viernes, 17 de febrero de 2017

Múltiple



Publico ahora con animo de llamad vuestra atención y hacer que vayáis al cine éste finde, o antes de la fecha de retirada, de la película Múltiple (Split, su título original en inglés). Lo hago ahora un par de semanas después de visionar la película y quedar a la par fascinado y atrapado en el maravilloso mundo que propone su director (también productor y guionista de la obra), Michael Night Shyamalan.
El creador de origen hindú, que pasa por ser uno de mis favoritos ha llevado una carrera en vertiginosa montaña rusa, desde que en 1998 sorprendiera a propios y extraños con El Sexto Sentido. De aquella opera prima brillante y sorprendente, la trayectoria se mantuvo levemente a la baja con las siguientes (El Protegido, para mi la mejor película de súper héroes, Señales o El Bosque), empezando a precipitarse a partir de La Joven del Agua y El Incidente y con sonoros fracasos como After Earth o The Last Airbender. Y a remontar con La visita, película en la que el año pasado recuperaba las buenas sensaciones, su estilo inconfundible y el beneplácito de la crítica, y el público mayoritario unido al de su legión de seguidores.
Con Múltiple, Shyamalan mantiene su innegable capacidad para la dirección: Una construcción de planos y secuencias heredera de los autores clásicos sin quedarse huérfana de nuevas propuestas y técnicas. Un desarrollo de la historia cocido a fuego lento. Y una maestría en el montaje al servicio de un único fin: conseguir giros finales inesperados y sorpresivos en una mezcla de fantasía con premisas realistas.
Sin entrar en spoilers sólo dejo una pequeña introducción para animaros al visionado de la cinta. Todo empieza, además con unos minutos muy ágiles, con un secuestro. El de tres adolescentes. Hasta aquí los convencionalismos. A partir de ahí, la sorpresa al comprobar el espectador a la par que las rehenes que el secuestrador son en realidad 23, ya que Kevin, padece un trastorno de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo), y que cada vez que se abre la puerta del zulo donde permanecen secuestradas les interpela una persona, una personalidad, distinta.
Shyamalan, al igual que con sus cameos en sus películas, bebe una vez más de la fuente del padre del suspense, Hitchcock, para jugar con los trastornos de personalidad, siendo el más famoso de la historia del cine, el de Psicosis, donde el autor británico juega con maestría con el espectador para desvelar al final el desdoblamiento de personalidad de Norman Bates, atormentado por una relación enfermiza con su madre. En Múltiple, Shyamalan lo hace a lo grande con 23 identidades.
Y no podría haber asumido el desafío sin la genial actuación de James McAvoy que asume con éxito y maestría el reto de interpretar a Kevin y sus 23 personalidades, siendo 9 las que se muestran en el metraje. Totalmente entregado a la causa y brillante y sin caer en la caricatura el escoces es capaz de marcar las diferencias entre las distintas personalidades, tanto en los gestos como en el tono de voz (vi la película doblada, por lo que también se puede hablar de un muy buen trabajo de su doblador) logrando incluso que el público comprenda los cambios de personalidad o las tretas del desequilibrado ante su terapeuta en unos juegos de interpretación más propios de Matrioskas.
Por cierto, muy notables también el trabajo de la veterana Betty Buckley en el papel de la psiquiatra y de la joven Anya Taylor Joy como la secuestrada más avezada gracias, por decir algo, a su tremebundo pasado.
Shyamalan vuelve a sus mejores tiempos con Múltiple un divertido, tenso e insólito thriller en los que se puede paladear su magnífica pericia en el diálogo entre cámara y escena; una notable dirección a actores y actrices, que juegan para dar lustre a un guión extraño que trata de jugar con las ideas preconcebidas y las intuiciones del público.
Autofinanciarse y hacer una película de bajo coste (o cuando menos, inferior a los estándares hollywoodienses) le da la libertad que busca para arriesgar y acabar contando la historia que realmente quiere.
Al final saldréis convencidos de haber visto una película sugerente, atrevida y sorprendente, que os dejará con ganas de más, y que inevitablemente se convertirá en una Película de Culto, como aquel Club de la lucha de David Fichner en el que también se trataba, curiosamente, los trastornos de personalidad múltiple.


Y el spoiler final para avezados...