico. El principal de ellos es la apuesta por una economía especulativa asociada a la construcción (Jiménez Romera, Fernández Ramírez 2014).

La primera consecuencia de la especulación inmobiliaria es que acaba creando fenómenos que no se explican bajo las leyes de oferta y demanda. Los aumentos en el parque de viviendas construidas no satisfacen la alta demanda, puesto que los precios de venta o alquiler, están fuera del alcance de las personas que desean acceder a la vivienda en propiedad o bajo renta. Se da así, la paradoja de “casas sin gente; y gente sin casa(Jiménez Romera, Fernández Ramírez 2014).

Esta falla del mercado ha provocado un sobre-endeudamiento de las familias que tienen que dedicar mucho esfuerzo para pagar una vivienda. Los jóvenes tienen muy difícil independizarse y esto redunda en efectos demográficos perniciosos, como la baja natalidad y el envejecimiento de la población. Todo ello supone la laminación del derecho a la vivienda digna (Dioni 2021: 79). Pero también las empresas ven subir sus deudas para hacer frente a los pagos inmobiliarios, lo que les resta competitividad ya de por sí devaluada, por la dependencia de energía, materias primas y tecnologías de España ante otros países (Maluquer de Motes 2014: 39) (Jiménez Romera, Fernández Ramírez 2014).

Este efecto se ve agravado por otra consecuencia de la especulación inmobiliaria: la caída en la confianza en la economía nacional que se tradujo en el aumento del precio del dinero para las empresas y el estado español. Esto al final hizo inevitable el rescate por parte de las autoridades europeas, con la pérdida efectiva de soberanía y la imposición de ciertos modelos sociales-económicos que han generado malestar y contestación social. El austercidio, los recortes, el adelgazamiento del ya escuálido sector público, y en especial, el desmontaje de la educación y sanidad públicas.

Otra consecuencia del modelo económico basado en la especulación inmobiliaria ha sido la imposición de un modelo de urbanismo concreto y neoliberal, que si bien ha sido aceptado por la inmensa mayoría de la población, está provocando severos choques con la tradición cultural y las formas de vida autóctonas. Fenómenos como la turistificación o la gentrificación están generando conflictos al usurpar la función social de la vivienda en pro del beneficio capitalista (Dioni 2021: 165). Al mismo tiempo, ha generado notables impactos medio ambientales sobre el territorio, al ponerlo en su totalidad a disposición de la construcción y la especulación (Aldomà Buixadé, Pélachs Mañosa, Solé Figueras 2021: 46). La factura de todos estos impactos, al igual que la económica, parece que se han dejado para las generaciones futuras (Jiménez Romera, Fernández Ramírez 2014).

La última consecuencia notable del estallido de la burbuja especulativa inmobiliaria es el descubrimiento de los fraudes, estafas, corrupciones, ineficacias e ineptitudes que se produjeron durante el punto álgido de la manía, pero también antes, cuando se cimentaron las políticas y regulaciones (des-regulaciones la mayoría de las veces) que la permitieron (Kindleberger, Aliber 2012: 236). En el caso español, ha traído además la consecuencia del pinchazo de una burbuja bancaria propia (Bosch 2021: 17). El derroche en infraestructuras y la corrupción política de todas las instituciones (Maluquer de Motes 2014: 55), en especial, las autonómicas (Castaño 2011: 36), como se explica en el informe Auken.

Y por último, pero no menos trascendente, una creciente desafección de los ciudadanos ante la política y la democracia, a la que ven como ineficaz y fuente de corrupciones e indignidad.

Por todo ello es preciso no olvidar las causas, transcurso y consecuencias de la última crisis provocada por la especulación inmobiliaria. En el caso de España, el daño causado tanto a la economía, como a la política, al medio ambiente y a las propias condiciones de vida y dignidad de la ciudadanía, implican poner mecanismos que impidan una nueva burbuja especulativa con un bien básico como la vivienda (Górgolas 2019: 110). En realidad, cualquier bien básico debería estar muy regulado para evitar la especulación y la restricción de facto a su acceso o consumo (Toussaint 2009: 119).

En definitiva, es básico evitar la “miopía del desastre” apuntada por Galbraith en 1991. Pero es vital, a su vez, poner negro sobre blanco las responsabilidades, incluidas las penales, y el coste -económico, social, político, ideológico, moral y cultural- de las prácticas, teorías y actos de políticos, economistas, banqueros, constructores y de toda la sociedad en su conjunto. La gravedad de la crisis obliga a ello (Górgolas 2019: 14).



