martes, 19 de julio de 2011

Sonisphere 2011


Llevaba un montón de tiempo, desde febrero, con la entrada al Sonisphere 2011 en la cabecera de la cama, con unas ganas terribles... y por fin este fin de semana pasado lo hemos vivido, disfrutado y coreado.

Después entraremos en el funcionamiento y organización del evento. Pero primero lo importante y lo que trasciende: La música y el metal.

Por desgracia no pude ver todo el cartel. Tuvimos a bien por nuestro descanso y por intentar llegar, y a bien que lo conseguimos, a la última hora sacrificar a Bullet, Mastodon, Angelus Apatrida y Hamerfall, siendo estos últimos los que más rabia me dieron, pero a las tres y media de la tarde, tiene bemoles la cosa. Aún así me confirmaron después que tanto los suecos, como los de Albacete estuvieron pletóricos lo que tiene gran mérito.


Llegamos mi hermano y yo el viernes justo cuando comenzaba Valient Thor. Los californianos a los que había escuchado cuando confirmaron su presencia no me desagradaron; pero es que en vivo me engancharon y nos hicieron bailar y saltar, clamar fiesta con su mezcla de hard rock y deshinibida actitud que resultaba una mezcla entre el Motörhead de toda la vida y los Turbonegro. No dejaron a nadie indiferentes, y en nuestro caso, fue un calentamiento soberbio para gozar de la fiesta.


Seguidamente, llegó Gojira. Sin duda una de las actuaciones más sorprendentes de todo el festival la de estos franceses que práctican un death metal melódico que me recordaba y mucho al que ahora me tiene enganchado (lo llevo siempre encima) Insomnium. "Ocean Planet", "Vacuity" o "A Sight to Behold" fueron algunos de sus pasos para llevarnos a la oscuridad, y a vibrar con el metal europeo del siglo XXI, y se llevaron por nuestra parte una de las mayores ovaciones del festival. Nos habían dejado a punto para el momento más nostálgico.


Y es que por cuarta vez, primera desde su reencuentro, Sôber, aparecía delante de mí en un escenario. Y no defraudaron. Los hermanos Escobedo, Alberto Bernardini y el nuevo bateria Manu Reyes (hijo del mítico bateria de Medina Azahara) desplegaron sus melodías limpías, duras y sobrías que las han carecterizado siempre y por las que se plantearon en su momento como herederos de Heroes del Silencio, como estandarte del rock y el metal nacional. Sus nuevos temas sonaron bien y reventaron con sus clásicos, entre ellos "Diez Años" con recuerdo de Carlos dedo al cielo por Alberto Madrid, "Una hora más" o "Arrepentido" himno del desamor y el dolor, himno de toda una generación.


Según se fue iba cerrando el cartel, se marco en mi alma un momento. Tocaban Arch Enemy y las huestes lideradas por Angela Gossow no fallaron. Fueron los únicos a los que sus temas nuevos no les fallaron, y regalos viscerales como "Nemesis", "We will Rise", "Dead Eyes See No Future" y sobretodo "My apocalypse" que ya provocaron los primeros destrozos en mi siempre maltrecha garganta, encandilaron a un público enloquecido, enamorado de la soberbia presencia de la frontwoman germana y extasiado por la variedad de acordes que los Ammott (fantástico como siempre Michael) a las guitarras, D'Angelo con el bajo y Erlandsson con la batería son capaces de desplegar. Fueron uno de los grandes momentos y unos de los máximos triunfadores, justificaron plenamente su fama, y soliviantaron a un público que por fin en aquel momento se deshacía del calor de la tarde.


