domingo, 24 de mayo de 2009

Una semana

Transcurren las semanas con ese regustillo de lo cotidiano, lo repetitivo, lo rutinario. Hacía tanto tiempo que no sentía eso que ya ni me acordaba, y que me ha cogido con tal violencia que no dejo de pensar en lo afortunado que estoy siendo. El saberse útil, el sentirlo es un valor tangible, masticable, algo que puedo ver y tocar. Es una sensación plena y valedora. Llena mi tiempo; esas horas y días muertos y yermos ya han encontrado sentido y llenan mis venas de la droga de saberse ejecutor de algo importante. Puede parecer algo pequeño, misero o suave para mentes más dichas, ocupadas o transgresoras. Para mi es la casi felicidad. Quizás dentro de unos meses me astié, cansé y rompa con todo. No sería la primera vez. O a lo mejor si. A lo mejor si, porque en eso si que sería la primera vez, por si de una vez le echara los huevos necesarios, para ir a por ti, a llevarnos a la felicidad para sólo volver cuando no dejemos ni el recuerdo. No puedo hacerlo ahora porque me debo un tiempo de descanso de parar y arrancar, coger velocidad. Dar forma a la vida por autonomasía. Ahora no. Pero no hace tanto tiempo seguro que si.

Y es que el trabajo, ese sueño y la alegría, fiesta y compañerismo de los amigos, están haciendo de estos meses algo grande, algo digno de mención. Vivir la vida como si tuviera 20 años, cazando ya casi los 27 es una segunda oportunidad un regalo del tiempo, que estoy aprovechando al máximo, y lo seguiré haciendo, hasta que el cuerpo aguante, o el corazón comience a latir por tenerte cerca. Estoy a tope, preparando los retos de cada finde, y las vacaciones, los viajes, alimentados por la amistad. Qué se haga eterno este tiempo, o mejor aún, que no se haga, y sólo podamos romper el reloj, cuando me acompañes.

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