lunes, 12 de enero de 2026

El problema de la vivienda en España


 

Artículo 25 de la Declaración de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948:

1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.



Artículo 47 de la Constitución Española de 1978:

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

 

Dentro de la batería de derechos incluidos en la Constitución y en las normas legislativas del estado y que son sistemáticamente pisoteados y ninguneados por el régimen y las élites, el derecho a una vivienda digna es el más lacerante y decisivo. Para ello resulta básico, y no se puede obviar, el hecho de que aunque recogido en la Carta Magna vigente, el derecho a la vivienda no se integra en el capítulo de derechos fundamentales (Título I, Capítulo II, Sección 1ª o lo que es lo mismo artículos 15 a 29), sino que se engloba en los Principios rectores de la política social y económica. Esto es, su defensa y valor dependerán de las disposiciones de rango legal inferior que se acuerden a través del legislativo y del ejecutivo, contando con los de los gobiernos autonómicos. Por ello y en resumen, el derecho a la vivienda digna dependerá de la agenda o los intereses de los partidos políticos. Y si algo han demostrado es que siempre harán negocio privativo con los derechos de todas y todos.

Comúnmente, cuando se habla de vivienda no se habla del espacio y el lugar en el que una persona, sin tener en cuenta sus condiciones (materiales, de identidad, género, clase, ideología, etnia o raza, etc.), va a llevar a cabo su proyecto vital. Se habla en términos capitalistas. Se supedita la necesidad vital y el derecho al techo digno al “mercado”. Se interpreta en términos de libertad (libertad de precio, libertad de uso, libertad del suelo) y se desecha la posibilidad de incluirles factores de igualdad y equidad (en consonancia con la igualdad de oportunidades, derechos humanos, etc.).

Para ello es preciso inducir un vocabulario que nos interpele en cuestión de “vivienda” a razón de cantidades. Es decir, cuánta vivienda es necesaria para tantas personas que demandan vivienda, y de este modo calcular qué precio tiene (en propiedad o en alquiler). Ni por asomo se concede una visión que incluya la calidad de la vivienda (construcción, materiales, aislamientos, etc.), ni en cuestiones relativas a las calidades y facultades que tiene un bien inmobiliario concreto, ni tampoco en su conjunto, como oferta de un espacio geográfico o social determinado. En este caso, me refiero a los bienes y servicios, algunos constituyentes de derechos sociales (sanidad, educación, asistencia, transporte, emergencia, culturales o deportivos) y otros en cuanto a la composición social de “nuestros” vecinos dando lugar a efectos sobre el urbanismo, el paisaje y el paisanaje con el que convivimos.

Por lo tanto, en términos de mercado el precio de la vivienda se pretende simplificar a relación entre la vivienda ofertada y la vivienda en demanda: Si no hay suficiente vivienda ofertada para la demanda existente, el precio será cada vez más alto y se hará preciso aumentar la oferta para buscar el equilibrio; por contra, si la oferta de vivienda supera la demanda existente, la teoría nos dice que los precios bajarán en aras del equilibrio entre oferta y demanda. Evidentemente, y la experiencia, la ciencia económica no teleológica o imbuida de ideología política, y el sentido común, nos indican que el mercado inmobiliario no funciona bajo las reglas formales de la ley de la oferta y la demanda.

En general, siempre se ha argumentado que para solucionar los problemas de vivienda y de su acceso "solo" hay que construir más. Que hacer más fincas, más pisos y más casas y que de esa manera los precios bajarían. La experiencia, ha dejado bien claro que no funciona así el mercado de la vivienda. De hecho, la simple predisposición a más construcción y a más ocupación del suelo para usos residenciales, no solo nunca y en ningún lugar ha provocado una bajada de los precios, sino que al contrario los ha incrementado. La razón es bien sencilla: la vivienda nueva sale al mercado a unos precios muy superiores a los de la vivienda ya construida, con lo cual "tira" de estos hacia arriba. Esto se da en espacios donde hay viviendas ya construidas, pero en promociones de nueva edificación se ha dado la paradoja de que el simple planeamiento ya provocaba subidas en las zonas colindantes.

La vivienda es un tipo de bien material que presenta unas características propias que hacen que su precio siempre crezca, incluido en momentos en los que exista mucha oferta de vivienda como vivimos hasta 2008 y vivimos nuevamente. Es lo que conocemos como burbujas inmobilarias. De hecho, ni siquiera la Gran Recesión que siguió al estallido del modelo neoliberal sirvió para rebajar los precios ni en propiedad, ni en alquiler, y mientras se activaban y apagaban revoluciones y movilizaciones por todo el mundo de generaciones excluidas del bienestar, los precios del alojamiento se mantenían estables con respecto a la época de teórica y vanagloriada bonanza.

Y es que la vivienda, a parte de su componente material (“la casa”, “el hogar”) funciona como un activo financiero seguro, debido fundamentalmente a que su propio carácter como derecho humano inalienable le otorga una demanda alta y por lo general constante (no exenta de picos al alza). Y también con una rentabilidad creciente desde el plazo medio (de 6 meses a 2 años) y fundamentalmente en el largo (a partir de los 2 años) porque siempre garantiza subidas.

Esto se explica a la propia naturaleza del bien de la vivienda. En momentos de zozobra, dada la especial sensibilidad con el tema es común que los poderes públicos estimulen la demanda (bajadas de impuestos y desgravaciones, garantías de avales para la creación de préstamos hipotecarios, presupuestos de vivienda protegida que acabará en el mercado privado, etc.) que en ningún caso suponen una bajada de los precios de compra-venta o de alquiler, y si que garantizan las ganancias de especuladores y rentistas. Además, las propias limitaciones del espacio físico, el suelo y su localización, hace que los bienes inmuebles mantengan o suban su valor debido a que la disponibilidad de vivienda es determinada por su cercanía a los centros de trabajo, de ocio, transportes o a los servicios básicos (efecto que se multiplica en casos como las islas o los centros de las ciudades ya muy congestionados de por si). Por si esto fuera poco, cuando las cosas se pusieron bien feas, los organismos nacionales e internacionales (autonomías, gobiernos, UE, FMI o Banco Mundial) corrieron a socorrer a los gigantes, socializando laspérdidas y asegurando los privados beneficios.

Por resumir se trataría de que ante el umbral de comprar una vivienda preferentemente la mayoría de la gente quiere adquirirla, o mejor dicho habitarla, en su entorno natural. Dónde vive ya. Dónde está su familia. Cerca de dónde trabaja. O dónde haya equipamientos sociales y necesarios. Por lo tanto, en esos espacios geográficos siempre tiende a escasear la oferta, mientras que la demanda se presenta cuando menos estable, lo que hace que los precios suban. Y además, estos suben más porque cada generación quiere sacar un provecho, un rendimiento económico directo, a la vivienda que ha ocupado. Ya sabéis, si hace 30 años se compró una vivienda por por ejemplo 10 millones de pesetas (unos 60.000 euros) ahora queremos venderla por unos 250.000 … Por esto la vivienda no funciona como otros bienes o servicios en un mercado que debería tener una predisposición “natural” al equilibrio; sino más bien permite, además de la función social de alojamiento, ofrecer una función especulativa de alta seguridad y alta rentabilidad.

