martes, 18 de mayo de 2010

El caso Gurtel no sirve de nada



Todos conocéis de sobra los casos de corrupción que afectan al PP y que apuntan a lo más alto: ex ministros de Aznar (como Jaume Matas), el ex tesorero del PP (Luis Bárcenas), alcaldes, concejales, consejeros de comunidades autónomas, diputados nacionales... Además hay otros sospechosos de peso implicados en otras tramas (Fabra, Camps…) y numerosos dirigentes del PP y altos cargos políticos que han dimitido...

Pues bien, me atrevo a decir que nada de esto pasará factura electoral al PP. Llevamos meses conociendo detalles de la corrupción en el PP y los sondeos del CIS siguen otorgando a este partido ventaja sobre el PSOE.

No valen de nada los grandes titulares de los periódicos, ni las grabaciones que airean las radios. No sirven las gargantas profundas, ni las inmersiones en decenas de miles de páginas de sumarios. Todo es inútil.

Una masa compacta de votantes volverá a elegir al PP. Es difícil arriesgar opiniones sobre los mecanismos psicológicos que mueven a cada ciudadano a la hora de votar, pero en España se estila mucho el voto irreflexivo, tradicional, familiar.

Muchas familias votan siempre a lo mismo, por tradición, igual que están abonados a un número de la Lotería de Navidad. Da igual que no salga nunca, es su número. Por lo mismo, da igual si su partido es corrupto, o si no da la talla: es su partido.

Esto pasa tanto en las filas de la izquierda como en las de la derecha. Pero tengo el convencimiento de que en la izquierda la autocrítica es mayor. Lo demuestran varios hechos: en primer lugar hay más partidos de izquierda a escala nacional, en segundo lugar, el PSOE sólo gana elecciones si moviliza a un electorado que está a su izquierda y que es hipercrítico. El PP gana cuando el PSOE no moviliza a ese electorado extra. El PP no moviliza a más gente: moviliza prácticamente siempre a la misma.

Por supuesto habrá muchos votantes del PP que sí sean autocríticos y que castiguen a su formación. Me temo que son minoría.

Hechas estas salvedades, en general el votante de derechas vota “a lo que Dios manda, a lo que tiene que ser”, y punto. Así que no es de esperar que las revelaciones sobre la corrupción en el PP desgasten mínimamente a Rajoy. El PP podría incluso implosionar y llegar sin candidato a las puertas de las elecciones. Con designar a uno en el último momento, ése sacaría nueve millones de votos, si no más.

Por eso Rajoy no hará nada. Sabe que sus votantes son inmunes a todo. Él sólo tiene que esperar y dejar que el PSOE se descalabre. La pasividad es su única (y mejor) estrategia.

Está claro que políticamente este planteamiento aunque no se deba, se hace. El que sea o no, moral, amoral o inmoral es otro tema que o cabe en las mentes de los de la Calle Génova. Tal es su ansía de entrar en La Moncloa, les importa poco sus incongruencias que le llevan a desdecirse cada día, de lo dicho en el anterior. Hemos aguantado hasta la saciedad ruedas de prensa de la derecha pidiendo el paro del déficit público, ordenando al presidente a seguir sus ideas e ideales y castigar, con retórica eso sí, a las clases medias y bajas de los desplantes, corruptelas y acciones especulativas que han volado los mercados y nos han dejado a casi todos con sólo lo puesto.

Tampoco les importa la persistencia del sistema democrático. Afirmo y aseguro que no han oído hablar de la separación de poderes, la independencia de la Justicia o la existencia de los valores morales y democráticos que deberían persistir siempre, pase lo que pase. Esos valores de responsabilidad, profesionalidad política, ética o justicia naufragan ante el continúo desprecio del sistema y las teorías conspiratorias siempre vocíferadas por sus altavoces habituales.

Da igual lo que suceda en la acera contraria del bipartidismo. Es evidente que los casos de corrupción salpican a todos, porque por desgracia, la sinverguencería y la corrupción parecen sustanciales al cargo público desenpeñado. Pero la crítica ya no es a la corrupción en si misma, sino a la doble moral, que la derecha emplea para desvirtuar sus "problemillas" y maximizar los del rival, aunque unos y otros con sus acciones se delatan. No debería de haber una protección al presunto corrupto y la salud democrática debería implicar medidas cortantes: Cese o destitución (lo que los curritos llamamos despido) al presunto implicado, por parte de la dirección del partido y bloqueo de todas las cuentas y bienes de la familia del todavía supuesto corrupto. Y por supuesto una vez probada la acusación, mediante sentencia judicial, promover no sólo a las penas carcelarias, sino también la expropiación de todos sus bienes, y los de su familia tanto política como de sangre hasta la segunda línea. A modo de aviso-barra-escarmiento.

No estaría mal, pero el bipartidismo alienta todo lo contrario y así es imposible avanzar, a menos que seamos la ciudadanía los que volvamos a coger las riendas de las decisiones y las reglas del juego con las que tenemos que convivir Todo para evitar no sólo la corrupción, sino también y no menos importante los agravios comparativos o el despilfarro de instituciones muchas veces mal gestionadas y otras veces inútiles ante un sistema político y una estructura chapucera, autocomplaciente y que premeditadamente dispuso y dispone de los medios y actuaciones necesarios para escapar de la censura y control ciudadano.

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