lunes, 15 de diciembre de 2025

Patochadas navideñas con dinero público


Las Navidades de Vigo, foto de ElfarodeVigo. 

 

España, sus pueblos y ciudades, desde calles comerciales donde el espacio público se ha malvendido a las franquicias y marcas que tributan en paraísos fiscales, hasta calles feas, horrendas donde ese mismo suelo común se ha regalado al coche, se ha llenado de luces de colores. Armazones sobre los que se construye la ilusión de la Navidad en bombillas de bajo consumo (menos mal, aunque eso dicen). Casetas y ferias navideñas de espumillón y nieve de pega que ya no sólo tiene que simularla sobre el puesto, sino además construir esa imagen bucólica en la mente de los adultos. A los niños ya no les pega la Navidad “nevada”, otra de las “bondades” del cambio climático. Se han profanado espacios y atentado al gusto y sensibilidad de muchos de los vecinos y visitantes, tanto por luz y por ruido, en ardid del consumismo más básico, tratando, y consiguiendo sin duda, que todos salgamos de casa, nos demos un paseo y nos gastemos algo de dinero en la “Navidad”.

Tengo que decirlo: No me gusta la Navidad. Nunca me ha gustado especialmente, y eso que mi cumpleaños siempre ha sido la fecha oficial de comienzo de las Navidades en casa. Pero cuando se acabaron las vacaciones escolares y se rompió la inocencia navideña del todo, pasar por estas fechas se convirtió un suplicio, una responsabilidad para con mi madre y un estrés por cómo organizarse. Más aún con pareja con familias a ambos lados del país y tratando de que ni se vuelvan locos ni gasten más de lo necesario.

Pero también he de confesarlo: Desde que vivo en Alcoi, he recuperado un poco de espíritu navideño. Quizás hasta lo he regenerado o, incluso, lo he creado desde cero. Si los Moros y cristianos, me son bastante indiferentes, tengo que asumir que la Navidad alcoyana, me resulta estimulante y hasta pura. Sigue, es más se amplía, el ruido y la suciedad, pero no se puede negar que en esta ciudad trabajan unas navidades que por lo menos mantienen el espíritu familiar y la ilusión de los más pequeños, hasta tal punto, que se desborda en los mayores. Con su propia iconografía en adornos, personajes y tradiciones, que conservan y respetan para eventos como el Tirisiti o la Cabalgata de Reyes. Es de agradecer.

Con lo que no comulgo, y es imposible hacerlo, es con la competición absurda de quién es más navideño. Qué pueblo o ciudad hace más ostentación hortera e irracional para convertirse en capital de la Navidad de este año. Quién destina más recursos públicos (y evidentemente, no los emplea en otras necesidades) a fundírselos en luces y árboles de pega o en erigir el más grande.

Todos “nuestros” alcaldes compiten, valiéndose de su inexistente sentido del ridículo y de los presupuestos municipales, para plantar el abeto más grande. Instalar el mayor número de luces navideñas. Atronar con más watios y decibelios la trillada playlist de villancicos, empezando por el de la Carey. Replicar el más estrafalario e incoherente poblado de Papa Noel. Generar el belén más grande tirando (y pagando) de los constructores de fallas. Establecer el campamento navideño lleno de réplicas de bastones de caramelo, renos, trineos, gnomos, hadas y todo lo que se les ocurra que tuvo a bien disney facturar en su momento con la excusa de la Navidad.

Esta tradición anual de disputa inter-municipal ya existía antes de que el alcalde de Vigo “embellecera” su ciudad proclamándola como la “capital mundial de la Navidad; por encima incluso de Nueva York. Que la tenemos enfrente”. Más allá de las risas, Abel Caballero puso sobre el mapa a su urbe y abrió un nicho de mercado para el negocio hostelero, porque gracias a simultanea llegada del AVE, la ciudad portuaria se llena hasta Balaídos de visitantes atraídos por este candor navideño sin paragón en el mundo entero. Los hoteles y restaurantes hacen negocio mil-millonario, mientras los vecinos año a año ponen contra las cuerdas su propio estoicismo.

Como el resultado económico y electoral ha refrendado, hasta en dos ocasiones ya, y por supuesto, no únicamente, esta oda al pachotismo, el despropósito, el despilfarro y la tontería, se ha erigido en un comportamiento a imitar por todos los alcaldes del bipartidismo español. En 2025 ya no hay municipio que se precie que no haya dedicado un buen pastón del presupuesto anual para “adornar” sus calles y parques, incluso hasta llevándose al absurdo.

Por ejemplo, en Alicante ciudad han plantado un belén gigante, con un San José de 18 metros y un niño Jesús de hasta 3. En Badalona entre cacerías de inmigrantes legitimadas por su alcalde fascista llevan dos años replantando pinos de más de 40 metros. Le supera un pueblo de Cantabria que llega hasta los 45. Comparten mismas tradiciones por Murcia donde también plantan abetos, nacimientos y lo que se precie.

Por supuesto Madrid no podía quedarse atrás en esta carrera al absurdo y se tiran a plantar hileras de luces sin ningún tipo de control. En este caso, por supuesto, apropiándose de la bandera de todos para replicarla en destelleantes bombillas que engalanan las avenidas comerciales de la capital. No está de más recordar que a solo 3 kilómetros del centro en el poblado de La cañada, malviven 2000 personas sin luz eléctrica.

He recorrido algunos pueblos de la región valenciana estas últimas semanas y ahí los ves, con calles hasta de polígonos, llenas de guirnaldas y luces, encendidas cuando no pasa absolutamente nadie. El cartel-estatatua con el nombre del pueblo, bien iluminado en tonos estridentes, que sepamos a quién debemos tal despropósito.

Abro capítulo a parte con mi pueblo, Santa Marta de Tormes, que ha “redecorado” la Isla del Soto, paraje natural que es un regalo para toda Salamanca, llenándola de luces y cumpliendo aquello que denunciaba en los plenos y medios hace 10 años: Que querían convertir un espacio natural en un parque urbano. Enhorabuena, trastormesinos, ya lo han conseguido. Se suma a los “campamentos de la Navidad”, ostentación hortera que no debería ni hacer gracia a los niños y niñas, menos a los adultos, pagadores de tal despilfarro. Pero oye, sin oposición, seguro que tiran a otra absolutísima.

Con toda España encendida desde las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana por cientos de millones de bombillas, miles de altavoces y centenares de instalaciones eléctricas estaría genial revivir el acontecimiento del año, el apagón que vivimos en abril. Nadie se acuerda de él, como tampoco de los miles de hogares, con mayores y pequeños incluidos, que este invierno (ni los anteriores y probablemente tampoco los futuros) no pueden encender la calefacción (o tener una refrigeración adecuada en los cada vez más extensos y duraderos veranos).