En este contexto, la seguridad, garantía y certeza de rentabilidad que la propiedad de vivienda ofrece provoca que siempre exista una excesiva especulación en los bienes inmuebles. Rentistas, bien personas físicas de pequeños propietarios de dos o tres viviendas, que complementan sus ingresos y ahorros con la inversión en vivienda. De profesionales que buscan un nivel de vida con hasta 20 propiedades para suplir con alquileres las rentas del trabajo. Y de enormes propietarios, por lo general grandes fortunas (nacionales o extranjeras) y de fondos buitres erradicados en paraísos fiscales que compran y acaparan vivienda para subir de manera artificial los precios y con ello su rentabilidad. Un caso paradigmático es lo que se está viviendo en todo el estado español, pero especialmente en algunas ciudades, digamos de moda (Málaga, en la actualidad, pero también Valencia -sin olvidar las zonas afectadas por la dana de octubre de 2024-, Granada, Girona, ciudades a las que llega el AVE como Segovia; como casi siempre Madrid o Barcelona y sus barrios, o en las zonas de costa, etc.,) con los pisos para alquiler turístico. También señalo aquí la tolerancia que en algunas autonomías como la región valenciana o Murcia se ha tenido con la proliferación de viviendas ilegales durante muchos años y que no ha redundado en una bajada de precios, sino más bien, en un deterioro colosal del medio ambiente, de los modos de vida tradicionales y alternativos, así como de crear serios problemas en los pueblos y ciudades para dotar hoy en día de sentido a sus poblaciones, garantizando derechos y servicios desde la atención administrativa, la movilidad, el acceso al agua o la luz, o la recogida de basuras.

Para llevar a cabo toda esta serie de tropelías, encuentran de manera necesaria e interesada la colaboración de organismos públicos, en especial Autonomías y ayuntamientos (que son quienes tienen las competencias en materia de urbanismo e intervención de sus respectivos mercados inmobiliarios) regidos por la derecha, pero también algunos del psoe (bueno los mismos perros) que lejos de garantizar el acceso a la vivienda para sus vecinos (y votantes) aseguran una mayor rentabilidad para los especuladores con el derecho básico de la vivienda. El bipartidismo y su estado natural de la corrupción beben y han bebido de continuo de la especulación inmobilaria.

De hecho, aunque se manifieste la ausencia de control del estado o de organismos públicos en el mercado de la vivienda, la realidad es que esa falta de intervención no lo es tal, ya que si se garantiza por un lado una demanda mayor que la oferta (al no construir vivienda pública, no poner a disposición los pisos del Sareb, etc.), o favoreciendo la tenencia de más y más propiedades por los mismos propietarios (incluso vendiendo bloques enteros de vivienda protegida a fondos buitre).

Y es que a la hora de gestionar el derecho a la vivienda la realidad política (y también mediática) no se ha hecho una política de vivienda, es decir, una praxis política en defensa y valor de la vivienda como garantía social y puntal de integración, sino que se ha hecho política inmobiliaria, esto es se ha permitido, a través de desregulaciones algunas veces, y otras muchas inyectando dinero público a los grandes propietarios, constructores y promotores, de manera directa o indirecta a través de ayudas a los inquilinos, para que el mercado siguiera manteniendo precios cada vez más altos. La ausencia en la totalidad de Comunidades Autónomas, ayuntamientos y por parte de la Administración General del Estado de un parque de viviendas públicas es su principal consecuencia, y con el paso del tiempo, una causa indeleble de nuevas subidas y disfuncionalidades de este mercado inmobiliario.

Como está claro, y sólo hay que preguntar a cualquier persona normal que trabaja para vivir al día, este modelo no funciona. Las oleadas de desahucios, las tasas de emancipación juvenil que en España son las más bajas de Europa, la gentrificación de los centros urbanos, la proliferación de barriadas marginales y guetos, incluida el repunte que el chabolismo y la infra-vivienda, etc.,. Y ya sabemos que cuando se ejecuta ingeniería social es más fácil adjudicar a los pobres y desamparados proyectos y megalomanías varias.

Se ha averiado sin remisión el ascensor social, ha añadido un estrés y unas dificultades colosales a los proyectos de vida de varias generaciones creando y regenerando problemas de índole social cuyas consecuencias más dramáticas están por venir. Algunas ya aparecen en la puerta como las tasas de suicidios hoy en día, comparadas con las de hace 20 o 25 años en la franja entre 30 y 50 años. Se deslizan sin más como efectos de diversa índole o multi-causales, pero sin duda, inherentes a las dificultades para conseguir un proyecto de vida satisfactorio, imposibilitado hoy, y cada vez más, por unos precios de la vivienda inasumibles.

Las soluciones a este drama colosal no son fáciles. Muchas de ellas pasan por el alquiler que debe potenciarse, para lo que es decisivo fomentar un cambio de enfoque en la mentalidad del españolito de a pie. Durante décadas se fomentó un mantra de que “alquilar es tirar el dinero”, y que “no tener una vivienda en propiedad es no tener nada”. Eso ha dejado un mercado de alquiler raquítico y encima disparado en sus precios, por lo que acompañado a resaltar la validez social de la vida en alquiler debe legislarse para que todo alquiler que se firme, toda relación entre inquilinos y caseros (particulares o empresas) sea directamente gestionada y supervisada por los ayuntamientos a través de empresas municipales de vivienda y servicios municipales de alquiler. Seguro que un funcionario supervisando 50 alquileres, nos ahorra unos cuantos policías en el futuro.

El objetivo debe ser rebajar los precios de los alquileres entre ⅔ y la mitad de su precio actual. Y que siempre se mantengan en ese baremo con respecto al precio del metro cuadrado a la venta en cada respectivo barrio o ciudad. También deben fijarse precios máximos con respecto a los salarios moda, es decir los más comunes en cada ámbito geográfico, no los medios, para garantizar a su vez el ahorro de los más jóvenes y vulnerables y al mismo tiempo unos cimientos sólidos para sus proyectos de vida (tampoco estaría de más acabar con la precariedad del empleo).

Es fundamental implementar unas políticas de vivienda atrevidas y en ello cobra especial significación la necesaria potenciación, cuando no creación, de unidades de seguimiento e inspección inmobiliaria y fiscal. Tiene que perseguirse y luchar contra los abusos del dinero frente al derecho a la vivienda, sea infligido tanto por particulares como por empresas. Se trata de intervenir, si, el mercado y de politizar la cuestión para darle salidas ordenadas que permitan una vida digna para todas y todos y no la salvaje ley de la selva del más fuerte.

Y es que lo que hoy tenemos, y llevamos teniéndolo desde 2002 es una crisis de la vivienda salvaje. Si la gente en todos estos años, generación a generación, con un salario normal, el más común (insisto, no el medio que tiende al alza, sino el salario moda el más habitual en la población) no puede, año a año, garantizarse un techo (y una manutención y servicios básicos) que no implique un sobre-endeudamiento del 4000% de ese salario anual es que estamos fallando. Fallando como sociedad y como modelo de estado. Porque estamos supeditando y esclavizando la vida de millones de personas a las que se obliga a vivir en penuria, a aceptar condiciones cada vez más precarias, a cerrar la puerta a un progreso generalizado para construir, en vez de sociedades ricas y diversas, un modelo dual de muy pocos privilegiados y muchos desfavorecidos. Cuyas huestes aumentan cada día a más. Y fallamos porque nos fallan “nuestros políticos” empeñados en un modelo neoliberal que nada tiene que ver con las condiciones sociales, naturales y tradicionales de este país o de Europa, pero que les sirve para facturar y enriquecerse a costa de la democracia, el porvenir o de la dignidad de sus conciudadanos. Pero es que encima además, ese modelo neoliberal impuesto lleva fallando y causando dolor ya casi 20 años.

