sábado, 3 de enero de 2026

Agresión militar a la soberanía de Venezuela

  

La imagen de cabecera de este artículo ya ha quedado obsoleta. A menos de 10 días del primer año tras la segunda investidura de Donald Trump, y a tres días de cumplir los 5 años de su Asalto al Capitolio, el presidente naranja ha ordenado el bombardeo de Venezuela, así como el asalto de equipos especiales al Palacio de Miraflores, residencia presidencial, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. La acusación, torcitera y manipualda, es la de "líder de una trama de narco-terrorismo", en una suma hacia adelante en la que procuran una tibia carga moral a sus acciones para tratar de disimular lo evidente.

La suma de acontecimientos, culminados con la acción militar unilateral de esta madrugada en Venezuela (mañana en España), contaban con un aumento de la presión violenta e imperialista sobre el país sudamericano. Ataques y muertes a supuestas lanchas de narcotráfico, secuestro e incautación de petroleros, órdenes presidenciales que autorizaban operaciones encubiertas de la CIA sobre el terreno, y no menos importante, escalada del belicismo a través de la diplomacia tanto con sus aliados en el continente como en Europa. A estas horas, nadie esconde que en las últimas negociaciones con Putin al calor de lo que sigue ocurriendo en Ucrania, se ha tratado el tema de Venezuela, para con el mirar para otro lado autorizar los deseos de cada sátrapa en su área de interés. Y como siempre, la Unión Europea pillada con el dedo en la nariz.

A estas horas ya está difundida la imagen de Maduro maniatado con bridas de plástico y cegado con gafas oscuras de limitación sensorial. El anuncio de Trump a través de su red social privada, y después desde su residencia en Florida, donde pasa la mayor parte del tiempo jugando al golf-o, culminará el lunes con un paripé de juicio a Maduro en Nueva York. Y todo este secuestro ha sido el objetivo final de la primera invasión militar en suelo de una nación iberoamericana desde la ocurrida en Granada en 1983.

Evidentemente tal ataque carece, y de hecho ni ha procurado conseguir, del más mínimo aval jurídico o diplomático internacional. La legalidad brilla por su ausencia, si es que se puede hablar de legalidad cuando se trata de amedrentar y someter a naciones soberanas. Una vez más, una administración yankee sanciona la toma de decisiones unilaterales que supone la escalada de violencia, el asalto bélico, la apropiación de recursos estratégicos y materias primas, el ahogo económico de sociedades y naciones extranjeras y la representatividad de los dirigentes de aquellos estados. Ya sabéis: las elecciones, si las ganan “los nuestros” serán justas y de plenas garantías; si no es así, es que están manipuladas y carecen de rigor y verosimilitud. Y por supuesto, se deslegitiman hasta volverlas absurdas, las instituciones multilaterales, en teoría ideadas, para evitar los enfrentamientos bélicos. Se caen muchas caretas.

Toda esta operación militar corresponde en primer lugar a un nuevo lavado de cara de la administración Trump, toda vez que a un año vista desde su segunda investidura, la popularidad del mangante ha ido cayendo. Los bandazos en economía interior, la sangría constante de puestos de trabajo y la pérdida de muchas coberturas sociales siguen lacerando el populismo de un presidente, que al igual que en su primer mandato, es incapaz de dotar de dinamismo a un economía de tinte neoliberal que presenta severas disfunciones a la hora de dotar de bienestar a las poblaciones locales. De cualquier tipo de color de piel. Ni los abusos de matón de colegio con respecto a los aranceles, ni tampoco las amenazas de restaurar el área de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en especial, hacia Venezuela o Groenlandia, hacían reverdecer la popularidad del mangante. Las “nuevas” fotos con el pederasta de Jeffrey Epstein y el goteo de casos de abusos sexuales han acelerado un desgaste que trata de minimizarse a través de la invasión de Venezuela y el cambio de régimen.

En un segundo lugar, y por supuesto no menos importante, Estados Unidos y Donald Trump, así como la élite financiera, tratan de reflotar la economía patria, apoderándose contra natura de los recursos minerales de Venezuela. El petróleo sigue siendo fundamental en la economía, y pese a que se sabe que las reservas del país caribeño son de difícil extracción y penosa rentabilidad, mejor será tenerlas “controladas” que no expuestas al aprovechamiento de otras potencias, en especial China. De hecho, la amenaza que suponía el casi seguro cambio del dólar por el renminbi, la moneda china, como unidad monetaria de referencia para el negocio petrolero suponía una pérdida insoportable para las finanzas de la economía de Estados Unidos. En ese sentido, y fruto de la especial relación entre los opositores a los regímenes de izquierdas de países como Venezuela o Cuba, u otros latinoamericanos, era de esperar una agresión como la ocurrida en el día de hoy. De hecho, los contrarios al régimen bolivariano chavista dan mucha vergüenza ajena, cuando no miedo, alegrándose de que bombardeen su propio país. O incluso, pidiendo una intervención similar aquí.

Pero hasta aquí las razones convencionales. Hasta este punto la teoría geoestratégica clásica que ha tratado de explicar el ecosistema de relaciones internacionales en base a factores de teoría económica y política interna y externa. A partir de ahora hay que hablar de la víscera, de la reacción y de una concepción autoritaria del poder que desprecia, no sólo la legalidad internacional, sino otros aspectos de la democracia que le resultan molestos como la opinión pública, la libertad de prensa, la rendición de cuentas o el control legislativo por parte de las cámaras. Trump, y los fascistas repartidos por todo el mundo, interpretan el poder desde un punto de vista personal. Aúnan en su figura el estado y sus recursos e imponen su voluntad por medio de la amenaza de la fuerza y la violencia.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un peligro sistémico y sistemático para la humanidad y para el planeta. Una ausencia de responsabilidad moral, política e histórica que impide la contención y la comprensión ética de la realidad que queda sometida a los impulsos narcisistas y esquizoides de elementos que acumulan una concentración de riqueza económica, de impacto comunicacional y de poder militar como nunca antes se había visto en la Historia. Ni siquiera en el alzamiento de los fascismos de los años 30 en Europa.