Fue el momento ideal para refrescarse y lo que planeaba como un momento de tranquilidad para admirar y paladear con cierta distancia la siguiente actuación. Llegaba Slash con su nueva banda, con la voz de Myles Kennedy de los After Bridge, o una de las mejoras voces del momento. Y el británico y sus chicos estuvieron soberbios. La sóla y mítica figura imperturbable de Slash, con sus rizos bajo la chistera, hacían levitar a todo el escenario y encontró magnífico acompañamiento en el resto de la banda y en la voz de un Kennedy que se fue entregando a medida que desgrañaban temas del Apetite for Destruction de los Guns. Los nuevos temas y otros de etapas anteriores fueron entrando bien en el set, pero cuando sono "Nightrain" la gente se vino arriba drogada por el mito. Continuó así con "My Michelle", "Rocket Queen", algún otro tema gunnie como "Civil War", sacó un orgasmo colectivo al cascarse el "Sweet Child Of Mine" haciéndole el amor a su sempiterna Gibson Les Paul y dejó el listón altísimo para los siguientes con una impecable "Paradise City" que nos ofreció al Kennedy más entregado. La gente alucinaba con esta vuelta a los 80 y despidió al mito con una ovación y tratándo de arrancarle algún biss por primera vez en el festival.

Aún extasiamos, acudimos a la llamada de los The Darkness. Los falsetes de Hawkins y su estilo no están entre mis preferidos, como bien sabéis, pero que duda cabe, que me sorprendieron, lo dieron todo y desplegaron personalidad y arrojo en el escenario. Intensos y vibrantes aprovecharon la complicidad del público que había aguantado hasta esa hora por ellos, que en su mayoría eran fervientes admiradores y consiguieron levantarnos a todos y darnos una hora y quarto de auténtica y salvaje fiesta cerrada, como no podía ser con "Believe In A Thing Called Love".

Vaya primer día. Intensidad, sorpresa, emotividad, lágrimas al escuchar en vivo himnos de todos los tiempos y de todas mis épocas. Era una gran jornada de apertura. Una entrada soberbia a la jornada del sábado con los cabezas de cartel.


Y allí estábamos otra vez, a las 6 de la tarde. Vibrando con Apocalyptica. Y los fineses se entregaron a base de frotar las cuerdas de sus chellos, y darnos ración buena de sus temas propios más míticos y levantando al personal y refrescándolo con sus versiones de Metallica. Sonaron "Seek and Destroy", "Master of Puppets" o "Nothing Else Matters" y la gente los vibró y coreó como se merecen y agradeció a los fineses su clase, su metal incondicional y su ya dilatada experiencia en festivales y a horas no muy recomendables para el resto de grupos.


Les siguieron Dream Theater. Ya era un espectáculo ver montar la batería o la pedalera, pero verles tocar es impresionante. La banda de metal progresivo más espectacular del mundo no me defraudó. Desde la voz armoniosa y dura de Labrie, el lujazo en los teclados de Rudes, la impresionante técnica y destreza de Myung al bajo, el misticismo de Petrucci y sus guitarras y el talento de Magnini el nuevo batería plenamente integrado a la familia Theater y que no desmerece en absoluto a todo un Mike Portnoy. Qué decir!!! Increíble, majestuoso. Creo que grandes festivales no hacen justicia a este grupo, pero aún así dieron una actuación brillante, plagada de talento y entrega. Con su habitual destreza a la hora de combinar setlists, nos regalaron todo su trabajo coral de horas y horas de ensayo individual y en grupo y de talento natural con los que hilvanan diferentes solos en temas míticos como "
Caught In A Web" o "The Dark Eternal Night".


