Esta
entrada podía haberse titulado “50 años de la Marcha
Verde”. O “El día que dejamos abandonados a unos
cuantos españoles”. De hecho, este segundo título era el
que tenía apuntado para entrar un día en materia sobre la
descolonización de los territorios españoles en África.
Desde
1884 el Sáhara español estaba considerado una provincia más del
estado por lo que había sobrepasado el estatus previo de colonia. En ese año y de una forma asombrosa, España había incorporado el territorio Occidental del Sáhara a la corona. Y lo había hecho sin derramar ni una sola gota de sangre y por el módico precio de 7.500 pesetas. Pero más aún de este hecho insólito aparece otro aspecto donde radica la modernidad política que, paradójicamente, siempre tuvo el imperialismo y colonialismo español. Mientras en pleno siglo XIX otras potencias ni consideraban como seres humanos a los indígenas de los territorios que conquistaban, España envuelta en los ecos de la lucha entre la modernidad de la Revolución La Gloriosa de 1868, el limitado experimento republicano y liberal y la posterior Restauración Borbónica otorgaba al territorio adquirido la misma consideración que a las otras provincias de la Corona. La peculiaridad viene en que legalmente
estos territorios, y lo más importante, sus habitantes estaban
incorporados al “Reino de España”, por lo tanto, estos eran
ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los nacidos en
la península. Ni siquiera la infame Conferencia de Berlín (1885)
donde las potencias europeas se repartieron África como si fuera una
tarta, tocó el estatus que habían recién adquirido el Sáhara, y
si que había marcado la naturaleza geográfica de la provincia a
través de acuerdos con el Imperio colonial francés.
En
este sentido radica la principal diferencia, y que ha marcado de
manera constante y determinada la realidad del pueblo saharauí,
con el resto de imperios coloniales europeos. Mientras en el caso
español había que integrar (en teoría) a una población con
derechos de ciudadanía iguales a los de la metrópoli, en el caso de
los imperios británico o francés las poblaciones autóctonas,
sobretodo si eran indígenas, es decir, racializadas, componían una
suerte de ciudadanos de segunda o de tercera, sin apenas derechos,
sometidos a los deseos de quienes explotaban la colonia y cuyas
condiciones no generaron ni el más mínimo sentido de
responsabilidad en Londres o en París. Luego llegaron las
descolonizaciones violentas en Zimbabwe, Sudáfrica, el Congo,
Rwanda, Uganda, Argelia, Somalia, Sudán, etc., y los problemas que
hoy continúan y se agravan.
Pero por desgracia este estatus significativo no ha supuesto un futuro y una mayor autonomía para el pueblo saharauí que ha sido moneda de cambio entre potencias y países, y peor aún entre "líderes" y reyes de la peor calaña humana. Un pueblo apátrida, que malvive expulsado de su territorio desde hace 50 años y que con su lucha ha compuesto, junto a Palestina, uno de los grandes emblemas e inspiraciones de identidad, dignidad y resistencia.
Justo a punto de cumplir esos 50 años desde la expulsión violenta del pueblo saharuí de su país, con la ocupación de la Marcha Verde ("Negra" para los saharuís), la salida indecorosa de la ocupación española la resolución 2792 de 2025 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado día 31 de octubre ha validado el plan de Marruecos con respecto al Sáhara, dejando de lado la opinión del pueblo saharuí, y su aspiración a constituirse como un Estado propio e independiente.
De facto la ONU, es decir las potencias Occidentales y eminentemente bajo el interés de la actual administración de Estados Unidos han dado su visto bueno a la anexión del territorio del Sáhara Occidental por parte de Marruecos. Si bien la resolución contempla una solución "mutuamente aceptable", es decir, tanto por Marruecos como por el Frente Polisario, la realidad es que la autonomía marroquí se instala como solución preferida, convirtiéndose de facto en el camino de ruta para desbloquear la situación. De este modo se satisfacen las altas expectativas de Marruecos para favorecer su ocupación del territorio. También quedan contentos los agentes internacionales en su disputa geoestratégica. España parece respirar alividada quitándose un problema de encima que podría traer futuras crisis migratorias y de asimilación de población (por cierto, población española, no lo olvidemos). Francia fue parte activa en la aprobación de la resolución que seguro tendrá contrapartidas en otros escenarios para que China y Rusia no hicieran valer el veto, y simplemente se abstuvieran.
