martes, 8 de febrero de 2011

Por qué lo llaman crisis, cuando se trata de una gran estafa


La Gran Banca Española ganó 14.000 millones en 2010. El beneficio neto de los “cinco grandes” (Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa y Popular) alcanzó esa cifra a pesar de las fuertes dotaciones económicas que hubieron de hacer para afrontar la elevada morosidad y las dificultades que impuso el peor ejercicio de la llamada “crisis mundial”.

El Estado Español hizo en 2007 una dotación a la banca nacional de 30.000 millones de euros, que posteriormente se amplió a 50.000 millones, para hacer frente al debilitamiento de los activos financieros afectados por las hipotecas tóxicas y la explosión de la “burbuja inmobiliaria”.

A partir de ese momento comenzó a hablarse de la “gran deuda pública” y de la necesidad de su recorte, dinámica que desembocó en mayo de 2010 con la adopción de un conjunto de medidas laborales, administrativas y legislativas que supusieron el mayor recorte de derechos sociales que registra la historia de nuestro país.

Resulta evidente quienes han pagado y quienes han sido los beneficiarios de las consecuencias de una “crisis de diseño” de la economía mundial a tenor de resultados como el anterior que se repiten en casi todo nuestro ámbito.

La banca mundial se benefició de las aportaciones que el “papá Estado” le hizo, a pesar de los principios “liberales” por los que decían regirse, y cuando todo el mundo está afectado y sumergido en la crisis que creó su deliberada incompetencia, vuelven a ser los únicos beneficiarios de ese estado de cosas.

Puede decirse a boca llena, no hay crisis, lo que hay es una monumental estafa, mundial, planetaria y calculada. Una agresión sin precedentes del capitalismo contra las clases populares para súper enriquecer a los que ya eran ricos y regresar casi al esclavismo a millones de ciudadanos de todo el orbe.

Es el dinero y la riqueza convertidos en calentura, revelando su extrema naturaleza. Su extracto primordial: el lucro incesante, la estafa y el robo de activos de todo tipo, económicos, sociales, laborales…

Si la sociedad civil de Túnez, Egipto, Yemen y Jordania están dando una lección al mundo para defenderse de la tiranía y la pobreza, el mismo ejemplo tendría validez planetaria para defenderse de las peor de las dictaduras: la de los mercados, divisas y bancos. Ladrones en estado puro.

Ladrones que tenemos que sacar de nuestras vidas, quitarles esa dictadura real y palpable que ostentan. La banca es nuestro dictador. La banca siempre gana, aunque se equivoque. La banca no es productiva, no es eficaz y está sobredimensionada. No hay productos innovadores, solo hay engaños para robar. Cuando más grandes más información privilegiada gozan, esa es la ventaja de los grandes bancos. Además son demasiado grandes para quebrar. El gobierno siempre va a salir en su auxilio. Estamos vendidos a los bancos. Los partidos se financian con los bancos y así están atrapados. Después son los que manejan las grandes empresas porque en muchos casos son los grandes accionistas. Las grandes escuelas de economía están dominadas por la ideología neoliberal, en la que el mantra repetido hasta la infinidad, “desregularizar”, el libre mercado solventará por si solo los problemas sin la intervención del Estado. Los únicos que pueden recibir ayudas es la banca, no podía ser de otra manera. Los mismos que han cometido los errores son los que han puesto en marcha las políticas neoliberales que nos están machacando.

Es verdad que cualquier revolución pone en riesgo nuestro, escaso, bienestar. Es la cadena por la que nos sujetan, y en su fragilidad radica nuestro poder. El paso para que las personas recuperen su fuerza y eliminen el capital, la especulación y los intereses está a la vuelta de la esquina. El trabajo, tesón o talento ya no valen nada. El valor dictado por especuladores en lejanos mercados minimizan los reditos de nuestro esfuerzo y mantienen sostenible el yugo opresor de la falaz y soez mentira del capitalismo.

Una vez más, es el momento de las personas, de la Revolución.

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