Ante esta amenaza constante, hecha fuego y escombros en Venezuela, a la concordia y la legalidad internacional no cabría esperar otra respuesta que la unión de la comunidad de naciones, con sus respectivas sociedades al frente, para romper con esta inercia. Denunciar, y no sólo quedándose en las palabras, la agresión imperialista y neo-colonial de Estados Unidos. Romper las relaciones, especialmente las de ámbito cultural y económicas (expulsar de una vez las franquicias de comida rápida sería un buen comienzo). Clausurar para siempre el anacrónico y desigual pactismo que interpone la OTAN y organizaciones supranacionales claramente neoliberales, y por lo tanto, afines a los intereses de Estados Unidos, y contrarias a la tradición y necesidades europeas. Todo esto y más, exige una coordinación política y comunicativa, difícil de conseguir en este mundo de alzamiento del nuevo neo-fascismo, pero en algún momento habrá que romper estas cadenas con personajes como Trump, con Milei, Netanhayu, Urban, Meloni, etc. O será demasiado tarde.

De hecho, a los que conmemoran y celebran el ataque unilateral e indiscriminado de Estados Unidos en Venezuela, o que piden uno similar para esta España "comunista" según ellos, les invito a que revisen el listado que encabeza este artículo. Que lean las fechas y los países. Y que revisen, simplemente con ir a la Wikipedia basta, el estado actual de esas naciones. Como la mayoría han pasado de tener progreso y un futuro con garantías de igualdad, y la tan proclamada "libertad", a considerarse por todo el mundo como estados fallidos. Países sin unas mínimas condiciones de seguridad, legalidad, reconocimiento o solvencia para garantizar ya no sólo el bienestar de su población, su dignidad e identidad, que eso al fin y al cabo es lo que menos preocupa a Estados Unidos y a los neoliberales, sino de un básico nivel de estabilidad socio-económica que permita los negocios. La lista es interesante: Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Haití, Somalia, Liberia, Irak... Reflexionen.

Y también reflexionen sobre el hecho innegable de que se alegran de esta violación flagrante del derecho internacional para derrocar un regimen publicitado como "comunista" o de izquierdas. Habría que veros si a estos defensores de la democracia y la libertad les hubiera dado en su momento por intervenir para derrocar la dictadura franquista (acuerdo que estuvo sobre la mesa y aceptado tanto en Yalta como Teherán), o en la actualidad en lugares donde están destrozando los derechos humanos como El Salvador o Argentina. Pero claro, si las elecciones las ganan "los nuestros" son ejemplos de "libertad, soberanía popular y garantías democráticas", y sin embargo, si las ganan los otros, la izquierda, entonces esas mismas elecciones "están manipuladas, robadas, es un fraude y sus vencedores ilegítimos".

Por su parte, a la ciudadanía no nos queda otra que organizarnos en defensa de la democracia y la soberanía de los pueblos. Volver, si es que se ha hecho alguna vez, a exigir el respeto a los derechos humanos, especialmente el de la vida en dignidad y la identidad de todos los colectivos. Y que está demanda se convierta un cimiento básico de cualquier gobierno. Volver a salir a las calles es el mínimo que nos queda en este contexto para denunciar esta agresión fascista y neo-colonial, así como la conveniencia de Estados Unidos con el genocidio en Gaza. Y fundamentalmente, con la promoción de un modelo social, económico y político empeñado en robar dignidad a las clases trabajadoras de todo el mundo y en generar estados vasallos que le deban sumisión y funcionen como sucursales de un estado de las cosas que se demuestra fallido y criminal.

En este 2026, cómo no, seguimos ante un momento histórico importantísimo. Toda persona demócrata, que crea en la libertad y la igualdad. Que se considere una buena persona y piense en un futuro mejor en el que vayamos en una mejora constante en las condiciones de vida de todo el mundo tiene que implicarse y sumarse. Generar un proceso de organización y movilización frente a estas agresiones constantes, este estado de malestar y esta inseguridad vital, climática, económica, política y social que quieren imponernos las élites neofascistas. No valen silencios, ni individualismos, ni indiferencias, como tampoco agitar banderas interesadas o prejuicios de todo tipo (raciales, culturales, económicos, etc.). O damos batalla por un mundo digno, o nos arrastran a la barbarie y el fango.

Solidaridad con Venezuela y con todos los pueblos dignos y libres. Lucha frente al fascismo.

 


lunes, 15 de diciembre de 2025

Patochadas navideñas con dinero público


Las Navidades de Vigo, foto de ElfarodeVigo. 

 

España, sus pueblos y ciudades, desde calles comerciales donde el espacio público se ha malvendido a las franquicias y marcas que tributan en paraísos fiscales, hasta calles feas, horrendas donde ese mismo suelo común se ha regalado al coche, se ha llenado de luces de colores. Armazones sobre los que se construye la ilusión de la Navidad en bombillas de bajo consumo (menos mal, aunque eso dicen). Casetas y ferias navideñas de espumillón y nieve de pega que ya no sólo tiene que simularla sobre el puesto, sino además construir esa imagen bucólica en la mente de los adultos. A los niños ya no les pega la Navidad “nevada”, otra de las “bondades” del cambio climático. Se han profanado espacios y atentado al gusto y sensibilidad de muchos de los vecinos y visitantes, tanto por luz y por ruido, en ardid del consumismo más básico, tratando, y consiguiendo sin duda, que todos salgamos de casa, nos demos un paseo y nos gastemos algo de dinero en la “Navidad”.

