lunes, 14 de noviembre de 2011

Cine con mayúsculas: Origen



Tras dos visionados puedo escribir, discernir y promulgar debate sobre una de las películas más interesantes, innovadoras, arriestadas, inquietates, sugerentes y estimulantes que han llegado a la cartelera en los últimos años, algo que como decía el maestro Eugenio, "cosa que no sucede todos los días". Estos dos visionados han sido muy alargados en el tiempo: El primero la noche del 2 de enero, el segundo el pasado sábado. Aún así prácticamente la recordaba, por la grata sensación que me dejo y que se ha visto recompensada y revitalizada en esta ocasión. El significado de la peli, lo había cogido muy bien, y pequeñas dudas se han visto despejadas, y me han dado una experiencia mucho más redonda de la película y del sentido filosófico y existencial de la misma.

El segundo visionado de Origen (Intercepción, en versión original), es a partes iguales debido a lo impactante como a lo obtuso que resulta por las continuas interrogantes que lanza a los sentidos y la mente del espectador. Todo ello, repito la mejestuosidad de fotografía, guión, ambientación, atmósfera, es decir de la película en sí, como el maremagnun de ideas y sensaciones convierten a Origen, no sólo en un peliculón, sino en una obra de culto, no sólo cinematográfica sino incluso la primera obra de referencia, el primer clásico de la segunda década del siglo XXI.

Todas las referencias culturales y cinematográficas convierten a Origen en una experiencia visual y librepensadora única. Una especie de producto de consumo propio del cine comercial apta para filósofos, pensadores y para gente despierta, con ávidez y sed de conocimientos. Ver Origen no te deja indifernte. Es imposible a menos que estes clinicamente muerto, o como es más común en la España de las reformas educativas, seas un zombie cultural.

Christopher Nolan es el director de esta obra maestra, con la que cierra el círculo (por el momento) de una serie de películas personales sobre distinstas realidades de la mente humana, como fueron sus previas Insomnía (percepción), Memento (memoria), El Truco Final (ilusión). A ellas se une Origen, que trata el tema del sueño y la eterna dicotomía sobre si lo que sueñas es real, si lo que vives es un sueño; y en el que el director nos maneja a través de los distintos niveles, tanto del sueño como de la realidad, con majestuosidad, siempre manteniendo al espectador en vilo para conocer donde realmente se encuentra, y lo que lleva, indudablemente a la obligatoriedad, o mejor dicho posibilidad, de un segundo visionado. Quizás ese segundo visionado no cambia la percepción del significado de la película, realmente se entiende a la primera, pero ayuda y completa esa idea, con los siempres imprescindibles detalles. Además con Origen consigue hacer fina, la acostumbrada ancha y tenebrosa línea entre el cine comercial y el cine de autor, algo en lo que ya se acerco de manera asombrosa y sublime con El Caballero Oscuro, y que ponen a Nolan, no sólo como uno de mis favoritos por su capacidad de aunar el espíritu de "vendedor de palomitas" del cine comercial con los estilismos y la naturalidad a la hora de tratar los temas más propios del cine de autor, y no limitarse además a ser capaz de rodar tiroteos, asaltos, persecuciones al más puro estilo hollywoodiense, y a la vez mantener el lenguaje, la atmósfera de intimismo y la lírica propia de los trovadores del cine de autor.

El mérito de Nolan es excepcional. Para empezar la mete un gol (y por toda la escuadra), a toda una productora como la Warner, con un presupuesto elevadísimo (250 millones de $) con un reparto encabezado por Leonardo Di Caprio, que en principio tendría el riesgo de haber sido un cataclismo en la cartelera, por lo enrevesado, complejo y a la vez embriagador y sugerente del tema sobre el que gira la película; a la vez le mete un gol al espectador de cine de multisalas en centro comercial, al que le postrega en la butaca 2 horas y media, viendo una ensalada de acción y thriller psicológico aderezada con notables tintes filosóficos y sensoriales que harían bostezar a cualquiera de estos si el lenguaje audiovisual tratará de sustituirlo Punset. Y por último, también nos la cuela a los espectadores más exigentes, que además de algunos casos, como el mío querer ver cine comercial de palomitas, otras veces la intelectualidad y las ganas de divertirme pensando hacen pedir productos como esta asombrosa película, que vuelvo a decir, entra a formar parte en la lista de clásicos de la historia del cine.

