jueves, 18 de diciembre de 2008

Un año más, pero ¿cuántos pasos hacia atrás?


Antes de ayer cumplí 26 años. El 16 de diciembre de 2007 escribía una entrada animosa, esperanzadora pero con cautela, porque pese a que había sombras tras la ventana, la luz no solo me las mostraba, sino que también me permitía ignorarlas. Pero pese a no ser ignorante de mantener el miedo, vi como poco a poco la iluminación desaparecía, y sólo centelleaba en rayos. Los truenos rompían el cador de la tarde ya cerrada en negrura en lomas grisaceas. Así creció el anhelo de olvidar ya este año, de mucha felicidad y diversión, pero pocas metas alcanzadas. Sonrisas y risas, caricias y besos han pasado por mi cuerpo, han rondado por mi cabeza, pero casi ninguna se acerco al corazón...

El año no ha sido malo en términos generales, pero sí en el absoluto de que estoy igual que hace un año, por lo que, si no se avanza se retrocede, y por lo tanto estoy peor. Sigo encerrado en la pobreza que no me permite hacerme mayor, mientras los años caen y las vergüenzas viajan de la indiferencia a la aceptación sin ningún sentido. Pero no me quiero quedarme de brazos cruzados, y no lo hago. Lucho por salir, y estoy dispuesto a arriesgar mis creencias, mi hábitat si es necesario, aunque no deseado. No voy a repetir un año de estancamiento, no sé si por mala suerte, falta de ambición o decisiones erróneas. Quiero vivir aquí en esta ciudad, que el día antes recibió una nevada, como símbolo de la limpieza y claridad con la que tengo que afrontar el año de los 26.

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