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viernes, 13 de marzo de 2026

El Estado de las Autonomías y el freno a la España plurinacional


Las banderas de las Autonomías en el edificio del Senado en Madrid. En primer término y al centro, más grandes, la bandera de la UE y la bandera de España

 

La ola reaccionaria y fascista que asola el mundo tiene su propia idiosincrasia en España. En parte debido a una endeble herencia y construcción democráticas, fruto de la supervivencia de los poderes salidos de la dictadura franquista y de la ardua negociación-sumisión que se llevó a cabo con las fuerzas de izquierdas. Pero es sobretodo la cuestión nacional, la construcción del estado-nación y la esencia plurinacional de la península Ibérica, la que añade más capas de confrontación, así como una realidad propia que no debe tomarse a la ligera.

Si en otras latitudes es la cuestión de la inmigración, con la “teoría del gran reemplazo” de la identidad racial y cultural del cristianismo, como tensión suprema vinculada a las migraciones, lo que moviliza y cohesiona a la ultra derecha en España, sin perder su cuota de protagonismo esta cuestión, son las dificultades que acarrea un proceso territorial inacabado e ineficiente en eso de dar respuesta a las distintas sensibilidades del estado lo que enerva a las huestes ultras. Recuperando una idea falsaria y absolutamente fantasiosa de la “Gran España”, católica e imperial (la Reconquista, el Imperio, la cristianización, el orden, la Gran Cruzada de la Guerra Civil, etc.) sacralizan la Constitución del 78, de la que se han apropiado (cuando votaron en contra o llamaron al alzamiento militar en su contra), como un ente inamovible. Una biblia dogmática y en piedra imposible de cambiar, de reformar, y a la que deben ajustarse las realidades. Otra aberración política más, puesto que si algo deben de garantizar las constituciones y las reglamentaciones que supervisan y permiten la convivencia entre personas, es su perpetua revisión, su abierta actualización y perenne discusión.

Sin embargo, la Constitución es inamovible, presentada como un programa de máximos que en realidad y a duras penas concede unos mínimos de convivencia y representación, y donde en vez de ajustarse a las demandas de la sociedad, esta tiene que claudicar constantemente y enclaustrarse en los dogmas de la constitución, sus padres (no hubo madres en el parto) y sus hacedores, todos ellos sacralizados a cuenta del esfuerzo y el progreso de las clases trabajadoras y sus diversas identidades.

El politólogo e historiador Benedict Anderson teorizó a comienzos de los años 80, en los albores del neoliberalismo y el neoconservadurismo, sobre el nacionalismo y los procesos de construcción de los estados modernos. Planteaba el autor británico la existencia de “comunidades imaginadas”, esto es, colectivos que se identifican con una serie de valores compartidos (una lengua, una cultura, unas tradiciones, unas instituciones) que acaban constituyendo comunidades políticas propias, soberanas y limitadas por la existencia de otras comunidades imaginadas limítrofes. En este sentido, aparecerían las naciones, como resultado de un proceso de construcción histórica y social, donde los sentimientos de pertenencia a la comunidad imaginada serían más aglutinadores que los factores de clase o desigualdad material que podían desligar la comunidad. De este espíritu compartido de nación podría articularse la estructura material del estado que organiza y jerarquiza el sentimiento nacional. No siempre se daría la creación de un estado, con la existencia de una nación, pero la emergencia del primero, solo puede darse si existe el segundo.

Extrapolada al caso de la España de la transición, y de la actualidad, vemos como la cuestión territorial sigue vigente. En parte como pegamento y cohesión de las ideas conservadoras, ultras y reaccionarias. Pero fundamentalmente, como una cuestión abierta, una tarea inacabada, puesto que la administración territorial del estado no responde a la lógica de las diversas sensibilidades que comparten península. Aunque la Constitución en su artículo 2 del título preliminar avala la esencia plurinacional del estado, lo hace “de aquella manera”, sin recorrer todo el camino a la protección de las naciones o identidades nacionales o regionales (ni de sus lenguas, costumbres propias o culturas), y por supuesto, se queda a medio camino del planteamiento de un estado federal, que es la solución más perfecta a la realidad. El modelo de las Comunidades Autónomas, una peculiaridad propia de la alta política española es el resultado, y como otras soluciones recogidas en la Constitución, es otro formato indefinido a caballo entre la reacción franquista y la revolución progresista de su oposición.

Pareciera que en el caso de España actual, la intención sería seguir la doctrina expresada por el filósofo francés del siglo XIX Ernest Renan, para quien primero vendría el “Estado” como armazón del sentimiento de nación. Si bien en las naciones que se construyeron o coaligaron en la segunda mitad del siglo XIX y hasta hoy en día, parece que han sido las mitologías nacionales las que se han incluido en las celebraciones y fiestas populares (pensemos en Francia, Italia, Alemania, el Reino Unido, Irlanda, pero también en los países salidos tras la caída de la URSS y el desmembramiento de la Antigua Yugoslavia), en el caso de España, esta lógica renaniana no ha acabado de cuajar, pese a que pensadores de notables garantías como Jovellanos, Pi Margall, Baroja, Unamuno, Echegaray u Ortega hicieran reclamo por la construcción de la nación española.

