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viernes, 9 de octubre de 2026

Huelga General por la vivienda

 

Imagen de la manifestación del sábado 3 de octubre en Madrid

 

14. Catorce años después de la última convocatoria de Huelga General esta herramienta de expresión del conflicto social ha sido de nuevo activada en el estado español. Se hace no directamente por las condiciones laborales, si bien motivos hay de sobra, sino que nace al calor del clamor indignado y popular por la situación de la vivienda que atenta a las condiciones de vida de la gente. Cuando la clase trabajadora queda sin acceso a la vivienda, a un hogar, en alquiler o en propiedad, tenemos que unirnos todos, las más diversas sensibilidades políticas y sociales, y desde la solidaridad obrera y el sentimiento de pertenencia e identidad colaborar para ejercer la presión necesaria para revertir la situación. Desde las movilizaciones y hasta las últimas consecuencias y hacia una Revolución bien necesaria que termine con un sistema económico capitalista de extracción abusiva de las condiciones de vida y bienestar de la clase trabajadora, y de una reacción fascista que aparecía como irremediable.

Si bien es el terrorismo que provoca el problema de la vivienda como elemento de especulación lo que ha llevado a la convocatoria de Huelga General para el próximo miércoles 11 de noviembre, amparada por los sindicatos mayoritarios quienes seguramente traten de manipularla a su favor, las condiciones laborales hoy en día no son nada halagüeñas, y pese a los avances sigue habiendo muchas cuestiones del mundo del trabajo que tienen que cambiarse.

La reducción de la jornada laboral es la primera de ellas, y no para quedarse en los tímidos 30 minutos diarios que planteó sin éxito hace un par de años la ministra. El recorte de tiempo de permanencia en el trabajo tiene que bajar lo primero de todo porque es ilógico en un contexto de avance de la automatización de los procesos productivos que deja en los trabajadores la penuria económica y la inseguridad laboral y personal, y en los directivos y en los empresarios unas mayores ganancias. Todo mientras lo material se sigue elaborando en el Tercer Mundo. Y de seguido, porque es de justicia social repartir las horas de trabajo entre más personas para no dejar a nadie atrás. Y por supuesto, sin pérdida de sueldo.

Y en segundo lugar, porque es una gran medida a nivel económico para facilitar un mayor consumo en las familias, al disponer de más tiempo y el mismo capital, para poder satisfacer las necesidades de toda índole, desde las básicas hasta las de auto-realización. Además, y pese a los esfuerzos hechos, bien se debe seguir avanzando en una equiparación salarial con Europa y que las plusvalías dejen de ser tan excesivas y haya un mayor reparto de la riqueza que generamos entre todos, porque eso hará más sostenible la vida y el territorio.

Otro tema que apuntaba claramente a una convocatoria de la Huelga General por sí solo era el tema de la seguridad en el trabajo. Los accidentes laborales y las enfermedades profesionales, lejos de reducirse se han incrementado desde las reformas canallas del gobierno de Rajoy. Buena parte de los incrementos en los rendimientos empresariales han venido de las condiciones de seguridad en el trabajo y por lo tanto, los beneficios tienen forma de vidas humanas consumidas y apagadas. Cada muerte y trastorno en la vida y la salud de las clases trabajadoras tienen que tratarse como terrorismo empresarial, y las administraciones (en especial inspección, pero también los juzgados), los sindicatos y los medios de comunicación han de tratarlas con rigor y poniendo el acento en la responsabilidad empresarial y en la necesidad vital de que todas y todos sigamos los reglamentos de seguridad.

No puede deteriorarse más el mundo del trabajo, porque nos jugamos la vida, y ésta tampoco puede ser precaria o desenvolverse de manera creciente en un estado de incertidumbre, porque eso afecta a la salud y al bienestar de las personas, y por ende, de toda la sociedad. Tiene que asegurarse el empleo, y otro tema en el que los sindicatos mayoritarios deberían hacer mayor hincapié es en reclamar y al final obligar a que las administraciones de toda condición, jerarquía y signo político recuperen y habiliten todas las plazas públicas que se necesitan.

Por lo tanto, y solo en unos minutos de reflexión salen temas del mundo del trabajo que ya avalaban la convocatoria de Huelga General. Si no se había hecho era porque, en teoría, “tenemos” un gobierno más afín, o más simpático para la causa de la izquierda y para la vida de la clase trabajadora. Si se lanza ahora es por el impulso que el tema de la vivienda ha tomado tras el desahucio de Mari Carmen para activar aún más a los trabajadores y a las izquierdas ante las elecciones generales del 29 de noviembre.

Pero con todo, lo que es evidente y palmario es que al final la Huelga General tiene toda la legitimidad del mundo. Aunque la lance la calle y el sindicato de inquilinas de lo que estamos hablando es de conflicto de las clases trabajadoras, porque la lucha de clases nunca se terminó sino que se redobló; y porque pese a que tuviéramos el triple de sueldo seguiría siendo un absoluto disparate, un atraco y una estafa el precio de la vivienda. Estamos hablando de que las y los trabajadores no pueden pagar su vivienda. Punto. Hay que intervenir el mercado y también el sistema económico capitalista. Hay que sacar la especulación de la ecuación de la vivienda y las políticas inmobiliarias (y de paso de la educación y la sanidad públicas). Hay que luchar y hacerlo todas y todos juntos por erradicar tanto fascismo y tanto neoliberalismo y volver a construir una sociedad más justa y fraterna.

Ya antes de la convocatoria oficial de la Huelga las derechas que votaron en contra contra los decretos por la vivienda, sistemáticamente y ya antes del día 2 de octubre (en enero, junio y julio de este año), salieron a reprochar y criticarla como una Huelga “contra la oposición y no contra el gobierno”. También la patronal la censuró a través de su presidente re-elegido recientemente por un sueldo anual de más de 400.000 euros (que sepamos). Evidentemente es a estos sujetos a la miseria humana que protegen a quienes no les conviene la huelga.

En España sigue habiendo, y los hay de base, casi 2 millones y medio de parados. Muchos de ellos expulsados de facto del “mercado” laboral. Se ha seguido desahuciando a un ritmo de más de 500 desalojos al día -la mayoría “pacíficos”, esto es, que los habitantes de la vivienda la abandonan tras la presión y la injusticia aplicada a favor del capital-. Cerca de 5 millones de personas tienen serias dificultades para llenar la cesta de la compra. Una crisis que nació en 2007 y no se ha resuelto para la clase trabajadora, sino que se salvó a la élite propietaria y especuladora con los servicios públicos de todos. Estos, salud, educación, servicios sociales e incluso las emergencias se han sacrificado para que no caiga la rentabilidad ni tampoco dejen de aumentar los privilegios de la minoría. Por lo tanto, hay razones de sobra para la Huelga General.

España, y casi toda Europa también, es un país des-cohesionado y con una desigualdad galopante. Con una minoría cada vez más elitista y más avariciosa que oprime a unas clases populares y trabajadoras desclasadas para las que quedan los recortes y la expulsión del bienestar, mientras se protegen las “inversiones” de los especuladores que malvendían el patrimonio de todos en los casinos bursátiles para su goce privado. De hecho, es muy buena noticia una convocatoria de Huelga General porque nos pone a todos, y especialmente a ellos, en aviso de lo que tiene que ocurrir si los reaccionarios, incompetentes, corruptos y fascistas llegan al poder.

