lunes, 27 de diciembre de 2010

En el mar de las sabanas

Hay días y noches más o menos especiales. Sobretodo noches raras y complejas en las que la oscuridad de la habitación se llena de recuerdos y la almohada de incipientes lágrimas porque no es tan fácil olvidar. Tantas son las sensaciones encontradas, el lamento por lo pérdido que me llego a bloquear. Noches de insomnio tan dolorosas como las mañanas o las tardes de ausencia en presencia. Momentos de evasión, en los que tropiezo y caigo en el baúl de los recuerdos.

Me atosigan las sabanas como lo hace tu recuerdo. Me acosan las palabras, las solicitudes y exigencias de los que me rodean, al igual que me sucede con los besos no dados, sembrados en la autopista; alejados muchos kilómetros tan cercanos y tan tiernos que se me sigue erizando la piel cuando los añoro, los recuerdo, o los pido.

Quise tiempo para reordenarme, y lo transforme en un sentimiento de revancha, vacío y sin sentido que me ha demostrado lo débil que soy, lo que me queda por recorrer. Esas noches prohibidas en el paraíso no quiero que sean olvidadas. Se las echa de menos, tanto como salvajes son las heridas que las ganas por revivirlas afloran en mis manos y mi corazón. Pero aquí estoy sin evitar querer recordarte y recordarlo, añorar cada segundo, y suspirar por los que han quedado desiertos de una mirada, una sonrisa, de la suavidad de esa piel gaditana. No es lo que merecimos, pero es lo que tenemos.

Hay días que al amanecer. En otros es al anochecer. Pero todos y cada uno de los días me embarga la emoción; tu recuerdo me roba la realidad para vivir y no morir; Me convenzo de la imposibilidad, de lo supuestamente idóneo, me disfrazo de derrotado, de convencido, pero no son más que vanos engaños de una certeza irremediable. De esa nostalgia que me abriga en las noches o en los fríos atardeceres a los que me vuelvo a acostumbrar en soledad. Son esos pasos caminados sin la compañía que quise eterna; momentos de mirar sin ver mi realidad con las pupilas fijadas en un destino y futuros rotos. Palabras, besos y abrazos que no nacerán, como tampoco lo harán aquellas costumbres tan nuestras de placer, calor y amor. Este recuerdo tiene ocasiones en las que me ahoga y aprisona, corta mis alas y entierra el sueño que tuve de ser eterno junto a ti.

Es la realidad y el momento lo que me tortura. Y aunque poco a poco y con lucha voy buscando el camino para continuar no puedo dejar de recordarte el segundo antes de dormir. A veces ese segundo creo que dura una hora o dos, y otras veces te mantienes presa en mi mente y atacas en sueños. Sueños de la que has sido la protagonista y que ahora te tienen como un recuerdo vivo y puro de lo que quiero en mi vida.

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