Tengo que decirlo: No me gusta la Navidad. Nunca me ha gustado especialmente, y eso que mi cumpleaños siempre ha sido la fecha oficial de comienzo de las Navidades en casa. Pero cuando se acabaron las vacaciones escolares y se rompió la inocencia navideña del todo, pasar por estas fechas se convirtió un suplicio, una responsabilidad para con mi madre y un estrés por cómo organizarse. Más aún con pareja con familias a ambos lados del país y tratando de que ni se vuelvan locos ni gasten más de lo necesario.

Pero también he de confesarlo: Desde que vivo en Alcoi, he recuperado un poco de espíritu navideño. Quizás hasta lo he regenerado o, incluso, lo he creado desde cero. Si los Moros y cristianos, me son bastante indiferentes, tengo que asumir que la Navidad alcoyana, me resulta estimulante y hasta pura. Sigue, es más se amplía, el ruido y la suciedad, pero no se puede negar que en esta ciudad trabajan unas navidades que por lo menos mantienen el espíritu familiar y la ilusión de los más pequeños, hasta tal punto, que se desborda en los mayores. Con su propia iconografía en adornos, personajes y tradiciones, que conservan y respetan para eventos como el Tirisiti o la Cabalgata de Reyes. Es de agradecer.

Con lo que no comulgo, y es imposible hacerlo, es con la competición absurda de quién es más navideño. Qué pueblo o ciudad hace más ostentación hortera e irracional para convertirse en capital de la Navidad de este año. Quién destina más recursos públicos (y evidentemente, no los emplea en otras necesidades) a fundírselos en luces y árboles de pega o en erigir el más grande.

Todos “nuestros” alcaldes compiten, valiéndose de su inexistente sentido del ridículo y de los presupuestos municipales, para plantar el abeto más grande. Instalar el mayor número de luces navideñas. Atronar con más watios y decibelios la trillada playlist de villancicos, empezando por el de la Carey. Replicar el más estrafalario e incoherente poblado de Papa Noel. Generar el belén más grande tirando (y pagando) de los constructores de fallas. Establecer el campamento navideño lleno de réplicas de bastones de caramelo, renos, trineos, gnomos, hadas y todo lo que se les ocurra que tuvo a bien disney facturar en su momento con la excusa de la Navidad.

Esta tradición anual de disputa inter-municipal ya existía antes de que el alcalde de Vigo “embellecera” su ciudad proclamándola como la “capital mundial de la Navidad; por encima incluso de Nueva York. Que la tenemos enfrente”. Más allá de las risas, Abel Caballero puso sobre el mapa a su urbe y abrió un nicho de mercado para el negocio hostelero, porque gracias a simultanea llegada del AVE, la ciudad portuaria se llena hasta Balaídos de visitantes atraídos por este candor navideño sin paragón en el mundo entero. Los hoteles y restaurantes hacen negocio mil-millonario, mientras los vecinos año a año ponen contra las cuerdas su propio estoicismo.

Como el resultado económico y electoral ha refrendado, hasta en dos ocasiones ya, y por supuesto, no únicamente, esta oda al pachotismo, el despropósito, el despilfarro y la tontería, se ha erigido en un comportamiento a imitar por todos los alcaldes del bipartidismo español. En 2025 ya no hay municipio que se precie que no haya dedicado un buen pastón del presupuesto anual para “adornar” sus calles y parques, incluso hasta llevándose al absurdo.

Por ejemplo, en Alicante ciudad han plantado un belén gigante, con un San José de 18 metros y un niño Jesús de hasta 3. En Badalona entre cacerías de inmigrantes legitimadas por su alcalde fascista llevan dos años replantando pinos de más de 40 metros. Le supera un pueblo de Cantabria que llega hasta los 45. Comparten mismas tradiciones por Murcia donde también plantan abetos, nacimientos y lo que se precie.

Por supuesto Madrid no podía quedarse atrás en esta carrera al absurdo y se tiran a plantar hileras de luces sin ningún tipo de control. En este caso, por supuesto, apropiándose de la bandera de todos para replicarla en destelleantes bombillas que engalanan las avenidas comerciales de la capital. No está de más recordar que a solo 3 kilómetros del centro en el poblado de La cañada, malviven 2000 personas sin luz eléctrica.

He recorrido algunos pueblos de la región valenciana estas últimas semanas y ahí los ves, con calles hasta de polígonos, llenas de guirnaldas y luces, encendidas cuando no pasa absolutamente nadie. El cartel-estatatua con el nombre del pueblo, bien iluminado en tonos estridentes, que sepamos a quién debemos tal despropósito.

Abro capítulo a parte con mi pueblo, Santa Marta de Tormes, que ha “redecorado” la Isla del Soto, paraje natural que es un regalo para toda Salamanca, llenándola de luces y cumpliendo aquello que denunciaba en los plenos y medios hace 10 años: Que querían convertir un espacio natural en un parque urbano. Enhorabuena, trastormesinos, ya lo han conseguido. Se suma a los “campamentos de la Navidad”, ostentación hortera que no debería ni hacer gracia a los niños y niñas, menos a los adultos, pagadores de tal despilfarro. Pero oye, sin oposición, seguro que tiran a otra absolutísima.

Con toda España encendida desde las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana por cientos de millones de bombillas, miles de altavoces y centenares de instalaciones eléctricas estaría genial revivir el acontecimiento del año, el apagón que vivimos en abril. Nadie se acuerda de él, como tampoco de los miles de hogares, con mayores y pequeños incluidos, que este invierno (ni los anteriores y probablemente tampoco los futuros) no pueden encender la calefacción (o tener una refrigeración adecuada en los cada vez más extensos y duraderos veranos).

Tampoco vamos a pensar en el gasto de recursos para alimentar estas instalaciones horteras. En las millones de familias, de todo tipo, que pasan un calvario cada vez que abren la nevera y la despensa. En la contaminación y la proliferación de gases de efecto invernadero (añadimos los coches escupiendo humo en millones de desplazamientos a los centros comerciales este mes y medio) que alientan un cambio climático, que más allá de negacionistas y soberbios, está castigando ya a todo el mundo. Incluida y severamente España.