La fecha se ha celebrado como
en las grandes celebraciones futbolísticas. La euforia se desata en
Marruecos tras el apoyo de Naciones Unidas al plan de
autonomía bajo soberanía marroquí para el Sáhara Occidental.
Un
día negro para el Frente Polisario, también para su aliado Argelia y su
lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui: "Entre
ser marroquíes o resistir, resistiremos".
Y
esto ocurre justo cuando se cumplen 50 años de la Marcha Verde,
que lo inició todo.
La retirada de España de su colonia. El comienzo de una guerra por el
Sáhara Occidental. Para Marruecos son sus provincias del sur. Para el Frente Polisario, la patria ocupada. Para Naciones Unidas es aún
un territorio no autónomo, la última colonia de África.
El
Aaiún significa "las fuentes" en árabe. Esta
ciudad que hoy tiene 200.000 habitantes fue la capital del Sáhara
español, la provincia 53, fundada por militares como enclave
estratégico.
La
colonia española estaba en la parte occidental del Sáhara, en el
noroeste de África. Situada a orillas del atlántico, frente a las
islas Canarias. Villa Cisneros y Esmara también formaban parte de
ella. Todavía quedan huellas de los casi 100 años de presencia
española aquí.
El
Colegio La Paz, que pertenece al Estado español, lleva más de 60
años en el Aaiún. Nunca ha cerrado sus puertas. Hoy está en pleno
auge.
"Aquí
hay inquietud por recuperar el español, interés por el español. La
gente mayor quiere que le hables en español"
"Ha
llegado a estar abierto con un alumno y un profesor. Y poco a poco
hemos ido creciendo. Actualmente, hay 22 profesores, 328 alumnos y
una lista de espera increíble".
A
la iglesia de San Francisco de Asís la llaman la "catedral
española". Construida en 1954 es uno de los edificios mejor
conservados. El que fuera el casino de oficiales es ahora la oficina
de los bienes del Estado español. Aquí se gestionan, por ejemplo,
las pensiones de los soldados españoles saharauis.
Como
Hamudi. Con 80 años es uno de los pocos veteranos que quedan. Estuvo
en la tercera compañía de la agrupación tropas nómadas. "Fuimos
de patrulla con coches, en camellos…" Tenía 18 años. Fue
también chófer de altos mandos. Pero todo cambió en el 75.
De
la noche a la mañana, los militares le informaron de que volvían a
España, que todo iba a cambiar. Le ofrecieron irse con ellos "Yo
he dicho me quedo aquí. Tengo padre, madre. Son muy mayores. Tengo
hijos, varios hijos aquí". Con 30 años colgó el uniforme
para dedicarse a trabajar la plata. Desde entonces cobra 400 euros de
pensión del estado español.
El
rey de Marruecos, Hassan II, habló en TVE de la Marcha Verde,
la movilización de miles de civiles desarmados para entrar en el
Sáhara español y reclamar el territorio después de que el Tribunal
de La Haya no se lo concediera.
Fue
el 6 de noviembre de 1975. En España, la dictadura agonizaba. A
Franco solo le quedaban 2 semanas de vida.
Marruecos
contaba con el apoyo, entre otros, de Estados Unidos. Kissinger, en
plena guerra fría, veía en el Frente Polisario y su aliado Argelia
satélites de La Unión Soviética.
"El
Rey pidió 350 000 voluntarios. El 10% tenían que ser mujeres. Hubo
un millón de inscritos. Hicimos una selección". Tamim fue uno
de los organizadores de la Marcha Verde.
"No
se podía ir en un único frente. Abrimos otros dos. Así, si España
tuviera malas intenciones y quisiera atacarnos, tendría que
dividirse".
Había
soldados marroquíes en la Marcha. El puesto está ocupado por
fuerzas del ejército marroquí. El ejército español retrocedió.