Tampoco vamos a pensar en el gasto de recursos para alimentar estas instalaciones horteras. En las millones de familias, de todo tipo, que pasan un calvario cada vez que abren la nevera y la despensa. En la contaminación y la proliferación de gases de efecto invernadero (añadimos los coches escupiendo humo en millones de desplazamientos a los centros comerciales este mes y medio) que alientan un cambio climático, que más allá de negacionistas y soberbios, está castigando ya a todo el mundo. Incluida y severamente España.

Quizás es que falten motivos para celebrar la Navidad aunque quieras regalárselas a los más pequeños de la casa. Porque si de eso se tratará, antes que apuntalar discursos de despilfarro y consumismo irracional, sería mejor lanzar mensajes y campañas de ahorro y austeridad. Recobrar el mensaje cristiano de la solidaridad. Abandonando el consumismo y recuperando, como patrimonio innato de la humanidad, el corporativismo. Re-colocando a la familia, esa que el resto del año “preocupa” tanto a la derecha, pero que ahora olvidan porque hay que gastar. La cooperación y la generosidad para construir un entorno mejor, más social e igualitario, donde no haya discriminaciones, y se aliente un espíritu de hermanamiento.

Esta época del año es perfecta para lanzar una campaña que facilite el dejar el coche en casa. El comprar en las tiendas de barrio. En avanzar en la autogestión de las personas y los colectivos. En trabajar en el medio natural para dejarlo como es o era, devolviéndoselo a la Naturaleza. Plantando árboles, no talándolos. Sería el mejor momento para realizar eventos de hermanamiento, no odas al consumismo. Pero claro, las Navidades no se pagan así. El despropósito es una campaña publicitaria de los grandes mangantes del mundo, y los políticos pro-sistema, entran al trapo con las poblaciones y sus recursos como rehenes y víctimas. La hipocresía es tan lacerante como inevitable.

En fin. Qué no me gusta esta Navidad hiper-consumista y alejada de los valores de hermandad y de la familia. Qué me choca y expulsa esta oda al despilfarro y la horterada. Pero aún así, os deseo unas felices fiestas y que lo paséis muy bien con vuestros seres queridos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Hasta siempre Robe Iniesta


Ha fallecido Robe Iniesta. Ayer Jorge Martínez de Ilegales. Maldito 2025.

Extremoduro forma parte de la banda sonora de mi adolescencia y la de millones de milenials españoles. No se puede entender la música, el rock y la poesía en este país sin contar con el legado del placentino.

"Hoy día 10 de diciembre de 2025, nos toca escribir la nota de prensa más triste de nuestra vida. Hoy despedimos al último gran filósofo, al último gran humanista y literato contemporáneo de lengua hispana, y al cantante cuyas melodías han conseguido estremecer a generaciones y generaciones", aparece escrito en la nota que ha anunciado su fallecimiento en su web.

Un icono, una leyenda, Robe Iniesta ha destilado una vida de plena libertad tanto personal como artística. Llevado hacia adelante, o hacia atrás, según quisiera, por su talento para la escritura y la composición. Una sensibilidad rayana a la naturaleza de la que ha sido y siempre será su principal altavoz. Con coherencia imponiéndose a filias y a fobias, a gustos y a mercadotecnias, porque si, porque es su estilo, su vida y su manera de hacer las cosas.

Como vocalista y líder de Extremoduro ha dado calidad a música de este país desde los 80 hasta ayer mismo. Con más de 30 años de carrera, con sus necesarias para su salud y bienestar interrupciones, con colaboraciones esporádicas pero de calidad inabordable dando voz a la contracultura que se plasmaron en la Poesía básica (2021) con Extrechinato y tú, y en un puñado más de recitales y conciertos. Con una carrera en solitario en los últimos años donde pusiste música a tus inquietudes y las compartiste con nosotros.

En general, una obra plena, siempre redonda, abierta a la revisitación y el inconformismo. A la acidez de letras agrestres que daban filosofía a la vida tangible y de las pequeñas cosas. Un rock rompedor, transgresor, personalísimo donde la crítica a este mundo, que ya preconizabas fuente inacabable de dolor y des-humanización, era ingrediente ineludible. El pimentón de la Vera que ha inspirado a muchos que han venido detrás.

En los 90s ya hablabas de esa España Vaciada y Olvidada, de una Extrema y dura rota, robada y envilecida. De un mundo rural que se moría entre dominicales perdigonazos. De las agresiones al medio natural por el favor del dinero y de la situación de la mujer pisoteada en su dignidad. Ya adelantabas los monstruos de hoy en día con poesía, acidez y sabiduría.

Decidí, De Acero, Papel Secante, Historias Prohibidas, Salir, Standby, Buscando una luna, Bulerias de la sangre caliente, Estado policial… hasta ese Volando Solo que nos hablaba ya del día de hoy.

 


No sé dónde estará, si está, mi viejo cassette del Agila que presté a un fulano y jamás me lo devolvió. Nos quedamos con las ganas del concierto de Cáceres cancelado en 2014. Y ahora atesoramos tu obra y tu vida como ejemplo de artista y de coherencia.

Hasta siempre Robe!!! Gracias por tanto. Te veo en mis recuerdos y te recupero en mi memoria.

 

martes, 9 de diciembre de 2025

Una Huelga de médicos es también una huelga por ti

 



Hoy es 9 de diciembre y hoy comienza la tercera ronda de movilizaciones de los médicos y profesionales facultativos de la medicina en España, contratados o que aspiran a serlo en la Sanidad Pública. Una huelga de médicos motivada por las injusticias, incoherencias, inconsistencias, hechos consumados o que se pretenden consumar, atropellos y abusos que están sobre la mesa de negociación del nuevo Estatuto Marco de los médicos.

Este Estatuto tiene rango de ley general del Estado y está orientado a fijar un marco común, unas reglas básicas para todo el personal que trabaja en el ámbito de la Sanidad en cualquier Comunidad Autónoma. Son estas quienes detentan las competencias en materia sanitaria y gestionan sus respectivas áreas sanitarias, sus recursos y desarrollan las contrataciones, pero el Estatuo Marco procura fijar un espacio de mínimos sobre el que cada gobierno autonómico actúe. Esos mínimos serían una regulación de las clasificaciones profesionales, incluidos los procesos de selección y de movilidad interna tanto geográficas como administrativas, derechos y deberes del personal y de los administradores y gestores, sistema retributivo, jornada laboral y descansos, cotizaciones a la seguridad social, regímenes disciplinarios y compatibilidades, entre otras cosas. Aunque en no pocas ocasiones se salten reglamentaciones estatales como pueda ser el propio Estatuto de los Trabajadores, o los acuerdos con la UE (con sentencias judiciales de Tribunales Europeos de por medio) en cuanto a la temporalidad del sector público.