Quizás es que falten motivos para celebrar la Navidad aunque quieras regalárselas a los más pequeños de la casa. Porque si de eso se tratará, antes que apuntalar discursos de despilfarro y consumismo irracional, sería mejor lanzar mensajes y campañas de ahorro y austeridad. Recobrar el mensaje cristiano de la solidaridad. Abandonando el consumismo y recuperando, como patrimonio innato de la humanidad, el corporativismo. Re-colocando a la familia, esa que el resto del año “preocupa” tanto a la derecha, pero que ahora olvidan porque hay que gastar. La cooperación y la generosidad para construir un entorno mejor, más social e igualitario, donde no haya discriminaciones, y se aliente un espíritu de hermanamiento.

Esta época del año es perfecta para lanzar una campaña que facilite el dejar el coche en casa. El comprar en las tiendas de barrio. En avanzar en la autogestión de las personas y los colectivos. En trabajar en el medio natural para dejarlo como es o era, devolviéndoselo a la Naturaleza. Plantando árboles, no talándolos. Sería el mejor momento para realizar eventos de hermanamiento, no odas al consumismo. Pero claro, las Navidades no se pagan así. El despropósito es una campaña publicitaria de los grandes mangantes del mundo, y los políticos pro-sistema, entran al trapo con las poblaciones y sus recursos como rehenes y víctimas. La hipocresía es tan lacerante como inevitable.

En fin. Qué no me gusta esta Navidad hiper-consumista y alejada de los valores de hermandad y de la familia. Qué me choca y expulsa esta oda al despilfarro y la horterada. Pero aún así, os deseo unas felices fiestas y que lo paséis muy bien con vuestros seres queridos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Hasta siempre Robe Iniesta


Ha fallecido Robe Iniesta. Ayer Jorge Martínez de Ilegales. Maldito 2025.

Extremoduro forma parte de la banda sonora de mi adolescencia y la de millones de milenials españoles. No se puede entender la música, el rock y la poesía en este país sin contar con el legado del placentino.

"Hoy día 10 de diciembre de 2025, nos toca escribir la nota de prensa más triste de nuestra vida. Hoy despedimos al último gran filósofo, al último gran humanista y literato contemporáneo de lengua hispana, y al cantante cuyas melodías han conseguido estremecer a generaciones y generaciones", aparece escrito en la nota que ha anunciado su fallecimiento en su web.

Un icono, una leyenda, Robe Iniesta ha destilado una vida de plena libertad tanto personal como artística. Llevado hacia adelante, o hacia atrás, según quisiera, por su talento para la escritura y la composición. Una sensibilidad rayana a la naturaleza de la que ha sido y siempre será su principal altavoz. Con coherencia imponiéndose a filias y a fobias, a gustos y a mercadotecnias, porque si, porque es su estilo, su vida y su manera de hacer las cosas.

Como vocalista y líder de Extremoduro ha dado calidad a música de este país desde los 80 hasta ayer mismo. Con más de 30 años de carrera, con sus necesarias para su salud y bienestar interrupciones, con colaboraciones esporádicas pero de calidad inabordable dando voz a la contracultura que se plasmaron en la Poesía básica (2021) con Extrechinato y tú, y en un puñado más de recitales y conciertos. Con una carrera en solitario en los últimos años donde pusiste música a tus inquietudes y las compartiste con nosotros.

En general, una obra plena, siempre redonda, abierta a la revisitación y el inconformismo. A la acidez de letras agrestres que daban filosofía a la vida tangible y de las pequeñas cosas. Un rock rompedor, transgresor, personalísimo donde la crítica a este mundo, que ya preconizabas fuente inacabable de dolor y des-humanización, era ingrediente ineludible. El pimentón de la Vera que ha inspirado a muchos que han venido detrás.

En los 90s ya hablabas de esa España Vaciada y Olvidada, de una Extrema y dura rota, robada y envilecida. De un mundo rural que se moría entre dominicales perdigonazos. De las agresiones al medio natural por el favor del dinero y de la situación de la mujer pisoteada en su dignidad. Ya adelantabas los monstruos de hoy en día con poesía, acidez y sabiduría.

Decidí, De Acero, Papel Secante, Historias Prohibidas, Salir, Standby, Buscando una luna, Bulerias de la sangre caliente, Estado policial… hasta ese Volando Solo que nos hablaba ya del día de hoy.

 


No sé dónde estará, si está, mi viejo cassette del Agila que presté a un fulano y jamás me lo devolvió. Nos quedamos con las ganas del concierto de Cáceres cancelado en 2014. Y ahora atesoramos tu obra y tu vida como ejemplo de artista y de coherencia.

Hasta siempre Robe!!! Gracias por tanto. Te veo en mis recuerdos y te recupero en mi memoria.

 

martes, 9 de diciembre de 2025

Una Huelga de médicos es también una huelga por ti

 



Hoy es 9 de diciembre y hoy comienza la tercera ronda de movilizaciones de los médicos y profesionales facultativos de la medicina en España, contratados o que aspiran a serlo en la Sanidad Pública. Una huelga de médicos motivada por las injusticias, incoherencias, inconsistencias, hechos consumados o que se pretenden consumar, atropellos y abusos que están sobre la mesa de negociación del nuevo Estatuto Marco de los médicos.

