domingo, 8 de noviembre de 2015

Marcha Feminista: Acabemos con el fascismo de sala de estar



Ayer sábado 7 de noviembre, #7N, tuvo lugar la primera marcha estatal contra las violencias machistas en España. Un evento que se ha venido gestando como respuesta de la sociedad civil y de las asociaciones de mujeres, y también de hombres, que luchan por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, y por supuesto, por la erradicación absoluta tanto del machismo, como de la constatación física, la violencia (todo tipo de violencias) en el entorno doméstico y de las relaciones de pareja.

Hacia ya mucho que no se organizaba una de estas a nivel nacional. Se han montado gordas en Barcelona en torno a la cuestión catalana (por cierto, opino que todos los pueblos deben de tener el derecho de autodeterminación y que la respuesta a un problema político a de darse con el diálogo y el resto de herramientas del meta lenguaje político) pero ya llevábamos más de un año sin una marcha a nivel estatal hacia Madrid. Y ni las mareas (salvo Marea Blanca en el caso de Salamanca) ni otros colectivos han venido imponiendo grandes protestas, sino más bien una estrategia mucho más atomizada, que además ha facilitado la labor de los medios del capital de ocultarla, así como el descontento con el estado de las cosas.

Mientras la gente ha afilado su voto en casa y ha asistido, en algunos casos como el particular mío, estupefacta a la defragación de las posibilidades de articular un gobierno de izquierdas que acabe con el neoliberalismo y el austercidio en España, y por ende en Europa, la conflictividad ha cesado su actividad. Nos hemos quedado en casa y mientras el sistema se recambia y regenera, es la izquierda quien cae en las encuestas y quien parece vamos a pagar otra factura, está la política y electoral, de los años de orgasmos financieros y las épocas de ajustes en la vida diaria y los derechos de la clase trabajadora.

Pero estos dos últimos párrafos no son el tema de hoy. Únicamente me ha parecido conveniente contextualizar un tanto la convocatoria de ayer, sobretodo en cuanto a la parte de emotividad y lucha de la gente, teniendo en cuenta que en mi opinión, habiendo mantenido la conflictividad social, la agitación en las calles y la rebeldía en las instituciones ahora tendríamos (probablemente y es una opinión personal, repito) una mejor posición para a partir de 2016 cambiar este país.

Pero lo de ayer era el día de la lucha por la igualdad. Una lucha capitaneada por todas las mujeres, y muchos hombres, para arrinconar el machismo y está sociedad patriarcal que ve en la mujer un cuerpo, un recurso, en definitiva un objeto, sin derechos, ni sentimientos y del que extraer un lucro, un abuso. La mujer, como institución, sufre la presión mediatizada de una historia escrita por los hombres; de un papel secundario injusto, insolidario y a la vez falso, puesto que no pocos los avances de la humanidad han venido de la mano de mujeres que han aportado en no pocas ocasiones más que los hombres.

Y a titulo individual, personal, cada mujer sufre infinitas formas de discriminación. Desde el mundo laboral, donde la precariedad es aún más dolorosa para con la mujer, que ya de entrada por ciertos déficits de la educación en las generaciones anteriores se ve empujada a las tareas de más baja cualificación y peores salarios y condiciones. Donde esos salarios sobre mismas tareas son terriblemente desiguales, y en donde apenas existe la promoción laboral para el sexo femenino. Y en los hogares, ancladas las mujeres soportando mayoritariamente en soledad las cargas de las casas, como familia (hijos, mayores, dependientes) y tareas del hogar (limpieza, preparación de comidas, etc.).

Y cuando no siendo injusta y terriblemente castigadas por un fascismo de hogar, el machismo que convierte el amor en posesión, la convivencia en pesadillas y donde el respeto nunca aparece. Allí, en los domicilios, es donde se producen infinidad de agresiones. Desde las verbales y sentimentales, y que no deben tomarse jamás a la ligera, hasta ya físicas, con golpes y palizas, violaciones e incluso muertes.

En #Españistan van tantas mujeres asesinadas durante esta (supuesta) democracia, como el doble de personas que asesinó la banda terrorista ETA en 50 años de lucha armada. Es por eso de recibo hablar de un terrorismo machista. Un terror tan ilegítimo, encarnado e injustificado como el anterior, o como cualquier otro, por donde se trata de imponer por medio de la violencia y su control, muchas veces fruto de la sustentación económica, la supremacía del hombre por encima de los deseos y la felicidad de la mujer. Es un terrorismo que no conoce de treguas, ni negociaciones. Cuando se produce con la primera vejación, insulto se inicia un camino que normalmente va in crescendo llegando antes o después las agresiones físicas. A la violencia inusitada que como he contado, no pocas veces acaba en la máxima tragedia.

