lunes, 20 de abril de 2009

La Caja de Zapatos





Escribo sin parar. Hay veces en las que las ideas y los sentimientos se agolpan en mi cabeza con intención de salir. Tengo que darles forma, buscar palabras y expresiones que den cuerpo y vida a todo lo que pasa por mi corazón o mi cabeza. A veces las fuerzas fallan y la inspiración se ha marchado... escribo mierdas que no llegan ni siquiera a cabrearme cuando las recito en alto. Con el ordenador es fácil seleccionar el texto y borrarlo pulsando Supr. Pero cuando lo hago en papel el halo romántico de arrancar una hoja y hacerla una bola para posteriormente lanzarla en suspensión al vacío es un acto que me seduce, pero que casi nunca hago. Si he agarrado un boli y un trozo de papel escribo no para gustarle a nadie, sino para soltar mis miedos y mis gritos en silencio. Con la letra prácticamente ilegible, luego me cuesta horrores saber que dije... Escribo con pasión, con furia, desatado, sin atender a razones estilísticas, prácticamente escritura automática que saca a relucir todas mis pasiones y temores, todos unidos para dibujarme.

No recuerdo muy bien cuando empece a escribir, a contar todo lo que me atacaba o gustaba. Quizás sería con 13 o 14 años. A veces no sabes a quien acudir. Tienes miedo, estas sólo y el vacío es intenso y total. En la soledad de una habitación intentas mil avatares, pero la necesidad de gritar es tan grande como el horror a que te llamen loco por hacerlo. Y con la luz azul del flexo iluminando un pequeño espacio en la mesa, con la persiana bajada, sólo dejando los agujeros para no olvidar que hay algo ahí fuera, cogía un trozo de papel y empezaba a escribir lo que sentía.

Poco a cambiado desde entonces. Ahora tengo un ordenador, montón de redes sociales, un blog, ganas de hacerlo todo y también tiempo. Los mismos miedos e incertidumbres siguen acechando por lo que no se sabe si hemos evolucionado, involucionado o soy un rebeldes porque el mundo me hizo así. Yo creo que estamos como estamos porque somos una segunda generación X. Si los literatos estadounidenses nacidos en los años 70 son una, aquí y ahora, la gente que tenemos esta edad de los "casi 30" seguimos inmersos en la rutina diaria, pero con la certeza de que apenas crecemos, de que desarrollamos nuestras vidas acorde a nuestros sueños, instintos o necesidades. En eso personalmente, a parte de arriesgarse, poco podemos hacer, y de los que corren el riesgo, pues calculo que a 50% se debate el éxito y el fracaso. El caso es que escribir y hacerlo libremente es un lujo gratuito del que pienso que pocos hacemos un uso continuado. A lo mejor por miedo guardamos esa confesión del propio hecho de la escritura y sus resultados, algo que yo hago porque no todo lo que escribo es lícito de ser publicado, porque haría de mi... no lo sé exactamente, quizás sea este temor lo que me haga seguir haciéndolo.

En una caja de zapatos negra con ribetes blancos podría ser mi "arca perdida". Un tiempo lo fue y su recuerdo es la reminiscencia de tiempos analógicos. Ahora conservo algunos de aquellos relatos, cuentos y confesiones, aunque hay muchos que pasaron a mejor vida... La caja dejo paso a un par de cuadernos, a hojas sueltas que en algún momento atacó y también incluso alguna servilleta porque tomando un café se me ocurre algo que merece ser contado y hecho sueño de tinta y grafía. En ocasiones me tiro meses sin escribir nada, otras lo hago hasta 3 veces al día... No sé porque escribó pero si sé que cuando lo hago me siento mucho mejor y esa ya es una simple razón para seguir haciéndolo.

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