Pues bien, lejos de fomentar una negociación sana que escuche las interpelaciones y reclamaciones de este sector profesional, el gobierno “más progresista de la historia”, vuelve a sacar su vena neoliberal para mantener, e incluso ampliar, algunas de las tropelías que los médicos vienen sufriendo. Además, lo hacen con una Ministra, anestesista de profesión y que viene de un partido a la izquierda del PSOE. Toda una declaración de intenciones. Y es que,

 

¿Aceptarías estas condiciones de un trabajo?:

  • De media pasas 2 meses/año fuera de tu casa, obligado a turnos de 24 horas a 9€/hora sin nocturnidad ni descanso estipulado. Descrita como jornada complementaria (lo vas a hacer sí o sí "por necesidades del servicio").

  • No existe la jornada extraordinaria y la localización solo se cobra si vas, o a 4.5€/h, dependiendo del sitio.

  • A veces te juntas con más de 80horas semanales de jornada obligatoria, con el descanso entre la salida de una guardia y la incorporación al día siguiente, en menos de 24 horas después.

  • De media cada 6 años pierdes 1 de cotización porque las guardias NO cuentan para la jubilación. Guardias obligadas hasta los 55 años, pierdes entre 5 y 6 años de cotización. Pudiéndote jubilar (por el esfuerzo y la responsabilidad) a los 60-61, te jubilas a los 67.

¿Aceptarías? Pues estas son las condiciones reales del personal médico de la Sanidad Pública. Y aún tenemos que oír que qué vergüenza, que somos unos privilegiados con lo que cobramos. Nos ha jodido!! Más de 60 horas semanales a 9 EUROS POR HORA Y LA MITAD DE LAS HORAS NO CUENTEN PARA LA JUBILACIÓN

Ya está bien después de llevar 40 años aguantando y que el "nuevo" estatuto marco sea un copia/pega del antiguo.



No debería de haber nadie que viniera a discutir la necesidad de mejorar las condiciones laborales, profesionales y vitales del colectivo de médicos de este país, punta de lanza de la Sanidad Pública Española. Ya he dicho alguna vez, que el logro de un colectivo no debe suponer el castigo a otro. El que se igualen las condiciones de la clase trabajadora no tiene que basarse en derrotar a las que con lucha han conseguido ciertos privilegios o ventajas. La igualdad tendría que venir por la mejora de los que peores condiciones tienen. No se me puede olvidar aquí también potenciar la figura del doctor y de la doctora, como autoridad, para garantizar así también su integridad y seguridad.

No creo que haya nadie que quiera ir con una apendicitis, propia y de un familiar, a que te opere un facultativo, o mejor dicho, un equipo de facultativos que a lo mejor llevan ya 20 horas seguidas trabajando. Que no saben si el mes que viene tienen que cambiar de localización, o incluso que pierdan su trabajo. Que desconocen cuándo la autonomía va a sacar los concursos y oposiciones para poder optar a quedarse en su lugar de nacimiento o de residencia. También muchos y muchas se ven lastrados en su trabajo por las gerencias (ligadas a los partidos políticos) y las jefaturas atrapadas en las manos de “compañeros” en edad de jubilarse que se perpetúan en los puestos e impiden los recambios, actualizaciones y el progreso de los servicios. Profesionales en todo caso, que con la excusa de la motivación, el sentido público o la vocación son maltratados y pisoteados.

Creo que todas las huelgas merecen respeto. Y pienso firmemente que el Derecho a la Huelga debe ser protegido y validado cada día, para precisamente, con la huelga, poder defender de manera clara el Derecho al Trabajo. Sin embargo, una vez más, volvemos a ver cómo se interpela el derecho al trabajo cuando hay una huelga legalmente convocada para pasar a olvidarlo y pisotearlo cuando se consigue parar la activación de un colectivo o incluso de la sociedad. Cuando son esos mismos beneficiarios últimos, los pacientes de ahora o del futuro, los que frenamos que quienes nos sanan y nos cuidan tengan mejores condiciones de vida.

En la ola de privatizaciones y de hacer negocio con la vida y la salud de las personas, el PP y también el PSOE, y también quienes les mantienen en el poder en cada lugar, se empeñan en menospreciar el trabajo, la vida y el futuro de los sanitarios. Desmiembran y desmontan la Sanidad Pública. La dejan huérfana de recursos y anquilosan al personal en condiciones leoninas. La precarización progresiva de los trabajos en el sector sanitario son parte de esa estrategia

Y la población, como digo pacientes de ahora o del mañana, no somos cautivos de los convocantes de la huelga. Somos prisioneros de unos políticos cobardes y mentirosos, pagados para destrozar la Sanidad Pública que es lo que hace más país. Lo que construye un mayor orgullo por ser español o española.

Es la tercera convocatoria de Huelga, y aunque es cierto que hay un sector de la profesión que se moviliza por los tímidos movimientos para evitar que facultativos de la pública hagan horas en la privada, el grueso de los doctores y doctoras se pone en acción por la degradación continua de sus condiciones de trabajo, y por ende de vida. En primer lugar, por un factor generacional, una ruptura entre los médicos que llevan muchos años instalados y cogidos los puestos de decisión, de docencia o de poder. Y después, también con las mujeres, las profesionales en un sector fuertemente feminizado, y que va a ir a más, y que necesitan, necesitamos todos, garantías de que su trabajo se realiza con dignidad, seguridad y en base a unas certezas de defensa de la Sanidad Pública, como modelo de prestación y de la salud pública, como objetivo.

Por esto, estos días ten paciencia si tienes que pasar por un centro médico. Si están así estos días, y han estado ya, y volverán a estarlo, es también por ti. Por tus padres y tus hijos. Porque todos tengamos una mejor Sanidad Pública.

martes, 2 de diciembre de 2025

La "lux" de Rosalía


 

A mi chica le encanta Rosalía. Y el heavy Metal. Yo soy heavy, y si, me gusta Rosalía. Tengo que admitirlo, pese a que con su carrera me invade un pesar. De hecho desde el primer momento en que me llegó noticia de la artista catalana, me pareció que plegaba su talento y lo ponía a disposición de la industria musical más mainstream, sucia, vergonzosa y de peor calidad que se hayan podido inventar, y que eso le ha valido para ganar mucha pasta y convertirse en un fenómeno viral, fan o del star-system. Mi mujer opina que es una muestra más de sus inquietudes musicales y que tal bajada al fango fue motivada para darse a conocer y llegar a más gente, y poder enseñar a ese público, su arte y otras músicas y expresiones. Creo que ambos tenemos razón.