Este Estatuto tiene rango de ley general del Estado y está orientado a fijar un marco común, unas reglas básicas para todo el personal que trabaja en el ámbito de la Sanidad en cualquier Comunidad Autónoma. Son estas quienes detentan las competencias en materia sanitaria y gestionan sus respectivas áreas sanitarias, sus recursos y desarrollan las contrataciones, pero el Estatuo Marco procura fijar un espacio de mínimos sobre el que cada gobierno autonómico actúe. Esos mínimos serían una regulación de las clasificaciones profesionales, incluidos los procesos de selección y de movilidad interna tanto geográficas como administrativas, derechos y deberes del personal y de los administradores y gestores, sistema retributivo, jornada laboral y descansos, cotizaciones a la seguridad social, regímenes disciplinarios y compatibilidades, entre otras cosas. Aunque en no pocas ocasiones se salten reglamentaciones estatales como pueda ser el propio Estatuto de los Trabajadores, o los acuerdos con la UE (con sentencias judiciales de Tribunales Europeos de por medio) en cuanto a la temporalidad del sector público.

Pues bien, lejos de fomentar una negociación sana que escuche las interpelaciones y reclamaciones de este sector profesional, el gobierno “más progresista de la historia”, vuelve a sacar su vena neoliberal para mantener, e incluso ampliar, algunas de las tropelías que los médicos vienen sufriendo. Además, lo hacen con una Ministra, anestesista de profesión y que viene de un partido a la izquierda del PSOE. Toda una declaración de intenciones. Y es que,

 

¿Aceptarías estas condiciones de un trabajo?:

  • De media pasas 2 meses/año fuera de tu casa, obligado a turnos de 24 horas a 9€/hora sin nocturnidad ni descanso estipulado. Descrita como jornada complementaria (lo vas a hacer sí o sí "por necesidades del servicio").

  • No existe la jornada extraordinaria y la localización solo se cobra si vas, o a 4.5€/h, dependiendo del sitio.

  • A veces te juntas con más de 80horas semanales de jornada obligatoria, con el descanso entre la salida de una guardia y la incorporación al día siguiente, en menos de 24 horas después.

  • De media cada 6 años pierdes 1 de cotización porque las guardias NO cuentan para la jubilación. Guardias obligadas hasta los 55 años, pierdes entre 5 y 6 años de cotización. Pudiéndote jubilar (por el esfuerzo y la responsabilidad) a los 60-61, te jubilas a los 67.

¿Aceptarías? Pues estas son las condiciones reales del personal médico de la Sanidad Pública. Y aún tenemos que oír que qué vergüenza, que somos unos privilegiados con lo que cobramos. Nos ha jodido!! Más de 60 horas semanales a 9 EUROS POR HORA Y LA MITAD DE LAS HORAS NO CUENTEN PARA LA JUBILACIÓN

Ya está bien después de llevar 40 años aguantando y que el "nuevo" estatuto marco sea un copia/pega del antiguo.



No debería de haber nadie que viniera a discutir la necesidad de mejorar las condiciones laborales, profesionales y vitales del colectivo de médicos de este país, punta de lanza de la Sanidad Pública Española. Ya he dicho alguna vez, que el logro de un colectivo no debe suponer el castigo a otro. El que se igualen las condiciones de la clase trabajadora no tiene que basarse en derrotar a las que con lucha han conseguido ciertos privilegios o ventajas. La igualdad tendría que venir por la mejora de los que peores condiciones tienen. No se me puede olvidar aquí también potenciar la figura del doctor y de la doctora, como autoridad, para garantizar así también su integridad y seguridad.

No creo que haya nadie que quiera ir con una apendicitis, propia y de un familiar, a que te opere un facultativo, o mejor dicho, un equipo de facultativos que a lo mejor llevan ya 20 horas seguidas trabajando. Que no saben si el mes que viene tienen que cambiar de localización, o incluso que pierdan su trabajo. Que desconocen cuándo la autonomía va a sacar los concursos y oposiciones para poder optar a quedarse en su lugar de nacimiento o de residencia. También muchos y muchas se ven lastrados en su trabajo por las gerencias (ligadas a los partidos políticos) y las jefaturas atrapadas en las manos de “compañeros” en edad de jubilarse que se perpetúan en los puestos e impiden los recambios, actualizaciones y el progreso de los servicios. Profesionales en todo caso, que con la excusa de la motivación, el sentido público o la vocación son maltratados y pisoteados.

Creo que todas las huelgas merecen respeto. Y pienso firmemente que el Derecho a la Huelga debe ser protegido y validado cada día, para precisamente, con la huelga, poder defender de manera clara el Derecho al Trabajo. Sin embargo, una vez más, volvemos a ver cómo se interpela el derecho al trabajo cuando hay una huelga legalmente convocada para pasar a olvidarlo y pisotearlo cuando se consigue parar la activación de un colectivo o incluso de la sociedad. Cuando son esos mismos beneficiarios últimos, los pacientes de ahora o del futuro, los que frenamos que quienes nos sanan y nos cuidan tengan mejores condiciones de vida.

En la ola de privatizaciones y de hacer negocio con la vida y la salud de las personas, el PP y también el PSOE, y también quienes les mantienen en el poder en cada lugar, se empeñan en menospreciar el trabajo, la vida y el futuro de los sanitarios. Desmiembran y desmontan la Sanidad Pública. La dejan huérfana de recursos y anquilosan al personal en condiciones leoninas. La precarización progresiva de los trabajos en el sector sanitario son parte de esa estrategia

Y la población, como digo pacientes de ahora o del mañana, no somos cautivos de los convocantes de la huelga. Somos prisioneros de unos políticos cobardes y mentirosos, pagados para destrozar la Sanidad Pública que es lo que hace más país. Lo que construye un mayor orgullo por ser español o española.

Es la tercera convocatoria de Huelga, y aunque es cierto que hay un sector de la profesión que se moviliza por los tímidos movimientos para evitar que facultativos de la pública hagan horas en la privada, el grueso de los doctores y doctoras se pone en acción por la degradación continua de sus condiciones de trabajo, y por ende de vida. En primer lugar, por un factor generacional, una ruptura entre los médicos que llevan muchos años instalados y cogidos los puestos de decisión, de docencia o de poder. Y después, también con las mujeres, las profesionales en un sector fuertemente feminizado, y que va a ir a más, y que necesitan, necesitamos todos, garantías de que su trabajo se realiza con dignidad, seguridad y en base a unas certezas de defensa de la Sanidad Pública, como modelo de prestación y de la salud pública, como objetivo.