Por todo esto es fundamental blindar la vivienda como un derecho. Frente al difícil acceso a la vivienda, consecuencia de su inabordable gasto para un cada vez mayor sector de la población se hacen necesarias propuestas y decisiones que confirmen la vivienda, el hogar, como el punto de arranque vital, como garantía de inclusión social, y no de exclusión.

La demanda es evidentemente cada vez más fuerte debido entre otras causas al incremento de la población (fruto de una inmigración mayor que la emigración) pero también de la intervención en el mercado de especuladores que anteponen el carácter financiero de la compra de vivienda a su uso efectivo y por supuesto a su función como derecho básico de ciudadanía. Entre las medidas ineludibles están la necesidad de regular el alquiler de temporada o turístico, cuando no prohibirlo en su totalidad, persiguiendo el fraude, dotando a ayuntamientos de personal que lo persiga y expeda licencias municipales. Es necesario aumentar el gasto gasto público en vivienda previsto en los Presupuestos de cada administración, desde los Generales del Estado debería de elevarse hasta el 0,5% del PIB (unos 7.000 millones de euros), con el fin de impulsar la construcción de viviendas protegidas destinadas al alquiler y que sean asequibles para hogares con bajos niveles de ingresos. Pero también los autonómicos y los de los ayuntamientos (estos últimos en virtud de sus posiblidades) por lo que no estaría de más aunar un nuevo pacto de estado por la vivienda que viniera a solventar o intentarlo por lo menos, el principal problema que la población identifica cada vez que se le cuestiona. Así también se podría exigir a los medios de comunicación mucha mayor responsabilidad y seriedad con este colosal problema y que no desviasen la atención a lo anecdótico, esquivando el tratamiento de lo importante.

La Ley de Vivienda pactada en el Gobierno de coalición en la anterior legislatura se ve claramente ineficaz y muy cortita de miras e impulso. La ausencia de régimen sancionador, en especial con respecto a las viviendas de los grandes “tenedores”; de regulación frente al alquiler turístico, frente a la gentrificación y la intervención en zonas especialmente tensionadas, y sobretodo el atrevimiento para desnudar los complejos e intereses de políticos en algunas de las autonomías ha vaciado de efectos el contenido de esta ley, que encima ya salió raquítica en el BOE. Tampoco ayudaban las bonificaciones para los caseros que automáticamente las incluyen en su plusvalía sobre la vivienda sin que los inquilinos olieran el dinero público dedicado a esto. Y no hablemos los privilegios fiscales que la especulación inmobiliaria continua atesorando frente a los pagos (consumo a través del IVA o trabajo por el IRPF) a los que algunos no podemos ni soñar.

La especulación con la vivienda sigue funcionando. Sigue comportándose como un negocio redondo, mientras millones de ciudadanos tienen cada día un acceso a la vivienda más problemático y con menores garantías. Actividades de gran lucro que no sólo es que no generen riqueza en el medio ni el fisco patrio, es que destruyen espacios, barrios y ciudades expulsando a vecinos, cambiándolos por turistas.

Ello hace evidente la lucha de clases donde la vivienda compone un hito fundamental, porque el acceso a ella permite la integración social y con ella la reproducción y estabilidad social necesarias para una sociedad que se replica y auto-perpetúa. Los incrementos desmesurados en los precios de los alquileres, las dificultades en el acceso a la compra, la discriminación social que sufren determinados colectivos -para la derecha, individuos- racializados o estigmatizados, o las disposiciones legales que favorecen a los propietarios y caseros en detrimento de los inquilinos y los que no tienen vivienda propia forman parte de un conflicto que va más allá de las responsabilidades, decisiones y capacidad de actuación de las personas.

El estado del bienestar es absolutamente incompatible con un “mercado” de la vivienda especulativo, abusivo y donde la propiedad acumulativa está más protegida que el derecho a habitar un espacio digno y con unas mínimas condiciones. Ya no es sólo el ascensor social averiado. Es además el puntal de una cada vez mayor desigualdad social, puesto que las rentas del trabajo de la mayoría que no tienen “nada” o como mucho una vivienda, se licuan hacia arriba, hacia las élites (individuos, empresas o fondos buitre) que acaparan cada vez más viviendas para ampliar su rentabilidad, no sólo por la propia acumulación, sino por la intervención directa del mercado al que pervierten.

La lista de traumas y dolor que provoca la especulación inmobiliaria es cada vez más lesiva. No es exclusiva de España, puesto que la inversión y especulación financiera en vivienda es un negocio perfecto para los fondos y acaudalados, y los mismos problemas que aquí se ven en prácticamente todo el mundo. Cada vez hay más desahucios, gente sin casa, viviendas dedicadas al negocio turístico por lo que se les desprende su función social; el número de cambios de residencia que generación a generación se duplica; problemas psicológicos, estrés, consumos de sustancias y adicciones, bajas por enfermedad y depresiones, la insatisfacción vital por salarios cada vez más escuálidos ante precios por la necesidad habitacional cada vez más altos…

Es básico hacer valer el hecho de que la vivienda es un derecho humano, no una simple mercancía o bien con el que especular y obtener una rentabilidad. De este modo, con esta idea, que no es en absoluto nueva, ni rompedora, se tiene que cambiar las políticas de vivienda y de urbanismo. Es imperativo que este principio, el de la vivienda como derecho, se tenga en cuenta como primer factor a la hora de planificar la política de vivienda, de su acceso, tanto en el aspecto geográfico (suelos, agua, recursos, impacto medio ambiental, urbanismo), como demográfico (habitantes, sus edades, sus necesidades, estratificaciones), como también sociológico (movilidad social, progreso, satisfacción).

Por todo esto es fundamental que como sociedad, los inquilinos, la clase trabajadora en su conjunto se ponga en pie y avance en defensa de la vivienda vista como derecho humano y factor de desarrollo personal y colectivo. No hay más tiempo. No hay más excusas. Nos jugamos la paz social (o mejor dicho “ellos” se la están jugando) y ha llegado el momento de hacerla volar por los aires si no se revierten políticas homicidas y extractivas que condenan a millones a malvivir para pagar los vicios de unas élites cleptómanas y alejadas de la calle.

Nadie tiene duda de que la cuestión de la vivienda, de la que su manipulación torcitera por parte de los medios de ultra derecha, se va a llevar por delante el gobierno "progresista". Y de ahí, como alternativa no va a salir nada bueno. De nuestro impulso saldrán las normativas y leyes valientes que quiten el valor especulativo a la vivienda y le devuelvan el valor social y de derecho humano. Y porque por encima del dinero, se trata de futuro y se trata de justicia.