Sin embargo, ni una dictadura fascista, ultra conservadora, clerical, militarista, atroz y extremadamente duradera han podido terminar de construir ese nacionalismo español que aglutinase bajo el estado al grueso de la población. Al acabar el franquismo, la mayoría de la ciudadanía, veía España como una nación sólida, si, pero las minorías en Catalunya o Euskadi solo lo reconocían como un estado cuya autoridad no podía silenciar su sentimiento nacional. Además, la oposición democrática, primero en la clandestinidad de la dictadura, después tomando parte en el proceso de transición a la democracia, trabajó junto a los nacionalismos periféricos catalán, vasco o gallego (incluso regionalismos en Andalucía, Valencia, Canarias o hasta Asturias) para construir un sistema democrático, lo que añadió confusión a la idea de la España sólida y garante de las identidades, puesto que eran una oposición a esa idea cercenadora expresada e impuesta desde Madrid.

Fruto de este choque de fuerzas es la Constitución del 78 y el Estado de las Autonomías consagrado a través de ella. De esta manera se consiguió vincular la democracia, como sistema político opuesto a la dictadura fascista, a la idea de una España plural, de una nación de naciones, que a través de los marcos políticos podía discutir y decidir su destino coaligado, prácticamente de tú a tú.

Esto funcionó relativamente bien durante los primeros 25 años. Sin olvidar, por supuesto, el atroz terrorismo etarra. A comienzos de los dosmiles, la primera mayoría absoluta de un partido de derecha en la España democrática, supuso la voladura paulatina de todos estos puentes entre identidades nacionales, hasta la demolición total que supuso la condena del Estatut catalán de 2007 suspendido por el Constitucional conservador por una denuncia del PP. Si bien las derechas nacionalistas de Catalunya y Euskadi aprovecharon su sintonía con el PP para ganar mayor autonomía y desarrollar sus propios sentimientos nacionales, tuvieron que soportar el verse relegados por esa misma fuerza nacionalista españolista que ya no necesitaba su colaboración para sacar las rentas a los trabajadores. Aquellos que hicieron campaña y votaron en contra de un proceso democrático allá por los 70, volvían a impedir concesiones y adaptaciones dentro del marco democrático, toda vez que calculaban ya no necesitar a las burguesías catalanas y vascas (en todo caso hablamos de pactos entre “élites”) porque habían conseguido dinamizar Madrid, como epítome de lo que es la nación española.

Rotos esos equilibrios territoriales y también ideológicos entre las distintas Españas (“nacionales” o “periféricas”, “derechas” o “de centro”) lo que tenemos hoy es un país invertebrado. Muy extenso, sobre una topografía complicada, que no ha impedido la construcción de un sistema radial muy fuerte, que convierte al centro, la capital del Estado, a Madrid, en un agujero negro que fagocita riqueza, talento y futuro de las regiones adyacentes, capturando ya incluso las más alejadas (Galicia, Asturias, Andalucía Occidental, fundamentalmente).

Por su parte, mientras Euskadi resiste con una idea de estado-nación consolidado, con eso si, severas fracturas sociales entre una visión conservadora-liberal y una proletaria-social, en Catalunya la voladura del pujolismo como partido político, y de diálogo entre derechas corruptas, catalana y española, ha generado un ecosistema de partidos muy fracturado en el que conviven fuerzas de derechas e izquierdas, incluidas extremistas, tanto nacionalistas, como españolistas. En Galicia, la construcción nacional está lejos de hacerse por su propio pasado atado al caciquismo franquista, mientras que otras regiones como Valencia, Andalucía o los archipiélagos tienen cada vez mayores dificultades para expresar su propia idiosincrasia, aunque se haga desde los rigores del regionalismo, y sus problemas particulares o compartidos se enquistan, no se resuelven y ni siquiera se tratan porque están apagados por lo que acontece en Madrid. Y eso en cuanto a identidades amparadas por su propia región o comunidad autónoma. Pensemos en las que no, sobretodo en el caso del leonesismo, y de los problemas derivados por la España Vaciada. En todos estos casos, el auge del “españolismo”, del sentimiento nacional español, hace que toda expresión identitaria, ya fuera nacionalista, regional, local o particular se quiera cerrar en la bandera del rojo y gualda, y en la política de Madrid.