Un país que mantiene y potencia una legislación autoritaria (la Ley Mordaza que eso si que es un debe del gobierno no haberla derogado), con la judicatura y las policías más fascistas de Europa (y mira que hay nivel), que es incapaz de llegar a consensos y pactos por el bien común (contra el cambio climático, para protegernos de la IA y los tecnócratas extranjeros, para garantizar la protección constitucional de la vivienda o el mundo del trabajo, para asegurar la educación y la sanidad públicas, o la organización de la gestión de emergencias, etc., etc.). Que amenazó y volverá a hacerlo a quien piense distinto (catalanes, vascos, anti-capitalistas, ecologistas, feministas,…). Qué potencia un hiper-centralismo en el estado mientras ahoga al mundo rural y a otras identidades culturales provocando dolor y un deterioro territorial colosal. Que es proclive a la corrupción y el latrocinio, y que finalmente echa a la gente de sus casas. Con una élite política, fundamentalmente de las derechas, con un apoyo mediático y empresarial firme, porque les conviene, que es manifiestamente incompetente e interesada en laminar la vida de las personas pobres. Por todo esto la Huelga General es necesaria y urgente.

No podemos olvidar que somos la Europa pobre (junto a Portugal, Grecia, Irlanda, pero también Italia). Los países periféricos castigados con la frugalidad y la austeridad mal ejercida. Y tampoco se debe perder en la perspectiva de que lo que está haciendo aguas a nivel global es el capitalismo ultra liberal. Que por eso lleva años sacando a pasear el fascismo más ultra para protegerse y perpetuarse porque para quienes lo dominan es muy rentable. Es el momento de luchas coordinadas y solidarias que atiendan a una respuesta global por una enmienda total del sistema. No vale con actualizaciones o re-fundaciones. Es necesario construir una economía y unas sociedades al servicio de todas y todos. Sin distinciones de ningún tipo. Un mundo globalizado exige una economía del bienestar global extendida a todas las sociedades. Y hacerlo de manera transversal a través de la situación de la vivienda, que en Europa y en casi todo el mundo, vive una burbuja perenne, es una oportunidad que no se debe dejar pasar.

Por esto mismo, la Huelga General del próximo día 11 de noviembre no puede quedarse en los centros de trabajo, ni tampoco en una mañana de paro antes de las manifestaciones en Madrid o en las capitales de provincia. Es perentorio parar todo. Empezando por todo y cualquier consumo. Tenemos que ir juntas a la huelga ciudadana donde todas las personas entiendan su importancia y la necesidad que tienen de expresarse y aportar. Incluidas las personas no productivas como estudiantes y jubiladas. También los precarios y los trabajadores de mierda, especialmente hoy los esclavos de los oligarcas tecnológicos. Falsos autónomos explotados inmisericordemente llueva, nieve o haga 40 grados. No pidáis que os lleven comida o transporte. No atendáis ninguno de estos “servicios” que son una esclavización contemporánea.

Por supuesto, de aquí hasta el día de la huelga, y seguro después, oiremos en las tertulias y declaraciones de la derecha y sus voceros, pedir la protección del “derecho al trabajo”. El día de huelga es el único día que importa el derecho constitucional al trabajo. Los otros 364 es prescindible. Porque esos 364 días, 365 si es bisiesto, los empresarios despiden. Los empresarios el resto de días no tienen problemas en deslocalizar sus negocios. En cambiar unilateralmente las condiciones de trabajo, en subcontratar tareas, automatizar funciones, en utilizar falsos autónomos, en precarizar las relaciones laborales,… Sus políticos y jueces no tienen reparos en darles cobertura, y las policías y guardias civiles acuden raudos a proteger la propiedad de los medios de producción y fundamentalmente la propiedad de exprimir más a la masa laboral. Los otros 364 días los medios de comunicación del sistema defienden el derecho de los patronos a hacer lo que les de la gana. Incluidos cagarse y mearse en el derecho al trabajo.

Y también los otros 364 días se sigue desahuciando.

Por eso esta Huelga General tiene que ser, necesariamente, la palanca de cambio que aúne todas las sensibilidades de izquierda, progresistas y por la dignidad de las personas. Tiene que ser la Huelga por la vivienda, pero por el trabajo. Y también la huelga por la igualdad de género y también de trato entre todas las personas. Tiene que ser la huelga para lanzar una lucha contra la pobreza y la desigualdad. Y ha de ser la huelga que les diga a las élites que no vamos a pagar sus facturas ni sus pérdidas. Qué se acabó jugar al casino con nuestras vidas. Y que no vamos a dejar que las administraciones paguen con nuestros servicios públicos, con nuestro futuro y nuestro bienestar sus malas decisiones. Qué no vamos a pagar, ni nosotros, ni los pueblos pobres, su responsabilidad en el cambio climático. Basta ya.

Esta Huelga General del 11 de noviembre es por la vivienda. Se hará 18 días antes de las elecciones Generales del 29 de noviembre (Día Internacional de Solidaridad con el pueblo Palestino). Y es también por el trabajo. Y es por supuesto, contra un sistema corrupto, inmoral y letal que nos hace menos humanos. Es por lo tanto, una huelga anti-capitalista. Y es una Huelga General por España, por un país más justo y fraterno. Qué tenga futuro. Y qué sepa quién tiene responsabilidad y culpabilidad en esta situación. Qué políticas son injustas, inmorales, anti-patrióticas y una estafa del caudal democrático. Qué progrese hacia la justicia social y hacia un bienestar mayor para todas y todos. Qué sea más fuerte para los retos que ya están aquí.



El miércoles 7 de octubre a las 9 de la noche, mientras se preparaba el anuncio de la convocatoria de Huelga General en una rueda de prensa conjunta entre el sindicato de inquilinas, CC.OO y UGT llegaba la noticia del fallecimiento de Mari Carmen Abascal.

El símbolo y detonante de esta revolución fallecía en el hospital Gregorio Marañón víctima del sistema y de la avaricia amparada de los especuladores. Un homicidio que cargará en las conciencias de quienes han permitido por acción, por omisión, por votos y por decisiones judiciales o policiales, que echarán de su casa a esta mujer tras un proceso de desahucio que como todos, dura muchos años y deja a las personas trabajadoras al filo de su aguante y con su salud más que deteriorada. Y una muerte que ha exacerbado aún más la rabia y la indignación de un país y unas clases trabajadoras hartas de ser secuestradas por la inmundicia humana propietaria.

Qué su muerte no caiga en el olvido. Qué su ejemplo de lucha siga siendo la espoleta de la activación social por la vivienda y por una mayor dignidad para las clases trabajadoras.

lunes, 5 de octubre de 2026

La vivienda marca los tiempos

 Imagen de la acampada en Sol. fuente: diario Público.es

 

Desde 2015 las derechas extremas en España -y en Europa, y en el mundo-, están consiguiendo imponer su relato centrándose en lo identitario frente a lo material. La inmigración, la seguridad, las fronteras, la delincuencia, lo tradicional, el género, las decisiones individuales en torno a la identidad de género han sido los temas que se han impuesto en el debate público, partiendo de la élite mediática y partidista y llegando a la calle y a la percepción de preocupación de la ciudadanía. Lo material quedó relegado.

No era preciso que la realidad sustentará los bulos y mentiras en torno a las cuestiones identitarias; lo prioritario era hacer ruido, mucho ruido, y que no quede tiempo ni espacio para tratar los temas que afectan a la vida diaria y física de las personas, las familias y los colectivos. El auge fascista y la violencia política orgullosa y activa como hacía 40 años que no lo estaba (antes seguía presente pero invisibilizada), han hecho el resto. La lucha de clases seguía y sigue vigente para todos, pero eran las élites las únicas conscientes de su importancia y la parte más activa para imponer sobre quiénes, qué, cuándo y cómo se ejecuta.

El mundo del trabajo, en un proceso inacabable de precarización para devolverlo a la esclavitud con una patina pos-moderna, ultra tecnificada y tecnológica. Los servicios sociales, la educación y la sanidad públicas abiertas de par en par al negocio privado mientras se deterioran y destruyen cientos de miles de empleos de calidad en estos sectores, y los ciudadanos, ven como los elementos que hacen más país, y más democracia, desaparecen en la lógica artificial del capitalismo de beneficios y costes. Ni siquiera eventos históricos como la pandemia de covid-19 o el cambio climático que aceleran y propician emergencias vitales cada vez más extremas se tienen en consideración desde los medios de difusión del sistema. Se discute y ridiculizan hasta las más elementales cuestiones, porque lo importante es quitar el barniz de consenso a la ciencia y no pasar a debatir quién tiene que pagar los costos del descalabro climático: los pobres del mundo o la élite.

