viernes, 23 de enero de 2015

Grecia y Syriza: Recuperar Europa para los ciudadanos

Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey. Y le dijo Aristipo: "Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas". A lo que replicó Diógenes: "Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey".


El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, lo dijo muy gráficamente: “No nos gusta mucho ver caras nuevas”. Desvestir tal mensaje significa claramente que no quieren entrometidos en "sus asuntos" que es en lo que está sufriente y maloliente casta, liberal (y fascista) han convertido la cosa pública, la política, las necesidades, libertades, derechos y deberes de los ciudadanos, de todos nosotros. Han usurpado de valor la política para entregársela a los mercados, para que estos hagan negocio con lo que nos debería definir como personas. Y por supuesto no quieren a nadie nuevo, con "ideas pasadas" como se atreven a decir, que les contradiga, les contraprograme o que ansié un orden nuevo de las cosas.

Si en uno de los paradigmas de la socialdemocracia, como Holanda donde han compuesto una ley que deja la manutención de los dependientes en manos de "familias, amigos y vecinos" quitando "esa carga" al estado; o en Suecia, donde los recortes y privatizaciones han aparecido al calor del apodo neofascista al partido conservador, aplican las políticas de ajuste y control del gasto para mayor gloria de los especuladores, que pasará con la Europa del Sur que pagó su estatuto de socio europeo a costa de la industria, muchas de ellas públicas, todas indudablemente, capaces de convertir a la población en una masa informada, movilizada y vigilante en la defensa de sus derechos.

En esta actual Europa donde el fascismo vuelve a subir, en unas condiciones idénticas a las de los años 30, es en el Sur de Europa, con los nietos de la resistencia antifascista de Grecia y con el abuelo de todos, como es Manolis Glezos donde más pronto vamos a cambiar este rumbo al austericidio, a la xenofobia y el racismo, a la marginación y la corrupción; en definitiva, es en Grecia donde vamos a empezar a construir de verdad, una Europa para las personas y no para los mercados; un modelo de sociedad que sea de todos los ciudadanos y no del 1%.

El próximo domingo, 25 de enero, los ciudadanos y ciudadanas griegos y griegas, están llamados a las urnas tras no ser el actual presidente del partido conservador (el #PartidoPutrefacto griego que ha recibido el apoyo in situ, del border line de Rajoy) Samaras, capaz de formar gobierno, ante un parlamento muy fragmentado fruto de una sociedad, la griega, que ha sufrido de manera descarnada la política de recortes y ajustes que Europa, la troika, y más concretamente Berlín, han impulsado. Por cierto, un parlamento fragmentado no es en absoluto malo; es fruto de la diversidad de ideologías, opiniones e informaciones que una sociedad democrática y madura a pleno rendimiento tiende a desarrollar. Digo esto, para los adalides del bipartidismo.

Europa, tras acabar la Segunda Guerra Mundial, inció una etapa de crecimiento y consolidación democrática en la parte norte y central, que se extendió en los 80 a los países que sufrieron dictaduras fascistas y militaristas (#Españistan, Portugal, Grecia) y en los 90 a los países del bloque post-comunista soviético. Esas democracias de los países nórdicos, del Benelux, Alemania, Francia o Reino Unido entendieron el estado como una herramienta al servicio de la ciudadanía. Para Alemania, ese crecimiento, ese postularse "como motor ecónomico de Europa" hubiera sido mucho más díficil sin la condenación y quitas de deuda que adquirieron tras la derrota del Tercer Reich. Entre los acreedores alemanes, estaban, por cierto, los griegos, y sin embargo, hoy en día la presión alemana sobre el pueblo griego resulta asfixiante y atroz, propia de un IV Reich económico de una Alemania que sólo desea cobrar las deudas de sus bancos y de su industria armamentística, ya que resulta que es el principal contratista del ejercito griego (en constante enfrentamiento con el turco, sin más mediación que el boicot alemán a cualquier conato de paz).

Pero surgió una Unión Europa con esos principios, y con ella y con el tiempo una moneda común. Y todo había cambiado. Las sociedades se habían olvidado de que fue con lucha antifascista con la que se consiguieron y asentaron los derechos humanos. Y las élites lo aprovecharon para volver. Bajo una burbuja de credito privado y público (ayudas europeas a los países del sur) se empapo el mantra del "Todos somos ricos". Y así en casos como los de Grecia o España, con sus compañeros de partidos "conservadores" (fachas) gobernando se gestó esta estafa llamada crisis. El neoliberalismo había llegado para cambiar la mentalidad de todos y todas, para arrodillar nuestra dignidad a la supremacía del dinero, de los mercados, del capital.

La realidad es que fueron los conservadores los que maquillaron las cuentas de déficit público, los que mantuvieron y alimentaron prácticas corruptas con relajaciones y amnistías fiscales (igual que en España) y los que aprovecharon el flujo de dinero para sus negocios privados, llevándose a sus bolsillos derechos de los griegos y griegas. Contaron con la complicidad del PSOK (la marca griega del #PPSOE españistani) que entraron al juego llevando el país a la bancarrota técnica con los JJOO 2004. Así les va hoy, hundidos en las encuestas, sin ningún tipo de confianza por parte del pueblo heleno, como les viene pasando en Francia, Portugal u otra vez, España, hartos ya todos de las constantes decepciones y políticas liberales aplicadas por estos "socialistas".