Por esto, estos días ten paciencia si tienes que pasar por un centro médico. Si están así estos días, y han estado ya, y volverán a estarlo, es también por ti. Por tus padres y tus hijos. Porque todos tengamos una mejor Sanidad Pública.

martes, 2 de diciembre de 2025

La "lux" de Rosalía


 

A mi chica le encanta Rosalía. Y el heavy Metal. Yo soy heavy, y si, me gusta Rosalía. Tengo que admitirlo, pese a que con su carrera me invade un pesar. De hecho desde el primer momento en que me llegó noticia de la artista catalana, me pareció que plegaba su talento y lo ponía a disposición de la industria musical más mainstream, sucia, vergonzosa y de peor calidad que se hayan podido inventar, y que eso le ha valido para ganar mucha pasta y convertirse en un fenómeno viral, fan o del star-system. Mi mujer opina que es una muestra más de sus inquietudes musicales y que tal bajada al fango fue motivada para darse a conocer y llegar a más gente, y poder enseñar a ese público, su arte y otras músicas y expresiones. Creo que ambos tenemos razón.

Hace unas semanas Rosalía lanzó su último trabajo, Lux, una auténtica maravilla desde el punto de vista artístico y formal, el evento del año musical, y un fenómeno de éxito comercial de una artista instalada por derecho propio en el Olimpo de las estrellas de la música y la cultura pop cimentada bajo la hegemonía cultural de todo lo que viene de Estados Unidos. Algo que como españoles, o si sois catalanes como la propia Rosalía, nos tendría que henchir de orgullo, por no hablar en cuanto al sentimiento de clase para quienes nuestros padres y abuelos son trabajadores, precarios y personas humildes de barriada popular. Rosalía viene de ese entorno, pero no del lumpen, sino más bien de la pequeña burguesía, lo que le concedió unos posibles que otros no han podido ni oler. Tampoco lo olvidemos, porque a veces nos dejamos cegar por el brillo, y solo basta con leer su entrada en la Wikipedia para saber dónde se formó y qué relaciones construyó en primer término.

Pero lo cierto, lo innegable, y lo justo además, es decir que Rosalía es una artista tremenda. Qué canta de la hostia. Increíblemente bien. Qué expresa una sensibilidad que a la vez acongoja, despierta e interpela. Y qué muestra y demuestra cada vez un talento innato y potenciado para la composición en donde no rehuye el combate con su bagaje, sus gustos, influencias e intereses.

El nuevo álbum, Lux, es la mejor prueba de ello. Rosalía canta aquí hasta en 13 idiomas. Mezcla neologismos con referencias culturales del misticismo de diferentes credos como Juana de Arco, Santa Teresa, Hildegarda de Bingen, Rabia Al-Adawiya o Anandamayi Ma, con filósofas feministas como Simone Weil. Incluye un pasaje de Patti Smith donde la poetisa del rock de los 70 clama por la emancipación personal y colectiva de las mujeres. Volviendo a Rosalía pasa por varios palos del flamenco, se disfraza de cantautora, incorporando la jerga urbana de su generación y probablemente también de la posterior. Desliza referencias culturales contemporáneas al tiempo que llena los temas de versos inspirados en espiritualidad para tratar los temas actuales que condicionan el día a día de la sociedad, proponiendo una solución, una salida en la religión y en las creencias.

Lo que más destaca y choca de esta propuesta de Rosalía es el nuevo giro estilístico en el que, sin renegar abiertamente del reaguetton y la música urbana de sus anteriores trabajos, se atreve y asalta con éxito pasajes operísticos. Berghain ha sido el primer lanzamiento del nuevo disco en colaboración con Björk, y ahí, Rosalía sorprende lanzándose al mundo del canto lírico, con una cuidadísima hasta el más mínimo detalle escenografía en el video, donde destaca la intervención de una orquesta sinfónica en estado de gracia. La propuesta sin duda sorprende y atrapa, y nos habla en definitiva, de una artista y del reverso de la persona. De su crecimiento íntimo.

 


 

En cuanto a los temas que trata llama poderosamente la atención el mensaje de espiritualidad y religión que se destila del álbum Lux. Que una cantante de éxito colosal e internacional en 2025 haga un alegato, más o menos velado, a la fe, y más o menos abierto a interpretaciones y divergencias, es sobresaliente. No cabe duda de que estamos viviendo una época de reconexión con las creencias, seguramente fruto de una época tumultuosa, llena de incertidumbres y donde se han derribado muchos de los axiomas y entramados sociales y culturales que sostenían la vida tal y como la hemos conocido. El neoliberalismo, el ultra-liberalismo, liberticida, egoísta e irresponsable ha llenado el día a día de individualismo. De un consumismo rápido e inherente, de gratificación inmediata. Donde la tecnología cambia vertiginosamente los patrones de comunicación, acortando cada vez más la atención de la persona converitida en espectador -¿o es al revés?-, (muestra de esto es que con todo Rosalía aquí lancé temas que dificilmente pasan de los 4 minutos, quizás sabedora ella y los de arriba que el público no está capacitado para mantenerse más tiempo a la escucha).

Parece como si Rosalía, convertida en profeta del nuevo catolicismo, sea la encargada de apuntalar una vieja religiosidad, disfrazada de novedosa, donde los jóvenes y no tan jóvenes, se vienen refugiando ante un mundo cambiante, inhóspito donde los patrones de vida y muerte, de presente, pasado y futuro, mudan a un terreno de dolor y carestías. Ese refugio viene a enclaustrarse en más individualismo y en cerrarse a las expresiones colectivas donde se ponen en común problemas y soluciones. Empezando por los que avanzan a regañadientes en mayor igualdad, en especial las mujeres y los colectivos marginados, dentro de esta ola reaccionaria que amenaza con asolar el mundo una vez mas, quizás ya la definitiva.