Y por supuesto, la vivienda, a la que ya dediqué unas entradas a principio del año dada su trascendental importancia, y que desde 1998 vive una burbuja perenne de escalada de precios irracional y homicida, de la que la crisis, perdón estafa inmobiliaria de 2007, ni siquiera sirvió para controlar los precios y menos para discutir una doctrina económica convertida en dogma que sustenta la avaricia y la podredumbre moral de los miserables. El neoliberalismo reúne en su ser todas las tropelías sociales y morales de todos estos años, y hasta que no se destierre por su criminal voluntad y su estupidez económica probada, no se podrá volver a dotar al mundo de justicia social. Un problema enquistado que germina en forma de rupturas intergeneracionales, proyectos vitales inacabados, a veces ni siquiera iniciados, y en definitiva, un malestar larvado que necesita ser resuelto. Y tiene que hacerlo, forzosamente, a través del empoderamiento y la toma de conciencia para transformar la opresión en una lucha generacional.

Pero volviendo a la vivienda, en el todo el mundo, y particularmente en España se trata del tema que iba a determinar el sentido político del gobierno y del ruido mediático y político. El desahucio de Mari Carmen el pasado miércoles 23 de septiembre, una mujer de 87 años con problemas de movilidad y de salud, que llevaba viviendo en su casa desde hacia 70 años en régimen de alquiler, sacada por la policía nacional en un despliegue vomitivo, amparada por unos jueces y unos políticos inmorales para dar rienda suelta a la especulación de unos rentistas criminales metidos a jugar al monopoly con las vidas humanas, ha sido el detonante de la indignación ciudadana, especialmente de los más jóvenes, por la situación de la vivienda en España. Los desahucios son para Mari Carmen y todas las personas trabajadoras. El ático para Ayuso y los rentistas a los que su calaña ampara.

Mientras la organización colectiva a través del sindicato de inquilinas, unidos a otras plataformas ciudadanas sensibilizadas en el tema de la vivienda durante todos estos años, trataba de parar el desahucio a través de la resistencia pasiva y la protesta amparada, aunque recortada por la Ley Mordaza, los policías (anti)-pro-disturbios cargaban con extrema violencia ejercitando el abuso de poder. Pero ni con esa amenaza para disuadir la protesta han parado los jóvenes, y no tan jóvenes también, de movilizarse y avanzar en más acciones, todas de carácter solidario y de clase para denunciar la situación de la vivienda en España, y además, hacerlo proponiendo medidas. En los últimos años se ha ido re-activando de nuevo el conflicto, poco a poco, porque en ningún momento ha llegado a resolverse, sino que se ha ido caldeando al tiempo que las élites parasitarias robaban más dinero de las clases trabajadoras a través de rentas y expulsando a la gente de sus casas, sus barrios y sus pueblos. La gran manifestación de octubre de 2024 marcó un hito y articuló todo el movimiento que ha seguido trabajando en la sombra, y que con el desahucio de Mari Carmen como símbolo, ha tomado el impulso alimentado por la rabia, la injusticia y la solidaridad intergeneracional de clase trabajadora.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo en cuestión de segundos poniendo el foco en un problema social gravísimo que además es compartido por todas las sociedades civiles del globo, secuestradas por la especulación de un puñado de fondos, bancos, sociedades, pero al final de la cadena de personas sin escrúpulos. Se convocaron protestas por todo el estado español el mismo día y los siguientes, grandes marchas para el sábado 26 de septiembre, que han tenido una notabilísima respuesta ciudadana, volviendo a poner la cuestión de la vivienda y la brecha social que provoca, entre propietarios y no propietarios, y entre rentistas y especuladores frente a la sociedad. La marcha del sábado en Madrid terminó con la ocupación del espacio público, de la Puerta de Sol, en una nueva acampada indignada, tejiendo un hilo directo con el 15M de 2011.

Bajo esta presión ciudadana el gobierno de coalición tuvo que reaccionar y redactar dos decretos sobre vivienda que incluían entre otras cosas la moratoria de desahucios, la congelación de las rentas de alquiler, una mínima y laxa regulación de los alquileres vacacionales y por habitaciones (cáncer del rentismo a extirpar ya mismo), así como nuevas exenciones fiscales para caseros, y como novedad, para los inquilinos. Ambos decretos fueron rechazados por las derechas, tanto las extremas de PP y Vox, como las de las burguesías vascas y catalanas. Ni PNV, ni mucho menos Junts, tomaron partido por un gobierno que les debía ser mucho más simpático, que la alternativa y votaron contra su pueblo, que no contra su gente, para mantener la rentabilidad de la inversión y la especulación sobre la vivienda. Todos ellos se configuraron como brazo político de la especulación inmobiliaria, del terrorismo habitacional y de la injusticia social.

De este modo hemos entrado en una etapa acelerada de la previsión de hace apenas un mes. El debate público vuelve a estar en las cuestiones materiales de la gente. De su vida, de su trabajo, de su bienestar y de su futuro y el de sus vástagos. No está en las cuestiones identitarias que convienen a las derechas, pese a lo sucedido en Ceuta (que por otro lado está enquistado porque quien tiene las competencias, el gobierno de Ceuta, sigue empeñado en hacer política nacional pese a las necesidades de la población ceutí y de las personas migrantes). La extrema derecha política y mediática sabedora de que perdía el foco y su posición predominante en el discurso público ha sacado a pasear las peores de sus artimañas para tratar de deshumanizar al personaje (la desahuciada Mari Carmen), así como diluir la protesta a través de la violencia tanto institucionalizada (policía y juzgados que para eso se les paga) y la de sus "cachorros" ultras.

Pero el malestar social está ahí. La inmensa mayoría de la gente, por no decir todas las españolas y españoles, tienen en la vivienda un problema. Si no ahora, y no lo tienen ya porque han pagado su casa, lo tendrán en un futuro cuando sus hijos e hijas quieran independizarse y llevar a cabo su proyecto de vida. Por lo tanto, las protestas continúan y se organizan hacia una convocatoria de Huelga General, que recibe un tibio amparo por parte de los sindicatos mayoritarios, pero un fuerte respaldo social.

La Constitución proclama en su artículo 47 la vivienda como un derecho, y la obligación del estado y sus administraciones a intervenir para garantizarlo y evitar la especulación. Evidentemente, desde el gobierno central, pero también los autonómicos y los ayuntamientos, que no se olvide, tienen las competencias, se ha obviado esta función, y se ha dejado “al mercado” campar a sus anchas y proceder a la laminación de todo tejido social del territorio en aras de la rentabilidad, que por otra parte se acumula cada vez en menos manos, y además siempre sale fuera del Estado. Una catástrofe amparada, promocionada y protegida por el sistema.

También los juzgados han prevaricado a conciencia y decisión amparando el rentismo frente al valor social y jurídico que la vivienda tiene. Han protegido la extracción de recursos y de esfuerzos de las clases trabajadoras que solo quieren vivir en su barrio o en su pueblo, frente a la propiedad del capital y la salud y rentabilidad de la inversión.

Mientras tanto, todo este tiempo, la extrema derecha y sus voceros se han dedicado a señalar al diferente, al migrante, a la mujer, "al marica". Si tu barrio cambia, o si no puedes acceder a una vivienda digna se debe a que hay más extranjeros pobres, que se quedan con las ayudas sociales y además te suben el precio de los alquileres. La progresía se preocupa más de las minorías que del bien común, y por eso los servicios sociales son peores, te sientes más desamparado y más inseguro. Y aunque es verdad que las élites de las izquierdas se han centrado demasiado, en mi opinión, en "comprar" estos relatos y jugar en el juego identitario de las derechas, en vez de irse a por las cuestiones materiales, que todos sin excepción sufrimos, la verdad, la realidad, es que son las élites cleptómanas y parasitarias de fondos buitres, bancos y propietarios especuladores los que han destrozado la convivencia y la salud del ecosistema social.