 

sábado, 3 de enero de 2026

Agresión militar a la soberanía de Venezuela

  

La imagen de cabecera de este artículo ya ha quedado obsoleta. A menos de 10 días del primer año tras la segunda investidura de Donald Trump, y a tres días de cumplir los 5 años de su Asalto al Capitolio, el presidente naranja ha ordenado el bombardeo de Venezuela, así como el asalto de equipos especiales al Palacio de Miraflores, residencia presidencial, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. La acusación, torcitera y manipualda, es la de "líder de una trama de narco-terrorismo", en una suma hacia adelante en la que procuran una tibia carga moral a sus acciones para tratar de disimular lo evidente.

La suma de acontecimientos, culminados con la acción militar unilateral de esta madrugada en Venezuela (mañana en España), contaban con un aumento de la presión violenta e imperialista sobre el país sudamericano. Ataques y muertes a supuestas lanchas de narcotráfico, secuestro e incautación de petroleros, órdenes presidenciales que autorizaban operaciones encubiertas de la CIA sobre el terreno, y no menos importante, escalada del belicismo a través de la diplomacia tanto con sus aliados en el continente como en Europa. A estas horas, nadie esconde que en las últimas negociaciones con Putin al calor de lo que sigue ocurriendo en Ucrania, se ha tratado el tema de Venezuela, para con el mirar para otro lado autorizar los deseos de cada sátrapa en su área de interés. Y como siempre, la Unión Europea pillada con el dedo en la nariz.

A estas horas ya está difundida la imagen de Maduro maniatado con bridas de plástico y cegado con gafas oscuras de limitación sensorial. El anuncio de Trump a través de su red social privada, y después desde su residencia en Florida, donde pasa la mayor parte del tiempo jugando al golf-o, culminará el lunes con un paripé de juicio a Maduro en Nueva York. Y todo este secuestro ha sido el objetivo final de la primera invasión militar en suelo de una nación iberoamericana desde la ocurrida en Granada en 1983.

Evidentemente tal ataque carece, y de hecho ni ha procurado conseguir, del más mínimo aval jurídico o diplomático internacional. La legalidad brilla por su ausencia, si es que se puede hablar de legalidad cuando se trata de amedrentar y someter a naciones soberanas. Una vez más, una administración yankee sanciona la toma de decisiones unilaterales que supone la escalada de violencia, el asalto bélico, la apropiación de recursos estratégicos y materias primas, el ahogo económico de sociedades y naciones extranjeras y la representatividad de los dirigentes de aquellos estados. Ya sabéis: las elecciones, si las ganan “los nuestros” serán justas y de plenas garantías; si no es así, es que están manipuladas y carecen de rigor y verosimilitud. Y por supuesto, se deslegitiman hasta volverlas absurdas, las instituciones multilaterales, en teoría ideadas, para evitar los enfrentamientos bélicos. Se caen muchas caretas.

Toda esta operación militar corresponde en primer lugar a un nuevo lavado de cara de la administración Trump, toda vez que a un año vista desde su segunda investidura, la popularidad del mangante ha ido cayendo. Los bandazos en economía interior, la sangría constante de puestos de trabajo y la pérdida de muchas coberturas sociales siguen lacerando el populismo de un presidente, que al igual que en su primer mandato, es incapaz de dotar de dinamismo a un economía de tinte neoliberal que presenta severas disfunciones a la hora de dotar de bienestar a las poblaciones locales. De cualquier tipo de color de piel. Ni los abusos de matón de colegio con respecto a los aranceles, ni tampoco las amenazas de restaurar el área de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en especial, hacia Venezuela o Groenlandia, hacían reverdecer la popularidad del mangante. Las “nuevas” fotos con el pederasta de Jeffrey Epstein y el goteo de casos de abusos sexuales han acelerado un desgaste que trata de minimizarse a través de la invasión de Venezuela y el cambio de régimen.

En un segundo lugar, y por supuesto no menos importante, Estados Unidos y Donald Trump, así como la élite financiera, tratan de reflotar la economía patria, apoderándose contra natura de los recursos minerales de Venezuela. El petróleo sigue siendo fundamental en la economía, y pese a que se sabe que las reservas del país caribeño son de difícil extracción y penosa rentabilidad, mejor será tenerlas “controladas” que no expuestas al aprovechamiento de otras potencias, en especial China. De hecho, la amenaza que suponía el casi seguro cambio del dólar por el renminbi, la moneda china, como unidad monetaria de referencia para el negocio petrolero suponía una pérdida insoportable para las finanzas de la economía de Estados Unidos. En ese sentido, y fruto de la especial relación entre los opositores a los regímenes de izquierdas de países como Venezuela o Cuba, u otros latinoamericanos, era de esperar una agresión como la ocurrida en el día de hoy. De hecho, los contrarios al régimen bolivariano chavista dan mucha vergüenza ajena, cuando no miedo, alegrándose de que bombardeen su propio país. O incluso, pidiendo una intervención similar aquí.

Pero hasta aquí las razones convencionales. Hasta este punto la teoría geoestratégica clásica que ha tratado de explicar el ecosistema de relaciones internacionales en base a factores de teoría económica y política interna y externa. A partir de ahora hay que hablar de la víscera, de la reacción y de una concepción autoritaria del poder que desprecia, no sólo la legalidad internacional, sino otros aspectos de la democracia que le resultan molestos como la opinión pública, la libertad de prensa, la rendición de cuentas o el control legislativo por parte de las cámaras. Trump, y los fascistas repartidos por todo el mundo, interpretan el poder desde un punto de vista personal. Aúnan en su figura el estado y sus recursos e imponen su voluntad por medio de la amenaza de la fuerza y la violencia.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un peligro sistémico y sistemático para la humanidad y para el planeta. Una ausencia de responsabilidad moral, política e histórica que impide la contención y la comprensión ética de la realidad que queda sometida a los impulsos narcisistas y esquizoides de elementos que acumulan una concentración de riqueza económica, de impacto comunicacional y de poder militar como nunca antes se había visto en la Historia. Ni siquiera en el alzamiento de los fascismos de los años 30 en Europa.

Ante esta amenaza constante, hecha fuego y escombros en Venezuela, a la concordia y la legalidad internacional no cabría esperar otra respuesta que la unión de la comunidad de naciones, con sus respectivas sociedades al frente, para romper con esta inercia. Denunciar, y no sólo quedándose en las palabras, la agresión imperialista y neo-colonial de Estados Unidos. Romper las relaciones, especialmente las de ámbito cultural y económicas (expulsar de una vez las franquicias de comida rápida sería un buen comienzo). Clausurar para siempre el anacrónico y desigual pactismo que interpone la OTAN y organizaciones supranacionales claramente neoliberales, y por lo tanto, afines a los intereses de Estados Unidos, y contrarias a la tradición y necesidades europeas. Todo esto y más, exige una coordinación política y comunicativa, difícil de conseguir en este mundo de alzamiento del nuevo neo-fascismo, pero en algún momento habrá que romper estas cadenas con personajes como Trump, con Milei, Netanhayu, Urban, Meloni, etc. O será demasiado tarde.