BIBLIOGRAFÍA

ALDOMÀ BUIXADÉ, Ignasi; PÉLACHS MAÑOSA, Albert; SOLÉ FIGUERAS, Aimada. Nuevas ruralidades. Barcelona: UOC. 2021.

BOSCH, Joaquim (2021). La patria en la cartera. Barcelona: Ed. Ariel.

CASTAÑO, Federico (2011). El despilfarro: la sangría de la España autonómica. Madrid: Espasa Forum.

DIONI, Jorge (2021). La España de las piscinas. Madrid: Ed. Arpa. 2021.

GÓRGOLAS, Pedro (2019). La burbuja inmobiliaria de la “década prodigiosa” en España (1997-2007): políticas neoliberales, consecuencias territoriales e inmunodeficiencia social. Reflexiones para evitar su reproducción. EURE.

KINDLEBERGER, Ch.; ALIBER, R. Z. (2012). “La crisis financiera perennemente presente”. En: Historia de las crisis financieras. Barcelona: Ed. Arial. pp.: 164-234.

JIMÉNEZ ROMERA, Carlos; FERNÁNDEZ RAMÍREZ, Cristina (2014). Casas sin gente, gente sin casas: el fracaso del modelo inmobiliario español. INVI, 82.

MALUQUER DE MOTES, Jordi (2014). La economía española en perspectiva histórica. Barcelona : Pasado & Presente, cop..

STIGLITZ, Joseph (2010). Caída Libre. Trad. Miguel Alcántara. Madrid: Ed. Tauris.

TOUSSAINT, Eric (2009). Las crisis global. Madrid: Ed. El viejo topo.



WEBGRAFÍA

LA MONCLOA (2023) – Gobierno de España. Medidas económicas y sociales en la crisis de la COVID-19. Consultado el 07/01/25. URL: https://cutt.ly/C2jDMQ7.

jueves, 6 de noviembre de 2025

La provincia Nº 53


Esta entrada podía haberse titulado “50 años de la Marcha Verde”. O “El día que dejamos abandonados a unos cuantos españoles”. De hecho, este segundo título era el que tenía apuntado para entrar un día en materia sobre la descolonización de los territorios españoles en África.

Desde 1884 el Sáhara español estaba considerado una provincia más del estado por lo que había sobrepasado el estatus previo de colonia. En ese año y de una forma asombrosa, España había incorporado el territorio Occidental del Sáhara a la corona. Y lo había hecho sin derramar ni una sola gota de sangre y por el módico precio de 7.500 pesetas. Pero más aún de este hecho insólito aparece otro aspecto donde radica la modernidad política que, paradójicamente, siempre tuvo el imperialismo y colonialismo español. Mientras en pleno siglo XIX otras potencias ni consideraban como seres humanos a los indígenas de los territorios que conquistaban, España envuelta en los ecos de la lucha entre la modernidad de la Revolución La Gloriosa de 1868, el limitado experimento republicano y liberal y la posterior Restauración Borbónica otorgaba al territorio adquirido la misma consideración que a las otras provincias de la Corona. La peculiaridad viene en que legalmente estos territorios, y lo más importante, sus habitantes estaban incorporados al “Reino de España”, por lo tanto, estos eran ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los nacidos en la península. Ni siquiera la infame Conferencia de Berlín (1885) donde las potencias europeas se repartieron África como si fuera una tarta, tocó el estatus que habían recién adquirido el Sáhara, y si que había marcado la naturaleza geográfica de la provincia a través de acuerdos con el Imperio colonial francés.

En este sentido radica la principal diferencia, y que ha marcado de manera constante y determinada la realidad del pueblo saharauí, con el resto de imperios coloniales europeos. Mientras en el caso español había que integrar (en teoría) a una población con derechos de ciudadanía iguales a los de la metrópoli, en el caso de los imperios británico o francés las poblaciones autóctonas, sobretodo si eran indígenas, es decir, racializadas, componían una suerte de ciudadanos de segunda o de tercera, sin apenas derechos, sometidos a los deseos de quienes explotaban la colonia y cuyas condiciones no generaron ni el más mínimo sentido de responsabilidad en Londres o en París. Luego llegaron las descolonizaciones violentas en Zimbabwe, Sudáfrica, el Congo, Rwanda, Uganda, Argelia, Somalia, Sudán, etc., y los problemas que hoy continúan y se agravan.

