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martes, 17 de febrero de 2026

A Boy Named Sue

 

La música siempre ha sido un medio poderoso para expresar emociones, contar historias y explorar temas sociales. Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta triple capacidad se encuentra en "A Boy Named Sue", una canción escrita por el poeta y cantautor Shel Silverstein e interpretada magistralmente por Johnny Cash. La canción fue lanzada en 1969, dentro del emblemático recital que Cash dio en la prisión estatal de San Quintin (California), donde la estrenó. El concierto, no sólo era un regalo y oportunidad para los reclusos, sino que fue televisado en directo para todos Estados Unidos y Reino Unido, en un hecho que visto hoy en día, nos parecería alucinante. A Boy Named Sue no solo se destaca por su narrativa intrigante y humorística, sino que también ofrece un contexto cultural que merece ser examinado en profundidad.

La letra de "A Boy Named Sue" cuenta la historia de un hombre que, desde su infancia, ha llevado el peso de un nombre inusual; el nombre de una chica. Esto le provoca una serie de eventos que moldean su carácter y su vida. El protagonista relata cómo su padre, al nombrarlo Sue, lo dejó en una desventaja social, enfrentándose al desprecio y la burla de sus compañeros, ya fueran chicos o chicas. Esta situación genera en él un profundo resentimiento hacia su padre, quien se alejó de la familia, dejando al joven a luchar por su identidad en un mundo hostil.

Desde una perspectiva literaria, la canción se estructura como una narrativa en primera persona con un enfoque claro en el desarrollo del personaje. Cash interpreta, con la maestría y el talento que tenía, al narrador y, el oyente puede percibir las crudas emociones que atraviesan su vida; desde la frustración de ser objeto de burlas hasta la ira acumulada por la ausencia paterna. Johnny Cash tomó la decisión de interpretar la canción en un tono cómico a pesar del trasfondo serio resalta su habilidad para mezclar humor y tragedia, una característica distintiva de su estilo musical.

El contexto sociocultural de finales de los años 60 es fundamental para entender la resonancia de la canción. Esta era estuvo marcada por movimientos de contracultura, cuestionamientos de normas sociales, gracias en buena medida al crecimiento del feminismo, lo que llevó a una redefinición de la masculinidad. En un tiempo donde la imagen del hombre fuerte y autosuficiente predominaba, y era frecuentemente loada y exhibida por el Western y otras acepciones culturales, la vulnerabilidad del protagonista de "A Boy Named Sue" desafía este estereotipo. Hacerlo a través de la música country tan ligada a ese espíritu de hombre fuerte, insensible y rudo una muestra más del atrevimiento de Cash. La lucha del personaje con su identidad y su eventual confrontación con su padre simboliza un viaje de autodescubrimiento y reivindicación personal, que puede ser visto como un reflejo de las tensiones sociales de aquella época.

La confrontación entre el narrador y su padre, donde finalmente se encuentran, es la parte central de la trama. Este momento no solo ofrece una resolución a la historia, sino que también provoca una reflexión sobre los lazos familiares y el impacto de las decisiones parentales en la vida de los hijos. La violencia en su encuentro puede interpretarse como una metáfora de cómo las heridas emocionales pueden llevar a la agresión física, subrayando el ciclo de dolor y sufrimiento que puede perpetuarse entre generaciones.

Por lo tanto, "A Boy Named Sue" es mucho más que una simple balada; es una obra que encapsula una experiencia humana universal: la búsqueda de identidad y la confrontación con el pasado. Johnny Cash logra, a través de su interpretación apasionada y auténtica, conectar con la audiencia que ha sentido el peso del nombre que llevan o las expectativas impuestas por la sociedad. Y de este modo hacerla reflexionar. Así, la canción gana atemporalidad, mantiene vigencia y sigue siendo relevante, recordándonos la importancia de aceptar nuestras diferencias y entender la complejidad de nuestras relaciones familiares.

