miércoles, 4 de agosto de 2010

4 de agosto



Cómo describir la pena si cada palabra enlaza a un recuerdo. Un recuerdo de felicidad extrema, de sueño cumplido y cumpliéndose; parajes extraños de paradísiaca belleza, en que la soledad era un lejano problema, o una solución intempestiva. Allí donde cada noche compruebo si sigues alojada en mi corazón, perenne en mi mente. Dibujas mi sonrisa y al momento la borras con mis lágrimas como aliadas.

Ahora que las fechas y los números no son aliados, y me acuchillan a deshoras. Ahora que el tiempo me confirma que no cura nada, que agrava heridas que dejan de molestar cuando infestas han muerto por costumbre. Ahora que sólo quiero llorar y no puedo hacerlo, ahogado en cuatro muros y en un aire yermo sin tu fragancia. Ese silencio me mata, no volver a sentir tu risa es un suicidio. Hoy que soy sentido del vacio, ausente de metas, no me quedan ni principios ni pasiones. Durante horas el papel ha estado muerto, agonizando en las tentativas de poesía y desafección. Mañana cuando recuerde tu despertar, el primero y especial, cuando añore todos, cuando sienta que se me han escapado entre los dedos, esos dedos perteneceran a manos incapaces de enjuagar el lloro de mis ojos.

Me ahogo con un vacío en el pecho díficil de llenar. Mis manos palpan a oscuras y no encuentran nada. Sólo existe el lamento que sube por la garganta, que empapa mi boca, antaño llena de tus placeres, ávida por hacerte feliz. Las fuerzas se han quedado en el camino, exhausto no encuentro motivos, la esperanza fue lapidada y enterrada; no se la espera, fue una cabrona mentirosa. Deshidratado, sin más llanto que empape la almohada me giro para intentar respirar, para tratar de vencer el sueño en ese momento. Cerrar los ojos es lo más cercano a amarte que tengo. Es imposible querer seguir hacia adelante, cuando mi guía y compañera, sueño de amistad, de amor y de vida, decidió extraviarse.

En este bosque solitario y oscuro no tengo miedo. Lo conozco, lo anduve y llegue a ti, te encontre entre las malezas secas. Es la tristeza hecha palabra y música. Relato trágico, melodía cadenciosa... inalterables, perpetuos; sin más ánimo que el pasar de los días, soñar con encontrar tu vida, y por ende la mía, ya suena a escalada inaccesible. Rendirse no es la solución, pero no hay otra señal más que la segura confirmación que lo tenemos todo. Estas lágrimas que algún tiempo fueron esquivas, huelguistas y ausentes por el amparo del rechazo y el intento de un caminar firme... ahora se derraman, mojan el papel, difuminan el azul del bolígrafo... quedan estelas en blanco del amor que siento, de la tristeza por no tenerte, por haberte perdido. Te quiero.

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