En todo esto, la izquierda ha salido mal parada, incapaz de argumentar de manera sólida y cohesionada, por un escenario federal que garantice todas las identidades y su diálogo en igualdad de condiciones. Mientras la España Interior, se convierte en Vaciada, e incluso en Olvidada, y las nacionalidades y sentimientos propios de las distintas regiones son atacados por el “madrileñismo de extremo centro”, esto es, el nacionalismo franquista español. En este sentido, la voluntad de aunar proyectos políticos de izquierdas, ya sean nacionalistas, regionalistas o nacionales, hacia un Frente Popular es siempre una buena idea, y además, una oportunidad para construir desde el posicionamiento político un país mejor, más garantista y más responsable. En definitiva, más real, donde las instituciones políticas sean efectivamente reflejos puros de las identidades y necesidades de la población.

En un mundo en crisis económica perenne, con severas amenazas a la seguridad y la paz, y con una crisis medio ambiental que trasciende hasta la propia supervivencia de la especie, las tensiones en la convivencia entre culturas, fruto tanto de la globalización como de las migraciones, y los ajustes económicos y sociales, están provocando repliegues identitarios en la nación, con las subsiguientes rupturas sociales, en la convivencia y en la democracia, lo que explica en buena parte, el auge actual del fascismo y todo lo que está pasando.

Sin duda, tienen que habilitarse las reformas necesarias para mejorar la convivencia y la dignidad de las distintas naciones y sus entidades dentro del estado español. Una Constitución no es una biblia en piedra. No es palabra santa y sacralizada que no se puede modificar y que tenga que coaccionar las formas de vida de nadie. Somos más nación, más país, y fundamentalmente, más fuertes y felices, si todos nos sentimos respetados y partícipes en procesos de decisión. Reconocerse como una nación de naciones y hacer que así se recoja en los mandatos políticos es la garantía de construir nación y hacer futuro. Por desgracia, el cortoplacismo, y el auge de la extrema derecha, van en dirección contraria, y como resultado tenemos bloqueos institucionales que impiden el avance en las normas y convivencias.

El proyecto plurinacional va de un estado que practique una gobernanza compartida, y a su vez, en contra de las lógicas capitalistas y mercantilistas que profundizan en la desigualdad entre territorios y entre autonomías que vemos cada día (empezando por los dumpings fiscales y las rebajas de impuestos) y hacia ese estado disfuncional donde son incapaces hasta de ponerse de acuerdo en como gestionar los recursos compartidos como puedan ser, por ejemplo, los ríos que transcurren por varias comunidades. Además, ayudaría a garantizar los estados de bienestar, haciéndolos más eficientes, más cercanos al ciudadano que los usa, defiende y trabaja en ellos (Sanidad, educación, servicios sociales, servicios de emergencia).

 



martes, 19 de octubre de 2021

Tras 10 años del final de ETA

 

Momento de la "Declaración del 18 de octubre", que leyóo en euskera Arkaitz Rodríguez y en castellano Arnaldo Otegi

En estos días se cumplen 10 años del anuncio del cese de la lucha armada por parte de la banda terrorista ETA. Aunque no lo parezca, aunque hayan pasado estos años sin avances, ni acercamientos públicos que garantizaran un estadio donde la paz y el progreso de la sociedad vasca y española fuera conseguida, como paso previo a unas relaciones normales en las que los objetivos políticos se consiguieran, el tiempo ha pasado y la sociedad vasca ha cambiado.

El pasado lunes 18 de octubre Arnaldo Otegui daba un paso más en la normalización y pacificación en Euskadi con una declaración en la que en nombre de la izquierda abertzale declaraba la sinrazón de tanta violencia y pedía perdón por los cientos de atentados, muertos y miles de heridos. Sin negar las resistencias internas, que seguro las hay, el paso dado por Bildu es decisivo. Es honestidad brutal y altura de miras en el contexto político y social actual. Y sin duda, la Historia juzgará a quienes han puesto escaleras y ascensores para alcanzar la paz y a quienes se han dedicado a echarlos abajo o no hacer nada, por cálculos partidistas y ambiciones personales.

El tiempo transcurrido desde el anuncio del cese de la actividad armada de ETA y el perdón y arrepentimiento expresado por Otegui no es casual. Es con distancia temporal, alejados de la inmediatez de un dolor, del cortoplacismo de batallas electorales y recostada sobre el día a día de la sociedad vasca como se puede elaborar un camino que cicatrice heridas que siempre sangrarán. Ha sido la única manera, no ya de construir el relato histórico fidedigno, veraz y académico que cuente para no olvidar lo que sucedió durante los últimos 60 años en Euskadi y en España (y en Francia). Sino de avanzar en el entendimiento entre distintos y el tejido de una sociedad y una política en la que quepan todos los que quieren el bienestar de las gentes vascas.

Eso sí, esperen sentados a escuchar el perdón y arrepentimiento de quienes utilizan el terrorismo como arma política para derrotar electoralmente al adversario despreciando la altura de miras política y el sentido de estado. Esperen sentados a escuchar el perdón y el arrepentimiento de quienes usaron todos los recursos del estado, incluso los ilegales e inmorales, para derrotar a los terroristas en su territorio, tirando por la borda toda la legitimidad democrática y del estado de derecho.

