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lunes, 12 de octubre de 2026

Día de la Hispanidad: La herencia española, la Leyenda Negra y el revisionismo histórico


Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, tomando posesión de la isla de San Salvador para la Corona de Castilla. Pintura de Dióscoro Puebla (Exposición Nacional de 1862, 1.ª Medalla) (1).

 

El 12 de octubre es el Día de la Hispanidad. En España es una fiesta por y para los fachas. Para los retrógrados de ayer y de hoy y de siempre. Para quienes se jactan de que la bandera, las instituciones, el ejército y las calles son suyas, de su exclusividad. Lo que les permite poder abuchear al presidente del gobierno o a quien les de la real gana. Como antes -y si pueden lo volverán a hacer-, “paseaban” a quienes no comulgaban con sus gustos, sus ruedas de molino y a quienes no cabían en sus estrechas mentes. Se monta en Madrid un desfile militar que no es otra cosa que una horterada, anacrónica, inútil y encima carísima, para que los gruppies de los soldaditos, la bandera y la cabra de la legión se sientan henchidos de orgullo patriotérico. El ejército, la monarquía (bueno no están muy contentos con el “pusilánime”) y las extremas derechas celebran la hispanidad, sin mayúscula, porque para estos individuos no se trata de una cultura a respetar y promover, sino de una opresión sobre los distintos. Los latino americanos solo quedan para serviles en el servicio domestico o en los puticlubs. El resto, quienes no pensamos como ellos y repudiamos este país cainita, imbécil y abochornado, no estamos invitados a la fiesta y sólo nos queda pagarla.

Porque para ellos sigue siendo el Día de la Raza. El día de la superioridad española que sustenta las opresiones a todos los demás y que merece ser jalonado de rojo y gualda. Banderita en la pulserita, en la cinta del retrovisor interior del coche de lujo alemán, en los tirantes, en el cinturón, en el sombrero. Alguna cruz de borgoña en mochilas militares o en polos. También aguiluchos perdidos y en definitiva, una serie de energúmenos idiotizados por los rebuznos de los todólogos de la incultura y la barbarie, convencidos de sus crímenes, sus corrupciones, sus miserias, inmoralidades, mentiras y aberraciones.

Sin embargo, en el resto del mundo hispano el 12 de octubre es un día distinto. Se trata de una fecha de conmemoración, sí, pero no de las supuestas virtudes del Imperio español (o mejor dicho castellano) sino más bien para poner en su sitio las tropelías que se hicieron durante la conquista y el mantenimiento del supuesto Imperio. En Argentina es el Día del Respeto a la diversidad cultural. En Bolivía el Día de la Descolonización. En Colombia el Día de la Diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. En Costa Rica el Día de las Culturas. En Ecuador el Día de la interculturalidad y la Plurinacionalidad. En México es el Día de la Nación Pluricultural. Y en Venezuela es el Día de la Resistencia Indígena.

Evidentemente, tal pléyade de percepciones sobre el propio día del Descubrimiento de América merece un análisis sosegado y una relectura de lo acontecido en el pasado, con el ánimo de no verse intoxicado y avanzar hacia una relación entre las naciones, los estados, las etnias y los pueblos hispanos sana, justa, pacífica y placentera.

Por eso mismo para hacer honor a la Historia, a la verdad y para dar ejemplo voy a dejar plasmadas algunas verdades sobre unos cuantos típicos tópicos de la conquista de América, la manida Leyenda Negra y las tendencias historicistas actuales para revestir las crónicas de una supuesta magmanimidad para con los “indios” y sus territorios.

La re-escritura de la Historia siempre es necesaria y además se encuentra al acecho. Cualquier descubrimiento arqueológico o archivístico tiene la capacidad de poder poner en cuestión los dogmas históricos y culturales que se tienen sobre el pasado. Y en la actualidad esa re-escritura tiene un componente de veracidad y justicia histórica al poder hacerse completando los relatos al involucrar a quienes han estado ausentes de los mismos hasta ahora. Los estudios subalternos cuentan los hechos y experiencias de grupos y colectivos que habían estado silenciados en la construcción del saber histórico, porque directamente vivían en unas condiciones penosas, subyugados por unas élites que además escribían el relato histórico que nos ha llegado hasta hoy. Incorporar a las mujeres y a los grupos étnicos distintos al “hombre blanco occidental” nos permite construir una Historia total, con más preguntas y respuestas, y por lo tanto, más veraz.