De hecho, a los que conmemoran y celebran el ataque unilateral e indiscriminado de Estados Unidos en Venezuela, o que piden uno similar para esta España "comunista" según ellos, les invito a que revisen el listado que encabeza este artículo. Que lean las fechas y los países. Y que revisen, simplemente con ir a la Wikipedia basta, el estado actual de esas naciones. Como la mayoría han pasado de tener progreso y un futuro con garantías de igualdad, y la tan proclamada "libertad", a considerarse por todo el mundo como estados fallidos. Países sin unas mínimas condiciones de seguridad, legalidad, reconocimiento o solvencia para garantizar ya no sólo el bienestar de su población, su dignidad e identidad, que eso al fin y al cabo es lo que menos preocupa a Estados Unidos y a los neoliberales, sino de un básico nivel de estabilidad socio-económica que permita los negocios. La lista es interesante: Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Haití, Somalia, Liberia, Irak... Reflexionen.

Y también reflexionen sobre el hecho innegable de que se alegran de esta violación flagrante del derecho internacional para derrocar un regimen publicitado como "comunista" o de izquierdas. Habría que veros si a estos defensores de la democracia y la libertad les hubiera dado en su momento por intervenir para derrocar la dictadura franquista (acuerdo que estuvo sobre la mesa y aceptado tanto en Yalta como Teherán), o en la actualidad en lugares donde están destrozando los derechos humanos como El Salvador o Argentina. Pero claro, si las elecciones las ganan "los nuestros" son ejemplos de "libertad, soberanía popular y garantías democráticas", y sin embargo, si las ganan los otros, la izquierda, entonces esas mismas elecciones "están manipuladas, robadas, es un fraude y sus vencedores ilegítimos".

Por su parte, a la ciudadanía no nos queda otra que organizarnos en defensa de la democracia y la soberanía de los pueblos. Volver, si es que se ha hecho alguna vez, a exigir el respeto a los derechos humanos, especialmente el de la vida en dignidad y la identidad de todos los colectivos. Y que está demanda se convierta un cimiento básico de cualquier gobierno. Volver a salir a las calles es el mínimo que nos queda en este contexto para denunciar esta agresión fascista y neo-colonial, así como la conveniencia de Estados Unidos con el genocidio en Gaza. Y fundamentalmente, con la promoción de un modelo social, económico y político empeñado en robar dignidad a las clases trabajadoras de todo el mundo y en generar estados vasallos que le deban sumisión y funcionen como sucursales de un estado de las cosas que se demuestra fallido y criminal.

En este 2026, cómo no, seguimos ante un momento histórico importantísimo. Toda persona demócrata, que crea en la libertad y la igualdad. Que se considere una buena persona y piense en un futuro mejor en el que vayamos en una mejora constante en las condiciones de vida de todo el mundo tiene que implicarse y sumarse. Generar un proceso de organización y movilización frente a estas agresiones constantes, este estado de malestar y esta inseguridad vital, climática, económica, política y social que quieren imponernos las élites neofascistas. No valen silencios, ni individualismos, ni indiferencias, como tampoco agitar banderas interesadas o prejuicios de todo tipo (raciales, culturales, económicos, etc.). O damos batalla por un mundo digno, o nos arrastran a la barbarie y el fango.

Solidaridad con Venezuela y con todos los pueblos dignos y libres. Lucha frente al fascismo.

 


lunes, 15 de diciembre de 2025

Patochadas navideñas con dinero público


Las Navidades de Vigo, foto de ElfarodeVigo. 

 

España, sus pueblos y ciudades, desde calles comerciales donde el espacio público se ha malvendido a las franquicias y marcas que tributan en paraísos fiscales, hasta calles feas, horrendas donde ese mismo suelo común se ha regalado al coche, se ha llenado de luces de colores. Armazones sobre los que se construye la ilusión de la Navidad en bombillas de bajo consumo (menos mal, aunque eso dicen). Casetas y ferias navideñas de espumillón y nieve de pega que ya no sólo tiene que simularla sobre el puesto, sino además construir esa imagen bucólica en la mente de los adultos. A los niños ya no les pega la Navidad “nevada”, otra de las “bondades” del cambio climático. Se han profanado espacios y atentado al gusto y sensibilidad de muchos de los vecinos y visitantes, tanto por luz y por ruido, en ardid del consumismo más básico, tratando, y consiguiendo sin duda, que todos salgamos de casa, nos demos un paseo y nos gastemos algo de dinero en la “Navidad”.

Tengo que decirlo: No me gusta la Navidad. Nunca me ha gustado especialmente, y eso que mi cumpleaños siempre ha sido la fecha oficial de comienzo de las Navidades en casa. Pero cuando se acabaron las vacaciones escolares y se rompió la inocencia navideña del todo, pasar por estas fechas se convirtió un suplicio, una responsabilidad para con mi madre y un estrés por cómo organizarse. Más aún con pareja con familias a ambos lados del país y tratando de que ni se vuelvan locos ni gasten más de lo necesario.

Pero también he de confesarlo: Desde que vivo en Alcoi, he recuperado un poco de espíritu navideño. Quizás hasta lo he regenerado o, incluso, lo he creado desde cero. Si los Moros y cristianos, me son bastante indiferentes, tengo que asumir que la Navidad alcoyana, me resulta estimulante y hasta pura. Sigue, es más se amplía, el ruido y la suciedad, pero no se puede negar que en esta ciudad trabajan unas navidades que por lo menos mantienen el espíritu familiar y la ilusión de los más pequeños, hasta tal punto, que se desborda en los mayores. Con su propia iconografía en adornos, personajes y tradiciones, que conservan y respetan para eventos como el Tirisiti o la Cabalgata de Reyes. Es de agradecer.

Con lo que no comulgo, y es imposible hacerlo, es con la competición absurda de quién es más navideño. Qué pueblo o ciudad hace más ostentación hortera e irracional para convertirse en capital de la Navidad de este año. Quién destina más recursos públicos (y evidentemente, no los emplea en otras necesidades) a fundírselos en luces y árboles de pega o en erigir el más grande.

Todos “nuestros” alcaldes compiten, valiéndose de su inexistente sentido del ridículo y de los presupuestos municipales, para plantar el abeto más grande. Instalar el mayor número de luces navideñas. Atronar con más watios y decibelios la trillada playlist de villancicos, empezando por el de la Carey. Replicar el más estrafalario e incoherente poblado de Papa Noel. Generar el belén más grande tirando (y pagando) de los constructores de fallas. Establecer el campamento navideño lleno de réplicas de bastones de caramelo, renos, trineos, gnomos, hadas y todo lo que se les ocurra que tuvo a bien disney facturar en su momento con la excusa de la Navidad.

Esta tradición anual de disputa inter-municipal ya existía antes de que el alcalde de Vigo “embellecera” su ciudad proclamándola como la “capital mundial de la Navidad; por encima incluso de Nueva York. Que la tenemos enfrente”. Más allá de las risas, Abel Caballero puso sobre el mapa a su urbe y abrió un nicho de mercado para el negocio hostelero, porque gracias a simultanea llegada del AVE, la ciudad portuaria se llena hasta Balaídos de visitantes atraídos por este candor navideño sin paragón en el mundo entero. Los hoteles y restaurantes hacen negocio mil-millonario, mientras los vecinos año a año ponen contra las cuerdas su propio estoicismo.

Como el resultado económico y electoral ha refrendado, hasta en dos ocasiones ya, y por supuesto, no únicamente, esta oda al pachotismo, el despropósito, el despilfarro y la tontería, se ha erigido en un comportamiento a imitar por todos los alcaldes del bipartidismo español. En 2025 ya no hay municipio que se precie que no haya dedicado un buen pastón del presupuesto anual para “adornar” sus calles y parques, incluso hasta llevándose al absurdo.