Solo en un estado con unas taras democráticas tan severas como el español es posible que la efeméride haya pasado sin trascendencia. Solo unos tibios programas en la televisión pública donde no se dio voz a la izquierda abertzale ni al nacionalismo vasco. Pocos artículos en prensa escrita, bastante más en la digital de izquierdas, y un silencio colosal para hablar sobre el dolor que causa hoy en día acciones como la negativa a acercar los presos etarras (una práctica abominable ahora que ya no existe la amenaza terrorista), la doctrina Parot (revertida en dos ocasiones por los tribunales europeos), la violencia institucional hacia lo abertzale que sigue vigente en Euskadi (pregúntese por Alsasua), sobre qué pasó en la lucha contraterrorista y paramilitar orquestada por el PSOE del señor X y por qué no hubo un diálogo en tiempos del inane de Rajoy para construir una relación sana.

La honestidad de Otegui y la izquierda abertzale contrasta con el silencio del PP. Por supuesto que a ETA se la ha derrotado con acción judicial, política y resistencia de la sociedad vasca, en especial del colectivo de víctimas. Pero sólo con eso sería imposible construir un futuro para Euskadi porque dejaría fuera a buena parte de la sociedad. Del mismo modo que los objetivos políticos de la acción terrorista hubiera derrotado el estado de derecho. No hay futuro, ni convivencia si no se respeta y escucha a las partes. Por eso es necesario, vital, plantear escenarios que teatralicen la paz y la hagan tangible para las sociedades vasca y española. Es lo mínimo a pedir a alguien que estaba o aspira a estar en gobiernos. A la extremísima derecha, nada se le puede pedir.

El diálogo y la intermediación han sido y son fundamentales. Seducir a la izquierda abertzale para que reniengue de la violencia y participe activamente en la política vasca -y nacional- fue la clave de bóveda para ir desmontando el convencimiento de la acción terrorista. Por eso, tener a Bildu haciendo política en ayuntamientos, en el parlamento vasco, en el Congreso o en los medios, escuece tanto a las cutres derechas patrias de rancio y atrasado centralismo. No sólo es la voz de los vascos. Es la voz de las clases trabajadoras.

El ruido y la furia de una extrema derecha exacerbada, anacrónica, ruin, miserable y antipatriótica denota, no sólo las severas minusvalías mentales de estos mequetrefes, sino que muestra cuán importante ha sido para sustentar el relato del tardo franquismo españistaní, la actividad de una banda terrorista que mataba y extorsionaba para conseguir sus objetivos; por el simple hecho de pensar distinto.

Queda un largo camino para cicatrizar a la sociedad vasca, y en buena parte, aún queda trabajo por la desidia de años de una derecha nacional que no sabe vivir sin, no tiene argumentario político, sino es agitando el miedo al distinto, aunque ese otro sea un compatriota. Sin terrorismo y sin manosear a las víctimas poco queda en el código del “extremo centro. Y eso explica una inacción política que ha supuesto incertidumbre, más dolor y el anquilosamiento de ciertas tendencias, a un lado y a otro, que abogan por no cerrar el conflicto.

Poner sobre la mesa cómo se pasó de una legítima disidencia antifranquista en Euskadi a la brutalidad del terrorismo, cómo se desarrolló el despliegue de la respuesta ilegal del Estado desde el Batallón Vasco-Español franquista a los GAL en los gobiernos de Felipe González o quiénes son los culpables desconocidos y cuáles los errores en las investigaciones policiales y judiciales de los atentados, que los hubo, es el camino que nos queda. Todo es memoria y toda memoria es positiva para conocernos, madurar como sociedad y no repetir un pasado tan cruel, superado, no obstante, por el de la represión franquista, que también espera su lo siento.

La izquierda abertzale ha asumido la inutilidad del terrorismo. Es una victoria de la democracia y también, claro está, de PP y sobretodo de un PSOE que en tiempos de Zapatero, pagó un alto precio por avanzar en la senda de la paz. El arrepentimiento expresado en las palabras de Otegui deja sin argumentos y quien solo sabe atizar el odio para vivir de la política. Sólo estos cafres malvados y sanguijuelas del dolor ajeno pueden tratar de pisotear estos avances para seguir enquistando las heridas. Como sociedad que apuesta por el futuro, la paz y la convivencia, pensemos o no en la autodeterminación de los pueblos, nos tienen que tener en frente. A toda la sociedad.