En conclusión, "A Boy Named Sue" es un testimonio del ingenio lírico de Shel Silverstein y la maestría interpretativa de Johnny Cash. La mítica voz grave del de Arkansas, con su juego en tonos y énfasis le concede una riqueza que la convierte en imperecedera. Su análisis revela no solo una historia conmovedora, sino también un espejo de las dinámicas sociales y culturales de su tiempo, resonando con aquellos que buscan encontrar su propio lugar en el mundo a pesar de los desafíos que puedan enfrentar.

jueves, 25 de mayo de 2017

El hombre de negro




No he podido resistirme a escribir sobre Loquillo tras leer esta noticia. Desde luego, la personalidad e ideología de "el loco" no deja indiferente a nadie. Por encima de la persona y el cantante, está el personaje, y las tres esferas se entremezclan para componer un retrato fascinante que es historia viva de la música de este país, del rock y del blues, y también un rostro reconocible y esencial de esa etapa mitificada llamada "Movida", tanto en su vertiente madrileña como barcelonesa, y por lo tanto de la cultura española contemporánea.
Sería iluso por mi parte hacer un escrito como alegato de un legado, sin hacer mención a las polémicas que el propio Loquillo ha alimentado a lo largo de su carrera. Desde luego no puedo reclamar mayor empaque a su música, sin citar algunas de esas declaraciones altisonantes e irritantes para partes del espectro sociológico e ideológico tanto catalán como español con las que todos estos años han ido apareciendo.
Loquillo ha ido pasando por varios espacios políticos sin importarle quedar como una veleta, porque siempre ha expuesto un pragmatismo por encima de todas las cosas a la hora de afrontar un problema particular. Así de este modo y durante todos estos años ha colaborado en mítines del PSC, apoyado reclamaciones de la antigua Convergencia, militado en el PC o pedir el voto para Izquierda Unida.
Ha cobrado campañas publicitarias de grandes marcas españolas y participado en tertulias televisivas o radiofónicas tanto de centro izquierda como de ultra derecha.
Se ha mostrado siempre firme ante la cuestión catalana, defendiendo la unión española, pero reconociendo singularidades, sin limitar derechos, como el derecho a decidir y convencido de los derechos individuales, así como los servicios sociales, particularmente la educación y la cultura.
Desde hace años, muchos antes de que se pusiera de moda, venía advirtiendo de la gentrificación que está sufriendo Barcelona; de como sus barrios y particularmente el centro histórico se veía amenazado primero con el abandono de las instituciones, llegando hasta su deterioro por las proliferación de las drogas, y luego con la llegada masiva de turistas y de especuladores con ellos, que la hacían insoportable.
Mención especial cabe su evolución ante el asunto de la piratería, las descargas y la presión como lobby, que la SGAE viene ejerciendo sobre los distintos gobiernos. Con un enfrentamiento personal indisimulado hacia Teddy Bautista y todo el animalario que gobierna la patronal de los autores, aun así Loquillo apoyó reivindicaciones del canon de compensación por piratería, por lo que fue criticado, y mostrando talante tras dialogar con la parte contraria, evolucionar hacia posiciones más a pie de calle, reconociendo que es sobre el escenario donde un músico ha de ganarse el pan, y que las nuevas tecnologías y plataformas ayudan ha darse conocer a quien tenga algo que contar o cantar.
Podemos estar de acuerdo o no, a mi particularmente no me satisfacen muchas de sus declaraciones y continuas idas y vueltas, pero si estoy escribiendo esto, es por su música y su talante y talento a la hora de desarrollarla en directo, no porque sea un líder de opinión.