Por ejemplo, en Alicante ciudad han plantado un belén gigante, con un San José de 18 metros y un niño Jesús de hasta 3. En Badalona entre cacerías de inmigrantes legitimadas por su alcalde fascista llevan dos años replantando pinos de más de 40 metros. Le supera un pueblo de Cantabria que llega hasta los 45. Comparten mismas tradiciones por Murcia donde también plantan abetos, nacimientos y lo que se precie.

Por supuesto Madrid no podía quedarse atrás en esta carrera al absurdo y se tiran a plantar hileras de luces sin ningún tipo de control. En este caso, por supuesto, apropiándose de la bandera de todos para replicarla en destelleantes bombillas que engalanan las avenidas comerciales de la capital. No está de más recordar que a solo 3 kilómetros del centro en el poblado de La cañada, malviven 2000 personas sin luz eléctrica.

He recorrido algunos pueblos de la región valenciana estas últimas semanas y ahí los ves, con calles hasta de polígonos, llenas de guirnaldas y luces, encendidas cuando no pasa absolutamente nadie. El cartel-estatatua con el nombre del pueblo, bien iluminado en tonos estridentes, que sepamos a quién debemos tal despropósito.

Abro capítulo a parte con mi pueblo, Santa Marta de Tormes, que ha “redecorado” la Isla del Soto, paraje natural que es un regalo para toda Salamanca, llenándola de luces y cumpliendo aquello que denunciaba en los plenos y medios hace 10 años: Que querían convertir un espacio natural en un parque urbano. Enhorabuena, trastormesinos, ya lo han conseguido. Se suma a los “campamentos de la Navidad”, ostentación hortera que no debería ni hacer gracia a los niños y niñas, menos a los adultos, pagadores de tal despilfarro. Pero oye, sin oposición, seguro que tiran a otra absolutísima.

Con toda España encendida desde las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana por cientos de millones de bombillas, miles de altavoces y centenares de instalaciones eléctricas estaría genial revivir el acontecimiento del año, el apagón que vivimos en abril. Nadie se acuerda de él, como tampoco de los miles de hogares, con mayores y pequeños incluidos, que este invierno (ni los anteriores y probablemente tampoco los futuros) no pueden encender la calefacción (o tener una refrigeración adecuada en los cada vez más extensos y duraderos veranos).

Tampoco vamos a pensar en el gasto de recursos para alimentar estas instalaciones horteras. En las millones de familias, de todo tipo, que pasan un calvario cada vez que abren la nevera y la despensa. En la contaminación y la proliferación de gases de efecto invernadero (añadimos los coches escupiendo humo en millones de desplazamientos a los centros comerciales este mes y medio) que alientan un cambio climático, que más allá de negacionistas y soberbios, está castigando ya a todo el mundo. Incluida y severamente España.

Quizás es que falten motivos para celebrar la Navidad aunque quieras regalárselas a los más pequeños de la casa. Porque si de eso se tratará, antes que apuntalar discursos de despilfarro y consumismo irracional, sería mejor lanzar mensajes y campañas de ahorro y austeridad. Recobrar el mensaje cristiano de la solidaridad. Abandonando el consumismo y recuperando, como patrimonio innato de la humanidad, el corporativismo. Re-colocando a la familia, esa que el resto del año “preocupa” tanto a la derecha, pero que ahora olvidan porque hay que gastar. La cooperación y la generosidad para construir un entorno mejor, más social e igualitario, donde no haya discriminaciones, y se aliente un espíritu de hermanamiento.

Esta época del año es perfecta para lanzar una campaña que facilite el dejar el coche en casa. El comprar en las tiendas de barrio. En avanzar en la autogestión de las personas y los colectivos. En trabajar en el medio natural para dejarlo como es o era, devolviéndoselo a la Naturaleza. Plantando árboles, no talándolos. Sería el mejor momento para realizar eventos de hermanamiento, no odas al consumismo. Pero claro, las Navidades no se pagan así. El despropósito es una campaña publicitaria de los grandes mangantes del mundo, y los políticos pro-sistema, entran al trapo con las poblaciones y sus recursos como rehenes y víctimas. La hipocresía es tan lacerante como inevitable.

En fin. Qué no me gusta esta Navidad hiper-consumista y alejada de los valores de hermandad y de la familia. Qué me choca y expulsa esta oda al despilfarro y la horterada. Pero aún así, os deseo unas felices fiestas y que lo paséis muy bien con vuestros seres queridos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Hasta siempre Robe Iniesta


Ha fallecido Robe Iniesta. Ayer Jorge Martínez de Ilegales. Maldito 2025.

Extremoduro forma parte de la banda sonora de mi adolescencia y la de millones de milenials españoles. No se puede entender la música, el rock y la poesía en este país sin contar con el legado del placentino.

"Hoy día 10 de diciembre de 2025, nos toca escribir la nota de prensa más triste de nuestra vida. Hoy despedimos al último gran filósofo, al último gran humanista y literato contemporáneo de lengua hispana, y al cantante cuyas melodías han conseguido estremecer a generaciones y generaciones", aparece escrito en la nota que ha anunciado su fallecimiento en su web.

Un icono, una leyenda, Robe Iniesta ha destilado una vida de plena libertad tanto personal como artística. Llevado hacia adelante, o hacia atrás, según quisiera, por su talento para la escritura y la composición. Una sensibilidad rayana a la naturaleza de la que ha sido y siempre será su principal altavoz. Con coherencia imponiéndose a filias y a fobias, a gustos y a mercadotecnias, porque si, porque es su estilo, su vida y su manera de hacer las cosas.

Como vocalista y líder de Extremoduro ha dado calidad a música de este país desde los 80 hasta ayer mismo. Con más de 30 años de carrera, con sus necesarias para su salud y bienestar interrupciones, con colaboraciones esporádicas pero de calidad inabordable dando voz a la contracultura que se plasmaron en la Poesía básica (2021) con Extrechinato y tú, y en un puñado más de recitales y conciertos. Con una carrera en solitario en los últimos años donde pusiste música a tus inquietudes y las compartiste con nosotros.

En general, una obra plena, siempre redonda, abierta a la revisitación y el inconformismo. A la acidez de letras agrestres que daban filosofía a la vida tangible y de las pequeñas cosas. Un rock rompedor, transgresor, personalísimo donde la crítica a este mundo, que ya preconizabas fuente inacabable de dolor y des-humanización, era ingrediente ineludible. El pimentón de la Vera que ha inspirado a muchos que han venido detrás.

En los 90s ya hablabas de esa España Vaciada y Olvidada, de una Extrema y dura rota, robada y envilecida. De un mundo rural que se moría entre dominicales perdigonazos. De las agresiones al medio natural por el favor del dinero y de la situación de la mujer pisoteada en su dignidad. Ya adelantabas los monstruos de hoy en día con poesía, acidez y sabiduría.

Decidí, De Acero, Papel Secante, Historias Prohibidas, Salir, Standby, Buscando una luna, Bulerias de la sangre caliente, Estado policial… hasta ese Volando Solo que nos hablaba ya del día de hoy.

