martes, 9 de diciembre de 2008

En guardia!!!!



Cómo no hay novedad sin movimiento, cómo el miedo no me va a vencer y porque siempre se encuentran brazos sobre los que apoyar, por qué quedarse en casa y naufragar en llanto cuando hay más mundo que el que vemos, y mil y un cuentos que solviantan nuestros sueños y alma. Por eso si por la noche, algo se mueve en la ciudad, no vamos a dejarlo pasar... Nos vestiremos para la ocasión tal y como dicte el protocolo, y olvidaremos rencillas y dolores pasados para viajar en máxima velocidad a por el gozo. Ruido de fondo ha llegado a la ciudad, y por ser amigos sí, pero también y qué coño!!! por tocar de puta madre y currarse el espectáculo vamos a verlos, apoyarlos y gozar del hard rock con esas gotitas de blues y humor que te hacen sentir bien.



Hierve las sangre por sus venas recordando esta vida perra
y ahora resuenan en su cabeza tambores de guerra.
Con las manos, lentamente, busca su hacha bajo la tierra
mientras resuenan en su cabeza tambores de guerra.

La lucha está en marcha y Torru se lo kurra para no pasar frio, las guitarras arpean el alma, el bajo da cadancia y la bateria más rítmica desde la última vez de Sergio nos mete en la espiral de victoria.

Y grito, y muero y toco el firmamento.
Me quemo, me arrastro y bajo hasta el infierno.
Me hundo, me escapo, me pierdo en el silencio.
Y tiemblo y rompo todos mis sentimientos.

¡Qué placer es llegar a casa!, dejar que las sabanas abracen el cuerpo, perder la consciencia en el sueño esbozando una sonrisa, y levantarse con la luz intrépida de las ranuras de la persiana que te saca de la cama e ilumina el primer pensamiento que recae en lo bien que nos lo pasamos la noche anterior.

Y así hasta tres veces, sábado, domingo y lunes. Con hard-rock, niñas monas y Alberto; Con Dani, y alemanas, argentinas,... gemelas que te recuerdan, tías que te conocen y te enseñan el anillo, divagando, riendo, bebiendo, en definitiva viviendo. Y otra vez con Dani, y Sofia y su prima y el Richi y su gente, joder k follón...



Así da gusto. Recordaré estas noches y compañías para siempre. Las continúas de gente que se lo trabaja y se porta como es debido; tios y tias que se pueden considerar amigos, porque siempre están ahí, no esperan tu llamada para contar contigo y no necesitan que el alcohol desate la lengua para interesarse y contar algo. Como curiosidad, decir que mi vieja me espeto, aquel -¿A dónde vas cabrón?, el domingo cuando vió que me iba, igual que el Robert; y lo más curioso que en el antro este, a la hora de cierre, ese mismo domingo, la camarera le dijo que ya estaba cerrado, y yo le solte lo que vais a leer... inciertos, aleatorios y coincidentes los caminos de la vida.

Decir que mil veces he vivido el siguiente relato, extraído del Una noche más de Ruido de Fondo:
"Ya es hora de recogida, cada vez queda menos gente.
Han encendido todas las luces, ya no hay sitio donde esconderse.
La camarera limpia la barra, mientras va recogiendo los basos.
Y le va diciendo a la gente: "No servimos, ya está cerrado".
Ponme otra copa monada, que soy el que ya no sirve;
"Esta te la invita la casa", me contesta mientras sonríe...

Y otra vez se repite la historia, hoy no hubo nada especial.
Me tome las copas de siempre, seguro que alguna más.
Esta noche las almas perdidas se fueron a otro lugar.
Esta noche, como de costumbre, sólo fue una noche más...
Sólo fue una noche más.

Esta canción es un himno, y de regalo otro que también describe nuestras noches; las noches de la generación X, noches de alcohol, sustancias, sonrisas que te invitan a la lujuria para dejarte en el onanismo. Noches, muchas de ellas, de música enlatada sin sentido y de conjunto vacío. Otras que aparecen con una banda sonora plena, vital, llena de sentimientos, que te llena, te completa, te mueve. También hay noches de disturbios y violencia, por fortuna las menos, por no decir únicas. Otras en las que te des-enamoras, alguna con fecha y hora en la que te enamoras, y una en la que abrazas lo que más quieres y te das cuenta de que es imposible. Hay noches que empiezan en la cena y acaban en el desayuno; otras en las que tu cuerpo recorre el camino inverso, y amanecen con cefaleas. Pero si todas funcionan así, como estas últimas, merecen ser recordadas, y convertirlas en modelos a repetir cuando cruzas la puerta de casa y dices eso, de ¡hasta mañana!


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