El pasado día 25 de enero el humorista Héctor de Miguel, más conocido como Quequé, anunciaba un parón indefinido en su participación en el programa de radio de la Cadena Ser, Hora Ventípico. El espacio de humor, crítica y política que el cómico salmantino llevaba casi 5 años encabezando y que se había caracterizado por la irreverencia, la sátira y la comedia que se ejercitaban sobre los contenidos diarios, las noticias cotidianas, la rutina y la ultimísima hora de la siempre caótica, avergonzante y cutre alta política española. Estas risas frescas e ingeniosas no chocaban con momentos de mayor rigor y seriedad como en el caso de las entrevistas monográficas con diversos personajes (políticos, periodistas, etc.) donde don Héctor se vestía de periodista profesional, riguroso y serio para poner en práctica un periodismo académico que era el mayor ejemplo que teníamos en los medios de comunicación españoles hoy en día. El traje le quedaba que ni pintado y cualquiera de estas entrevistas es esclarecedora y brillante, pero me quedo, ante que por la desgraciada y tremenda actualidad, con la realizada al Ministro de Transportes, Óscar Puente, realizada hace un par de meses.
Pero si por algo recordamos, o recordaremos, el podcast es por esos 15 minutos de risas a eso de las 8 y cuarto de la tarde, donde en camisa blanca Héctor de Miguel nos desentrañaba la actualidad política a través del humor y la sorna. Los cortes, o gags, de personajes diversos, a veces anónimos, otras políticos y otras miembros del faranduleo patrio, se insertaban en la realización del video encajando como un guante en el chiste y en la propia dinámica de la noticia. De este modo, presentador, guionistas y equipo de producción conseguían conjugar nuestras risas, al tiempo que nos hacían reflexionar por el estado de las cosas, tremendamente intoxicado por el neo-fascismo.
Y sólo bajo ese contexto de exaltación ultra se puede explicar la cancelación del programa, puesto que las amenazas, ya incluso, a punto de hacerse carne, han ejercido una presión insoportable y nauseabunda sobre estos trabajadores del humor, con la intención de amedrentarlos, callarlos y ponerlos como ejemplo de lo que nos podía pasar a todos por contar, y reírse, de las mentiras y la imbecilidad de esta extrema derecha, ultra montana, cuartelaria y desquiciada.
La gota que colmo el vaso del aguante y la paciencia de Héctor de Miguel fue la avalancha de fascismo desatado tras parodiar un programa de televisión que se dedica con felonía, a lanzar bulos y soflamas ultras. La osadía es denunciar desde el humor como la violencia y la mentira hecha mensaje en televisión, en los periódicos, las radios o las redes. Y sin embargo, el cancelado es el denunciante. Se pervierte lo políticamente correcto en un lado del tablero (a veces con inmisericorde fuego amigo), haciendo de este modo que lo políticamente abusivo, falsario y liberticida es legitimado y protegido. El eliminado es el que denuncia y se rie y se chotea del esquizoide y del conspiranoico que continua al día siguiente lanzando sus bulos, sus mentiras y sus amenazas. Es de locos.
Hora Ventípico es cancelada, como digo a través de las amenazas en las redes sociales y la persecución cada día más evidente y peligrosa en las calles de la realidad y la vida de estos trabajadores. La libertad de expresión de unos, los humoristas, desaparece por la violencia indisimulada de una libertad de expresión ejercida a través del matonismo y de saberse intocables. Tan irritante como la cancelación, es el vociferio del facherío patrío y el silencio atronador de las instituciones, supuestamente democráticas, ejercidas desde hace unos años, “por el gobierno más progresista de la historia”.
Me gusta utilizar esta metáfora, explotada por los propios guionistas del Hora Ventípico, porque ni el ministro del Interior, ni el de cultura o presidencia han salido en defensa de quienes son amedrentados y amenazados por ejercer su profesión, y fundamentalmente, por denunciar con su labor y su humor el neofascismo, el franquismo, el neoliberalismo, la corrupción del bipartidismo, la cutrez de personajes como Ayuso, Trump o Abascal, la situación de la vivienda, la no-gestión criminal de la Dana de Valencia o el deterioro continuado de los servicios públicos, en especial de la Sanidad.
