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viernes, 13 de marzo de 2026

El Estado de las Autonomías y el freno a la España plurinacional


Las banderas de las Autonomías en el edificio del Senado en Madrid. En primer término y al centro, más grandes, la bandera de la UE y la bandera de España

 

La ola reaccionaria y fascista que asola el mundo tiene su propia idiosincrasia en España. En parte debido a una endeble herencia y construcción democráticas, fruto de la supervivencia de los poderes salidos de la dictadura franquista y de la ardua negociación-sumisión que se llevó a cabo con las fuerzas de izquierdas. Pero es sobretodo la cuestión nacional, la construcción del estado-nación y la esencia plurinacional de la península Ibérica, la que añade más capas de confrontación, así como una realidad propia que no debe tomarse a la ligera.

Si en otras latitudes es la cuestión de la inmigración, con la “teoría del gran reemplazo” de la identidad racial y cultural del cristianismo, como tensión suprema vinculada a las migraciones, lo que moviliza y cohesiona a la ultra derecha en España, sin perder su cuota de protagonismo esta cuestión, son las dificultades que acarrea un proceso territorial inacabado e ineficiente en eso de dar respuesta a las distintas sensibilidades del estado lo que enerva a las huestes ultras. Recuperando una idea falsaria y absolutamente fantasiosa de la “Gran España”, católica e imperial (la Reconquista, el Imperio, la cristianización, el orden, la Gran Cruzada de la Guerra Civil, etc.) sacralizan la Constitución del 78, de la que se han apropiado (cuando votaron en contra o llamaron al alzamiento militar en su contra), como un ente inamovible. Una biblia dogmática y en piedra imposible de cambiar, de reformar, y a la que deben ajustarse las realidades. Otra aberración política más, puesto que si algo deben de garantizar las constituciones y las reglamentaciones que supervisan y permiten la convivencia entre personas, es su perpetua revisión, su abierta actualización y perenne discusión.

Sin embargo, la Constitución es inamovible, presentada como un programa de máximos que en realidad y a duras penas concede unos mínimos de convivencia y representación, y donde en vez de ajustarse a las demandas de la sociedad, esta tiene que claudicar constantemente y enclaustrarse en los dogmas de la constitución, sus padres (no hubo madres en el parto) y sus hacedores, todos ellos sacralizados a cuenta del esfuerzo y el progreso de las clases trabajadoras y sus diversas identidades.

El politólogo e historiador Benedict Anderson teorizó a comienzos de los años 80, en los albores del neoliberalismo y el neoconservadurismo, sobre el nacionalismo y los procesos de construcción de los estados modernos. Planteaba el autor británico la existencia de “comunidades imaginadas”, esto es, colectivos que se identifican con una serie de valores compartidos (una lengua, una cultura, unas tradiciones, unas instituciones) que acaban constituyendo comunidades políticas propias, soberanas y limitadas por la existencia de otras comunidades imaginadas limítrofes. En este sentido, aparecerían las naciones, como resultado de un proceso de construcción histórica y social, donde los sentimientos de pertenencia a la comunidad imaginada serían más aglutinadores que los factores de clase o desigualdad material que podían desligar la comunidad. De este espíritu compartido de nación podría articularse la estructura material del estado que organiza y jerarquiza el sentimiento nacional. No siempre se daría la creación de un estado, con la existencia de una nación, pero la emergencia del primero, solo puede darse si existe el segundo.

Extrapolada al caso de la España de la transición, y de la actualidad, vemos como la cuestión territorial sigue vigente. En parte como pegamento y cohesión de las ideas conservadoras, ultras y reaccionarias. Pero fundamentalmente, como una cuestión abierta, una tarea inacabada, puesto que la administración territorial del estado no responde a la lógica de las diversas sensibilidades que comparten península. Aunque la Constitución en su artículo 2 del título preliminar avala la esencia plurinacional del estado, lo hace “de aquella manera”, sin recorrer todo el camino a la protección de las naciones o identidades nacionales o regionales (ni de sus lenguas, costumbres propias o culturas), y por supuesto, se queda a medio camino del planteamiento de un estado federal, que es la solución más perfecta a la realidad. El modelo de las Comunidades Autónomas, una peculiaridad propia de la alta política española es el resultado, y como otras soluciones recogidas en la Constitución, es otro formato indefinido a caballo entre la reacción franquista y la revolución progresista de su oposición.

Pareciera que en el caso de España actual, la intención sería seguir la doctrina expresada por el filósofo francés del siglo XIX Ernest Renan, para quien primero vendría el “Estado” como armazón del sentimiento de nación. Si bien en las naciones que se construyeron o coaligaron en la segunda mitad del siglo XIX y hasta hoy en día, parece que han sido las mitologías nacionales las que se han incluido en las celebraciones y fiestas populares (pensemos en Francia, Italia, Alemania, el Reino Unido, Irlanda, pero también en los países salidos tras la caída de la URSS y el desmembramiento de la Antigua Yugoslavia), en el caso de España, esta lógica renaniana no ha acabado de cuajar, pese a que pensadores de notables garantías como Jovellanos, Pi Margall, Baroja, Unamuno, Echegaray u Ortega hicieran reclamo por la construcción de la nación española.

Sin embargo, ni una dictadura fascista, ultra conservadora, clerical, militarista, atroz y extremadamente duradera han podido terminar de construir ese nacionalismo español que aglutinase bajo el estado al grueso de la población. Al acabar el franquismo, la mayoría de la ciudadanía, veía España como una nación sólida, si, pero las minorías en Catalunya o Euskadi solo lo reconocían como un estado cuya autoridad no podía silenciar su sentimiento nacional. Además, la oposición democrática, primero en la clandestinidad de la dictadura, después tomando parte en el proceso de transición a la democracia, trabajó junto a los nacionalismos periféricos catalán, vasco o gallego (incluso regionalismos en Andalucía, Valencia, Canarias o hasta Asturias) para construir un sistema democrático, lo que añadió confusión a la idea de la España sólida y garante de las identidades, puesto que eran una oposición a esa idea cercenadora expresada e impuesta desde Madrid.