Y llegó el momento de la cabeza de cartel. La doncella de hierro no iba a dejarnos respirar y dejar de alucinar. El escenario convertido en una ajada, vetusta e incluso grotesca estación espacial. Las ovaciones se suceden y aparece Dickinson, ataviado como un rapero y que con su agilidad y pasión nos dijo a todos que nos iban a regalar una actuación espectacular. Y así fue y así son Iron Maiden. Empezaron por los temas "The Final Frontier" y "El Dorado" quizás los mejores de su último disco para encontrar el feeling con la gente, y así llegar al momento clásicos imperecederos. Primero "Two minutes to midnight" y "The Trooper" hicieron un coro total de 40.000 personas que vibraban ya y estaban deseosos de más. La lucha de Dickinson y su banda hizo pasar como canciones de la vieja etapa las postreras "Dance of Death" o "The Wicker Man" que sonó está última especialmente redonda. Mientras Dickinson subía y bajaba el escenario de cartón piedra, las guitarras de Murray, Smith y Gers, disparaban toda la adredalina del público y nos hacían lanzar rasgados al aire, amasar acordes en el viento. La batería (McBrain) y el bajo de Harris hacían imposible parar los pies. Sólo se podían corear los temas, soñar Iron Maiden, vivir el momento. ¡Y qué momento!
Llegó "The Evil That Men Do” (con aparición de Eddie incluída), “Fear Of The Dark”, “Iron Maiden” y tripleta de bises con “The Number Of The Beast”, “Hallowed Be Thy Name” y “Running Free”, con el gigante Eddie asomándose y dándolo todo. Inolvidable, intergeneracional, grandioso. Mucho mérito hacer que gente haya soltado 70 euros y se hayan cascado un montón de kilómetros sólo por ellos. Y lo llevan haciendo 35 años. Y espero que muchos más, porque sigo teniendo ganas de verlos y de volver a dejarme la voz con sus himnos en vivo...



Parecía que la fiesta podía decaer y aunque algunos cometieron la temeridad de perderse a los Twisted Sister en mi interior sabía que no me iban a defraudar. ¡Cómo van a hacerlo con un tío como Dee Snider al frente! Qué tío!! Impresionante. Menudo despliegue, vaya animal de escenario. Nos volvió locos con una banda formada por gente que vive la música en directo como nadie y que se mueve en su hábitat natural dando lecciones. Temas como "The kids are back", "Stay Hungry" o "Burn in Hell" nos hacían saltar y vibrar, ponernos como tantas veces este finde la piel de gallina. Su interacción con el público majestuosa, su risa contagiosa. Un grande Dee Snider y los Twisted Sister sin duda. Muchos años llevan ya pero temas como "We’re Not Gonna Take It” o “I Wanna Rock” siguen más que vivas, son auténticas melodías adolescentes de rebeldía y espíritu con las que ellos mismos se ríen dándonos un "Huevos con aceite... y jamón" o un "I wanna fuck". Mi afónica garganta me decía que parase pero mi espiritú no cedía, no podía dejar de cantar y gritar, de reirme. Imprescindibles e incomensurables.



Volvía a tener la sensación de decaimiento. Había cansancio, muchísimo polvo, sudor pegado al cuerpo. Llegaban los Uriah Heep con la obligación a última de hora de sustituir a Alice Cooper. Nadie ha dicho porqué el americano se ausentó a tres semanas vista. Pero ahora nadie se acuerda de él. Y es que los británicos y su hard rock clásico estuvieron geniales e hicieron a la gente que planeaba descansar girarse al escenario a disfrutar. Los tíos con sus 60 años al ristre estaban en su salsa, haciendo lo que mejor saben hacer y siendo muy creíbles y ganándose mi afecto e interés para siempre.

Y para terminar. Lacuna Coil. Sin duda uno de mis grupos fetiches y otro gran aliciente cuando se formó el cartel. La otra gran dama del metal, junto a Gossow, Scabbia la otra gran heredera de Doro. Aunque uno vibró con sus temas, sobretodo con sus clásicos "Our Truth", "Closer", "Heaven's A Lie" (su último disco, me parece un severo paso atrás) fue su magnífica versión de el "Enjoy the Silence" lo que más me convenció, así como el descaro de Andrea en el escenario, ante una quizás muy apática, aunque indudablemente bella y sugerente, Cristina Scabbia.

Y este es el resumén musical. Lo digo y lo prometo. A todos intentaré verles, escucharles y sentirles en directo muchas más veces. Lo merecen.