Hace unas semanas Rosalía lanzó su último trabajo, Lux, una auténtica maravilla desde el punto de vista artístico y formal, el evento del año musical, y un fenómeno de éxito comercial de una artista instalada por derecho propio en el Olimpo de las estrellas de la música y la cultura pop cimentada bajo la hegemonía cultural de todo lo que viene de Estados Unidos. Algo que como españoles, o si sois catalanes como la propia Rosalía, nos tendría que henchir de orgullo, por no hablar en cuanto al sentimiento de clase para quienes nuestros padres y abuelos son trabajadores, precarios y personas humildes de barriada popular. Rosalía viene de ese entorno, pero no del lumpen, sino más bien de la pequeña burguesía, lo que le concedió unos posibles que otros no han podido ni oler. Tampoco lo olvidemos, porque a veces nos dejamos cegar por el brillo, y solo basta con leer su entrada en la Wikipedia para saber dónde se formó y qué relaciones construyó en primer término.

Pero lo cierto, lo innegable, y lo justo además, es decir que Rosalía es una artista tremenda. Qué canta de la hostia. Increíblemente bien. Qué expresa una sensibilidad que a la vez acongoja, despierta e interpela. Y qué muestra y demuestra cada vez un talento innato y potenciado para la composición en donde no rehuye el combate con su bagaje, sus gustos, influencias e intereses.

El nuevo álbum, Lux, es la mejor prueba de ello. Rosalía canta aquí hasta en 13 idiomas. Mezcla neologismos con referencias culturales del misticismo de diferentes credos como Juana de Arco, Santa Teresa, Hildegarda de Bingen, Rabia Al-Adawiya o Anandamayi Ma, con filósofas feministas como Simone Weil. Incluye un pasaje de Patti Smith donde la poetisa del rock de los 70 clama por la emancipación personal y colectiva de las mujeres. Volviendo a Rosalía pasa por varios palos del flamenco, se disfraza de cantautora, incorporando la jerga urbana de su generación y probablemente también de la posterior. Desliza referencias culturales contemporáneas al tiempo que llena los temas de versos inspirados en espiritualidad para tratar los temas actuales que condicionan el día a día de la sociedad, proponiendo una solución, una salida en la religión y en las creencias.

Lo que más destaca y choca de esta propuesta de Rosalía es el nuevo giro estilístico en el que, sin renegar abiertamente del reaguetton y la música urbana de sus anteriores trabajos, se atreve y asalta con éxito pasajes operísticos. Berghain ha sido el primer lanzamiento del nuevo disco en colaboración con Björk, y ahí, Rosalía sorprende lanzándose al mundo del canto lírico, con una cuidadísima hasta el más mínimo detalle escenografía en el video, donde destaca la intervención de una orquesta sinfónica en estado de gracia. La propuesta sin duda sorprende y atrapa, y nos habla en definitiva, de una artista y del reverso de la persona. De su crecimiento íntimo.

 


 

En cuanto a los temas que trata llama poderosamente la atención el mensaje de espiritualidad y religión que se destila del álbum Lux. Que una cantante de éxito colosal e internacional en 2025 haga un alegato, más o menos velado, a la fe, y más o menos abierto a interpretaciones y divergencias, es sobresaliente. No cabe duda de que estamos viviendo una época de reconexión con las creencias, seguramente fruto de una época tumultuosa, llena de incertidumbres y donde se han derribado muchos de los axiomas y entramados sociales y culturales que sostenían la vida tal y como la hemos conocido. El neoliberalismo, el ultra-liberalismo, liberticida, egoísta e irresponsable ha llenado el día a día de individualismo. De un consumismo rápido e inherente, de gratificación inmediata. Donde la tecnología cambia vertiginosamente los patrones de comunicación, acortando cada vez más la atención de la persona converitida en espectador -¿o es al revés?-, (muestra de esto es que con todo Rosalía aquí lancé temas que dificilmente pasan de los 4 minutos, quizás sabedora ella y los de arriba que el público no está capacitado para mantenerse más tiempo a la escucha).

Parece como si Rosalía, convertida en profeta del nuevo catolicismo, sea la encargada de apuntalar una vieja religiosidad, disfrazada de novedosa, donde los jóvenes y no tan jóvenes, se vienen refugiando ante un mundo cambiante, inhóspito donde los patrones de vida y muerte, de presente, pasado y futuro, mudan a un terreno de dolor y carestías. Ese refugio viene a enclaustrarse en más individualismo y en cerrarse a las expresiones colectivas donde se ponen en común problemas y soluciones. Empezando por los que avanzan a regañadientes en mayor igualdad, en especial las mujeres y los colectivos marginados, dentro de esta ola reaccionaria que amenaza con asolar el mundo una vez mas, quizás ya la definitiva.

Volviendo a la música en si, la lista de colaboraciones del disco es abrumadora donde no faltan ni meteoros femeninos del flamenco como Estrella Morente o Silvia Pérez Cruz, mucho oficio en la ejecución y los arreglos, así como voces de la industria musical más expansiva hoy en día en la producción. En conjunto, no hablo de un disco de música pop al uso. Se trataría de algo experimental, profundamente simbólico, donde la fusión y la pureza se deslizan. Más cercano a una obra de música clásica (de hecho los cortes no se presentan como canciones aisladas, sino como movimientos dentro de un conjunto, tal y como desde siempre se han presentado las obras clásicas). Quizás aquí radica el éxito y acierto de Rosalía, en lo que comentaba al principio sobre lo que piensa mi chica sobre la carrera de la artista catalana. Presenta ahora una obra compleja y elevada a un público multitudinario captado en sus anteriores propuestas más bajas, de peor calidad así de claro-, y donde la sexualización de su cuerpo e imagen eran un reclamo por encima de su música.