Volviendo a la música en si, la lista de colaboraciones del disco es abrumadora donde no faltan ni meteoros femeninos del flamenco como Estrella Morente o Silvia Pérez Cruz, mucho oficio en la ejecución y los arreglos, así como voces de la industria musical más expansiva hoy en día en la producción. En conjunto, no hablo de un disco de música pop al uso. Se trataría de algo experimental, profundamente simbólico, donde la fusión y la pureza se deslizan. Más cercano a una obra de música clásica (de hecho los cortes no se presentan como canciones aisladas, sino como movimientos dentro de un conjunto, tal y como desde siempre se han presentado las obras clásicas). Quizás aquí radica el éxito y acierto de Rosalía, en lo que comentaba al principio sobre lo que piensa mi chica sobre la carrera de la artista catalana. Presenta ahora una obra compleja y elevada a un público multitudinario captado en sus anteriores propuestas más bajas, de peor calidad así de claro-, y donde la sexualización de su cuerpo e imagen eran un reclamo por encima de su música.

Yo ya voy por la tercera escucha íntegra de Lux. Evidentemente no puedo más que recomendar su escucha y el acercamiento a este trabajo. Con honestidad y con atención. Luego gustará más o menos. Caerá mejor o peor la intérprete. Denostaremos o felicitaremos su bagaje. O sospecharemos de las manos que mueven los hilos por detrás. Pero por lo menos, esta obra merece una escucha.

martes, 21 de octubre de 2025

Yungblud, ¿el nuevo Rey?


 

El pasado sábado 11 de octubre nos movimos a Madrid para ver en concierto a Yungblud, en un regalo que hice a mi chica, por tantos momentos y sacrificios hechos por ella ante mis caprichos y necesidades. Como paradoja y después de llevar ya 10 añazos arrastrándola a conciertos heavys, hicimos 400 kilómetros para ver a un artista de rock, con buena relación con el Metal. Tanto es así que ya hay quien lo ve como el relevo en la escena rockera internacional.

Al llegar las inmediaciones del Palacio de Vistalegre eran las de un concierto propio de un fenómeno de masas adolescente. La vuelta a la manzana hasta la calle que rodea la Quinta de Vistalegre, para encontrar nuestro sitio en la fila, era un paseo rodeado de gente joven, alguna muy joven. La mayoría chicas, algunas acompañadas por mayores, sus padres supongo, casi todas en grupo. Las indumentarias cercanas al metal gótico. Mucho negro y encaje, mucha bota y mucha media de rejilla, falda o pantalón de cuero y ojos sombreados. Si hubierais puesto la misma atención de vuestro dresscode a dejar la calle sin tanta basura nos hubiera ido a todos mejor.

Una de las primeras satisfacciones dentro del recinto, al que volvía, ni se sabe cuántos años hace ya de ver partidos del Estu y algún que otro concierto, fue que la sala está muy renovada en el interior. Me parece acogedora, diáfana y accesible. La segunda fue que el pincha del local, desconozco si de forma autónoma o por prescripción del cabeza de cartel, nos fue colocando algunos imperecederos de buen hard rock e incluso Heavy. Por desgracia, no estoy acostumbrado entrar en un ambiente tan masivo y que te estén poniendo She Sells Sanctuary de los infravaloradísimos The Cult. Mientras mi chica y yo la celebrábamos, por desgracia pasaba desapercibida entre la chavalería.

Entraron temas enlatados para ir calentando el ambiente de Mötley Crue, los Rolling, Guns and Roses, Audioslave entre otros para abrir los teloneros de la velada. Los dos grupos británicos -bueno de estilo seguro ambos, pero uno proviene de Estados Unidos-, que abrían al cabeza de cartel eran perfectos desconocidos que hicieron acto de presencia para recordarnos a algunos y descubrir a otros que en el Reino Unido existe una escena músical de rock espectacular y que salen bandas cada día con talento, con tablas y con mensaje.

Me gustaron especialmente los primeros, Weathers, a los que obviamente desconocía, pero que me sonaron muy frescos pese a presentar unas notables influencias a bandas de gran recuerdo como Placebo o Super Grass. Los segundos, originarios de Las Vegas, Palaye Royale, no me disgustaron en absoluto, pero su sonido me dejo más indiferente, aunque si bien como digo, la pericia técnica de ambas bandas es notable y merecen tenerlos en cuenta. Qué tiempos aquellos en los que cada mes te llegaban propuestas de rock desde el otro lado del Canal.

Rompía el silencio el War Pigs de Black Sabbath ante la demencia de a quienes nos vuelve locos este verdadero himno del Metal y de la música. El humo inundaba el escenario y el griterío de la muchachería, no sofocaba ni los acordes de Iommy, ni la voz de Ozzy, por más que los juveniles nervios se exaltaban según rompían los segundos previos al espectáculo.

 

 

Los músicos tomaron posiciones en penumbra, y de repente, se hizo la luz. Dominic Richard Harrison, un chico de 28 años salía con gafas de sol, sonrisa burlona y pose de estrella para desatar la locura con Hello Heaven, Hello, su tema estrella de su último disco, Idols, que nos venía a presentar. Y qué manera de marcar territorio. La canción suena redonda, muy bien ajustada para ser comienzo del concierto y no merma durante los nueve minutos de duración. El público encendido y Yungblud con la actitud necesaria para hacer que todos los presentes disfruten. 

Se saca el chaleco de animalprint para quedarse a pecho descubierto en el coso carabancheleño. Vuelan las gafas de sol y entra sin dilación el segundo trallazo The Funeral, temazo brutal de su anterior disco que a mi me ha enganchado mucho desde que mi mujer me lo dio a conocer.