Fruto de este choque de fuerzas es la Constitución del 78 y el Estado de las Autonomías consagrado a través de ella. De esta manera se consiguió vincular la democracia, como sistema político opuesto a la dictadura fascista, a la idea de una España plural, de una nación de naciones, que a través de los marcos políticos podía discutir y decidir su destino coaligado, prácticamente de tú a tú.

Esto funcionó relativamente bien durante los primeros 25 años. Sin olvidar, por supuesto, el atroz terrorismo etarra. A comienzos de los dosmiles, la primera mayoría absoluta de un partido de derecha en la España democrática, supuso la voladura paulatina de todos estos puentes entre identidades nacionales, hasta la demolición total que supuso la condena del Estatut catalán de 2007 suspendido por el Constitucional conservador por una denuncia del PP. Si bien las derechas nacionalistas de Catalunya y Euskadi aprovecharon su sintonía con el PP para ganar mayor autonomía y desarrollar sus propios sentimientos nacionales, tuvieron que soportar el verse relegados por esa misma fuerza nacionalista españolista que ya no necesitaba su colaboración para sacar las rentas a los trabajadores. Aquellos que hicieron campaña y votaron en contra de un proceso democrático allá por los 70, volvían a impedir concesiones y adaptaciones dentro del marco democrático, toda vez que calculaban ya no necesitar a las burguesías catalanas y vascas (en todo caso hablamos de pactos entre “élites”) porque habían conseguido dinamizar Madrid, como epítome de lo que es la nación española.

Rotos esos equilibrios territoriales y también ideológicos entre las distintas Españas (“nacionales” o “periféricas”, “derechas” o “de centro”) lo que tenemos hoy es un país invertebrado. Muy extenso, sobre una topografía complicada, que no ha impedido la construcción de un sistema radial muy fuerte, que convierte al centro, la capital del Estado, a Madrid, en un agujero negro que fagocita riqueza, talento y futuro de las regiones adyacentes, capturando ya incluso las más alejadas (Galicia, Asturias, Andalucía Occidental, fundamentalmente).

Por su parte, mientras Euskadi resiste con una idea de estado-nación consolidado, con eso si, severas fracturas sociales entre una visión conservadora-liberal y una proletaria-social, en Catalunya la voladura del pujolismo como partido político, y de diálogo entre derechas corruptas, catalana y española, ha generado un ecosistema de partidos muy fracturado en el que conviven fuerzas de derechas e izquierdas, incluidas extremistas, tanto nacionalistas, como españolistas. En Galicia, la construcción nacional está lejos de hacerse por su propio pasado atado al caciquismo franquista, mientras que otras regiones como Valencia, Andalucía o los archipiélagos tienen cada vez mayores dificultades para expresar su propia idiosincrasia, aunque se haga desde los rigores del regionalismo, y sus problemas particulares o compartidos se enquistan, no se resuelven y ni siquiera se tratan porque están apagados por lo que acontece en Madrid. Y eso en cuanto a identidades amparadas por su propia región o comunidad autónoma. Pensemos en las que no, sobretodo en el caso del leonesismo, y de los problemas derivados por la España Vaciada. En todos estos casos, el auge del “españolismo”, del sentimiento nacional español, hace que toda expresión identitaria, ya fuera nacionalista, regional, local o particular se quiera cerrar en la bandera del rojo y gualda, y en la política de Madrid.

En todo esto, la izquierda ha salido mal parada, incapaz de argumentar de manera sólida y cohesionada, por un escenario federal que garantice todas las identidades y su diálogo en igualdad de condiciones. Mientras la España Interior, se convierte en Vaciada, e incluso en Olvidada, y las nacionalidades y sentimientos propios de las distintas regiones son atacados por el “madrileñismo de extremo centro”, esto es, el nacionalismo franquista español. En este sentido, la voluntad de aunar proyectos políticos de izquierdas, ya sean nacionalistas, regionalistas o nacionales, hacia un Frente Popular es siempre una buena idea, y además, una oportunidad para construir desde el posicionamiento político un país mejor, más garantista y más responsable. En definitiva, más real, donde las instituciones políticas sean efectivamente reflejos puros de las identidades y necesidades de la población.

En un mundo en crisis económica perenne, con severas amenazas a la seguridad y la paz, y con una crisis medio ambiental que trasciende hasta la propia supervivencia de la especie, las tensiones en la convivencia entre culturas, fruto tanto de la globalización como de las migraciones, y los ajustes económicos y sociales, están provocando repliegues identitarios en la nación, con las subsiguientes rupturas sociales, en la convivencia y en la democracia, lo que explica en buena parte, el auge actual del fascismo y todo lo que está pasando.

Sin duda, tienen que habilitarse las reformas necesarias para mejorar la convivencia y la dignidad de las distintas naciones y sus entidades dentro del estado español. Una Constitución no es una biblia en piedra. No es palabra santa y sacralizada que no se puede modificar y que tenga que coaccionar las formas de vida de nadie. Somos más nación, más país, y fundamentalmente, más fuertes y felices, si todos nos sentimos respetados y partícipes en procesos de decisión. Reconocerse como una nación de naciones y hacer que así se recoja en los mandatos políticos es la garantía de construir nación y hacer futuro. Por desgracia, el cortoplacismo, y el auge de la extrema derecha, van en dirección contraria, y como resultado tenemos bloqueos institucionales que impiden el avance en las normas y convivencias.