Yo ya voy por la tercera escucha íntegra de Lux. Evidentemente no puedo más que recomendar su escucha y el acercamiento a este trabajo. Con honestidad y con atención. Luego gustará más o menos. Caerá mejor o peor la intérprete. Denostaremos o felicitaremos su bagaje. O sospecharemos de las manos que mueven los hilos por detrás. Pero por lo menos, esta obra merece una escucha.

jueves, 6 de noviembre de 2025

La provincia Nº 53


Esta entrada podía haberse titulado “50 años de la Marcha Verde”. O “El día que dejamos abandonados a unos cuantos españoles”. De hecho, este segundo título era el que tenía apuntado para entrar un día en materia sobre la descolonización de los territorios españoles en África.

Desde 1884 el Sáhara español estaba considerado una provincia más del estado por lo que había sobrepasado el estatus previo de colonia. En ese año y de una forma asombrosa, España había incorporado el territorio Occidental del Sáhara a la corona. Y lo había hecho sin derramar ni una sola gota de sangre y por el módico precio de 7.500 pesetas. Pero más aún de este hecho insólito aparece otro aspecto donde radica la modernidad política que, paradójicamente, siempre tuvo el imperialismo y colonialismo español. Mientras en pleno siglo XIX otras potencias ni consideraban como seres humanos a los indígenas de los territorios que conquistaban, España envuelta en los ecos de la lucha entre la modernidad de la Revolución La Gloriosa de 1868, el limitado experimento republicano y liberal y la posterior Restauración Borbónica otorgaba al territorio adquirido la misma consideración que a las otras provincias de la Corona. La peculiaridad viene en que legalmente estos territorios, y lo más importante, sus habitantes estaban incorporados al “Reino de España”, por lo tanto, estos eran ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los nacidos en la península. Ni siquiera la infame Conferencia de Berlín (1885) donde las potencias europeas se repartieron África como si fuera una tarta, tocó el estatus que habían recién adquirido el Sáhara, y si que había marcado la naturaleza geográfica de la provincia a través de acuerdos con el Imperio colonial francés.

En este sentido radica la principal diferencia, y que ha marcado de manera constante y determinada la realidad del pueblo saharauí, con el resto de imperios coloniales europeos. Mientras en el caso español había que integrar (en teoría) a una población con derechos de ciudadanía iguales a los de la metrópoli, en el caso de los imperios británico o francés las poblaciones autóctonas, sobretodo si eran indígenas, es decir, racializadas, componían una suerte de ciudadanos de segunda o de tercera, sin apenas derechos, sometidos a los deseos de quienes explotaban la colonia y cuyas condiciones no generaron ni el más mínimo sentido de responsabilidad en Londres o en París. Luego llegaron las descolonizaciones violentas en Zimbabwe, Sudáfrica, el Congo, Rwanda, Uganda, Argelia, Somalia, Sudán, etc., y los problemas que hoy continúan y se agravan.

Pero por desgracia este estatus significativo no ha supuesto un futuro y una mayor autonomía para el pueblo saharauí que ha sido moneda de cambio entre potencias y países, y peor aún entre "líderes" y reyes de la peor calaña humana. Un pueblo apátrida, que malvive expulsado de su territorio desde hace 50 años y que con su lucha ha compuesto, junto a Palestina, uno de los grandes emblemas e inspiraciones de identidad, dignidad y resistencia.

Justo a punto de cumplir esos 50 años desde la expulsión violenta del pueblo saharuí de su país, con la ocupación de la Marcha Verde ("Negra" para los saharuís), la salida indecorosa de la ocupación española la resolución 2792 de 2025 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado día 31 de octubre ha validado el plan de Marruecos con respecto al Sáhara, dejando de lado la opinión del pueblo saharuí, y su aspiración a constituirse como un Estado propio e independiente.

De facto la ONU, es decir las potencias Occidentales y eminentemente bajo el interés de la actual administración de Estados Unidos han dado su visto bueno a la anexión del territorio del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Si bien la resolución contempla una solución "mutuamente aceptable", es decir, tanto por Marruecos como por el Frente Polisario, la realidad es que la autonomía marroquí se instala como solución preferida, convirtiéndose de facto en el camino de ruta para desbloquear la situación. De este modo se satisfacen las altas expectativas de Marruecos para favorecer su ocupación del territorio. También quedan contentos los agentes internacionales en su disputa geoestratégica. España parece respirar alividada quitándose un problema de encima que podría traer futuras crisis migratorias y de asimilación de población (por cierto, población española, no lo olvidemos). Francia fue parte activa en la aprobación de la resolución que seguro tendrá contrapartidas en otros escenarios para que China y Rusia no hicieran valer el veto, y simplemente se abstuvieran.


La fecha se ha celebrado como en las grandes celebraciones futbolísticas. La euforia se desata en Marruecos tras el apoyo de Naciones Unidas al plan de autonomía bajo soberanía marroquí para el Sáhara Occidental.

Un día negro para el Frente Polisario, también para su aliado Argelia y su lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui: "Entre ser marroquíes o resistir, resistiremos".

Y esto ocurre justo cuando se cumplen 50 años de la Marcha Verde, que lo inició todo.

La retirada de España de su colonia. El comienzo de una guerra por el Sáhara Occidental. Para Marruecos son sus provincias del sur. Para el Frente Polisario, la patria ocupada. Para Naciones Unidas es aún un territorio no autónomo, la última colonia de África.

El Aaiún significa "las fuentes" en árabe. Esta ciudad que hoy tiene 200.000 habitantes fue la capital del Sáhara español, la provincia 53, fundada por militares como enclave estratégico.

La colonia española estaba en la parte occidental del Sáhara, en el noroeste de África. Situada a orillas del atlántico, frente a las islas Canarias. Villa Cisneros y Esmara también formaban parte de ella. Todavía quedan huellas de los casi 100 años de presencia española aquí.

El Colegio La Paz, que pertenece al Estado español, lleva más de 60 años en el Aaiún. Nunca ha cerrado sus puertas. Hoy está en pleno auge.

"Aquí hay inquietud por recuperar el español, interés por el español. La gente mayor quiere que le hables en español"

"Ha llegado a estar abierto con un alumno y un profesor. Y poco a poco hemos ido creciendo. Actualmente, hay 22 profesores, 328 alumnos y una lista de espera increíble".

A la iglesia de San Francisco de Asís la llaman la "catedral española". Construida en 1954 es uno de los edificios mejor conservados. El que fuera el casino de oficiales es ahora la oficina de los bienes del Estado español. Aquí se gestionan, por ejemplo, las pensiones de los soldados españoles saharauis.

Como Hamudi. Con 80 años es uno de los pocos veteranos que quedan. Estuvo en la tercera compañía de la agrupación tropas nómadas. "Fuimos de patrulla con coches, en camellos…" Tenía 18 años. Fue también chófer de altos mandos. Pero todo cambió en el 75.