 

martes, 14 de julio de 2020

De derrotas y porques



En esta sucesión de campañas electorales y veranos cada vez más tórridos e insoportables la irrupción del coronavirus ha trastocado las rutinas de todas y todos. Menos la de los políticos que tratan de mantener el pulso narrativo para hacerse valer y mantenerse en el cargo aunque sea agarrándose con uñas, dientes y hasta con las pestañas.
El pasado domingo se abría -si es que ha estado cerrada en algún momento en éste país- la rueda electoral de la legislatura que debería, confío y salvo hecatombe irracional va a ser así, terminar en las generales de otoño de 2023. Galizia y Euskadi elegían nuevo parlamento y gobierno sin importarles a penas, la incidencia que la pandemia ha tenido en la sociedad, en sus propios pueblos y si todos estábamos preparados para acudir a las urnas con las garantías sanitarias y de salubridad democrática que se necesitan.
De hecho, tanto énfasis en el adelanto electoral -les tocaba en septiembre- me hace temer de qué se esconde por debajo, qué conocen Urkullu y Feijoo. Qué suponen que puede pasar con una segunda oleada de la COVID o con el proceso electoral abierto en Catalunya para final de año. ¿Todo era una estrategia para garantizar una baja participación, algo que siempre viene bien a la derecha? Tanta vehemencia pusieron para que las elecciones se celebrarán antes de fecha que ya se comportaron como mosca cojonera tratando de llevarlas a abril, y ahora han tirado para adelante, aún impidiendo el voto a ciudadanos confinados por los rebrotes, saltándose así la Constitución, tan nuestra, tan violada y tan usada como un despojo a conveniencia por los que mandan.
El hecho es que tras el escrutinio podemos decir que sin apenas sorpresas a lo esperado, pareciera como si el electorado saliera clamando por gobiernos de centro-derecha y con costumbre de búsqueda de pactos con el centro izquierda.
Cuidémonos de esos análisis que tiran por esta opción extrapolando a los electorados vasco y gallego un disfraz de Prometeo que adelante el fuego de los dioses en forma de moderación y pactismo. En alguna ocasión ya he hablado de Euskadi como la zona de éste país con una mentalidad más abierta y pro europea y no cabe duda que viendo como se ha movido Galicia estos 40 años de pseudo-democracia compone como un electorado conservador y tranquilo, eso sí, imagen impuesta por una interpretación de la ley electoral que Fraga trabajó con ahínco para sobrerrepresentar el voto rural por encima del voto urbano.
No. No ha cambiado el sentir general pese a la situación sufrida y la que estamos viviendo y la que amenaza con venir. La crispación está instalada en la sociedad patria, y lo hace desde la alta política donde incendiarios han lanzado todo el odio y el terror hacia abajo, hacia los ayuntamientos, los más pequeños incluso y por último a los ciudadanos, cada vez más irascibles, irracionales y egoístas. Esa es la realidad.
En Galizia, Feijoo revalida su cuarta mayoría absoluta frente a la inoperancia del PSOE gallego y de las fuerzas de izquierdas integradas todavía en los restos humeantes de lo que fueron las Mareas. Sólo el BNG recuperando un discurso más social, frente al identitario ha crecido y lo hace hasta posicionarse como principal fuerza de oposición y como agente de cambio ante lo que pueda pasar.
La victoria de Feijoo es a la vez la severa derrota de Casado y toda su política de crispación y acercamiento hasta lo pornográfico con la extrema derecha. Mientras a Feijoo le perdonan sus fotos intimando con un narcotraficante o dejar Verín sin paritorio (ojo, que sólo 4 meses después de aquello, el PP fue la fuerza más votada con el 41%), Casado ve como desde Galizia le amenaza un discurso más moderado y central de un líder que cuenta sus presencias electorales por sonoras victorias, incluso sin mostrar la marca en toda la publicidad electoral.
Feijoo mostraba talante conciliador y moderación en frente de un Casado que apostaba por un ultra como Iturgaiz en Euskadi y apretando un discurso de odio y fuerte marchamo ultranacionalista. Sus óperas bufa en el estruendo y el odio se hacen indisolubles de la ultra derecha de Vox (a qué espera la fiscalía para entrar contra los que solo van a provocar) y los resultados tanto en Galizia como en Euskadi suponen una derrota total de Casado que ya está arrinconado.
Frente a los más de 12 de años de gestión en gobierno de Feijoo está la abochornante inutilidad de Casado, sus mentiras, sus corruptelas, sus másteres y formaciones regalados y su pleitesía al ala más dura. Si a Pedro Sánchez fueron unas elecciones en Galicia y en Euskadi las que lo sacaron por las orejas de la secretaría general, a Casado pueden ser tras las catalanas, pero con este espadazo, el que haga pasar por amortizado un líder sin carisma y del que ya recelan las élites. Todo se decidirá tras Catalunya y habrá que ver la actitud que toma Feijoo en asaltar o no la política nacional, bien dejando Galicia a su segundo, o quedándose en Santiago, y cambiando por una vez el epicentro político nacional de la sempiterna Madrid.
En Euskadi, Urkullu y el PNV celebran una victoria en la que necesitarán el pacto de los socialistas vascos para gobernar, lo que a la postre añade más estabilidad al gobierno central. Existe la posibilidad numérica de un pacto entre socialistas, EH-Bildu y la marca de Podemos para dar con otro gobierno en Euskalherria, pero es precisamente la situación precaria del gobierno nacional, la que hace más factible la continuidad de Urkullu en Ajurianea.