Dejó una franja libre de unos 10 km desde el puesto fronterizo de
Tah. Un campo de minas señalizado marcaba hasta donde podían
adentrase en el Sáhara español.
La
marcha verde había cumplido su misión. El 9 de noviembre de
hace ahora medio siglo, Hassan II daba por logrado el objetivo. La
Marcha Verde se retiró.
El
día 14 España firmó el acuerdo tripartito de Madrid por el que
cedía la administración de su colonia a Marruecos y también a
Mauritania que después se retiró. España arrió la bandera en
febrero del 76.
El
50 aniversario de la Marcha de la Verde ha sido justo una semana después del
apoyo, por primera vez, del Consejo de Seguridad de la ONU al plan de
autonomía bajo soberanía marroquí.
Este
año no ha ha habido discurso del rey y Mohamed VI no ha visitado El
Aaiún, como en otras ocasiones, al cumplirse una nueva década. El
31 de octubre será, desde ahora, fiesta nacional en Marruecos.
En
los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia,
han sido días de reivindicaciones y protestas contra la resolución
de Estados Unidos.
El
movimiento independentista saharaui nació en 1973 la
autodeterminación. Tras la Marcha Verde y el inicio de la guerra,
autoproclamó la República Árabe Saharaui Democrática en el 76.
Hoy dicen que este plan no les representa. La voz mayoritaria del
pueblo saharaui, la voz de resistencia y rechazo a la ocupación.
"Éramos
pocos. No teníamos Ejército, no teníamos aliados, no teníamos
embajadas y hemos demostrado que podemos resistir más"
El
alto el fuego llegó en el 91. El Polisario lo dio por roto en
2020. Sembrado de minas… un muro de arena de 2.700 km, construido
por Marruecos en los años 80, separa el territorio controlado por
Rabat, el 80%, del 20% bajo control del Polisario. La zona del muro
se considera uno de los campos de minas más grandes del mundo.
Ahmed
de 78 años perdió las dos manos en el 84. "Estaba quitando
una mina. No sabía que estaba conectada a otra y me explotó en las
manos. Fue durante una operación militar. Las ponían bajo los
árboles". Ahmed lleva toda su vida en los campamentos de
Tinduf.
El
último censo, de 2015, cifra en 173.000 los saharauis que viven en
ellos. Para varias generaciones, son su único hogar conocido.
En
el Aaiún, la presencia militar y policial marroquí es permanente,
se hace notar. Esta es la casa de la activista saharaui, Aminatur
Haidar. Asegura que aquí los saharauis son apenas el 25% de la
población. "No es una Marcha Verde, para mí una marcha de
sangre. 50 años de sufrimiento, de vulneración del derecho
internacional”.
Marruecos
sigue torturando, la opresión sigue igual. En la Comisión
Regional de Derechos Humanos del Consejo Nacional de Marruecos nos
dicen que están cambiando las denuncias. Antes estaban relacionadas
con las libertades públicas, con el derecho a manifestarse. Ahora,
la mayoría de las denuncias Tienen que ver con derechos económicos:
falta de trabajo, de acceso a la sanidad.
Bashir
Edkhil es saharaui y apuesta por el plan de autonomía y la soberanía
de Marruecos. Fue uno de los fundadores del Frente Polisario. Hoy
está muy lejos de sus posiciones. "Fue un conflicto de la
guerra fría. Ha cambiado el mundo. La fórmula es la está
intentando encontrar la ONU a través de una solución pragmática".
Lograr
el reconocimiento internacional de su soberanía sobre el Sáhara
Occidental es el pilar de la política exterior de Marruecos. En
su mapa oficial ya es parte del territorio marroquí.
Trump
marcó el punto de inflexión en 2020, al reconocer la soberanía y
auspiciar los acuerdos de Abraham entre Israel y Marruecos.
En
2022 España dio un giro a su posición histórica al apoyar el plan
de autonomía, tras décadas en las que como ex-potencia colonial
mantuvo una postura ambivalente, siempre bajo el paraguas de Naciones
Unidas.
España
considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007
como la base más seria, realista y creíble para resolver este
problema. Francia reconoció la soberanía hace un año. Reino Unido
el plan de autonomía unos meses atrás.