También ha sido muy destacada el trabajo de Héctor de Miguel poniendo la España rural, la Vaciada y la Olvidada en el centro de la información, y hacerlo desde la propia Madrid que lo intoxica todo. Y no se puede obviar la denuncia y la crítica a unas izquierdas, siempre enfrentadas desde arriba, y parece que dedicadas a que no se articule un espacio de unión, un frente popular, que fuera capaz de discutir la hegemonía, ya no sólo en el combate contra esta extrema derecha desatada, sino incluso contra el bipartidismo.
Uno de los cortes más celebrados entre los que comentaba hace un momento esta el del Presidencia Pedro Sánchez, en aquel momento candidato, que en un debate de la sexta, dice algo así como: “¿la Ley Mordaza? Que la vamos a derogar en cuanto estemos en el gobierno.” Y como una profecía auto-cumplida pero para mal se cumpliese me llama poderosísamente la atención que tal aberración democrática sigue vigente casi 8 años después de que el pesoe formará gobierno.
Y mientras, cientos de miles de activistas, de demócratas, de sindicalistas, de militantes de la izquierda en general somos silenciados, nos vemos atemorizados en redes y en las calles por los ultras, por la policía o por los jueces, nos vemos cercionados en nuestras libertades por la Ley Mordaza, los fachas pueden asociarse en las redes y en las calles y lanzar su odio, sus bulos y su violencia contra todo aquel que piensa distinto. Si es que lo suyo se puede llamar pensar.
De entre las muchas traiciones que el psoe lleva ejercitando a la ciudadanía y a la democracia todos estos años, sin duda, está cogiendo un olor a podio el mantener una ley que nació diseñada para cortar de raíz la libertad de pensar, de opinar y de la activación y militancia políticas de todas las personas que se creen demócratas, libertarias y que queremos un país mejor, con servicios públicos, con justicia social, más digno, con futuro, con igualdad real a todos los niveles (económica, entre géneros, entre razas y etnias, etc.) y que denunciamos el deterioro de todo lo que nos hace libres.
Y sin embargo, esta misma ley, no sirve, no vale para mantener un mínimo orden público, tanto en las redes sociales, como en las manifestaciones o en las calles, donde la polaridad se extrema, fundamentalmente hacia el lado de la ultra derecha, puesto que ellos pueden vociferar su odio y su violencia, sin tener miedo a la coerción pública y a la acción sancionadora e investigadora de policías y jueces. Quizás sea que muchos de ellos participan en estos foros y grupos, a veces sin quitarse el uniforme o la toga.
Pero lo cierto, es que nos quedamos sin el humor de Hora Veíntipico, sin el espacio de reunión donde, paradójicamente, muchos nos informamos (no me apetece volver a escribir sobre el neofascismo de los medios de comunicación de masas e informativos de este país). Se ha practicado y conseguido la censura. Nos vemos ya huérfanos de un lugar que era “nuestro” donde poder tomar aire y distancia de la actualidad, y donde poder reflexionar a través del humor sobre las imprescindibles alternativas que necesitamos todas y todos.
Estas líneas son, por lo tanto, una denuncia de que continué la Ley Mordaza amedretando a los demócratas. De que los ultras estén fortalecidos, envalentonados y cobrándose víctimas entre quienes pensamos en libertad y democracia. Y fundamentalmente, escribo para solidarizarme con los trabajadores de Hora Ventípico para darles las gracias, para darles ánimo y apoyo, y decirles que les necesitamos fuertes, seguros e irreductibles. El humor es un arma peligrosa, la que más está visto, y la que más necesitamos.
Deseo y esperamos que volváis a vuestro espacio, vuestro trabajo y vuestra labor. El humor y la risa, la crítica y la sátira son más necesarias que nunca. En la radio, en los vídeos y en los teatros queremos veros y disfrutar con vosotros. Ánimo y a por ellos, Hora Veíntipico.

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