Sin embargo, frente a estos ejercicios inclusivos del saber histórico, resuenan las relecturas sesgadas que insisten en sostener ideas sobre el pasado que sirvan para afianzar lo que pensamos y creemos hoy en día. Eric Hobsbawn definió estos procesos como "tradiciones inventadas", esto es, la combinación de hechos reales, con omisiones interesadas, la recopilación estratégica de datos y la construcción de narrativas emocionales. La finalidad no es tanto construir una historia nueva desde cero que se acomode a nuestro interes particular. Su fuerza radica en que es capaz de reconstruir el pasado y la forma de contarlo para satisfacer la construcción del presente. A parte de la selección interesada de fuentes, sin contraste de hechos y con descarte de aquellas crónicas y edictos que venían a denunciar y buscar mayor dignidad en el trato a los indígenas, lo peor de esta tendencia que inunda las redes y asalta incluso las librerías y algún que otro articulillo, es la reinterpretación de los hechos históricos con los ojos y condicionantes que tenemos hoy en día.

Por ello vamos con unos cuantos mitos a derribar:

  • "En el Imperio español no hubo genocidio". A ver, lo primero de todo. Genocidio es un término moderno acuñado por los aliados ante las barbaridades que el Tercer Reich alemán ejecutó antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir, se trata de un concepto que define una destrucción intencional de un pueblo o un grupo étnico. Si bien se ha empleado para sucesos históricos anteriores (por ejemplo el genocidio armenio o las conquistas musulmanas sobre Asia Menor o la India) hay que partir que en el caso español y durante el siglo XVI y XVII no había una idea o un sistema de exterminio de las poblaciones indígenas. Pero esto no quiere decir que no hubiera un impacto colosal a nivel demográfico sobre estos pueblos. La muerte y desaparición de individuos y colectivos fue real y dramática. Se estima que en torno a unos 100 millones de personas fallecieron durante los casi 3 siglos de dominación imperial europea en centro América, el Caribe y América del Sur (América del Norte queda excluida porque tras la Independencia de Estados Unidos de América a partir de 1776 se dieron otros acontecimientos concretos de ocupación y exterminio de los pueblos nativos). Estos 100 millones de habitantes supondrían entre un 85 y un 90% del total de la población indígena. Como digo no hubo un plan sistemático de eliminación de pueblos indígenas en los dominios de la Corona de Castilla y luego de la España Imperial, básicamente porque necesitaban a estas personas como mano de obra en los trabajos más duros. Los españoles movieron y cambiaron a las poblaciones a su antojo provocando la expansión de epidemias, lo que unido a crisis de alimentación y a la penosidad de los trabajos más duros a los que obligaban a los indígenas hizo que aumentará su morbilidad y mortalidad. Los misioneros, franciscanos o dominicos, sabían de esto mientras evangelizaban y aculturalizaban a los indígenas y dejaron constancia en sus testimonios y crónicas. Pero las reducciones, como se conocían estos movimientos forzados de población, continuaron hasta finales del siglo XVIII pese a los intentos de la Corona de otorgar un mejor trato a las poblaciones aborígenes. Al final el interes económico y de extracción de recursos prevalecía a las misiones moralizantes o civilizatorias.
 