Y ahí es donde radica la genialidad de Loquillo y con ella su posteridad. Una Rock n' roll actitud ante la platea y ante la vida. Haciendo trascendente cada momento para disfrute del público y de él mismo, y de la majestuosa banda con la que se acompaña (en la actualidad Igor Paskual a la guitarra, Laurent Castagnet en la batería, Josu García guitarra, el bajo de Alfonso Alcalá, la guitarra de Mario Cobo y el teclado de Lucas Albaladejo). El hijo de nadie sigue una Línea clara, para que a todos al igual que en la Memoria de jóvenes airados, tengamos siempre el recuerdo de un concierto imborrable.
Con su inconfundible tupe, su impoluto traje negro y desde su 1'95 de promesa del basket de los 80, nos dice Pégate a mí y síguenos por El rompeolas, mostrando una imagen poderosa de rockabilly que acompaña con una voz grave y madura que aún mantiene tonos juveniles de rebelión e inconformismo, pero con matices de redención y rendición por reconocer perseguir imposibles.
El hombre de negro, homenaje -que le queda como un guante- al gran Johnny Cash, sirve de unión intergeneracional. Padres, algunos ya sexagenarios, casi abuelos, con sus hijos, a su vez padres o en edad de serlo, de ya adolescentes o incluso niños disfrutan al máximo el derroche de virtuosismo de toda la banda, exponenciando la música, como el sabor de Carne para Linda.
Feo, fuerte y formal pero también Contento, como declaración de intenciones de quien hace lo que le gusta, quien se divierte con El ritmo del garaje, en un ejercicio Cruzando el paraíso, para ganar la trascendencia de La nave de los locos.
Indómita La mataré, peligrosa y delicada propia de las Political Incorrectness, del hombre antes que el artista, siempre transgresor, constante en su ejercicio de proponer y hacer pensar, hacernos reflexionar, tanto como individuos, como sociedad.
El mundo necesita hombres objeto como quien necesita una toalla que plaque el sudor en la noche al calor de los focos. Porque esa es la rutina de quien ama el escenario; de quien conoce el canal por donde dialoga con su público, a quien merece respeto y dedicación.
Porque por mucha Rock & Roll Star que se sea, lo más importante es la música. Tocarla y sentirla. Ya sea en una plaza histórica. En un inmenso pabellón de la capital, o en uno pequeño de una ciudad de provincias. En festivales o en fiestas patronales de pueblos. Lo importante es engrasar el Cadillac solitario, como metáfora de los sueños incumplidos y los recuerdos que quedan atrás. *
Destilando un setlist de rock clásico y blues con plena profesionalidad, sus escasas interpelaciones con el público son notas de guía a través de un viaje que ya hoy recorre una carrera artística y vital.
Un tipo duro de aspecto imponente, que se alimenta de la delicadeza de la poesía más underground. Siempre polémico por expresarse libremente, bebió de las fuentes del punk que tarde llegó a esta tierra. The Clash o Ramones, pero a la vez Roy Orbison y Bruce Springsteen, para hacer cuerpo y materia de las letras de un inseparable Sabino Méndez, y con quien ha llevado una senda explorando la fina línea que separa el blues del rock, siempre elegante y sugerente a ambos lados.
Un tesoro de nuestra cultura que permanece en un estado de semi clandestinidad. Uno de los intérpretes más auténticos que ha sabido desde los clichés de las tribus urbanas idear su propia imagen sin perder en ningún momento un ápice de verosimilitud.
Defensor de nuestras letras, de la lengua castellana, ha traído poemas y canciones de hijos malditos para el estableshment como Celaya, Luis Alberto de Cuenca, Gil de Biedma o traducidas de Strummer o el ya citado Johhny Cash. Todo sabiendo mantenerse auténtico.
Y por contra sufriendo, ya no sólo los ataques de los bandos ideológicos ofendidos por alguna de sus asonadas, sino también el silencio de una cultura que en su aspecto musical huye de todo aquello que se desmarqué de lo cañí y lo flamenco.