El proyecto plurinacional va de un estado que practique una gobernanza compartida, y a su vez, en contra de las lógicas capitalistas y mercantilistas que profundizan en la desigualdad entre territorios y entre autonomías que vemos cada día (empezando por los dumpings fiscales y las rebajas de impuestos) y hacia ese estado disfuncional donde son incapaces hasta de ponerse de acuerdo en como gestionar los recursos compartidos como puedan ser, por ejemplo, los ríos que transcurren por varias comunidades. Además, ayudaría a garantizar los estados de bienestar, haciéndolos más eficientes, más cercanos al ciudadano que los usa, defiende y trabaja en ellos (Sanidad, educación, servicios sociales, servicios de emergencia).

 



lunes, 5 de febrero de 2024

Política ficción: La Independencia de León

 

Imagen de la manifestación convocada el pasado domingo 21 de enero de 2024.

 

Hace un año y medio ya escribí sobre la Región Leonesa y la necesidad y conveniencia de que se constituyera en la décimo-octava autonomía para dar algo de dignidad, futuro e identidad a las tres provincias del Oeste castellano-leones. Pues bien, hoy, con la legislatura ya funcionando y con la agenda de oposición mediática de la derecha fascista y ultraliberal puesta en marcha se han reactivado las cuestiones que discriminan a estos territorios. Por lo tanto, me he animado a juntar unas letras en un hipotético paso más allá: el de una propuesta de independencia y nacionalismo leonés que crearán una nueva nación-estado en la península Ibérica.

A estas propuestas reivindicativas que estos días han sido noticia, mediática en sus lugares, apenas un breve a nivel nacional, se suman las élites políticas y económicas de los territorios, como en el caso de Salamanca con su alcalde y su cueva de ladrones del PP. Por supuesto, lo hacen ahora para hacer ruido y oposición, cuando ha quedado claro que no van a tener en su poder los artefactos del gobierno central. No olvidamos que buena parte de los desvarios y despropósitos que sufrimos vienen por sus administraciones corruptas, inmorales e inútiles. A los que, ya seamos organizaciones, colectivos o personas individuales, nos encontramos desde hace muchos lustros reclamando oportunidades para estas tierras nos congratula poder sumar a las élites políticas y económicas de los terruños a las mismas, y sólo pedimos que respeten la identidad propia de estas reivindicaciones, que no las instrumentalicen burdamente por intereses particulares, y sobretodo, que si son coherentes se queden aquí cuando en la rueda turnista del poder representativo de las democracias liberales les toque gestionar lo de todos.

Pasado el mega-ciclo electoral de 2023, se han vuelto a animar los movimientos y plataformas de defensa y denuncia, las manifestaciones o propuestas en pro de la sanidad y la educación públicas, que sufren la desigualdad inherente del estado centralista españistaní, y la horrenda gestión autonómica del PP, ahora con los neofascistas. Pero fundamentalmente está resonando la reclamación por la restitución, cuando no creación directamente, de un servicio ferroviario digno para Salamanca, y también para todas las provincias del Oeste peninsular, vertebradas por aquel invento de la Ruta de la Plata.

Salamanca fue la primera ciudad y provincia de Castilla y León que perdió sus conexiones ferroviarias que no tuvieran destino a Madrid. Durante un tiempo incluso fue imposible ir en tren a Valladolid. Pero lo más importante es que perdió las conexiones a Norte y Sur con las provincias limítrofes. Para colmo, nunca estuvo sobre el papel la salida al Oeste hacia Oporto en un tren que por su sólo planteamiento salta a la vista ya sería rentable. Sin embargo, la falta de rentabilidad fue la excusa para que hace ya muchos años se eliminasen las líneas provinciales que conectaban la raya y las comarcas con la capital provincial. Hoy son vestigios de un pasado que ya no volvera, y las infraestructuras como el espectacular tren minero de las Arribes y la Fregeneda, o la línea Alba de Tormes-Salamanca son meras atracciones turísticas (El Tren del Hierro en el caso del primero, una vía-verde en el segundo).

De este modo Salamanca se sumó a otro buen número de ciudades y provincias maltratadas en la construcción del sistema ferroviario nacional como Cáceres y Badajoz, Asturias en sus comunicaciones con la Meseta, la región "Mudéjar" (Sur de Zaragoza, Teruel, Soria, Guadalajara, Cuenca e interior de las provincias de Castellón o Valencia).Y es que en España, tenemos un problema muy serio cuando con el dinero de todos se construyen y mantienen infraestructuras que solo sirven para que los habitantes de la capital central se muevan por el país a su antojo y el resto tengamos que jodernos, y o pasar por allí, o funcionar con el vehículo privado. Y no olvidemos que no hace tantos años, en realidad a penas unos viente, que las comunicaciones viales por carretera mejoraron en muchas de estas provincias, y en Salamanca en particular, al llegar la construcción de autovías (otras ciudades todavía no han tenido esa suerte).

Por lo tanto, no hay nadie con dos dedos de frente que sepa leer y contar que pueda defender mínimamente el estado actual de las cosas a menos que tenga intereses pecuniarios en la cuestión. “Tenemos” un país a dos, o más velocidades, con regiones (y sus poblaciones en muy diversas y desiguales escalas de oportunidades y aprovechamientos) acaparando todo el poder económico y el dinamismo social. Y en cambio, quedan otras, depauperadas, empobreciéndose, quedando como destinos turísticos pintorescos o de fiesta barata, cuya principal materia de exportación es el talento de sus jóvenes.

Solo con echar un vistazo a las estadísticas demográficas y económicas comparativas entre provincias y regiones para constatar empíricamente lo que está sucediendo y la necesidad y justicia de los planteamientos que reclaman estas infraestructuras.