  • "Los indígenas eran tratados muy bien y tenían consideración como españoles". Para empezar a uno de Teruel o a uno de Badajoz no los ponían forzadamente a extraer carbón de León o a hacer leña de los bosques murcianos para fabricar galeones. Se promulgaron leyes para proteger a los indios, sobretodo a partir de 1542 (Leyes Nuevas), con el fin de acabar con medio siglo de abusos como atestiguan las crónicas y los propios edictos hechos por la Corona. Sin embargo, estas normativas que buscaban preservar la dignidad de los indígenas fueron ignoradas constantemente y no pudieron impedir la esclavitud de las comunidades nativas, tanto por razones económicas (extracción de recursos, construcción de caminos, minas, plantaciones, etc.) como por causas de guerra y hostilidad hacia el aculturamiento (doctrina de la Guerra Justa). Si instituciones como la encomienda permitieron la disposición de los indígenas como mano de obra, otras como la Inquisición permitió favorecer una continuidad con el entramado social que quedaba en Castilla y formaron parte de la aculturización de las poblaciones nativas. Por lo tanto, considerar que los indígenas tuvieron una consideración similar a la de los españoles, tanto en la península o como los colonos, es poco menos que un reduccionismo.

    En general, me resulta muy curioso ver hoy como quienes lanzan estas ideas para salvaguardar su orgullo por el Imperialismo español, son los mismos que se niegan a garantizar unos derechos y una dignidad para los inmigrantes en especial los latinoamericanos. Se llenan la boca con la Escuela de Salamanca y la "magnanimidad" de la conquista por parte de la Iglesia y la Corona castellanas, pero al mismo tiempo, nos hablan de una "invasión", un "recambio cultural" y de la necesidad de una "prioridad nacional". Es todo tan burdo e incoherente que da miedo comprobar que millones de personas compren relatos tan inmorales y nefastos. De hecho, lo más fuerte de todo es que hoy se apropian para su privado beneficio de la Escuela de Salamanca, de los escritos de Francisco de Vitoria y de los alegatos durante la Junta de Valladolid de Bartolome de las Casas para loar al santo Imperio español para con los indígenas, cuando la realidad de todo el proceso es que quienes hoy tratan de limpiar la conciencia del Imperio, se habrían puesto en el bando de Ginés de Sepúlveda para no considerar "al indio como un cristiano", fundamentalmente, porque había mucha plata en juego.
 
  • "No eran colonias". Definición de colonia: "Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera". Que los castellanos llamaran a sus territorios virreinatos o ya a finales del XIX provincias, no los hizo menos colonias. Su estatus jurídico era el de colonia. Y en el sentir español los territorios de ultramar eran referidos, tanto en la lengua escrita como hablada, como colonias. Solo basta con revisitar la literatura del Siglo de Oro en adelante. El objetivo del viaje de Colón era establecer una ruta alternativa, exclusiva para la Corona de Castilla, sobre el comercio de especias de Oriente. Al llegar a América y descubrir que allí había un continente nuevo, sin explotación europea mediante, los administradores de la Corona decidieron la extracción de recursos desde esos nuevos territorios descubiertos, las colonias, a la metropolí, de América a Castilla (posteriormente España).
 
  • "Pero los españoles civilizaban, los ingleses exterminaban". Para empezar qué es civilizar. Acaso los indígenas no tenían culturas propias, con estructuras sociales complejas, con un arte y un urbanismo propios, con lenguaje escrito y con una serie de comunidades autosuficientes. Nos pueden gustar o no sus culturas, parecernos más salvajes o menos, pero si se trataba de imponer la fe en la cruz para evitar que se matasen a machetazos de obsidiana, y sin embargo, lo que se hacía era perseguir y erradicar a los que se negaban no estabas vendiendo muy bien esa fe, no. Bueno en realidad para no ser unos xenófobos de mierda mejor respetar a otras personas por su cultura o identidad. Pero eso da para otro tema.

