viernes, 18 de noviembre de 2011

Razones para no votar ni al PP ni al PSOE


El bipartidismo es una forma de gobierno caracterizada por la alternancia de dos grandes partidos. El caso más acentuado es sin duda EEUU, donde demócratas y republicanos se turnan en el poder cada cierto tiempo sin que exista otra alternativa y donde la abstención ha llegado al 50%. El bipartidismo típico de los países europeos se basa en la aparente oposición izquierda/derecha, pero las políticas económicas de progresistas y conservadores durante los últimos treinta años han estado dirigidas a fomentar la desregulación de las finanzas, reducir la presión impositiva sobre los que más tienen y precarizar las condiciones de trabajo. España es un claro ejemplo de bipartidismo: Partido Popular y Partido Socialista se alternan en el gobierno pero se apoyan para sacar adelante lo que llaman “políticas de Estado”.

Cuando acaba un ciclo político cambia el partido en el poder, pero siempre están de acuerdo en determinadas cuestiones que afectan sobremanera a los ciudadanos. En los últimos años, PP y PSOE se han entendido en cuestiones claves: la ley Sinde contra el intercambio de archivos en internet; la ley 15/1997 que autoriza la participación de empresas privadas en la gestión del sistema sanitario; las leyes de extranjería que dejan sin derechos de ciudadanía a miles de personas; la falta de voluntad  de ambos partidos —por no hablar de la connivencia directa— para perseguir la corrupción; la reforma de la ley de cajas para poder convertirlas en bancos; el cierre en falso de la subcomisión sobre la reforma electoral; la votación conjunta contra la dación en pago, una solución que haría desaparecer la deuda hipotecaria después de entregar las llaves de la vivienda al banco; y la reforma constitucional express aprobada el septiembre pasado sin referéndum.

Si echamos un vistazo a los años de “bonanza” previos a la crisis, podemos constatar la coincidencia de ambos partidos en las políticas económicas. Y lo que es más importante, descubrimos que el desequilibrio social y económico palpable desde el pinchazo de la burbuja, es una tendencia que comenzó durante los años del boom inmobiliario.

Entre 1994 y 2006 el salario medio perdió un 2,4% de poder adquisitivo y la deuda de las familias creció seis veces (225%) más rápido que sus rentas disponibles (39%). En contraste, entre 2002 y 2005, años en los que gobernaron tanto el PP como el PSOE, el segmento del 10 % más rico de la población incrementó su patrimonio cerca de un 50 %. En el año 2005, en plena fiesta del ladrillo, las empresas que más ganaron en bolsa fueron las cinco líderes del sector constructor-inmobiliario.

La crisis ha traído un nuevo consenso entre PP y PSOE, ambos sitúan el problema de la economía española en el déficit público, la deuda de las familias y el mercado laboral. El debate electoral versa sobre quién recortará menos, pero ninguno de los grandes partidos ha cuestionado la necesidad de ajustes. Tampoco hemos escuchado cómo van a reducir las cifras de paro y las tasas de temporalidad en el empleo, ambas de las más altas de la Unión Europea gracias a las sucesivas reformas laboral promulgadas por el rodillo bipartidista.

En relación a la necesidad imperiosa de recortes sociales, es necesario indicar que España es el país de Europa que menos gasta en bienestar social por habitante. Este dato es más llamativo si tenemos en cuenta que el tipo máximo impositivo ha bajado 13 puntos entre 1995 y 2010, la mayor bajada de la Unión Europea. La concentración de riqueza es una de las más marcadas de la OCDE: el 10% de población posee el 58% de la propiedad y el 1% con mayor renta es dueña del 18% de la propiedad.

Sobre el problema de acceso a la vivienda, nada de un plan de alquiler social, ni dación en pago para acabar con la deuda de las familias. Según los últimos datos, en estos momentos hay 300 desahucios al día y en los próximos dos años se espera que la cifra aumente hasta los 500 diarios. Los bancos españoles verán incrementado su ya enorme patrimonio inmobiliario y muchas familias quedarán endeudadas de por vida.
Los que siguen ganando con la crisis no sufren ningún recorte. Los bancos españoles son propietarios del 52% de la deuda española. Su negocio es sencillo: reciben préstamos del Banco Central Europeo al 1% de interés, y después compran bonos públicos del Estado español que les reportan una rentabilidad en torno al 6%. No es de extrañar que algunos ciudadanos hayan decidido votar directamente en sucursales bancarias.

Si todavía estás dudando entre las dos opciones mayoritarias, si eres de los que crees que el PP creará empleo, si eres de los que opta por el mal menor, si sientes el deber de votar al PSOE por miedo a la derecha, si confías en el cambio que traerá el PP… esperamos que este artículo consiga cambiar tu opinión. Una cosa es segura, la crisis es una estafa, como ya lo venía siendo el boom inmobiliario. Nosotros no votaremos a quien nos engaña. Nosotros confiamos en la gente que tampoco lo hará, personas de abajo que seguirán con ganas de cambiar las cosas el día después de las elecciones.

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