Pero por desgracia este estatus significativo no ha supuesto un futuro y una mayor autonomía para el pueblo saharauí que ha sido moneda de cambio entre potencias y países, y peor aún entre "líderes" y reyes de la peor calaña humana. Un pueblo apátrida, que malvive expulsado de su territorio desde hace 50 años y que con su lucha ha compuesto, junto a Palestina, uno de los grandes emblemas e inspiraciones de identidad, dignidad y resistencia.

Justo a punto de cumplir esos 50 años desde la expulsión violenta del pueblo saharuí de su país, con la ocupación de la Marcha Verde ("Negra" para los saharuís), la salida indecorosa de la ocupación española la resolución 2792 de 2025 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado día 31 de octubre ha validado el plan de Marruecos con respecto al Sáhara, dejando de lado la opinión del pueblo saharuí, y su aspiración a constituirse como un Estado propio e independiente.

De facto la ONU, es decir las potencias Occidentales y eminentemente bajo el interés de la actual administración de Estados Unidos han dado su visto bueno a la anexión del territorio del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Si bien la resolución contempla una solución "mutuamente aceptable", es decir, tanto por Marruecos como por el Frente Polisario, la realidad es que la autonomía marroquí se instala como solución preferida, convirtiéndose de facto en el camino de ruta para desbloquear la situación. De este modo se satisfacen las altas expectativas de Marruecos para favorecer su ocupación del territorio. También quedan contentos los agentes internacionales en su disputa geoestratégica. España parece respirar alividada quitándose un problema de encima que podría traer futuras crisis migratorias y de asimilación de población (por cierto, población española, no lo olvidemos). Francia fue parte activa en la aprobación de la resolución que seguro tendrá contrapartidas en otros escenarios para que China y Rusia no hicieran valer el veto, y simplemente se abstuvieran.


La fecha se ha celebrado como en las grandes celebraciones futbolísticas. La euforia se desata en Marruecos tras el apoyo de Naciones Unidas al plan de autonomía bajo soberanía marroquí para el Sáhara Occidental.

Un día negro para el Frente Polisario, también para su aliado Argelia y su lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui: "Entre ser marroquíes o resistir, resistiremos".

Y esto ocurre justo cuando se cumplen 50 años de la Marcha Verde, que lo inició todo.

La retirada de España de su colonia. El comienzo de una guerra por el Sáhara Occidental. Para Marruecos son sus provincias del sur. Para el Frente Polisario, la patria ocupada. Para Naciones Unidas es aún un territorio no autónomo, la última colonia de África.

El Aaiún significa "las fuentes" en árabe. Esta ciudad que hoy tiene 200.000 habitantes fue la capital del Sáhara español, la provincia 53, fundada por militares como enclave estratégico.

La colonia española estaba en la parte occidental del Sáhara, en el noroeste de África. Situada a orillas del atlántico, frente a las islas Canarias. Villa Cisneros y Esmara también formaban parte de ella. Todavía quedan huellas de los casi 100 años de presencia española aquí.

El Colegio La Paz, que pertenece al Estado español, lleva más de 60 años en el Aaiún. Nunca ha cerrado sus puertas. Hoy está en pleno auge.

"Aquí hay inquietud por recuperar el español, interés por el español. La gente mayor quiere que le hables en español"

"Ha llegado a estar abierto con un alumno y un profesor. Y poco a poco hemos ido creciendo. Actualmente, hay 22 profesores, 328 alumnos y una lista de espera increíble".

A la iglesia de San Francisco de Asís la llaman la "catedral española". Construida en 1954 es uno de los edificios mejor conservados. El que fuera el casino de oficiales es ahora la oficina de los bienes del Estado español. Aquí se gestionan, por ejemplo, las pensiones de los soldados españoles saharauis.

Como Hamudi. Con 80 años es uno de los pocos veteranos que quedan. Estuvo en la tercera compañía de la agrupación tropas nómadas. "Fuimos de patrulla con coches, en camellos…" Tenía 18 años. Fue también chófer de altos mandos. Pero todo cambió en el 75.


De la noche a la mañana, los militares le informaron de que volvían a España, que todo iba a cambiar. Le ofrecieron irse con ellos "Yo he dicho me quedo aquí. Tengo padre, madre. Son muy mayores. Tengo hijos, varios hijos aquí". Con 30 años colgó el uniforme para dedicarse a trabajar la plata. Desde entonces cobra 400 euros de pensión del estado español.

El rey de Marruecos, Hassan II, habló en TVE de la Marcha Verde, la movilización de miles de civiles desarmados para entrar en el Sáhara español y reclamar el territorio después de que el Tribunal de La Haya no se lo concediera.