Por poner en antecedentes las reclamaciones que desde Salamanca se están haciendo van desde la restitución del cuarto y quinto tren diario a Madrid (suprimidos con la excusa de la Covid-19) y mejora de la puntualidad de estos servicios. La re-apertura de la Vía de la Plata, es decir, el tren Gijón-Sevilla que de Norte a Sur recorría la zona Oeste del país, en una reclamación a la que se han sumado todas las provincias que han visto perdida esta conexión. También, y gracias en buena medida al impulso puesto por Portugal y por la UE de la creación de un tren entre Oporto y Salamanca (con extensión hacia Madrid). Y por último, también debido al interés del gobierno portugués y de la Comisión Europea de la puesta en marcha del Corredor Atlántico una infraestructura que busca generar un dinamismo comercial e industrial en el Sur del continente que equilibre el peso del eje del Mar del Norte, y que al igual que el Corredor Mediterráneo tienen que ponerse en marcha sin tener que pasar por el agujero negro del estado españistaní: Madrid.

El caso es que llegados a este punto yo me he puesto a reflexionar y a volver a calibrar sobre la idea de un movimiento nacionalista, instrumentalizado en forma de partido político, es decir, de fuerza electoral, sin marcar una agenda de izquierdas o de derechas. Este ejercicio de política ficción era una conversación habitual en mis tiempos de bachiller cuando con otras personas lúcidas y atentas nos conformábamos nuestra manera de pensar y observar el mundo. Quizás influenciados por el ejemplo de la burguesía catalana consiguiendo beneficios del gobierno central del mequetrefe de Aznar y su banda de ladrones y secuaces. Pero ahora también lo ha motivado la bastante desencantadora gestión del nuevo ministro de transportes, el ex alcalde de Valladolid, Óscar Puente. De momento mucho más centrado en su papel de azote de la oposición y de tuitero mayor del gobierno, Puente ha minusvalorado la trascendencia de las manifestaciones y reclamaciones expresadas, incluso teniendo en cuenta que sus compañeros de partido dentro del PSOE de Castilla y León las están respaldando.

Entre zasca y zasca le ha dado tiempo a anunciar una nueva mega inversión para ampliar el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez con una infraestructura que corresponde más a los intereses de las élites financieras y constructoras, de aquí y de más lejos, que a las necesidades de transporte.

Otra inversión que se cuenta por cientos de miles de millones para la capital cuando con "apenas" unos 400 millones las infraestructuras demandas por el Oeste del estado español se podrían poner en marcha. No sé qué indigna, cuando no encabrona más: El seguir perdurando un modelo de estado centralista que deconstruye España y que, por cierto, ha ido fatal para las propias aspiraciones del PSOE y de la izquierda; el que se siga apostando por un modelo de transporte absolutamente fallido, sobredimensionado, irracional e insultante en un contexto de cambio climático de origen antropocéntrico; o que estas medidas las haga un político salido de Castilla y León. Y me da bastante igual que sea una medida que anuncia y ha trabajado su antecesor.

Lo cierto, es que en buena parte de la opinión pública de Salamanca y de León este anuncio ha provocado indignación. Sobretodo en quienes como digo, llevamos años en organizaciones que claman por algo de inversión y dignidad para estas tierras y que vemos, que indistintamente quien gobierne se sigue dando una preponderancia a Madrid que va a seguir chupando juventud y riqueza de lo que tiene alrededor. Es que ya no es el coste de oportunidad perdido. Es que se afianza un modelo que si que de verdad rompe España.

En este sentido, hay que recordar que si ahora se han sumado el PP a reclamar trenes y líneas para León es más fruto de su estrategia de oposición ante los pactos del gobierno central con el independentismo catalán. Por lo tanto, poca o ninguna colaboración vamos a encontrar ahí, ni con unos ni con otros, lo que me lleva de manera inevitable a cobrar ejemplo y plantear, por qué no, una independencia de León.

Si el antiguo reino de León, con Zamora y Salamanca se lanzará una campaña que buscará una independencia para constituidos como nación-estado soberano poder tener más dignidad y oportunidades para sus gentes qué pasaría.

Imaginamos por un momento que estas reclamaciones encuentran acomodo en las regiones a Norte y Sur. Asturias y Extremadura. Comparten con nosotros algunos aspectos identitarios y culturales que han salvado montañas y valles, pero sobretodo compartimos ser parte de una España Maltratada, ignorada y pitorreada.

Sería un nacionalismo de la zona más pobre del país, a diferencia de los nacionalismos independentistas catalanes y vascos, planteados por las burguesías industriales de las regiones más ricas del país, punta de lanza en cuanto a dinamismo social y avance científico y técnico.

Renta por habitante año

 

Aquí quienes queremos ser un país somos los más pobres de España. Y a lo mejor queremos ser un país, o a lo mejor queremos integrarnos en Portugal, por qué no. La constitución actual de la península Ibérica bebe y mucho de las apetencias de una adolescente como era la infanta Isabel, la posterior católica, que en aquel momento no estaba destinada a ser reina de Castilla y que desecho casarse con el príncipe portugués, su primo segundo de parte materna, y si con el príncipe aragonés, también con el mismo parentesco. Quiero decir con esta anécdota histórica que muchas de las instituciones y realidades que hoy se dan por sentadas, tienen su origen en cuestiones bastante, cuando menos, azarosas.

Pero volviendo a la cuestión imaginada, qué pasaría si León pidiese la independencia (León, entendido como reino medieval casi mítico, junto a Zamora y Salamanca). De entre los factores que favorecerían la creación de este artilugio y consenso político podrían emplazarse dos: Uno, a nivel institucional, con la remembranza de las Cortes medievales de León, las primeras asambleas de carácter legislativo y participativo de la Historia europea, y que ya en tiempo, decidieron aspectos que tenían que ver con estas provincias, por lo que compartimos un pasado común. Y en segundo lugar, el sentimiento compartido de sentirse discriminados por Madrid y por Valladolid, por lo que se hace necesario un repliegue identitario entre quienes sufren las consecuencias de tales discriminaciones. Nos faltarían algunas cuestiones básicas a la hora de construir estados-nación, como una lengua propia y compartida, y a la vez, superar estos casi 50 años de colocación castellano-leonesa. Pero todo sería posible.

