jueves, 27 de abril de 2017

Una moción de censura por la dignidad

Manzanas podridas

Esta mañana saltaba la noticia. Unidos Podemos anunciaba su intención de promover una moción de censura a Mariano Rajoy y al gobierno del PP, tras unas últimas semanas, en la que los casos de corrupción del Partido Popular han ido estallando, dejando ver el estado podrido de las cosas y el funcionamiento de la mafia para seguir delinquiendo y protegiéndose.
A los pocos minutos ya había reacciones de PSOE, bueno su gestora, y de Ciudadanos, diciendo que no la iban a apoyar, por lo que la viabilidad de tal moción ya resulta quimérica.
Sin embargo, no voy a quedarme con el corto recorrido de la propuesta y si con su necesidad.
El estallido de la Operación Lezo que ha acabado (de momento) con el encarcelamiento del ex-presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González ha vuelto a poner el foco en como funciona #Españistan.
La corrupción es la forma natural y no episódica del capitalismo español, en parte por su desarrollo capitalista tardío y fuertemente ligado al Estado y al sector público que configuró una suerte de relaciones tóxicas para el bien común, en el que el caciquismo, la avaricia y los tratos de favores son el motor de toda actividad económica.
No hay institución que esté libre de éste entramado, no hay empresarios (sobre todo los que se benefician del BOE) que no hayan participado del mismo. Esta trama se llama “Régimen del 78”. No es una mafia que se enquistó, no son unas manzanas podridas que se aprovechan de los recovecos. Es todo el tinglado que montaron con la transición democrática. Durante aquel período había una discusión entre Ruptura y Pacto. Lo que prevaleció fue el acuerdo, el pacto entre el búnker franquista y los dirigentes del PSOE y el PCE. Ese pacto garantizó que el Jefe de Estado (el Rey), las fuerzas represivas, el poder judicial y, sobre todo, las familias que dominan el país (y el BOE), pasen intactas al nuevo sistema “democrático”. Ese menjunje de búnker e izquierda formó un nuevo ente completamente deforme que se llamó “democracia”. Abrió la mano para que participen las burguesías vasca y catalana. Y es así que la charca del franquismo se transformó en la charca del 78. Cambió el nombre, pero no los apellidos de estirpe.
El Estado español se salda así con más de 1.900 imputados hasta la última legislatura en causas por corrupción, de las cuales solo 170 fueron condenados. Y muchos menos han pisado una prisión por lo indulgente de las penas para con estos ladrones de guante blanco, quedando muchas veces en una inhabilitación temporal. De hecho, ha habido 227 indultos que se han llevado a cabo bajo los gobiernos del PP y del PSOE desde 1996 hasta la fecha. La mayoría de estos por delitos de corrupción.
Toda una muestra de la impunidad y el beneplácito del que goza esta actividad. Aunque vale la pena mencionar que también hay unos cuantos indultos a elementos de las fuerzas de seguridad del Estado por abusos y torturas.
El PP de conjunto ya tiene más de 800 dirigentes imputados por corrupción en más de 31 causas. Pero si bien este es el partido de la corrupción por excelencia, no se quedan atrás el resto de partidos del Régimen del 78. Solo tenemos que recordar el caso de los ERE’s en Andalucía, que salpica al PSOE, o el caso de las tarjetas black, que contaba en su lista desde banqueros de Bankia, Rodrigo Rato -su presidente- incluido, hasta políticos de IU Madrid.
La corrupción es inherente a este sistema. Las instituciones están preparadas para ello. Los “dirigentes políticos” obran como conseguidores de obras públicas. Y, por supuesto cobran por ello. Los dirigentes del PP y el PSOE durante cuatro décadas se han encargado de ello. Al igual que Convergència y el PNV. Han conquistado puestos en el aparato del estado en base a demagogia y los han vendido en base a la connivencia con los grandes empresarios.
Y siempre asegurándose la parcial justicia del estado español, donde jueces y fiscales "amigos" llaman y toman cañas con los corruptos, los corruptores y los corrompidos. Se avisan de las investigaciones y confabulan para quitar y poner personajes afines a la causa del expolio nacional y de la estafa a la clase trabajadora. Un escenario que directamente se mofa de la separación de poderes y que necesita, exige y urge un cambio, una revolución.