    Pero es que esta idea preconcebida parte de dos mentiras. La primera de ellas es que la comparación con el Imperio británico no da lugar, porque la escasa y dispersa población indígena que los ingleses y los franceses encontraron en Norte América impide construir una comparativa que sea justa y sobretodo, ilustrativa sobre el trato a las poblaciones nativas. Además, en esta idea se elude el hecho de que mientras en Castilla se discutía sobre “el alma de los nativos” en el Caribe, donde había una competencia entre dominios imperiales europeos, las expediciones castellanas (y portuguesas) hacían literalmente lo que querían con los indígenas, incluyendo eliminaciones en masa. La segunda de las mentiras es que los planes de exterminio de las poblaciones indígenas en las posesiones de Inglaterra y Francia en América del Norte empezaron con la independencia de las colonias, es decir, con la independencia y creación de los Estados Unidos de América como nación independiente, y su posterior expansión hacia el Oeste, tanto al Norte como al Sur de los Grandes Lagos. A partir del 4 de julio de 1776 la persecución y matanza de indígenas en Norte América tiene poco que ver con Inglaterra o Francia, y mucho con la expansión hacia el Oeste de los Estados Unidos de América.

    En general, estas comparaciones entre imperios resultan interesantes fundamentalmente porque ambos sistemas partían de una misma concreción: Tanto al Norte como al Sur, tanto ingleses como castellanos el objetivo es establecer un comercio lo más rentable posible para la metrópoli. Tal y como cuenta Elliott, se dan unas condiciones ideales para el comercio entre América y Europa. Los europeos necesitan productos de las colonias (en especial y en el caso de América oro y plata). Los colonos necesitan suministros hasta que son capaces de suministrarlos por si mismos. Incluido el reemplazo de recursos humanos. Esto propicia el desarrollo del comercio a través del Atlántico. Pero como digo, para que la comparación nos resulte útil hay que introducir todos los elementos y condicionantes que se dieron tanto al Sur como al Norte.

 

  • "No se pudo conquistar todo un continente sin la intervención de los indígenas" Pongamos contexto. Desde luego si hablamos de que en el siglo XVI, se estima “podía haber entre 60 y 80 millones de personas en el continente americano”, no cabría en la cabeza la ingente cantidad de soldados que tendrían que haber cruzado el Atlántico para posibilitar la conquista. Por lo tanto, es evidente que las expediciones que partían para explorar y sumar nuevos territorios se valían de alianzas y diplomacia para conseguir sus objetivos. También jugaron su papel tanto la superioridad tecnológica (los galeones, las hojas de acero templado y la pólvora maravillaron a los nativos), así como de “las mantas de viruela”. Desde luego la exposición a las enfermedades del viejo continente hicieron estragos en muchas poblaciones indígenas. Pero por supuesto hubo alianzas entre los españoles y algunos grupos indígenas. Hernán Cortés tomó el actual México a base de pactos con grupos que estaban en disputa con otros grupos indígenas, como en la alianza con los totonacas contra Tlaxcala, y en la posterior toma de Tenochtitlán aliado junto a los propios tlaxcaltecas frente a los mexicas. O Núñez de Balboa que aseguró el actual Panamá con un destacamento de “67 españoles y un número indefinido de indios".

    Desde luego cuando llegaron los españoles al Nuevo Mundo encontraron sociedades y grupos étnicos y tribales, en ocasiones enfrentados entre sí. Algunos eran más bárbaros y violentos que otros. Había guerras entre grupos de indígenas y dominación y opresión entre nativos. Por eso a la llegada de los españoles supuso un nuevo contendiente que podría ayudar en las luchas internas que tenían otras entidades unas contra otras.

     
  • "No había racismo en la dominación española. De hecho siempre hubo mestizaje". Vamos a partir de que en la época los matrimonios no se hacían “por amor” ni siquiera en el propio terreno de la corona de Castilla, y de que las mujeres castellanas no tenían ninguna capacidad para decir su futuro (salvo la reina y escasísimos casos y de aquellas maneras). Por su parte, en América las uniones entre mujeres indígenas y hombres españoles (soldados, comerciantes o funcionarios) se ejercían desde una posición de dominio y posesión de los segundos sobre las primeras. Por lo tanto, la moneda del mestizaje parte de una asimetría total y de brutal dominación, sin descartar por supuesto, las más que comunes violaciones o “los botines de guerra y conquista”.