En este sentido no hay que perder de perspectiva que para la derecha, dentro de su ideario para tergiversar y transformar las inquietudes o problemas de la clase trabajadora en puntales sobre los que inducir su ideología perversa, la vivienda funciona muy bien. Al final, quien tiene una vivienda no percibe un problema, y si una inversión sobre la que ganar dinero en el futuro, y acceder a esa mentira social de la clase media. O cuando menos de la clase media aspiracional. Por lo tanto, ellos no tienen un problema de acceso a la vivienda y de satisfacción con su bienestar. No les han roto el pacto social, de formarse, educarse, trabajar y labrarse un porvenir, que el sistema, la sociedad, te ampara y a cambio te procura ese bienestar y la auto-realización. Sin embargo, el juego ha cambiado a mitad de partido. Si no tienes vivienda en propiedad tu vida se va a desarrollar en la inmediatez; en un fino alambre de inestabilidad y sin un sustento mínimo (un techo bajo el que cobijarte con unas condiciones mínimas, entre las que tendrían que destacar estar cerca del entorno más próximo y familiar de uno), por lo que al no poder acceder porque se está cometiendo una injusticia y una usurpación del valor social de la vivienda, para extraerle cada vez más capital y beneficios económicos, si que la vivienda se convierte en un problema. El problema de no poder acceder a la vivienda. De hecho, aquí se va a labrar la próxima batalla electoral: A saber, un país donde la gente puede tener casa, o un país donde la gente sueña con tener esa casa y en el futuro sacarle cuatro perras, mientras los grandes especuladores y parásitos, por su posición inabordable en el mercado le podrán sacar muchos más beneficios. Esta es la cuestión.

Si cada año tienes que dedicar más renta mensual a pagar el alquiler (por poner un ejemplo, en 3 años, mi alquiler ha pasado de 500 euros en un piso bueno, a 650 en un piso peor en una ciudad pequeña), cuando los jóvenes no pueden independizarse hasta pasados con mucho los 30 (los más tardíos de Europa, lo que lleva a que las mujeres españolas sean las europeas que tienen su primer hijo a mayor edad), cuando pese a formarse espléndidamente no tienen acceso al “mercado” de la vivienda ni el alquiler, ni mucho menos en propiedad, por lo que tienen que alejarse de sus centros (familiares, culturales, sociales, laborales, etc.) o vivir en pisos compartidos añadiendo precariedad a su bienestar, cuando tienes la espada de la no-renovación de contrato por parte del arrendador de manera unilateral y sin protección (así me quede yo el año pasado), cuando ves que los blancos europeos si que pueden comprar casas a toca-teja subiendo los precios, o cuando los centros de las ciudades y pueblos las viviendas se subastan en los alquileres de temporada y vacacionales porque tienen una rentabilidad superior por lo que disminuye la oferta,… cuando todas estas tropelías se repiten en el tiempo y por todo el estado, entonces el problema ya no es de identidad de género o racial. Es de identidad de clase, y por lo tanto, se trata de un conflicto entre las clases trabajadoras, y las clases parasitarias que se lucran con el esfuerzo de los demás. Es un problema por tanto de distribución. Y es por lo tanto, un problema político y social que es deber de todos, empezando por los representantes debatirlo y solucionarlo. Y si las administraciones no intervienen para reconducirlo y mantener el valor social de la vivienda, el siguiente paso es la activación social y la propuesta para cambiar las cosas. La lucha se convierte en el medio y el fin. Como dijo Victor Hugo, “cuando la dictadura es un hecho, la Revolución se convierte en un derecho”, en este caso cuando la inacción y la injusticia se convierte en norma y ampara la dictadura del capital sobre la vida, es legítima y consecuente iniciar el camino para cambiarlo.

 

Como corolario, al menos de momento, tras el rechazo de los decretos por parte de un Congreso derechizado (reflejo manipulado de un país no tan escorado a la derecha, pero si muy manipulado e influenciado por los medios de comunicación conservadores), un nuevo fin de semana de protestas y de reflexión para el Presidente del Gobierno fue la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. Pedro Sánchez volvía una vez más a pillar a todo el mundo con el pie cambiado y a intentar aprovechar la ola para reeditar un nuevo gobierno, que forzosamente será de coalición o no lo será. En ese caso habrá que ver qué medidas en política de vivienda y con la emergencia social y las rupturas intergeneracionales que provoca se articulan. Qué se promete en campaña y qué se ejecuta en con el BOE en la mano. Unas elecciones que se centrarán en la cuestión material. Un primer éxito para Pedro Sánchez frente a la caterva ultra y la élite económica. Habrá que ver si será suficiente.

Hasta entonces las derechas tratarán de desviar el foco de nuevo a Ceuta y la inmigración. El PSOE procurará hacer valer los datos macro-económicos, la imagen internacional de Sánchez y el gobierno como dique de la democracia liberal, y una defensa clara de los servicios públicos, que ya hemos visto no se ha visto reflejada en la labor de gobierno. Pero sin duda, en la capacidad de aguante y lectura política del momento de Sánchez y su equipo radica el salir o no con un gobierno ultra que no va a tener ningún problema en trocear el país y vendérselo a las élites extranjeras.

Mientras a la izquierda a la izquierda del PSOE los vuelve a pillar en pañales, y teniendo que acelerar para ofrecer a la ciudadanía una candidatura unitaria que nace, pese a todo lo que ha ocurrido, improvisada y sin el trabajo necesario, debido a los egoísmos de los de siempre. 

En todo caso, es el momento de que la situación injusta de la vivienda articule la revolución que este estado, y que este sistema necesita. 


domingo, 18 de enero de 2026

El problema de la vivienda en España: Un apropiado resumen



Decíamos antes de ayer El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de alquilar una vivienda 

 

Decíamos el jueves El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de comprar una vivienda.

Decíamos el miércoles El problema de la vivienda en España: Una perspectiva geográfica a sus ramificaciones en el Urbanismo.


Decíamos el martes El problema de la vivienda en España. Una aproximación histórica al fenómeno de la especulación inmobilaria.


y decíamos el lunes El problema de la vivienda en España.

 

 

Había dedicado varios días a preparar las entradas al blog de esta semana (enlazadas ahí arriba) con la intención de escribir y discurrir sobre la vivienda y su crisis, con algunas de sus ramificaciones a nivel socio-económico, político, geográfico y ambiental. También con un par de artículos con consejos y aspectos a tener en cuenta antes de buscar vivienda, en propiedad o en alquiler, basados en mi experiencia. Además, de juntar unas letras en torno a este último año de nuestra vida bajo una situación dantesca, así como, recapitular algunas experiencias propias y de conocidas y conocidos en torno a la vida en alquiler. Pues bien, como si pareciera que me re-programasen -no aspiro a tanto y no soy tan iluso-, la propia deriva e inmediatez cíclica de la agenda política y mediática ha proporcionado más contexto aún a la crisis de la vivienda en España, que es una parte de la crisis de la vivienda mundial que tenemos entre manos. 

En las tertulias políticas de los medios y por supuesto, en los propios partidos saben que la situación de la vivienda va a ser el factor de la vida real que va a erosionar la mayoría social por el gobierno de coalición y entregárselo a la ultra-derecha. Por eso, de vez en cuando, se lanzan medidas en política de vivienda, como hemos visto estos días con respecto a los alquileres. Pero estas propuestas lanzadas por el PSOE pecan de lo mismo de siempre: de un afán por no incordiar a los amos del cotarro, es decir, de no restar ni un ápice de rentabilidad y seguridad a la especulación financiera frente a las necesidades habitacionales y de vivienda de la gente. Sólo así se entiende que una vez más se anuncien medidas que protejan a los rentistas y sus ganancias frente a la dignidad de los alquileres. Que vuelven a ejercitar la extracción de capitales por los privilegiados castigando por segunda vez los más desfavorecidos. La tercera es cuando además se premia a los inquilinos con bonificaciones fiscales, cuando no dejan de tener dos viviendas, por lo menos. Otros muchos millones no tenemos ninguna.