El frontman, absoluto protagonista, corre, salta, se divierte y hace que el público, ya predispuesto, tome partida. Las llamaradas restañan en el escenario, estalla el confeti hasta en dos ocasiones, blanco y rojo, mientras Yungblud interpela al público, dialoga con él, cantando y la mayoría de las veces hablando directamente. En el quinto corte, con la platea entregada, sube a un chaval al escenario para que le acompañe a la guitarra en Fleabag, en una divertida interpretación celebrada con ahínco por el público.

Así hasta el momento culminante, su versión del Changes, de Black Sabbath dedicada con cariño y dolor por la reciente pérdida, que nos lleva a varios a señalar el cielo mientras se inunda los ojos de lágrimas. Por desgracia, buena parte del público, por lo menos a mi alrededor, no acabó de entender el sentido del momento, ni tampoco las propias lágrimas de Yungblud que acababa el cover mirando también al cielo y susurrando algo a Ozzy. Sin duda, el instante culmen de todo el concierto.

De ahí y hasta el cierre más carreras y saltos. Interacciones con el público. Algunas físicas caminando sobre y mezclándose con ellos. Otras pidiendo máxima implicación a los brazos y las manos. Algunos desajustes técnicos, tomados con risa. Destilando una pose que parece querer romper el espacio sagrado de los totem del género. Como si viniera a apropiarse algo que está desierto o usurpado desde hace mucho tiempo.

Quizás se deba a que éramos de los más veteranos en el concierto, pero con todo estuvimos en una demostración más, y no será la última, de que el rock está muy vivo. De qué hay cantera. Hay pasión. Y ganas de pasarlo bien con la música bien hecha como excusa. Si puede haber ese relevo entre aficionados al género es porque existen artistas y propuestas como las de Yungblud, capaces de irradiar hacia los más jóvenes. Y en especial al público femenino.

Desde luego, Yungblud ejercita sobre el escenario su propio estilo y personalidad. Pero también las influencias de la música que le gusta y ha compuesto su balance. Se nota esa afinidad con Ozzy y también con Steve Tyler. Veo detalles de Iggy Pop, por supuesto, de Freddy Mercury, y también las más glameras a lo Vince Neil. Con todo lo malo y bueno que tiene. En conjunto es capaz, y bien que se le agradece, de hacer de correa de transmisión de la música rock entre generaciones, y está llamado a convertirse en un referente.

A mi juicio tiene mucho mérito, que en la actualidad, un chaval haciendo rock (ignoro sus poderes y si viene o no desde el arroyo) sea capaz de hacerse un nombre y arrastrad a una multitud de personas jóvenes, muchas chicas y mujeres, hasta un concierto de género. Que escriba letras concienciadas con los problemas generacionales, de identidad, muchos de índole psicológica y todos complejos y trascendentes en una vida. Hoy en día, con la música prefabricada y las letras para idiotas donde la mujer es hiper sexualizada. Donde el algoritmo marca la música como un producto más de usar y tirar. Cuando todo es marketing e impacto en las redes sociales lo que marca el ritmo de qué se escucha y qué pasa ignorado o desapercibido. Cuando más imposible parece. Cuando la homogeneidad cultural es más totalizadora, todavía salen nuevas propuestas que reverdecen los viejos laureles del rock. Que proponen canciones claramente generacionales, como Hello Heaven, Hello con la también abre este último disco, sin importarle que dure más de nueve minutos en la era del consumismo rápido de usar y tirar. Una valiente declaración de intenciones.

Entre lo negativo la corta duración del setlist puesto que este buen mozalbete atesora una buena retahíla de temas para paladear en directo. Y sin embargo, tras hora y media cerró la sesión con el temazo Zombie. Echamos en falta, sobretodo mi mujer, canciones como Mars, Parents y fundamentalmente Polygraph Eyes que es de las que me había gustado de los deberes como escuchas previas a los que me había comprometido. Entiendo que después de la intensidad exhibida y la exigencia física adquirida Yungblud se retirara exhausto, pero fue una pequeña desilusión ante la propuesta de un artista que precisamente ha exhibido talento interpretativo y compositivo como para abrir discos con temas de casi 10 minutos.

Tampoco me hizo una ilusión extrema los muchos cortes al desarrollo continuo de las canciones y la música. Interpelar al público está bien, pero en mi opinión, estas deben ser breves y cortas, no hacerse repetitivas y ni romper la dinámica propia de la música y su interpretación. Hacerse más para emocionar que para una foto o una pose, pero es innegable que la conexión conseguida con el público fue colosal, gracias a la espontaneidad y naturalidad con la que se hacían, y llevo a ambos, cantante y platea, a una catarsis tremenda.

Son mis cosas, como también el ver que algunos tramos del guitarra principal (lo tenía enfrente) estaban sampleados. Pero eso ya para el oído y ojo expertos. O tener que lidiar con mendrugas que protestan porque se saca una camiseta con mensaje cuando ni ha empezado el concierto, pero que no protestan cuando todo se inunda de móviles haciendo videos. Por cierto, de verdad, no hay que grabar el concierto ni hacer 300 fotos que además van a quedar regu. De nada, eh

Y sin embargo, la satisfacción con el concierto de Yungblud fue plena y se hará poderosa en la memoria con el tiempo. Un concierto sin fisuras, coherente en su propuesta de caos y emoción.

Quizá asistimos, sin saberlo, al advenimiento de la nueva rockstar, el nuevo icono que engarce a las nuevas generaciones, y en especial a las féminas, al mundo del rock y del Heavy Metal. El Mesías que abra la puerta del Valhalla a todos aquellos que viven cegados bajo la tiranía del algoritmo del más adinerado y de la laminación multicultural. Que rompa los rigores de la uniformidad musical.

¡Larga vida a Yungblud! ¡Larga vida a la música! ¡Larga vida al rock!

 

 

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...