Pues sólo se me ocurre un caso moderno con el que comparar, el de un territorio más pobre que pide la independencia de otro más rico. Normalmente, insisto, son las naciones más ricas las que piden independizarse (Euskadi, Catalunya, Roselló, Córcega, Flandes en Bélgica, etc., quizás el ejemplo más disonante sea el escocés con respecto a Reino Unido).

El único caso similar fue lo que sucedió en los años 90 en Checoslovaquia a la caída del Muro de Berlín y del Comunismo. Poco más de un año después la clase política eslovaca atendía ciertas presiones populares para solicitar su independencia de Chequia. Había diferencias culturales y sobretodo económicas. Checoslovaquía había sido fruto de los acuerdos de Versalles tras la Primera Guerra Mundial y el acuerdo de Trianon en 1920 que desmembraba el antiguo Imperio Austro-Hungaro tras su derrota en la contienda. Todo el imperio se fracturó en diversos estados pequeños, con cierta cohesión interna a través del idioma, lo que condujo a la creación del estado de Checoslovaquia que aglutinaba no sólo a Chequia y Eslovaquia, sino también a Moravia y Bohemia (incluidos los condados alemanes de las montañas de los Sudetes que serían objetivo de Hitler en el Tercer Reich).

La nueva nación de Checoslovaquía deambuló sin coherencia interna antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1939 la amenaza desde Alemania y desde Hungría marcó al país que al mismo tiempo se dividía entre comunistas en Eslovaquia y anticomunistas en Chequia, liderados por el sacerdote colaboracionista nazi, Tiso. En 1939, ante el avance nazi, Eslovaquia se constituyó en estado independiente comunista, pero su estatus sólo duro hasta 1945, cuando en la Europa salida de la Guerra se decidió consagrar Checoslovaquia que pasó a formar parte del bloque del Este regido por el partido comunista checoslovaco. Como digo el período comunista no funcionó a la hora de dotar de cohesión y fraternidad (a través de la clase trabajadora y la ideología socialista) al conjunto del estado, y se mantuvieron las aspiraciones de las dos naciones que estallaban cuando desde Praga se pedía democracia y libertad.

La caída del muro provocó que se fueran marcando las diferencias entre Chequia y Eslovaquia. La Revolución de Terciopelo en 1989 provocó la caída del régimen comunista colaborador con la URSS. Bajo un estado, Checoslovaquia, convivían dos repúblicas federales con claras diferencias económicas y sociales. El más dinámico, industrial, urbano y occidental Chequia y la más rural y agraria Eslovaquia. El resultado fue que las aspiraciones soberanistas de Eslovaquia fueron creciendo a medida que se plasmaban las mayores diferencias ante la apertura de mercados y la aplicación de liberalismo económico. De este modo, en julio de 1992 Eslovaquía se declaró como estado soberano.

Esto no provocó ningún conflicto con Praga que aceptó la situación y pasó a negociar abiertamente la independencia de las dos naciones en lo que se conoce como el Divorcio de Terciopelo. Finalmente se anunció para el último día de ese mismo año. A 1 de enero de 1993, República Checa y Eslovaquia eran dos naciones distintas y soberanas que se fueron incorporando a su ritmo, pero al mismo tiempo, a las instituciones internacionales como el Consejo de Europa, la OTAN o la Unión Europea. Por poner en comparación, basta el ejemplo coetáneo de Eslovenia y Croacia, las dos naciones más ricas dentro de la antigua Yugoslavia que proclamaron su independencia al mismo tiempo. Todos sabemos y recordamos lo que pasó.

Por este motivo, me parece tan significativo el ejemplo de Eslovaquia para una hipotética independencia del Reino de León (León, Zamora y Salamanca), ampliado a Asturias y Extremadura. No tengo ninguna duda de que las élites del estado españístaní aceptarían aliviados sin más un planteamiento así y se abriría el proceso de negociación. Evidentemente, todo tendría que hacerse con un buen respaldo popular, porque aunque los movimientos se planteen desde arriba, estos tienden a beber de las inquietudes y sentimientos de abajo.

Otra cosa es que desde Madrid una independencia de León, Zamora y Salamanca no se pudiera aceptar para no dar ejemplo a Euskadi y Catalunya, absolutamente fundamentales para mantener este chiringuito que es Madrid, digo España. Por lo tanto, quizás sería lógico pensar pese al loable ejemplo eslovaco, en caso leonés también hubiera hondanadas de hostias.

En todo caso, y valga como conclusión, me lo he pasado muy bien estas dos horas largas preparando y escribiendo estos párrafos, y espero sirva, para quien lo lea en pensar en lo que podría pasar, y fundamentalmente, en la necesidad ya imperiosa, de otorgar dignidad y futuro a las gentes y los territorios del Oeste peninsular. Lo necesitamos, lo queremos y lo reclamamos.


 


jueves, 6 de mayo de 2021

El bienio negro de Madrid

Con una participación histórica y de récord (y en pandemia y en día laborable) Isabel Díaz Ayuso revalida mandato y gana las elecciones madrileñas de ayer 4 de mayo, may-the-4rce. Lo hace mejorando sus resultados y manteniendo el auge de la extrema derecha de Vox, toda vez que buena parte del espectro de esa extrema derecha se ha sentido identificada y respaldada en la figura de la IDA.

Para poner en contexto a continuación unos cuantos hechos que las madrileñas y madrileños ayer certificaron con sus votos:

  • Las corrupciones, nepotismos y caciquismos de 25 años de gestión del PP en la Comunidad de Madrid y los de la propia Ayuso (sobrecostes del Zendal y los favores a un especulador inmobiliario que le ha regalado su alojamiento durante la pandemia, por poner unos ejemplos).

  • Una gestión de la pandemia caótica y criminal en el tema de las residencias de mayores, QUE SI SON RESPONSABILIDAD DIRECTA DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS.