Ahí van las quejas

Fueron increíbles los conciertos, pero la organización nefasta. Si se han creído que con un gran cartel y el trabajo, talento y pasión mostrada por todos sobre el escenario nos va a valer a los heavys para aplaudir la organización y no pedir mejoras (y muchas) en ediciones futuras, mal encaminados van. No hay que mezclar las cosas y más cuando una parte importante como la comodidad, salubridad y seguridad se dejan de lado. Ya se me empezó a torcer el gesto cuando en información de Atocha Renfe un chico muy amable nos comentaba que no sabía nada de un supuesto servicio especial (y su gratuidad) en la madrugada desde Getafe hasta Atocha para dar salida a un festival metalero en Getafe.

82 euros en venta anticipada deberían de dar para mucho más. Por ejemplo para tener la información en la web actualizada y sobretodo correcta. Decían que un servicio especial de autobus y cercanías te llevaba hasta Atocha Renfe. Incorrecto y problemático. Problemático porque a la salida del concierto nada ni nadie te indicaba donde coger el bus hacia Madrid y tocaba deambular por las siempre bien iluminadas calles de un polígono y las particularmente ruinosas y cochombrosas circunstancias en las que suponemos la desidia y la crisis tienen esta zona. E incorrecto porque el autobus paró en plaza de Legazpi, casi 4 kilómetros por debajo de Atocha y del hostal que había buscado. Evidentemente si de un principio uno sabe donde para el autobus por allí cerca hubiera buscado el alojamiento porque lo que menos quiere uno es un paseo a deshoras después de una jornada tan intensa. Y más cuando se ha quemao a pleno sol para llegar al final de una era al final del último polígono de Getafe.

Una rapida mirada al plano aéreo del recinto del festival me dejo claro que el recinto del Sonisphere 2011 no tenía nada que ver con el lugar donde se desarrollo el Electric Festival hace 3 años. Mientras en 2008, desde la estación de cercanías de Getafe Industrial junto al aeródromo de Cuatro Vientos y a través de la avda. John Lennon hasta el recinto del mismo nombre, pero en dirección hacia la ciudad de Getafe. Todo bien indicado a la salida de la estación, con carteles, flechas e incluso una persona organizando en la llegada de los trenes. Esta vez no. Primeramente el sentido de la marcha tras la estación era totalmente distinto dirigiéndonos hacia un cerro con su pinar donde se acomodaba la acampada (sin duchas, ni agua corriente, pa qué deben de pensar), pero que tenía muchas trampas como por ejemplo buscar un vial o pasarela donde atravesar la autovía A4. Pero no había indicaciones, ni flechas ni personas con megáfonos facilitando la travesía. Ni siquiera un triste cartel para coger el autobus especial que luego supimos que existía. La única ayuda fue nuestro mapa imprimido, las clases de orientación del Agustín y sobretodo el sentido común y el que ya conocía la zona de mi anterior experiencia que nos llevaba incluso a ser nosotros mismos los que orientábamos a heavys a pie o a los que se atrevieron a ir en coche, pero aún así fue inevitable perderse por entre las calles de los polígonos con el peligro de las salidas de los camiones. La única (supuesta) ayuda era ver los conos colocados delimitando los árcenes del acceso al polígono a través de la A4 lo que parecía indicar a los heavys que nos jugaramos la vida atravesando la carretera para llegar al recinto del festival. Una verguenza. Pero no acabo todo ahí.

El calor estaba claro, era un invitado casi seguro y no falto. Aquí la organización algo hizo como dar algún mangerazo al respetable y montar los tuneles de ventiladores y vaporizadores, que buena ayuda dieron el viernes. Si el viernes, porque el sábado no funcionaron. La calor fue ingente y las zonas de sombra inexistentes. Si a eso sumas el irrisorio césped que anunciaban tenían plantado y que no era más unas alfombras escasas y artificiales rodeada por hierba seca que con poquito viento y las pisadas de los festivaleros se convirtió en una polvareda que dificultaba el respirar y convertía los tiempos entre conciertos en un auténtico Walking Dead.