El PNV va a seguir liderando la política vasca cuatro años más, ejercitando la normalización democrática en el territorio, con las ansías independentistas, todo ello ahora en el conjunto de una profunda crisis económica debido al coronavirus que ya apuntaba maneras antes del coronavirus y ahora se agrava, y con Bildu como principal partido de la oposición, también adoptando un discurso mucho más social y de representación de la clase trabajadora, por encima de las cuestiones nacionalistas.
BNG y Bildu han sabido apropiarse de las puertas que Unidas Podemos ha abierto en el debate socio económico del estado para hacer mucho más atractivas sus propuestas electorales. No les ha costado, en primer lugar porque en su propia cultura como partido ya existe un acervo mucho más cercano, incluso íntimo, con el sentir de las clases trabajadoras de Galizia y Euskadi. Después también aprovechando los fallos estructurales de la coalición Unidas Podemos en ambos territorios.
No es nuevo el hecho de que la izquierda española tiene serias disfunciones a la hora de lidiar con los nacionalismos de las españas. Sobretodo si tiene que competir electoralmente con partidos que desde posiciones nacionalistas escuchan y comprenden a las masas obreras de su nación estado, como ocurre con el BNG en Galizia y con EH-Bildu en Euskadi. De momento para el próximo combate electoral en Catalunya no parece que ni Esquerra (partido de notable tradición burguesa), ni la CUP (en su mundo) anden preocupados por los problemas reales de la gente corriente.
La derrota sin paliativos de Unidas Podemos en Galizia y Euskadi es una más en la retahíla de fracasos electorales de la coalición y deja tocados, y mucho, a sus líderes. La continua división interna, además cacareada por los medios tradicionales y en las cuentas personales de los implicados. La falta de estructura de partido en los territorios, ya se sabe, militancia activa, con cuotas, sedes, bolígrafos y folios, para estar en el conflicto y en la respuesta a los problemas de la gente. La falta de autonomía de las direcciones regionales que son el quita y pon del círculo de la complutense. El desgaste de una fuerza de renovación de la política nacional que ha pasado de la dirección horizontal en forma de círculos representativos, al ordeno y mando de una camadita en la cúspide de una pirámide cada vez más estrecha.
Todas estas y más son causas de un desplome del poder electoral de Podemos, que no se ha frenado con su entrada en el gobierno de coalición, y que resulta tan acusado como fue su vertiginoso ascenso pero que se ajusta a la realidad de un partido sin implantación y sin liderazgos firmes, probados que ayuden en la suma de voluntades y no queden a merced de los arribistas que han hecho y deshecho a su antojo.
Si algo está quedando claro y además a una velocidad pasmosa es que si la coalición Unidas Podemos no quiere desaparecer, y con ella sus dos principales agentes, Podemos e Izquierda Unida, ambas fuerzas tienen que renovarse. Los liderazgos tiránicos de Pablo Iglesias y el círculo de la complutense y de Alberto Garzón están ya en su tiempo de descuento, y si lo saben ver y abrir y cerrar una transferencia de poder a nuevos rostros, se podrá articular un trabajo para construir partidos (sobretodo en el caso de Podemos) y coalición. Es paso previo ineludible ante el reto de ganar espacio electoral y mediático a nivel nacional, en las distintas españas, pero sobretodo, estando en el conflicto a nivel local y regional. Podemos -e IU que se ha sumado alegremente a esta tendencia como si fuera parte indisoluble de la coalición- tienen que entender de una vez por todas que el país y los problemas de la gente no empiezan y acaban en Madrid. Ni en el Parlamento nacional, ni en las tertulias de los medios nacionales, ni mucho menos en la Tuerka. El conflicto exige presencia y respuestas de las direcciones locales y regionales de la confluencia de izquierdas, con autonomía y respeto y por supuesto, sin tutelas ni directorios marcados por Madrid. Se necesita representatividad de agentes locales de la izquierda, que puedan tener autonomía y valentía para posicionarse claramente con los oprimidos y los que sufren los continuos desvarios de un capitalismo ultraliberal y un fascismo trasnochado. Y esto era ya antes de la era COVID.
Pablo Iglesias y su cohorte están quemados. Desde luego por el abrasador marcaje de la derecha mediática que tiene pavor a todo lo que huela a un reparto de la riqueza y a mayor justicia social. Cloacas, bulos y hedor a mierda sin importar hacer saltar la ética y la verdad. Justo cuando desde el palacio, el vicepresidente puede por un lado hacer política social y presentar a Unidas Podemos como un factor de representación de las clases trabajadoras y de respuesta y solución a sus problemas. Y por el otro, abrir con honestidad el proceso de transición necesaria para una nueva dirección de Podemos que debe quedar clara y diáfana, libre de injerencias del círculo de la complutense. Lo mismo puede aplicarse a Alberto Garzón en Izquierda Unida y la influencia del PC.
Como decía al principio, pareciera con este resultado, sumado a la deriva a la nada de Ciudadanos, que la nueva política que sacudió el tablero en 2014 y 2015, no haya servido para nada y volvamos peor que antes: al bipartidismo con las burguesías por lo menos la vasca, dando llaves de gobierno y con un fantasma franquista, que eso sí, mientras éste presente aglutinando votos hará imposibles gobiernos de centro derecha. Quizás es demasiado pronto para un análisis así.
Como vengo diciendo desde hace años a la izquierda del PSOE y de Podemos, hay un espacio electoral, político y social, enorme donde una izquierda valiente y capacitada puede trabajar y dar respuesta y solución a los problemas de la gente, dentro de un capitalismo ultraliberal que va de crisis en crisis, dinamitando vidas y que azuza el fuego del odio con el fascismo cuando se siente en peligro de perder sus criminales privilegios.
Toca trabajar.