  • En esta línea posteriormente, no tuvo problemas en cerrar y COARTAR LA LIBERTAD de los madrileños que viven en barrios y pueblos humildes, mientras mantenía abiertos los distritos adinerados aunque estos últimos tuvieran tasas de contagio de la COVID mayores (incluso hasta llegar a triplicar).

  • Sucesión de mentiras en los mandatos de la administración central para la desescalada: No ha contratado más médicos ni personal sanitario, no contrato ni un sólo rastreador.

  • Ha encabezado una oposición al gobierno central -que tiene lo suyo- con el único propósito de conseguir el poder. Ya sabéis son tan patriotas que quieren el país para ellos solos, aunque sean sólo los escombros.

  • Adoptando un discurso y unas formas claramente trumpistas ha enfangado la ya depauperada convivencia en el estado, lo que ha dado alas aun más a la extrema derecha de Vox como se ha visto con el episodio de los debates electorales.

  • De hecho, la ciudadanía madrileña, ha validado una política oscura, violenta, barrio-bajera, sin propuestas. Sólo ataques personales, bulos, mentiras y opresión.

  • Menús escolares concedidos a multinacionales del sector de la comida rápida y comida basura.

  • Privatización de la sanidad pública. Con dos huelgas del personal médico en menos de un año.

  • Privatización de la enseñanza pública.

  • Bajadas de impuestos a las clases altas lo que supone un atentado inmisericorde a esa Constitución, que tanto les gusta citar, y que proclama la progresividad fiscal de las y los españoles.

  • Más gestión caótica, en este caso, con la famosa nevada de Filomena en enero, donde los escasísimos recursos que tienen privatizados y arrinconados en concesionarias se pusieron a disposición de los barrios ricos, mientras en las zonas de clase trabajadora las gentes tenían que quitar la nieve con palas y con las bandejas del horno.

  • Alquileres (y precio de vivienda nueva) por las nubes con 3 y hasta 4 veces por encima del valor de mercado.

  • Venta, ilegal ya en los juzgados, de inmuebles de protección oficial a fondos buitres que buscan especular con la riqueza nacional y con un derecho básico.

  • Una sarta de declaraciones incoherentes, abochornantes e infames que denotan un problema mental o por lo menos una tara considerable.

  • Una campaña de acoso mediático y físico contra Pablo Iglesias y su familia basada en coacciones del sistema dentro del sistema, de bulos y mentiras de medios de comunicación oligarcas.

Pero todo esto y más, ha quedado validado ayer con un voto numerosísimo que le permite no sólo seguir gobernando Madrid durante dos años más con el apoyo de Vox; sino que Ayuso puede presentarse abiertamente a despachar a Casado en la dirección nacional del PP y como candidata a la Moncloa. Mientras Feijoo, tiene que guardar armas en casa.

La extraordinaria movilización si ha sido en pro de la libertad de tomar cañas, disfrutar de los atascos, pagar pocos impuestos y vivir a la madrileña. Y también en oposición a Pablo Iglesias que ante el resultado, no ha tenido más que dimitir y abandonar la primera línea de la política. Otra victoria infame para esta desquiciada, estos energúmenos y una pérdida irreparable para la política.

Ayuso ha despachado a Iglesias no sólo fagocitando a Ciudadanos que está a semanas de ser disuelto, demostrando aquello que más que una fuerza bisagra se ha tratado de una marca patrimonial de la derecha en la que cobijarse cuando han venido mal dadas. Es que además ha reorganizado buena parte del voto ultra y lo que es peor: Ha pescado y en cantidades ingentes en los caladeros obreros tradicionales de la izquierda.

Probablemente las elecciones de ayer se perdieron el día de la famosa rueda de prensa en Sol de Pedro Sánchez y Ayuso con la retahíla de banderas. Ahí podría el presidente haber desactivado el peligro simplemente apretándole las tuercas y exigiendo lo que había salido publicado en el BOE semanas atrás. Sin embargo, le mostró el cuello a un perro rabioso. Y eso no se puede hacer, porque te arranca la cabeza. Ante la debilidad amparada en el respeto entre administraciones, Ayuso no respondió con cordialidad o comunicación como prometió ante los medios; sino con víscera, con odio y con mayores llamamientos al desacato y el libertinaje.

Ante una izquierda desaparecida, ajena al conflicto y que no ha hablado hasta la llegada de Iglesias, de los problemas de las clases trabajadoras, estas han sido seducidas por los cantos al onanismo liberal, del sentimiento de identidad sabiamente utilizado por el fascismo. Por unas cañas que no van a poder ni siquiera pagar, han preferido encadenarse a las levas, en vez de romper los grilletes.

El fiasco de la izquierda es importante por el volumen de voto obrero perdido en favor de la derecha. Es cierto que Madrid aún con la influencia que ejerce sobre la que pasa en el resto de territorios del estado español, es un experimento neoliberal de primera magnitud, con más de 25 años de funcionamiento y que ha ido arrinconando el asociacionismo vecinal y los sentimientos colectivos de pertenencia, lucha y rebeldía. No se puede extrapolar lo que pasa en Madrid al resto de España, pero es innegable que el peso mediático que genera condiciona. En Madrid la derecha ha creado sus propios votantes plantando una ilusión de clase media al dejarlos desprovistos de buena parte de los servicios públicos, tanto en calidad, como en cantidad. El transporte y el urbanismo de la región muestran el individualismo exacerbado de la sociedad totalmente ausente de conciencia de clase.

Por otro lado, no se debe de obviar tras esta derrota, el hecho de que tras año y medio de gobierno “de izquierdas y pese a la pandemia y todas las dificultades emergidas, las reformas laborales y la Ley Mordaza siguen vigentes. Una lección que deberíamos de aprender ya es que la izquierda tiene que ser igual de agresiva con el BOE en la mano que como lo es la derecha cuando tiene el poder. Ser prudentes y tratar de evitar la confrontación es en realidad ser permisivo con un estado de las cosas que han lacerado buena parte de las bases ideológicas e identitarias de los que somos izquierdas. Si quieres pedir el voto a las clases trabajadoras, legisla y ejecuta cuestiones que ahonden en su beneficio.