La desidia de la organización no acababa ahí. Uno siempre piensa que el tema de montar una barra para comprar los tickets para la bebida y luego otra para dispersarte esa misma bebida se hace para agilizar y no agolpar a la gente en un mismo punto. Pero craso error. Si ya para coger un ticket había que echarle su espera, lo peor era el recolectar la bebida imperiosamente necesaria para refrescarse y sobrevivir. Y si, porque me parece un auténtico escándalo cobrar 8 euros por el litro de cerveza o 2 euros por una botella de 33cl de agua. Y más con el sofoco que todos incluso los niños que había, sufríamos. Si ya es un atentado en un festival cobrar eso y más cuando se supone que la gente va a disfrutar de la música no a emborracharse, cuando el calor aprieta me parece una auténtica estafa y delito por jugar con la salud de las personas. Pero es que el agobio, sofoco y cabreo e indignación iba creciendo según avanzaba el festival.

El viernes ya era molesto lo de pillar bebida. No eran muy dados en las barras, aunque siempre había alguna que otra excepción, y eran pocos para toda la gente que allí ibamos a disfrutar de la música y el metal. Pero ya es que el sabado con la actuación de los Maiden y las 40.000 personas que en ese punto nos juntamos era una auténtica tortura que por momentos estuvo a punto de provocar un motín. Y es que esperar 45 minutos de reloj para conseguir un litro de cerveza, unas aguas, y un par de vasos de hielo para refrescarnos y meternoslo literalmente entre el sombrero y la espalda me parece una vergüenza. Esos fueron los minutos entre el final de la doncella de hierro y el principio de los Twisted Sister. Los camareros, por llamarlos de alguna manera, no iban a sufrir estrés, para qué. La gente se agolpaba cada vez más y más en la barra y no había manera de que espabilarán a la hora de dispensar la bebida. El cabreo iba en aumentó a cada minuto, mientras yo pensaba "si estos tios ayer ya se vieron mal y no han reclamado más gente para entrar en las barras, se las pica lo que aquí suceda". Y así era. No había manera de hacerlos espabilar por más que se lo pedíamos e imploraramos. Para colmo, después de la actuación de los de Dee Snider, se acabó el agua. Sin más comentarios.

Supongo que todas las quejas no las va leer nadie de la organización. Están muy ocupados vendiendo el gran éxito, 70.000 personas en dos días, y sobretodo contando los beneficios que han sacado sin la más mínima organización, preocupación por sus clientes que además y recuérdenlo, somos personas; seguro que ya han apalabrado con el ay-untamiento de Getafe el "alquiler" (en negro por supuesto) el año que viene de tan maravilloso escenario. Lo llaman Getafe Open Air. Ya le pueden dar un nombre pomposo que te cagas a una era donde acaba una carretera de un polígono de aspecto tercer mundista. Si de verdad quieren hacer un festival de referencia, tomen nota:
-Comuniquen mejor el recinto. Den información. Hablen con la empresa de transportes de Madrid, pongan autobuses, un tren y que efectivamente llegue a Atocha. Y ese recinto (el del Electric Festival, llamado auditorio John Lennon, no estaba tan mal), podían intentar asfaltarlo o ponerle un césped de verdad y cuidado. Cuiden el pedalte que se eleva sobre el escenario para hacerlo más visible. Den sombras, agua corriente para refrescarse. Acondicionen una zona de acampada de verdad y un aparcamiento. Bajen los precios de la bebida, porque pensándolo fríamente a 8 euros el litro de cerveza, y teniendo en cuenta que mi hermano y yo hemos consumido por de bajo de la media, y aún así se nos han llevado 40 euros por persona, me parece a mi que son muchos euros...

En definitiva, traténnos como seres humanos. Personas, no basura. Sus futuros y antiguos clientes, que merecen respeto, dignidad, estos buenos grupos que son los que han levantado con su esfuerzo y talento y entrega el festival. Porque por su parte, un 0 rotundo.

Como decía al principio lo que trasciende a todos los amantes del metal es la música y la sensación y experiencia de los grupos que lo han dado todo. Pero si siguen así esto puede un año acabar muy mal, o que no vaya nadie, porque recuerde que estamos indignados y ya movilizados.

Salud y metal!!!

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