De la noche a la mañana, los militares le informaron de que volvían a España, que todo iba a cambiar. Le ofrecieron irse con ellos "Yo he dicho me quedo aquí. Tengo padre, madre. Son muy mayores. Tengo hijos, varios hijos aquí". Con 30 años colgó el uniforme para dedicarse a trabajar la plata. Desde entonces cobra 400 euros de pensión del estado español.

El rey de Marruecos, Hassan II, habló en TVE de la Marcha Verde, la movilización de miles de civiles desarmados para entrar en el Sáhara español y reclamar el territorio después de que el Tribunal de La Haya no se lo concediera.

Fue el 6 de noviembre de 1975. En España, la dictadura agonizaba. A Franco solo le quedaban 2 semanas de vida.

Marruecos contaba con el apoyo, entre otros, de Estados Unidos. Kissinger, en plena guerra fría, veía en el Frente Polisario y su aliado Argelia satélites de La Unión Soviética.

"El Rey pidió 350 000 voluntarios. El 10% tenían que ser mujeres. Hubo un millón de inscritos. Hicimos una selección". Tamim fue uno de los organizadores de la Marcha Verde.

"No se podía ir en un único frente. Abrimos otros dos. Así, si España tuviera malas intenciones y quisiera atacarnos, tendría que dividirse".

Había soldados marroquíes en la Marcha. El puesto está ocupado por fuerzas del ejército marroquí. El ejército español retrocedió. Dejó una franja libre de unos 10 km desde el puesto fronterizo de Tah. Un campo de minas señalizado marcaba hasta donde podían adentrase en el Sáhara español.

La marcha verde había cumplido su misión. El 9 de noviembre de hace ahora medio siglo, Hassan II daba por logrado el objetivo. La Marcha Verde se retiró.

El día 14 España firmó el acuerdo tripartito de Madrid por el que cedía la administración de su colonia a Marruecos y también a Mauritania que después se retiró. España arrió la bandera en febrero del 76.


El 50 aniversario de la Marcha de la Verde ha sido justo una semana después del apoyo, por primera vez, del Consejo de Seguridad de la ONU al plan de autonomía bajo soberanía marroquí.

Este año no ha ha habido discurso del rey y Mohamed VI no ha visitado El Aaiún, como en otras ocasiones, al cumplirse una nueva década. El 31 de octubre será, desde ahora, fiesta nacional en Marruecos.

En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, han sido días de reivindicaciones y protestas contra la resolución de Estados Unidos.

El movimiento independentista saharaui nació en 1973 la autodeterminación. Tras la Marcha Verde y el inicio de la guerra, autoproclamó la República Árabe Saharaui Democrática en el 76. Hoy dicen que este plan no les representa. La voz mayoritaria del pueblo saharaui, la voz de resistencia y rechazo a la ocupación.

"Éramos pocos. No teníamos Ejército, no teníamos aliados, no teníamos embajadas y hemos demostrado que podemos resistir más"

El alto el fuego llegó en el 91. El Polisario lo dio por roto en 2020. Sembrado de minas… un muro de arena de 2.700 km, construido por Marruecos en los años 80, separa el territorio controlado por Rabat, el 80%, del 20% bajo control del Polisario. La zona del muro se considera uno de los campos de minas más grandes del mundo.

Ahmed de 78 años perdió las dos manos en el 84. "Estaba quitando una mina. No sabía que estaba conectada a otra y me explotó en las manos. Fue durante una operación militar. Las ponían bajo los árboles". Ahmed lleva toda su vida en los campamentos de Tinduf.

El último censo, de 2015, cifra en 173.000 los saharauis que viven en ellos. Para varias generaciones, son su único hogar conocido.

En el Aaiún, la presencia militar y policial marroquí es permanente, se hace notar. Esta es la casa de la activista saharaui, Aminatur Haidar. Asegura que aquí los saharauis son apenas el 25% de la población. "No es una Marcha Verde, para mí una marcha de sangre. 50 años de sufrimiento, de vulneración del derecho internacional”.

Marruecos sigue torturando, la opresión sigue igual. En la Comisión Regional de Derechos Humanos del Consejo Nacional de Marruecos nos dicen que están cambiando las denuncias. Antes estaban relacionadas con las libertades públicas, con el derecho a manifestarse. Ahora, la mayoría de las denuncias Tienen que ver con derechos económicos: falta de trabajo, de acceso a la sanidad.


Bashir Edkhil es saharaui y apuesta por el plan de autonomía y la soberanía de Marruecos. Fue uno de los fundadores del Frente Polisario. Hoy está muy lejos de sus posiciones. "Fue un conflicto de la guerra fría. Ha cambiado el mundo. La fórmula es la está intentando encontrar la ONU a través de una solución pragmática".

Lograr el reconocimiento internacional de su soberanía sobre el Sáhara Occidental es el pilar de la política exterior de Marruecos. En su mapa oficial ya es parte del territorio marroquí.

Trump marcó el punto de inflexión en 2020, al reconocer la soberanía y auspiciar los acuerdos de Abraham entre Israel y Marruecos.

En 2022 España dio un giro a su posición histórica al apoyar el plan de autonomía, tras décadas en las que como ex-potencia colonial mantuvo una postura ambivalente, siempre bajo el paraguas de Naciones Unidas.

España considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007 como la base más seria, realista y creíble para resolver este problema. Francia reconoció la soberanía hace un año. Reino Unido el plan de autonomía unos meses atrás.

"La acumulación de estos reconocimientos ha contribuido a crear una dinámica, un moméntum en el Consejo de Seguridad y en el conjunto de la comunidad internacional".

El Consejo de Seguridad ha renovado un año la MINURSO, creada en el 91 para supervisar el alto el fuego y para llevar a cabo un referéndum saharaui, misión que nunca se ha cumplido.

En 2020 la escalada bélica de la guerra intermitente entre Marruecos y el Frente Polisario, un conflicto desigual donde el hambre, la sed y el bloqueo de la ayuda, son armas de guerra empleadas por el régimen del sátrapa Mohammed VI, vivía un nuevo repunte, mientras Occidente estaba distraído mirándose las mascarillas. La crisis humanitaria resultante se soterraba entre la inmediatez de la pandemía, el racismo y la vergüenza histórica de una nación que miró para otro lado con respecto a sus propios compatriotas y el cortoplacismo del no molestar del gobierno "más progresista de la Historia", que hacía lo de siempre: traicionar a sus bases, a sus ideas y a sus propias palabras.