La otra gran reflexión que no puede pasar ya, cierta y reclamada muchas veces, no deja lugar a dudas: Si queremos dar dignidad a las gentes y mejorar el nivel general del país, para que no haya tanta desigualdad y para que tengamos un futuro y un lugar mejor donde vivir, todas y todos, hay que movilizarse. Y llamar a la movilización. Estar activos a la hora de acompañar a los movimientos sociales y sus reclamaciones.

Los derechos y libertades, las de verdad como cuando vas a comprar una casa, a trabajar o a pedir un crédito, se consiguen a sangre y palos. Es duro decirlo pero es asi. Las clases dominantes no van a “ceder” sus privilegios en base a batucadas, votos y hagstags. Hay que tomar la calle y demostrar la fuerza colectiva del movimiento obrero, parte indispensable (la única que lo es) de los engranajes del sistema. Con estopa y estoicismo. Con resiliencia y con capacidad de aprendizaje y divulgación. Con honestidad y atrevimiento. Hay que ir a los centros de trabajo, a los barrios y sus asociaciones. A las universidades e institutos. Y hay que trabajar. Hay que elaborar programa y estrategias de difusión que vuelvan a poner al trabajador y por primera vez, a la trabajadora, en el centro de la toma de decisiones. Si no, pasará esto más veces: El fascismo traerá la barbarie. La está trayendo ya.

Porque al final el valioso ejemplo de Pablo Iglesias ha llegado tarde. Porque frente a él (y su familia, y su partido) se ha levantado una maquinaria infame, opresora y fascista, para callarlo y eliminarlo del terreno político. Porque le han tenido (y nos tendrán) miedo a él y a quienes decimos la verdad; la necesidad de cambiar las estructuras de poder para construir una sociedad donde la libertad sea absoluta, gracias a la igualdad y a la utopía de la fraternidad.

La llegada a campaña de Pablo Iglesias ha dado batalla tal y como muestra la campaña mediática de mentiras y bulos que ha aparecido (el periodismo y sus trabajadores de base también tiene que reflexionar. Y mucho). Pero primero la negativa de Más Madrid a la búsqueda de candidaturas conjuntas, y después el perfil bajo del candidato del PSOE madrileño pusieron obstáculos, que ni siquiera las algaradas, provocaciones y el matonismo de una extrema derecha crecida han podido sobreponerse.

Iglesias ha movilizado y mejorado el voto a Unidas Podemos y ha arrastrado a Mas Madrid, a costa de un PSOE, en el que también cohabitaba mucho reaccionario que ve a Unidas Podemos como un peligro con el que se es más intransigente que con el mismo PP. Cuando la campaña, absolutamente brusca, desleal, mezquina y rastrera que se recuerdan (y mira que el nivel ya era alto) ha tornado a un clima de violencia y amenazas pre golpistas, los llamamientos a la unidad y la movilidad han llegado demasiado tarde por algunas de las cosas que hemos hablado unos párrafos arriba.

Hace 10 años por estas fechas existían sondeos que daban a Izquierda Unida el sorpasoo al PSOE y la victoria en las elecciones autonómicas y municipales en Madrid que se celebraban en unos días. Surgió el 15M. Y una movilización colosal de los jóvenes de izquierdas que amenazaba con poner patas arriba el estado degradado que nos dejó la transacción. No se podía y no se puede aguantar tanta corrupción, tanta indignidad y tanto fascismo y parecía que asaltar los cielos era cuestión de meses. Después vino Podemos y la institucionalización de aquel movimiento en un fuerte personalismo marcado por Pablo Iglesias y su círculo desde Madrid. También surgió Ciudadanos para que las gentes de la derecha pudieran votar derecha sin tener la nariz tapada. Y luego vino Vox porque ese franquismo sociológico no podía votar a un catalán.

Ayer fue un mal día y hoy es un día duro. El fascismo sigue campando a sus anchas y seguimos sin encontrar las estrategias para luchar contra él. Y las consecuencias son del todo incontrolables. Es evidente que después de ayer la viabilidad de la legislatura corre peligro y con ella, que se deshaga lo poco progresista y de reparto de riqueza que se ha hecho en este año y medio.

Me niego a hablar de fin de ciclo de lo iniciado con el 15M, porque aunque se han conseguido muy pocas cosas, la emergencia social sigue ahí y se agrava cada día. Es innegable que el deterioro de la democracia en este país y la situación agonizante del capitalismo antes incluso de la COVID exigen respuestas de la ciudadanía para proponer desde abajo modelos políticos, sociales y económicos que no dejen a nadie atrás. Porque hay riqueza, ingenio y dignidad a raudales para que esto así sea y no que nos aprisionen con mordazas, hipotecas, grilletes, amenazas y violencias toleradas, mediáticas, institucionalizadas y opresiones oligarcas.

Se vienen dos años, hasta las próximas elecciones autonómicas, en las que la escalada de provocación, infamia, corrupción, inmoralidad, agresividad y pérdida de derechos y libertades de todas y todos va a crecer hasta la estratosfera. Ayer se pudo y debió parar esta vorágine. Cuando acabe este bienio, puede que sea demasiado tarde.

Toca pensar. Toca replanteárselo todo. Todo menos el antifascismo.


martes, 16 de marzo de 2021

Compromiso y valentía

Captura del video en el que Pablo Iglesias anuncia su candidatura a las Elecciones en Madrid del 4 de mayo. 