Fue el 6 de noviembre de 1975. En España, la dictadura agonizaba. A Franco solo le quedaban 2 semanas de vida.

Marruecos contaba con el apoyo, entre otros, de Estados Unidos. Kissinger, en plena guerra fría, veía en el Frente Polisario y su aliado Argelia satélites de La Unión Soviética.

"El Rey pidió 350 000 voluntarios. El 10% tenían que ser mujeres. Hubo un millón de inscritos. Hicimos una selección". Tamim fue uno de los organizadores de la Marcha Verde.

"No se podía ir en un único frente. Abrimos otros dos. Así, si España tuviera malas intenciones y quisiera atacarnos, tendría que dividirse".

Había soldados marroquíes en la Marcha. El puesto está ocupado por fuerzas del ejército marroquí. El ejército español retrocedió. Dejó una franja libre de unos 10 km desde el puesto fronterizo de Tah. Un campo de minas señalizado marcaba hasta donde podían adentrase en el Sáhara español.

La marcha verde había cumplido su misión. El 9 de noviembre de hace ahora medio siglo, Hassan II daba por logrado el objetivo. La Marcha Verde se retiró.

El día 14 España firmó el acuerdo tripartito de Madrid por el que cedía la administración de su colonia a Marruecos y también a Mauritania que después se retiró. España arrió la bandera en febrero del 76.


El 50 aniversario de la Marcha de la Verde ha sido justo una semana después del apoyo, por primera vez, del Consejo de Seguridad de la ONU al plan de autonomía bajo soberanía marroquí.

Este año no ha ha habido discurso del rey y Mohamed VI no ha visitado El Aaiún, como en otras ocasiones, al cumplirse una nueva década. El 31 de octubre será, desde ahora, fiesta nacional en Marruecos.

En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, han sido días de reivindicaciones y protestas contra la resolución de Estados Unidos.

El movimiento independentista saharaui nació en 1973 la autodeterminación. Tras la Marcha Verde y el inicio de la guerra, autoproclamó la República Árabe Saharaui Democrática en el 76. Hoy dicen que este plan no les representa. La voz mayoritaria del pueblo saharaui, la voz de resistencia y rechazo a la ocupación.

"Éramos pocos. No teníamos Ejército, no teníamos aliados, no teníamos embajadas y hemos demostrado que podemos resistir más"

El alto el fuego llegó en el 91. El Polisario lo dio por roto en 2020. Sembrado de minas… un muro de arena de 2.700 km, construido por Marruecos en los años 80, separa el territorio controlado por Rabat, el 80%, del 20% bajo control del Polisario. La zona del muro se considera uno de los campos de minas más grandes del mundo.

Ahmed de 78 años perdió las dos manos en el 84. "Estaba quitando una mina. No sabía que estaba conectada a otra y me explotó en las manos. Fue durante una operación militar. Las ponían bajo los árboles". Ahmed lleva toda su vida en los campamentos de Tinduf.

El último censo, de 2015, cifra en 173.000 los saharauis que viven en ellos. Para varias generaciones, son su único hogar conocido.

En el Aaiún, la presencia militar y policial marroquí es permanente, se hace notar. Esta es la casa de la activista saharaui, Aminatur Haidar. Asegura que aquí los saharauis son apenas el 25% de la población. "No es una Marcha Verde, para mí una marcha de sangre. 50 años de sufrimiento, de vulneración del derecho internacional”.

Marruecos sigue torturando, la opresión sigue igual. En la Comisión Regional de Derechos Humanos del Consejo Nacional de Marruecos nos dicen que están cambiando las denuncias. Antes estaban relacionadas con las libertades públicas, con el derecho a manifestarse. Ahora, la mayoría de las denuncias Tienen que ver con derechos económicos: falta de trabajo, de acceso a la sanidad.


Bashir Edkhil es saharaui y apuesta por el plan de autonomía y la soberanía de Marruecos. Fue uno de los fundadores del Frente Polisario. Hoy está muy lejos de sus posiciones. "Fue un conflicto de la guerra fría. Ha cambiado el mundo. La fórmula es la está intentando encontrar la ONU a través de una solución pragmática".

Lograr el reconocimiento internacional de su soberanía sobre el Sáhara Occidental es el pilar de la política exterior de Marruecos. En su mapa oficial ya es parte del territorio marroquí.

Trump marcó el punto de inflexión en 2020, al reconocer la soberanía y auspiciar los acuerdos de Abraham entre Israel y Marruecos.