    En cuanto al racismo, sucede algo similar a lo que pasa con el término genocidio. Si nos atenemos a una denominación moderna, lo que sucedía en las colonias americanas de la Corona española no es racismo en términos del racismo científico del siglo XIX. Pero desde luego, secuestrar y forzar a trabajos penosos hasta la muerte a los que no eran blancos o hijos de los blancos, si es racismo. Aunque venga disfrazado dentro del ecosistema social y económico que se instauró con la dominación española. Y aunque hubiera escándalo por las condiciones de vida y los abusos sobre los indígenas -que lo había como atestiguan las crónicas-, y hubiera una honda preocupación por "salvar las almas de los nativos" (obligándoles a adoptar una fe extranjera). Y si, sé que estoy aplicando conceptos modernos ("genocidio", "racismo") a situaciones del pasado pero es que no podemos engañarnos solo porque el nombre de una acepción, o de un comportamiento no estuviera señalado. No llamaban racismo a la dominación contra los que no eran blancos, ejercidos por las fuerzas de ocupación europea. Porque desde luego, las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que se construyeron durante la época de los Imperios en América estaban basadas en racismo. Puro y duro. Y el Imperio español, también.

    Pero es que es más, avanzados los años y los siglos los estamentos raciales seguían determinado la vida y el futuro de los habitantes, y debajo de las tipologías y mestizajes, si se era indígena, negro o mulato se pertenecía a las escala más baja de la pirámide, mientras que las élites estarían formadas por los oriundos europeos o sus descendientes (criollos). Esta estructura social es todavía hoy patente y determinante en las sociedades hispanoamericanas.

     
  • "Pero la corona española construyó ciudades, hospitales, escuelas y universidades". Esta es la típica frase que ejercida desde un tono moralista y actual no entiende que esas instituciones no eran tal y como las entendemos hoy. Ni tenían los mismos objetivos, ni siquiera similares formas. Y desde luego no partían de un acto ecuánime de solidaridad o bondad. Se trataban de instituciones necesarias para favorecer y mejorar la administración colonial, esto es, la extracción de recursos desde las colonias a las metropolís, de América a España. De hecho, los casos de indígenas que cursaran estudios superiores son muy pocos, y siempre eran de origen criollo o relacionados con la aristocracia y administración colonial. Pero sobretodo, e insisto, la inclusión de estas instituciones europeas en América y en el resto de territorios coloniales tenían como finalidad mejorar y ampliar el dominio de la metrópoli sobre la colonia, y con ello, el fin último del sistema colonial: extraer recursos de los territorios y pueblos dominados a favor de las élites dominantes. 
 
  • "No tiene sentido ahora pedir perdón por la conquista". Bueno, en primer lugar, si no tiene sentido ejercer una labor de crítica, de difusión de la verdad histórica y del conocimiento, tampoco debería tener valor el alabar la conquista de América y que nos sirva para hacernos sentir orgullosos. No se trata de ganar una “copa mundial de las colonias” y de que nuestro imperio fuera más o menos humano que otros. Ya os digo que salvaje e inhumano era un rato. Como todos los sistemas de dominación de unos hombres sobre otros. España, la Corona de Castilla, fue a las Indias, es decir a América, a explotar sus recursos y sus riquezas. Y a convertir a la fe cristiana a la población indígena. En ese orden. Y si para facilitar el primer objetivo había que obviar el segundo se hacía.

    E
    sta tendencia actual que se enmarca en la ola de neoconservadurismo y neofascismo de exaltar el pasado como algo grandioso, positivo o incluso “generador”, en oposición a otros imperios a los que se presenta como “depredadores” o “abusadores”. El tufo racista y al más bajo revanchismo te asalta cuando se proclama que los actuales estados latinoamericanos “si que deberían pedir perdón” por ser casi estados fallidos, presas de mafias y cárteles de la droga o ejemplos de la corrupción, el nepotismo, la desigualdad y las violaciones de los derechos humanos. Como si la realidad de hoy no se viera cimentada en las condiciones materiales del ayer, las que pusieron los imperios occidentales, ni que las propias relaciones socioeconómicas y culturales entre ambas orillas del Atlántico mantienen una asimetría a favor de Europa y sus herederos en Norte América, que han imposibilitado el desarrollo propio y soberano de los pueblos latinoamericanos.