Y todo ello, mientras se completa otra fase más de la estafa llamada crisis. La gran mentira de la recuperación económica, que con datos e informes se avala como una falacia que sirve para intoxicar las expectativas e ilusiones de la clase trabajadora provocando un afán consumista desmesurado, mientras la verdadera riqueza, se la quedan unos pocos. Durante ya 8 años, los gobiernos, primero del PSOE y luego del PP, aplicaron inmisericordes recortes en los servicios públicos, con una congelación total de los salarios y las pensiones, para ir rescatando cajas, bancos, autopistas y pagando la factura de tanta privatización y tanto armamento del capitalismo de amigotes. Y ahora continúan esas nefastas políticas que aumentan la desigualdad social, que lastran el futuro, que nos obligan a emigrar, que acortan nuestra vida en su cantidad y calidad, mientras unos pocos, los de siempre, se han lucrado salvajamente. Provocaron “la crisis”; les pagamos entre todos las perdidas; y ahora vuelven a quedarse los beneficios habiendo causado estragos en la sociedad..
Por todo ello, desde luego me parece una iniciativa necesaria. Cualquier partido mínimamente democrático no puede seguir mirando hacia otro lado, escurriendo el bulto y resignarse bien por comodidad o por interés particular ante la catarata de situaciones que se están produciendo. Hay que posicionarse, señalar a la cabeza y exigir su cese, así como la disolución completa del PP y la fiscalización de todas las cuentas, las suyas propias, y las de las administraciones y empresas públicas, que desgraciadamente para el interés general, han gestionado todos estos años.
Como decía más arriba este planteamiento quedará como gesto simbólico. Tanto Ciudadanos, como PSOE, o repito, su gestora, son necesarios para convertirlo en efectivo y quitar del gobierno a esta banda de criminales, aunque fuera para convocar elecciones al día siguiente y que el pueblo decida. Pero no lo van a hacer. Van a permitir que siga Rajoy porque es lo que sus amos, el IBEX35 y la oligarquía rancia y facha les exigen. Pero al menos, se habrán quitado las caretas.
Es cierto que hay riesgo para la coalición de izquierdas, Unidos Podemos, al buscar la colaboración con PSOE para destituir a Mariano Rajoy y su recua de corruptos del gobierno. En caso de apoyo, lógicamente, el PSOE debería ofrecer al nuevo, o nueva, jefe de gobierno, lo que les daría protagonismo y alas justo en su momento más bajo y cuando la caída parece no tener más fin que el colapso de la formación como pasó en Grecia (PSOK) y esta misma semana en Francia (el PSF de Hollande).
La ciudadanía se ha de dar cuenta de quienes son los responsables de la corrupción, tanto quien la ejecuta el PP, y quienes les sostienen, y votar y obrar en consecuencia. Hay comportamientos que la democracia y la ética no pueden permitir, y para ello, dolorosamente en este país es tiempo de educación y de activación ciudadana.
Pero no debemos quedarnos en plantear una moción de censura, sea cual sea su resultado. Tan necesaria e imprescindible como la moción es volver a llenar las calles y las plazas contra la mafia corrupta que nos des-gobierna y nos empobrece. Hay que dignificar el país y más allá de las administraciones y mensajes y efectos institucionales se hace necesario hacerlo profundizando en el discurso de clase y volviendo a reactivar las mareas desde una posición de igual a igual para que sean las calles las que tomen un debate político constructivo y en caso, de no prosperar, en estos tres años hasta las siguientes elecciones generales generar un clima de revolución que permita transformar este país y está sociedad, en un lugar con futuro y dignidad.
Para hacer volar los candados del 78, hay que acabar con la casta de los conseguidores, la Constitución, la Monarquía y todas las reaccionarias instituciones que durante la Transición impusieron.
Hay que imponer unas Asambleas Constituyentes en las cuales se permita la autodeterminación de los pueblos, se re-ordene la representación con una sola cámara que sea legislativa y ejecutiva, mediante el voto en jurisdicción única, se acabe con los jueces franquistas y puedan ser elegidos por el voto directo, que los cargos electos cobren como un obrero cualificado, y que comience a resolver los graves problemas sociales comenzando con el reparto de horas de trabajo entre todos y con un salario digno, el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca y empresas estratégicas bajo control de los trabajadores, entre otras.
Unas Asambleas de este tipo, de ninguna manera serán convocadas por el PP y el PSOE (o Ciudadanos), ni por este mismo régimen del 78. Solo mediante la organización y lucha de los trabajadores y el pueblo podremos conseguirlas para acabar con el Régimen del 78 y decidir realmente cómo resolver todos los problemas sociales, en la lucha por un gobierno de los trabajadores.