En 2022 España dio un giro a su posición histórica al apoyar el plan de autonomía, tras décadas en las que como ex-potencia colonial mantuvo una postura ambivalente, siempre bajo el paraguas de Naciones Unidas.

España considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007 como la base más seria, realista y creíble para resolver este problema. Francia reconoció la soberanía hace un año. Reino Unido el plan de autonomía unos meses atrás.

"La acumulación de estos reconocimientos ha contribuido a crear una dinámica, un moméntum en el Consejo de Seguridad y en el conjunto de la comunidad internacional".

El Consejo de Seguridad ha renovado un año la MINURSO, creada en el 91 para supervisar el alto el fuego y para llevar a cabo un referéndum saharaui, misión que nunca se ha cumplido.

En 2020 la escalada bélica de la guerra intermitente entre Marruecos y el Frente Polisario, un conflicto desigual donde el hambre, la sed y el bloqueo de la ayuda, son armas de guerra empleadas por el régimen del sátrapa Mohammed VI, vivía un nuevo repunte, mientras Occidente estaba distraído mirándose las mascarillas. La crisis humanitaria resultante se soterraba entre la inmediatez de la pandemía, el racismo y la vergüenza histórica de una nación que miró para otro lado con respecto a sus propios compatriotas y el cortoplacismo del no molestar del gobierno "más progresista de la Historia", que hacía lo de siempre: traicionar a sus bases, a sus ideas y a sus propias palabras.

La propuesta en ese momento, avalada por la resolución de hace unos días, ha sido obtener un estatus definitivo sobre el Sáhara otorgándole una autonomía desde arriba y bajo control marroquí. Indudablemente el gran beneficiado será Rabat porque podrá apoderarse de los recursos económicos del territorio saharuí y se convierte en un actor con un peso aún mayor en el continente y en las relaciones entre África, Europa y las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia). Todo esto, por cierto, añade más incertidumbre y da aire a las reclamaciones de soberanía de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, que no olvidemos están amparadas por la administración Trump, en contra de los intereses de España.

Y mientras sobrevive la dignidad de la resistencia saharuí enarbolada en el Frente Polisario, reclamando la activación social del pueblo español, "de los pueblos españoles" para protestar y llevar a España a una posición que respete la legalidad internacional y los derechos humanos del pueblo saharuí. Posición está que también es reclamada por otros agentes en el conflicto como pueda ser Argelia o la Unión Africana.

 

Por ejemplo, destaca Villa Cisneros, ahora Dajla, es el gran motor económico del plan de autonomía marroquí. Aquí el viento sopla 300 días al año. Hay más de 3000 horas de sol. Es un paraíso para el kitesurf, el windsurf. Bajo sus aguas hay un enorme, rico y disputado caladero de pesca. Hoy sus 740 km de costa están en plena transformación. Inversiones millonarias en Dajla que quiere convertirse en la puerta de entrada y salida entre África y el Europa y ser el puerto de los países del Sahel. En cuatro años quieren que esté acabado el mega puerto atlántico que podrá gestionar 35 millones de toneladas de mercancías. También se está construyendo una desalinizadora.

"Tenemos inversiones españolas, sobre todo en el sector pesquero. Incluso hay demanda de inversiones de empresas estadounidenses, chinas e indias".



Tierra adentro, las arenas de desierto esconden uno de los mayores yacimientos de fosfatos del mundo, la mina de Bucra, que sigue funcionando desde los tiempos de la colonia española.

El pueblo saharaui denuncia el expolio de sus recursos en uno de los lugares menos poblados del mundo.

Se pone el sol en El Aaiún, mientras un nuevo horizonte se abre en un conflicto encallado desde hace medio siglo.



La resistencia del pueblo saharauí, encarnada de manera predominante en las mujeres, como Aminetu, contra la política de hechos consumados, planificados y ejecutados desde las altas esferas. Un pueblo olvidado y utilizado como moneda de cambio, incluso a veces por quienes se auto-proclaman "sus defensores en España". Un pueblo con personas incluso con DNIs españoles, compatriotas alejados de su país, expulsados del territorio. Acampados sinedie en medio del desierto, huyendo, escondiéndose. Del ejército marroquí que los tortura y asesina, sin que ni siquiera un tibio gobierno socio-liberal levante la más mínima voz contra esa salvajada. Que los denigra y niega los derechos humanos, incluido su derecho de autodeterminación.

 

No podemos, no debemos, olvidarlos y dejarlos atrás. Por un Sáhara libre.

 

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