domingo, 3 de diciembre de 2006

Enamorado de Maggie Fitzgerald

Los domingos son días duros. Amaneces la mayoría de ellos con resaca, dolor de cabeza, la cartera vacía y el alma quebrada. Transcurre tortuosamente, con llamas que queman las paredes, y relojes que se deshacen en tu mente. Si no te propones darle vida, el domingo te la quita y la devora, como si se tratara de un pastel. El aburrimiento gana terreno y crece la desesperación de ver pasar los segundos como si se tratarán las horas, y entonces es cuando tenemos una idea.

En este domingo, pleno de tedio y soledad (no como el de la semana pasada, del que sus mayores consecuencias hablé en la anterior entrada) encontré algo en lo que vencer al infesto día de descanso.

Me senté en el salón y decidí volver a ver Million Dollar Baby, la excepcional película de Clint Eastwood, ganadora de 4 Oscars.



La primera vez que la vi, fue en el cine. Creo que fue sobre enero de 2004. El impacto fue inmediato. Recuerdo que esperaba ver una gran película, pero lo que mis ojos vieron fueron, en mi opinión, la película más grande jamás filmada. No era una cinta sobre el boxeo, deporte plenamente integrado y habitual en el cine, ni tampoco sobre su acepción femenina. Era y es, porque siempre estará viva, una película sobre la vida, sobre como es esa lucha interior contra los fantasmas y los miedos, y de cómo la esperanza constituye el pegamento de nuestros días.

Frankie Dunn, personaje interpretado por Clint Eastwood, es el padre que todos quisiéramos tener. Scrubs, al que da vida Morgan Freeman es el amigo que todos deberíamos ser. Pero el personaje principal y el alma del film, es Maggie Fitzgerald, encarnada por la mejor actriz del momento, y me arriesgo a decir, quizás la mejor de la historia: Hillary Swank.

Tener un sueño es un tesoro. Y tener la valentía para llevarlo a cabo es la mayor fuerza que jamás correrá por la Tierra. Cada puñetazo al saco, cada golpe al puching, la acercaba a su sueño, a su plena vida. La lucha y el esfuerzo no son solo en el gimnasio. Para gente como Maggie, empiezan con el sonar del despertador, más aún desde el mismo momento en que nacen. No hay cansancio, no hay pesadumbre; el miedo no lo conoce y su sonrisa ilumina el día más negro dentro del lúgubre agujero en el que vive.

Maggie Fitzgerald es de ese tipo de personas que caminando por la calle no las ves. Puedas olerlas, pero nunca las oirás porque jamás se quejan, jamás claman contra la injusticia que nos rodea. Simplemente buscan su oportunidad, y a alguien que les abra su corazón para poder cumplirlo.

Imagino lo que se debe sentir al conocer a alguien así. Admito que es una película, un guión que quizás solo sea una quimera pero no puedo quitarme de la cabeza, lo afortunado que sería si en mi vida apareciera una persona que transmitiera esa vitalidad, esa fortaleza, y aunque suene paradójico, esas ganas de vivir.

Quizás ya la conozca, y tal vez no haya sido capaz de escucharla y de comprenderla, en definitiva de conocerla. Estas ideas me turban y seguro que me quitarán el sueño, pero cuanto cambiaría el mundo si más personas así pisarán con sus pies el mundo, y fijarán más allá del horizonte sus objetivos sin importarle la dificultad, la vejez, la juventud, la fuerza o la flaqueza.

Y si, digo enamorado, porque no conozco a nadie que no fuera capaz de amar y respetar a una persona como Maggie. La vida puede dar grandes cambios y deparar momentos insospechados que seguramente serán mejores que los que se nos sirven enlatados cada día, y que casi con total certeza los facilitarán este tipo de personas. Amaría con tal locura a alguien que me aportará felicidad, esperanza, fuerza y ganas de vivir, que me encerrarían bajo losas de hormigón; pero aún así, seguiría tan feliz que se me oiría gritar su nombre más allá de cualquier cemento o cualquier celda.

Ya por último, amar sus ganas de vivir, que incluyen todos sus recuerdos, su pasado, porque cada segundo de la vida de alguien es lo más valioso que hay en el mundo. No hay nada que lo pueda comprar y más si este segundo es pleno en satisfacciones y alegrías. Y también su presente, y como no su futuro. Porque si un futuro no ofrece luz, y la esperanza se apaga, una vida ya no vale nada.

Se dice que las lágrimas y las sonrisas son lo más caro que existe. Estoy de acuerdo. Pero cuando se siente lo que se siente viendo esta película, no importa derramar alguna de ellas en favor de una luchadora, de un alma de extrema fortaleza, tratada siempre desde la injusticia y cuyo final hace pensar en como podemos permitir un mundo con tanto sufrimiento.
Pero parte de esas lágrimas también se vierten por Maggie, por darme esperanza cuando no la hay y por hacer que mi corazón sienta su llama.

Amigos y amigas. Si no habéis visto Millon Dollar Baby, verla. Y si la habéis visto, volverla a ver. Con el corazón abierto y expuesto a sensaciones y sentimientos que apagados volverán a encenderse.

2 comentarios:

  1. Totalmente deacuerdo contigo ANHELL,como olvidar a esta mujer que me tiene en un sin vivir diario metido en la melancolia y la mirada perdida.Cuando vi la pelicula la primera vez rapidamente me di cuenta de que era distinta a las demas,

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  2. FRANKIE DUMP.atrapado en su pasado
    EDDYE SCRAPS.arrastrado hacia el pasado por una desicion de frankie
    MAGGIE FITZGERAL.un halo de luz en la tormenta
    Y YO.atormentado por no poder estar con MAGGIE,de mirada penetrante y sonrisa desbordante.Eterna en mi corazon.

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