sábado, 22 de octubre de 2011

En la derrota de ETA


Hace menos de una hora, la dirección de la banda terrorista ETA ha hecho un comunicado, a través de sus portavoces habituales, Gara y The Guardian, y con su habitual y característica, anacrónica, grotesca y casi cómica, sino fuera porque los que se esconden bajo capucha y txapela son asesinos y cuando menos colaboradores necesarios, su intención de dejar la lucha armada y la violencia. En sus palabras "el cese definitivo" de la actividad terrorista. Después puño al alto y bravuconada por la "independezia". Y yo pensaba que se iban a quitar la capucha.

Es una gran noticia. Esperada desde hace mucho y por casi todos. ETA dejo de tener sentido en el momento mismo en el que este país comenzó un proceso de transición democrática tras la dictadura de Franco, respuesta terrorista (junto a otros como polimilis, etc.) a la propia dictadura, y que con un proceso constituyente en marcha no tenía cabida. Ni siquiera las proclamas socialistas, soberanistas y nacionalistas abertzales. Así lo entendió parte de la organización. Otra no. Y continuó matando.

Que no se equivoque nadie.
NO justifico ninguna de las muertes. Sólo la de Carrero Blanco. Era él o nosotros. Pero ETA ha llevado a cabo una tarea de presión violenta y subversiva al estado español y al pueblo vasco desde hace 43 años, con más de 800 muertos, más de 4000 heridos, 40 secuestros, cientos de intentos de soborno y aplicación del impuesto revolucionario, y en definitiva la degeneración por falta de libertades y seguridad de todos aquellos que no pensaban como ellos. Un chantaje continuo e inadmisible a la democracia, la convivencia y el derecho, que por fin parece tener fin.

Quizás al comunicado le hayan faltado palabras. Perdón a las víctimas sin duda. Entrega de las armas también; disolución de la organización con nombres y apellidos por supuesto. Pero en este momento, a mi modo de ver, el comunicado de ETA es el comunicado que pueden dar. Es decir, dentro de la deteriorada y enferma mente de los terroristas, en este momento, gracias a la presión política (y que conste que no estoy a favor de ilegalizar ideas, y la ilegalización de partidos políticos no ha ayudado precisamente en este proceso, puesto que se ha llegado a este momento con las organizaciones abertzales en las instituciones) y sobretodo policial y judicial. Primero de Francia, durante años de gobiernos de Miterrand o Chirac bastante condescendiente con ETA, creándose el llamado
Santuario. Fue Sarkozy el que dió por terminado ese "armisticio" con ETA y aliado con la policía y las autoridades españolas han procedido en colaboración a desarmar la cúpula de la banda en los últimos años, dejándola sin mando, sin capacidad de decisión y en muchas ocasiones también, menoscavando la capacidad operativa de la banda con continuos alijos, presión en los bosques, carreteras de Euskadi y de todo el país, o hasta Portugal. También desde la judicatura se mantuvo esa presión, con la veremos si anticonstitucional o no (para mi lo es) y por lo menos polémica, dado el anunció de esta tarde, como lo politizado de las instituciones de justicia superior de este país, Doctrina Parot, que ha permitido alargar las penas de los condenados por terrorismo, y con esto, que el colectivo de presos, muy influyente en la toma de decisiones de la banda, también presionará por una salida con menos violencia y dialogada al conflicto que gusta de llamarlo así la izquierda abertzale; del terrorismo para el resto de los mortales. Por lo tanto, parece que la Doctrina Parot ha funcionado.

