martes, 28 de noviembre de 2006

Un alma sin dolor, es un alma sin vida

La noche no es solo aquel momento posterior y previo al día; únicamente no es un paréntesis en la monotonía de nuestras vidas, ni tampoco una excusa para creernos que somos libres y vivimos. Es la morada de nuestros pensamientos. Es donde repasamos nuestras vivencias y nuestros sentimientos.

En mi caso, siempre es algo más que un espacio de tiempo. Es el momento en el que "archivo" un día más, una vivencia más.

Esta personal noche, no entiende de horas, de claridad o de interruptores para ver. La luz esta en mi interior, y puede ser una luz blanca, cenital y certera; o una luz roja, intensa, con un foco en el interior que no llega a todos los rincones de mi cuerpo y que esconde dudas. Da igual lo que marque el reloj. Se que mañana necesitare pensar en ti, en que me pasa y en cómo puedo conseguirte.

Cuando solo nos encontramos vemos con más claridad que nos afecta y porque. Planteamos problemas y buscamos soluciones. Conocemos nuestras virtudes y valores, y vislumbramos nuestros miedos y temores.

Llegar a casa después de un día excepcional, y ver que las sabanas, estuvieron, estan y estarán fría, es un dolor sin causa, y sin fácil remedio. Pero casi peor es pensar que la turbación que me provocas lo que calentará será mi almohada, porque mil ideas plantean el abordaje a mi cabeza, y no tengo más salida que pensar en ti.

Busco salida escribiendo unas palabras, pero lo que me ahoga y me invade no es una certeza, y es algo que nadie nos enseña.

No estoy seguro. Es lo único cierto que puedo decir, a día de hoy. Cuando te he visto marchar he calculado cuanto tardaré en volverte a ver. Casi tres semanas ha sido la respuesta; es mucho tiempo cuando se alimenta un amor con una sonrisa, porque eso es algo que se vive, que no se puede guardar en una caja, en una memoria.

Después del último fin de semana, había encontrado seguridad y comodidad; no atisbe en ti algo que me hiciera ilusionar, que me ayudara a soñar. Era féliz. Pero volverte a ver, y sobre todo volverte a ver con esa actitud tan deliciosa, crea en mi alma un deseo, que intento aplacar en mi cabeza.

Tengo una idea razonada, que me dice mi mente, mi experiencia y también el miedo. Es una verdad estructurada, razonada y lógica. Sin embargo tengo un sentimiento; algo visceral y rojo como la sangre, que crece en mi corazón, que no tiene rigor y al que le faltan argumentos.

Mis dudas radican en que apenas te conozco, en que nunca te he visto sola, en tus intenciones y en mis capacidades. Pero también hay temor por el futuro, porque nos habéis dado vida, después de la muerte, y no quiero estropear lo que crece entre nosotros. Pero tengo que sacar fuerzas de flaqueza y mostrar poderío, porque necesito conocer en primer lugar, lo que siento y después, y sobre todo, lo que tu sientes y lo que tu quieres.

Tengo miedo de que mis temores te hagan huir, cambies mis miradas esquivas, por sonrisas cómplices y busques en otro lo que yo no puedo darte, por inseguro y cobarde.

No puedo decir hoy que te quiero, que te amo, o que estoy enamorado de ti, pero no se si es la duda o es que ya caigo hechizado, pero cada segundo que pasa estoy más sumido en la desesperación y en el temor.

Anhell

Y recuerda:

El amor de los jóvenes no esta en el corazón sino en los ojos
William Shakespeare

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