Con Loquillo tenemos uno de esos artistas que, en cualquier otro país europeo, su obra aparecería de continuo en los medios, como muestra del talento y producción nacional del que sentirse orgulloso más allá de las fronteras y para cuidar y destacar cualquier evento o concierto.
Sin embargo, aquí, en #Españistan, Loquillo tiene que moverse por los circuitos alternativos, pese a mostrar una de las mejores discografías del país, por cantidad, calidad y riesgo en la profusión de estilos e ideas. Además de ofrecer, casi ininterrumpidamente, una ristra de conciertos que son ejemplos de profesionalidad, elegancia, talento y coherencia y que mueven miles de seguidores de distintas edades y condiciones. No puedo ni imaginarme como estarán quienes todavía no han generado un grupo de seguidores así y tienen que hiper hipotecarse para sacar un disco o producción artística o deambular por pequeños bares para sus conciertos.
Es el dolor de la cultura de un país que se muere poco a poco bajo el yugo de los intereses económicos de las empresas ya sean discográficas, cadenas de televisión o ambas cosas. Con unas instituciones que ven la música, el arte y la cultura, bien como aliados en eso de adormecer conciencias o sobre todo como enemigos que silenciar si agitan mentes y sentimientos. Y con ellos una parte de la población reacia a nuevos sonidos y experiencias, cada vez más pasiva en el proceso de enriquecer su ocio. Con este panorama se va reduciendo cada vez más el espectro que se ofrece a la población en general, y por lo tanto empobreciéndose el nivel cultural.
Yo no puedo obligar a nadie a ver un concierto o escuchar un disco de Loquillo, o de cualquier otro músico o grupo que me gustan. Pero en el caso particular de José María Sanz Beltrán, Loquillo, no dejéis nunca pasar la oportunidad.

Todas las fotos son del concierto Loquillo en Ciudad Rodrigo el 15 de agosto de 2015

* La descripción con las canciones en negrita hacen referencia al setlist de su concierto en la Plaza Mayor de Salamanca del 8 de septiembre de 2013.

martes, 8 de noviembre de 2011

El re-invento de Johnny Cash


Tiene una versión de Marilyn Manson. De nuestros OBK e incluso de Hilarry Duff. Pertenece a un album editado hace 22 años (29 de agosto de 1989) y sin ninguna duda a uno de esos grupos fetiches y que innovaron y dieron un salto de calidad a la manida música pop allá en los 80 y más alla en tierras británicas. Hasta ese momento los británicos ya habían dado calidad e ingenio a la música electrónica británica y europea, pero Personal Jesus era un giro tremendo. Un cambio radical en su estilo y en la música de los años 80 y principios de los 90. De hecho fue lanzada a modo de tanteo 6 meses antes del lanzamiento del disco que la contenía, Violator. Ambos, single y disco se convirtieron en éxitos rotundos y metieron a Depeche Mode en el imaginario de la gente, convirtiéndolos en clásicos y de forma rotunda en una de las bandas más versionadas de la historia.






Es prolijo, enriquecedor y absolutamente sorprendente ponerse a desgranar e investigar todas las versiones que tienen a Depeche Mode como denominador común. Versiones o Covers que ellos hacen de temas de Nat King Cole o melodías sacadas de las sinfonías de Beethonven, pasadas por arreglos electrónicos. Versiones que hacen de sus propios temas y sobretodo, lo que nos ocupa, versiones y préstamos que cogen distintos grupos de diversos estilos para crear, innovar, homenajearles como es debido y regalarnos a todos auténticos lujos. Enumerar los grupos es una tarea digna de chinos, aunque por fortuna alguién, a quien se lo agradecemos nos dejo un buscador para estos menesteres. Desde Pet Shot Boys, Coldplay, Fran Ferdinad, Linkin Park, Lacuna Coil, Vader, Rammstein y el gran Loquillo.O los citados arriba sin enumerar a todos los disc-jockey que han bebido de sus fuentes... Pero ahora me voy a centrar en la versión del Personal Jesus, que en 2002 en lujosa colaboración se marcaron Johnny Cash y John Frusciante.

Un tema en su versión original, lento, con una base rítimica cadente y constante marcada por riffs de guitarra y elementos electrónicos que visten una voz calmada, prácticamente hablando, lo que constituyen rapidamente un traje que llama la atención por su armonía, innovación y aspecto mecánico. Con una letra sencilla y a la vez áspera que trata de la soledad y la pérdida de fé, tan propia en nuestra sociedad de principio de siglo XXI como lo era en las décadas de finales del anterior. Pero la canción también habla de redención y superación siempre que sea uno mismo quien dirija su destino con su fuerza y coraje, para darse cuenta así, de que ha encontrado su propia fé, la fé en uno mismo. Todo ello compone una canción creada para clavarse en el subconsciente, no olvidarse nunca, ser tarareada siempre y convertirse en uno de los temas imprescindibles del siglo XX.

