sábado, 4 de diciembre de 2010

Los cambios

Estoy aquí sentado y viviendo las primeras horas del puente. De unas vacaciones programadas antaño, hace meses. En unas circunstancias que han cambiado, irrecuperables, y que quiero dejar en la papelera por prescindible. Quiero quedarme con todo lo vivido previamente. Vitalizador, me quedo con todo lo bello compartido y con esa extraña sensación de pasar la noche contigo siempre, aunque en la cama estuviera solo, aunque estuvieras 5 o 6 provincias al sur...

Me siento liviano, alejado y aliviado de una carga que se habia convertido pesada. La daga clavada en mi corazón no me permitia mirar hacia adelante, seguir el camino, después de una experiencia maravillosa, inolvidable, pero al final tortuosa y sangrante. No hacia justicia poner un epílogo de odio y sufrimiento a una experiencia vitalizante, enérgica y que siempre he encontrado excitante.

No me arrepiento de amarte, ni antes que lo tenía seguro, ni ahora que creo que mis fuerzas empiezan a flaquear. Como siempre lo que he vivido y sentido lo he hecho con el máximo de fuerza. Con toda la pasión que mi corazón es capaz de poner en funcionamiento. Con todas las ganas, ahora escasas para robarte un beso. Han sido los mejores meses de mi vida, el año más especial, mas arrebatador. Ejemplo in vivo de todo lo que soy capaz; de todo lo que la fuerza del amor puede mover. También ha sido escarnio de la capacidad de soportar y aguantar, del no retroceder, hasta caer... No es el recuerdo que voy a tener. No lo quiero, y no alimenta mi alma. En mi pecho y en el disco duro de mi memoria van a estar las tardes de risas, de paseos y confidencias entre las sabanas, lo especial que me hacian sentir tus abrazos. He soñado, y supongo que seguiré haciéndolo todas aquellas veces que tu rostro de niña, se añinaba con burla para sacarme una sonrisa, una golosina, o un bombón de chocolate. Me has dado más de lo que nunca nada ni nadie me ha dado, y que desgraciadamente, no creo que se vuelva a repetir, por lo menos en un tiempo largo. Para nosotros espero que queden tantos sueños, nombres de niños, viajes que ahora emprenderé en la soledad o en la compañía, pero no en la tuya que fue la que me enamoró y me hizo soñar con ser feliz. Todo ello queda aparcado en un baúl de maravillosos recuerdos e increibles vivencias. Quedan los viajes e coche; horas y horas en mi saxo de ausencia, de cantar, de pensar. De pensar en ti, y de pensar en mi. De conocerme mucho más gracias a ti. Todo ello queda para mi. No quiero estos últimos sentimientos. Esta ira, esas ganas de olvidarme de todo porque no es justo, y porque no es lo que quiero. Permiteme recordar todo lo bueno.

Y aquí estoy con las emociones vividas y recordadas, guardando tu recuerdo. Y me encuentro bien, cada vez mejor, en este largo camino para volver a ser feliz; aún alejado del final pero orgulloso de hacer todo lo que he hecho, de ser como soy. No guardo rencor y no lo guardare. Es el momento de seguir adelante y de recobrar todas las ganas de vivir todo lo que siempre he querido, de continuar con los que están.

Aquel verano fue el gran siglo
de la vida, todo el futuro
de las palabras, una selva
de incendio adolescente y el hado
de la piedra abierta en su gema.

Más cierta que el perdón, una mentira
hasta el último sorbo bebida
de un licor de labios sonoros,
el amor ciego es una hinchazón
de polen que estalla en doble flor.

Ebriedad y conflicto por un rubor
de inocencia de brazos abiertos,
ruiseñor invisible fue el eco
de la sepración; servidor triste,
de la uva seca exprime tinta el tiempo.
De Di brace in brace de Libero de Libero

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