La película además es un ejercicio de suma y búsqueda de referencias culturales y cinéfilas (lo que también hace muy recomendable el segundo visionado para captar esas sutilidades). Las referencias a Ciudadano Kane (a la que debo un segundo visionado, o casi primero, porque ya hace varios años con su pertinente post), van desde el momento Rosebund de la caja fuerte del moribundo padre del personaje interpretado por Cyllian Murphy a la estética y contrapicados de varias escenas, como el hotel, o la sala de seguridad... También hay referencias a Solaris, y por supuesto a Matrix, de la que cualquier cinta de ciencia ficción, se convierte en heredera y depositaria. Por supuesto no faltan las referencias al cine Anime de Miyazaki o Sathosi Non, ni por supuesto los necesarios guiños a la literatura de Asimov y Philip K. Dick.

Pero no sólo de sueño habla la película. A través de los actores, Nolan, como director y guionista desarrolla la evolución de los personajes a través de la culpa y la redención. A Nolan siempre se le ha criticado su poca mano para desarrollar personajes, activar actores y sacar grandes interpretaciones a guiones excepciones por originalidad y talento. Lo cierto es que fue en "El Caballero Oscuro" donde desmitificó este tópico, sobretodo con la increíble interpretación de Jocker, realizada por el tristemente fallecido Heath Ledger, y aunque las interpretaciones en Origen, no son de premio, si que se puede apreciar un gran trabajo actoral. Todos los secundarios rinden con armonía. La joven Ellen Page con su aspecto de fragilidad; el poder británco de Tom Hardy, la apuesta por la contención de Gordon-Levitt, y un deliciosamente sutil tan alejado del aterrado recién salido del coma en 28 días después, Cillian Murphy. Michael Caine, Tom Berenger o en su última obra Pete Postlethwaite (don Guiseppe en "En el nombre del Padre") meses antes de morir dando cátedra y un excelso, como siempre en pantalla, Ken Wanatabe, a quien le harían un favor en España doblándolo "normal" no como un inmigrante vendiendo cedeses (la peli no la he visto en BSO pero si que he visto Cartas desde Iwo Jima y allí resulta grandioso).

Soberbia es el término para definir a Marion Cottillard. La francesa se ha hecho un nombre en el cine americano sin caer en estereotipos y dando una humanidad a cualquier personaje, a cualquier locura, basada en los pequeños gestos y en las miradas. Al igual que con Wanatabe, en España, es doblada ridículamente, cuando vistas otras obras en versión original se desenvuelve en un inglés americano fantástico sin acento ni pretensiones.. Y por último y no menos importante, rendir homenaje a un Leonardo Di Caprio, que a base de trabajos inmensos como en Shutter Island, Red de Mentiras o Revolutionary Road ha roto con ese estigma que provocó en el publico masculino después de Titanic, convirtiéndole en un actor inmenso, de los mejores de su generación (mantengamos de momento a Edward Norton al mismo nivel), capaz de lograr cualquier tipo de registro, en base a aplicar mucha personalidad e intensidad en cualquiera de sus interpretaciones.

Es de esta pareja protagonista donde se ven más claramente la evolución personal a través de la culpa y la redención, donde el personaje de Di Caprio funciona sobre su trabajo de Interceptor o asaltante en los sueños o bien sobre un sueño autoinducido la lucha para volver a ver a sus hijos, de los que esta separado desde la muerte (suicidio) de su esposa, en la que no funcionó el Origen, una idea supuestamente primigenia inducida en un sueño, lo que hacia que el soñador, al despertar sintiera esa idea como propia, sin rechazo alguno. Nolan induce majestuosamente esta idea de culpa y perdón individual y personal, con la canción de Edith Piaf "Ne regrettte rienâ" (No me arrepiento de nada) y que sirve como cuenta atrás para los intrusos antes de despertar del sueño.


Intentando no caer en el temido término de "Spoiler" voy a ir desgranando algunas ideas que deja Origen. Dentro de las referencias en las que se alimenta la película, es muy sugerente el juego con los nombres entre el francés y el latín. El nombre de "Malá" (Cotillard) para la mujer de Cobb (Di Caprio) con las referencias que ya conocemos, o el de Ariadne para el personaje de Ellen Page como guía de Teseo/Cobb, y no tanto como "arquitecto", puesto que antes de la misión ya explora y aconseja los caminos del subsconsciente de Cobb, como asi mismo, en el "cuarto sueño" en el que es la escudera de Cobb.