Solo basta con echar un vistazo a lo que he escrito y publicado esta semana para ver que el actual gobierno “de izquierdas”, así como el propio estado liberal no atajan el problema. Ni siquiera discuten la necesidad de garantizar el escudo social que puede promover una política que tenga a la vivienda como un derecho humano y económico que permita una vida con dignidad. Por lo tanto, las medidas anunciadas profundizan en un modelo claramente fallido, ineficaz, que no cumple con el derecho constitucional de la vivienda digna, ni tampoco con la progresividad fiscal.

Se garantiza el negocio de la vivienda. El de alquileres abusivos fuera de mercado. Un mercado que no se regula ni vigila y que tiene como resultado a una minoría fagocitando los recursos y la capacidad de ahorro de las clases trabajadoras. Para ser de “izquierdas”, “socialista”, “progresista” o “comunista” como dicen desde los medios, todos de derechas, resulta que este gobierno legisla a favor de los ricos. Una nueva traición a las bases y a las clases obreras para no molestar a las élites y para seguir apostando por los marcos de discusión liberales. En vez de hablar de clases, de su intrínseca lucha, de propietarios y excluidos, es decir, de la realidad material de las cosas, nos centramos en la cuestión aspiracional, en que la gente compre una casa, y después otra, alquile o revenda la primera, y así sucesivamente. Se “vende” la idea de clases medias a las que se pertenece o aspira a, desechando la verdad del día a día de cada hogar, cada familia e incluso cada individuo. Nadie quiere ser un trabajador. Quiere ser clase media. Y la vivienda es el medio, no para vivir, sino para especular. Todos entonces creen que pueden hacer lo mismo, pero con la cada vez mayor especulación se lastran las rentas del trabajo y se lamina el ahorro de las familias. Por lo tanto, se parte de una idea falsaria y manipulada que no beneficia a la mayoría, sino que cimenta la hegemonía de los de arriba.

En este sentido, el fracaso de la socialdemocracia como opción política, y de los partidos e ideas más a la izquierda, dentro del modelo liberal se debe a que se embaucaron en este marco impuesto por la propia derecha. Sin discutir los derechos económicos como parte de los derechos humanos donde no debería caber ni una sola cesión, se han “comprado” las exigencias ultra-liberales, y lo que ayer era radical, en contra del estado o del propio sentido común en materia económica o política, hoy es lo aceptado y normalizado. La publicidad y el marketing electoral pueden presentarte como muy de izquierdas, pero si en gobierno o en oposición aceptas los marcos neoliberales y los dogmas capitalistas, no sólo estas avalando esas políticas agresivas, anti-sociales y hasta anti-patrióticas (porque van en contra de la abrumadora mayoría de la población y además despojan del sentido al estado como estructura material de la nación). Es que además favoreces que se desplace el umbral de lo tolerable hasta el punto de que un estado-mínimo (ejércitos y fuerzas del orden, judicatura y sistema de partidos) sea concebido como lo normal, mientras que la defensa de unos derechos públicos de calidad se convierta en lo radical. Sin duda, una aberración.

Evidentemente todavía hoy hay diferencias entre que te gobierne una derecha elitista, ultra, amoral y corrupta a que lo haga una pseudo-izquierda que propone reforzar derechos o que en cuestiones identitarias de igualdad o en cultura dan batalla (a parte de que sean corruptas o no), pero cuando se someten a los dictados de una ideología conservadora en aspectos de defensa o interior y neoliberales en lo económico lo que hacen es afianzar el régimen. Que las cosas no cambien independientemente de quien gobierne. Y lo que es peor, que en el tiempo medio se den por sentadas esas tropelías y ya no se cambien, ni se acepte ni la más mínima discusión. Por ejemplo, pensad en la Ley Mordaza. O en las constantes cesiones que desde el PSOE se ha hecho en materia de igualdad de género con la ley del “Sí es sólo Sí”.

Ni siquiera el hecho de haber encabezado por así decirlo la oposición al estado de las cosas internacional en cuanto al tema del Genocidio en Gaza o las presiones intolerables de la administración Trump (con el silencio y comodidad evidente de la élite europea), sirven para que a la mayoría de la ciudadanía le queden simpatías por un gobierno que se dice de izquierdas y garantista del bienestar de la gente, pero que en realidad funciona respaldando las peores políticas económicas de la derecha.

Y eso, como digo, se ha refrendado en la política de vivienda que ha perdido su valor como derecho y que es aceptado como un medio de negocio donde prima la rentabilidad y la especulación.

Frente a la lucha contra la especulación inmobiliaria que ya muchos países, no precisamente comunistas, han empezado a ejercer (Singapur, Países Bajos, Austria, Nueva Zelanda, Dinamarca, etc.), “nuestro” gobierno continua con las cesiones y favores a los propietarios que quieren hacer negocio con la vivienda. Deducciones fiscales, bonos, incentivos o llamamientos a la construcción desaforada que no van a cerrar los agujeros en los bolsillos de las clases trabajadoras, sino que sustentan el régimen de propiedad, profundizando en un mercado dual y muy diferenciado entre propietarios y no-propietarios, y que además, cumplen con el ideario neoliberal. Cualquier cosa antes que discutir el marco narrativo, llamar a las cosas por su nombre y centrarse en donde está el problema: las viviendas son para vivir con dignidad, y no activos financieros dopados por los gobiernos en seguridad y rentabilidad.

Es este modelo económico neoliberal, ultra y radical, el que ha provocado esta situación de crisis mundial con respecto al tema de la vivienda. No hay sociedad, país, región o ciudad que no tenga severos problemas a la hora de dotar de vivienda a sus poblaciones, y esto genera una serie de problemas de toda índole. Se ha ganado mucho dinero con la vivienda que ha ido a parar a determinados bolsillos, al tiempo que se ha despojado de función social a la política inmobiliaria.

Y esta situación, este contexto, no es un fallo de mercado o un problema de teoría económica. No. Se trata de un mercado capitalista funcionando de manera perfecta para sus propios intereses. Esto es, con las viviendas capturadas en mercados financieros y especulativos, como valores seguros y de alta rentabilidad, sin ningún tipo de protección social o gubernamental, desprovistas de su garantía, lo que se ha generado es un mercado donde los beneficios se privatizan y las pérdidas, cuando las hay, se pasan al conjunto de la sociedad que las paga con sus servicios sociales y derechos básicos. Y ahí, las clases trabajadoras son atracadas por segunda vez.

El anuncio de esta semana de bonificar con el 100% a los rentistas que no suban el alquiler a sus inquilinos es un insulto a los millones de personas que no tenemos una casa en propiedad y tenemos que vivir bajo esos alquileres.

¿Qué clase de sistema moral e ideológico se tiene para que haya que premiar a los que no van a especular con un bien básico? ¿Por qué entre todos tenemos que pagar (porque al fin y al cabo si se decide que unos cuantos no paguen lo que les corresponde, directa o indirectamente los pagamos el resto) los impuestos y excepciones de los demás? ¿Por qué no se lucha contra la compra-venta de viviendas y propiedades que no se utilizan para habitarlas de forma permanente? ¿Por qué no se prohíbe la especulación inmobiliaria?

