martes, 6 de octubre de 2009

El talento

No hay dos personas iguales. A cada uno de nosotros se nos da bien una cosa, mal otra. También alguna regular, pero las menos. Por término medio o lo hacemos muy bien o lo hacemos muy mal. También existe el progreso. Con trabajo y pasión se puede mejorar en todo, en lo que se hace ya bien, pero incluso en lo que no somos diestros llegando a tener un nivel suficiente en la materia, aunque siempre inferior al que lo tiene como habilidades naturales.

Pasa en todo lo de la vida. Estamos más o menos capacitados para relacionarnos con el resto de las personas, con el ambiente y el entorno. Somos más propicios para la educación en sí, y para especialidades de la misma. Los hay mejores y peores en letras, ciencias. Las actividades físicas y deportivas también son un ejemplo de esto último, dotándonos para el deporte en general o no, y ya mucho más particularmente para las distintas disciplinas. La altura, el peso, la fisionomía, la velocidad, la resistencia, la fortaleza y la agilidad nos hacen mejor preparados para especialidades atléticas puras, ya sea sobre tierra firme ejercicios y acrobacias, saltos, carreras y lanzamientos o sobre el agua. El sacrificio, la lucha y el tesón a la hora del entreno y la práctica son armas en la batalla del hombre frente a la centésima, el minuto, el centímetro o el metro, y también son parte importante del éxito en otros deportes en los que el ser humano mide su capacidad frente a otros seres humanos y con elementos de juego como variables que definen la mayor o menos destreza.

Las capacidades físicas condicionan que actividad deportiva nos va mejor, pero no podremos explotarla si no sentimos una verdadera pasión y un gusto por la misma. Pero es el talento el que modula ambos aspectos. La música es también otro aspecto que cumple esta realidad. Tenemos mejor o peor capacidad para su estudio, su comprensión, la composición, la interpretación. Lo mismo pasa con la escritura, o el resto de artes. Su estudio, reflexión y trabajo nos hacen mejorar, conseguir obras más depuradas, detallistas y conseguidas, en las que la belleza y su significado ayudan a construir el alma y la sensibilidad de los iguales.

Hay más condicionantes. A esos condicionantes naturales, de índole física, psicológica y racional, o al simple pero intensamente complejo del talento, se añaden los sociales, la educación, el ambiente en el que cada individuo nos desarrollamos, vivimos, y como ese entorno y todas las personas que confluyen en él nos aportan y nos hacen crecer. Propician la pericia en una disciplina y habilidad en la vida y en muchas ocasiones favorecen su entreno y ejercicio. Estos dos aspectos obviamente son muy importantes en el desarrollo de la actividad y en la pericia con la que definitivamente, somos capaces de desarrollarla. El tesón para el trabajo y el entreno, ese sacrificio diario y continúo en el ejercicio de la perfección nos regala la satisfacción de sabernos bellos e importantes, así como el reconocimiento de todos los que comparten la belleza de una jugada de fútbol, una melodía tocada con el violín, o unas grafías armoniosas que describen porqué la quiero.

Sin duda el trabajo es importante y con él el amor a esa actividad, el placer que nos aporta, porque sin estos factores, es imposible que exista una mejora y un perfeccionamiento por muy bien que estemos capacitados para ese ejercicio. Nadie quiere sufrir, padecer continuos esfuerzos que son requisito indispensable para hacerse especiales. Modular el talento natural y las capacidades heredadas, aprovechando los condicionamientos y las posibilidades que nuestro entorno nos ofrece a través del trabajo y el esfuerzo. Quizás está sea una gran definición de la educación práctica en los hobbies, las aficiones, las asignaturas de una vida, el deporte, la música, la escritura o el arte; pero en mi opinión tiene el error de otorgarle la responsabilidad de lo bello que nos han dejado nuestros antepasados o coetáneos al trabajo, el sufrimiento y el sacrificio, por supuesto importantes, pero yo considero que no podré copiar “La Balsa de la Medusa” de Gericault por múltiples años de estudio y trabajo delante de la obra postrado ante el lienzo. Tampoco seré capaz de interpretar una obra de Mozart al violín, por más horas que pasarás delante de mi, tocando para mi. Y tú tampoco podrás hacer un gol jugando al fútbol como lo hago yo; Sin embargo, mi talento no queda en sombría ante un Messi o un Iniesta, mientras que mi baloncesto es paupérrimo ante Alba Torrens y eso que amo el juego con pasión y reverencia.

Me enorgullece sin embargo escribir bien, tener esta sensibilidad natural para expresarme, escribir lo que siento o sobre lo que quiero disertar, al igual que por ejemplo, sin tener un gran talento para ello, el placer que siento por cocinar (y una buena receta, tiempo y medios para ejecutarla) me permiten seducir el paladar más exigente.

En todo ello no aspiro a superar a nadie. No es mi ansía demostrar y pavonearme mejor que nadie, porque la realidad es que nadie supera a nadie en nada, porque las personas somos poliédricas, multidisciplinares; en un día hacemos múltiples cosas, actividades, trabajos, placeres, para uso propio o para el de nuestros iguales, o nuestros amores. Por todo ello cada persona es especial y merece respeto, consideración...

Quizás alguien pregunte, a qué viene escribir esto. Yo no lo sé. Intuyo que a lo mejor es que ya estoy loco. O aburrido. Posiblemente sea muy chulo, pero seguro, lo que es seguro,... es que estoy enamorado.

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