"La
acumulación de estos reconocimientos ha contribuido a crear una
dinámica, un moméntum en el Consejo de Seguridad y en el conjunto
de la comunidad internacional".
El
Consejo de Seguridad ha renovado un año la MINURSO, creada en el 91
para supervisar el alto el fuego y para llevar a cabo un referéndum
saharaui, misión que nunca se ha cumplido.
En 2020 la escalada bélica de la guerra intermitente entre Marruecos y el Frente Polisario, un conflicto desigual donde el hambre, la sed y el bloqueo de la ayuda, son armas de guerra empleadas por el régimen del sátrapa Mohammed VI, vivía un nuevo repunte, mientras Occidente estaba distraído mirándose las mascarillas. La crisis humanitaria resultante se soterraba entre la inmediatez de la pandemía, el racismo y la vergüenza histórica de una nación que miró para otro lado con respecto a sus propios compatriotas y el cortoplacismo del no molestar del gobierno "más progresista de la Historia", que hacía lo de siempre: traicionar a sus bases, a sus ideas y a sus propias palabras.
La propuesta en ese momento, avalada por la resolución de hace unos días, ha sido obtener un estatus definitivo sobre el Sáhara otorgándole una autonomía desde arriba y bajo control marroquí. Indudablemente el gran beneficiado será Rabat porque podrá apoderarse de los recursos económicos del territorio saharuí y se convierte en un actor con un peso aún mayor en el continente y en las relaciones entre África, Europa y las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia). Todo esto, por cierto, añade más incertidumbre y da aire a las reclamaciones de soberanía de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, que no olvidemos están amparadas por la administración Trump, en contra de los intereses de España.
Y mientras sobrevive la dignidad de la resistencia saharuí enarbolada en el Frente Polisario, reclamando la activación social del pueblo español, "de los pueblos españoles" para protestar y llevar a España a una posición que respete la legalidad internacional y los derechos humanos del pueblo saharuí. Posición está que también es reclamada por otros agentes en el conflicto como pueda ser Argelia o la Unión Africana.
Por ejemplo, destaca Villa
Cisneros, ahora Dajla, es el gran motor económico del plan de
autonomía marroquí. Aquí el viento sopla 300 días al año. Hay
más de 3000 horas de sol. Es un paraíso para el kitesurf, el
windsurf. Bajo sus aguas hay un enorme, rico y disputado caladero
de pesca. Hoy sus 740 km de costa están en plena transformación.
Inversiones millonarias en Dajla que quiere convertirse en la puerta
de entrada y salida entre África y el Europa y ser el puerto de los
países del Sahel. En cuatro años quieren que esté acabado el mega
puerto atlántico que podrá gestionar 35 millones de toneladas de
mercancías. También se está construyendo una desalinizadora.
"Tenemos
inversiones españolas, sobre todo en el sector pesquero. Incluso hay
demanda de inversiones de empresas estadounidenses, chinas e indias".
Tierra
adentro, las arenas de desierto esconden uno de los mayores
yacimientos de fosfatos del mundo, la mina de Bucra, que sigue
funcionando desde los tiempos de la colonia española.
El
pueblo saharaui denuncia el expolio de sus recursos en uno de los
lugares menos poblados del mundo.
Se
pone el sol en El Aaiún, mientras un nuevo horizonte se abre en un
conflicto encallado desde hace medio siglo.
La
resistencia del pueblo saharauí, encarnada de manera predominante en las mujeres, como Aminetu, contra la política de hechos consumados, planificados y ejecutados desde las altas esferas. Un pueblo olvidado y utilizado como moneda de cambio, incluso a veces por quienes se auto-proclaman "sus defensores en España". Un pueblo con personas incluso con DNIs españoles, compatriotas alejados de su país, expulsados del territorio. Acampados sinedie en medio del desierto, huyendo, escondiéndose. Del ejército marroquí que los tortura y asesina, sin que ni siquiera un tibio gobierno socio-liberal levante la más mínima voz contra esa salvajada. Que los denigra y niega los derechos humanos, incluido su derecho de autodeterminación.
No podemos, no debemos, olvidarlos y dejarlos atrás. Por un Sáhara libre.