martes, 28 de julio de 2009

Vaya cabreo

Pues si. Menudo cabreo que tengo. Y es que no tuve otra ocurrencia que perder el teléfono el sábado por la noche. Imagino que se me cayó mientras enjaguaba el alcohol que corría por mis venas, saltando y botando escuchando el Inside the brain de Cypress Hill, en el Peeper's. Una señora putada. Sobretodo porque cuando me di cuenta ya estaba en el coche; sobretodo porque fijo que alguién lo recogió, alguién se lo llevó no sé a dónde. Sobretodo porque tenía un valor...!!! Un valor emocional y trascendente, porque a 5 días de irme de vacaciones, hacerlo sin teléfono es un absurdo. Y una locura porque lo necesito para buscarte, y encontrarte.

Pero es qué el valor económico de mi pobre y extraviado terminal no era su fuerte. Me costó 5 euros, le quedaba una rayita de bateria, por lo que en cuanto se apagó, adiós muy buenas. Y con menos de 10 euros de saldo, tampoco es que hayan petado los concursos de llamadas de las altas horas de la madrugada... La mayor faena, perder todos los teléfonos de mi gente. Pasados, presentes y fúturos. Todo ese baúl de la nostalgia que componían los sms, enviados y recibidos, con un significado especial también volaron. Quizás el subnormal (o subnormala) que se lo ha quedado haya soltado el moco de risa, o de llanto por la cantidad de sentimiento, nostalgía y sueños plasmados a golpes de pulgar.

Ahora ya sólo perviven en mi memoria, en los sueños. En los tuyos también. En los de los demás los suyos. Quizás en algún móvil ocupen algún byte para hacerme complicidad. Pero fueron mensajes de recuerdos, de ilusiones, contestaciones de rabia, ensoñaciones y verdades. Ya no los volveré a ver. Qué le vamos a hacer!! No sé si soy un sentimental, un romántico o un gilipollas. Tampoco es que los viera todos los días, pero era importante tenerlos ahí. Quizás era un arma para posibles "jucios"; quizás era una pistola para suicidarme.

Lo que más me jode es la avaricia, la sinvergonzería. Para qué coño alguién quiere un móvil que no es suyo. Sobretodo si es un teléfono barato, irrisorio, simple. Es que a la gente le domina el aprovechamiento. Es este mundo una carnicería en la que el que hace más fuerza y más daño a sus iguales. ¡Qué asco!

Pero ahora tengo un nuevo móvil, por lo que a recuperar lo perdido, y con las mismas no, con muchas más ganas de hacer, luchar y vencer.

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