 


No sé dónde estará, si está, mi viejo cassette del Agila que presté a un fulano y jamás me lo devolvió. Nos quedamos con las ganas del concierto de Cáceres cancelado en 2014. Y ahora atesoramos tu obra y tu vida como ejemplo de artista y de coherencia.

Hasta siempre Robe!!! Gracias por tanto. Te veo en mis recuerdos y te recupero en mi memoria.

 

martes, 9 de diciembre de 2025

Una Huelga de médicos es también una huelga por ti

 



Hoy es 9 de diciembre y hoy comienza la tercera ronda de movilizaciones de los médicos y profesionales facultativos de la medicina en España, contratados o que aspiran a serlo en la Sanidad Pública. Una huelga de médicos motivada por las injusticias, incoherencias, inconsistencias, hechos consumados o que se pretenden consumar, atropellos y abusos que están sobre la mesa de negociación del nuevo Estatuto Marco de los médicos.

Este Estatuto tiene rango de ley general del Estado y está orientado a fijar un marco común, unas reglas básicas para todo el personal que trabaja en el ámbito de la Sanidad en cualquier Comunidad Autónoma. Son estas quienes detentan las competencias en materia sanitaria y gestionan sus respectivas áreas sanitarias, sus recursos y desarrollan las contrataciones, pero el Estatuo Marco procura fijar un espacio de mínimos sobre el que cada gobierno autonómico actúe. Esos mínimos serían una regulación de las clasificaciones profesionales, incluidos los procesos de selección y de movilidad interna tanto geográficas como administrativas, derechos y deberes del personal y de los administradores y gestores, sistema retributivo, jornada laboral y descansos, cotizaciones a la seguridad social, regímenes disciplinarios y compatibilidades, entre otras cosas. Aunque en no pocas ocasiones se salten reglamentaciones estatales como pueda ser el propio Estatuto de los Trabajadores, o los acuerdos con la UE (con sentencias judiciales de Tribunales Europeos de por medio) en cuanto a la temporalidad del sector público.

Pues bien, lejos de fomentar una negociación sana que escuche las interpelaciones y reclamaciones de este sector profesional, el gobierno “más progresista de la historia”, vuelve a sacar su vena neoliberal para mantener, e incluso ampliar, algunas de las tropelías que los médicos vienen sufriendo. Además, lo hacen con una Ministra, anestesista de profesión y que viene de un partido a la izquierda del PSOE. Toda una declaración de intenciones. Y es que,

 

¿Aceptarías estas condiciones de un trabajo?:

  • De media pasas 2 meses/año fuera de tu casa, obligado a turnos de 24 horas a 9€/hora sin nocturnidad ni descanso estipulado. Descrita como jornada complementaria (lo vas a hacer sí o sí "por necesidades del servicio").

  • No existe la jornada extraordinaria y la localización solo se cobra si vas, o a 4.5€/h, dependiendo del sitio.

  • A veces te juntas con más de 80horas semanales de jornada obligatoria, con el descanso entre la salida de una guardia y la incorporación al día siguiente, en menos de 24 horas después.

  • De media cada 6 años pierdes 1 de cotización porque las guardias NO cuentan para la jubilación. Guardias obligadas hasta los 55 años, pierdes entre 5 y 6 años de cotización. Pudiéndote jubilar (por el esfuerzo y la responsabilidad) a los 60-61, te jubilas a los 67.

¿Aceptarías? Pues estas son las condiciones reales del personal médico de la Sanidad Pública. Y aún tenemos que oír que qué vergüenza, que somos unos privilegiados con lo que cobramos. Nos ha jodido!! Más de 60 horas semanales a 9 EUROS POR HORA Y LA MITAD DE LAS HORAS NO CUENTEN PARA LA JUBILACIÓN

Ya está bien después de llevar 40 años aguantando y que el "nuevo" estatuto marco sea un copia/pega del antiguo.



No debería de haber nadie que viniera a discutir la necesidad de mejorar las condiciones laborales, profesionales y vitales del colectivo de médicos de este país, punta de lanza de la Sanidad Pública Española. Ya he dicho alguna vez, que el logro de un colectivo no debe suponer el castigo a otro. El que se igualen las condiciones de la clase trabajadora no tiene que basarse en derrotar a las que con lucha han conseguido ciertos privilegios o ventajas. La igualdad tendría que venir por la mejora de los que peores condiciones tienen. No se me puede olvidar aquí también potenciar la figura del doctor y de la doctora, como autoridad, para garantizar así también su integridad y seguridad.

No creo que haya nadie que quiera ir con una apendicitis, propia y de un familiar, a que te opere un facultativo, o mejor dicho, un equipo de facultativos que a lo mejor llevan ya 20 horas seguidas trabajando. Que no saben si el mes que viene tienen que cambiar de localización, o incluso que pierdan su trabajo. Que desconocen cuándo la autonomía va a sacar los concursos y oposiciones para poder optar a quedarse en su lugar de nacimiento o de residencia. También muchos y muchas se ven lastrados en su trabajo por las gerencias (ligadas a los partidos políticos) y las jefaturas atrapadas en las manos de “compañeros” en edad de jubilarse que se perpetúan en los puestos e impiden los recambios, actualizaciones y el progreso de los servicios. Profesionales en todo caso, que con la excusa de la motivación, el sentido público o la vocación son maltratados y pisoteados.

Creo que todas las huelgas merecen respeto. Y pienso firmemente que el Derecho a la Huelga debe ser protegido y validado cada día, para precisamente, con la huelga, poder defender de manera clara el Derecho al Trabajo. Sin embargo, una vez más, volvemos a ver cómo se interpela el derecho al trabajo cuando hay una huelga legalmente convocada para pasar a olvidarlo y pisotearlo cuando se consigue parar la activación de un colectivo o incluso de la sociedad. Cuando son esos mismos beneficiarios últimos, los pacientes de ahora o del futuro, los que frenamos que quienes nos sanan y nos cuidan tengan mejores condiciones de vida.

En la ola de privatizaciones y de hacer negocio con la vida y la salud de las personas, el PP y también el PSOE, y también quienes les mantienen en el poder en cada lugar, se empeñan en menospreciar el trabajo, la vida y el futuro de los sanitarios. Desmiembran y desmontan la Sanidad Pública. La dejan huérfana de recursos y anquilosan al personal en condiciones leoninas. La precarización progresiva de los trabajos en el sector sanitario son parte de esa estrategia

Y la población, como digo pacientes de ahora o del mañana, no somos cautivos de los convocantes de la huelga. Somos prisioneros de unos políticos cobardes y mentirosos, pagados para destrozar la Sanidad Pública que es lo que hace más país. Lo que construye un mayor orgullo por ser español o española.

Es la tercera convocatoria de Huelga, y aunque es cierto que hay un sector de la profesión que se moviliza por los tímidos movimientos para evitar que facultativos de la pública hagan horas en la privada, el grueso de los doctores y doctoras se pone en acción por la degradación continua de sus condiciones de trabajo, y por ende de vida. En primer lugar, por un factor generacional, una ruptura entre los médicos que llevan muchos años instalados y cogidos los puestos de decisión, de docencia o de poder. Y después, también con las mujeres, las profesionales en un sector fuertemente feminizado, y que va a ir a más, y que necesitan, necesitamos todos, garantías de que su trabajo se realiza con dignidad, seguridad y en base a unas certezas de defensa de la Sanidad Pública, como modelo de prestación y de la salud pública, como objetivo.

