domingo, 4 de marzo de 2007

Liberado

Soy de los que piensan que la madurez es un proceso. Que tiene un principio más o menos reconocido aunque variable según de quien se trate, y que abarca toda una vida. Nunca se frena. Incluso en plena vejez seguimos completando el circulo moral e intelectual de nuestra vida.

En mi caso, sin querer ser nada petulante, he visto como ese proceso personal ha pasado de incipiente a tener esa forma que todos buscamos. Sin ninguna duda no me afectan las cosas como lo hacían antes. He dejado el dolor atrás, porque la vida esta asociada al dolor, y no se pueden desligar. No se puede vivir con la pasión teniéndola sobre la piel. Es imposible. No se dormiría, no se comería, no se reiría. En fin, no se viviría.

Hace algún tiempo, crecí. Pase de ser un brote a ser un firme roble. Y esa seguridad es la que me ha hecho reconocer lo que siento, o mejor dicho, sentía. No lo sabía bien, pero después de la última "demostración" me han quedado claras las cosas. La razón me decía algo y cegado por el corazón no lo quería oir. Pero haber tenido la sentencia de que lo que percibía era real, y de que es el viento el que rige tus actos, me he dado cuenta de que las cosas son mejores, cuando más sencillas son, y tu eres de una complejidad extrema.

Por eso libre. Libre de tus cepos y esposas. Esto no quiere decir que en un momento dado satisfaga los deseos de la entrepierna y de un respiro al corazón, pero sólo sera eso, una licencia al placer.

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