    Porque para sorpresa de nadie (que sepa de Historia, política y sociología) las condiciones de los estados con pasado colonial han mantenido y permanecen hoy, infraestructuras y superestructuras (institucionales, legales, jurídicas, etc.) que mantienen la vigencia de la estructura económica vigente. Esta es la de la explotación económica de las naciones de Europa Occidental sobre el resto del globo. La inestabilidad y la desigualdad social son mantenidas y alentadas porque son beneficiosas para quienes hacen negocios desde las metrópolis. Ganaron la independencia política, si, pero a cambio, los antiguos imperios cedieron la soberanía con la garantía (velada o no) de mantener condiciones que favoreciesen sus negocios.

 

La Leyenda Negra es cierto que tiene un componente de relato construido por los tradicionales enemigos de la corona española como son Francia, Estados Unidos en 1898, y fundamentalmente, Inglaterra. El término fue ideado por Juan Juderías a principios del siglo XX, quien no sólo se dedicó a recopilar y contestar las críticas extranjeras contra España, sino que su objetivo fue unir todas esas voces diversas y simplificarlas para a través de su contestación consolidar la idea de la "nueva" nación española tras el Desastre del 98. Por lo tanto, quedarse en ese origen del relato para rechazarlo de plano es un error interesado y lamentable. Si no se profundiza en él, no se discierne con criterio qué es cierto, qué rematadamente falso y qué tiene matices a considerar y a hacer historia comparativa (añadiendo como dije, todos los matices para enriquecer lo contextos), lo que se hará es apartar la función de estudio y transmisión de una Historia veraz y crítica, y sólo se buscará afianzar las estructuras mentales predefinidas que uno trae de casa. Al final repetirás las mismas simplezas o tonterías del otro lado, desde donde se empeñan en justificar sus discursos de hoy (racistas, xenófobos, misóginos, aporafóbicos, etc.), a través de una versión manipulada a sus intereses de la Historia.

Esto no va de pedir perdón por que sí, de que sea una exigencia más o menos justa, o incluso útil o no. Tampoco de si justificas lo que hizo un antepasado tuyo o de si hay que devolver el oro y la plata. Esto va de reconocer y aprender cuál fue el papel que jugó el Imperio español en la construcción del mundo como fue en aquel momento. Y sobretodo entender cómo esas realidades materiales y filosóficas permitieron la explotación, la acumulación de capital, la primera globalización y la legitimidad colonial del poder. Es decir, el mundo actual que se organiza a través de una serie de valores europeos (occidentales o anglosajones) se valió de la disensión entre colonia e imperio como expresión máxima de una jerarquía que organizaba las comunidades, los territorios y los individuos a través de estamentos raciales que se subyugaron a los mecanismos propios del mercado por un lado, y por el otro a las instituciones propias del estado moderno. Y de esa génesis surgió la dominación tal y como la contemplamos hoy.

De hecho, cuidado con jerarquizar las concepciones del mundo a través de los valores propios. Esto es, de ver nuestros valores, los occidentales, como los mejores y únicos válidos. Puede que se esté en el lado correcto de la historia, y que no sea ético ni justo hacer sacrificios humanos, pero no conviene olvidar que bajo estos condicionantes también se ejerce la opresión sobre los mismos y sobre los distintos. Y tampoco conviene olvidar que los valores occidentales también favorecieron aberraciones como los sitios y ejecuciones sumarísimas en torno a las cruzadas, la expulsión de los moriscos o los judíos, la aniquilación contra otras sectas cristianas como los cátaros o los jusitas. O más tarde, durante la Revolución Industrial el trabajo infantil o la esclavitud en el comercio triangular. Por poner unos pocos ejemplos anteriores al horrible siglo XX.