Han pasado 17 años de la crisis de 2008 provocada por la avaricia descontrolada de unos pocos sobre el derecho a la vivienda. Más de 3 lustros en los que se validó un mercado loco, desregulado, que no se dejo colapsar porque “era demasiado grande para caer”. Sin embargo, los derechos básicos y sociales, la educación, la sanidad públicas de los países occidentales si se están dejando caer lastrados por los presupuestos públicos que tuvieron que “salvar” la economía, los bancos, etc., que en realidad, garantizaron con los recursos de todos, los beneficios privados y guardados de unos pocos. Por eso, después de la crisis y la recesión, los precios de la vivienda no bajaron tanto, se contuvieron, y cuando se ha ido recuperando la economía, particularmente con la intervención directa de los estados con la crisis de la covid en 2020, ha vuelto a crecer exponencialmente el precio de la vivienda, provocando de nuevo una crisis sistémica que es el mar de fondo de muchas de las crisis de toda índole que vivimos (generacionales, internacionales, mentales e individuales, económicas, sanitarias, ambientales, etc.)

Y hoy como entonces en aquel momento, vuelve a ser más que evidente que el mercado inmobiliario, la vivienda, no puede estar libre de controles y garantías. Es el momento de consolidar el derecho a la vivienda, cuando no recuperarlo y ejercerlo de manera sólida y garantista para el grueso de la población. No cometamos los mismos errores una y otra vez.

 

viernes, 16 de enero de 2026

El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de alquilar una vivienda



Decíamos ayer El problema de la vivienda en España: A tener en cuenta a la hora de comprar una vivienda.

Decíamos antes de ayer El problema de la vivienda en España: Una perspectiva geográfica a sus ramificaciones en el Urbanismo.


Decíamos el martes El problema de la vivienda en España. Una aproximación histórica al fenómeno de la especulación inmobilaria.


y decíamos el lunes El problema de la vivienda en España.




Si los consejos que humildemente proponía ayer a la hora de comprar una vivienda eran fruto de la experiencia, qué decir del alquiler cuando llevo ya casi veinte años viviendo de alquiler. Con varios parones, muchas mudanzas y distintas experiencias por varias provincias del estado. Así que me veo en la necesidad y la posibilidad de facilitar una serie de cuestiones a tener en cuenta ante la disyuntiva de vivir de alquiler.

La primera de todas ellas es bastante evidente y emana del hecho público y notorio de que vivir de alquiler es "tirar el dinero". Que es mucho mejor tener una propiedad e ir pagándola poco a poco, que no traspasar una cantidad de dinero mensual a un tercero por el concepto del alojamiento. Este mantra es un axioma y un lugar común instalado en el subconsciente del españistaní medio. Es fruto de muchos años del establecimiento de una política interesada en fomentar la propiedad como parte del lucrativo negocio inmobilario. Para dotarlo de dinamismo, y de paso cubrir las necesidades habitacionales del estado, desde los tiempos no tan remotos del franquismo se procuró una política inmobiliaria que hablará en términos de propiedad y que incluía un sistema crediticio favorable a la extensión de las hipotecas, garantizando los avales y los créditos. De este modo, muy resumido eso sí, el volumen de viviendas compradas por las clases trabajadoras ha ido en aumento, lo que a su vez ha facilitado al sector de la construcción mucho trabajo, y al especulativo-financiero pingües ganancias.

La transición a la democracia no cambió esta inercia y el paso a través de las burbujas y recesiones, lo que ha hecho ha sido apuntalar el discurso de que ante la necesidad humana de alojamiento, mejor comprar y tener en propiedad, que estar de inquilino. Así, y como indicó con mucho resumir, se ha desprestigiado y desposeído de función social al alquiler, en beneficio de la compra.

¿Qué quiero decir con esto? Muy sencillo: Si hoy en día se piensa que estar de alquiler es "tirar el dinero", tiene que ver con la perspectiva de seguridad a través de la propiedad. Vivir de alquiler es una posibilidad ante una emancipación o una situación concreta de emergencia o cambio, pero lo que en otros países del Norte de Europa es una posibilidad vital totalmente plena de lógica y sentido vital, en España es un absurdo. Porque pasas a vivir a expensas de las necesidades, vicios y tejemanejes de los caseros. Porque estarás desprotegido. Porque tu vida se complicará (un episodio que me gusta mucho es cuando el inquilino tiene que gestionar las incidencias y reparaciones de la vivienda propiedad de su casero), carecerás de seguridad y será imposible hacer planes a largo tiempo, incluidos algunos tan fundamentales como tener hijos, estudiar o aligerar la carga de trabajo. Los alquileres acaban mostrándose como una solución eventual, durante un tiempo. Y encima y cada vez más, ante el crecimiento de las rentas, con menor o ninguna capacidad de ahorro para los inquilinos.

De este modo se produce un nuevo traspaso de rentas desde las clases trabajadoras a las clases rentistas. Estas por lo general, han consistido en pequeños propietarios también salidos de las clases productivas que parasitan un bien inmobiliario para beneficio propio. Pero a peor al mercado del alquiler han llegado grandes capitales y grandes propietarios, patrios e incluso extranjeros (la mayoría) para despojar de función social al alquiler, encariciendo hasta el absurdo los alquileres, generando conflictos a varios niveles en las ciudades y pueblos, y agravando la crisis de vivienda en España que tiene sus inmensas ramificaciones a nivel social, económico y político.


En cuanto a los consejos y procesos a seguir para alquilar una vivienda, muchos de ellos son los mismos o cuando menos similares a los que ayer veíamos cuando pensamos en comprar una vivienda. Pero evidentemente hay diferencia y procedimientos propios que es vital tener en cuenta para no tener futuras sorpresas. Y aún con todo, aún llevándolo al día, no dejando impagos, quejas o desperfectos, probablemente, por no decir seguro, vas a tener problemas.

El primer consejo es pensar detenidamente dónde y cómo queremos vivir. Analizar la zona donde vamos a buscar el alquiler, las ventajas e inconvenientes que tiene con respecto a asuntos como la disponibilidad de servicios, transportes y accesos, el tipo de vecindario, zonas verdes, etc. Lo mismo se puede decir en cuanto a las propias condiciones de la vivienda: número de habitaciones, baños, tipo de cocina, climatización, salidas al exterior, terrazas, portal, garaje, trastero, etc. No debe de olvidarse pedir al futuro casero garantías en el estado de la vivienda así como de sus instalaciones. Ya que estaremos de alquiler tendremos más libertad, en teoría, para amoldar estas situaciones ante nuestras necesidades, pero tenerlas claras de antemano ayudan para sobrellevar el pago de la renta.

Una vez sabemos dónde y cómo queremos nuestra próxima vivienda, vamos al mercado del alquiler. Concertaremos citas para ver los inmuebles que nos interesan y nos los enseñarán, por lo general, agentes inmobiliarios. En estas visitas es fundamental inspeccionar las instalaciones (grifos, cisternas, caldera, llaves de luz, manetas de puertas, de los armarios, que los cajones van bien, y las persianas). Examinar con mimo las paredes para ver posibles humedades, manchas o imperfecciones. Cuidado en este punto con los pisos "recién" pintados porque pueden tapar desperfectos que más tarde aflorarán. Lo mismo con las ventanas y puertas y el aislamiento que ofrecen ante el ruido o la contaminación. Examinar también con atención las instalaciones comunes: ascensor, portal, escalera, zona de trasteros, contadores y el garaje.

En esas visitas es pertinente cuestionar al agente, o al propietario si está presente, en cuanto al estado de todas estas cuestiones, a las normas de uso que pueda tener la comunidad. También hay que recabar información clave en cuanto a quién se hace cargo de las reparaciones, de los suministros, si es la primera vez que alquilan o no, el histórico de alquiler en su caso o por qué se fue el úlitmo inquilino. Evidentemente, si se percibe retiencia a satisfacer estas cuestiones, a mostrar documentación o incluso a hacer fotos del inmueble, mejor huir. Son señales ineludibles de que algo malo avecina.

 

Por ello el primer consejo es salir de la lógica individual para pasar a la colectiva. Ante esta situación general y la particular de estar sólo ante un casero (del tipo que sea) que es apoyado por la administración, la legalidad vigente y el sistema socio-económico es necesario asociarse. Compartir experiencias y encontrar lugares donde poder expresarse y sentirse acompañado ante esta lucha desigual y compleja. Por eso, si vives de alquiler o vas a hacerlo, no dejes para mañana lo de ponerte en contacto con el sindicato de inquilinos, el inquilinato, de tu ciudad o provincia. Si no existe, es recomendable hasta empezar a movilizar uno porque seguro que cerca habrá organizaciones y asociaciones que tengan el tema de la vivienda y del alquiler entre sus preocupaciones.