La propuesta en ese momento, avalada por la resolución de hace unos días, ha sido obtener un estatus definitivo sobre el Sáhara otorgándole una autonomía desde arriba y bajo control marroquí. Indudablemente el gran beneficiado será Rabat porque podrá apoderarse de los recursos económicos del territorio saharuí y se convierte en un actor con un peso aún mayor en el continente y en las relaciones entre África, Europa y las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia). Todo esto, por cierto, añade más incertidumbre y da aire a las reclamaciones de soberanía de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, que no olvidemos están amparadas por la administración Trump, en contra de los intereses de España.

Y mientras sobrevive la dignidad de la resistencia saharuí enarbolada en el Frente Polisario, reclamando la activación social del pueblo español, "de los pueblos españoles" para protestar y llevar a España a una posición que respete la legalidad internacional y los derechos humanos del pueblo saharuí. Posición está que también es reclamada por otros agentes en el conflicto como pueda ser Argelia o la Unión Africana.

 

Por ejemplo, destaca Villa Cisneros, ahora Dajla, es el gran motor económico del plan de autonomía marroquí. Aquí el viento sopla 300 días al año. Hay más de 3000 horas de sol. Es un paraíso para el kitesurf, el windsurf. Bajo sus aguas hay un enorme, rico y disputado caladero de pesca. Hoy sus 740 km de costa están en plena transformación. Inversiones millonarias en Dajla que quiere convertirse en la puerta de entrada y salida entre África y el Europa y ser el puerto de los países del Sahel. En cuatro años quieren que esté acabado el mega puerto atlántico que podrá gestionar 35 millones de toneladas de mercancías. También se está construyendo una desalinizadora.

"Tenemos inversiones españolas, sobre todo en el sector pesquero. Incluso hay demanda de inversiones de empresas estadounidenses, chinas e indias".



Tierra adentro, las arenas de desierto esconden uno de los mayores yacimientos de fosfatos del mundo, la mina de Bucra, que sigue funcionando desde los tiempos de la colonia española.

El pueblo saharaui denuncia el expolio de sus recursos en uno de los lugares menos poblados del mundo.

Se pone el sol en El Aaiún, mientras un nuevo horizonte se abre en un conflicto encallado desde hace medio siglo.



La resistencia del pueblo saharauí, encarnada de manera predominante en las mujeres, como Aminetu, contra la política de hechos consumados, planificados y ejecutados desde las altas esferas. Un pueblo olvidado y utilizado como moneda de cambio, incluso a veces por quienes se auto-proclaman "sus defensores en España". Un pueblo con personas incluso con DNIs españoles, compatriotas alejados de su país, expulsados del territorio. Acampados sinedie en medio del desierto, huyendo, escondiéndose. Del ejército marroquí que los tortura y asesina, sin que ni siquiera un tibio gobierno socio-liberal levante la más mínima voz contra esa salvajada. Que los denigra y niega los derechos humanos, incluido su derecho de autodeterminación.

 

No podemos, no debemos, olvidarlos y dejarlos atrás. Por un Sáhara libre.

 

martes, 21 de octubre de 2025

Yungblud, ¿el nuevo Rey?


 

El pasado sábado 11 de octubre nos movimos a Madrid para ver en concierto a Yungblud, en un regalo que hice a mi chica, por tantos momentos y sacrificios hechos por ella ante mis caprichos y necesidades. Como paradoja y después de llevar ya 10 añazos arrastrándola a conciertos heavys, hicimos 400 kilómetros para ver a un artista de rock, con buena relación con el Metal. Tanto es así que ya hay quien lo ve como el relevo en la escena rockera internacional.

Al llegar las inmediaciones del Palacio de Vistalegre eran las de un concierto propio de un fenómeno de masas adolescente. La vuelta a la manzana hasta la calle que rodea la Quinta de Vistalegre, para encontrar nuestro sitio en la fila, era un paseo rodeado de gente joven, alguna muy joven. La mayoría chicas, algunas acompañadas por mayores, sus padres supongo, casi todas en grupo. Las indumentarias cercanas al metal gótico. Mucho negro y encaje, mucha bota y mucha media de rejilla, falda o pantalón de cuero y ojos sombreados. Si hubierais puesto la misma atención de vuestro dresscode a dejar la calle sin tanta basura nos hubiera ido a todos mejor.

Una de las primeras satisfacciones dentro del recinto, al que volvía, ni se sabe cuántos años hace ya de ver partidos del Estu y algún que otro concierto, fue que la sala está muy renovada en el interior. Me parece acogedora, diáfana y accesible. La segunda fue que el pincha del local, desconozco si de forma autónoma o por prescripción del cabeza de cartel, nos fue colocando algunos imperecederos de buen hard rock e incluso Heavy. Por desgracia, no estoy acostumbrado entrar en un ambiente tan masivo y que te estén poniendo She Sells Sanctuary de los infravaloradísimos The Cult. Mientras mi chica y yo la celebrábamos, por desgracia pasaba desapercibida entre la chavalería.

Entraron temas enlatados para ir calentando el ambiente de Mötley Crue, los Rolling, Guns and Roses, Audioslave entre otros para abrir los teloneros de la velada. Los dos grupos británicos -bueno de estilo seguro ambos, pero uno proviene de Estados Unidos-, que abrían al cabeza de cartel eran perfectos desconocidos que hicieron acto de presencia para recordarnos a algunos y descubrir a otros que en el Reino Unido existe una escena músical de rock espectacular y que salen bandas cada día con talento, con tablas y con mensaje.

Me gustaron especialmente los primeros, Weathers, a los que obviamente desconocía, pero que me sonaron muy frescos pese a presentar unas notables influencias a bandas de gran recuerdo como Placebo o Super Grass. Los segundos, originarios de Las Vegas, Palaye Royale, no me disgustaron en absoluto, pero su sonido me dejo más indiferente, aunque si bien como digo, la pericia técnica de ambas bandas es notable y merecen tenerlos en cuenta. Qué tiempos aquellos en los que cada mes te llegaban propuestas de rock desde el otro lado del Canal.

Rompía el silencio el War Pigs de Black Sabbath ante la demencia de a quienes nos vuelve locos este verdadero himno del Metal y de la música. El humo inundaba el escenario y el griterío de la muchachería, no sofocaba ni los acordes de Iommy, ni la voz de Ozzy, por más que los juveniles nervios se exaltaban según rompían los segundos previos al espectáculo.