Por esto, estos días ten paciencia si tienes que pasar por un centro médico. Si están así estos días, y han estado ya, y volverán a estarlo, es también por ti. Por tus padres y tus hijos. Porque todos tengamos una mejor Sanidad Pública.

martes, 2 de diciembre de 2025

La "lux" de Rosalía


 

A mi chica le encanta Rosalía. Y el heavy Metal. Yo soy heavy, y si, me gusta Rosalía. Tengo que admitirlo, pese a que con su carrera me invade un pesar. De hecho desde el primer momento en que me llegó noticia de la artista catalana, me pareció que plegaba su talento y lo ponía a disposición de la industria musical más mainstream, sucia, vergonzosa y de peor calidad que se hayan podido inventar, y que eso le ha valido para ganar mucha pasta y convertirse en un fenómeno viral, fan o del star-system. Mi mujer opina que es una muestra más de sus inquietudes musicales y que tal bajada al fango fue motivada para darse a conocer y llegar a más gente, y poder enseñar a ese público, su arte y otras músicas y expresiones. Creo que ambos tenemos razón.

Hace unas semanas Rosalía lanzó su último trabajo, Lux, una auténtica maravilla desde el punto de vista artístico y formal, el evento del año musical, y un fenómeno de éxito comercial de una artista instalada por derecho propio en el Olimpo de las estrellas de la música y la cultura pop cimentada bajo la hegemonía cultural de todo lo que viene de Estados Unidos. Algo que como españoles, o si sois catalanes como la propia Rosalía, nos tendría que henchir de orgullo, por no hablar en cuanto al sentimiento de clase para quienes nuestros padres y abuelos son trabajadores, precarios y personas humildes de barriada popular. Rosalía viene de ese entorno, pero no del lumpen, sino más bien de la pequeña burguesía, lo que le concedió unos posibles que otros no han podido ni oler. Tampoco lo olvidemos, porque a veces nos dejamos cegar por el brillo, y solo basta con leer su entrada en la Wikipedia para saber dónde se formó y qué relaciones construyó en primer término.

Pero lo cierto, lo innegable, y lo justo además, es decir que Rosalía es una artista tremenda. Qué canta de la hostia. Increíblemente bien. Qué expresa una sensibilidad que a la vez acongoja, despierta e interpela. Y qué muestra y demuestra cada vez un talento innato y potenciado para la composición en donde no rehuye el combate con su bagaje, sus gustos, influencias e intereses.

El nuevo álbum, Lux, es la mejor prueba de ello. Rosalía canta aquí hasta en 13 idiomas. Mezcla neologismos con referencias culturales del misticismo de diferentes credos como Juana de Arco, Santa Teresa, Hildegarda de Bingen, Rabia Al-Adawiya o Anandamayi Ma, con filósofas feministas como Simone Weil. Incluye un pasaje de Patti Smith donde la poetisa del rock de los 70 clama por la emancipación personal y colectiva de las mujeres. Volviendo a Rosalía pasa por varios palos del flamenco, se disfraza de cantautora, incorporando la jerga urbana de su generación y probablemente también de la posterior. Desliza referencias culturales contemporáneas al tiempo que llena los temas de versos inspirados en espiritualidad para tratar los temas actuales que condicionan el día a día de la sociedad, proponiendo una solución, una salida en la religión y en las creencias.

Lo que más destaca y choca de esta propuesta de Rosalía es el nuevo giro estilístico en el que, sin renegar abiertamente del reaguetton y la música urbana de sus anteriores trabajos, se atreve y asalta con éxito pasajes operísticos. Berghain ha sido el primer lanzamiento del nuevo disco en colaboración con Björk, y ahí, Rosalía sorprende lanzándose al mundo del canto lírico, con una cuidadísima hasta el más mínimo detalle escenografía en el video, donde destaca la intervención de una orquesta sinfónica en estado de gracia. La propuesta sin duda sorprende y atrapa, y nos habla en definitiva, de una artista y del reverso de la persona. De su crecimiento íntimo.

 


 

En cuanto a los temas que trata llama poderosamente la atención el mensaje de espiritualidad y religión que se destila del álbum Lux. Que una cantante de éxito colosal e internacional en 2025 haga un alegato, más o menos velado, a la fe, y más o menos abierto a interpretaciones y divergencias, es sobresaliente. No cabe duda de que estamos viviendo una época de reconexión con las creencias, seguramente fruto de una época tumultuosa, llena de incertidumbres y donde se han derribado muchos de los axiomas y entramados sociales y culturales que sostenían la vida tal y como la hemos conocido. El neoliberalismo, el ultra-liberalismo, liberticida, egoísta e irresponsable ha llenado el día a día de individualismo. De un consumismo rápido e inherente, de gratificación inmediata. Donde la tecnología cambia vertiginosamente los patrones de comunicación, acortando cada vez más la atención de la persona converitida en espectador -¿o es al revés?-, (muestra de esto es que con todo Rosalía aquí lancé temas que dificilmente pasan de los 4 minutos, quizás sabedora ella y los de arriba que el público no está capacitado para mantenerse más tiempo a la escucha).

Parece como si Rosalía, convertida en profeta del nuevo catolicismo, sea la encargada de apuntalar una vieja religiosidad, disfrazada de novedosa, donde los jóvenes y no tan jóvenes, se vienen refugiando ante un mundo cambiante, inhóspito donde los patrones de vida y muerte, de presente, pasado y futuro, mudan a un terreno de dolor y carestías. Ese refugio viene a enclaustrarse en más individualismo y en cerrarse a las expresiones colectivas donde se ponen en común problemas y soluciones. Empezando por los que avanzan a regañadientes en mayor igualdad, en especial las mujeres y los colectivos marginados, dentro de esta ola reaccionaria que amenaza con asolar el mundo una vez mas, quizás ya la definitiva.

Volviendo a la música en si, la lista de colaboraciones del disco es abrumadora donde no faltan ni meteoros femeninos del flamenco como Estrella Morente o Silvia Pérez Cruz, mucho oficio en la ejecución y los arreglos, así como voces de la industria musical más expansiva hoy en día en la producción. En conjunto, no hablo de un disco de música pop al uso. Se trataría de algo experimental, profundamente simbólico, donde la fusión y la pureza se deslizan. Más cercano a una obra de música clásica (de hecho los cortes no se presentan como canciones aisladas, sino como movimientos dentro de un conjunto, tal y como desde siempre se han presentado las obras clásicas). Quizás aquí radica el éxito y acierto de Rosalía, en lo que comentaba al principio sobre lo que piensa mi chica sobre la carrera de la artista catalana. Presenta ahora una obra compleja y elevada a un público multitudinario captado en sus anteriores propuestas más bajas, de peor calidad así de claro-, y donde la sexualización de su cuerpo e imagen eran un reclamo por encima de su música.

Yo ya voy por la tercera escucha íntegra de Lux. Evidentemente no puedo más que recomendar su escucha y el acercamiento a este trabajo. Con honestidad y con atención. Luego gustará más o menos. Caerá mejor o peor la intérprete. Denostaremos o felicitaremos su bagaje. O sospecharemos de las manos que mueven los hilos por detrás. Pero por lo menos, esta obra merece una escucha.

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...