Por lo tanto, una vez que tienes un apoyo cooperativo, y con él, una asesoría o consultoría legal y de acción, habrá que tener en cuenta:

  1. Esto parece una tontería, pero ante la avalancha de contratos fraudulentos expedidos por inmobiliarias sin escrúpulos y el intrusismo de fondos buitre y corporaciones fundamentadas en la especulación financiera, es clave comprobar que quien alquila la vivienda, quien aparece en el contrato como arrendador es el propietario de la vivienda. Esto es fácil de comprobar. Se puede pedir una nota simple al registro de la propiedad o un certificado urbanístico al ayuntamiento donde se ubique la vivienda. Si se trabaja con un intermediario, una agencia inmobiliaria, te lo deberán dar sin problemas junto a al referencia catastral.

  2. El intermediario. Cuestión espinosa. Lo primero de todo es asegurarse de que tienen mandato expreso del dueño de la vivienda para negociar el alquiler. Una vez comprobado hay que tenerlos en perspectiva como figura mediadora entre arrendador y arrendatario, es decir, entre casero e inquilino. Eso no quiere decir que lo vayamos a ver como un árbitro independiente, ecuánime o neutral. Actuará a favor del dueño, por una razón muy sencilla: Cuánta más rotación de alquiler haya más dinero ganan.

    1. En este sentido viene una cuestión a tener en cuenta: ¿quién paga los honorarios del agente inmobiliario? Por lo general, se abonan a la firma del contrato. Y siempre se ha obligado a los inquilinos a que pagasen estas comisiones de intermediación lo que suponía, claramente, un abuso. Había jurisprudencia antes y desde mayo de 2023 con la entrada en vigor de la Ley 12/2023 es obligatorio que sea el dueño de la vivienda, el arrendador o casero, el que recibe los servicios de la agencia (asesorándole, enseñando el piso a interesados, redactando el contrato, etc.), y por lo tanto es quién tiene que pagar estos servicios. Evidentemente, y no me chupo el dedo, se lo repercuten al inquilino, bien en el precio final de la renta, o bien diciendo “si no quieres pagarlo, te dejo sin alquiler y me busco a otro que lo pague”.

  3. El contrato. Ni que decir tiene que es preciso leerlo con detenimiento y valorar en que cuestiones se puede negociar. Tiene que incluir necesariamente: el pago inicial, el valor de la renta mensual, la forma de pago, la duración del contrato, la posibilidad y naturaleza de prorrogarlo, actualizaciones de la renta (importante), quién asume los diferentes gastos (impuestos, comunidad, seguro deberían de ir de la mano del casero, y, suministros o pequeñas reparaciones del inquilino), condiciones de cesión, finalización del alquiler (con causas, justificaciones y plazos). Además, se agradece que adjunte fotografías con el estado de la vivienda y de los bienes incluidos, que deberán aparecer listados (inventarios) en caso de viviendas amuebladas.

    1. Imprescindibles en el contrato es la dirección, la referencia catastral de la vivienda, la cédula de habitabilidad y el certificado de eficiencia energética (obligatorio para viviendas de más de 50m2). De hecho aconsejo que se incluya una revisión de los equipamientos críticos como la caldera, radiadores, caldera o grifería antes de la firma del contrato. También son obligatorios adjuntar copias de los dnis de los implicados en el contrato.

    2. El precio. Tener en cuenta si el municipio o la zona donde se ubica la vivienda está declarada como zona tensionada, por lo que el precio máximo estará fijado y será ilegal tratar de firmar un contrato con un valor de renta superior.

    3. Actualizaciones de la renta. Asegurarse de que el contrato no incluya estas actualizaciones en base al IPC o al Índice de Garantía de Competitividad (IGC). Si bien estas subidas del alquiler están ya legisladas, si no aparecen en el contrato no pueden aplicarse. Esto quiere decir que en ningún momento pagaremos más que el valor firmado. Esto nos permitirá un poco de ahorro como inquilinos.
      En cuanto a si se incluyen en el contrato estas actualizaciones de la renta hay que tener 3 consideraciones:

      1. Bajo ningún concepto nos pueden exigir pagos retroactivos de la renta en base al IPC de años anteriores. Es ilegal y denunciable. Es decir, no nos pueden decir, “como no actualizamos al ipc de 2022 me tienes que pagar 67 euros del año 2023”. Repito: es ilegal, es denunciable y existen sentencias favorables a los inquilinos.

      2. Si que nos pueden devengar dentro de la actualización del año en curso el acumulado de años anteriores aunque no lo hubieran actualizado en su momento. Si por ejemplo para 2024 el baremo es de un 1,4%, ese porcentaje si podría aplicarlo al valor de la renta con el ipc de los años anteriores aunque no cobrarán la renta actualizada. Deberían calcular el valor de la renta con el ipc correspondiente de los años en los que no se aplicó, y desde esa renta calcular el porcentaje del año que si que quieren aplicar. Si que pueden hacerlo, pero mi experiencia con los caseros es que son tan vagos e imbéciles que no lo hacen.

      3. En cualquier caso, la actualización de la renta tiene como tope el valor máximo fijado por el gobierno y facilitado por el INE. Si dice que es el 2’3%, el máximo que pueden actualizar es el de 2’3%.

      4. Y aunque no lo sepáis, si se incluye la actualización de la renta a través del ipc, y éste es negativo se puede reclamar una actualización a la baja de la renta, y el casero estará obligado a aceptarla. Es peliagudo pedirlo por no hablar de que se dé un ipc negativo en esta España nuestra, lo sé, pero es una posibilidad real. En todos los casos, se debe anunciar la nueva renta con un mínimo de un mes de antelación a la fecha de finalización o renovación del contrato.

    4. La duración mínima del alquiler es de 1 año para el arrendador y de 6 meses para los arrendatarios. Es decir, a partir del medio año los inquilinos podrán abandonar la vivienda, realizando la comunicación pertinente (normalmente un aviso con un mes de antelación) sin tener que pagar indemnización. Mientras que la obligatoriedad para el casero será de 1 año. Si no cumplen esos plazos la parte perjudicada tendrá derecho a la indemnización, bien incluida en el contrato, o la fijada por la ley. La duración máxima del contrato de alquiler es de 5 años. Esto es, un arrendatario puede ocupar un alquiler durante esos 5 años sin cambios en las condiciones de renta, sólo pagando las actualizaciones por ipc, si son pertinentes. No nos pueden echar de un alquiler si no se ha llegado a ese plazo, y tienen que tener mucho cuidado de iniciar procesos de desalojo o ruptura del contrato dentro de ese plazo.

    5. Tras firmar el contrato la ley obliga a depositar la fianza en el organismo competente de la comunidad autónoma donde se celebra el contrato. El objetivo es dejar esa cantidad inmovilizada en una entidad neutral, dependiente de la administración regional (con competencias en materia de vivienda) y que ésta, quede disponible para ser devuelta al arrendatario de forma inmediata. Si bien, como digo es obligatorio el cumplimiento (artículo 7, decreto 147/1997) es conveniente comprobar que el arrendador ha cumplido con su obligación.