Así llegamos al final a la pregunta que queda en el ambiente y que es tan simple como cierta: ¿Realidad o Sueño? Bajo la última figura onírica de la peonza de Cobb girando se esconde esta pregunta que se clava en el espectador. Ahí va mi opinión: (¡ojo! no leer si no quieres verte influenciado antes de ver la peli)

La filosofía Zhen tiene su cabida con la duda entre el Jing y el Jung, el consciente y el subconsciente, que siempre mantiene en duda al espectador, cual relato de Borges, aplicada a pequeños objetos: Una pieza de ajedrez, una peonza, en definitva un Totem. Todo esto se desarrolla bajo el concepto de Origen, o la técnica para a través de atacar el subconsciente por medio de los sueños, inducirle una idea que él creerá como auténtica, como genuina, y llegará a buscar su consecución como idea de felicidad propia, pero que en realidad surje de una manipulación. Dicha manipulación se realiza en estados oníricos, sueños, a los que se llega mediante poderosos sedantes y de los que se sale con una (ficticia) inmersión en el agua o bien con una inducida caída en el sueño original. Se pueden ir superponiendo sueños para trabajar a más profundidad (y más riesgo) del subcosciente así como poder jugar con la relatividad del tiempo (a mayor profundidad, mayor tiempo, es decir, un segundo en el primer nivel, puede suponer 30 minutos en el segundo, una semana en el tercero y asi exponencialmente). Excitante además es cuando el sujeto ha recibido entrenamiento para doblegar esta intromisión en su subconsciente.

Creo la última escena es real. Y coloca en el aspecto real o sueño todo el metraje anterior. Lo que sucede es que vista la película, Nolan ha ido dejando pistas que inducen al error durante toda la trama, diseminando elementos sensoriales que estamos acostumbrados a que alimenten nuestros sueños, a mantenernos fijados a ese subconsciente y asi diferenciar la realidad y la ensoñación. Es decir, ideas y sensaciones que hemos captado, que recordamos y conocemos, y de las que nuestro subconsciente se alimenta para diseñar la ambientación de nuestros sueños. La magnífica escena de los espejos y los pliegues del espacio en las calles de París en la que Cobb explica a Ariadne la función y funcionalidad del arquitecto explican muy bien este fenómeno. Por ejemplo, algunas de estas ideas pre-concebidas serían que la compañía de Saito se llama Cobb(ol) Enterprises. No hay rasgos definitorios de la personalidad de todos los personajes, lo que induce a pensar que son simples rasgos puestos en escena por el subconsciente de Cobb. La persecución por las calles de Mombasa, con el protagonista atrapado en una calle estrecha hasta lo imposible, y salvado con la interrupción Deus ex machina de Saito. El discurso del viejo en el sotano de Yusuf, podía interpretarse como un aviso del subconsciente de Cobb. Y por supuesto la peonza final.

Todo esto en el guión porque con la sublime y maravillosa fotografía Wally Pfister (realmente ávida en el diseño de juegos cromáticos y espacios y escenarios para cada nivel de los sueños) y la música de Hans Zimmer (intensa y sutil según convenga en el desarrollo del sueño) hacen que juegues y pienses sobre en que estado de realidad o ensoñación te encuentras con la película y conseguir el hecho mismo de que la película trascienda.

Como he dicho antes, creo que la escena final se desarrolla realmente. No en un sueño. La peonza queda girando y no queda muy claro si caerá o no, pero lo realmente importante es que Cobb (Di Caprio) se ha desembarazado de esa duda, deja atrás la peonza, y corre a abrazar a sus hijos, que por primera vez en el metraje se han girado hacia la camara.

Quizás sea verdad alguna critica que he ido leyendo de que Nolan no consigue mantener la tensión de los personajes, puesto que escenas como el suicidio de Malá o el paso por aduana de Cobb resultan ramplonas, previsibles y carentes de emoción. Pero lo cierto es que Christopher Nolan ha firmado en calidad de guionista y dirección una majestuosa obra maestra que acerca el cine más comercial, al espectador más underground, algo que hoy por hoy, sólo él consigue hacer.Y lo realemente importante, convierte sus productos en algo más, en películas y actos, que trascienden que hacen al espectador estrujarse los sesos para llegar a ese algo más, captar más, conocer más. Aprender y desarrollarse mucho más gracias a un ejercicio de cine fresco, original y sugerente.