Johnny Cash recoge Personal Jesus y con Frusciante a la guitarra (guitarrista de Red Hot Chili Peppers) gira un punto más la rueda de la candenciosidad de la canción, aplicándole más pausa y marcando con su extraordinario timbre de voz, viejo y experto, apasionante y rítmico, para convertir el clásico de los Depeche Mode, en un clásico a secas.





Johnny Cash o The Black Man ("El hombre de Negro") como se conocía por su vestimenta, falleció en septiembre de 2003 víctima del deterioro de su salud, como de la pérdida de su esposa 4 meses antes lo que le sumió en una depresión y melancolía. Natural de Arkansas, cuarto de siete hijos, Cash empezó a componer a los 12 años. Tras dedicarse al cultivo del algodón se alistó en la fuerza aérea durante la Guerra de Corea, donde transcribía transmisiones rusas codificadas. En ese momento con 20 compró su primera guitarra y aprendió a tocarla de manera autodidácta.

Pronto dejó el ejército y se trasladó a Memphis donde hizo nombre con su música. Fue el primer artista en publicar un disco para una discográfica funcionando bajo el amparo de Sam Philips (descubridor de entre otros Elvis Presley o Jerry Lee Lewis). Pronto Cash alcanzó el éxito llevando por más de 300 shows al año su imperturbable estilo de letras dedicadas al medio oeste americano, índigenas, labradores, convictos, desheredados, vaqueros con una mezcla de country, gospel y también primigenio rock. En ese momento de cumbre la presión le llevo a una adicción a las anfetaminas y el alcohol que ha punto estuvo de llevarle a la cárcel, al intentar pasar la frontera con México cargado de pastillas. Por fortuna, su amiga June Carter (de la saga de los Carter) le ayudó para borrar sus adicciones y acabar casándose, momento que inspiró el maravilloso 'Johnny Cash at Folsom prison', grabado durante un concierto en la misma prisión de Folsom, y que no sólo se impuso en las listas de 'country' sino que también obtuvo una buena posición en las listas rock. En 1969 repetiría formato de concierto en San Quintín aún a pesar de las voces críticas de los conservadores republicanos. En este momento la pareja se convirtió en los más grandes activistas por los derechos de los pueblos índigenas norteamericanos, lo que les llevó continúas y elevadas criticas y oposiciones, que no amilanaron la determinación de Cash y su esposa para seguir denunciando injusticias.

Fue el momento de su salto al cine y la tv, lo que le valió convertirse en un icono americano del siglo XX. Posteriormente consiguió entrar en los Salones de la Fama tanto del country (más joven en conseguirlo) como en el del Rock (junto a Elvis, únicos dos que comparten galardones), pero ya en los 80 sus éxitos se convirtieron en más espaciados llegando incluso a romper con su discográfica. No obstante no le falto el apoyo y ánimo de grupos como los Rolling Stones o U2 fervientes admiradores y que acostumbraban a dejar claro en sus apariciones la influencia que Cash tuvo en ellos.

La última parte de su vida se podría haber vuelto oscura con el diagnóstico de su enfermedad , síndrome de Shy-Dregger, una variante del Parkinson. Sin embargo, Cash y su esposa hicieron un ejercicio de voluntad más y dejaron como legado un disco The Man Comes Around, auténticamente sublime, grabado entre Los Angeles, y Nashville. Fue el epílogo de magnificiencia, calidad, talento, entrega de todo un genio. Un genio llamado Johnny Cash.

Volviendo al absolutamente imprescindible Personal Jesus. Un tema que invita a bucear en la extensa, variada y rotunda discografía de ambos, Depeche Mode y Johnny Cash. Es lo que tiene el talento capaz de innovar y reinventar casi cualquier cosa, ya de por si plagada de belleza; y también un talento capaz de reinventarse a uno mismo, dando más poso y solidez, en un acto de diversión y reto que a través de las manos, las gargantas pero sobretodo el alma y corazón de artistas mayúsculos consigue transformar en un regalo para los sentidos.


Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...