 

 

Los músicos tomaron posiciones en penumbra, y de repente, se hizo la luz. Dominic Richard Harrison, un chico de 28 años salía con gafas de sol, sonrisa burlona y pose de estrella para desatar la locura con Hello Heaven, Hello, su tema estrella de su último disco, Idols, que nos venía a presentar. Y qué manera de marcar territorio. La canción suena redonda, muy bien ajustada para ser comienzo del concierto y no merma durante los nueve minutos de duración. El público encendido y Yungblud con la actitud necesaria para hacer que todos los presentes disfruten. 

Se saca el chaleco de animalprint para quedarse a pecho descubierto en el coso carabancheleño. Vuelan las gafas de sol y entra sin dilación el segundo trallazo The Funeral, temazo brutal de su anterior disco que a mi me ha enganchado mucho desde que mi mujer me lo dio a conocer.

El frontman, absoluto protagonista, corre, salta, se divierte y hace que el público, ya predispuesto, tome partida. Las llamaradas restañan en el escenario, estalla el confeti hasta en dos ocasiones, blanco y rojo, mientras Yungblud interpela al público, dialoga con él, cantando y la mayoría de las veces hablando directamente. En el quinto corte, con la platea entregada, sube a un chaval al escenario para que le acompañe a la guitarra en Fleabag, en una divertida interpretación celebrada con ahínco por el público.

Así hasta el momento culminante, su versión del Changes, de Black Sabbath dedicada con cariño y dolor por la reciente pérdida, que nos lleva a varios a señalar el cielo mientras se inunda los ojos de lágrimas. Por desgracia, buena parte del público, por lo menos a mi alrededor, no acabó de entender el sentido del momento, ni tampoco las propias lágrimas de Yungblud que acababa el cover mirando también al cielo y susurrando algo a Ozzy. Sin duda, el instante culmen de todo el concierto.

De ahí y hasta el cierre más carreras y saltos. Interacciones con el público. Algunas físicas caminando sobre y mezclándose con ellos. Otras pidiendo máxima implicación a los brazos y las manos. Algunos desajustes técnicos, tomados con risa. Destilando una pose que parece querer romper el espacio sagrado de los totem del género. Como si viniera a apropiarse algo que está desierto o usurpado desde hace mucho tiempo.

Quizás se deba a que éramos de los más veteranos en el concierto, pero con todo estuvimos en una demostración más, y no será la última, de que el rock está muy vivo. De qué hay cantera. Hay pasión. Y ganas de pasarlo bien con la música bien hecha como excusa. Si puede haber ese relevo entre aficionados al género es porque existen artistas y propuestas como las de Yungblud, capaces de irradiar hacia los más jóvenes. Y en especial al público femenino.

Desde luego, Yungblud ejercita sobre el escenario su propio estilo y personalidad. Pero también las influencias de la música que le gusta y ha compuesto su balance. Se nota esa afinidad con Ozzy y también con Steve Tyler. Veo detalles de Iggy Pop, por supuesto, de Freddy Mercury, y también las más glameras a lo Vince Neil. Con todo lo malo y bueno que tiene. En conjunto es capaz, y bien que se le agradece, de hacer de correa de transmisión de la música rock entre generaciones, y está llamado a convertirse en un referente.

A mi juicio tiene mucho mérito, que en la actualidad, un chaval haciendo rock (ignoro sus poderes y si viene o no desde el arroyo) sea capaz de hacerse un nombre y arrastrad a una multitud de personas jóvenes, muchas chicas y mujeres, hasta un concierto de género. Que escriba letras concienciadas con los problemas generacionales, de identidad, muchos de índole psicológica y todos complejos y trascendentes en una vida. Hoy en día, con la música prefabricada y las letras para idiotas donde la mujer es hiper sexualizada. Donde el algoritmo marca la música como un producto más de usar y tirar. Cuando todo es marketing e impacto en las redes sociales lo que marca el ritmo de qué se escucha y qué pasa ignorado o desapercibido. Cuando más imposible parece. Cuando la homogeneidad cultural es más totalizadora, todavía salen nuevas propuestas que reverdecen los viejos laureles del rock. Que proponen canciones claramente generacionales, como Hello Heaven, Hello con la también abre este último disco, sin importarle que dure más de nueve minutos en la era del consumismo rápido de usar y tirar. Una valiente declaración de intenciones.

Entre lo negativo la corta duración del setlist puesto que este buen mozalbete atesora una buena retahíla de temas para paladear en directo. Y sin embargo, tras hora y media cerró la sesión con el temazo Zombie. Echamos en falta, sobretodo mi mujer, canciones como Mars, Parents y fundamentalmente Polygraph Eyes que es de las que me había gustado de los deberes como escuchas previas a los que me había comprometido. Entiendo que después de la intensidad exhibida y la exigencia física adquirida Yungblud se retirara exhausto, pero fue una pequeña desilusión ante la propuesta de un artista que precisamente ha exhibido talento interpretativo y compositivo como para abrir discos con temas de casi 10 minutos.

Tampoco me hizo una ilusión extrema los muchos cortes al desarrollo continuo de las canciones y la música. Interpelar al público está bien, pero en mi opinión, estas deben ser breves y cortas, no hacerse repetitivas y ni romper la dinámica propia de la música y su interpretación. Hacerse más para emocionar que para una foto o una pose, pero es innegable que la conexión conseguida con el público fue colosal, gracias a la espontaneidad y naturalidad con la que se hacían, y llevo a ambos, cantante y platea, a una catarsis tremenda.

Son mis cosas, como también el ver que algunos tramos del guitarra principal (lo tenía enfrente) estaban sampleados. Pero eso ya para el oído y ojo expertos. O tener que lidiar con mendrugas que protestan porque se saca una camiseta con mensaje cuando ni ha empezado el concierto, pero que no protestan cuando todo se inunda de móviles haciendo videos. Por cierto, de verdad, no hay que grabar el concierto ni hacer 300 fotos que además van a quedar regu. De nada, eh

Y sin embargo, la satisfacción con el concierto de Yungblud fue plena y se hará poderosa en la memoria con el tiempo. Un concierto sin fisuras, coherente en su propuesta de caos y emoción.

Quizá asistimos, sin saberlo, al advenimiento de la nueva rockstar, el nuevo icono que engarce a las nuevas generaciones, y en especial a las féminas, al mundo del rock y del Heavy Metal. El Mesías que abra la puerta del Valhalla a todos aquellos que viven cegados bajo la tiranía del algoritmo del más adinerado y de la laminación multicultural. Que rompa los rigores de la uniformidad musical.

¡Larga vida a Yungblud! ¡Larga vida a la música! ¡Larga vida al rock!

 

 

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