 

El maremoto desatado en Murcia la semana pasada sigue dando vaivenes a la trituradora que resulta ser la política española. Pablo Iglesias ayer dimitía como vicepresidente del Gobierno y se postulaba para ser el candidato de Unidas Podemos en las próximas elecciones madrileñas del 4 de mayo. Un movimiento atrevido, valiente, rompedor y que ha pillado en fuera de juego a todo el mundo, incluida la extrema derecha representada en la pazguata de Ayuso.

Ante una izquierda desaparecida la dicotomia planteada por Ayuso en las elecciones era un win-win. Socialismo o libertad, decía la IDA reduciendo a la mentira el binomio: Hace 25 años que no hay un atisbo de un mínimo socialismo en la comunidad de Madrid y millones de sus habitantes han perdido libertad al buscar trabajo o una vivienda. La libertad sin igualdad es un bosque arrasado por un incendio forestal.

Con Iglesias la izquierda presentará batalla. Primero espanta la posibilidad de que Unidas Podemos quedase fuera de la Asamblea. Después en el páramo de la izquierda madrileña representado por Gabilondo y Errejón. Estos a su vez ya lamentan los 28 días que han pasado sin hacerle una moción de censura a la impresentable de Ayuso. Y es que el hasta ahora vicepresidente aterriza mejorando una previsión electoral que tendía a 0.

Al igual que hizo Sánchez con Illa en Catalunya con el independentismo catalán, ahora Iglesias roba el eje de protagonismo a Ayuso con un golpe de efecto. Sobre la figura de Iglesias va a pivotar más de la mitad de la campaña y como buena trumpista, quitarle el foco a Ayuso no es sólo una medida de salud pública: es dejarla sin protagonismo, sin altavoz para hacer ruido frente a un candidato que va a proponer sobre los problemas que tienen madrileños y madrileñas.

La secuencia del movimiento inesperado iniciado ayer por Iglesias lleva a la mejor ministra (en masculino o femenino) que hemos tenido en éste país a la vicepresidencia. Yolanda Díaz sube en el escalafón del gobierno de coalición en un impulso por dotar al trabajo como centro de decisión política. Una victoria para un partido que representa “a los de abajo” que no somos otros que la clase trabajadora. Además, en el paso hacia Madrid de Iglesias, éste propone a Díaz como candidata a Presidenta del Gobierno por parte de Unidas Podemos, paso previo a una confirmación de las bases. En este segundo movimiento, Iglesias, no sólo deja sin argumentos a aquellos imbéciles que decían “que quería vivir de la política; que sólo quería los cargos, etc. etc”. Es que además, primero se adelanta a una posible ruptura de la coalición de gobierno decidida por Sánchez por intereses electorales. Y lo hace posicionando a una mujer que tiene una valoración muy por encima de cualquier otro miembro del gobierno. Incluido el propio presidente y contando entre los votantes socialistas.

Veremos la salud del gobierno de coalición sin Iglesias en su seno. A priori podríamos hablar de mayor estabilidad pero el cambio de patrón suscitado por el líder de Podemos es de tan amplio espectro que puede hacer cambiar las relaciones de fuerza entre el PSOE y todo lo que está a su izquierda. No estará Iglesias en el gobierno pero seguirá habiendo fisuras porque hay claras diferencias entre la acción política y a quienes representan, unos y otros. No se descarta la ruptura, ni siquiera el adelanto electoral.

Por otro lado, Pablo Iglesias inicia lo que era evidente e inaplazable. La renovación de Podemos a un par de meses del décimo aniversario del 15M y del séptimo de la formación del partido. Una nueva dirección sin injerencias del círculo de la Complutense es tan necesaria para Podemos como la construcción de una estructura de partido más allá de Madrid. Aunque sea en Madrid donde se ha ejecutado a la pieza que tira el dominó.

En cuanto a las consecuencias en el marco de las elecciones de Madrid y a nivel nacional es evidente que la entrada de Iglesias moviliza. Moviliza a una izquierda huérfana de presencia y liderazgo y si ejecuta ese liderazgo con generosidad para avanzar hacia candidaturas unitarias, puede que cambié la balanza. Moviliza al PSOE que ve en Iglesias a un enemigo. Y moviliza a la derecha sobre la persona a quien han declarado una guerra total para eliminarla del tablero político. Lo que parece claro en estas movilizaciones, es que la de la derecha está ya muy cerca de su tope. No puede ir mucho más allá de sus resultados actuales tras fagocitar a Cs entre PP y Vox. Sin embargo, PSOE y el resto de la izquierda debería recibir un chute de activación y participación de sus bases electorales.

Iglesias ha declarado abiertamente que se siente en "la obligación de luchar con fuerza para evitar la llegada de la extrema derecha al gobierno de Madrid". Le honra y nos da un ejemplo a seguir. Un compromiso imperecedero y vital del que tenemos que extraer principalmente, la lectura de que la acción política y social tiene que ser ejecutada con generosidad por el beneficio y progreso colectivo. Va a luchar en el terreno de juego más difícil. El de una región donde la derecha ha creado sus propios votantes. Aislando los barrios. Abandonando la educación pública y la sanidad pública. Mintiendo una y otra vez para tapar corrupciones, nepotismos y pérdida de dignidad del territorio y la población. Una región que funciona como un vórtice del estado que todo lo absorve y que representa un centralismo rancio, caduco y trasnochado. Y sin embargo, ante estas tremendas dificultades el gesto de Pablo Iglesias es audaz y temerario, calculado y necesario.

El 5 de mayo el escenario parece completamente distinto al que teníamos ayer. Hasta esas elecciones del día antes todavía puede haber más movimientos que son propios de un sistema político sobrepasado, como el español, gravemente herido en su legitimidad y funcionalidad. Que trata de no morir defendiéndose a garrotazos y arañazos para preservar un sistema de élites, una casta, mientras tarda en aparecer algo nuevo y las clases trabajadoras van caldeándose poco a poco ante un estado de las cosas insostenible. Todo puede pasar.

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...