domingo, 14 de septiembre de 2008

21 horas de fiesta

Tras una ducha y un flan (si soy un hombre sencillo que se conforma con poco) escribo, resumo, recuerdo y olvido la última noche, la última correría, la postrera juerga, que empezo en el ocaso y continuo más allá del cénit del día siguiente.

Dani me lio mediada la tarde de ayer, y tras la patxanga del ridículo para seguir olvidando la crisis, ecónomica y existencial, y yo como buen lacayo acepte de buen grado. Sofia y Carmen nos acompañaron y ya la noche se hizo orgásmica. Lo he dicho siempre, pero me encanta la relación que tenemos, hacerlas reir y comprobar como ellas me hacen sentir. Con ambas, y en sucesivos días, tendre que ir aclarando las cositas, jeje, porque por supuesto, que no las quiero hacer daño y ahora algunas cosas me apagan el alma y me roban el aliento. Nuestras risas, palabras, suspiros. La alegría por fin me embargaba, en un momento en el que me desmoronó si no fuera por lo más valioso de la vida que es la amistad.

Y como no podía ser menos, llegaron los colegas de Dani, en especial Chuchi y Fran con los que el escojone (perdone, padre) fue brutal. El katxondeo se apodero de todos nosotros, y entre analizar y asaltar a las conejitas y la búsqueda de las copas transcurrieron horas que fueron la realidad del sueño de entre semana. En el bar, en la calle, en la churreria y en la casa de Chuchi me inundo la alegría y la hilarante comedia. Y digo si, en la casa de Chuchi. ¡Qué tio! Ahora que uno se pregunta si de verdad tiene amigos, te sale este, te abre la puerta de su casa, te dice que te quedes a dormir... Y así estuvimos hasta que nos levantamos y juntos, con nuestras lagañas, la misma ropa de ayer, y apestando a "fiesta" buscamos el desayuno por las casetas, 13 horas después de haberlas cerrado. Esto es vida. Gracias Dani, Chuchi y Fran, sois la hostia...

Ahora volveremos a la rutina, y ya convencidos y concienciados en la búsqueda de la pasta y también a intentar animarme algo más, aunque esto último parece díficil puesto que tengo que aclararme, serenarme, abordar la resignación de haberte perdido cuando te tuve y disfrute de poserte. Encontraremos el desasosiego en brazos ajenos, cuando mis caricias y besos te pertenecen. No te imaginas cuanto te quiero.

Y a ti, mujer; enterado ando de que anoche derramastes alguna lágrima,
pedante que soy, pienso en mi mismo, abrazo el narcisismo con el que te califique
y junto con mi abultado ego creo que fue por algo que te dije, ayer o en el pasado.
Te prometo aclarartelo. Te lo mereces.
Sólo espero que de anoche y de mi recuerdes lo bien que creo que nos lo pasamos todos juntos, y para ello, tengo que disculparme, invitarte al olvido ya no sólo a base de risas, sino también de palabras, argumentos y propósito de enmienda.

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