Hoy Grecia, su pueblo, sufre de una manera atroz las consecuencias de una política económica y social que ha puesto la vida de la gente en un segundo y tercer plano, para pagar la deuda. Hay datos escalofriantes, como por ejemplo que 3 millones de griegos han perdido su derecho a la sanidad pública; como que la esperanza de vida se ha recortado en ¡¡10 años!!, o que la tasa de suicidios se ha duplicado, de 2,8 casos por 100.000 habitantes en 2008 (la más baja de Europa en aquel momento) a 5,7 la más alta en Europa en la actualidad. El número de indigentes se ha multiplicado por 5; el porcentaje de mal-nutrición escolar se ha triplicado. La depresión ha pasado a ser una pandemia, ... y así podíamos seguir.

Por todo ello el pueblo griego lleva 8 años en las calles. Sólo en los dos últimos años ha habido 36 huelgas de carácter estatal, 14 generales. La plaza Sintagma, sede del Parlamento heleno, es el epicentro del malestar general y en no pocas ocasiones todas las manifestaciones de defensa de derechos, libertades y clamando que finalizará el austericidio de la troika y los hombres de negro europeos, han acabado en violentos enfrentamientos con la belicosa policía, que no deja de ser otra herramienta del capital. Incluso la violencia ha dejado varias muertes.

En Grecia las posiciones se han extremado y ha surgido una fuerza odiosa pero poderosa neo-fascista, xenófoba como Amanecer Dorado. Y también ha supuesto el crecimiento de Syriza (literalmente en griego, la coalición de izquierdas) como claro aspirante a ganar las elecciones del domingo. A gobernar.

Syriza no es un partido nuevo. Desde 2002 lleva aglutinando posiciones entre todos los estamentos de la izquierda helena. Comunistas, ecologistas, partidos feministas, sindicatos tanto de índole anarquista como comunista, asociaciones de vecinos han ido entrando en la coalición, y con el tiempo en gobiernos locales y regionales. Una suerte de Izquierda Unida griega que ha realizado un trabajo llevado a cabo de concienciación de las bases trabajadoras y estudiantiles y de colaboración y sustento a todas las iniciativas sociales que todos estos años han ido surgiendo para paliar los estragos de la intervención europea (hospitales, farmacias, colegios, transporte, bibliotecas... populares) han sido el caldero donde toda la rabia y el sufrimiento de los griegos han encontrado un acompañamiento y un consuelo a los gritos de dolor por la desesperación que ha provocado la acción de los liberales que llevan 30 años deconstruyendo la Europa solidaria y de los pueblos.

Syriza plantea una reestructuración de la deuda, para poder pagar a sus acreedores sin que la calidad de los servicios sociales helenos, del bienestar y nivel de vida de griegos y griegas explote por los aires. Y la reparación y restitución de todo el tejido social de la sociedad griega es el primer objetivo de gobierno para Syriza, que además, en ningún momento, ha hablado de salida del Euro, algo que ha entrado a formar parte de las amenazas y el matonismo con el que la UE, sus instituciones financieras y monetarias y sobretodo Alemania se han atrevido a amenazar si los comicios del domingo no tienen un resultado que salvaguarde sus intereses.

Es inaceptable e insultante cualquier tipo de injerencia europea o Alemana en los asuntos, en la soberanía de Grecia. Los griegos han de ser libres para elegir a sus representantes y la política que quieren tener y no debería de sorprenderle, ni preocuparle a la Unión Europea el que ya hartos de sufrir la inclemencia y los rigores del ultra liberalismo de todo para el 1%, nada para el resto, vayan a decidir cambiar a los dos partidos tradicionales, incompetentes y corruptos por algo nuevo. Sin embargo, a los europeos y "a nuestros líderes" si deberían de preocuparle mucho más el auge de los nacionalismos y el neo-fascismo. Todavía no he oído a nadie de la troika o de Alemania decir que no se vote a Amanecer Dorado. Tampoco las oí en las Europeas ante el auge del Frente Nacional en Francia; ni tampoco condenar el golpe de estado fascista en Ucrania que nos ha llevado a donde estamos.

Syriza, con su líder Alexis Tsipras, aspira a gobernar Grecia, el lunes. No lo tendrá fácil. Tendrá que lidiar con ultraliberales y fascistas europeos, y buscar alianzas con partidos afines y de reacción política surgidos en los últimos años. Pero hoy por hoy no se puede considerar uno europeo, sino desea y apuesta por la victoria de Syriza en Grecia.

En Grecia nació la democracia hace 2500 años, y al domingo muchos llegamos con la ilusión y la certeza de que nacerá un nuevo orden para una Europa de las personas.

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