Por lo tanto, mientras discutimos sobre las bondades y maldades del Imperio español, pasamos de lado de que sí, de que se cometieron atrocidades en las colonias, al igual que en el propio territorio nacional, cosa que por cierto, los defensores de la España Imperial, grande y libre, se permiten obviar. Tampoco el Imperio trajo riquezas para las clases populares en la península, sino que a través de la plata y el oro que llegaban a Sevilla, se cimentó una estructura material de dominación de las clases altas (aristocracia, alto clero y proto-burguesía comercial y financiera) ejercían sobre las clases populares. Del mismo modo igualito que lo que ocurrió en Inglaterra, Países Bajos o Francia. Unas bases de desigualdad que hoy en día siguen perdurando y condicionando la vida de millones de personas también en Occidente.

La tradición historiográfica relativa a loar el pasado colonial e imperial español ya es larga y lo peor de todo consistente en el imaginario colectivo. No se trató en origen, allá por las últimas décadas del siglo XIX dentro del regeneracionismo, de ampliar el estudio sobre la historia colonial española, sino mucho más de ayudar a construir una identidad propia que fuera capaz de sustentar la nación en un momento de crisis y derrumbe generalizado de lo que había sido España hasta entonces. Su éxito radica en que a lo largo del siglo XX y a través de distintos regímenes (liberal, republicano, dictadura franquista o democracia) ha construido un relato coherente y asentado, logrando que generaciones enteras se hayan educado bajo él, y olvidado precisamente su naturaleza como construcción narrativa, llena de sesgos e intenciones.

Por último, un consejo a los soliviantados por la revisión de la Historia del Imperio colonial. No sois especiales. Tampoco lo es el imperio español. La fase de crítica al relato histórico predominante es común a la que está viviendo multitud de realidades históricas y acontecimientos del pasado que están siendo estudiados y difundidos a través de nuevas y diversas ópticas. En cuanto a la Historia colonial, todas las sociedades occidentales que tuvieron o tienen un pasado histórico medido en colonias e imperios han visto como su enseñanza de la Historia y las propias realidades que perviven o son heredadas de aquella coyuntura son puestas a crítica a través de las nuevas tendencias historiográficas. Aquí se incluyen por supuesto los nuevos avances en investigación histórica en muchos campos (novedosas ideas sobre el arte o la filosofía, nuevos descubrimientos arqueológicos o documentales, introducción de nuevas técnicas científicas y archivísticas, etc.). Y sobretodo por la inclusión de nuevas voces sobre el hecho histórico. Unas ópticas diversas dispuestas a contar la historia de las comunidades subalternas, o subyugadas, como puedan ser las mujeres o las clases populares. En especial, en el caso de los estudios sobre Historia de los Imperios coloniales, la voz de las comunidades indígenas. Y no se trata de un revanchismo o una venganza, sino de ampliar la verdad histórica para tener más datos y más contexto, y poder de ese modo, construir un mundo para el día de hoy más comprensible, fraterno y justo.

 

Y una última cuestión: el mundo actual no se entiende sin la expansión moderna europea llevada a cabo desde el siglo XV hasta el XX, por todo el mundo. Sus consecuencias se palpan en todos los territorios y sociedades descendientes, y la marginación, la desigualdad y el racismo continúan siendo ingredientes importantes de los estados poscoloniales, como lo fueron en su momento en los imperios coloniales.

Para acabar, decir una vez más que hay que ser un pobre hombre para justificar tu españolismo en una conquista colonial, que como todas las conquistas coloniales e imperiales, se basaron en la violencia, la opresión, la explotación y el sufrimiento ajeno. Creo que la cultura española tiene muchos más méritos y contribuciones positivas al mundo por las que sentirse orgulloso antes que por el Imperio español, o la Conquista de América. He dicho.


(1) Esta grandiosa obra (más de 20 metros cuadrados) es un ejemplo magnífico de la pintura histórica y academicista de mediados del XIX, la época del romanticismo y el nacionalismo. El autor Dióscoro Puebla compone una alegoría que ha perdurado en las mentes del pueblo español: La llegada a América de Colón y los españoles, con el mandato de evangelizar a los indígenas. Pero la realidad fue algo distinta: No hubo ningún clérigo en la primera expedición de Colón y sólo 15 en el segundo viaje de un total de 4.000 efectivos.

 

 



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