  4. Los suministros. Atendiendo a lo que se haya acordado en el contrato, por lo general, el inquilino se hará cargo de abonarlos. En ocasiones, y como parte de la gestión de la inmobiliaria intermediaria, está agiliza los trámites para dar de alta al nuevo arrendatario como depositante de los suministros (luz, agua, gas). Pero lo más común es que el arrendador “pase” las facturas al inquilino y este le transfiere las cantidades. Recomiendo la primera posibilidad, siempre teniendo claro el dar de baja en tiempo y forma los suministros, o mejor dicho, tu perfil en los suministros de la vivienda, comunicando al intermediario y al casero que se va a pagar hasta tal día. Por lo general, al finalizar el contrato, la fianza queda dispuesta para pagar esos últimos suministros. Pero esto tenéis que saber que es ilegal, y que el deber del casero es restituirla íntegra (si no ha habido desperfectos o impagos que puede demostrar) y por parte de los inquilinos, el de pagar las facturas hasta la fecha de ocupación de la vivienda. Es por eso importante, adjuntar en la comunicación de fin de contrato, el día hasta el que se ocupa la casa que será el día hasta el que se hacen responsable de los pagos.

  5. El estado de la vivienda. No será la primera, ni la segunda, ni la quinta vez que entro en una vivienda y me como la mierda que han dejado los anteriores ocupantes. En otros países europeos, por ejemplo en Países Bajos, es obligatorio por ley que el arrendador y/o la agencia intermediaria adjuntar la factura de una empresa de limpieza que ha dejado en perfectas condiciones la vivienda. Aquí sería un trato justo para con los futuros arrendatarios, sobretodo si se consigue que este gasto no se sufragará en la siguiente renta. Pero es que muchas y muchos estamos hartos de entrar a vivir en viviendas que no reúnen unas condiciones mínimas o no cumplen con un estándar de limpieza. Suelos, techos, detrás de los electrodomésticos (que también resulta conveniente hacer una inspección del estado de los mismos, sus años de uso incluidos), cocina, baños, terrazas, ventanas,… son algunas de las instalaciones que acompañan la vivienda y que se supone que ante la entrada de un nuevo inquilino son responsabilidad del casero tener en óptimas condiciones. En todo caso, y aunque no sea obligatorio por ley, se puede negociar a la hora de la firma del contrato, o bien, lo que yo hago, es demostrar con fotos el estado lamentable de la vivienda, y así forzar al casero a asumir después de la firma el pago de una empresa de limpiezas. Y en las cuatro ocasiones que lo he intentado ha colado.

  6. Reparaciones. Pueden ser estructurales o de bienes concretos, y pueden deberse al deterioro natural, a un mal uso o a una negligencia por parte de los ocupantes actuales o pasados de la vivienda. La ley indica que en cualquier caso el arrendador debe gestionarlas, esto es, buscar profesionales y productos que solventen la incidencia, y por supuesto, hacerse cargo del pago de las mismas, porque al final son mejoras que se incluyen en su propiedad. Pero lo general, es que mientras se produzcan cuando tu estás usando la vivienda, el casero delega en ti la gestión de esta incidencia y luego ya se ajustará el pago a través de una rebaja en la siguiente renta mensual. Conservar y adjuntar siempre las facturas porque en el caso de pagarlas vosotros, luego incluso os las podéis desgravar (en vez del casero).

  7. Fin del contrato.

    1. Somos los inquilinos quienes abandonamos la vivienda. Imprescindible comunicar la fecha de desalojo de la vivienda y fin del contrato con al menos un mes de antelación y por escrito (siempre que el contrato no especifique una fecha de aviso mayor y/o un medio de comunicación determinado). Si hay que dar de baja suministros, incluirlos en la comunicación y la fecha y forma hasta la que se hace responsable del pago. Recordar: puedes rescindir el contrato sin penalización en cualquier momento cuando hayan pasado 6 meses desde la firma de este documento.

      1. Tema de la fianza. Abro aquí un particular. Dependerá de la “salud” o bienestar que tenga la relación entre casero e inquilino. Yo ya he tenido de todo. En las buenas y normales, lo lógico es que se pague ese último mes como un mes más, se abonen las últimas facturas de suministros cuando lleguen (aplicando desgloses si es preciso) y se te devuelva la fianza íntegra en tiempo y forma.
        En las malas y muy malas, y también en caso de que nos echen, lo que recomiendo es no pagar el último mes e indicar que esa fianza depositada es el cobro de la renta de ese último mes y que al finalizar se harán cuentas. Es una ilegalidad o una a-legalidad cuando menos, que me recomendaron hasta 3 abogados diferentes en su momento, porque ante la explicación del caso todos convenían en “
        haz esto porque no te va a devolver la fianza”. Por cierto, si la cosa se empieza a ponerse fea siempre ayuda presentar escritos bien redactados, que se note que son de mano de un profesional de leyes para tener al casero acojonado.
        La devolución de la fianza tiene un plazo máximo de 30 días desde la devolución de las llaves, y pasado ese plazo el inquilino debe reclamar intereses de demora (artículo 36 LAU).
        Ah, se me olvidaba, siempre me han devuelto la fianza, si no entera, casi siempre, una parte proporcional mayor que la que me correspondía.

    2. Nos han pasado el burofax para que abandonemos la vivienda. Aquí hay varios casos pero todos se basan, fundamentalmente en que quieren ganar más dinero con el alquiler:

      1. En primer lugar hay que recordar que dentro de los primeros 5 años de vigencia del contrato, no pueden echarnos de la vivienda, a menos que inicien procedimientos extraordinarios, y que además están muy determinados en la ley y casi siempre por el mismo contrato de alquiler, como puedan ser por impagos de la renta, desperfectos continuados y demostrados en el bien y la propiedad, comportamientos antisociales, etc.

      2. Indican que necesitan la vivienda para el uso de un familiar. Por mi experiencia esta es la forma más habitual que usan los caseros para desalojar inquilinos con los que están descontentos. Pero ojo, porque sobre el papel, sobre la ley, no lo tienen tan fácil. En primer lugar, tal causa debe estar recogida en el contrato. Si no aparece es ilegal acogerse a ella. Si efectivamente aparece el arrendador tiene que demostrar la “urgencia y la novedad de la situación que implica la necesidad de la vivienda”. Esto es, tienen que acreditar que el familiar indicado necesita vivir en esa vivienda por una situación de fuerza mayor, sobrevenida de imprevisto en tiempo reciente y que carece de otra forma de alojamiento. Tienen que demostrar, con declaración jurada de por medio, que ni el casero, ni ese familiar tienen más viviendas en la localidad. Cosa bastante fácil de comprobar porque deben de aportar los dnis de los familiares involucrados y automáticamente puedes hacer una consulta al registro de la propiedad (pangado la tasa, claro). También tienen que adjuntar un compromiso para que en un plazo inferior a 3 meses estar instalados en la vivienda y empadronados en la propiedad. Si no se cumplen estos requisitos el desalojo es ilegal de pleno derecho, es denunciable y los inquilinos tendrán derecho a indemnizaciones por daños y perjuicios, incluida la vuelta a la vivienda con la misma renta y por un nuevo período nunca inferior a 3 años.

    3. En cualquier caso, deberás desocupar la vivienda en la fecha indicada y dejarla en las mismas condiciones en las que te la encontraste (lógicamente a menos que haya habido intervenciones o reparaciones estructurales de la vivienda). Por ejemplo, si se estropeo un grifo y el casero pagó su reparación, el grifo se queda; si lo compraste y arreglaste tú, te lo puedes llevar, aunque recomiendo no hacerlo. Entregarás las llaves con todas las copias. Realiza fotos del estado de la vivienda el día de entrega de las llaves. Haz las fotos donde se vea claramente un periódico del día, como prueba de vida. Esto es un seguro ante posibles reclamaciones. Y por supuesto ante el caso de que tu tengas que denunciar a tu ya ex-casero (lo mismo si hay que denunciarlo con el contrato vigente).

Por último, no dejes de tener en mente y a mano la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Te aseguro que tu la conocerás mejor que el casero y que los intermediarios (y a veces, incluso que abogados “especializados en materia de vivienda”), y simplemente con parafrasear, citar o adjuntar artículos a tu favor en las comunicaciones con tu casero, tanto formales como informales (dichoso grupo de whatsapp) harán que todos bailen a tu ritmo. Aunque sea temporalmente.


La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...