martes, 6 de diciembre de 2011

¿Qué se supone que celebramos hoy?


viñeta por Manuel Fontdevilla

Hoy 6 de diciembre, se conmemora la aprobación por vía de referendum de la Constitución que artículo todo el período conocido por muchos como Transición. Hace 33 años que esta en vigor un texto legal, cuya vida útil tendria que haber sido de unos 20 años, tiempo que debería haber sido suficiente, para en otro proceso constituyente nuevo, poner a España en vías de una democracia real, europea, avanzada y del siglo XXI, dando así a las reformas y medidas necesarias para garantizar todos los derechos y deberes, y construir con un pacto social en el que toda la ciudadanía tomará las decisiones por consenso para llevar a cabo el cambio que el país necesita.

Todo eso no se ha producido. Seguimos anclados en una transición continuista de la dictadura franquista y en materia política la constitución que hoy se vanagloria con la derecha hegemónica y liberal en la Zarzuela pertenece a un país en blanco y negro; a un país en el que todo quedo "atado y bien atado" por el regimen opresor.

Podríamos hablar de muchas cosas que no se cambiaron hace 33 años y que siguen vigentes, y que ya no necesitan una revisión o actualización, sino que piden, y a gritos, en las calles, un nuevo texto legal. El modelo de estado alejado de la realidad federalista, y que malvive en base a organizaciones administrativas territoriales conocidas como Comunidades Autonómas cuyo mayor avance es concederse un Estatuto cada cierto tiempo, complejo e inocuo. Es Hispanistán, el país de los 17 parlamentos autonómicos. Sobran diputaciones provinciales, el Senado. La jefatura del Estado en manos de una familia bochornosa y abochornante que por fin, ya empieza a constituir un obstáculo en el normal funcionamiento de un país, que hasta hace bien poco veia tan bien la monarquía, dando igual si al actual lo pusiera un dictador, o fuera un memo como Fernando VII o tantos otros. La ley electoral, la situación de la justicia o los apartados de calado social y económico como vivienda o trabajo digno y seguro son cada día pisoteados, convirtiendo nuestra constitución, en una jovén de 33 años con estudios, que vive con sus padres y que malvive entre el paro y el trabajo basura.

En todo este tiempo sólo obtuvo el maquillaje de una reforma insultante y aberrante que consagra nuestro modelo político y nuestro tratado social al neoliberalismo más egoísta, recalcitrante y despota, todo ello sin paso por referendum o consulta popular, por lo que claramente, es anticonstitucional. Tal apelativo, se lo ahorran con unos tribunales absolutamente politizados. Pero ahí la tenemos de tiros largos, recibiendo saludos y prebendas en un momento, en el que una parte importante (por peso numérico, pero sobretodo por simbólico, interesante y sugerente por lo informado y motivados que estamos) de la población ya no estamos contentos con esta falsa democracia y salimos a las calles, desde internet a pedir democracia real ya.

Se ha llegado a este punto en el que una crisis económica nos lleva a toda una generación, y a nivel global, a vivir en peores condiciones que nuestros progenitores y a tener unas expectativas, futuro y sueños recortados y recortables. Es esta crisis, esta estafa absoluta y salvaje lo que nos ha sacado a la calle y lo que nos tiene en pie de lucha y aumentando el número. No hay nada que celebrar, señores. Esta Constitución no vale. NO valdría en una situación económica y social de paz, mucho menos en un momento de indignación y toma de las riendas por parte de los ciudadanos, ante la total inoperancia y mayor sinvergoncería de la clase dirigente y el poder económico y financiero, decididos a sangrar más a las clases medias (realmente siempre hemos sido clases oprimidas) y bajas para mantener sus privilegios.

Las soluciones anti crisis se ponen de manera democrática. No soluciones capitalistas, porque recordemos el capitalismo, el egoísmo y la falta de ética y política nos ha llevado aquí. Medidas como la nacionalización de la banca, una reforma fiscal, el salario mínimo o la pensión mínima, o que se paralicen los procesos en los que la gente pierde sus viviendas siempre que demuestren que no tienen ingresos. Todas esas medidas se pueden hacer con la constitución en la mano.

La Constitución que hoy se celebra, que ampara una transición, son ambas, constitución y transición una estafa. Cada día se cumplen artículos enteros como el 31 sobre la progresividad de la fiscalidad, el de los convenios colectivos… Todo el Título VII sobre economía y hacienda es algo que se incumple totalmente, el tema de la herencia a la corona, el de la adhesión a la Comunidad Europea, lo de la OTAN… Y eso sin entrar en la adhesión trasnochada, con alevosía y agosticidad de la carta magna, se supone garante de las libertades, derechos y deberes de la ciudadanía, al neoliberalismo recalcitrante, sin ni siquiera preguntar al pueblo. El tope de gasto o el escudo antimisiles, han acabado por separar al psoe de sus bases, pero más aún, a una ciudadanía del siglo XXI de un libro que no dice nada.

De entre las cosas a cambiar, o cuando menos a debatir, esta el tema de la monarquía. Aquí se puso un rey, al que se le permite todo, sanidad y educación, gratuitas y sin ningún tipo de limite ni ideológico ni económico, como base de la igualdad y del progreso y crecimiento de la sociedad, son algunos de los retos, de los ataques que sufre el pueblo a través de sus falsos representantes, que en realidad son marionetas de un sistema caprichoso, arbitrario, llamado capitalismo, y que sólo sirve para mantener al 90% de la población oprimida, y a un 10% viviendo lujosamente. Se va a acabar.

Es hora de que la ciudadanía coja su destino, y nos ganemos la democracia. La real y viva, no la que tenemos y que hoy al encender el televisor las mismas caras con los mismos discursos se encargan de celebrar. Esta democracia, que hoy nos aplasta, no nos representa, es anticuada y falaz, y es en este momento es en el que el pueblo español tiene que dejarla de lado, por regalada, y ganarse una democracia plena, que garantice una serie de derechos, libertades y déberes, que día tras día, en Hispanistán, son meados.

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