Pero en un estado de derecho el pulso se doblega a través de las instituciones, el diálogo y la política, y es un hecho constatable que la situación política y social en Euskadi ha cambiado y convierte aún en más anacrónica e injustificable existencia de una banda terrorista. Con un gobierno autonómico de corte nacional, del Partido Socialista de Patxi López, con el apoyo popular, donde Basagoiti ha demostrado tener un don de miras, mucho más amplio que la caverna de extrema derecha que sustenta parte del apoyo popular de Rajoy, y donde el PNV tradicional ha tenido que dejar paso a nuevas formas de hacer política.

Y donde, no lo olvidemos, la izquierda abertzale, a través de Bildu, coalición de partidos nacionalistas y de izquierdas de Euskadi ha entrado en las instituciones, ha conseguido su peso político para desde esos cargos, poder hacer política y a través de la política conseguir o no la independencia. En un estado de derecho, es donde se deben de defender y conseguir los objetivos ideológicos y políticos. Nunca con las armas y la extorsión y chantaje del terrorismo.

Todos estos cambios en las instituciones son fruto también del cambio social. En las calles la salida del terrorismo ya no tiene ninguna salida, y casi apoyos. Ha ido sucediendo desde el fin de la dictadura; después de los sangrientos ochenta, el atentado del Hipercor en Barcelona, Vallecas, Tomas y Valiente, Ernest Lluch, el secuestro de Ortega Lara... hasta llegar al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco que unió de manera única e indisoluble a toda la sociedad (salvo excepciones de extrema derecha cuando volvió al poder el PSOE, pero por minúsculos no merecen atención). La sinrazón de la barbarie ya no tenía sentido y poco a poco toda la legitimidad que podía encontrar en las bases de descontento identitario nacionalista Euskadi (y también, desde planteamientos del socialismo nacionalista vasco) fue desapareciendo, encogiendo hasta aunar a todo el pueblo vasco en el momento actual, absolutamente crítico con la estrategia de la muerte y el terror para lograr los fines soberanistas. La muerte de Isaías Carrasco quito gran parte de la fuerza de convocatoria en las bases jóvenes y de izquierdas, y la voladura de la anterior tregua como acto de la bomba de la T4, unido a la presión policial, judicial y política ya comentadas, han derivado en este momento de ilusión.

Como decía al principio falta el perdón a las víctimas. Lo merecen y es necesario. Pero la gran noticia es que ya no habrá más víctimas, por lo tanto aún exigiendo ese perdón y la reparación por la sociedad ya comenzada, no es el momento de que víctimas del terrorismo impongan condiciones. Escuche por ejemplo, el jueves a la hija de Ernest Lluch, decir que las víctimas no debían intervenir, puesto que no serían nunca objetivas. La realidad es que estamos en este momento gracias a su sacrificio y a la solidez del estado de derecho (que no democrático) que nunca ha dado contrapartidas. Y ya no habrá más víctimas sin contrapartidas. El terrorismo como es natural, ha caído doblegado por el estado del derecho, la justicia, la libertad y la política. No hubo contrapartidas ni el peor momento de barbarie, y no lo habrá ahora porque dejen de matar. Eso es así, y esta claro, pese a lo que digan muchos a los que se les acaba el chiringuito de ningunearnos democracia o vender cuatro periodicuchos con la sempiterna cantinela del terrorismo.

Es el momento de ilusión más esperado de los últimos 25 años. Pero a la ilusión tiene que seguirle tranquilidad, con un halo de escepticismo, puesto que no sería la primera vez que dinamitan un proceso de paz, aunque este si que tiene ingredientes de irreversibilidad, y también es necesaria la precaución. El camino que queda sigue siendo largo, y se debe andar, pese a que se quiera correr. Para llegar al proceso de la entrega de armas, disolución abierta y acercamiento de presos que son los temas que únicamente caben en el comunicado de la banda y que tienen punto en el orden del día del cierre del conflicto armado vasco, se tiene que ir con la unidad de los demócratas y el convencimiento sin fisuras, ni chantajes políticos o intereses personales electorales. Para eso sería recomendable tener políticos y representantes de altas miras, asi que ante su ausencia, permítanme ser algo escéptico.

ETA en los últimos meses, primero con la entrada de sus representantes políticos en las instituciones, es decir su voz, sin las armas, la tregua, la mediación internacional escenificada en la conferencia del pasado lunes en San Sebastián y el comunicado de hoy, sigue un camino claro, una hoja de ruta para acabar con el terrorismo en España. Esa es la realidad más allá de confabulaciones e idioteces varias escupidas por la extrema derecha. Sólo les falta decir que con ETA vivíamos mejor... Lo dicho ahora, sin ETA, este país va a empezar a exigir con mucha mayor fuerza aún
más democracia. Que no se olvide.

El proceso abierto esta tarde es la victoria de la democracia, la justicia, la paz y la libertad, frente al terrorrismo, la barbarie, la sinrazón y el fascismo. Curioso fin, o planteamiento de fin, el mismo día en que dan caza y muerte a Gadafi (aquella justicia americana).
Hoy es el principio del fin de ETA.


Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...