Mueren casi un centenar de mujeres al año en #Españistan, y también muchas veces sus hijos, sus familiares o sus nuevas parejas. Y mientras el estado mira hacia otro lado. Desde el inmovilismo de una sociedad patriarcal sustentada por una dolorosa educación (la de cosas que hay cambiar en #Españistan a base de educación), donde la Iglesia católica impone un código moral que deja a la mujer en la insignificancia y en un papel de ama de casa y madre, hasta un gobierno, el actual, del partido de derechas, de este país que dentro de la pléyade de políticas de recortes (y no sólo económicos) con los que ha tenido a bien castigarnos a los trabajadores, se cebó con la mujer. Mientras la Reforma Laboral precarizaba todo el empleo, lo que ya llevaba a la indignidad muchos de las profesiones ocupadas mayoritariamente por mujeres, sus políticas sociales deambulaban entre retirar conquistas y derechos básicos que van en la proximidad entre hombres y mujeres (como el aborto), en parar y eliminar las ayudas sociales a mujeres maltratadas, a dependencia lo que suponía dejar a muchas mujeres a cargo de sus familiares dependientes, y eliminando por último, cualquier virtud de laicismo y modernidad en la escuela pública y en la sanidad.

Pero el machismo no es sólo propio de la cultura española o mediterránea. Aparece en todos los países, con distintos grados, eso sí. Y es también parte de la sociedad capitalista que a través de la asignación de roles, empezando por los mercantiles y organizativos, y llegando a la publicidad se empeña en dejar a la mujer en un apartado secundario, como un objeto más de lujo, de estatus.

Pero ayer en Madrid, nos juntamos miles de personas (hablan de más de 200.000) venidas de todo el estado. Y había de todo. Madres, abuelas, hijas... Estudiantes, Periodistas, asistentas, conductoras, peluqueras, abogadas, médicas, profesores … trabajadoras. Deportistas, lectoras, escritoras, políticas, sindicalistas, luchadoras... Amigas, amantes, novias, esposas....Compañeras... Mujeres. Y hombres, también muchos hombres que aunque también tenemos interiorizadas comportamientos machistas nos avergonzamos de ellos, los aborrecemos. Y tratamos de cambiar. Porque el cambió vendrá primero individual y después poco a poco, social. Desde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras aficiones. Analizando el lenguaje, reflexionando sobre él y utilizándolo correctamente.

Ayer, #7N en Madrid, la Marcha Feminista, sentí orgullo de ver tanta gente comprometida, con ganas de cambiarlo todo. Fue una manifestación increíble, acompañada por un verano sol de noviembre. Recorriendo el centro de Madrid, desde Atocha hasta la Plaza de España, desde la acertadísima y brillante performance frente al Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales hasta la lecturas de manifiestos. Con notorias presencias de numerosos colectivos sociales y políticos. Y con muchísimas personas magníficas con las que pudimos hablar y comentar experiencias e ilusiones. En un ambiente de fiesta y reivindicativo se llevo a cabo toda la marcha. El conato de reventar la marcha por parte de los fascistas de vox, fue magníficamente solucionado. La emoción desbordada y la alegria y la rabia por un cambio necesario que se fraguó recordando los nombres de las fallecidas (también sus hijos) en el último año. Rabia y alegría expresada en multitud de tremendas y brillantes pancartas exhibidos y lemas coreados.


Hay un fascismo en el hogar. Un fascismo que al igual que el que reconocemos, el de los libros de historia que quiere volver y del fascismo económico, trata de eliminar los derechos humanos, las libertades, derechos y deberes de todas las mujeres. Pero ya hemos conseguido poner este drama, compuesto de multitud de dramas y tragedias personales en la palestra, en el discurso político. Y ha llegado el momento de no parar, de no cejar y lograr parar la masacre. No habrá un mundo mejor hasta que consigamos todos juntos que hombres y mujeres, sean iguales, y donde no haya ninguna amenaza y fuerza física, por mucho sustento social e ideológico retrógrado que haya, que se imponga a la voluntad, la libertad y la felicidad de nadie. Nos queremos vivas y libres y para eso necesitamos mucha educación y lucha feminista, y convertir esta lacra social en una cuestión de Estado.

Ni una muerte más. Nos queremos vivas. Por la mujer y su vida, su alegría y felicidad. Acabemos con el machismo.

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